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miércoles, 18 de marzo de 2020

¿Acaso Gaia no iba a reaccionar?



La crisis actual –inesperada, como un hachazo (hace diez días era todavía impensable)- es un buen gabinete de observación de nosotros mismos y del género humano. Hay muchos blogs que reflexionan sobre lo que está pasando. Los que más me repelen son los que miran con desdén a la gente y desde su altivez miran a la humanidad con espíritu de superioridad. Pienso que cada uno hace lo que puede, unos son listos y otros lo son menos, unos leen y otros no leen, unos aplauden por las noches y otros lo miran como signo del gregarismo. En todo caso, todos estamos enfrentados a una situación desconocida y de perspectivas inciertas pues no sabemos cuándo acabará la cuarentena. No parece que sea dentro de dos semanas. El virus es planetario y no nos hemos inmunizado. Aunque nosotros superáramos el tiempo de aislamiento y disminuyeran los contagios, siempre estaremos expuestos a que vengan turistas, visitantes o inmigrantes, que puedan reavivar la crisis. Pensemos que en el hemisferio sur es todavía verano, se piensa que el pico será cuando allí sea invierno.

Estamos en una balsa la humanidad, todos estamos relacionados y conectados. ¿Cuánto tiempo habremos de vivir con fronteras cerradas? ¿Acaso el virus no ha conseguido lo que los populistas propugnaron como defensa de nuestras sociedades? España recibe cada año a decenas y decenas de millones de turistas, y eso se ha venido abajo. Asimismo, desdichados africanos intentan cruzar el Mediterráneo en busca del Dorado europeo. ¿Qué pasará? Nuestras fronteras están cerradas como la de todos los países de Europa y de la mayoría del mundo. Y nosotros vivimos confinados en nuestros hogares –los que pueden, claro-.

Hoy he salido a comprar y las calles están vacías, varios de los que me he encontrado llevan mascarilla, en las tiendas hay que hacer cola para entrar, todo se ha detenido, empezando por la economía. Tememos que a mi hija pequeña le echen de dependienta de Inditex, las empresas harán regulación de empleo y sueldo y muchos irán al paro que no sé si se podrá pagar.

Es el problema más complejo a los que nos hemos enfrentado desde el final de la Segunda Guerra Mundial porque es una catástrofe planetaria de la que no saldremos indemnes. Nadie lo saldrá. Pienso que todo cambiará a partir de ahora.

Hay quien relaciona esta crisis vírica –lo he leído en The Guardian- con la depredación que realizamos con la naturaleza, la destrucción de ecosistemas donde se esconden virus que salen de la profundidad de la jungla arrasada en organismos de animales que expanden virus letales para los humanos, sean monos, murciélagos u otras especies. ¿Acaso no está en la destrucción de la naturaleza la causa de esto? Nadie dijo que Gaia no fuera a reaccionar. ¿La destrucción ecológica no está en la base de esto? Tendremos que pensar en ello. Me miro y observo a los vecinos, a los seres humanos y los veo estupefactos, atónitos. Todavía no acabamos de creernos esto.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Charly en las duchas de Auschwitz-Birkenau


Charly, se llamaba así, ¿por qué esforzarnos en buscar un nombre más original para un hombre tan del montón? Charly, digo, era un hombre común, un hombre vulgar, sin atributos aunque no había leído a Robert Musil. Charly era un ser al que una antigua novia había enjuiciado como un hombre-veleta, que giraba y daba vueltas según le diera el viento. Un día, Charly leyó que los hombres que se hacían preguntas eran más fuertes que los que no se las hacían, y esto le hizo pensar porque él se hacía preguntas constantemente, pero no concordaba con la imagen de supuesta fortaleza que se atribuía a los hombres dubitativos. Ya le hubiera gustado a él tener algo de consistencia para resistir la vida. Era un milagro que Charly sobreviviera y la explicación plausible es que se vive a pesar de todo, no en función de los valores o aciertos del sujeto. La vida para Charly era confusa y oscura, turbia y dolorosa, pero ni siquiera en esto era original. Ya Pío Baroja había retratado a un antihéroe existencial en su novela El árbol de la ciencia. Andrés Hurtado era un antecedente suyo, mucho más sofisticado e inteligente, pero también él consideraba la vida como esencialmente dolorosa.

Charly se levantaba cada mañana con el temor de iniciar un nuevo día. Hasta que no hacía la cama parecía no quedarse tranquilo. Luego escribía en el ordenador sus preguntas e incertezas en forma de diario, aunque no sabía para qué. Su vida era afortunada en el aspecto económico pero en el lado vivencial era un fantasma, un ser insano y maligno. Así se veía él. No solo era frágil y evanescente sino que se veía como un personaje dañino para la vida y tantas veces había anhelado la muerte… Y no era un problema de ir a un psiquiatra para que lo medicara, Ya había ido y no había obtenido ningún resultado. Él era oscuro y siniestro de raíz, en su propia conformación original. Estaba mal hecho.

Alguna vez se soñó en un campo de exterminio nazi en un barracón de Auschwitz-Birkenau, durmiendo sobre el suelo, devorado por las ratas. Y llegaba el día en que se hacía una selección y él era destinado a las duchas. Como esto lo imaginaba, no le sorprendía e incluso lo veía como algo producto de la justicia poética. No lo lamentaba y además sería algo breve. Solo tendría que quitarse sus harapos a rayas, quedarse desnudo, y pasar a una sala con supuestas duchas. Él sabía que no eran duchas, pero sus compañeros no. Creían que era una medida de higiene. Pero él no, sabía. Dejó su último libro en las perchas en una bolsa de papel  y entró en la sala. Sabía que luego lo incinerarían en un horno crematorio. No lo consideraba impropio sino muy adecuado. Era una forma rápida de morir. Charly entraba hasta con un gesto de orgullo y de altivez, esa que no se permitía en su vida cotidiana. Asumía su destino libremente, eso era algo mucho más de lo que podían hacer los pobres desdichados que habían sido conducidos a Auschwitz sin saber adónde iban… Así que entraba desnudo y contento. Solo serían unos minutos hasta que el Ziklon B hiciera efecto. Sufriría ahogándose pero ¿acaso no era su sino de cada uno de los días? Entró y se cerraron las puertas, todos estaban desnudos. Charlie pensó que había llegado al final de su recorrido absurdo como langosta humana… Entonces sintió por primera vez la idea de aquí y ahora. Este era el momento presente, no tenía ya ninguna pregunta, solo aceptación de su destino, un amor fati,  pese a todo.

Pero Charly despertó un nuevo día, se vio en su cama, miró la hora y se dio cuenta de que era un día más… Se levantó a escribir este sueño… No recordaba el libro que había dejado antes de entrar en las duchas…

jueves, 6 de junio de 2019

¿Existe Dios?




¿Creo en Dios? Probablemente los que lean esto se sonreirán por la ingenuidad de la pregunta en un tiempo que parece indiscutible que los seres humanos no necesitan a Dios para nada y más de ciento cuarenta años que Nietzsche proclamara que Dios ha muerto. La sociedad en general, lo constato, es atea, no sé si en ideología pero sí en la praxis. Vivimos sin dios, intentando crear valores basados en consensos humanos que van variando a lo largo de la historia. Querría creer que nuestra filosofía es el humanismo, esa que pone al ser humano en el centro del mundo como expresó maravillosamente Pico della Mirandola en su Oratio de hominis dignitate. Pero el humanismo tiene sus puntos débiles al considerar que el ser humano es el centro exclusivo de la vida, del sistema, de la naturaleza, cuando dicho predominio absoluto significa la destrucción de bosques y selvas, de especies animales, de mares y océanos. La centralidad de la imagen humana no deja de ser problemática en el uso y abuso que estamos haciendo del planeta, de la naturaleza, de la vida animal. A veces parece que filosofías animistas que consideraban al ser humano como un elemento más de la cadena y no el eje de la misma parecerían más razonables, pero nuestra altivez y soberbia parece que no tiene camino de retorno al equilibrio con la naturaleza. En otras ocasiones se siente una tendencia a la vuelta a modelos religiosos anteriores a la etapa de los monoteísmos que comenzaron con el judaísmo, una época pagana en que existían multitud de dioses antropomórficos o integrados en la naturaleza. El monoteísmo es extremadamente sesgado pero se apropió de la deriva histórica de nuestro mundo. Lejos queda el budismo que no afirma ni niega la existencia de Dios porque no hay ninguna prueba para verificarla así como la de la vida después de la muerte. A mi parecer su punto de vista es harto razonable.

Dios ha sido una necesidad histórica de la humanidad. Todos nuestros pueblos en España y en Europa tienen un edificio singular que se alza hacia el cielo que es alguna iglesia. No se comprendería la historia de nuestro mundo sin esos templos que aportan una visión espiritual a nuestra vida social. ¿Dios ha muerto? ¿Por qué lo hemos sustituido? ¿Por el humanismo? ¿Por centros comerciales o estadios de fútbol o salas de conciertos? Pienso que la ausencia de Dios es también problemática. No hemos sabido con qué sustituirla y el sentimiento de vacío que viene de Dostoievski, Kierkegaard y el existencialismo no lo hemos llenado. Aparentemente Dios no es necesario para nada, pero su lugar vacío clama en la desolación del sentido de la vida y de la comprensión de la muerte. ¿Qué sentido tiene la vida humana abocada sin remisión a la decadencia y a la muerte? Cierto que no necesitamos a Dios para asumir ese destino trágico y doloroso del que evitamos hablar y se nota el terrible tabú ante la muerte a la que se pretende despojar de densidad para hacerla liviana e intrascendente.

Personalmente creo que el universo necesita una explicación que la ciencia es incapaz de dar. Se afirma que Dios ha sido creado por los seres humanos para alumbrar la oscuridad del sentido de la vida o de los desastres de la naturaleza. Dios ha sido inventado por los hombres y no Dios el que nos ha creado a nosotros como afirman las religiones. Lo considero, pero no acabo de cuadrar las piezas. El universo es de una textura y dimensión misteriosa y no comprendemos de él ni una diezbillonésima parte del mismo.

Pienso, como Einstein, en un dios –tal vez dioses- que crearon el mundo y el universo, que diseñaron la vida maravillosamente perfecta y armónica pero que luego se desentendieron de ello. Dios o dioses que están en algún lado pero no tenemos acceso a ellos, están en otra dimensión Los seres del universo –seamos los únicos o no, que no creo- estamos solos, no tenemos acceso a Dios, pero en alguna forma constituimos parte de un diseño enigmático. Dios no está detrás de nuestras desgracias o infortunios. El diálogo con Dios es imposible, probablemente una ilusión fantástica. Pero la deriva del universo forma parte de algún plan. Tal vez Dios nos esté soñando y solo seamos el fruto de su sueño, tal vez una conciencia superior, una raza posthumana nos tiene en esta dimensión planetaria formando parte de una simulación como empezamos a sospechar. Tal vez vivamos en un mundo de sombras proyectadas por las antorchas y estamos aherrojados y condenados a ver solo reflejos…

El ateísmo es poco divertido, no hay nada más árido que un ateo militante que niega misterio a la dimensión que conocemos y quiere reducirlo únicamente a leyes y lo poco que sabe la ciencia. Me resulta mucho más estimulante pensar que hay algo en el sentido del universo que desconocemos por completo, que la muerte puede que sea el final absoluto de un camino o un proceso de iluminación. Dicen que la religión es la mejor literatura inventada, pero podemos invertirlo y pensar que la literatura mejor es la que nos permite imaginar espacios o intuiciones que no han muerto. Probablemente no necesitamos a Dios para nada. Y, como yo creo, Dios está dormido o ajeno a nuestros dramas desde Kolimá a Auschwitz. Mi intuición me dice que de alguna manera nos necesita aunque viva lejos o ajeno a nosotros y no escuche nuestras oraciones. Dios está inacabado, formamos parte de un proceso cuyas claves no conocemos.


martes, 20 de noviembre de 2018

El lector maravillado


Cada día escaneo la prensa digital buscando noticias que despierten mi libido mental. Busco dos vectores, tecnología y cultura, para encontrar asidero en el mundo líquido en que vivimos. Hoy la noticia que me ha alertado trata de la historia de un niño de once años que se aburría en clase lo que le llevaba a crear problemas a los profesores que no lograban encauzar a este alumno díscolo y complicado que es Hao Yu. Sus padres tienen un bar de quintos, menús del día y máquinas tragaperras. Hao Yu es español y sus padres son de origen chino. Pero un día a sus once años descubrió algo que le cambió la vida. Entró en la libreía +Bernat de la calle Buenos Aires de Barcelona y se vio mágicamente rodeado por los libros apilados a miles en estanterías. De pronto, Hao Yu descubrió el sentido de su existencia. Y desde entonces todos los días se pasa varias horas tras la jornada escolar o en el descanso del mediodía, sentado y abstraído leyendo profundamente concentrado en los libros que escoge y que le brinda la librería. En clase era un niño inquieto pero cuando lee se sumerge en la lectura y devora los libros que caen en sus manos. La librera, Montse Serrano, se ha convertido en su segunda madre. Sus padres no entienden nada. Nada hay en ellos que lleve a su hijo a semejante pasión por la lectura. Hao Yu tiene una butaca en la que se sienta cada día en la que pone un cartel con la leyenda de “ocupado”. Lee libros de ciencia ficción y fantasía como los de Brandon Sanderson, o trilogías como El problema de los tres cuerpos de Cixin Liu, o La transparencia del tiempo de Leonardo Padura, literatura compleja y densa en resonancias literarias. Nuestro héroe lleva más de un año acudiendo diariamente a su librería a leer y algunos días intenta ir antes de que abran el negocio mientras está la señora de la limpieza pero se lo han desaconsejado. 

Esta es la noticia y a partir de ahora mi reflexión para intentar entender la mente de un niño de doce años totalmente abducido por la literatura que parece satisfacer las necesidades de su espíritu inquieto. Me pregunto por el efecto que tendrá en su personalidad el viaje por los terrenos de lo literario como pasión fundamental. Sus personajes son seres de ficción, las estructuras que lo conformarán serán esencialmente narrativas, llenas de peripecias en que lo cotidiano se transmuta en extraordinario en esos relatos de alto voltaje dramático. Una vez subsumido en el mundo de lo literario con tanta intensidad ¿cómo podrá relacionarse con la realidad del mundo exterior tan plano, tan convencional? Un comentarista de El País ha escrito que qué vida tan triste la de Hao Yu. Pienso que no entiende. Yo viví algo parecido a mis once años también cuando descubrí los libros, así que intento acercarme por analogía al mundo de este niño que encuentra en la literatura una clave de vida. Descubrí los libros y desde entonces no he podido separarme de ellos. Para mí son más reales los entes de ficción que muchos de carne y hueso con que me encuentro cada día. Veo que mi vida, en realidad, es plana y sin demasiados cambios. Escribo en mi diario digital tomando notas de cada día y repaso mis vivencias de hace años. Yo no he cambiado mucho, llega un momento en la vida en que los cambios son escasos, pero lo que dimensiona profundamente lo que sucedió hace cuarenta, o veinte, o diez o dos años, o hace seis meses no son los hechos externos que me acaecieron, no, lo que da forma a cada estela en el tiempo son los libros que me acompañaron en cada momento. Uno etapas de mi vida a las lecturas que las vertebraron y me llevaron a descubrimientos formidables, iluminaciones en la sombra, lecturas unidas a momentos cenitales, a amores lejanos, a viajes, a experiencias complejas como el zen o el teatro, a ser padre, profesor… La mente no deja nunca de asombrarse: es tan corta la vida y tan inmensa la dimensión literaria… Rastreo internet en busca de nuevos textos, los compro –nunca descargaría fraudulentamente un texto literario, es mi modo de respetarlos-, hallo nuevas claves, amigos me hablan de novelas que desconozco y que me apresuro a investigar, leo un poco de todo, desde ensayos, novelas, biografías, realismo, fantasía, ciencia ficción, poesía… Mi mente se ha conformado acorde a la literatura e intento saber por dónde irá Hao Yu en su devenir como lector. Su mente será diferente, funcionará por analogía. Es posible que a sus compañeros les interese el fútbol o los videojuegos u Operación Triunfo, nada es incompatible con la lectura, pero él tendrá un componente en que vivirán intensamente entes de ficción, dramas e historias, que conformarán un modo de ver las cosas cada vez más insólito en este tiempo. Probablemente se convierta en alguien extraño que vivirá en universos paralelos a la realidad convencional. 

Una vez probada la manzana envenenada de la literatura ya nada vuelve a ser igual que antes. La vida se vive de otro modo y cuesta separar realidad de ficción, teniendo en cuenta que la estructura básica de la realidad –el dinero, la nación, el patriotismo, la historia, el equipo al que sigues, la religión- todo son relatos de ficción que nos conforman profundamente. Todo es ficción. Hao Yu se sumerge en ella gozosamente y soporta la realidad, el bar de sus padres, la escuela, a sus compañeros y a sus profesores como parte de un decorado también ficticio y él pasa hojas recorriendo la biblioteca mágica del mundo ensimismado y solitario. Buen viaje Hao Yu, que sea pleno y lleno de aventuras, todo está en los libros. Serás diferente y te tendrán por raro, pero tú sabes dónde estás y lo que quieres, y entiendes que la vida sin el acicate de la literatura no es mejor ni peor, pero sí netamente otra. 


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