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domingo, 30 de mayo de 2021

Vino barato y conversación abundante

Leo lentamente El infinito viajar de Claudio Magris y me sorprenden los primeros capítulos centrados en España, concretamente en La Mancha, con sus reflexiones sobre El Quijote, fruto de una España concreta y también filosófica, y en Madrid en los albores del siglo XXI. Me siento como español tan olvidado por las corrientes modernas de pensamiento que me asombra que alguien hable bien de nuestro país y estime su riqueza literaria, vital y artística. Me gustaría ser ducho en la ironía cervantina para expresar mi profunda desazón sin excesiva amargura ni recurrir al sarcasmo hiriente. Claudio Magris realiza hacia principios de siglo un recorrido por la España cervantina en un tiempo equivalente al que lo realicé yo, en la primavera de 1999. Tal vez coincidimos en nuestras estancias en las localidades manchegas y en las reflexiones cuando yo iba releyendo El Quijote en una edición de Francisco Rico y  a Unamuno y Azorín en sus reflexiones sobre el camino del héroe.  

Dostoievski pensaba que este libro podía bastar por sí solo para justificar ante los ojos de Dios la odisea de la humanidad. Y tenía razón, porque el requesón maloliente que se desliza por la cara de don Quijote, heroico, ridículo y escarnecido, se parece al sudor de sangre de Cristo (Magris).

Soy aficionado a los diarios, en los viajes siempre escribo unas cuantas páginas que expresan mis impresiones del viaje en las que pongo pasión y sentimiento de cercanía al país o región visitada. En mi visita a La Mancha de 1999, tuve ocasión de encontrarme con un trocito de España que es esencialmente literario. Visité todas las localidades cervantinas además de Almagro, Valdepeñas, Villanueva de los Infantes y Tembleque, pueblo que tiene una de las plazas porticadas más hermosas de España.

El viaje me infundió una inmensa melancolía, coincidiendo con la guerra de los Balcanes y la intervención de la OTAN contra el ejército serbio.

Ser español es una de las peores condenas que existen en el mundo mundial. Especialmente si uno ama, a pesar suyo, la distopía de este país que nunca está reconciliado consigo mismo. Suerte que tenemos los bares, la principal institución cultural de nuestra forma de ser. No es casual que Don Quijote se pasara buena parte de su periplo en ventas del camino, con vino barato y conversación abundante.

viernes, 28 de mayo de 2021

Mirad los pájaros del campo...


Hay últimamente una constante en mis percepciones de la que antes no era muy consciente: el canto de los pájaros. Ahora lo siento omnipresente, bien sea que esté en el interior de la manzana de mi casa donde gorjean numerosos gorrioncillos que planean por los alrededores y a los que echamos miguitas de pan en la terraza y que ellos vienen a buscar. Si voy por la montaña, atiendo al canto de los vencejos, de los verdecillos o los petirrojos. En el interior del bosque me quedo embobado escuchando arias por parte de algún pajarillo solitario que parece expresar un éxtasis total ante la existencia. Me quedo quieto y escucho durante un rato en el silencio del bosque. A veces grabo sus cantos y con una aplicación intento que sean identificados, pero en el interior del bosque no hay conexión a internet y me quedo sin saber bien qué especie es la cantora. 

 

Recuerdo el poema de Juan Ramón Jiménez, maravilloso poema titulado … Y los pájaros se quedarán cantando en que él poeta, maravillado por su canto, es consciente de que, tras su muerte, el mundo continuará igual, que las campanas de la iglesia seguirán sonando, y él desde su huerto florido y encalado, ya espíritu, contemplará el mundo desde el otro lado. Y los pájaros se quedarán cantando. Esto nos da medida de nuestra insignificancia y marginalidad en el transcurso de la vida que continúa a pesar de nuestra creencia de que somos realmente importantes. Somos el centro de una conciencia muchas veces aflictiva y dolorida porque luchamos contra el flujo de las cosas. A veces me despierto a mitad de la noche angustiado y me vienen recuerdos torturantes que me afligen y dominan mi mente. Me rebullo en la cama, me abrazo al cuerpo amado pero mi cerebro ha elegido fijar un recuerdo del que no puedo desprenderme. Me hago una manzanilla en la cocina, respiro hondo y cuando vuelvo a la cama, me pongo a leer algo que me distraiga, así hasta que el cansancio de fijar la atención en las palabras, me lleva lejos de ese recuerdo punzante y mi cuerpo se relaja aceptando la deriva del universo sin mi presencia. 

 

Es inevitable considerarse importante, somos lo único que tenemos. Nuestro ego es un mecanismo muy complejo que no deja de ser bombardeado por miles y miles de estímulos cada día, sean las noticias, las imágenes que recibimos, el flujo de la vida cotidiana, la, a veces, tristeza de vivir y constatar el paso del tiempo o en otras ocasiones el gozo de estar vivo. La idea de que a cada momento de éxtasis corresponde uno de dolor es algo adherido a mí. Pienso que es el equilibrio vital. Uno no puede someterse sin más a la corriente de la vida porque hay continuamente decisiones que tomar en una sociedad crecientemente complicada y amenazada de muchas formas diferentes. No hay reflexión que resulte demasiado tranquilizadora en un mundo que se aproxima a la oscuridad en muchos sentidos. Ayer veía un reportaje sobre el aniversario de la distopía de Blade Runner, la obra maestra de Ridley Scott y película de culto, y era consciente de que las peores amenazas que aparecían en el filme como la creciente pobreza, la diferencia creciente entre ricos y desposeídos, la amenaza climática, la deshumanización de la ciudad futurista, la lluvia permanente, las preguntas que no dejan de ser planteadas sobre quiénes somos y qué estamos haciendo aquí, y cuál es el sentido de nuestra vida… Aquellos replicantes tienen los mismos conflictos que nosotros, quieren seguir viviendo un poco más y se interrogan sobre quiénes son… 

 

Por eso, cuando oigo a los pajarillos y percibo sus gorjeos alegres y deliciosos me doy cuenta de que son ciertas las palabras del evangelio en que los pájaros no hacen proyectos, ni declaración de renta, ni tienen que dejar herencia a sus hijos, ni se afligen por el devenir de las cosas, ni temen a la muerte, solo son, sin preocupaciones en un éxtasis divino cuyos cantos son cada vez más presentes en mi vida. Ahora los oigo, junto al ladrido de algún perro, el rumor incesante de la ronda y pienso en la próxima vez que saldré al bosque para adentrarme en el corazón de la espesura para así profundizar en el cansancio –bendición del ser humano que le releva de sus ganas de luchar- y llegar a un instante de felicidad plena que surge imprevisto como en un descuido de la mente. 

martes, 25 de mayo de 2021

El dilema maldito


Arthur Schopenhauer escribió que el sentimiento de la vida oscilaba entre la desesperación y el aburrimiento, o lo que es lo mismo, entre el dolor y el tedio. Creo que leí esta reflexión en mi primera lectura de El árbol de la ciencia de Baroja, lectura antes cenital para los adolescentes del anterior sistema educativo. Así bien, o estamos jodidos o estamos aburridos. Si estamos jodidos, no nos aburrimos –es la parte positiva de ese estado-, pero cuando abandonamos el sufrimiento por algún albur del destino, el estado que nos viene es el de aburrimiento a la espera de que algo pase y que nunca acaba de pasar. Es lo que les sucede a Vladimiro y Estragón en torno a un árbol esquelético en un paisaje incierto en la obra Esperando a Godot.

 

Para evitar el aburrimiento urdimos mil y una estratagemas: la comida es una de ellas –vemos en todas las redes sociales miles y miles de páginas con los más refinados platos de todos los tipos: comer libera de la angustia y del aburrimiento-; otra forma de afrontar el aburrimiento es la pasión política o deportiva y no cabe duda de que hoy día las redes sociales están imbuidas de unas dosis enormes de política. Las más preclaras mentes pensantes se zambullen en el análisis de la realidad, bien sea desde la óptica del resentimiento de la izquierda radical o de la extrema derecha. Ambas lindes del espacio político comparten igualmente dicho resentimiento como motor ideológico, y de ahí, de su necesidad de abordar el aburrimiento que no cesa, sus apelaciones complementarias a la justicia, a la ira, al grito, a las consignas, a las fabulaciones, a los complots… 

 

Otra forma de abordar el aburrimiento es el consumismo. El hecho de comprar libera momentáneamente de la tensión vital y el aburrimiento. Una tarjeta con crédito ilimitado es el mejor desestresante y desangustiante, con mucha mayor eficacia que el Prozac. No digo que sea así en todos los casos, pero sí en un elevado número. Cuando estamos a punto de comprar algo se intuye la liberación de un elevado número de hormonas de la felicidad sea dopaminas o endorfinas… No en vano el capitalismo ha vencido al comunismo solo por este sencillo mecanismo. Nos gusta comprar, aleja tanto el sufrimiento como el aburrimiento provocando una tensión vital refrescante. 

 

Hacer deporte, cansarse, forzar el físico es asimismo una fuente de placer extraordinario ante el horror vacui, ante la amenaza de sinsentido de la vida. Si uno está corriendo o levantando pesas, o haciendo una larga caminata extenuante, uno deja de hacerse preguntas y supera igualmente la sensación de aburrimiento a pesar de que el esfuerzo físico constituya una suerte de padecimiento luminoso. Subir un ocho mil o correr la maratón conlleva padecimiento pero recompensa, lleva implícito un desgaste liberatorio igualmente de hormonas que evitan el aburrimiento. 

 

El arte, sea en su faceta creadora o en la de observador o lector, produce también estados bienhechores para el espíritu, haciéndonos salir de nosotros mismos y de nuestra angustia constitutiva puesto que supone una especie de experiencia iluminadora de la conciencia y de nuestro placer estético. 

 

Hay otras formas de enfrentarse al dilema schopenhauariano como el sexo y la violencia, ambas formas devoradoras del ego sufriente o aburrido. De ahí las numerosas guerras a lo largo de la historia, los terribles conflictos interterritoriales, religiosos o étnicos que tienen su eje en el ansia de dominación y de poder, siendo este, el poder, un mecanismo sumamente excitante y atractivo. 

 

Sin embargo, el mecanismo más barato para contrapesar el sufrimiento o el aburrimiento es la risa, la conversión en caricatura de toda forma de jerarquía o esquema dominante, la inversión de todo. 

 

Y cagar, en último pero no en el más irrelevante lugar, también es algo que nos libera como bien sabían en la Edad Media con todas sus fantasías coprofílicas. 

 

Así pues, cagar, comer, reír, hacer política, consumir, extenuarse, crear, leer, combatir, asesinar, follar… son nuestras liberaciones más habituales para enfrentarnos al dilema maldito. 

 

¿Cuál es la tuya?

miércoles, 19 de mayo de 2021

El racismo que no cesa

                                                Taiye Selasi


Leo una novela de 1929 de Thomas Wolfe, un autor muy desconocido en España, pero que formó parte de la llamada generación perdida norteamericana en que figuraban Scott Fitgerald, Faulkner, Dos Passos, Hemingway… Wolfe murió a los treinta y siete años pero antes había escrito torrencialmente relatos de enorme calidad como el que estoy leyendo, El ángel que nos mira,  que sin pretenderlo es el más potente alegato antirracista que he leído porque en él los negros que aparecen en segundo plano no son nada, son parte inerte de un decorado en sus barrios de chozas, sin nombre, sin dimensión, sin tener ninguna parte en esta historia porque parecen subhumanos. No hay ni un negro que se singularice y pase del estereotipo en medio de caracteres sutilmente descritos de la famila Gant. Es increíble la falta de sensibilidad de Thomas Wolfe al no fijar su mirada en otros seres que él debía ver como casi simiescos –en alguno de sus párrafos los califica de gorilas de amplia sonrisa-, y parte de una tramolla en que solo servían como criados innominados y sin ninguna pincelada de color sobre sus personalidades o sus vidas. 


Lo malo es que los que leían libros como este no consideraban que aquello fuera anómalo sino que lo veían como la cosa más normal del mundo. Los negros eran definitivamente inferiores incapaces de alumbrar ninguna página de una novela, por otra parte, excelente. El lector se siente desolado y con mal cuerpo porque es un retrato exacto de América y del largo trecho que se tenía que recorrer en pos de los derechos humanos que concedieran dignidad a estos seres aplastados en la nada y la insignificancia. 


El racismo es una realidad mucho más profunda de lo que parece. El otro día leí una  entrevista a Taiye Selasi –escritora afropolita a caballo entre el Reino Unido, Estados Unidos y Ghana- en que era profundamente pesimista en cuanto a la superación del racismo incluso por parte de los progresistas que se manifiestan con consignas como Black Lives Matter pero no llevarían a sus hijos a colegios donde los niños negros fueran algo más que un detalle numérico, ni vivirían en los barrios de mayoría negra. Hay muchos blancos que aplauden cuando un grupo de policías reducen a un ser de piel marrón porque los consideran peligrosos y nadie sabe de qué son capaces. Los derechos humanos se consiguieron en teoría pero el racismo sigue profundamente vivo. Taiye Selasi apunta en una entrevista a los progresistas que leen libros escritos por africanos o afroamericanos, y afirma que estos no son una medicina. Pienso en mí, que tengo una biblioteca muy extensa africana y que me pasé años leyendo solo libros escritos por personas de piel marrón, como los llama ella, y me doy cuenta de que a la hora de la verdad, yo si viviera en Estados Unidos o en un contexto de fuertes minorías negras, yo sería tan racista como quise evitar ser, a pesar de conocer a fondo la tragedia del continente africano y los terribles padecimientos de estas personas. Pienso en si el racismo es de origen genético porque culturalmente he leído prácticamente todo, lo sé casi todo, pero… me descubro racista y ello me avergüenza seriamente. 

domingo, 16 de mayo de 2021

Paranoia colectiva


El trastorno de personalidad paranoica (PPD, por sus siglas en inglés) es una afección mental en la cual una persona tiene un patrón de desconfianza y recelos de los demás en forma prolongada. La persona no tiene un trastorno psicótico completo como la esquizofrenia.

El trastorno paranoide de la personalidad se caracteriza por un patrón generalizado de desconfianza injustificada y sospecha de los demás que implica la interpretación de sus motivos como maliciosos.

Para que una persona reciba un diagnóstico de trastorno de personalidad paranoide, debe mostrarse persistentemente desconfiada y recelosa de los demás, como lo demuestran al menos cuatro de los elementos siguientes: Sospecha, sin una razón suficiente, que otras personas le explotan, lesionan o engañan.

¿Vivimos en un estado de paranoia colectiva como expresa el graffiti? 

jueves, 13 de mayo de 2021

Fragmentos en carne viva de una caminata en solitario


Vuelvo a hacer la caminata del jueves pasado o, por lo menos, parte de ella pues he salido de Santa Coloma y no de Vallvidrera lo que es sustancialmente la mitad. He visto en el plano del metro que la estación a que yo quería ir, Esglèsia Major, no estaba en la línea 1 sino en la L9 que va de La Sagrera a Cam Zam. He bajado en Sagrera y he tenido que descender cinco tramos de escaleras mecánicas para llegar al nivel donde está en metro. Ha sido inútil porque en vez de bajar en la estación de Esglèsia Major, bajo en Fondo que es común con la L1. No hubiera hecho falta el trasbordo pero he querido ver el ambiente de Santa Coloma para hacer alguna foto. Solo he hecho una del centro, solo había reatas de niños de colegios que iban a alguna parte, era la hora escolar por lo que veo. Luego hago una foto del poema de Maria Mercé Marçal, tan de lo que hoy llamaríamos postureo aludiendo a su triple rebeldía por ser mujer, por ser de clase baja y por ser de una nación oprimida. Me gustaría saber qué entendía esta poeta por eso de ser de clase baja. Tal vez escribió cuando miles y miles de inmigrantes se hacinaban en las barracas de Montjuich o el Somorrostro. Probablemente habría que explicarle lo que era ser de clase baja. Y en cuanto a ser de una nación oprimida, habría mucho que hablar cuando la dictadura nos oprimía a todos pero ella, sin duda, debería sentirse especialmente oprimida por ser catalana cuando la burguesía de este campante país estaba encantadísima con el Régimen porque todas las inversiones venían para aquí en lugar de ir hacia Andalucía, Murcia, Extremadura o Aragón. Pero uno puede identificarse con el mito que quiera y si lo expresa poéticamente, por demagógico que sea, puede ser incluso pintado en los muros como ejemplo de triple rebeldía. Bah. 

 

Sigo el trayecto del otro día pero hoy con agua abundante y con el cuerpo fresco y no castigado además de ser más temprano y el sol ser menos inclemente. He pasado por el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra del que he hecho fotos. Me hubiera gustado visitar el claustro. Varias instituciones tienen su sede en el monasterio. He dejado Can Ruti, también la he fotografiado desde la distancia con la perspectiva del mar, y he seguido hacia arriba con menos cansancio. He llegado junto a unos ciclistas que subían asfixiados a lo más alto y he comenzado el descenso hasta Sant Fost donde una panda de perros me ha empezado a ladrar. He entrado en la fundación Pere Tarrés para ver desde arriba el monasterio de Montalegre pero las ramas y los alambres no me han permitido una buena perspectiva. Me gustaría pasear también por el claustro y ver a los monjes cartujos en su vida sombría pensando solo en la muerte por lo que yo creo. Luego investigo someramente en el estilo de vida de los cartujos y me sorprende que vistan de blanco y que en las festividades hacen vida comunitaria y charlan entre ellos. El resto del tiempo están en su celda trabajando y tienen un huerto. Participan comunitariamente en los oficios.  

 

Durante el trayecto, la mente se me iba a Oriente Medio que estos días está ardiendo por los choques entre israelíes y palestinos. Creo que ha comenzado en Jerusalem por el rigor israelí en el Ramadán con los palestinos lo que ha provocado graves disturbios. Desde Gaza se han lanzado cientos de cohetes contra ciudades israelíes e Israel ha respondido bombardeando objetivos militares en Gaza lo que ha provocado decenas de muertos incluidos algunos niños. Mis simpatías están con Israel y veo que rápidamente hay una marea de solidaridad con los palestinos en contra de la brutalidad judía. Pero no se dice que los palestinos están bombardeando ciudades israelíes. Es la misma historia de siempre, esa pulsión del suicidio heroico contra el poderoso. Las almas sensibles del mundo se posicionan siempre en contra de Israel con una virulencia extraordinaria cuando en otros muchos conflictos mantienen algo parecido a la indiferencia y es que no hay algo tan jugoso como un protagonista judío. Eso tiene morbo y ya se sabe que los judíos son siempre culpables hagan lo que hagan. En la historia se los acusaba de envenenar pozos, beberse la sangre de los niños que raptaban y eso era suficiente para que la multitud ebria de venganza saliera a asesinarlos a sus barrios. 

 

Luego hay casi diez kilómetros hasta la estación de Montgat Nord dando un gran rodeo por la serralada de la Marina. Yo esperaba que comenzara la bajada pero el camino se alargaba en solitario hasta que he llegado a una especie de mirador donde se ve Alella a la izquierda. He pensado en la casa de Toni y me hubiera gustado saber dónde se ubica. Y allí empieza un largo descenso pues estamos a más de trescientos y pico metros y hemos de bajar al nivel del mar. Se hace largo, ciertamente acompañado es más suave porque te vas distrayendo con la conversación maliciosa. He dado vueltas bajando por cuestas pedregosas hasta llegar a la entrada de Tiana entre la iglesia y un recoleto cementerio que el otro día no vi siendo muy atractivos sus muros y su interior con pisos de nichos. Vueltas y vueltas por Tiana, largas avenidas por las que voy ya con mascarilla, callejuelas del pueblo antiguo, tiendecitas, más avenidas, hasta que llego a Montgat, no sé exactamente dónde empieza el pueblo. Sigo hasta llegar y pasar por debajo de la autopista o carretera. 

 

Allí cerca de la playa me he tomado una cerveza Estrella Galicia. En la mesa del al lado había dos mujeres. Una morena de ojos negros, muy hermosa, que tendría veintitantos años, cerca de los treinta, y una mujer de unos sesenta que no paraba de hablar comiendo a la vez boquerones en vinagre. La mujer mayor se llamaba Lola y se tenía por muy joven, moderna y próxima a la juventud por sus relaciones y carácter. Era pesada e ininteresante pero tenía un ego descomunal. La joven solo podía hacer comentarios admirativos de lo que la vieja le decía. Es un caso típico de persona avasalladora imbuida de una ficción, la de ser juvenil y divertida, que resultaba realmente cargante. Es un tipo de personas que piensan que lo que dicen es muy interesante y no paran nunca de hablar de sí mismas. 

 

He llegado a la estación y he tomado el primer tren que ha pasado a Molins de Rey que para en Hospitalet como he podido comprobar. Enfrente de mí dos mujeres musulmanas, una con chilaba fucsia con flores y encajes, gordísima, y otra joven que pudiera ser la hija, también gorda, pero sin pañuelo y más encajada en esta sociedad y que no hacía ni caso a la supuesta madre. 

 

martes, 11 de mayo de 2021

Setenta y cinco aniversario en la Plaza Roja de Moscú


Veo una retransmisión en Youtube del acto conmemorativo del 75 aniversario de la victoria soviética contra Hitler en la Plaza Roja de Moscú. Mas de doce mil soldados, con uniformes de gala, y dispuestos en formaciones compactas en un ambiente solemne y triunfal evocando la Gran Guerra Patria y la victoria frente al nazismo a costa de un precio terrible –se habla de veintisiete millones de muertos-. Un pelotón de soldados marcando algo parecido al paso de la oca llevan dos banderas, una rusa y otra roja con la hoz y el martillo. Dos generales en sendos coches lanzan arengas a los soldados que en formación impecable y con gestos viriles y marciales dan gritos de hurra a lo que dicen sus mandos. Al final habla Putin en su arenga más significativa. He sabido que Putin es un excelente orador algo que no percibimos los no rusos, pero su discurso debe de ser muy seductor y varonil de acuerdo a la fortaleza que siempre han de demostrar los rusos. La catedral de San Basilio está como telón de fondo en la Plaza Roja. 

 

Dos observaciones: no hay mujeres entre las tropas aguerridas y belicosas, cuando las mujeres fueron parte importantísima entre los soldados y oficiales en la Gran Guerra Patria. Lo sé por el libro de Svetlana Alexievich, La guerra no tiene nombre de mujer. Otra observación interesante es que esta parada en ningún momento se nombra a Stalin, el considerado arquitecto de la victoria, solo al pueblo ruso, a la patria rusa. Un detalle significativo es la enseña comunista que lleva el pelotón que he mencionado. No suena mientras lo veo, el himno ruso, sí otras marchas igualmente reveladoras. Esta gran parada dejó de celebrarse durante casi veinte años entre la caída del comunismo hasta 2008 cuando Putin la recuperó de nuevo. Al final del acto, una escuadra lleva –marcando el paso marcialmente- un lecho de flores a la llama que arde en una estrella roja de cinco puntas. Putin y miembros destacados de su gobierno llevan ramilletes de claveles rojos que depositan ante la llama sobre el lecho de flores que han llevado los soldados. Minuto y medio de recogimiento en silencio y luego suena el himno ruso –soviético- brevemente pero sin la fuerza que tiene cantado por coros rusos. Putin es el más bajo entre los presentes pero se advierte que es el que manda por sus gestos imperativos. Acaba el acto en la plaza vacía, una compañía solemne desfila ante esta decena de mandos rusos y luego, dirigiendo la operación Putin, salen hacia un autocar en el que entra primero Vladimir como debe ser. 


(El vídeo es muy largo, aconsejo ir avanzando porque no tiene desperdicio como acto litúrgico, su estética es muy poderosa)

 

martes, 27 de abril de 2021

El arte de la mentira política




Uno ve imágenes de la deforestación de las selvas tropicales y se siente conmocionado e impotente. Recibo información de distintas ONG’s ambientalistas y humanas que refieren la destrucción de los pueblos primitivos de todo el mundo en hábitats cada vez más precarios. Firmo algún manifiesto pero me hallo inhábil para controlar la marcha del mundo. Pienso que los seres humanos viven en sistemas democráticos pero que no pueden controlar nada lo que pasa en sus sociedades. Todo lo que sucede es externo a mi capacidad de decisión desde que yo recuerdo mi historia. Es totalmente incierto que nosotros tomemos decisiones acerca de nuestro mundo y nuestras sociedades que cambian y se transforman al margen de nosotros, a veces para bien y muchas veces para mal. Mi voto político es tan intrascendente que me asombra que la gente vaya a votar. No hay debates sobre nuestro presente o nuestro futuro, las decisiones se toman al margen de nuestras voluntades que son anecdóticas. Ahora en Madrid hay mucha algarabía sobre principios políticos maximalistas, todo es un espectáculo cuidadosamente dramatizado con resonantes efectos y eslóganes pero todo es una cortina de humo que no resuelve nada de lo sustancial. Los votantes son seres a los que se engaña para que tomen decisiones sobre A o B o C pero que no son necesarios para nada sino para conformar números que dan lugar a estrategias sobre las que los votantes nada tendrán que decir. Todo es demagogia a la izquierda y a la derecha, todo es manipulación a un lado y a otro. Discursos efectistas, puestas en escena nadie sabe muy bien si dirigidas por realizadores cinematográficos, palabras grandes para movilizar a un electorado que es el rehén propiciatorio al que se quiere concitar y reclamar para luego darle el adiós definitivo hasta las próximas elecciones. 

 

Me siento totalmente estafado porque quieran hacerme creer que yo decido algo durante la décima de segundo en que introduzco mi papeleta en la urna. Quieren hacerme creer que soy importante para ese acto trivial que será luego reconvertido en discursos todos de victoria, haya pasado lo que haya pasado. Todo el juego está cantado. Todos los jugadores son tahúres aventajados en la mentira y el engaño. 

 

Todo es un cortinaje de espejismos. Yo no soy nada demoscópicamente y me siento abandonado, engañado, burlado… El mecanismo político es feroz y embustero. 

 

A veces voto en blanco, a veces me abstengo, a veces voto al mal menor pero con la conciencia de que todo es inútil… La política es un trampantojo que pretende ser una realidad eficaz pero es mentira. Nadie debate nada, nadie escucha a nadie, nadie me pregunta nada, solo soy un prisionero al que cada cierto tiempo se le impele trágicamente a depositar una papeleta que no significa nada ni decide nada. 

 

Que les den.

domingo, 25 de abril de 2021

El misterio de la identidad


Ciertamente, creo con Walt Whitman que la Metafísica es el arte de desconcertarse a uno mismo. Y me explico: los seres humanos en conjunto y en particular me resultan extraños y paradójicos. Cuanto más los contemplo, cuanto más los leo, cuanto más los escucho, más conocidos me resultan, pero a la vez que se me acercan en un sentido, se me alejan en otros. Pienso que es imposible llegar a comprender a nadie por completo. Podemos llegar a acceder a algunas claves interpretativas, pero en cuanto nos seguimos acercando a esa persona, más se aleja de nosotros convirtiéndose en un misterio por transparente que pueda parecer. Los seres humanos nos resultamos opacos unos a otros en cuanto a las lógicas que nos mueven y dan sentido. No hay nada más lejano que otro ser a nuestra conciencia. Los novelistas, dramaturgos y poetas, y los artistas en general, exploran el misterio de la otredad intentando sumergirse en ella desde perspectivas subjetivas. Es la historia del arte, y en especial de la literatura como intento de rastreo y configuración de lo que nos hace ser algo esencialmente enigmático. He sido desde que recuerdo, lector voraz. Así desde que empecé a leer a mis cuatro años y algo no he dejado de leer y me siento desbordado por la extrañeza del Otro que se manifiesta en cada una de las novelas que leo. Por más que intente comprender a los personajes literarios, más se me escapan. Por más que intente acceder al hacedor de su narrativa, el autor, más se me desliza como arena entre mis dedos. Yo mismo, el eje de mi vida, soy para mí algo inaccesible por más que intente llegar al fondo de mí mismo. Ante esto hay muchas personas que lo dan por descontado y no intentan comprender más allá de lo visible, de lo accesible, de lo aparentemente real, de lo dado y sostienen que no hay que intentar penetrar en el territorio de lo confuso, de lo metafísico… Vamos, que no hay que buscar cinco pies al gato, que la vida es hermosa sin intentar comprenderla y que todo intento de darle un sentido es un proyecto condenado al fracaso, que la vida y los demás hay que vivirlos sin procurar desentrañarlos… Son estos seres de acción que no se contemplan a sí mismos y que no hacen por transgredir el fenómeno de la otredad. 

 

Volviendo a la cita de Walt Whitman, sobre el arte de desconcertarse a sí mismo como ejercicio metafísico… he de decir que me gusta ser siempre diferente a mí mismo, carecer de unas claves mecánicas y reiterativas sobre el sentido de la propia identidad, llegando incluso a sorprenderme a mí mismo como me gusta que me sorprendan los demás subvirtiendo su propia lógica constitutiva. 

 

Mis hijas se ríen conmigo y me parodian diciendo que un día pregunté a un camarero chino si tenían flan Mandarín a lo que el amable empleado me dijo que sí, que, efectivamente, lo tenían. Yo le repuse seriamente, “pues tráigame un helado”. Esto a mí no me sorprendió pero a ellas sí que les hizo mucha gracia y me lo recuerdan con frecuencia. Pudieron pasar muchas cosas en ese cambio de deseo, unas escasas décimas de segundo pueden suponer una transformación del anhelo de flan, es posible que simplemente expresándolo yo me hubiera dado cuenta de que en realidad no me apetecía. Son mecanismos ultrarrápidos del cerebro cuyo sentido desconozco. 

 

Para mí, pues, los seres humanos son como esta anécdota. Cuando he creído comprenderlos, cambian su petición y solicitan algo totalmente diferente dejándome sorprendido. No se puede reducir a nadie a una fórmula por más que muchos intenten hacerlo para lograr ser coherentes en su identidad… cuando la identidad es como intentar atrapar agua entre los dedos. Quizás ni siquiera hay dedos ni agua… Evohé. 

lunes, 19 de abril de 2021

Un perfecto imbécil en la penumbra de los unicornios

               


Un tiempo vacío en espera de otros acontecimientos. Un leve malestar por todo lo que uno vive. Es inútil reseñar lo injusto del mundo, daría para varios tomos de espesura terrible. Uno vive en la medida de lo que puede. Dejas atrás convicciones políticas y te centras en tu día. En las personas amadas y cercanas. Es lo que hace todo el mundo para sobrevivir. No mirar más allá de la realidad cercana. Te centras en tu círculo y procuras ser feliz en él. Lejos queda la guerra del Yemen, la destrucción de Siria, la fundición de los polos por el cambio climático, la deforestación, el fracaso del reciclado en España, el declive de los mares que se están convirtiendo en muertos, la crisis en el propio país que lleva a tanta gente al paro. Tú te centras en lo que vives, en tu casa, en el barrio y no miras más allá. Te llegan ecos de luchas venenosas en el ámbito político que son puramente tóxicas y no quieres implicarte, pero todo el mundo acaba implicado. Lees todo lo que puedes: historia, ciencia, literatura, poesía… Y no deja de invadirte la sensación de que te estás evadiendo, de que una parte de la mierda de este mundo también te salpica por libros que leas o series británicas o nórdicas que veas. Te centras en lo tuyo, en lo cercano, pero hay tanta gente que sufre sin que se vea en exceso… Pero tú no eres un samaritano, te vale ser un hombre común, que procura no leer la prensa, que ya te han puesto la primera dosis del Astra-Zeneca y no sabes si te pondrán la segunda. Vas a los bares por propia convicción y por apoyar el pequeño empresario que se deja la piel a tiras. Caminas por la sierra de Collserola cada semana, entras en el bosque profundo y escuchas a las aves del parque en soledad, lo cuentas en tu diario, ese diario que revela tu cotidianidad, tu forma de estar en el mundo de persona perfectamente vulgar, cuando lo vulgar ha reclamado el márchamo de reivindicable. Ser un hombre común no es un desatino sino un acierto. Un redoble de tambor. Antes eran reseñables las personas extraordinarias, ahora no. Si eres un ser humano, tu lugar en el mundo es ya de por sí significativo. La verticalidad ha dejado a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI de ser un modo exclusivo. Eres un ser común, tan perverso como cualquier otro, tan banal como cualquier otro, tan estúpido como cualquier otro. No hay nada tan detestable como el elitismo. No nos gustan las élites, sean azules o rojas, ni los que viven en la Zarzuela o en Galapagar. Odiamos que alguien se ponga un coturno para estar más elevado que nosotros, la plebe insaciable de sensaciones y aspiraciones irrredentas. Somos los que caminamos por el bosque, los que vamos a los bares, los que escribimos nuestras impresiones día a día, gente común, gente horizontal, gente que a veces recuerda que Harold Bloom estableció un canon literario en cuya cúspide estaba Shakespeare, debajo Dante y Cervantes… Ahora no creemos en los cánones de ningún tipo, la vulgaridad nos atrae, la grisura nos fascina e incluso querríamos ver algún programa televisivo de Jordi Évole entrevistando al descerebrado de Miguel Bosé pero la última novela de Javier Marías te atrae mucho más. No dejas de ser un plebeyo con corazón que frecuentas el bosque, pero te queda tanto por descubrir que te reconoces como un perfecto imbécil en la penumbra de los unicornios. 

martes, 13 de abril de 2021

Un día da para muchas cosas


Cada día es un misterio. No creo en la mediocridad de los destinos humanos. Pienso que en cada uno de nosotros hay elementos que hacen que nuestros días sean especiales. Sea en situaciones, en lecturas, en pensamientos, en sentimientos, en contradicciones… No pienso que haya una vida de planicies mediocres. Si uno cualquiera fuera capaz de reflejar el discurrir de un día en un relato, probablemente habría escrito algo próximo al Ulises de James Joyce que recrea una vida común y corriente en el Dublín de 1904, un día de junio de dicho año. Toda vida es significativa por trivial que pueda parecer. Hay unas vidas más llamativas que otras, que parecen haber realizado con más profundidad la idea de destino, pero es un trampantojo. Una vida es una vida y cada día está lleno de densidad primigenia aunque resida en las profundidades y no ofrezca especiales señas de identidad. 

 

En mi día de hoy, me he levantado y he sido consciente, a través de un correo de ACNUR, de la terrible crisis de los refugiados no solo por conflictos bélicos sino por causas del cambio climático –motivo de befa y mofa para algunos- que hace que decenas de millones de personas hayan de emigrar por causa de sequías, inundaciones, huracanes y quedarse sin nada. Hay más de cien millones de personas en el mundo que son considerados refugiados en condiciones extremas… Nosotros estamos acostumbrados a la política de la queja recurrente, al pesimismo constitucional de nuestra psique que observa el mundo desde una situación de privilegio. Me doy cuenta. Nos deprimimos por unas cosas que si las tuvieran otros, serían inmensamente felices. 

 

Durante el desayuno viene un gorrioncillo cerca de nosotros. Le arrojo unas miguitas de pan que él se apresura a recoger con el pico y llevárselas. Es un detalle milagroso porque cada vez hay menos gorriones en el mundo. Los insecticidas y herbicidas cambian radicalmente la cadena trófica y hace que estos pajarillos sean cada vez más escasos. Igual que las mariposas, más raras que nunca. Nuestro bienestar inconsciente promueve el cambio de los ciclos ecológicos.

 

Nos acostumbramos a sentir víctimas, es un papel que nos atrae y está crecientemente extendido. Uno no es nada si no es víctima de algo, aunque sea de un gobierno, o de una situación. El victimismo es como una infección que se extiende junto con el pesimismo indolente. El pesimismo de los viejos es especialmente significativo. Los que creen que el mundo no seguirá para los jóvenes que, paradójicamente, no son pesimistas. 

 

Termino la lectura de un relato muy bien trazado, Atravesé las Bardenas de Eduardo Gil Bera. El título hace referencia a una jota aragonesa y recrea una historia de los años cincuenta cuando las autoridades propiciaron que presos trabajaran en la construcción de pueblos de colonización en las Bardenas Reales entre Aragón y Navarra. Me gusta. Eduardo Gil Bera escribe muy bien, y cuando acabo la narración me dan ganas de volverla a empezar. Un libro es bueno si sientes esa tentación. En realidad, podríamos leer indefinidamente un mismo libro. Hay gente que lee setecientos libros al año, pero imagino a uno que leyera setecientas veces el mismo libro. ¿Quién sería más profundo? 

 

Ayer acabé un libro apasionante sobre el cáncer de Sidhartta Mukherjee, El cáncer, el emperador de todos los males. Me di cuenta de la terrible belleza del cáncer y la profesión médica de oncólogo. Es la enfermedad que mejor revela nuestra naturaleza humana, la más imprevisible, la más misteriosa, la más cruel...


Me tomo un vino turbio con la persona amada… Hablo con mis hijas, me tomo un café a media tarde, hablo con un amigo para hacer una caminata el jueves… 

 

Me doy cuenta de nuestra inconsistencia, de nuestro heraclitiano pasar por la vida, mezcla de permanencia y transitoriedad, pienso en una duda sistemática no ejercida a través de mantras políticos y existenciales, de soflamas jacobinas… Quien duda, lo hace a fondo, y a veces cree en el Dios de Spinoza…

 

Un día da para muchas cosas. 

miércoles, 7 de abril de 2021

La clase política es tóxica


Uno apenas sigue la actualidad política, pero a poco que visite Twitter, todos los conflictos existentes emergen con una saña y odio difícil de soportar. La política divide y enfrenta a los ciudadanos, que parecen a punto de degollarse unos a otros, nadie escucha a nadie y lo único que se percibe es desprecio y resentimiento frente a opciones distintas a las que se ridiculiza y reduce a la caricatura más siniestra. Nadie utiliza la sutileza o el arte de escuchar al discrepante. Unas ideologías se enfrentan a otras por los principios aunque se ve claro que nadie tiene claro cuáles son esos principios porque las palabras más aparentemente sagradas son inmediatamente devaluadas. Así pasa con democracia, igualdad, solidaridad, libertad, conceptos que se aplican solo y si benefician a mi causa y se niegan a los demás que por definición son indignos, culpables, enemigos de la democracia, de la igualdad, de la solidaridad, de la libertad. Así la libertad de expresión se defiende siempre en nombre de la mía pero no de la de los demás que son fascistas o comunistas, estos son los dos bloques en que demagógicamente se ha dividido a la sociedad, obviando todos los matices intermedios que son aplastados por la lucha épica entre la justicia y el lado oscuro, sea lo que uno interprete. 

 

¿Y todo esto de dónde ha salido? Pienso que de la política, de esos personajes inútiles que son los políticos, clase inane y tóxica que juega a enfrentar diabólicamente a la sociedad extremando los conflictos y haciéndolos insuperables y violentos. Los políticos son gente que vive muy bien,  pagados por nosotros, y que se dedican a inyectar veneno en la gente que antes también vivía muy bien, sin resentimientos ni odios, pero esto era insoportable. La clase política aspira a que los ciudadanos se odien, no a que resuelvan sus conflictos y a tender puentes y a plantear soluciones. La clase política juega a que las cosas empeoren, como fundamento, para que las contradicciones entonces sean irresistibles y las cosas se decanten hacia su lado. Cuanto peor, mejor, así la gente, el pueblo, se dará cuenta de cosas que ahora en la medianía no ve. Así la gente optará por la clase dirigente que los llevará a un paraíso político en el que habrá que excluir a la otra mitad que deberá ser aplastada porque el país no da para la convivencia pacífica de dos mitades antagónicas. La política es así el sistema del enfrentamiento, del odio, de la revancha, del zasca, del rencor, de la división basada en unos principios supuestamente democráticos en los que nadie de esa clase política cree. Los principios son para adaptarlos, para inclinarlos a nuestro favor, y el adversario-enemigo nos alimenta y nosotros lo alimentamos a él. La división radical entre bloques extremos ampara el negro y el blanco, media parte será arrasada sea cual sea el resultado. 

 

La política nos lleva a la ineficacia, a la antítesis, a la confrontación, al odio hasta que una parte vence y bloquea a la otra y entonces puede culminar su sistema o aprobar una ley de Educación, esto es innegociable, una opción, si se precia, ha de tener su propia ley de Educación aunque dure cinco años. 

 

La política tendría que ser superada, pero nos encontramos con un sistema en que los políticos utilizan todas las trampas dialécticas para ser imprescindibles. Pero habrá un día, pienso, en que la inteligencia humana desplazará a la política y la hará una cosa del pasado como lo fue la esclavitud o la viruela… 

 

Ahora los políticos pasan por ser necesarios, pero yo los desprecio. 

sábado, 3 de abril de 2021

Fuego de campamento

Viendo por segunda vez en tres días Nomadland he tenido ocasión de revivir escenas muy poderosas de la misma. Quiero traer una de ellas que generó en mí vivas emociones que me llevaron a mi infancia, adolescencia y juventud. Es un fuego de campamento de los nómadas que se juntan  cada cierto tiempo en el desierto de Arizona. Hay un grupo nutrido de camperos que se sientan en círculo en torno a un gran fuego que los tiene a todos hechizados por su magia. Y el líder, de larga barba blanca, les habla de lo que significa estar allí aquella noche. Y, a modo de la madalena de Proust, aquella fogata me llevó a noches acampado en el Pirineo con compañeros y amigos donde montábamos un hogar con piedras e íbamos a buscar leña en los alrededores. Tras la cena, nos juntábamos allí todos alrededor del fuego y siempre había alguno que tocaba la armónica o la guitarra y cantábamos con alegría impregnados del ambiente ígneo que nos cautivaba y conectaba con algunas áreas misteriosas de la psique de raíz mística. Recuerdo estas noches con íntima nostalgia. Desde hace muchísimos años está prohibida la acampada libre y mucho menos hacer fuego por más precauciones que se tomen al respecto. Yo no supe nunca que aquellos fuegos de campamento produjeran ningún incendio ya que éramos responsables y amábamos el bosque profundamente.

Mis hijas no sabrán nunca lo que es la acampada libre ni un fuego de campamento y tampoco lo sabrán los adolescentes actuales que se perderán algo cuya fuerza dramática es de una dimensión tal que lo hace inolvidable en la memoria de quien vivió aquello. El pasado es el que es, pero pienso que si bien hemos ganado en artefactos maravillosos que nos ocupan buena parte del día, hemos perdido otras cosas de valor incalculable. Y sé que ya no volverán a ser posibles nunca más. Tal vez en Estados Unidos o en otros países sea una posibilidad tomando muchas precauciones que entiendo por supuesto. Ayer viendo la película que no me molestaría ver por tercera vez, sentí una íntima zozobra al ver aquel fuego que sé que nunca ya más veré en mi vida, ni mis hijas. Una pena.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Lo dejo para mañana


Lo dejo para mañana… Pensar en los campos de refugiados en que se hacinan cientos de miles de personas sin mañana viable, pensar en la isla de plástico del Pacífico, pensar en las increíbles posibilidades de la genómica para diseñar seres humanos perfectos sin neurosis, sin cáncer, sin síndromes y sin esquizofrenia –aunque perderíamos a muchos genios en el camino-, pensar en que la Inteligencia Artificial está modificando nuestro mundo y los seres humanos cada vez son más prescindibles, pensar en el poder de la tecnología para cambiarnos profundamente, pensar en que ideas que tienen acaso cinco o siete años han cambiado nuestro mundo cuando antes eran necesarios siglos para modificar percepciones y creencias arraigadas, pensar que los seres humanos tienen que adaptarse a nuevos horizontes que cambiarán en poco tiempo, pensar en que los seres humanos cada vez carecemos más de raíces y que estas son un obstáculo para progresar, pensar en que el pasado carece de valor y que solo existe el presente como criterio total y absoluto –los sabios son los que se adaptan y fluyen sin el poso de la sabiduría del pasado que hoy solo sirve para memes de Instagram, Twitter, Facebook y Tik Tok,  publicados sin cesar y sin tiempo para ponderar-, pensar que estamos en Marte y que lo estamos viendo en directo previendo que en décadas tal vez algunos se trasladen allí y serán los primeros marcianos, pensar en que la vida humana se ha extendido y los cuarentones hoy son adolescentes, y los sesentañeros son los nuevos cuarenta, pensar en que todo se mezcla en un ansia absoluta de novedad, en que el futurismo es la ideología triunfante en el planeta, pensar en que el comunismo new look vuelve y que el fascismo adopta nuevos vestuarios, pensar en que los nacionalismos vuelven a emerger, pensar en que la retórica se hace cada vez más estrecha, pensar en que Nomadland es la película más hermosa que he visto hace tiempo y es una película de perdedores, de viejos, de idealistas alejados de este mundo de mierda que estamos viviendo en que está proscrita la nostalgia de otro mundo más lento y humano y con raíces. Me dan ganas, como a Fern, de coger una autocaravana y lanzarme a las carreteras para ver atardeceres y el mar en invierno… y la sintonía humana de los viejos, cargados de historia en vez de memes como es casi todo que se manifiesta aun con la mejor intención... 

 

lunes, 29 de marzo de 2021

Escribir con libertad no es fácil


Si mi preguntaran cuál es el más potente carburante de la vida, no sabría qué decir, me pasaría horas dudando, me miraría en el espejo interrogando qué me ha hecho vivir, qué me ha hecho superar tantos desafíos, tantas incertezas, tantas angustias, tantas búsquedas en vano. Me miraría en el espejo, ese espacio vacío donde se refugia nuestra imagen tantas veces odiada, y me diría al oído, sin que nadie me oyera que mi motor primero no es el amor, no es la amistad, no es la luminosidad, no es el dulzor del primer beso ya olvidado… Sin poder evitarlo me vienen imágenes oscuras, crueles, delirantes, demoníacas… Mi vida se ha forjado en la crueldad que nutrió mi vida de niño y de adolescente, y allí está ya está todo prefijado. Uno es el niño que fue, uno es el adolescente que se enfrentó a las cosas… Cuando tantas voces hablan de amor y luz, cuando tantas voces sugieren entrecruzamiento y ternura, uno no puedo olvidar quién es ni de dónde viene. La luz ha sido una asignatura aprendida de mayor, en los libros y en la vida que me ha invadido y he aprendido a ser bueno, a imitar buenos sentimientos, a comportarme como un hombre sosegado y lleno de afición a la humanidad… pero los que realmente me entusiasman son los que ocupan otro lado en este concierto de mares, flores y pájaros infinitos. La vida es para mí tenebrosa. Me abruman los optimistas, me seducen los filósofos radicalmente siniestros. Toda reivindicación de la vida pasa en mi fuero interno por el filo de un buen cuchillo… Siento profundamente la ternura de lo doloroso… Como Alejandra Pizarnik reivindico la belleza de la tristeza, el baile de los malditos, los poetas suicidas –añado yo-. Esto no impide que a veces sienta momentos de profunda felicidad. Solo los terapeutas y los coachings, esa profesión tan ridícula como estúpida, hablan de reencontrarse con lo estimulante, con lo positivo, con la sonrisa…. Me siento tan a gusto en la penumbra, en el río oscuro que nos lleva, en la desazón profunda del vivir, que desdeño las riberas luminosas adonde nos llevaría una barca inane de satisfacción. En fin, este es un post sombrío porque la sombra me gusta, y el que navegue por las aguas calmadas de este blog sabe que en el fondo quien late es un descreído, un creyente en los milagros de ceniza, un cínico desarbolado, un hombre que no publicará jamás un libro porque el sufrimiento en estado puro es estimulante y no merece ser impreso. La zozobra de vivir es hermosa, hasta el cáncer puede ser algo que nos excite y estimule nuestra curiosidad. Sí, siento una profunda curiosidad hacia la vida. Este es el potente carburante que la nutre. 

viernes, 26 de marzo de 2021

Las ciudades del interior


Hace un par de días atravesando la sierra de Collserola con un amigo y tras varias horas de caminata, llegué a una ciudad a la falda de la sierra que me pareció la población más singular del mundo, un ejemplo de interés internacional para estudiosos sociológicos de todos los ámbitos, una ciudad en que todos los ciudadanos son progresistas avanzados. Solo había que ver los muros, los balcones, las fachadas, todos cubiertos con pancartas antifascistas, símbolos independentistas, pintadas anarquistas y comunistas, eslóganes feministas, citas anticolonialistas sobre la colonización de América que no fue un descubrimiento sino una invasión, ataques al heteropatriarcado, proclamas contra el Rey al que se amenazaba de muerte por rey y por Borbón, se afirmaba que no tienen rey pese al nombre de la ciudad, emblemas con la hoz y el martillo, manifiestos de todo tipo contra el sistema y en defensa de la terra y del poble… Me pareció una maravilla este pueblo o ciudad, como quieran. Había un monumento dedicado a su ciudadana más ilustre, una famosa actriz anterior a la guerra que representó teatro español, especialmente de Lorca, y que se fue del pueblo perfecto para no volver jamás pues murió en un país sudamericano, en el exilio. Realmente es admirable encontrar un pueblo que parece ser producto de un laboratorio de ideas del MIT. Vi la composición del ayuntamiento y, efectivamente, todos los ciudadanos votaban candidaturas progresistas, mayoría independentista, incluso con muchos votos a un partido radical como la CUP, y un alcalde socialista, en minoría, el más votado. Me asombra un pueblo con tal unanimidad de ideas avanzadas. Tiene que ser un prodigio político y sus ciudadanos originales, creativos, críticos, imaginativos, solidarios, generosos, amables, pero nada de esto se transparentaba en el ambiente de esta población salvo estar las paredes cubiertas abrumadoramente de consignas. De hecho, una amiga me explica que en su instituto, hay muchos compañeros de aquí y que son todos independentistas pero cuya única originalidad en clase es leer el libro de texto en un instituto plano y aburrido sin ningún matiz creativo, cualidad que se teme como el gato el agua hirviendo. 

 

¿Es posible ser un progre perfecto y a la vez un ciudadano plano y aburrido, un ciudadano gris y sin ideas que vayan más allá de las consignas políticas radicalísimas? Uno esperaría en un pueblo como este un estallido de imaginación en algún sentido, pero no es así. Es un pueblo común, sin nada especial, con ciudadanos que se muestran en muchos sentidos sin relieve y sin actitudes creativas. Creo distinguir cuando me encuentro en una ciudad imaginativa, una ciudad artística y que estalla en iniciativas e intuición, pero me he acostumbrado en el panorama catalán a vivir en ciudades de las comarcas ultraprogres, marcadas por el nacionalismo, que son a la vez tremendamente planas, clasistas y soberanamente aburridas. Esta mezcla me fascina, uno intuye que se ha de ser algo reaccionario para tener ideas provocativas, diferentes e imaginativas. Es como si el mayo francés se hubiera agotado y sus vástagos siguieran siendo maoístas, anarquistas y nacionalistas pero sus encefalogramas se hubieran quedado totalmente en una línea próxima a la planitud, anulada ya por completo la imaginación. 

martes, 23 de marzo de 2021

La neoeugenesia, realidad de nuestro tiempo


Sigo leyendo totalmente absorbido el libro El gen: una historia personal de Siddhartha Mukherjee. A pesar de sus conceptos genéticos y científicos, en su mayor parte se puede leer por un lego en la materia. El día anterior hablé de la mejora en estos tiempos respecto a los del siglo pasado en el tema de la eugenesia comparando las ideas de la higiene racial con el cuidado que se tiene hoy día con los niños que padecen algún síndrome o disminución psíquica o física. Mi conclusión era que habíamos progresado esencialmente en ello y que la eugenesia había pasado a la historia. Cual no ha sido mi sorpresa al darme cuenta de que ello no es así en absoluto. La eugenesia, recordemos, es un proyecto de filosofía social que pretende mejorar los rasgos hereditarios humanos mediante diversas formas de intervención manipulada y métodos selectivos humanos. A comienzos del siglo XX, esto se formulaba con el propósito de mejorar la calidad genética de la población y fomentar ciertos criterios raciales como la altura, el color de la piel, de los ojos, el cabello, la inteligencia, su fuerza y resistencia física, de modo que se potenciarían rasgos considerados superiores. Para ello, se promocionaban uniones raciales que generaran niños sanos y fuertes con unas características físicas supremacistas o se terminaron llevando a cabo esterilizaciones legales de personas aquejadas de taras físicas o psíquicas. Así, en Estados Unidos se dividían a estas personas en idiotas, tarados e imbéciles para referirse a la debilidad mental. Y todo esto llegó a la Alemania nazi que esterilizó violenta y abiertamente  a cientos de miles de personas deficientes según sus criterios raciales. Luego se pasó a la eliminación física y se llegó al Holocausto. 

 

Todo esto me parecía horrible y creía que habíamos superado totalmente estos estados en nuestro tiempo. Pensaba que la eugenesia era un concepto antiguo. Leyendo el libro poco a poco me he dado cuenta de que desde que se pudieron hacer análisis genéticos prenatales aplicando las nuevas técnicas de detección de anomalías en los cromosomas y la aprobación desde los años setenta de las leyes de aborto en Estados Unidos, de hecho, se está realizando sistemáticamente; es la llamada “neoeugenesia”, apoyada democráticamente por los movimientos progresistas en base a la felicidad de los seres humanos alejándose del pasado nazi de selección racial. Fue apoyada la neoeugenesia incluso por genetistas tan preclaros como Francis Crick y James Watson, dos de los descubridores de la doble hélice del ADN. Se entiende que la selección natural del siglo pasado era “cruel, torpe e ineficiente”. La neoeugenesia se basa en la salud, la inteligencia y la felicidad. Y se mantendría adherida a los valores de rigor científico y la elección. Así, las pruebas prenatales son escogidas por los padres o madres con total libertad, así como el aborto selectivo. El síndrome de Down o el enanismo son casos muy significativos. Su reducción en nuestra era ha sido drástica. Otras enfermedades poligénicas como la esquizofrenia o el autismo que tiene un claro componente genético y dependen de varios cromosomas son más difíciles de detectar. No es fácil encontrar los genes causantes de muchas enfermedades en el genoma, pero probablemente se avanzará en ello. Esta es la neoeugenesia negativa. Pero hay otra que podríamos llamar positiva que es la de creación de bancos de esperma en que especialmente las mujeres pueden elegir rasgos característicos de los donantes. Incluso se creó en Estados Unidos un banco con semen donado por genios o premios Nobel aunque no tuvo mucho éxito. Sí sé que en los países nórdicos donde existen muchas familias monoparentales, las mujeres pueden solicitar kits de autoinseminación a empresas de Dinamarca que en 24 horas son enviados a toda Europa para su utilización, y de este modo las mujeres pueden elegir las características físicas e intelectuales de los donantes. En España no se puede elegir al donante pero estas empresas ofrecen un perfil hasta el último detalle. Ello no es una garantía plena, pero sí un condicionamiento importante. No se ha llegado por razones éticas a que los padres puedan elegir todavía dichas características mediante un cribado genético, pero el tema está abierto. Ciertamente, sería un avance que los hijos que se tuvieran fueran inmunes a ciertos tipos de cáncer o al alzhéimer u otras enfermedades genéticas. ¿Quién no elegiría esto para sus hijos? En esto se está en camino, aunque no he avanzado lo suficiente en el libro para llegar a los últimos tiempos en el terreno de la genética. 

 

Probablemente el descubrimiento de los genes haya sido el avance científico más importante en el siglo XX, su descubrimiento y modificación, y estamos solo en el comienzo. Muchísimos medicamentos desde los años setenta del siglo pasado se basan en tratamiento de genes que son modificados y manipulados para conseguir medicinas revolucionarias. Otra cosa es que estos laboratorios genéticos puedan trabajar con genes de virus que, modificados y manipulados, puedan escaparse de los laboratorios. Ese es un peligro real y ciertamente muy peligroso.