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jueves, 26 de mayo de 2016

Los relatos de la escuela


El bloguero Aitor Lázpita, autor del blog GramáticaParda, publica un interesante post en el blog colectivo Tres tizas que lleva por título Las historias de Aitor Lázpita. He comentado en el blog pero las reflexiones de Aitor me parecen tan sugerentes que las continúo desde mi ángulo personal.

Aitor viene a decir que todo individuo, toda institución, toda colectividad ... se basa en una historia o conjunto de historias que vienen a ser la expresión de unos mitos. No son los datos biográficos o históricos, no, es la construcción literaria que se hace de ellos. Así todos tenemos una historia personal que es el modo en que contamos a nuestro personaje en medio de las circunstancias. Da igual si en esta historia hay literaturización, construcción ficticia, reelaboración, porque de hecho la hay siempre. De ahí esa pasión que tenemos los seres humanos por que nos cuenten historias o reelaboraciones más o menos literarias.

El problema está en que hay historias que no se comparten, que hay diferentes relatos para explicar la política, la sociedad, la escuela y de allí surgen planteamientos más o menos conservadores o más o menos progresistas, basados esencialmente en los citados relatos que los nutren.

¿Por qué, incide Aitor, la escuela da lugar a relatos tan disímiles y es imposible articular una narración común para crear una ley educativa consensuada –añado yo-? ¿Qué relatos hay sobre la escuela? ¿Sobre los profesores? Uno entiende que se ha metido en un buen berenjenal. Y en seguida surgen ideas base o fuerza sobre el periodo de secundaria:

Por un lado: enemigos de la escuela garaje o aparcamiento, necesidad del esfuerzo (una palabra cargada de semántica muy compleja), contra la trivialización del aprendizaje, disciplina, rigor, densidad, competitividad, orden, conocimiento, profesor como organizador, jerarquía, solidez, contra la escuela como guardería, contra una escuela banalizadora, igualadora por lo bajo, vulgarizadora, creadora de individuos gregarios y mediocres, adaptados al capitalismo...

Por otro: contra la escuela desmotivadora anclada en el siglo XIX, preparación de un futuro inminente, motivación, emociones, juego, inteligencias múltiples, renovación metodológica y pedagógica, generación de nuevos modelos de aprendizaje, el rol del profesor como cooperador, conocimiento extendido en red, tecnología, trabajo interdisciplinar, aprendizaje significativo y cooperativo, estructura no jerárquica, inclusiva, no competitiva, relación con nuevas realidades, nuevos paradigmas, nuevos modelos organizativos, fomento de la creatividad...

Pero...

Un claustro es una institución de los institutos que reúne a todos los profesores de variadas edades y materias y en ellos se hallan instaladas historias o mitos sobre el papel de la escuela y sus roles como profesores. Cada profesor tiene interiorizado un esquema básico –a menos que sea simplemente un vividor- y lo intenta aplicar según sus posibilidades. Intenta que sus alumnos aprendan. ¿Pero lo consigue? ¿Aprenden sus alumnos? ¿Qué aprenden? ¿O solo memorizan y olvidan? ¿Es capaz de crear un modelado cognitivo que dé fundamento al proceso intelectivo? ¿Repiensa su modelo o cree que tiene ya un relato consistente para narrar la escuela?

Para pensar las historias que nutren nuestras ficciones habría que conversar, habría que compartir experiencias, reflexiones, reelaborar nuestros mitos, intercambiar, pero un claustro de profesores es un organismo casi anodino por lo que yo conozco. Predominan las instancias conservadoras que desconfían de las innovaciones, no son profesores que se renueven metodológicamente y desconocen conceptos fundamentales que están surgiendo, no son curiosos. Tienen su librillo como cada maestro. Unos buscan esto y otros buscan lo otro, pero raramente o nunca se comparten dudas y metodologías. Cada uno está encerrado en su burbuja y apenas sale, solo para respirar. Tiene sus mitos ancestrales, básicos, esenciales. El aula es el reino del profesor y ha de saber gestionarla en total soledad. 

Pero ¿cómo lo hace? ¿qué se busca? ¿qué se quiere obtener de ello? ¿qué se espera que quede para el futuro? ¿para qué realidad estamos preparando a nuestros alumnos? ¿Logramos que aprendan?

Tenemos narraciones personales y colectivas pero son impermeables y rocosas. Lo normal no es que se esté dispuesto a aprender de nuevo. Hay mucha resignación, se culpa a la sociedad, a los padres, al gobierno, a las leyes, al entorno de los alumnos ... a todo menos a poner exponer y explicar los mitos personales, las historias o relatos, esos que conforman inconscientemente el día a día en el aula.


Si los profesores ni siquiera intentan consensuar un relato de escuela, ¿cómo podemos esperar que los partidos cambiantes sean capaces de hacerlo?

Y además ¿qué piensan nuestros alumnos al respecto?

domingo, 22 de mayo de 2016

Relatos adolescentes, un filón...


Sigo leyendo novelas a velocidad de crucero. He tenido que tomar la decisión de priorizar la creatividad, la originalidad y la coherencia narrativa por encima de la corrección sintáctica u ortográfica. Hay relatos muy potentes, cuestionables ortográfica o sintácticamente. Los leo dejando que me asombren en sus propuestas creadoras. Sé, lógicamente, quiénes los han escrito y a veces me parecen concordantes en temas y forma con los autores. Si no, les pasó una aplicación que se llama Plagium para detectar imposturas y plagios. He descubierto hasta ahora dos claras de relatos sacados parcialmente de Wattpad, un poco de aquí, otro poco de allí. Otro está basado en un vídeojuego con sus personajes y circunstancias y no soy capaz de aquilatar el grado de plagio del mismo. Tengo que hablar con la autora.

Pero es más la sensación de sorpresa al adentrarme en sus pequeños relatos y dejarme seducir por su capacidad narrativa y la realidad que alumbran. Me fascinan los relatos de mis alumnas marroquíes –al margen, digo, de la corrección ortográfica y sintáctica-. Son relatos de corte romántico que describen con una gran delicadeza el mundo de las adolescentes musulmanas, su coquetería y su concepción del galanteo amoroso. No puedo decir sino que es alucinante asistir a esta presentación inocente de las relaciones amorosas en el seno de la sociedad musulmana. Alguno de los relatos, con no sé bien qué distanciamiento respecto a la autora, me ha dejado clavado en el asiento, sin palabras. Esta muchacha ha expresado algo terrible de un modo absolutamente ingenuo. Su intención al escribirlo era una, pero el lector cuando lo lee queda con una sensación próxima a la estupefacción más profunda. En otros relatos rezuma, en cambio, un optimismo y una felicidad al encontrar la protagonista al hombre de sus sueños y ser aceptado en la familia. Son relatos púdicos y castos en que no hay cuestionamiento de las cosas en un modo totalmente tradicional. Y estas muchachas tienen claro que ser mujeres es ser esposa de un hombre al que se quiere por encima de todo y para tener hijos con él. Pero lo narran de un modo con una naturalidad que cautiva.

Me sorprende el uso de los recursos narrativos de un modo bastante eficiente. Los relatos se leen bien y el lector disfruta con ellos. No dejan de ser expresión del mundo que late en estos adolescentes de quince años. Sospecho que el relato novelado de esta extensión (20-30 pags) expone una respiración natural para estos muchachos que encuentran en él la ocasión de revelar un discurso y una arquitectura que suele funcionar aceptablemente bien. Es evidente que un relato requiere previamente de unas reflexiones previas. Hay que pensarlo. Hay que elegir el punto de vista narrativo, el tema, la ilación de acontecimientos, el foco del relato y el tempus. Y lo hacen contrastadamente bien para ser el primer relato novelado de su vida. Para muchos, tal vez sea el último también. El fluir del tiempo es esencial en un relato. A veces pasa rápido y otras veces es lento y minucioso. Los personajes se van dibujando y definiendo de un modo intuitivo. Esta ingenuidad ante el relato es provechosa porque simplemente se han planteado que había que hacerlo y lo han hecho, a veces componiendo relatos bastante extraños e inquietantes.

Hay, en cambio, una muchacha que cuando la conocí en primero de ESO me manifestó que quería ser escritora. No me ha entregado la novela. La espero con expectación. Tal vez se exija mucho a sí misma y carezca de la frescura con que sus compañeros han iniciado el proceso narrativo. Otra muchacha de aspecto gótico y mente enigmática no lo ha presentado todavía. Fue una de las que primero se interesó por la idea cuando la planteé hace seis meses. Una compañera lo explica –que no la haya entregado- con que tiene demasiadas cosas en la cabeza y le cuesta focalizarse en una secuencia concreta. La observo y siento que tiene mucho que decir pues su mundo presuntamente problemático tiene que ser especialmente sugerente y complejo.

Aparentemente, salvo excepciones, son más eficaces narradoras las chicas que los chicos. Creo que la constatación de que son más maduras que los chicos es parte de la realidad. Tiene más disposición a ficcionar y a contar. La palabra y la secuencia tienen en estos momentos más nombre de mujer que de hombre. Les cautivan las historias románticas ¿quién ha dicho que el romanticismo ha muerto? Y, por lo que parece, son sumamente prudentes, ansiosas de ternura más que de sexo. En estos relatos proyectan de un modo inconsciente su percepción del mundo al tener que crear una secuencia extensa. Solo he encontrado una historia preñada de sentido del humor y es de una chica. Les atrae más el dramatismo, la intensidad romántica con amores difíciles que al final logran triunfar ... No sé si sus modelos son esas novelas románticas que circulan entre las chicas, pero lo que sí que sé es que estaban maduros y maduras para crear un relato extenso e intenso, y, en varias veces, me han sorprendido, con finales abiertos. Porque de alguna manera hay que concluir las historias ¿no? Y el final abierto está para ellos cargado de encanto.

Si hay profesores que leen este blog, les aconsejo vivamente la promoción de este tipo de actividades narrativas, sin miedo, sin dejarse coartar con la corrección estilística y ortográfica. Ya llegará después. Y al fin y al cabo existen los correctores de estilo. Aprovechar su intuición y su inocencia da lugar a cuadros llenos de emoción y dramatismo. Es como una improvisación teatral. Puede tener una frescura que una obra hecha a conciencia es incapaz de alcanzar. El esbozo puede tener una capacidad de sugerencia que una obra acabada no consigue.

jueves, 19 de mayo de 2016

En plena sesión de lectura.


Estoy en plena sesión de lectura de las novelas cortas de mis alumnos. Es una tarea fascinante enfrentarme a estos textos que expresan la realidad existencial de estos muchachos de quince años. Tener quince años no es cualquier cosa. Son tres lustros. Dos de niñez y uno de pubertad y adolescencia. Más o menos. Tienen la niñez a flor de piel Y por eso les parece tan lejana. Pero hace un plis plas vivían en un mundo infantil. Así los recibí hace tres años cuando llegaban de primaria. La novela es un desafío de primer orden y en ella experimentan sus límites en un territorio incierto. Pienso que el ejercicio de escribir veinte o veinticinco páginas es algo importante. Mucho.

Claro que hay quien cuyas páginas están plagiadas de relatos de Wattpad. Lo detecto en seguida. Ello me produce una honda tristeza porque al desafío han contestado con un engaño feo. Podían haber hecho otra cosa si el reto les superaba. Por ejemplo, un muchacho georgiano, que tiene la materia suspendida, me ha escrito un relato sencillo pero humanamente precioso de cuatro o cinco páginas que trata de su nostalgia de Georgia, su madre y el descubrimiento del amor. Sé que no tiene un gran dominio del lenguaje pero ha hecho lo que ha podido. Sin trampas. A este muchacho lo eché de clase hace un mes por llamarme gilipollas. Fue expulsado del centro tres días, pero sé que sintió profundamente sus palabras. Tal vez había tenido un mal día. Sé que está desorientado, nada más.

No he leído todavía todas las novelas. Quiero leerlas con placer. Sentarme y disfrutar con ellas. No siempre es fácil. Es como dejarles un instrumento musical y decirles someramente cómo funciona y esperar que lo toquen bien. Es probable que todo rechine, que haya demasiada ingenuidad, que se violen aspectos fundamentales de la lógica narrativa, que el lenguaje sea demasiado pobre, que las imágenes no fluyan, que no sean capaces de comprender cuáles son las claves ocultas del relato para subrayarlas y singularizarlas. Un relato es una ilación lógica de algo que fluye por dentro. Una melodía interna que hay que saber que existe.

Andrés, el protagonista de mi post anterior ha escrito una novela de corte siniestro. Una especie de thriller sangriento. Se titula Maldad y tiene un subtítulo ¿Qué pasa cuando dos malvadas mentes se unen? También eché de clase a Andrés no hace mucho. Pero no pasa nada. Ser profesor, según lo entiendo yo, es reconocer sus posibilidades y alentarlas. En ese descubrimiento hay mucho de combate cuerpo a cuerpo, en el que pueden surgir a veces chispas. No es una edad fácil la adolescencia. Y no es fácil mi situación según la estoy viviendo. En muchos momentos siento una honda melancolía.

Acabo de leer una novelita, presentada en cuartillas en lugar de folios. Se titula Soledad. Es de una muchacha que obtuvo la máxima nota en su ensayo sobre el mundo de Kafka, el Odradek que ya expliqué aquí. Esta novela me ha dejado boquiabierto. Es exactamente lo que  anhelaba leer. Lo que no me atrevía a esperar. La obra de una joven narradora que ha escrito un relato prodigioso. Es como haberle dado un piano y que ella me hubiera interpretado un Nocturno de Chopin por pura intuición. Es un relato espléndido por el que fluye, sin estridencias, con una suavidad maravillosa, una profunda y desoladora tristeza, la tristeza que yo intuyo en esos ojos de una muchacha de quince años cuya vida no tiene que ser fácil. La he escrito dándole mi opinión de su pequeña novela y animándola a que no deje de escribir, expresarle que tiene un don. El lector tenaz que es este profesor intuye dónde hay un narrador en ciernes. Puede que esto sea un comienzo o puede que no. Quién sabe. Yo no sé nada. Pero esta experiencia ha tenido que ser iluminadora para esta muchacha. Lo sorprendente es que no es una alumna destacada por sus notas, pero alguien ha reparado en ella y le envía desde esta cápsula del tiempo la confianza en que ella vale mucho.

Otras historias: la de una muchacha extraordinariamente trabajadora que ha perdido totalmente todo lo que ha escrito por una avería en su ordenador. Se echó a llorar. Soy consciente de la pequeña tragedia. Otro ha perdido todo porque su archivo se le ha encriptado en lenguaje ascii y no sabe cómo decodificarlo. Tendrán que rehacer todo mediante su memoria.

Escribir una novela a los quince años tiene su qué. Es una experiencia inolvidable, si el que la ha escrito ha sido honesto. Y curiosamente, no tienen por qué ser las mejores las de los alumnos que obtengan las mejores notas en la asignatura.  Ni las de los que mejores notas saquen en sintaxis. Aviso para navegantes (¡¡¡¡¡¡!!!!!!!). Es un ejercicio de búsqueda de estructuras y de sentido. Puede que lea muchas anodinas, aunque las leeré con respeto, pero encontrar alguna de las que he hallado hasta ahora, ya justifica el ejercicio.


Cuando piense qué sentido tienen mis años de profesor,  quizás se me resuman en un solo texto, y llegue a pensar que fui profesor solamente  para alentar la confianza en algunos que pusieron lo mejor de sí mismos y tal vez alguno descubrió una vocación. ¿Parece acaso poco?

viernes, 13 de mayo de 2016

Hablando de sintaxis

                   

Nunca fui bueno en sintaxis en mi colegio ni brillé en la universidad en las asignaturas lingüísticas. Ya he dicho en otras ocasiones que mi pasión era la literatura. Tuve que analizar mucho en mi colegio donde el latín fue obligatorio tres cursos, y la sintaxis era fundamental. Mucho tiempo después me veo enseñando sintaxis a mis alumnos, la básica: estructura de la oración, clases de oraciones, tipos de complementos... Utilizo un recurso audiovisual muy interesante, el editor de análisis sintáctico EDAS. Hacemos análisis cada semana, salen a la pizarra digital y analizan oraciones sencillas simples y compuestas. Los temas los he expuesto mediante vídeos de la Flipped Classroom. Creo que soy didáctico y ameno. Busco ser práctico, creo que no lo hago del todo mal ... pero no consigo que mis alumnos aprendan las nociones básicas de sintaxis, a veces algo tan simple como reconocer el sujeto y el predicado. Ya no digamos el Complemento Directo, Indirecto, Circunstancial, Predicativo, Agente... Haga lo que haga parece inútil. Hay algunos que directamente entregan el examen en blanco. Hemos analizado más de ciento cincuenta oraciones en clase. No han captado nada. Otros confunden totalmente los conceptos y no se aclaran para nada. Es como si estuviera intentando introducirles en el chino. Hay muy pocos que alcancen cierta fluidez en el análisis de oraciones sumamente sencillas.

Comento el tema con mis compañeros de departamento y coinciden conmigo en esa sensación de fracaso desmoralizadora. Una de mis compañeras lleva con sus alumnos desde primero de ESO y ahora en cuarto siguen sin saber nada la mayoría. Ignoran qué es un verbo transitivo aunque ella lo ha explicado repetidamente. Otra compañera asume esa realidad, pero estima que se da por satisfecha si alguno lo capta. Tal vez sea demasiado pronto, y lo irán asimilando cuando lleguen a bachillerato. Yo sé que he de prepararles para el siguiente curso (cuarto) y para el bachillerato los que pasen. No es posible una elección mía en que me diga que no lo voy a abordar porque luego se me pedirían explicaciones de por qué no lo he hecho. O aunque no se me pidieran, yo sentiría que no lo había hecho bien. Lo cierto es que siempre que he intentado plantear la sintaxis básica no he obtenido resultados que pasaran de la sensación de desastre generalizado.

La lengua es un mecanismo articulado, pero analizar las piezas que lo componen parece extremadamente difícil. Yo recuerdo las dificultades que tenía cuando lo sufría a los doce y trece años. Puedo comprenderlos. No son chavales que estudien. Fuera de la clase es un hábito que no se da. Tareas sí, pero estudio, no. Mis compañeros de departamento anhelan volver al libro de texto de papel, frente al uso de ordenadores y libros digitales que utilizan ahora. Yo soy un firme partidario del ordenador como instrumento prodigioso y creo mis propios materiales no utilizando el libro digital. En cierta manera me he inspirado en las pedagogías avanzadas que he conocido en internet donde he debatido abundantemente durante más de once años. Mi blog me ha permitido conocer enfoques novedosos aunque no he asistido a jornadas tipo EABE, NOVADORS, TELEFÓNICA...

Supongo que la pregunta es qué deberían saber estos muchachos al acabar la ESO. En mi departamento se da mucha importancia a la morfología y la sintaxis. Yo lo asumo aunque tenga mis reparos al respecto. Pienso que para ellos será mucho más relevante el escribir una novela, uno de los proyectos del año, que todo el análisis gramatical que hemos hecho. Solo en la práctica se puede aprender. No se trata solo de explicarles cómo se escribe una novela corta sino de animarles a hacerlo. El desafío es mayúsculo. Ahí sí que hay que utilizar todos los resortes de la lengua. Aunque desconozcan que lo que están utilizando son verbos copulativos, perífrasis verbales, complementos predicativos... Se enfrentan a sus registros léxicos más o menos precarios, a las técnicas narrativas, a la lógica del relato, a la relación con obras literarias que han conocido, a la coherencia textual, al dominio de la ortografía...

Ser profesor de lengua ha sido una salida que jamás hubiera imaginado cuando tenía trece o catorce años y sudaba con las oraciones subordinadas de complemento directo o de sujeto. Si me lo hubieran dicho entonces, no lo habría creído en absoluto. Supongo que todo es un problema de madurez. La morfología y la sintaxis se van adquiriendo intuitivamente hasta el momento en que uno es capaz de razonar y comprender los mecanismos de la lengua.

Pero no he de negar que mi sensación cuando corregía los exámenes era de desolación. Voy a tener a sensacionales novelistas pero a desastrosos analizadores sintácticos. El problema es común por lo que veo y tiene algo de conexión con las dificultades que tienen con las matemáticas, es decir, el aprendizaje de un lenguaje lógico minucioso y analítico. En mi experiencia este año, he de decir que solo un muchacho de 54 es un crack sintáctico. Y el nivel de fracaso es altísimo.

Hay que decir que un profesor sufre problemas de autoestima cuando ve esto y no lo comprende. Hay países cuyos habitantes son muy hábiles para las matemáticas. Por ejemplo, la India. Su sistema de pensamiento los hace formidables para la informática, la abstracción y las matemáticas. En España no somos hábiles con las matemáticas a tenor de lo que yo conozco. Y en mi barrio, desde luego, tampoco con el análisis sintáctico.


¿En qué nos estamos equivocando?

sábado, 7 de mayo de 2016

Carta imaginaria a Andrés


                                                 Aura Garrido, actriz de El ministerio del tiempo

No sé si leerás esta carta, pero yo la dejo aquí. A este blog le quedan dos telediarios y ya no tengo mucho que perder. Te conocí cuando eras un niño de doce años. Ahora tienes catorce o quince no lo sé muy bien. Eres un alumno peculiar de una promoción que me ha hecho revivir y volver a sentirme creativo y luchador. Había perdido buena parte de mi fuerza en el camino. Asistes como alumno a mis últimos días como profesor y los dos sabemos que hay una intensa comunicación subterránea. La hubo cuando eras un niño y te escribía mostrándote algunos haikus que había escrito. Me sorprendió el tono maduro que tenías cuando me contestabas, tono que contrasta con el muchacho festivalero y charlatán que eres en el aula. Muchos profesores opinan que eres terrible, que eres de la piel del diablo, que desmontas todo, que eres imposible. Yo les oigo y me doy cuenta de lo que oculta tu imagen externa, tal vez un sarampión adolescente que necesita ser desobediente y rompedor. Tiempo tendrás de ajustarte a la sobriedad de comportamiento en sociedad. Sin embargo, lo habrás notado, soy muy observador. Soy muy consciente de vuestras luchas íntimas, de todo aquello que está soterrado y pugna por emerger. Detrás de tu pose dicharachera y rebelde hay un creador, no sé muy bien de qué. He visto textos muy buenos tuyos y espero con delectación tu relato. Lo presiento interesante. No se trata solo de que sea bueno formalmente, sino de que la experiencia que lo fundamente sea verdadera. Que sea un documento de vuestro aquí y ahora, de vuestra potencia imaginativa y vital. Sé que la novela no es un ejercicio al alcance de la totalidad de los que estáis en clase. Pero para algunos de ellos, habrá un hito en su vida que será este relato. 

No he tenido ocasión de lanzar grandes discursos y soflamas en clase, así que mucho no me has escuchado. Pero me has seguido tal vez puntualmente en el blog y has sabido lo que había detrás de lo que hacía. Es la pasión de enseñar, el rugido del tigre antes de salir definitivamente de escena. Una vez me detuvo la policía por participar en un happening con mis alumnos. Es una historia que he contado en el blog y que volveré a contar algún día en un libro que quiero escribir que se llamará La pedagogía salvaje. Me he equivocado muchas veces. Supongo que todos nos equivocamos. Pero siempre he intentado que la literatura fuera un magma que incendiara los corazones adolescentes. Hay libros que solo se entienden en la adolescencia. En esa etapa de cambio formidable que sufrís en pocos años. Físico y mental. Dejáis irremediablemente atrás el mundo de la niñez para adentraros en el mundo adulto. La literatura ha sido el fundamento de mi vida. Desde que fui muy niño leí y leí, y sigo leyendo varias horas al día. Es un cuento infumable el que expresan algunos de que no hay tiempo para leer. Lo hay si es una prioridad absoluta el hacerlo. Si es un eje de tu vida. Has escrito que no dejarás de escribir nunca, así que colijo que tienes en ciernes una vocación de escritor. Es el momento de comenzar. Tienes un larguísimo sendero ante ti. La literatura es un fuego insaciable como lector, que es lo que he sido yo, y como creador, algo para lo que no he estado dotado salvo estas torpes entradas en un blog que pocos leen. Si quieres ser escritor, tienes un mundo apasionante dentro de ti mismo por descubrir, y habrás de agudizar la observación del mundo que te rodea. Además habrás de leer sin tregua, ir descubriendo los mundos literarios que te seducen. Hay tantas maravillas dentro de los libros, Andrés, que es difícil hacerse idea de tal riqueza. Me he pasado la vida leyendo y no he hecho sino rozar el corazón de la literatura. Todavía no he leído La divina comedia de Dante. Pero es una de las primeras obras que quiero leer en una versión bilingüe. Tienes que buscar tus modelos literarios. Descubrir a Melville y su Bartleby el escribiente, a Bukowski y su Máquina de follar, a Dumas y El conde de Montecristo, a Saint Exupery su Vuelo nocturnoEl jugador de DostoievskiLa espuma de los días de Boris Vian, la ciencia ficción, la novela negra, la novela realista, la experimental, los rusos, la literatura inglesa y francesa, italiana, alemana, la africana... El festín es de tal dimensión, Andrés, que se me ponen los pelos de punta imaginando todo lo que te queda por descubrir. Si sientes la llamada de la literatura, compagínala con cualquier otra profesión que elijas o vete a saber. No sé muy bien dónde estás y qué pretendes, pero tener claro a los catorce o quince años qué se quiere da tal fuerza y claridad de ideas que llevarás años de ventaja a cualquiera de tu edad. 

Ama la cultura, el cine, el teatro, la música, la danza, el cómic, la arquitectura, interésate por la historia, por las religiones, por el mundo antiguo, sin dejar de ser un habitante del siglo XXI en que has nacido y que verá cómo la Inteligencia Artificial será una presencia normal en el mundo que vivirás. La tecnología no es solo una distracción, es un medio de hacernos más humanos si la sabemos utilizar. Lee y lee. Sé curioso, pregúntate por el porqué de las cosas, intenta conocerte a ti mismo. Desconfía de los que te ofrezcan soluciones fáciles y cómodas. Nada que merezca la pena se alcanza sin esfuerzo. 

El año que viene ya no seré tu profesor, pero tú seguirás tu camino. Quiero irme a la India más de dos meses cuando estéis en clase. Es un viejo sueño que voy a realizar si nada se tuerce. La India es un continente espiritual, algo que ha dejado de ser Europa donde solo parece que hay centros comerciales y campos de fútbol. Me llevaré mi cámara y mi cuaderno de notas. Seguiré aprendiendo. Se aprende hasta que se muere uno. Y la muerte no es la peor ni la más siniestra de las reflexiones. La vida es extraña, da muchas vueltas, tenemos muchas capas como las cebollas. Y desde luego nada es como lo imagina uno cuando tiene quince años, pero en eso tienes un desafío por delante para irlo descubriendo. 


Cuídate.

miércoles, 4 de mayo de 2016

A propósito de un examen de sintaxis



Hemos empezado mayo y siento en el ambiente compartido de alumnos y profesores síntomas de fatiga. Es el noveno mes de curso, la primavera arrecia, y los corazones van basculando poco a poco hacia otras dimensiones menos galácticas. Es la hora del esfuerzo final, el sprint de los campeones, la última cuesta, la más empinada, la que lleva al reino académico de Ávalon. Un curso es corto o largo, depende de si lo estás viviendo o lo recuerdas en perspectiva. 

En perspectiva es un latido, un tic del reloj, un vistazo a derecha o izquierda y poco más. Pero es largo si lo vives día a día, clase a clase, unos como profesor y otros como alumno. ¡Qué de conocimiento esparcido en las mentes! ¡Qué de letanías y homilías piadosas que llevan poco o nada al esfuerzo supremo! Un curso académico es una ceremonia metódica que corresponde al tiempo cíclico. Circular. Una vuelta más sobre el eje. Un giro más en torno al sol. 

Y en medio, el crecimiento de estos muchachos que andan por aquí. Llegaron con doce años, casi niños, y salen ya con ansias de mayores, de querer revertir el curso del cosmos a su imagen y semejanza. En definitiva eso es la vida. Una lucha entre el yo y el mundo. Entre ese universo pequeño en que nos despertamos cada día y la comprensión de todo lo que nos rodea. Un cruce a veces dulce o dramático. Doloroso siempre. Porque vivir es aprender a llevarnos con el dolor. Hacerlo nuestro. Y trascenderlo. Un instituto con su trajín frenético de centenares de adolescentes que luchan y crecen para comprender dónde están en relación a sí mismos y a los demás. Suben y bajan por las escaleras, gritan, se pelean, se aman, sienten la amistad como nunca mas se vuelve a percibir, la traición, la burla, el sinsentido... 

No han leído a Shakespeare pero no hace falta, forma parte de la cultura inconsciente de nuestro mundo. La vida es una pasión ciega, una obra de teatro donde unos personajes se agitan y no entienden que están representando ora una comedia, ora una tragedia. La máscara de la risa y la del llanto no están tan alejadas. Yo los veo y siento sus vidas palpitantes, lujuriosas de vitalidad, de esperanza, de fe en sus propias existencias a pesar de las dificultades. Y yo estoy dentro de ese caudal tormentoso de sentimientos que son como torrentes que hay que amansar. Hoy un alumno me preguntaba qué significaba temperar y yo le he dicho que lo que hacemos los profesores cuando entramos en el aula. Calmarles, llevarles a algo que centre su atención, un ejercicio, un tema, una lectura ... Su inercia latina los lleva a la dispersión. No son muchachos finlandeses, no. No viven cerca de la Laponia que los enfría. No. No son chinos ni coreanos dóciles y disciplinados. No, son pasionales e indóciles, llevan en su genética el ADN del Mediterráneo. Una propensión al grito y a la hoguera. El profesor paladea cada instante de ese fluir vital a lo largo de diez meses cada año. 

Y cuando llega mayo, y la calor, la fatiga hace su aparición. Igual que historias de sensualidad y de deseo. Hoy pasándoles la película La casa de Bernarda Alba dirigida por Mario Camus en 1987, han sentido el prodigio de la obra en total silencio, solo roto por la masturbación con su sombra de Martirio, la mujer más interesante de la obra de Lorca. No es Adela ni Bernarda Alba. No. Esa casa cerrada entre sombras y luto donde solo hay silencio y pasiones sexuales desatadas. Como este instituto mezcla de casa de Bernarda Alba y el patio de Monipodio cervantino. Un azar, un caos incierto en que nos agitamos representando una obra en que nosotros somos magos del conocimiento del siglo XXI y ellos seres más sedientos de vida que de otra cosa. Y llegan valoraciones de lo enseñado y lo aprendido, y los profesores se quedan siempre con un gesto que si alguien pudiera fotografiarlo se haría de oro. La cara de un profesor cuando corrige un examen de sintaxis es digna de un retrato psicológico. Se resume en ella toda la realidad del proceso, y el mes de mayo, en sazón, y sus alumnos más preocupados de sus sentimientos que de las oraciones subordinadas sustantivas. Evohé. 

El profesor no siente pesadumbre. No. El es parte de la obra y no es precisamente Pepe el Romano. No. Él otea el horizonte y clama por que llegue el mes de junio y el fin de la travesía una vez más. Entre el sentimiento y la razón ¿quién duda que nos posee el sentimiento a nosotros y a ellos? Y podemos comprenderlo. Nosotros tampoco aceptaríamos estar encerrados seis horas diarias recibiendo infinidad de datos y llevar tareas para varias horas en casa. Todo para comprender la cultura de nuestro mundo. Tantos años, tantos. Cuando anhelarían estar corriendo por las praderas viendo copular a los leones y bañándose en cataratas de aguas cristalinas. Pretendemos hacer crecer el intelecto, pero el río que nos lleva nos muestra nuestros límites, nuestra incerteza también. El mundo no hay quien lo entienda. Nunca ha podido entenderlo nadie. Solo se vive. Como se pueda. Danzando a veces, cantando otras, arrastrándose ... o desnudándose cuando pasa Pepe el Romano

Hoy he visto a dos alumnas besarse en la boca tiernamente. Son ya novias. Y una cuida de que la otra haga los deberes. Nada puede parar la vida en un edificio donde se juntan tantos sentimientos desatados. El conocimiento es parte de lo que pasa aquí. Y eso cansa. Solo falta la recta final. El último repecho. No es cuestión de quedarse en Babia lamentando cómo la sintaxis no es el lenguaje preferido por nuestros alumnos. Las palabras hacen el amor, explico en clase. Pero ni aun así. Me falta la genialidad de un Lorca para expresarlo con palabras y revelar un mundo que para ellos ya será inolvidable. ¡Bernarda! grita María Josefa, que se quiere casar a la orillita del mar...

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