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miércoles, 6 de enero de 2021

El incierto proceso de comunicación


El proceso de comunicación entre un emisor y un receptor –eso que enseñaba cada año en el instituto y nadie parecía sentirse demasiado emocionado por ese tema- es incierto y de difíciles perspectivas. 

 

Una cosa es lo que uno intenta decir, sea verbalmente o por escrito –en el mundo de los blogs- y otra cosa es lo que el que escucha o lee recibe. Mi experiencia es profundamente pesimista al respecto. Es raro que ambos mecanismos coincidan. Uno expresa un conjunto de ideas, teniendo un contexto interno donde hay convicciones, dudas, creencias, referencias, pasado, emociones y un magma interior donde las cosas parecen –solo parecen- lógicas y congruentes. Y el receptor escucha o lee e interpreta de modo diferente lo expresado porque tiene otro mundo interior totalmente diferente al original que formuló el mensaje. Sus coordenadas vitales e intelectuales son absolutamente diversas. Lo que era esencial en el productor del mensaje no lo es para el receptor, y el proceso comunicativo se llena de confusión, ambigüedad e intenciones oblicuas. Se reinterpreta de nuevo y el resultado termina por ser radicalmente diverso a lo expresado. 

 

Otro factor relevante es que el que habla o escribe está construyendo su pensamiento y lo que expresa son especulaciones no acabadas, fruto de un proceso de reflexión en marcha. Puede equivocarse, eso es lo bueno del pensamiento, puede llegar en ese momento a planteamientos que luego revisa y rehace. Muchas veces en este blog escribo ideas en construcción que luego, a tenor de los comentarios, me doy cuenta de su insuficiencia y relativismo. Y el emisor puede a llegar a desconocer lo que escribió. Y arrepentirse. Claro que es más cómodo dictar doctrina sin contradicciones, sin fosos de riesgo, pensamientos cerrados y redondos, acabados. ¿Hay algo más soberbio que la mente de una persona mayor que cree que tiene suficiente perspectiva en la vida como para saber qué piensa acerca de todo? Bah. El tiempo demuestra que nadie sabe nada, es la única realidad que se me impone por más exquisito que se crea el emisor. 

 

Interpreto el proceso de comunicación como algo proceloso y sujeto a la incertidumbre esencial de la vida. Lo bueno de esto es que asumir riesgos y saltos en el vacío, por complicados que puedan ser, tiene su sentido, aunque no se sea correcto. 

 

El tema de factores que intervienen en la comunicación es esencial para entender la complejidad del proceso donde el contexto y la situación son liminares para intentar dilucidar qué decimos y qué entiende el que escucha o lee. 

 

Samuel Beckett creía que el proceso de comunicación era imposible y la incomunicación era la realidad más común en la vida social, y así llegamos al absurdo que es el trasfondo de todo. 

jueves, 30 de abril de 2020

La facultad de la memoria en nuestro tiempo


Leo un libro fascinante –el calificativo aun me es insuficiente- de Oliver Sacks, titulado Un antropólogo en Marte en que el científico revisa casos clínicos sorprendentes que él ha conocido y que nos describe y analiza conectándolos con la historia de la ciencia… Así el pintor que por un accidente pierde la capacidad de ver los colores, el ciego desde su infancia que a los cincuenta años recupera la visión, el del cirujano aquejado del síndrome de Tourette –tics y movimientos compulsivos-, el hippy que, aquejado de un tumor, pierde cualquier memoria que vaya más allá del presente inmediato, el caso de autistas que son geniales en alguna parcela del arte o la memoria, el emigrante italiano a los Estados Unidos que a los treinta años de haber abandonado su pueblito, Pontito, comienza a dibujarlo y pintarlo hasta los mínimos detalles de cada pared y de cada calle en miles de cuadros con una exactitud que conmociona… Todos los relatos de Oliver Sacks son apasionantes pero el que tiene que ver con la memoria eidética de Franco, el pintor que se va de su pueblo y que recupera décadas después para reconstruirlo mediante la memoria me resulta sumamente sugerente.

Alguna vez he escrito sobre el papel de la memoria en el aprendizaje frente a teorías pedagógicas que la devalúan y que la consideran inútil como almacenamiento de datos en la era de google. La devaluación de la memoria es una de las tragedias de los sistemas educativos modernos. La memoria es la más plástica de nuestras capacidades. Vivimos conscientemente mientras tenemos memoria. Perderla es una de las peores tragedias. La memoria es una facultad activa y que conecta con la imaginación, no es esa potencia pasiva de mera repetición de datos. Recordar, almacenar en nuestra psique unidades de memoria que pasan de la memoria a corto plazo (uno o dos minutos) para retenerlas y que pasen a la memoria a largo plazo es un ejercicio prodigioso y que se debería alentar en la escuela intensamente frente a las banalidades pedagógicas que eluden el almacenamiento de datos frente a otras cualidades más plásticas. Vivir es recordar lo que aprendemos para que no caiga en el pozo del vacío, y recordar nos ayuda a establecer relaciones entre las cosas, relaciones de igualdad, de jerarquía u otras operaciones lógicas. La diferencia esencial entre las personas en algún aspecto estriba en el tipo de memoria que poseemos puesto que esta es selectiva y depende de nuestros intereses y la voluntad. 

Recuerdo, cuando hice teatro hace décadas, que entré en una escuela dramática y me propusieron un viernes un papel muy interesante. Tenía que memorizar para el lunes un monólogo de nueve páginas. ¿Cómo hacerlo si yo tenía una memoria malísima, suponía yo? No sé cómo lo hice pero el lunes me había aprendido el monólogo entero sin ningún error. Lo quise y lo hice. La memoria es dinámica y se puede educar pero nuestra civilización estimula la memoria de pez, quiere que todo lo busquemos en google y que nos olvidemos de las cosas. Es la teoría nefasta que impera en la escuela cuando se tendría que fomentar con frecuencia la memorización de poemas, de textos, de esquemas conceptuales… Pocas veces he visto disfrutar a mis alumnos como cuando se aprendían un poema de memoria y luego lo recitaban delante de sus compañeros. Todo el mundo podía, solo había que quererlo y ahí se dividían los estudiantes. Los que lo aprendían disfrutaban intensamente del placer de recitar algo que se había retenido. Yo procuro ejercitar cada día la memoria. Me doy cuenta de que muchos conocimientos que adquiero no se quedan grabados –es inevitable- y lo siento porque en un momento me han sido importantes. Leo muchos libros y recuerdo poco de ellos. Unas escenas intensas, unos relatos formidables se superponen unos sobre otros y los ocultan en la memoria. Para ello, tomo notas de lo que leo, para poderlo evocar y volver a tener presente. La memoria es una de las cualidades más fascinantes que existe, hay que forzarla cuando todo lleva a que la distendamos y no la utilicemos. La nemotecnia nos ayuda a recordar y a establecer relaciones.

Pienso en el pueblo del Libro, los hebreos, que fueron expulsados de Israel en el siglo I y tuvieron que vagar dispersos por el mundo. Lo único que los unificaba en sus distintos países y los hacía únicos era la memorización del libro, la Torá, que hizo que vagaran dos milenios por el mundo, siendo perseguidos, diezmados y masacrados, pero la fidelidad al libro, su memoria activa, hizo que fueran uno de los pueblos que más genios ha dado a la humanidad en todos los ámbitos a pesar de su número muy reducido. La memoria guardó vivamente su origen y sus principios que no se disolvieron, y la memoria trabajada hizo de acicate intelectual para abordar cualquier parcela del conocimiento cuando se liberaron de un excesivo enclaustramiento mental, y los judíos ya en el siglo XIX y XX destacan abiertamente en todo terreno intelectual o científico.

Una educación sin ejercicio de la memoria tiene malas perspectivas, como estamos viendo. Nuestras vidas sin ese ácido que es la vigorización del recuerdo, de los nombres, de los datos, de las ideas para llevarlos a la memoria son cada vez más pobres. Vivir es recordar, y recordar también es imaginar.

domingo, 19 de abril de 2020

Mañana de lluvia y reflexiones variadas

                                                    David Quammen

Voy a dar cuenta de una mañana de domingo en que la sensación dominante ha sido el tedio bajo una lluvia incesante que bate la cristalera de mi buhardilla mientras yo repaso la prensa internacional en busca de nuevos enfoques que me hagan entender la pandemia y la situación en que estamos. Encuentro un artículo para El Confidencial de Slavoj Zizek que habla de las películas que podrían evocar lo que estamos viviendo. Una de ellas es Cuando el destino nos alcance. En ella, gente mayor, harta de vivir, va a unas instalaciones en recintos públicos en que se disponen a morir placenteramente mediante drogas viendo imágenes idílicas de la naturaleza. ¿Acaso los mayores tendrían que ser sacrificados para superar esta pandemia que afecta en su mayor parte a ellos? No solo, pero sí esencialmente. ¿Acaso toda la economía deba ser paralizada con el sufrimiento que va a suponer para los más jóvenes, especiales víctimas del paro y de la falta de oportunidades que van a venir, para proteger la vida de los más mayores que ya han cumplido su tramo de vida con creces? Es un enfoque darwinista, terriblemente cruel pero no falto de lógica.

Salgo a comprar pan, veo el barrio totalmente desierto bajo la lluvia. No me cruzo a nadie, son imágenes fantasmales de una zona en que los domingos estaba plena de terrazas llenas de vida antes de esto. Sigue lloviendo intensamente. Me pongo a hacer la comida para mi familia. Salmón con verduras. Lo dejo haciendo y sigo revisando prensa digital. Encuentro una entrevista al autor norteamericano de una obra titulada Contagio que será puesta a la venta el 23 de abril. Esta obra es un precedente y un texto de referencia pues anunciaba con antelación una pandemia de origen zoonótico que tendría su origen en los murciélagos cuyo hábitat es cada vez más invadido por la civilización. El autor es David Quammen, divulgador científico  que predijo lo que iba a pasar ante lo cual ningún gobierno se preparó porque nadie sabía si iba a suceder en un año, dos años u ocho, pero era fácilmente predecible. El origen de la pandemia es una corrección de la naturaleza. Los seres humanos somos la especie más extendida y tarde o temprano habrá una corrección de su número. Pongo el libro Contagio en mi lista de deseos para comprarlo en edición digital cuando se ponga a la venta.

Hay tantos enfoques sobre el virus que el lector curioso queda fascinado por lo que está suponiendo en cuanto a complejidad y riqueza para la sociedad del siglo XXI. Nos está enseñando mucho esta crisis que es también una oportunidad de hacer las cosas bien o hacerlas definitivamente mal. Siendo, como soy, profundamente pesimista, auguro un auge del nacionalismo frente a la crisis que va a venir, un auge del populismo, y la continuación de la depredación de la naturaleza. Todo el mundo parece que quiere volver a la normalidad, pero ¿cuál es la normalidad? ¿Volver a como vivíamos antes? ¿Volver a los viajes low cost, que yo frecuenté, para seguir emitiendo gases de efecto invernadero? ¿A la devastación de bosques tropicales que empujan a especies animales a los entornos humanos extendiendo infecciones como la presente que ha detenido el mundo entero?

Es apasionante lo que estamos aprendiendo a todos los niveles. Veo un vídeo de un médico español (Iván Moreno) en plena zona cero del coronavirus en un hospital público que sostiene que en pocas semanas se ha aprendido mucho respecto a los tratamientos farmacológicos del virus, y que cuanto más tiempo pase, más se sabrá. Avala la tesis del confinamiento pero él es médico y se inhibe de la catástrofe económica que va a venir, especialmente a la frágil España y los países del sur. Ya no digamos a países subdesarrollados sin estructuras sanitarias, o también en los campos de refugiados…

No quiero acabar sin hacer referencia al pensador coreano-alemán Byung-chul Han que en su obra La sociedad del cansancio estimaba que las amenazas probables a la humanidad en el presente o el futuro ya no provendrían de virus o bacterias puesto que ya habíamos creado instrumentos de inmunización frente a ellos, unidos a los antibióticos, y estimaba que las amenazas reales serían males como el alzhéimer, la depresión, el TDAH, el TLP o Trastorno límite de la personalidad… Desde luego su predicción resultó totalmente errónea.

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