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viernes, 23 de septiembre de 2022

Ainhoa II

He recibido carta de Ainhoa, una exalumna de hace quince años que me refiere cómo ha ido su vida tras un paso dramático y doloroso por el instituto donde era ella alumna y yo profesor. Era extremadamente inteligente en un contexto que no era el marco que ella hubiera necesitado y lo pasó mal porque ella era sensible y exigente, y la realidad del instituto del barrio le resultaba esencialmente mediocre y desmoralizadora. En el instituto sufrió acoso feroz por parte de compañeras que le dejaron unas heridas que quince años después no han cicatrizado todavía. El instituto las sancionó, pero eso no sirvió de demasiado porque el daño ya estaba hecho. Ahora vive feliz con su pareja en un pueblecito catalán de la montaña, tras huir -sí huir- de la población del extrarradio de Barcelona en que nació. Me escribe y me da cuenta de su vida, a un antiguo profesor con el que mantuvo una relación yo diría que más fecunda de lo habitual. 

 

Recupero un blog de la clase de aquel tiempo en el que los alumnos exponían sus opiniones sobre temas que les planteaba o sobre libros que eran de lectura en el trimestre. Vuelvo a aquel tiempo de la primavera de 2007 y leo las opiniones de aquellos adolescentes de cuarto de ESO sobre El guardián entre el centeno. Es un documento histórico y estremecedor, leído quince años y pico después. Dos de los alumnos que participaron en el debate sobre la novela sobre Holden Caulfield -vamos a llamarlos Cárol y Abdel- se hicieron novios y mantuvieron su relación unos doce años. Abdel era el prototipo de alumno de origen marroquí, nacido en España, extremadamente correcto y educado. Ella, Cárol, era una de las alumnas que acosaban a Ainhoa con más crueldad. Era guapa y aparentemente pacífica, pero a través de internet, ella y otras muchachas lastimaron gravemente la vida de Ainhoa. 

 

Hace tres años, la prensa española se hizo eco de un hecho terrible sucedido en el Reino Unido: Cárol había sido asesinada por Abdel en un ataque de celos porque aquella le había dejado y había concertado, tras doce años de relación, una cita con otro joven a través de Tinder. Abdel, que había ido a trabajar también a Londres para estar cerca de ella, no lo pudo soportar y, tal vez ebrio, como solía, entró en casa de Cárol y le asestó veintinueve puñaladas, varias de ellas mortales. La prensa española dio la noticia. Algunos lo relataron como "el moro" que asesina por una cuestión de honor a su exnovia. El juicio se celebró y condenaron a Abdel a cadena perpetua por asesinato con máxima responsabilidad a pesar de que él se declaró inocente y adujo que no la había seguido -las cámaras demostraron lo contrario- y que ella le había invitado a entrar en casa y que había sido ella quien primero le había acuchillado. Cárol murió. La cita de Tinder entró en casa y la vio en medio de un charco de sangre. Abdel, tras intentarse suicidar, fue detenido, juzgado y encarcelado de por vida. Todas las pruebas y evidencias demostraban su culpabilidad. 

 

Estos son los hechos que me ha traído de nuevo la afectuosa carta que me remitió Ainhoa que había sido torturada psicológicamente por Cárol y algunas otras compañeras. 

 

Es difícil establecer juicios y conclusiones en la vida, más en un caso terrible de violencia de género como este que parece de libro. Hombre abandonado y desesperado se venga asesinando a su exnovia. 

 

Pienso en la perspectiva de Ainhoa e intento comprender. Ha rehecho su vida pero no quiere recordar aquello, lo que vivió trágicamente cuando tenía quince años. 

 

Pienso que todos merecen su dosis de piedad. Cada uno ha vivido el drama de un modo u otro. Cárol ya no está, Abdel cumple condena, tal vez para siempre, en el Reino Unido. Ainhoa busca alejarse de los recuerdos -aunque estén vivos- y considera con cierta oscuridad lo que ha pasado y que no le evoca una ansiada justicia trágica ni poética, aunque ella en su momento anhelara suicidarse, pero solo pensar en lo que habrán sufrido su padre y su madre, le horroriza dicho dolor como cuando ella perdió a su padre. 

 

He pensado, he imaginado, un viaje al Reino Unido para hablar con Abdel en la prisión en que esté. Fui profesor suyo, quiero saber más. Detrás de la violencia de género siempre hay preguntas que no son fáciles de responder si no acudimos al catecismo de ideas y conclusiones preestablecidas y tranquilizadoras, pero no es sencillo adentrarse en las razones del asesino, sobre todo si lo consideramos con piedad. 

jueves, 15 de septiembre de 2022

Mariposas y osos polares


Empiezo a escribir sin tema definido. He leído que los mejores textos pueden salir de esta circunstancia. No sé de qué puedo hablar si no tengo una idea directriz. Tal vez de la marcha de la guerra de Ucrania. Al principio de esta puse en un balcón de mi casa una bandera ucraniana que ahí sigue a pesar de las ventoleras que la han agitado y que podían haber roto los dos precarios agujeros que le hice para sostenerla con alambres. Pienso que es un símbolo y el caso es que Ucrania sigue en pie frente a un ejército mucho más poderoso. Bueno, ya he dado el primer paso en cuanto a definir un tema, pero no quiero seguir con ello. Tal vez podría hablar de la caminata de veinticinco kilómetros que he hecho hoy desde Cornellà a Cerdanyola pasando por el Tibidabo y el turó de la Magarola para adentrarme en el bosque pero no quiero extenderme en ello, si acaso reseñar que he visto a lo largo del camino por el bosque unas tres o cuatro mariposas, tres anaranjadas y una blanca. Supongo que sabéis que las mariposas están extinguiéndose en el mundo por causa humana, también las luciérnagas leí el otro día. Hoy no he oído pajarillos en el denso bosque de Collserola y me ha preocupado. Era mediodía y casi otoño, pero otras veces había sido testigo -y los grabé- de los cantos de los pajarillos. Ayer leí que uno de mis ídolos de juventud, Fernando Savater, al que conocí el año 1996 porque lo invitamos a venir a mi instituto a hablar sobre Voltaire y la tolerancia, había escrito un artículo en que se unía a las huestes negacionistas sobre el cambio climático tras leer un libro carente de rigor cienfífico, Unsettled de Steven E. Kooning. Leí el artículo en cuestión y se me cayó el alma a los pies. Calificaba el movimiento de alerta por el clima de “histerismo ecológico” y que había que preocuparse menos por los osos polares y adaptarnos a lo que venga. Me pareció tan necia su posición que definitivamente me alejo de él. Estoy seguro de que no ha leído el libro Sueños árticos de Barry López en que habla de la vida salvaje en el Ártico, de su fascinante y precaria riqueza y concretamente de los osos polares que para Savater son una minucia irrelevante. Bah. Prefiero pensar en otras cosas. Hoy he comido en Cerdanyola en un restaurante que se llamaba La Mar Chica. En la mesa de al lado había una mujer mayor, la abuela, y su nieta jovencita. Esta trataba a la abuelita con ese tono condescendiente y cariñoso con que se trata a los viejos. Es el llamado edadismo que convierte a las personas mayores en discapacitados mentales. Seguro que todos conocéis ese tono afectuoso y de conceptos simples con que se habla a los viejos. Esto me preocupa. El otro día firmé un manifiesto de una asociación que pretende cambiar la definición de vejez que aparece en el DRAE que es vejatoria pues la relaciona con la torpeza y la senilidad. Tras la comida he seguido hasta la estación de RENFE, y he llegado para tomar el tren hacia Martorell, pero yo tenía que bajar en Hospitalet. En el tren ha habido animación. Un violinista ha tocado una pieza clásica acompañado de música grabada y francamente lo ha hecho muy bien. He pensado que qué prodigio tocar así el violín, yo que he sido negado para la música. Le he dado un euro y le he aplaudido. Luego me he cambiado de vagón y he asistido al espectáculo de un joven instagramer y rapero llamado Víctor Piacentile Gentderisc que cantaba con un cono de obras de carretera a modo de megáfono y estaba grabando unos vídeos para Instagram y Facebook hablando de niños con problemas que son llevados al psicólogo. Cantaba con voz sonora y tenía un discurso espontáneo y lleno de desparpajo pero no decía más que lugares comunes. He pensado que tal vez él ha sido uno de esos niños que tenían problemas en el instituto y ahora es un activista e influencer que se dirige a los jóvenes en un lenguaje generacional que a mí me es ajeno. He llegado a casa antes de lo que pensaba. La caminata de veinticinco kilómetros me ha costado unas seis horas. Me he duchado. Mi ropa estaba totalmente mojada por un un sudor espeso del esfuerzo y del calor que he pasado. Estaba contento. Caminar me pone de buen humor y el cansancio distiende mis músculos y duermo mejor. Hoy no he leído nada. Estoy con un libro titulado Britania conquistada del estadounidense Harry Turtledove (2002) en que plantea la hipótesis de que la Armada Invencible triunfó y conquistó Inglaterra y los españoles impusieron unos reyes católicos en la isla e introdujeron la Inquisición. La novela se estructura entre la compañía teatral de Shakespeare y Lope de Vega que es un admirador del primero pero a la vez es un informante de las actividades clandestinas que llevan a cabo los miembros de la compañía en contra de los intereses de los españoles. Es un planteamiento interesante. Posteriormente quiero leer Todas las almas de Javier Marías. El otro día leí que había personas en España que eran superlectores y que leían trescientos, doscientos o ciento y pico libros en un año. Mi ritmo es mucho menor pero es constante. No entiendo cómo se puede leer a esa velocidad dándole valor a lo que uno lee, y, además, leer no es una competición. El día acaba y yo también estoy acabando mi texto de hoy que no tiene tema pero a base de palabras he llenado un folio y medio. Es como el soneto de Lope de Vega, Un soneto me manda hacer Violante… Espero que penséis en las mariposas y en los osos polares. 

lunes, 12 de septiembre de 2022

Javier Marías in memoriam


Justamente a las 17.15 de ayer, once de septiembre, me llegó un guasap escueto de un amigo que decía: Ha muerto Javier Marías. Lo leí varias veces, pero no podía creer lo que expresaba la oración simple que había recibido. Rápidamente busqué en la prensa digital y, efectivamente, la noticia era cierta. Mi amigo del alma, Javier Marías, se había ido sin ningún aviso previo. Desconocía que estuviera enfermo, de modo que su muerte fue una total conmoción. 

 

He disfrutado mucho leyendo a Javier Marías. Su inteligencia británica, su ironía suave, su profundo conocimiento de la literatura se proyectaban en novelas sinuosas, con largas frases subordinadas que seguían el ritmo de un pensamiento que partía del presente para adentrarse en el pasado para alumbrar algún dilema moral en el que el lector participaba porque se hacía uno con la voz narrativa y asistía encandilado a los sesgos que tomaba el lenguaje en una fiesta contenida que nunca alzaba la voz de modo estridente. Era la elegancia en persona como narrador, aunque como articulista siempre tuvo fama de impertinente por decir claro lo que pensaba de todo. Tuvo fama de altivo y elitista, pero todos los que lo conocieron han dado la vuelta a esta creencia. Era el mejor de los amigos, comprensivo y generoso. Muchos de ellos han dado testimonio hoy en la prensa de la entrañable relación que tuvieron con nuestro novelista más internacional, cuyas obras están traducidas a cuarenta y seis lenguas y se han vendido más de ocho millones de ejemplares en todo el mundo. 

 

Tuve ocasión de leerlo hace tiempo pero no con toda la extensión que hubiera debido. Leí Corazón tan blanco y Mañana en la batalla piensa en mí, obras que lo llevaron a la fama internacional, a partir de la recomendación entusiasta en 1996 del crítico alemán Marcel Reich-Ranicki que hizo que su obra sedujera a los alemanes y que, según el crítico, Marías era uno de los mejores escritores vivos en el mundo. Pero no fue solo a los alemanes. Ingleses, holandeses, italianos y franceses cayeron bajo su embrujo narrativo. Leí más adelante Los enamoramientos, Berta Isla y Tomás Nevinson que me llevó de nuevo al corazón de su literatura. Nada más saber la noticia, encargué un nuevo libro que no he leído -me quedan afortunadamente bastantes por leer-. Ya tengo en mis manos Todas las almas, creo que la primera de las novelas que se ambienta en Oxford donde Marías fue profesor un tiempo. 

 

Hijo de un destacado filósofo español represaliado por el franquismo, Julián Marías, tuvo a su alcance una formación humanística e intelectual excepcional por su propio padre y por todas las relaciones que ello le proporcionó. Editor, bibliófilo, traductor extraordinario, profesor, novelista y articulista que vivía a caballo entre Madrid donde residía en la plaza Villa de Madrid y Sant Cugat donde vive su esposa -su viuda ya-.

 

Inteligente, culto, refinado, cosmopolita, anglófilo, gran creador de mundos novelísticos en donde el estilo es esencial. Ha muerto, probablemente el mejor novelista español en la cima de su creatividad. 

 

Afortunadamente nos queda su obra y eso permite seguir manteniendo el diálogo con él. Pienso que su figura seguirá viva. No se ha encumbrado como representante político de ningún sectarismo. Fue profundamente personal y no necesitó coturnos para crear una obra narrativa de las mejores del mundo. Sin duda, hubiera merecido el Nobel. Sin embargo, él rechazó los premios españoles oficiales, aunque recibió varios premios en varios países. 

 

He leído que algunos le tenían ganas por su supuesto elitismo y por su libertad extrema a la hora de expresarse con contundencia cayera quien cayera. Gruñón y cascarrabias fueron adjetivos que se adjudicaron al tono de sus artículos dominicales. No obstante, tenía que decirse en voz baja, que él se lo podía permitir, algo que muchos no pueden hacer. 

 

Sí, ayer fue la noticia. He necesitado leer mucho y escribir para acostumbrarme a su ausencia. Te seguiremos leyendo, amigo, me gusta sentirme amigo tuyo. ¡Ojalá sigas en Redonda, en el reino de la literatura!

viernes, 9 de septiembre de 2022

¿God save the King Charles III?

El reciente fallecimiento de la reina Isabel II a los noventa y seis años es ocasión para plantear algunas cuestiones que suscita su figura y su relevancia en la vida británica. Para un español medio es difícil concebir tal fervor del pueblo británico -y no británico- hacia su personaje que encarna a una reina en pleno siglo XXI. Es increíble la adhesión que revela. ¿Cómo es posible que una sociedad tan pragmática como la inglesa tenga en la institución monárquica un eje vertebral de su forma de ser?

 

Todo el mundo ha sabido de la reina por películas tremendamente populares como The Queen dirigida por Stephen Frears e interpretada magníficamente por Helen Mirren, o más recientemente la serie británica The Crown, todavía en proceso de grabación de su última etapa, creación de Peter Morgan y dirigida por varios directores. El cine, la prensa, las revistas, han convertido la monarquía británica en un mundo lleno de glamour pese a los más disparatados escándalos que han suscitado el mundo de los Windsor. Pese a quien pese, la monarquía goza de buena salud en el imaginario popular, y la reina era muy querida por su pueblo para el que era una especie de icono histórico con toques de pop por sus multicolores vestidos y sombreros.

 

La pregunta es si el heredero conseguirá una mínima parte de adhesión cuando juega en su contra su actitud con la que fue otro icono, la archifamosa Lady Di. La que será reina consorte, Camila Parker de Cornualles, no suscita ningún entusiasmo entre la gente, y su marido, el nuevo rey y su personalidad son todavía una incógnita como tal. Si quiere ser original y marcar un sello personal, esto jugará en su contra pues la principal virtud de Isabel II ha sido precisamente su presencia anodina y neutra que no se ha definido en ningún caso y ha ofrecido siempre un porte gris, salvo sus trajes. Si quiere ser colorido en su personaje, pretender ser especial y creativo se hundirán él y la institución real. Lo importante es la institución y no la personalidad del monarca parece ser el mensaje que le deja Isabel II. Que se deje de ideas u ocurrencias y que se limite a ser un hombre al servicio de la institución. 

 

Visto desde otro país monárquico como España en que la mayoría no somos ni siquiera una miaja de entusiastas hacia la corona, el caso británico nos deslumbra y desconcierta. Los republicanos jacobinos no conciben que esto pueda ser posible y piensan que es un atavismo anacrónico de la historia que contradice cualquier lógica racional. Nuestro rey Juan Carlos no ha sido ejemplar y más bien ha sido un bribón y un botarate que por él solo ha sido capaz de cargarse la institución monárquica que pende de un hilo. Él era pobre a diferencia de los Windsor cuya reina es una de las mujeres más ricas del mundo con una fortuna personal cifrada en 370 millones de libras y las propiedades de la corona en castillos, mansiones, extensos campos y joyas superan los miles de millones de libras. Juan Carlos nos deslumbró durante un tiempo, pero, desvelado el misterio de su vida, se nos reveló como un casquivano idiota y un hombre con complejo de pobre que ansiaba el dinero como si tuviera miedo de no poder comer al día siguiente. 

 

El misterio de la corona británica es significativo porque la institución goza de un prestigio que no parece acorde con un mundo moderno para desesperación de todo tipo de progresistas, pero uno desde la distancia siente envidia de un país reconciliado en buena parte con una institución atávica pero eficaz como representación simbólica del pasado imperial del Reino Unido. 

lunes, 5 de septiembre de 2022

Mi descubrimiento de Francisco Umbral


Me he reencontrado con un escritor al que he tenido siempre cierta manía desde que leía en los años setenta sus provocadores artículos periodísticos, estilo que me repelía. Me refiero a Francisco Umbral (1932-2007), escritor cuya pose de dandy o esnob creó reacciones encontradas y polémicas no siempre felices. Sin embargo, tras la lectura de ese libro magnífico que es Mortal y rosa (1975) me he encontrado con un hombre de una profunda sensibilidad, totalmente devastado por la enfermedad -leucemia- y muerte de su hijo Francisco, “Pincho”, de seis años. El libro es una suerte de diario lírico en que va expresando una sinfonía de estados de ánimo a lo largo del tiempo de la enfermedad, la muerte y el luto posterior. No obstante, en Mortal y rosa -imagen poética tomada de Pedro Salinas- hay asimismo un retrato poético de él como artista y escritor, de las relaciones con su público, de estética literaria, de sus relaciones con las mujeres entre las que hay un gusto rayando lo obsesivo por las ninfas, de su pose como escritor ajeno al escaparate literario que no busca la fama porque sabe que la fama es una forma de engullir al escritor para luego asesinarle, de su rechazo de la solemnidad porque él se reivindica como golfo y gamberro frente a otros escritores solemnes -me he dado cuenta de que hay escritores solemnes como Antonio Muñoz Molina cuyos artículos parecen sermones, y escritores como Fernando Savater que, expresando cuestiones muy profundas, huye del estilo envarado y falsamente moral-, observaciones sobre la niñez -los niños son pequeños soles que no dudan un momento-, sus pensamientos eróticos… Es un flujo de conciencia constante en que el lector ha de leer lentamente para aquilatar la calidad de la prosa poética. Mi libro está totalmente subrayado porque buena parte de este es un verdadero prodigio literario. 

 

El tono de este es sobrio y contenido pero en algunos momentos se desata la terrible devastación que le produce la enfermedad y la muerte de Pincho: “Estamos todos en el fondo de un infierno cada uno de cuyos instantes es un milagro”. Pero un milagro sórdido, añadiría yo. El universo no tiene otro argumento que la crueldad ni otra lógica que la estupidez. El artista se ve devorado por el frío terrible de la muerte: “Estoy viviendo muerte, porque la muerte hay que vivirla en la vida. Luego, en la muerte ya no hay muerte. Desvelado, dolorido, cansado, cobarde, solo, enfermo, herido, estoy entre tus cosas, hijo, ni vivo ni muerto, sin decidirme por ninguna de las soledades que me esperan, dudoso entre tantas ausencias, horrorizado del sol que hoy ha salido en el cielo, y que nada significa y solo es como un inmenso estorbo entre tú y yo”.

 

El libro, que no es un ensayo ni una novela, es una especie de diario lírico sui generis que nos abre en canal al escritor en una parte de su vida en que no hay pose literaria ni equilibrismo esnob. El dandy que fue Umbral aquí está herido de muerte y el final de ese diario que queda abierto nos ha permitido entrar en su alma más honda, en su rechazo de lo trascendente, de Dios, de la metafísica, y a la vez la consideración, en aquel momento, del fracaso y amargura de la vida, ciertamente una realidad que va mucho más allá del articulista provocador que creó una imagen de sí mismo algo conflictiva. Recibió todos los premios literarios más importantes, incluido el Cervantes en el año 2000. 


Quince años tras su muerte se reaviva el interés por su figura y su literatura en la estela de Larra, Ramón Gómez de la Serna y Valle Inclán. 

miércoles, 31 de agosto de 2022

Fes a prueba de bombas nucleares


¿Los seres humanos son de una sola pieza, monolíticos, con nítidas convicciones, que no cambian a través del tiempo o los seres humanos son complejos y contradictorios, y evolucionan profundamente con el discurrir de los años? Me refiero a posiciones sociales, políticas, humanas…, además de las sagradas del club de fútbol al que uno venera. Hay quien las fija de una vez para siempre y se queda tan pancho.  He conocido a algunos entre mis alumnos que me afirmaron mirándome sin pestañear a mis ojos parpadeantes que desde los dieciséis años hasta los cuarenta y pico, no había variado un milímetro en sus parámetros políticos, que era esencialmente igual al joven radical, comunista y antifascista que había sido y lo seguía siendo como abogado. Un día hablando con este abnegado creyente, poseedor de una fe a prueba de bombas, le miré a los ojos y le vi un brillo que me desconcertó y a la vez me intimidó. Me dieron ganas de salir corriendo para ver una película de anime japonés. 

 

Fernando Savater, uno de mis mitos en mi juventud por libros como La infancia recuperada y otros, sostiene, con sentido del humor, en cambio que la vida transforma profundamente en todos los terrenos, como si pasara un bulldozer sobre nuestras vértebras mentales ¿Cómo va a ser igual uno a los sesenta años a como fue en sus años anarquistas iniciales? ¿Adónde habrían ido si no, todas las lecturas que han extendido el mundo mental de cada uno y que han puesto en cuestión todo el entramado que con tanta voluntad erguimos? ¿Quién sería Guillermo, el líder de los Proscritos, peinando canas?

 

La vida y las lecturas, la experiencia, los contactos humanos, la historia, la evolución del mundo... para Savater nos van erosionando y transformando sutilmente. Cuando uno es joven -añado- todo se ve de perfil, se aman ciertas utopías -pienso- que parecen salidas de un mundo lineal donde los hombres fueran reconocibles y esquemáticos. La vida va ofreciendo nuevas perspectivas que muestran a los hombres -y mujeres- como seres en tránsito, que van cambiando permanentemente, a la vez que se nos evidencian como turbios, contradictorios y confusos en los que entran en conflicto los supuestos ideales con la realidad personal. La vida como terremoto existencial. 

 

Quiero hacer hincapié asimismo en el nivel de lecturas. Uno a los veinte años, si uno es lector -se supone-, ha leído equis libros, y a los cuarenta muchos más, tal vez cuatro veces más, y ya no digo en etapas posteriores. Su percepción del mundo a través de las palabras de la literatura, de la historia, de la filosofía, de la poesía, han dinamitado todo lo que uno creía saber sin lugar a duda, salvo que uno se haya blindado  y solo lea libros que refuerzan lo que uno cree y haya eludido totalmente todo lo que lo cuestione. Es posible leer solo cosas unidireccionales, estética, política y socialmente homogéneas. Personalmente, cuando era marxista leninista a mis veintipocos años, militaba en un partido de férreas convicciones, pero yo en la sombra, clandestinamente, sin que se enteraran mis ásperos responsables políticos, leía libros de historia troskista y cristianos, los que eran nuestros enemigos más encarnizados a batir. Leer fuera de mis lindes ha sido una de mis vocaciones. Pero eso no es universal. 

 

Y por otra parte, no sé si esto es muy conocido, uno puede sentir como plausibles tesis aparentemente contradictorias. Uno puede estar con el corazón en un lado y con la cabeza en el otro. Como el “corazón loco” de la canción. Uno puede amparar dentro de su arco mental posiciones divergentes que para otros serían motivo de una guerra civil a garrotazos goyescos.  Uno puede estar simultáneamente en los dos lados de las barricadas, y esto ha dejado de ser un problema para mí. A veces me dan ganas de bailar un tango con mis fantasmas enemigos. Políticamente se puede estar con A, pero también con B, y a la vez con C, en parte, y a la vez no estar con ninguno. Y eso bloquea el voto que lo convierte en blanco. Por otro lado, los núcleos inflexibles que se exponen a través de la palabra me llevan a desconfiar profundamente. Creo que me gustan las personas que pueden estar en varios sitios a la vez, se los siente más divertidos, como gatos, animal que nunca aburre. Se pueden comprender los motivos de A y simultáneamente, entender que B es lo mejor aunque no sea popular. Pero ser incapaz de decidir, como la princesa del cuento. 


No puedo hablar más claro y a la vez creo que he oscurecido el debate. 

viernes, 26 de agosto de 2022

La jaula de cristal


Nos interesa cada vez más saber de los demás y que los demás sepan de nosotros. Ciertamente vivimos un mundo que es como una jaula de cristal en que, dentro de ella, mostramos y exhibimos mucho de lo que somos nosotros mismos: lo que comemos, cómo nos lo pasamos, lo que pensamos, lo que hacemos, lo que leemos, lo que amamos u odiamos; e igualmente exigimos de alguna manera que otras jaulas de cristal se muestren en su transparencia para que nosotros podamos saber de los personajes que hay dentro de ellas. La intimidad se ha visto desbordada como un botijo viejo y ahora todo es extimidad, la versión de la realidad que muestra todo en tiempo real. Así conocemos lo que hacen nuestros amigos y conocidos en todos sus viajes por lejanos y exóticos que sean, lo que comen y donde se divierten, nos muestran sus sonrisas de que se lo están pasando muy bien… Y el mundo se convierte en una revista de papel couché donde los hombres y mujeres privados y, por supuesto, famosos, sea en el ámbito de la política o del deporte o de la cultura, por decir algo, nos muestran aspectos que consideran relevantes de su vida. Siempre hay un móvil que puede tomar una foto para compartir con nosotros ese fragmento 

 

No hay aspecto de la realidad por lejana que sea que no sea escrutada cuidadosamente aunque sea una fiesta íntima de la primera ministra de Finlandia. Acechamos sobre la noticia como aves rapaces ansiosas de botín. Seguimos con entusiasmo el estado de la vida de un joven que padece cáncer y cuenta su experiencia hasta el último momento poco antes de morir. Nos emociona saber y nunca ha habido tanta tecnología para que cientos de millones de sujetos muestren su presencia o su conocimiento de las cosas. Ser cotillas forma parte de nuestra forma de estar en el mundo, y a la vez ser exhibicionistas es también parte de nuestra entraña más íntima. No digo que sea absolutamente universal porque sigue habiendo personas muy pudorosas de su intimidad, pero sí que marca una tendencia intensiva a convertirnos en devoradores de imágenes ajenas, de circunstancias ajenas para así dar salida a sentimientos encontrados, algunos afilados y negros, y otros de excitante curiosidad. Ser observador nos convierte, como no, en productores de sentimientos y no todos son claros como el agua de un arroyuelo; los hay -sentimientos- turbios y malévolos si no malignos, aunque estos últimos los escondamos en nuestra psique más secreta. 

 

Por si acaso, cuando aparecemos en una foto o en un selfi, sonreímos en una pose forzada para así sostener la imagen que se cae si alguno sale con un rostro serio o grave. Dar la impresión de que se es feliz, a pesar de todo, es parte del juego de apariencias de la jaula universal en que todo se transparenta para regocijo y curiosidad cruel o generosa de propios y ajenos. 

sábado, 20 de agosto de 2022

El principio antrópico


¿Cuál es el color de una rosa si no hay nadie que la vea, una rosa que nace, vive y muere sin ningún observador? No sería roja puesto que el color es fruto de una percepción subjetiva del espectador. Del mismo modo, ¿cómo sería un universo sin ninguna conciencia que pudiera observarlo, comprenderlo y admirarlo? A partir de preguntas como esta, se desarrolla el llamado principio “antrópico” que viene a ser, sintetizando, la constatación de que el universo existe para que nosotros, seres con conciencia, podamos admirarlo e intentarlo comprender. Y más allá todavía, según la idea de John D. Barrow y Frank J. Tipler, el universo existe para producir seres como nosotros. Está hecho a nuestra medida. Está adaptado a nosotros. No puede ser de otra manera porque, evidentemente, al considerar el cosmos solo podemos suponer que es la clase de cosmos capaz de producir seres pensantes como nosotros. Es una tautología.

 

El origen del universo hace 13.600 millones de años comenzó con el big bang y se puso en marcha un proceso cosmológico que tuvo como consecuencia que surgiera la vida. Dicho proceso produjo infinidad de constantes físicas a lo largo de eones de tiempo, pero si alguna de estas constantes hubiera sido diferente, no hubiera surgido la vida ni nosotros, seres humanos y entes biológicos basados en el carbono. Animo a investigar este aspecto a los curiosos que quieran profundizar en el principio antrópico. El surgimiento de la vida era altísimamente improbable. Necesitaba billones de coincidencias que se produjeron. Se ha señalado a que es como iniciar un viaje alrededor del mundo y parar en muchas ciudades en las que en cada una se compra un número de lotería. No sería extraño que uno de esos números fuera premiado, pero el caso es que lo fue en todas las ciudades por que pasó el viajero. Igualmente sería lo mismo que disparar una flecha desde alguna galaxia lejana que acertara en la tierra en un blanco de un milímetro de espesor. 

 

Una versión moderna de la teoría del Caos sostiene que la configuración del universo en sus múltiples detalles es condición necesaria para la aparición de un planeta como el nuestro, anómalo totalmente en el universo que conocemos, 

 

Barrow y Tipler en su libro The Anthropic Cosmological Principle (1986) sostienen que tal vez la información sea una propiedad innata del universo y, por consiguiente tienen que llegar a existir seres conscientes. La idea sería que “nosotros como especie seríamos el instrumento del que se valdría el cosmos para explicarse a sí mismo”. “Cabe entonces afirmar que el propósito del cosmos es producir y mantener vida inteligente.”

 

De esta constatación, llamada principio antrópico fuerte, se deriva que, después de todo, la humanidad sí que tiene un lugar especial en el Universo. Brandon Carter en 1973 afirmó que “Aunque nuestra posición no es necesariamente central, es inevitablemente privilegiada en cierto sentido”. 

 

Por tanto, el objetivo de este universo es producir mentes pensantes. Y esto solo se ha producido, que sepamos nosotros, en este frágil planeta al que hemos llamado Tierra, aunque mejor hubiera sido llamarlo Océano. Puede que eso nos tendría que suponer cierto orgullo, pero no es solo eso, sino que supone que con ello va una enorme responsabilidad. James Lovelock del que he tomado ideas concluye con que “Nuestra recompensa es la oportunidad de comprender algo del universo y de nosotros mismos”. 


Hemos hablado del Principio Antrópico fuerte, pero quedan en el aire el llamado Principio Antrópico débil que presupone la existencia de infinidad de universos, el llamado Multiverso, pero que dejamos para el debate, igual que el llamado "Diseño inteligente", la visión religiosa del principio, la posición de Stephen Hawking, etc. 

 

Animo a ver el vídeo, pero tras leer el post si alguno se interesa. 

 

martes, 16 de agosto de 2022

Arne Naess y la ecología profunda


Recientemente me he hecho socio de Greenpeace, motivado por la gran inquietud que me produce el estado de la salud del planeta, como he expresado en los dos últimos posts. Ello me ha llevado a intentar conocer el ecologismo y leer libros e información que me aclare qué es exactamente. He leído Seis grados de Mark Lynas y, a partir de este, llegué a la figura de James Lovelock del que estoy leyendo un segundo libro titulado Novaceno, concepto del que hablaremos en otro momento. 

 

El ecologismo -son impresiones rápidas todavía- es un movimiento plural en el que caben interpretaciones muy diferentes e incluso antitéticas. Hay implícitas filosofías -ecosofías- muy distantes, algo que me ha sorprendido. 

 

El punto central es el papel otorgado a la naturaleza en relación con el ser humano. Hay conservacionistas basados en una visión antropocéntrica que defienden que la naturaleza debe ser usada y protegida al mismo tiempo para servir a los intereses humanos. Otros incluso, además de luchar contra la contaminación y la crisis del planeta, lo hacen desde un enfoque pragmático y llegan a ver incluso como una oportunidad de mercado para el capitalismo. Valoran las oportunidades estatales y financieras del sistema, aunque las critiquen, para llevar adelante sus propuestas ecológicas de protección de la naturaleza. 

 

Sin embargo, hay otra corriente llamada “ecología profunda”, término creado por el filósofo noruego Arne Naess (1912-2009) en 1973 que es sensiblemente diferente porque no es antropocéntrica ni pragmática, no pone a la naturaleza al servicio de los seres humanos sino que defiende que el ser humano tiene que estar en armonía con ella, ni por encima, sobre o fuera de esta. Defiende la igualdad de todas las cosas naturales, los ecosistemas y la vida -los animales, por supuesto-, que tienen derecho a existir. El ser humano es un elemento más dentro de una red de relaciones en que no tiene el papel central. Nuestro deber es pensar a largo plazo, trascender enfoques superficiales hacia los problemas ecológicos y sociales que vivimos. Sin duda, es un planteamiento espiritual en que el ser humano se hace consciente de su lugar en la tierra así como de su responsabilidad ante ello. Arne Naess se vio influido en su pensamiento por el estilo de vida de pueblos amerindios y animistas. No somos simplemente individuos sino que formamos parte de una red de seres vivos y formas de expresión de la naturaleza. 

 

La ecología profunda plantea la integración total del ser humano en la naturaleza, lo que le lleva a cuestionar el capitalismo y su afán depredador que revela el ansia humana por dominar, conquistar, someter, aprovechar, explotar… El mundo no está para ser libremente explotado por los seres humanos sino para servir a su desarrollo. El ser humano es parte de la biosfera y depende de los sistemas que le dan soporte. Cabría volver a conectar a los ciudadanos que viven en ciudades con esa naturaleza de la que forman parte. Estamos unidos al destino de la biosfera, al ser parte de ella. Es una concepción monista y holística que conecta al ser humano con la conciencia ecológica y dirigida a la autorrealización. Arne Naess propugna el valor propio de cada ser, de cada paisaje y de cada ecosistema, al margen de su utilidad. Todo está interconectado. Los límites ontológicos entre los seres vivos son ilusorios, así que los intereses de la biosfera son los nuestros, formamos parte de algo más grande que nosotros. 

 

La ecología profunda conecta con el pensamiento de Baruch Spinoza -siglo XVII- y su igualitarismo biocéntrico, así como su visión panteísta, con Rousseau, Aldous Huxley, Lev Tolstoi, Henry Thoreau y John Muir, Alain Gisberg, Gandhi, el budismo, el taoísmo, los místicos cristianos y los sufíes. 

 

Naess criticó el neoliberalismo, así como las soluciones comunistas para aumentar la producción y el consumo, así como su centralismo. Era anarquista y pacifista, y partidario de la desobediencia civil. 

 

Las ideas de la ecología profunda han penetrado en el pensamiento verde de alguna manera aunque conviven con planteamientos más pragmáticos y antropocéntricos. 

 

Un defensor y admirador de Naess era James Lovelock del que hemos hablado en posts anteriores. Lovelock, creador de la hipótesis de Gaia, conforma y reúne todos los planteamientos de la ecología profunda al considerar al planeta como una unidad compleja de interdependencias, que se autorregula, en las que el ser humano es un eslabón más. 

 

Ignoro los planteamientos de Naess respecto a los grandes debates de nuestro tiempo sobre la devastación de la naturaleza por el cambio climático, sobre la indiferencia de los seres humanos en general por el estado de esta -la inmensa mayoría viven en ciudades y no la conocen-, sobre la crisis de las fuentes de energía, el tema de las renovables, la energía nuclear… Parece que Naess creó un marco ético profundo y holístico para comprender la relación de los seres humanos con la biosfera, pero no acabo de ver de qué modo, sin ese cambio sustancial que debería operarse en nosotros, podríamos encarar la crisis formidable en que nos hallamos. En alguna manera los “ecologistas profundos”, de origen humanista, desprecian la tecnología porque prefieren una tecnología y medicina alternativas y dejarían que la Naturaleza siguiera su curso porque, según ellos, los males iatrogénicos, causados por el tratamiento de la enfermedad son muy comunes. 

 

Hay negacionistas que sostienen que no pasa nada, que son ciclos de la tierra, y, en alguna manera coinciden con los ambientalistas profundos, aunque con visiones totalmente contrarias, en dejar que la naturaleza siga su curso. 

 

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