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lunes, 23 de enero de 2023

El yoga de los sueños

A través de mis hijas me llegaron varios libros estas navidades. Uno de ellos es “Dormir, Soñar y Morir” que es una exploración de la conciencia con el Dalai Lama. La lectura de este libro, dentro de la filosofía budista, me ha llevado a un concepto que desconocía totalmente que es “el yoga de los sueños”, y buscando información complementaria he llegado a otro libro que estoy leyendo fascinado y que se titula precisamente “El yoga de los sueños” de Tenzin Wangyai Rínpoche, monje budista cuya familia huyó del Tíbet cuando la ocupación china. Está en internet en pdf y se puede descargar libremente aquí.

 

¿Es posible trabajar con los sueños para hacer nuestra vida más plena, más serena, más libre, más flexible? Según Wangyai Rínpoche, es totalmente posible mediante un adiestramiento y un aprendizaje de una serie de técnicas que permiten interactuar con los sueños. No olvidemos que pasamos un tercio de nuestra vida soñando y viviendo experiencias agradables o terribles si son pesadillas 

 

El yoga del sueño desarrolla la capacidad que todos tenemos para soñar con lucidez. Un sueño lúcido, en este contexto, es aquel en el cual el soñante se da cuenta de que está soñando mientras sueña. Este no es un hecho infrecuente. Me reconozco en algunos sueños, incluso pesadillas, sabiendo que estoy en el interior de un sueño y que no me puede pasar nada. El ser consciente de que se está dentro de un sueño puede ocurrir sin proponérselo. El soñar con lucidez es un aspecto importante a lo largo del desarrollo del camino de este yoga. 

 

Si desarrollamos esta capacidad, podremos modificar nuestros sueños voluntariamente aunque esto no sea algo que suceda fácilmente porque la lógica del sueño se impone sobre la intención consciente del soñante en muchas ocasiones. 

 

¿Por qué estimular esta capacidad? Porque en los sueños podemos desafiar y superar las limitaciones de la mente; al hacerlo, desarrollamos la flexibilidad mental, lo que es de gran importancia. ¿Y por qué es importante la flexibilidad mental? Respondo desde mi punto de vista: al hacernos mayores aumenta nuestra rigidez mental, creamos esquemas cada vez menos flexibles y nos hacemos duros, lo que nos condiciona a perspectivas que oscurecen la sabiduría y limitan la experiencia. La flexibilidad nos permite ver las cosas de una nueva manera y responder a ellas en forma positiva, en lugar de ser llevados ciegamente por las reacciones habituales. 

 

Uno de los puntos de partida de esta práctica es la toma de conciencia de que la realidad de las horas de vigilia -cuando estamos despiertos- constituyen igualmente una experiencia onírica. La idea de Calderón de la Barca en su obra La vida es sueño, se manifiesta en toda su potencia e intensidad. Recuerdo hechos fundamentales de mi vida que ocurrieron en mi niñez o en mi juventud o en cualquier otro momento, en un contexto determinado, y, por más importantes que fueran entonces, ahora los veo revestidos de un aura de irrealidad, de onirismo. Existieron, ciertamente, pero ahora los veo como un sueño. Con el yoga de los sueños se trata de conectar la experiencia diaria considerada con la textura de un sueño con la de la noche que sería otra vertiente del sueño que es la vida. Paradójicamente, si sentimos que todo lo que nos ocurre es un sueño, la experiencia gana en ligereza y libertad. No tiene esa carga gravosa y pesada que ocurre cuando nos tomamos demasiado en serio la vida. Ello no quiere decir que si pensamos que si nos tiramos de un piso alto, solo es un sueño, porque si nos tiramos, nos mataremos, o que no reaccionemos con energía ante lo que nos pasa. Una cosa no quita la otra.

 

Para esta visión, todo lo que aparece en nuestra conciencia es solo el reflejo de nuestra propia mente. Nuestra mente crea la realidad, nuestros sentimientos, nuestros condicionamientos y nuestros apegos. Si logramos ser conscientes de los sentimientos de impermanencia y el cambio incesante de la realidad como un juego de luces que pasa sin que nos aferremos a nada, nuestra vida puede hacerse ligera y feliz como un sueño. Así nuestra mente se hace ágil y flexible, lo que podemos aplicar a toda nuestra vida. 

 

Personalmente, llevo poco tiempo intentando experimentar, mediante ejercicios diferentes, sobre la dinámica de los sueños. Con frecuencia, son lúcidos y soy consciente de que estoy soñando. Anoche visualicé unas imágenes antes de dormir y me produjeron un estado de felicidad y serenidad maravillosas. Es como cuando me ponen la anestesia para una colonoscopia. El anestesista me sugirió que pensara algo hermoso y que me hiciera feliz. Me imaginé en una playa solitaria de Tailandia, desnudo, bajo el sol del trópico, con mis pies metidos en el agua y yaciendo sobre la arena desnudo. Este es uno de los recuerdos más luminosos de mi vida cuya textura en aquel momento fue real pero que la evoco como un sueño. Tal vez fue un sueño. Visualizo antes del sueño unas imágenes muy potentes, y entro en un estado de ensoñación que me hacen sentir una dicha difícil de explicar.

 

Esta última noche mis sueños no fueron lúcidos o por lo menos yo no los recuerdo, se me han desvanecido totalmente, aunque fueron muy potentes, o, por lo menos, esa es la experiencia que he tenido cuando he ido al baño de madrugada. 

 

Jugar con los sueños es divertido, da una nueva perspectiva muy interesante. 

jueves, 19 de enero de 2023

Yo soy ESO

Suelo leer varias horas cada día, sea literatura, prensa, revistas, blogs, comentarios, críticas, etc. Ha sido algo progresivo el darme cuenta de que todo texto más que referirse a la naturaleza del mundo o de la realidad -que en parte sí- lo que hace es hablar del autor de este. Todos, cuando escribimos, nos describimos, nos presentamos, nos evidenciamos, nos manifestamos por más que lo que pretendamos aparentemente es analizar o comentar un aspecto de la realidad sea el que sea. El autor de un texto tiene necesariamente una cierta concepción de sí mismo -unas creencias, convicciones, ideas, conceptos, ideología- y la proyecta inequívocamente sobre lo que escribe. Es la idea que tiene de sí mismo la que se transparenta en su creación por más objetivo que pretenda ser en su análisis o comentario. Así, la gente, todos, hablan de sí mismos creyendo que hay algo dentro del sí mismo. Pero ¿y si no lo hubiera y toda nuestra identidad social, moral, política, sexual, profesional y existencial fuera una ilusión? Nos pasamos toda la vida buscando nuestra identidad, saber quiénes somos y a medida que nos hacemos mayores esa supuesta identidad se hace más consistente, más rígida, más inequívoca, más irrevocable, somos nosotros mismos más que nunca. Entendemos ya que no hay nadie que nos pueda dar lecciones, entendemos que ya no tenemos que explicarnos ni justificarnos, es como si, por fin, tuviéramos todo claro y ya no hubiera muchas cosas que añadir a nuestro bagaje. Hemos encontrado definitivamente nuestra identidad y comprendido nuestra perspectiva en todos los sentidos. Es como si se creyera firmemente en la identidad. ¿No decía el templo de Delfos el famoso “conócete a ti mismo”? Y llega, intempestivamente ese estado en que ya lo hemos hecho. Nos conocemos a nosotros mismos, ya sabemos quiénes somos y qué pensamos acerca de las cosas y la realidad. Así nos hacemos rígidos, sosteniendo como un tótem nuestro ego, el eje que nos permite enjuiciar y comprender de una vez la vida. Cioran sostenía que todas las religiones pretenden disolver nuestro ego cuando ese pobre yo es lo único que tenemos. He leído a Cioran con atención y con diversión. Me parece un humorista genial y yo me sentí cerca de esa consideración y sentí mi pobre ego como mi única posesión, mi única riqueza desde la que contemplar el mundo. Desafortunadamente, Cioran en los últimos años de su vida padeció alzhéimer y su complejo, sofisticado, divertido y pesimista ego desapareció, se disolvió misteriosamente por esa enfermedad que tanto tememos todos y que nos enfrenta a perder nuestro ego, nuestra amada identidad. 

 

Esa apoteosis de la identidad, ese implacable cultivo del ego, me divierte cada vez más porque siento que es una ficción, una ilusión, un constructo de nuestra mente a la que se le ha programado para creer que tiene necesidad de ello. Y ahora más bien me acerco a sentir -no pensar- que la identidad es como una llama de una vela, existe pero está en perpetuo cambio y transformación, carece de un núcleo y es como un sueño, fascinante, pero sueño en definitiva. Y el universo que nos rodea, los egos que nos rodean también tienen la misma densidad, o sea, ninguna. La realidad está vacía. Me divierte cada vez más cuando algún ego se cree fuerte como para manifestar su lugar en el mundo y puede enjuiciar sin ningún tipo de dudas todo el universo mental que lo rodea y lo llena de etiquetas sociales, políticas, morales, históricas, y no duda en emitir homilías sobre lo que ha logrado discriminar a partir de su ego y así calificar en base a su perspectiva suprema lo que entiende por realidad. 

 

Es curioso que en grandes genios de la literatura y del arte no podamos definir su ego, interpretarlos, acotarlos, etiquetarlos -siempre hay algún botarate que lo intenta- porque su identidad es difusa y no reductible a las fórmulas. Ahí tenemos a Shakespeare del que no sabemos prácticamente nada. Solo tenemos sus obras, pero a partir de ellas no logramos conocer su pensamiento o reconstruir su identidad. Sus personajes se sostienen en el aire, son misteriosos, no son recetas ideológicas que sirvan para conocerlos a ellos ni a su autor. Igualmente el personaje de Don Quijote es profundamente enigmático, intentamos acercarnos a él, pero todo crítico que lo intenta solo hace que proyectarse sobre la supuesta identidad del buen Alonso Quijano. Por más que intentemos acercarnos a él, más se nos escapa porque no encarna nada sólido y definitivo. Es el misterio de la identidad humana -y no descarto que también en los animales-. Solo es un foco de conciencia cambiante que cree ser algo para así poder definir el mundo que lo rodea, pero ambos son ilusiones. Cuando comprendemos esto, podemos estar a un lado y a otro simultáneamente, dar saltos, ser flexibles y no duros, sentir que todo está conectado misteriosamente, que el dualismo que tanto estimamos es una ficción y que solo existe en nuestra mente dialécticamente dualista que divide entre bien y mal, entre hermoso y feo, entre vulgar y exquisito... Todo es más divertido y más libre. 

sábado, 14 de enero de 2023

Los poetas del futuro todavía no están aquí

No vislumbramos el futuro considerando un presente tan problemático como el actual en que las sociedades liberales y democráticas están en una profunda crisis y se teme por su supervivencia frente a modelos autocráticos pero que proporcionen seguridad. Nadie está seguro. Todo el mundo sabe que nadie puede garantizar que nuestros hijos vivan mejor que nosotros en veinte años. El mundo europeo y occidental en general se enfrenta a un terrible problema demográfico. No nacen niños, muere más gente que la que nace y eso genera sociedades que abordan con miedo la renovación. Las ideas nuevas provienen en buena parte de la juventud pero la escasa juventud actual parece elegir los restaurantes de moda, la gastronomía, la moda, los viajes, el consumo, más que imaginar un mundo diferente para el que faltan ideas y palabras nuevas en medio de un momento en que todas nuestras ideas ilustradas parecen haberse oscurecido empezando por la rectora razón que impuso un mundo basado en la superioridad del  hombre sobre el resto de la naturaleza a la que estamos devastando. Por otra parte, la tecnología nos ha devorado y los últimos avances en Inteligencia Artificial, que son solo el preámbulo, pueden acabar con la soberbia del ser humano que puede pasar a ser una especie dominada por las máquinas. 

 

No entendemos el mundo presente. Europa vuelve a estar en guerra y la crisis económica se cierne sobre nosotros que lo notamos día a día. Nuestro continente no tiene autonomía política ni militar para ser un actor en el mundo contemporáneo. Somos una potencia en aguda decadencia, sin ideas ni poder ni demografía, frente a poderes crecientemente poderosos como China. Estados Unidos, por otro lado, está también en una profunda sima política en plena transformación más allá del poder blanco en busca de un nuevo equilibrio que no deja de ser problemático. 

 

Crecen el populismo de derechas y de izquierda retroalimentándose mutuamente. La izquierda ha dejado de representar a los trabajadores y las ideas de solidaridad y defiende políticas sectoriales que generan conflictos en la sociedad. La política está desprestigiada. Nada hay que concite tanta desconfianza en los ciudadanos como la política y los políticos a los que se siente como parásitos que crean más problemas que los que resuelven viviendo en su pecera de privilegios. 

 

Faltan mentes imaginativas que generen las ideas para un nuevo mundo, faltan poetas y pensadores que creen conceptos todavía inexistentes. El viejo orden crea malestar y es muy peligroso. ¿Lograremos idear un nuevo orden de cosas con esta combinación letal de factores sin pasar por nuevas explosiones de violencia ni por sociedades autoritarias o, peor aún, totalitarias. ¿Aprenderemos a vivir en un mundo no heredero de la Razón que impuso al ser humano blanco por encima de la naturaleza con el único propósito de conquistar y depredar? ¿El futuro de la humanidad es convertirse en hombres-máquina a manera de ciborgs?

 

Todavía no han nacido los novelistas y poetas que den cuenta de lo que está por venir. Todavía nos hablan del mundo pasado. 


martes, 10 de enero de 2023

El deterioro de la atención

A lo largo de mis años como profesor de lengua y literatura, tiempo que va desde finales de los setenta hasta la mitad de la década pasada, he observado con sumo interés a mis alumnos que han evolucionado vertiginosamente desde una era pretecnológica a una totalmente tecnológica ya en la era de los teléfonos inteligentes. Lo que se me evidencia en esta evolución ha sido la decadencia de la capacidad de atención y de la concentración. La mente de un adolescente de hace treinta años o más no es la misma que la de un adolescente ahora. Ha mutado profundamente y podría afirmar que se ha hecho más anecdótica y superficial e incapaz de mantener la atención más de sesenta y cinco segundos en una tarea sin poder evitar distraerse esperando mensajes, whatsapps, stories, estados, emoticonos, noticias, vídeos, o cualquier tipo de estímulo que le van llegando para apoderarse de su atención. Cualquier profesor sabe que en la actualidad es un conflicto imponer que en clase no se utilicen los móviles o la medida extrema de requisarlos a la entrada del aula. Es un mundo hiperconectado en que la dispersión cognitiva es la regla lo que provoca una seria degradación de la atención. 

 

Pero no son los únicos los adolescentes los que sufren este síndrome de dispersión. Es toda la sociedad que ha perdido dramáticamente su capacidad de atención y concentración reclamados continuamente por apremios que van llegando en forma de noticias, memes, tuits, whatsapps... Es muy difícil desconectarse de esta dinámica. Y el resultado es un empobrecimiento radical del autoconocimiento, de la observación, de la capacidad de escuchar a los demás, coincidiendo con una crisis de la democracia en que nadie escucha con atención ideas diferentes a las propias y que se ven caricaturizadas en la prensa o en las redes sociales en forma de zascas, simplificaciones, banalidades, eslóganes, etc... 

 

No es casual. Se lucha por nuestra atención de modo de que esta se convierta en dinero. Gigantescos poderes tecnológicos, comerciales y políticos están pugnando por nuestra atención que es oro para podernos modificar cognitivamente y hacernos plásticos y moldeables y así ser excelentes consumidores o deglutidores de ideologías cada vez más extremas... 

 

Johann Hari acaba de publicar un libro titulado El valor de la atención. Por qué nos la robaron y cómo recuperarla. En su libro sostiene que cada vez es más difícil leer un libro o ver una película o mantener una conversación larga.  Probablemente, las personas que pasan por los blogs son de generaciones antiguas y no han sentido tanto como los jóvenes este síndrome pero cada vez es más difícil leer manteniendo la atención porque es como si se estuviera vertiendo ácido sobre ella para que seamos incapaces de estar más allá de unos minutos sin distraernos con una colección de resortes que nos atrapan sean vídeos o noticias cuyos titulares absurdos y estúpidos nos reclaman. Es el gran colapso de la atención que afecta a toda la sociedad que se convierte en esencialmente superficial y anecdótica, que surfea por lo más irrelevante sin buscar en la profundidad unas claves más complejas que las que se nos ofrecen. 

 

La tecnología ha aprendido a hackear nuestra química cerebral y saben que un “ding” o un “me gusta” provoca un golpe de dopamina que es muy parecido al del sexo o una pizza o la cocaína, aunque en cantidades más pequeñas. Nos volvemos adictos así a la dopamina y queremos más. Nuestro teléfono es la nueva extensión de nuestro ser, no podemos separarnos de él, nos proporciona seguridad y la sensación de que estamos conectados permanentemente. 

 

Es muy triste que bebés manejen pantallas de los móviles de sus padres para que no los molesten, o que el regalo de primera comunión sea un móvil. Es raro cada vez más ver a unos padres en un bar o restaurante que han llevado una libreta y pinturas para su hijo y que este se entretiene dibujando o pintando. Lo normal es ver a los padres que les han pasado el móvil a sus hijos. 

 

Todo esto es adictivo, los reclamos para capturar nuestra atención son adictivos como son los vídeos en cadena de Tik Tok o las fotos de Instagram donde se inserta publicidad radicalmente efectiva. Nuestra atención es dinero. Y nosotros cada vez somos menos dueños de nuestro mayor poder como especie que es la concentración. ¿Cómo podemos enfrentarnos a los mayores desafíos de nuestro tiempo como son la crisis de la democracia, la eclosión de la Inteligencia Artificial o el cambio climático si no somos capaces de mantener la atención en algo más allá de un minuto?

 

Como profesor empecé con clases en que no era difícil mantener la concentración de mis alumnos durante casi una hora, para llegar a un tiempo en que había que cambiar de actividad cada diez minutos o menos para evitar el nerviosismo o la dispersión creciente que veía en sus ojos inquietos pensando en su móvil. 

sábado, 7 de enero de 2023

Angélica Liddell


He viajado dos veces a Madrid para ver obras de Angélica Liddell (Figueras, 1966), una dramaturga, actriz y escritora española que se sale de los cauces convencionales del teatro que uno pueda imaginar. Sin duda es el dramaturgo -dramaturga española en este caso- más universalmente conocida. Ha recibido importantes premios españoles e internacionales y su teatro en que ella actúa como protagonista es difícil de olvidar porque es un teatro de sangre, sexo, suciedad, locura, éxtasis, enfermedad y, sobre todo, de una profunda espiritualidad en medio de un mundo estúpido, gregario y materialista incapaz de salir de su vulgaridad asfixiante, desde su punto de vista. Odia el teatro convencional y a todo el mundo que lo rodea. Su vida, caracterizada por un dolor extremo de vivir, está marcada por su Trastorno Límite de la Personalidad, que hace que cada día tenga que elegir si se suicida o sigue viva un poco más. Leerla es una experiencia extrema, y ver sus espectáculos es terapéutico porque uno asiste a verdaderos autos sacramentales llenos de sexo, violencia y locura. No hay límites a su dramaturgia que vive en primera persona. Muchos la odian y la desprecian, otros la amamos y vemos en su teatro una llama de verdad insoportable para una sociedad adocenada y complaciente a la que ella escupe. Pero para conocerla, mejor que mis torpes palabras, reproduzco una entrevista con motivo de su último libro. Leed la entrevista -publicada en El Mundo- y decidme qué os parece... 

 

Cierra con 'Kuxmmannsanta' la Trilogía del luto, vinculada a la muerte de sus padres. ¿El exorcismo de la orfandad se acaba alguna vez?

La orfandad te pone en un estado de vulnerabilidad extremo e invencible. No hay vuelta atrás. A medida que se acerca el final de nuestros días regresamos con más frecuencia a la infancia. Recuerdo a Bergman, aquellas 'Fresas Salvajes'. En el instante de nuestra muerte todos somos hijos, y elevamos a lo desconocido la pregunta de Job, ¿por qué?

 

'Kuxmmannsanta', este artefacto/libro es un mapa de extravíos y una minuta de daños. ¿A quién incrimina? ¿A quién exculpa?

Exculpo a mi madre, y a mi padre. Incrimino a todos los demás, a todo ese aluvión de indecencia con el que me atraganté, a todos los que me hirieron, a todos los que se aprovecharon de mi ingenuidad, a todos los que me despreciaron, a todos los que mintieron y me traicionaron. A todos los que me juzgaron. A todos esos cerdos. Y a toda esa suma de seres asquerosos que simplemente me disgustan. Ya soy muy mayor, no queda mucho tiempo para ajustar cuentas y orinar sobre sus cadáveres. Es un acto de caridad absoluta eliminar la fealdad de mi vida, que es eliminarla de la faz de la tierra. Soy una persona que no sabe defenderse en este mundo de fieras, no sé cómo se hace, frente a las personas me quedo indefensa, por eso he de aniquilarlos en verso.

 

Sólo su nombre en la portada y 521 páginas de palabras o de aullidos. Sin más datos sobre usted. Es como ir borrando huellas.

Este libro ha sido una lobotomía. Estrellé en el papel mis lóbulos frontales. Ahora puedo preparar mi desaparición y mi muerte. El que nos hiere nos regala la soledad, y esa soledad tiene un valor incalculable para seguir cayendo.

 

¿De qué manera es su vida el único argumento de su obra?

Las letras me las da la vida, como decía El Agujetas. Soy tan pobre que sólo dispongo del "yo", del "ser". Pero eso por sí solo no vale. Debe convertirse en supremacía estética. Hay que trabajar mucho, tanto como Tolstoi, hasta que te duele el espinazo de escribir. Es una cuestión de fuerza física, como dice Joyce Carol Oates. Al final no es el yo o la ficción, es literatura. El debate entre la literatura del yo y la ficción no me interesa porque no existe.


 

¿Y qué le importa o le interesa de este tiempo?

En estos tiempos hay que aprender a recordar lo que era el arte, debemos preservar el mundo de las imágenes que los poetas nos legaron en el siglo XX. En 'Caridad' reconstruyo una imagen de Las Mil y Una Noches de Pasolini (los amantes y la flecha dorada con forma de falo), lo hago para recordar esa imagen fundacional, para recordar lo que era el arte a medida que todo se vuelve más y más mediocre. Cuando fui a ver este verano 'La trilogía de la vida' de Pasolini éramos 10 personas en el cine y 500 imbéciles en la terraza de enfrente con un gintonic en la mano y la vacuidad en el rostro... El XXI es el siglo en el que las redes sociales prohíben publicar desnudos artísticos mientras un poco más abajo miles de jovencitas ofrecen sus servicios sexuales en sujetador y bragas. He visto pixelar hasta el pene de los perros. Eso sí provoca... Las fotos de García Alix, en cambio, no provocan sino que trascienden, en el siglo XX, en el XXI y en el XXII. Qué decir de Andrés Serrano o de Joel Peter Witkin... Pero en el siglo XXI se ha perdido el placer de contar, todo se ha vuelto reivindicación, baba y mensaje conciliador.

 

Dice en el texto titulado 'El estrangulador de Boston': "Al crecer perdemos las alas, se nos caen, como un diente de leche". ¿Y en qué nos vamos convirtiendo?

En almas cansadas, espíritus roídos y en payasos patéticos. Los peores son los expertos. Los que arguyen experiencia y sabiduría.

 

¿Escribir es no aceptar lo irremediable?

Escribir es hacerme estallar la cabeza para que otros beban vino en los trozos de mi cráneo.

 

¿De dónde viene su escritura?

Sin duda alguna viene de la rabia. Hay una rabia que debe canalizarse. La rabia procede de una herida, una herida de nacimiento que crece alimentada por el resto de las heridas, crece como un monstruo. Y ese monstruo me empuja a la venganza. Nací con esa bala en la cabeza. Si no encuentras el vehículo para liberar la ira acabas contigo mismo o empiezas a matar. Para mí sólo existen dos opciones, la escritura o la horca, y la escritura o el crimen. Mi infancia es muy similar a la de un psicópata. Intento transcenderla a base de belleza. Pero igual que se dice del mundo, en vez de todo podía haber nada. Yo me puse a trabajar.

 

¿A dónde va?

Me hago vieja. Los hay que están preocupados por el pelo y se largan a Turquía. Figúrate. A mí se me cayó de golpe de la sien derecha. Un hombre me abandonó de la manera más cruel posible, desapareciendo, y sucedió, de golpe, que mi sien quedó desnuda. Pensé: "Mira, es la sien donde se apoya la pistola". Los camareros que me conocen pensaban que estaba enferma. Al cabo de los meses el cabello volvió a crecer, pero completamente blanco, de una blancura incomprensible, demoniaca, como el pelo del Rey Lear bajo la tormenta. Temo que voy hacia la demencia, como mis padres. Es mi máximo miedo.

 

¿Qué le importa más en el mundo?

Las películas.

 

¿Y quién?

La persona que ha cuidado de mí durante 30 años. La única persona en la que puedo confiar. Eso es un privilegio del que a veces no soy consciente. A veces la basura de los demás me llega hasta los ojos y no sé verlo.


Escribir es hacerme estallar la cabeza para que otros beban vino en los trozos de mi cráneo


En este libro asoma un sujeto dañado, alucinado, también el suicidado por la sociedad. ¿Podría ser?

Absolutamente. Hace falta un grado de dolor alucinatorio para alcanzar algún tipo de conocimiento. Hace falta que la copa rebose. La cuestión es si la sociedad está preparada para asumir a los que se desvían, a los que no pueden más. Los manicomios, las cárceles y el arte recogen a los suicidados de la sociedad. Hoy Artaud estaría en el manicomio, ingresado por culpa de todos aquellos que lo nombran, la misma familia teatral de siempre.

 

¿Qué sitio tiene en estas páginas y en su vida la literatura?

La escritura es la pobreza absoluta, como decía Christian Bobin, es dar lo que no se tiene. Es la más grande de las pobrezas del Amor. Es la fragilidad indestructible, ese reino. No se puede leer ni escribir sin luz. La luz nos salva del miedo atávico a la oscuridad. En el fondo ignoramos todo acerca de lo que escribimos y leemos.

¿El teatro lo es ya todo?

Es tanto el fastidio, la hartura y el rechazo que me produce el mundo del teatro y su autocomplacencia, es tanto el repudio que me inspiran, rayano con la repugnancia, que a veces me avergüenza dedicarme a lo mismo que todos estos tontos habilidosos de la cultura sin arte, el clan. Me avergüenza. No soy de ahí, no soy. Me dices "teatro" y me amargo.

 

¿La poesía es algo?

La poesía es el canto. Cuando el mundo se destruya solo quedará el canto, como decía Schopenhauer.

 

¿Lo de afuera, lo que ocurre y cuentan los periódicos y dicen las radios, le empujan a escribir? ¿Le importa?

Todos los días introduzco la palabra "muere" en el buscador. Ahí aparece la madre que mata a sus dos hijas de un disparo de madrugada en una casa cuartel y luego se suicida. Aparece el jugador infantil que se desploma durante un partido sin posibilidad de reanimación. Aparece el obrero anónimo que ha muerto al caer desde la altura de una obra. Aparecen los atropellados, los asesinados, el cliente que mata a la puta, la pareja que decide quitarse la vida en un suicidio doble con somníferos bajo la nieve. Aparece la muerte de Godard. No necesito más. Un retrato conciso de la naturaleza humana, apenas un titular. El resto es campaña política, distorsión y manipulación, nada es verdad. Efectivamente todo es teatro del malo. Todo es John Doe [ficción]. Los medios crean al artista del Estado y al artista del Partido, y deciden a quien ignorar, sobre todo en un país de pequeñeces socialdemócratas como el nuestro. Prefiero el mundo oral, lo que me cuentan y quién me lo cuenta. Pero en los momentos en los que el sufrimiento es letal nada de eso importa. Más bien identificas tu violencia interior con la violencia del mundo, y quisieras que todos muriésemos abrasados por un fuego interplanetario.

 

¿Cómo imagina la felicidad?

Abrí la boca para respirar y me escupieron dentro. Puse mi alma en unas manos, y mi alma fue destruida. ¿Qué voy a pensar de la felicidad? La felicidad solo puede ser un estado de terror intolerable. La felicidad no es más que el miedo a perderla. No existe. Existe el terror. Hay un perro encima de mi casa que ladra ebrio de alegría cuando su dueña regresa. En cuanto ella se va, el perro aúlla, gime con desesperación atroz y escarba la puerta como quien es enterrado vivo y araña la tabla del ataúd. Hay noches enteras que escucho esos sonidos horrendos. La dueña no sabe de este sufrimiento espantoso cuando el perro la agasaja al volver. Eso es la felicidad. Un perro enterrado vivo rascando la tapa de un ataúd. Las personas que han sido enterradas vivas tienen las manos en forma de garra intentando quitar la tierra y su cadáver aparece con los ojos abiertos. Bajo la superficie de la alegría hay un horror incalculable. En fin, la felicidad es un fallo.

 

jueves, 5 de enero de 2023

Nueva caminata hasta Sitges

                                 Cruz de la Morella, el mar en la distancia


Mi segunda caminata estas navidades, esta vez en solitario porque mi sobrino declinó mi invitación al saber que sería de treinta y seis kilómetros, y eso ya le superaba. En la anterior de diez menos acabó cansado y con agujetas. Pienso que se lo habría pasado bien. Me gusta poner el cuerpo a prueba porque es tanto un ejercicio físico como mental. Partí de Sant Boi a las ocho y media de la mañana y llegué a Sitges a las cinco y media de la tarde lo que hace un total de nueve horas menos las dos paradas para comer sendos bocatas en un cuarto de hora cada uno. 

 

El camino, guiado por el gps, tiene ascensos considerables en que mi respiración se  tensiona pero resistí bien. Hice, en alguno de los ascensos a la ermita de Bruguers, una parada para recuperar el resuello y dividió el camino en dos tramos. Luego en la ermita hay un restaurante y me tomé un café solo, pues no lo había tomado en casa, y es que soy bastante adicto al café. Allí empezaba el ascenso al castillo en ruinas que me llevó una media hora y un fuerte esfuerzo. 

 

La impresión de la caminata es que he resistido bien, he notado el cansancio más tarde que otras veces. A lo largo de la caminata iba pensando en cosas, aunque a medida que el cansancio iba haciendo mella, mi mente se desocupaba de pensamientos vanos. Pienso que caminar es una especie de ejercicio meditativo en movimiento. Hubo algún tema pendiente que me clavó las garras pero pude ponerle término dándome cuenta de que hay que parar los pensamientos negativos en su primer momento sin dejarlos crecer. 

 

Caminar, y más en solitario, es poner la mente en estado contemplativo, porque paso tras paso y más cuando son en ascenso, todo lo que hay en ti se concentra intensamente en el presente y solo existe la realidad de ese momento. Hice fotos abundantes y en algún momento escuché música de jazz, pasé por la cruz de la Morella desde la que hay un paisaje espléndido del Garraf y el Llobregat, y el mar en lontananza en un día soleado y alegre. El Garraf es un territorio áspero y agreste que me atrae porque tiene una vertiente metafísica muy profunda. Y desde la Morella ya todo es bajada, en la que soy bastante torpe, pero, paso a paso, voy consiguiendo descender por entre las rocas. Llego hasta la entrada del parque Natural y me como el segundo bocadillo viendo el mar en la lejanía. Huelo a tigre por el intenso sudor. Voy en manga corta, hace calor. Ahora quedan cuatro o cinco kilómetros de carretera que llevaría al monasterio budista de la Plana Novella y yo sigo hasta el desvío que me entra en una pista de tierra que, en dos tramos, me llevará hasta Sitges, son aproximadamente nueve o diez kilómetros. Voy oyendo algún podcast de viajeros. Soy muy aficionado el programa vasco Levando anclas que me lleva a experiencias viajeras alucinantes por todo el mundo. Yo me creí viajero un tiempo pero lo que se cuenta allí supera cualquier expectativa que yo pudiera llevar adelante hace tiempo. 

 

Sigo haciendo fotos, paso por zonas de viñedos, voy por pistas cómodas pero por las que no pasa nadie. No he encontrado a alma viviente por estos pagos. Pienso en que cuando llegue a Sitges me comeré un helado de tres bolas -vainilla, café y turrón-, y endulzo mi andar imaginando la textura del helado. Llego al desvió que conduce a Sitges directamente y sé que me queda poco más de una hora para llegar a buen paso. He pensado en mi sobrino y creo que se lo hubiera pasado bien. Es un trayecto por diversos tipos de paisaje que va desde las montañas del Llobregat a la aridez de  la sierra metafísica. Y de fondo el mar. Sitges es una ciudad muy estimada por mí. Habré estado allí docenas y docenas de veces, muchas llegando, caminando, porque ensayo diferentes vías para caminatas. En la familia, alguno ya me conoce por mis caminatas a Sitges que le parecen repetitivas. 

 

En los cuatro últimos kilómetros la pista se hace de cemento y empiezo a correr cuesta abajo dejándome llevar. Pienso en el helado y me aparecen alas en los pies. Sigo bajando, hasta que llego a la zona de almacenes por que entro a la ciudad que tiene el suelo más caro de España.

 

Para mi desolación, la heladería está cerrada. Las bolas de helado han volado. Me vuelvo en tren a casa. Ha sido un día muy especial. 

lunes, 2 de enero de 2023

El régimen comunista chino

Supongo que no es ocioso recordar que el régimen izquierdista y comunista de China Popular es una dictadura atroz en que existen los campos de reeducación y de internamiento para todos aquellos que son disidentes del partido único. El control sobre los ciudadanos es total y por medios tecnológicos invasivos que hacen de la libertad individual una farsa total. 

 

Quiero traer esto aquí por dos razones que voy a exponer. Una es que estoy leyendo un libro muy interesante titulado El monje y el filósofo, que es un diálogo entre un filósofo materialista, Jean-François Revel, y su hijo, monje budista, Matthieu Ricard que abandonó la carrera científica brillante que tenía en perspectiva y se fue a vivir cerca del Tíbet adonde siguió a su maestro Sogyal Rinpoche. 

 

En el libro, se pone en perspectiva el drama tibetano, uno de los más terribles de nuestro tiempo tras la invasión china del Tíbet en 1950 y su anexión en 1951 por el régimen comunista. En 1959 se produjo un levantamiento popular contra la dominación china que fue aplastado brutalmente con decenas de miles de muertos, algo que continuó con la revolución cultural que tanto nos inspiraba en nuestros tiempos de estudiantes izquierdistas. En 1959 el Dalai Lama y más de cien mil tibetanos abandonaron el país para exiliarse en la India o en los reino del Himalaya, antes de dispersarse por el mundo. El régimen comunista se dedicó -y dedica- a destruir cualquier ideología que no sea la suya, y saqueó las riquezas naturales del Tíbet, y pretendió destruir su civilización budista y su lengua. Se calcula que entre los años sesenta y comienzos de los setenta fueron aniquilados un millón de tibetanos, una quinta parte de la población. Más de seis mil monasterios budistas fueron devastados y sus fondos destruidos. Los sucesores de Mao aplicaron al Tíbet la estrategia estalinista de repoblar el territorio con población china para que fueran más que los nativos. Y a estas alturas continúa el genocidio tibetano, aunque hay que reconocer que en China no hay libertad tampoco para los chinos en un régimen basado en el marxismo-leninismo combinado con un capitalismo -síntesis original china- que hace que en este momento sea la segunda potencia mundial y lleva camino de ser la primera. 

 

Dos. Todo el mundo teme a China y si no, tenemos el reciente caso del ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès cuya alcaldesa es de un partido de izquierda catalana, ERC, que ha cancelado la actuación de un espectáculo de danzas clásicas precomunistas de la compañía Shen Yu por presiones de la embajada china, según denuncian los promotores. Todas las entradas estaban vendidas para las funciones de finales de enero y comienzos de febrero de 2023, pero el consistorio en manos de Mireia Ingla, de ERC, ha denegado el espacio del auditorio para el espectáculo. 

 

Dicho espectáculo se representa en unas 150 ciudades de alrededor del mundo con un éxito muy grande (más de un millón de espectadores lo vieron en 2022). Tiene previstas actuaciones en otros lugares de España. 

 

¿Por qué se censura un espectáculo de estas características? Sin duda por presiones chinas que pretenden imponer su voluntad sobre las decisiones que toma un ayuntamiento de otro país. El espectáculo es de danza clásica sobre las civilizaciones perdidas en China. Pero no forma parte de la propaganda ideológica del régimen chino que maniobra en todo el mundo para impedir propaganda o informaciones que cuestionen la situación política de China. 


Uno se pregunta si las informaciones que plantean la instalación de una gran sede de Huawei en Sant Cugat han podido tener influencia en la decisión del ayuntamiento de la ciudad. Desde hace un tiempo se sabe que Huawei está buscando posibles ubicaciones en Cataluña y Sant Cugat reúne muchas circunstancias favorables por su conectividad e infraestructuras, parques empresariales y sedes de empresas multinacionales, universidades y centros de investigación, unido a su alto nivel de vida que hace que Sant Cugat sea la segunda ciudad de Cataluña en nivel de renta, aunque en algunos datos puede ser la primera. 

 

El poder de China en el mundo es gigantesco, pero es un poder silencioso a diferencia del tan vituperado poder americano que suscita tanta oposición por parte de muchos sectores de la sociedad. China avanza económicamente y nos hace olvidar su terrible política represora de la disidencia, el aplastamiento del Tíbet -tan poco publicitado por los movimientos a favor de los derechos humanos a diferencia de otras situaciones menos sangrantes-, su práctica de dominio totalitario sobre las ideas ajenas al PCCh, así como el control total que existe sobre la población donde la idea de libertad es un sarcasmo. No se nota pero en todo el mundo se presiona para censurar las críticas al régimen y cualquiera que espere algo económicamente de China, ha de pasar por el aro como le ha pasado al ayuntamiento de Sant Cugat. 

viernes, 30 de diciembre de 2022

Caminata por Collserola con mi sobrino

Ayer hice una caminata con mi sobrino de 18 años que nos llevó desde el barrio de La Almeda en Cornellà a Cerdanyola del Vallès, un total de 26 kilómetros, algo a lo que mi sobrino no está acostumbrado. Salimos a las siete de la mañana, todavía noche, y llegamos a Cerdanyola a la una para comer en un restaurante que está a la entrada del pueblo. 

 

Jerom es gallego hasta la médula y apenas habla castellano o le cuesta mucho, pese a que su madre le ha hablado siempre en esta lengua. Estudia un ciclo superior de Informática y tiene expectativas de que le puede contratar una gran empresa y ganar 55000€ al año. No sé si la realidad será la que espera pero pienso en mi hija mayor y veo que en su carrera de Biomedicina con dos másteres y un expediente muy bueno, los sueldos que está cobrando son mileuristas. Esto me duele. Ella es especialista en Reproducción asistida y en Bioestadística. De lo primero, que es su ilusión, no encuentra nada en ninguna de las clínicas españolas de reproducción. Un padre siempre se preocupa por la realidad de sus hijos. 

 

Pues bien, a lo largo de la jornada de seis horas caminando hemos recorrido desde Sant Pere màrtir hasta el Tibidado por el Camino de la Carena con la ciudad de Barcelona en perspectiva cuya visión hoy no era mala. Mi sobrino iba escuchando música y en alguna ocasión hablábamos de sus gustos y perspectivas adolescentes aunque muy responsables más allá del alumno aburrido que fue en la ESO donde no aprobaba nunca el castellano en el instituto. La pandemia vino a ayudarle y la rebaja de los criterios de evaluación hizo que aprobara la ESO lo que fue una bendición para él porque le permitió estudiar Informática para lo que está dotado. El castellano quedó atrás para siempre. 

 

Hemos entrado desde el Tibidabo en los bosques de Collserola, hoy grises por ser un día nublado y cuyo aspecto en este tiempo es feo por no tener ni el esplendor del otoño ni el renacer de la primavera. Las hojas de los árboles están ya quemadas y se esparcen por el suelo sin ninguna brillantez. Desde el turó de la Magarola hemos visto en perspectiva el Maresme y la ciudad de Barcelona y por el otro lado, el Vallès, incluida la montaña de Montserrat en la distancia. 

 

Ir con un adolescente cuyo ritmo en los ascensos y descensos es muy superior al mío, es un desafío, y me tiene que esperar. Me habla en gallego o a veces con mucha dificultad en castellano. Vive en la aldea gallega donde todos, menos su madre, le hablan en gallego. Es un buen lector y lee fundamentalmente en castellano. Ha leído El clan del oso cavernario, todos los libros de Ruiz Zafón y ahora está con Joel Dicker, autor que también le gusta a su madre. 

 

Hemos atravesado el parque natural de Collserola de un lado a otro, y en algunos momentos parecía que íbamos por el bosque profundo. Él vive en la aldea gallega y está acostumbrado a la naturaleza pero esto es nuevo para él. Por suerte no ha llovido recientemente, y el sendero no está resbaladizo salvo algún tramo. Hacerlo con el terreno húmedo puede ser muy arriesgado pues puedes resbalar y torcerte algún tobillo. 

 

Ha habido algún momento mágico cuando hemos llegado a una riera seca y hemos visto una lluvia de hojitas que caían lentamente de los árboles dibujando círculos y espirales en su caída. Lástima no haberlo grabado. 

 

Dudo que ninguno de los temas de conversación que pueda tener yo le interesen a él, así que me mantengo en silencio o hablo de lo que él propone. No quiero ser el tío pesado que no para de hablar. Trabaja de camarero para pagar el piso de estudiantes en que vive en Lugo. 

 

Tras la comida, hemos salido para la estación de Cerdanyola. En el tren, la mayoría no llevaban mascarilla, como es habitual. Le gusta mucho la música. Volvemos a casa. Al final de la caminata, ya andaba por inercia y las piernas le iban solas del cansancio que sentía. No está habituado a largas caminatas: me ha dicho que le ha gustado y yo le he propuesto que el año que viene haremos una de cuarenta kilómetros atravesando la sierra del Garraf, y él se siente orgulloso por hoy y tal vez por la del año que viene, pues viene siempre en navidades. 

 

Mis hijas no me acompañan a caminar, no tienen esta afición, pero hoy he estado contento de caminar con Jerom aunque no hayamos hablado demasiado pero tampoco ha hecho falta. Los bosques de Collserola bien merecen el silencio. 

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Convicciones

Me encanta conversar con otras personas, sean hombres o mujeres, sobre lo divino y lo humano. Son sesiones de conversación largas sea por escrito o en persona. Me agrada observarme a mí y observar a los demás. No soy novelista pero tengo algo que tienen los novelistas que es la capacidad de observación...

 

Los seres humanos tienen necesidad de explicarse, de dar cuenta de su modo de ver el mundo, de justificar su modo de vida o de ser lo que se traduce en monólogos sucesivos en que se expresan razones, juicios, opiniones, recuerdos que construyen una personalidad y explican cómo es uno (o una). Es como un armazón dialéctico fruto de la elaboración de muchos años para dar consistencia a una personalidad. Para cada uno, es vital esta estructura de ideas o de pensamientos o creencias. Son suyas y hay una tendencia a considerarlas universales aplicables al resto de seres humanos. Es una especie de lógica a modo de mecano que sirve para interpretar el mundo. Uno intenta explicar por qué es ateo, por ejemplo; otro por qué es creyente; otro por qué adopta determinadas posiciones políticas a un lado u otro del espectro posible; otro por qué ama esto o lo otro; otro muestra su desesperanza y su desapego a base de cinismo; otro da razones para expresar su concepción de la vida; otro basa su vida en buena parte en los colores de un equipo y eso le confirma existencialmente; otro muestra su impotencia y su tristeza basándose en su concepción de la existencia; otro cuenta su historia repetidamente para mostrar las razones de su lógica implacable; otro cuenta por qué es feliz, y otro por qué es desdichado, otro por qué es amante del dinero -que da la felicidad-, mientras que otro basa su vida en la moralidad alejada del dinero... Todos somos diferentes pero todos anhelamos comprender la vida y expresar un modo de hacerlo que sirva universalmente. 

 

Yo lo observo y me doy cuenta de que todo eso son creencias de una forma u otra. Es como si se necesitaran creencias para mantenerse en pie. Y esas creencias se reiteran indefinidamente. Los blogs son eso precisamente. Manifestaciones de unas determinadas formas de entender el mundo. A fuerza de leer a los blogueros uno sabe con bastante fidelidad cuáles son los ejes de ese armazón dialéctico que no deja de repetirse. Todos nos repetimos hasta la saciedad. A los blogueros nos gustan los monólogos en que manifestamos nuestra posición en la vida y en el mundo. Cada blog es una ventana al interior del autor que nos explica reiteradamente su percepción y sus razones. Los hay más obsesivos, los hay más generosos, los hay más sectarios, los hay escorados a la izquierda -como única posición lógica en la realidad-, los hay escorados hacia posiciones conservadoras que cuestionan el supuesto absolutismo progresista... No sé, hay una gama de posiciones que resulta interesante observar para contemplar el paisaje íntimo de alguien que se está abriendo en canal. Algunos son estetas y exquisitos, otros son audaces y provocadores, otros cínicos, otros son como campanas de navidad sonando para convencer del colorido alegre de la vida, otros son egoicos y narcisistas, otros son escépticos e irónicos, otros son idealistas, muchos pesimistas -en esto la edad influye poderosamente-... pero todos en general anhelan que su cosmovisión sea compartida por otros, convencer de alguna manera de algo a cualquier nivel. Aspiran a que su percepción sea comprendida y asumida, en cierta manera se ejerce un claro proselitismo ideológico casi inevitable. Se escribe para expresar pero también para convencer de que nuestras razones son valiosas e inobjetables. 

 

Los lectores de blogs se adaptan así a la cosmovisión del autor -o no, y entonces surgen los debates que si se mantienen desencadenan conflictos-. Todo consiste en un cruce de cosmovisiones que necesitan acercarse para comprenderse mutuamente en un diálogo generalmente afable, aunque a veces hay quienes tiran la piedra y esconden la mano. Todo es posible en un mundo que es la expresión de egos muy potentes y narcisistas. A la vez es muy peligroso y el carácter de cada uno influye poderosamente en las relaciones a distancia. Hay blogueros bondadosos y blogueros taimados aunque siempre a través de las palabras se intenta dar la imagen más favorable de uno mismo y así aparecemos siempre como mejores de lo que somos en realidad. Es una imagen la que se vende de uno mismo, una imagen elaborada y diseñada para convencer para transmitir convicciones aunque Cioran escribió que quien posee convicciones es que no ha profundizado en nada.

domingo, 18 de diciembre de 2022

Va de pasiones, vicios y tabúes...


La final ha sido de infarto. No he visto el partido pero he seguido el resultado desde la prensa digital. Había escrito una primera versión del post en el minuto 80 cuando Argentina ganaba por 2.0 y colgué la entrada pero luego la cosa se complicó y ya saben ustedes lo que ha pasado. Ha ganado Argentina su tercer mundial con el último gol de Montiel. Una vez tuve una amante argentina, hace muchos años, nos encontramos en la otra punta del mundo y pasamos juntos una semana prodigiosa y no hablamos de fútbol pero sí que nos bebimos una noche una botella de Marqués de Cáceres que compramos en una Liquor Store en la ciudad de Winnipeg. Aquellla noche nos reímos mucho. Éramos jóvenes y ambos éramos de signo cáncer lo que terminó por ser un problema. El fútbol no ha sido una de las pasiones de mi vida, lo reconozco. Mi padre no era futbolero y no fomentó la afición hacia el C.D.Zaragoza que era lo más próximo. Y luego en mi vida diaria la política ocupó un lugar fundamental en mis tiempos de marxista leninista pensamiento Mao Tse Tung. No recuerdo que mis camaradas tuvieran en mucho al fútbol. Nunca hablábamos de ello. Sí que leíamos El estado y la revolución de Lenin pero nada de nada de fútbol. Cuando me vine a Barcelona, vi que el fútbol y la pasión por el Barça era algo más de lo que estaba acostumbrado a ver en Zaragoza, pero nunca tuve un equipo que me tirara del corazón. De hecho, conviví con dos apasionados culés en una masía cerca de Berga y celebrábamos los partidos con una merendola de embutidos, quesos y buen vino. Y yo iba con el Barça y expresaba mi emoción cuando metía un gol o nos lo metían a nosotros. Era muy divertido, pero más adelante intimé con un amigo que era madridista y del mismo modo nos hacíamos un pica pica y yo iba con el Madrid con igual entusiasmo que cuando me había juntado con culés. De este modo, no se puede decir que yo sea ejemplo de fiel seguidor de ningún equipo, pues sin el ambiente propicio, soy totalmente ajeno a la emoción de este deporte. Sí que me gustó que ganara España el Mundial de 2010 pero no vi el partido de la final aunque luego pasaron escenas una y otra vez de este y sentía hasta algo parecido a la emoción. Iba con España -España es una palabra que en buena parte está proscrita en cierta visión del mundo que no me atrevo a calificar-. Hablamos de estado o de país, pero no de España. Es una reflexión que hace Sergio del Molino en su último libro Contra la España vacía en que precisa mejor su posición política ante el debate que suscitó su libro primero La España vacía que fue un puntazo por la serie de debates a que dio lugar. Sergio del Molino esperaba fomentar el patriotismo constitucional con su apelación a la solidaridad interregional pero las derivaciones que tuvo su concepto fueron totalmente desviadas de su origen solidario. España o, si quieren, este país o este estado español tiene algo que lo une profundamente y es la pasión por la comida. No sé si hay países que hagan un culto semejante de la buena comida como el nuestro. Sabemos que no hay dios, sabemos que la monarquía no pasa por un buen momento, sabemos que los ideales políticos son transitorios -a pesar de lo que sucede estos días-, sabemos que la metafísica es banal, sabemos que el dinero da la felicidad -según un familiar mío- pero la felicidad que da es para ocuparla fundamentalmente comiendo como vamos a comer estos días en que nos vamos a poner morados de ágapes navideños tales como si estuviéramos compensando los años del hambre. Esta es la explicación que se me ocurre. En España se pasó mucha hambre en la guerra y en la posguerra y no queremos volver a ello. Antes hartarse por si vuelve el hambre de nuevo. Y comemos sin tino y sin freno. La palabra frugalidad no es muy española ni de este país ni de este estado español. Frugales eran los santos que nos enseñaba la santa Iglesia Católica cuando el estado nacional-católico de los años cuarenta o cincuenta y ya en los sesenta se jodió el invento porque apostamos de nuevo por el placer de vivir y entre los placeres máximos, mucho más que el sexo, está el comer. El sexo se acaba pero no un menú de carne a la brasa con buenos acompañamientos, patatas asadas y verduras a la parrilla. Y no permitimos que nadie nos sugiera que deberíamos comer menos o mejor. La gula es nuestro pecado capital junto con la envidia. Imaginamos el paraíso como una sucesión de platos sin final que nunca nos sacian y así eternamente... 

 

He dado vueltas porque he ido del fútbol al yantar, pero en un zigzag de ideas todo es posible, todo se mezcla, son pasiones nacionales o estatales o de país. Nos movemos por pulsiones “como el golpe temido de un corazón no resuelto” que escribió Gabriel Celaya en su poema España en marcha

 

La final épica se ha decidido en los penaltis. La de asados que van a hacerse en Argentina a cuenta de este resultado... Les felicito de todo corazón, me gustaría vivir la euforia que va a desatarse en Buenos Aires y Ciudad de la Plata así como en todas las ciudades argentinas. Tal vez escriba a mi antigua amante para felicitarle la efeméride que habrá visto... 

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