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lunes, 7 de enero de 2019

El espejismo de la libertad


Uno de los pensadores –a mi juicio- más interesantes en la actualidad es el historiador y escritor Yuval Noah Harari, autor de libros cuyas tesis están teniendo un gran impacto en el terreno de la especulación acerca del ser humano y de los peligros que representa la tecnología para este. Ayer El Pais publicó un artículo suyo que extracta lo que sostiene en libros como Homo Deus, Sapiens y 21 lecciones para el siglo XXI. Recomiendo ir a él para leerlo directamente. Lo que voy a hacer es intentar resumir sus principales tesis. 

La primera y fundamental es que el estado actual de la tecnología y su inexorable desarrollo amenazan seriamente cualquier idea que tengamos sobre la libertad humana porque la Inteligencia Artificial y la Bioingeniería en su prodigioso desarrollo son capaces de piratear la mente del ser humano aprovechándose de sus puntos débiles, y, para ello, las mentes más brillantes del planeta están buscando sistemas para rediseñar nuestro cerebro e inducirnos desde productos comerciales a ideologías políticas que se basarán en nuestros sentimientos, miedos y pulsiones más ocultos, pues hoy la tecnología es capaz –y lo será mucho más en breve- de adentrarse en nuestro mundo interior, ese que creemos inaccesible. Pero esa inaccesibilidad es un mito, igual que es un mito la creencia en que existe un libre albedrío que es representado por nuestra libertad de elegir. Yuval Noah Harari pone en cuestión la idea que ha fundamentado la teología católica y al liberalismo: la capacidad de elegir libremente del ser humano. Esta creencia es un mito que nos sirvió cuatrocientos años para enfrenarnos a las tiranías, pero no se sostiene científicamente en un mundo donde la bioquímica y la neurología nos demuestran que lo que consideramos nuestras elecciones libres, nuestros deseos más profundos y lo que llamamos nuestras decisiones están profundamente determinadas por condicionamientos biológicos, emocionales, sociales, genéticos, culturales, nacionales, sexuales, familiares… No elegimos realmente, no podemos elegir nuestros pensamientos -descargas electroquímicas-, se nos imponen sin que podamos hacer nada al respecto. Nuestras decisiones más supuestamente libres son claramente inducidas por muchos factores que no controlamos. Nuestro sistema operativo es esencialmente emocional -y químico- y no podemos elegirlo, y de ahí el poder gigantesco que tendrá quien logre conocernos mejor que nosotros mismos para manipular nuestra conciencia induciéndonos deseos o ideologías políticas que creeremos que hemos elegido. Podrán predecir nuestras decisiones y manipular nuestros sentimientos. 

La principal pregunta que debemos hacernos cuando nos surge una idea o un deseo o necesitamos hacer una elección es preguntarnos quién ha puesto esa idea en nuestra mente. Creemos que nace en nosotros pero la elaborada tecnología es capaz de sugerirnos hábitos de compra, miedos, ideologías políticas basándose en nuestra evidencia emocional. No olvidemos que dos mil millones de seres humanos tienen cuenta en Facebook, no todos la utilizan regularmente, pero hay centenares de millones que sí que lo hacen. Facebook a través de unas docenas de likes nuestros sabe prácticamente todo de nosotros. Son centenares de páginas las que guarda Facebook acerca de lo que sabe de nosotros sin que seamos conscientes. Y a través de este conocimiento, esta red social y otras, se nos presentan alternativas en consonancia a nuestra personalidad, nuestros deseos más ocultos o de nuestros miedos. La información que recibimos es sesgada en base a nuestro perfil. Si tememos a los inmigrantes recibiremos información que respalde ese miedo, si somos nacionalistas, todo lo que recibiremos será para reforzar ese sentimiento, si nos gusta viajar recibiremos información de viajes, si vamos a ser padres, recibiremos información sobre bebés y todos sus complementos. Los grandes dictadores del pasado dominaban a sus ciudadanos mediante el terror –Hitler, Stalin- pero ahora es mucho más sutil. Aquellos no podían personalizar cómo influir a cada ser humano en concreto, utilizaban mecanismos de terror generalizados. Ahora son mucho más sensibles a lo que saben de nuestro mundo íntimo y personal. La libertad, la supuesta libertad individual, se socava desde dentro. Y esto no ha hecho sino empezar. Con el internet de las cosas, y la creciente marea de los big data, se sabrá todo de nosotros, incluido nuestras mediciones biométricas, estados de ánimo, nivel de tensión, de colesterol, de ansiedad, ejercicio diario, hábitos de todo tipo que exigirán las compañías de seguros para extendernos una póliza. Los asistentes personales en el hogar se terminan haciendo una especie de miembro de la familia pero graban todo lo que ocurre en casa para ser utilizado en algún momento. Dependemos tanto de la tecnología que ofrecemos totalmente nuestra intimidad a cambio de servicios que creemos que son gratuitos pero no es así: el producto somos nosotros, conocernos profundamente para lograr manipularnos, hackearnos, piratearnos, sea para vender –hoy todo el mundo está metido en sus compras para las que hay multitud de días y noches al año en que hay descuentos, en sus series y así nos pasamos la vida viendo series, a veces muy buenas, cuyos episodios se suceden automáticamente para tenernos retenidos. Se reclama nuestra atención para tenernos dominados, a su merced. 

Para resistir esto, Yuval propone poner en duda el mito de la teología cristiana, el Humanismo y la Ilustración, el libre albedrío. No somos libres. Es mentira la afirmación política de que el pueblo sabe lo que quiere. No existe la libertad y es bueno saberlo. Nuestro espectro de libertad, si lo pensamos, es bien reducido. Poco podemos en realidad elegir que no sea impuesto o que nos ha llegado por mecanismos o algoritmos que nos condicionan profundamente. El libre albedrío es un espejismo y es bueno saberlo para lograr conocernos mejor a nosotros mismos. Actualmente ¿cuántos seres humanos no están sometidos a ficciones nacionalistas o religiosas o consumistas en lugar de plantearnos qué nos está pasando?, ¿quiénes somos nosotros, adónde nos llevan la Inteligencia Artificial y la bioingeniería? ¿Quiénes somos en realidad? El conócete a ti mismosocrático, según Yuval, es esencial pero para ello debemos ser conscientes de que la libertad humana es un espejismo muy bonito pero absolutamente irreal. El futuro está aquí y no hay mucho tiempo para pensar qué nos va a suceder, ya lo están pensando por nosotros los ingenieros bioinformáticos y los poderes que los sostienen. China y Estados Unidos invierten centenares de miles de millones en investigación sobre la Inteligencia Artificial y los big data, para crear una humanidad que deberíamos pensarla aunque sea como ejercicio de curiosidad. Porque es posible que no nos guste para nada. 

12 comentarios :

  1. Creo que cuando uno tiene una crisis de depresión (la auténtica, no esa tristeza puntual que todos conocemos), es cuando mejor se acerca a la complejidad de la existencia. Tu artículo me ha hecho recordar cuando volvía a casa después de dar a luz a mi segunda hija. Llámalo depresión postparto si quieres, pero no paré de llorar pensando que yo la había traído a este mundo en un sitio concreto, en una familia concreta, en unas circunstancias concretas, y que ella poco podría hacer para escapar de eso. Me atormentaba esa idea, yo ya estaba en la rueda de la jaula, pero tener que observar cómo mi hija repetía el proceso, se me hacía en aquellos días insoportable.
    Después, claro, todo se difumina, la lucha del día a día te insensibiliza, y necesitas creer que aunque el final sea el mismo, puedes elegir tus batallas... hasta que llegó la tecnología, que realmente asusta.
    Hace unos días devolví unos zapatos que compré online. Pues bien, todos los días cuando navego, tengo a mi derecha ofertas de zapatos parecidos, ¡las mismas características, la misma marca! Por no hablar de las rebajas que vienen y del consumismo de los días que se han ido. Esto sin entrar en ideologías.
    No somos libres, estoy de acuerdo, bueno es saberlo para que cada uno se defienda como mejor sepa, porque aquello del corporativismo, de la unión nos hará fuertes, también ha finiquitado, ¿no?
    Así que, como la postura del ermitaño que se aísla de todo no creo que sea inteligente (recordemos que la información es la mejor arma); seamos precavidos ante lo que mostramos, leamos, estemos atentos a lo que sucede y mientras tanto conformémonos con la ilusión de libertad que se nos ofrece cuando, por ejemplo, decido sentarme a leer y comentar tu post, dejando de lado otras tareas que requieren mi atención pero no son tan placenteras, ¡ojalá todo fuera tan fácil!

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    1. Coincido con Yuval en que la libertad es una ilusión de la teología cristiana y del liberalismo, Ello no es necesariamente algo negativo. Pero mejor saber que nuestras opciones, deseos, decisiones, no son fruto exactamente de algo llamado libertad sino de pulsiones de origen complejo. No pasa nada. Has elegido contestar a este post de un modo tan personal e implicado porque algo te ha llamado a ello. Y eso me gusta. Estabas condicionada por algún impulso electroquímico y te ha agradado escribir -se nota que no es por cumplir-. Ser conscientes de que la libertad es un espejismo ofrece un amplio campo a la curiosidad si nos interrogamos cómo y de qué modo son tomadas nuestras decisiones. Somos una especie de algoritmo más o menos complejo que funciona química y eléctricamente. Pero podemos observar lo que pasa en nosotros, cómo tomamos decisiones, hacemos elecciones. Te has sentado a comentar este post y te ha deparado dopamina en el cerebro, igual que a mí escribirlo y contestar comentarios. Nuestra mente propende a los estados de excitación y de positividad que son producto de nuestras emociones primarias. La película Inside out era muy interesante, no era una película simple a pesar de ser de la factoría Disney. Emociones puras, estados de ánimo, dopaminas, endorfinas. La idea de que la unión hace la fuerza que mencionas llevó a la humanidad a muchas revoluciones que luego se revirtieron en contra de los revolucionarios. Tal vez por eso, Lenin cuando le interrogaban acerca de la libertad del comunismo decía con bastante sentido común "Libertad ¿para qué? Muchas gracias por tu comentario, lo he leído con mucho placer y me ha hecho producir endorfinas. Así de fácil.

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  2. También he llegado a esa misma conclusión o parecida. Somo libres, pero dentro de ciertos límites. Por lo que tengo entendido antes de que tomemos la decisión de un acto, a nivel de la consciencia,unos milis segundo antes de que seamos conscientes de, por ejemplo, levantar un brazo, el cerebro ya ha emitido esa orden a los músculo y poco después la consciencia se hace consciente de esta orden de forma que piensa que ha sido la voluntad la que ha tomado la decisión.
    Como bien dices hoy por hoy existe la tecnologia ( y el interés) de en base a nuestra forma de ser diseñar campañas de marketing a la medida de cafda ciudadanos, gracias a la información que nosotros mismos suministramos a través de la redes sociales. Basta con esos datos estimular, el miedo, el odio o la pasión en cada uno de nosotros para que nos comportemos como "ellos" quieren.
    Hce tiempo que dejé de creer en la democracia y en la capacidad del pueblo para tomar decisiones. Esas decisiones se toman a otro nivel y se presentan con las técnicas antes citadas al pueblo jugando a caballo ganador...
    ¡La mentablemente el mundo va muy deprisas y no me puedo bajar!
    Un abrazo
    j

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    1. Yuval Noah Harari, el autor de la reflexión del post, piensa efectivamente que la libertad es un espejismo y yo añado que un espejismo muy complejo e interesante si lo sabemos. El pensador israelí practica meditación dos horas cada día y se pasa dos meses al año en la India practicando meditación vipassana. La tarea de conocernos, saber cómo funcionamos realmente es apasionante. Tú tienes tu propio modo de observación desapasionada, los haikus, en ellos hay una reflexión aguda acerca de algo aparentemente nimio: la luna se refleja en el mar, por ejemplo. Esos haikus te producen un estado de profundidad en tu ser. No eres libre, no soy libre, pero eso no es necesariamente ominoso. Tal vez nuestra idea de libertad era simplemente superficial. Observar nuestra mente mediante la meditación, la escritura, los haikus, nos hace comprendernos mejor.

      Y estoy totalmente de acuerdo en que la democracia es también un espejismo en el que.no creo, ni en la prensa libre -en ella todos son consignas para provocar emociones de tipos diversos-. Ya no digamos las redes sociales. No ser libres no es una condena pero es mejor saberlo y observarlo. No nos podemos bajar del mundo pero sí observarlo y prever el drama que se está produciendo y que se producirá cuando seamos totalmente reducidos a algoritmos manipulables. Escribir en los blogs todavía es una forma de resistir frente a las redes sociales y los mass media. Y sí, la democracia es un bluff.

      Un abrazo.

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  3. Me han recordado estas teorías al Byung-Chul Han, de quien leí un par de libros en los que defendía que la nueva era del capitalismo era la de la autoexplotación y la del sometimiento al Big DAta, capaz de conformar el núcleo duro de nuestra personalidad. Ignoro qué relación puede haber entre ambos, pero sus teorías coinciden bastante. Esta ausencia de libertad tiene mucho de teología: Todo está en Dios, en la famosa Providencia: todo está escrito, y nosotros solo hemos de actualizar ciertas opciones que se revisten con el sagrado manto de la liberad individual que es solo apariencia de libertad. A pesar de los pesares y de la evidencia que supone el control social que padecemos a través del uso de las redes sociales, me resisto a creer que haya ese núcleo duro que aún somos capaces de gobernar. De hecho, la multiplicidad y la diversidad me parece el signo distintivo de la especie humana. Sé que la ingeniería biológica y la computacional pueden llegar a crear lo inimaginable, pero también sé que hya un resorte en mí que solo activo yo o lo que quede del yo que han construido los demás, las empresas, las amistades, la escuela, los amigos, la familia. Que somos carne de relación está claro. Que no somos inmunes a las influencias ajenas, también; pero no me cabe duda de que hay una cierta reciprocidad en ello, y que nosotros también determinamos a los demás. Que todo ello conduzca a un juego perverso, no lo sé, pudiera ser. Ayer vi con mi hija una película turbadora de Black Mirror, Bandersnatch, en la que un programador de videojuegos quiere llevar a la pantalla un novelón fantástico que acaba transformando su vida en un infierno y volviéndolo loco, pero, curiosamente, en lo que él se transforme depende de las opciones que escoja el televidente, a quien se le ofrecen varios caminos a seguir para el desarrollo de la trama, de modo que, algunas elecciones nos vuelven al punto de partida, como en el día de la marmota. Hay opciones como matar al padre o no; como descuartizarlo o no...; como suicidarse uno o que se suicide quien comparte contigo un viaje alucinógeno... Es decir, que se multiplican las posibilidades y el espectador acaba teniendo el control de la vida de ese programador que creía tenerlo sobre el juego de diferentes niveles de realidad que había programado. Me pareció apasionante, porque, en el fondo, se trataba de una reflexión sobre la libertad, como la que tú nos has traído hoy a tu blog, Jose, al que has vuelto con una potencia de reflexión extraordinaria y marcando unos retos que nos sacan de cualquier amodorramiento, la verdad... Uf, me siento agotado y aún no he comenzado a decir nada... Sigo pensando sobre ello...

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    1. A muchos nos gustaría ser el salvaje de Un mundo feliz, alguien que se sale de las normas y los esquemas y lleva su vida al margen del determinismo social que lleva a la felicidad programada. Pero no olvides cómo acaba el salvaje en la novela de Huxley. De todas maneras, no hablamos de los salvajes que siempre los habrá -o creerán serlo-. El otro día hice una caminata de Sitges a Calafell y saliendo de Sitges me encontré un campamento hippy perfectamente pertrechado en el que vivían algunas personas a las que se había permitido vivir en la ficción de no estar encuadradas en la masa. Siempre habrá alguien que sea excéntrico pero no es de eso de lo que hablamos sino de entidades demoscópicas, tendencias, movimientos de opinión que son susceptibles de manipulación intensiva. Ya sabemos lo que pasó con Trump, o el Brexit o la jornada del 1-O en Cataluña. Hay fuerzas que tienen la capacidad de movilizar sentimientos de forma muy potente. Somos esencialmente emociones, nuestros pensamientos tienen como soporte las emociones. ¿Qué es Cataluña o España sino una emoción que se comparte? Y las emociones son susceptibles de ser pirateadas. Nuestros estados de ánimo son dirigidos, reorientados, fortalecidos. Me salí de las redes sociales porque me encontraba en medio de gente que pensaba como yo, que tenía ideas parecidas sobre una y muchas cosas, y eso no lo puedo soportar. Mis primeros adversarios son los que piensan como yo, no quiero que nadie comparta sus puntos de vista que son semejantes a los míos. Eso no quiere decir que me identifique con los contrarios pero me molesta la unanimidad. No quiero tener seguidores que me dan la razón porque piensan igual que yo. Y las redes sociales son mecanismos en que se comparten emociones, no ideas, no te equivoques. La vida es esencialmente emocional y eso lo saben los de las neurociencias, los big data y los hackers rusos. Queremos emociones que nos saquen de la zozobra diaria, del aburrimiento burgués. Y eso es muy peligroso, donde hay una emoción hay una posibilidad de manipulación, salvo que uno se odie a sí mismo lo que es muy terapéutico. Y en cuanto a la libertad. ¿Libertad para qué? ¿Qué libertad tiene el ser humano encuadrado en una entidad psicosocial-familiar-cultural-psicológica? Ninguna, solo el espejismo de la libertad. No decidimos nada que no esté precedido por modelos genéticos anteriores, nada que sea radicalmente nuevo. En un mundo como este, en el que se puede ser razonablemente feliz, ¿por qué interrogarse acerca de muchas cosas? ¿No es mejor dejar pasar, llegar a pactos razonables y vivir en la parte buena del pastel sin hacerse demasiadas preguntas?

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    2. Pues debo de ser un bicho raro, pero España no es para mí ninguna emoción, sino un proyecto colectivo razonable de vida en común basado en una historia y una cultura forjadas a veces incluso con la oposición a ese mismo concepto, ¿por qué no? A los del 98 les angustiaba la pregunta sobre el "ser" de España; a mí me preocupa más el "estar", y de la forma más cómoda posible para la mayor cantidad de gente posible, en España. El artículo que has leído da a entender que los ingenuos -etimológicamente "nacido libre"- somos unos infelices manipulados que, como en Calderón, creemos que vivimos en la realidad en vez de en un sueño programado por ellos, pero hasta donde pueda defenderme con mis propios razonamientos de que mis actos responden a mis decisiones, estén trucadas o no, voy a seguir disfrutando de esa brizna de libertad. No sé por cuánto tiempo, a tenor de los malos augurios del artículo, pero ya se verá... Si hemos resistido al "opio del pueblo", cuyo control sobre la vida y la hacienda de las gentes parecía inexpugnable, ¿por qué no vamos a poder resistir contra los oscuros poderes cibernéticos? ¡En pie, ilusos de la Tierra!

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    3. Reflexiono contigo y a partir de ti. Ayer en Cornellà vi unas pegatinas en las farolas con la bandera de España e inscrita en ellas el escudod del CDEspanyol. la mayoría habían sido arrancada y rasgadas con saña y evidente rabia quedando solo los restos destrozados. Eso es una emoción. Cuando los independentistas llevan a sus cachorros a las manifestaciones y liturgia de la Diada con la estelada blandiéndola a sus cuatro o cinco años, eso es una emoción que no olvidarán nunca. España o Cataluña no son ideas: una idea es una racionalización a la que preexiste una emoción. Lo que sientes sobre España es una racionalización de emociones que percibiste desde tu infancia en tu entorno familiar, pese a que te enfrentaras a este de muchas maneras, pero hay cosas que quedan de la infancia, como los sabores, las emociones que nos impregnan inconscientemente. Ahí la emoción de España como espacio compartido que enriqueciste con tu carrera filológica y tus racionalizaciones de habitante africano y murciano. Si hubieras nacido en Cataluña habría habido una probabilidad mayor de impregnarte de emociones distintas, aunque esto no es matemático, ahí tienes a Boadella o a Borrell. Pero hay una evidente conexión. Muchos catalanes odian España no como idea, esta la desconocen, la odian como emoción, no les gusta esa emoción, les han enseñado a odiarla, les da igual la racionalización que hay después. Ese es el problema político. No luchamos contra ideas sino contra emociones posteriormente racionalizadas, ese es el orden. Y la lucha es imposible porque los argumentos son inútiles. De ahí el peligro de que todo se cifre en el terreno emocional. El 1-O se desataron emociones que llevaron viendo a pobres gentes golpeadas, a mujeres a las que se les rompían los huesos de la mano, a gente sangrando profusamente. Todo era en buena parte ficción pero se difundió por las redes sociales. mostrando la brutalidad asesina de la policía española y los bots rusos multiplicaron mundialmente el impacto visual de imágenes que eran solo fragmentos de la realidad. Y estos fragmentos tuvieron un efecto demoledor esencialmente emocional. A través de las emociones se puede controlar a la gente hábilmente. De ahí el poder de los algoritmos que nos pueden llegar a dominar y nos dominarán. .../...

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    4. Eres más emocional de lo que crees y te consideras. Muchos razonamientos y decisiones tienen un origen no racional sino emocional. Estos son descubrimientos de la neurociencia. Aprendemos a través de emociones. Puede que seas una rara avis y te puedas defender, supongo que habrá muchos que se consideran en un terreno igual que el tuyo. Nadie hay que acepte que es manipulado. Si hiciéramos una encuesta prácticamente nadie asumiría que sufre una manipulación, reconocerlo nos humillaría porque nos haría sentir como peleles sin voluntad y sin capacidad de discernir o de elegir. Pero es mejor empezar a pensar que es posible que nos manipulen, sino a ti, a tus hijos, si no a tus hijos a los hijos del vecino. Porque invasión y manipulación existe de modo cada vez mayor y con sistemas más sofisticados. Yo quiero pensar que estoy libre de ello, pero considero mis condicionamientos que me llevan a sentir como siento y ¿acaso los he elegido yo? Es más susceptible, como dice Yuval, que alguien sea manipulado si no es consciente de ello. Creer como un dogma en el propio raciocinio y la pulsión de creerse libre en las elecciones es peligroso. Si tú puedes eludir el poder de las redes sociales -estás muy presente en Twitter en un entorno muy seleccionado sin voces distintas- mucha gente no puede. Incluso yo que las he abandonado soy manipulado, siento la manipulación cada vez que leo El País digital, El Confidencial, El Mundo, el ABC... Me ofrecen razonamientos impregados de emociones sin que me dé cuenta. Los comentaristas -yo los suelo leer- se enzarzan en enfrentamientos muy agresivos porque predominan en ellos las emociones. El mundo en buena manera en un noventa por ciento es emocional y solo en un diez por ciento es racional. No sé si Kant escaparía a esto. En su ciudad, Konisberg, su estatua ha sido atacada y llenada de pintura por traidor. Él probablemente era racional pero su recuerdo es esencialmente emocional para los habitantes de su cambiante ciudad. Pero acepto que tú escapes a esto, yo no. Y eso me preocupa.

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    5. Estoy muy de acuerdo contigo, Jose, y reconozco las amplias parcelas de mi vida en la que me puede ser inoculada esa falsa sensación de libertad, como cada vez que escoges un destino turístico sobre el que la publicidad te ha machacado día tras día, pero El Roto acierta hoy, como siempre: Cerré mi ordenador cuando advertí que comenzaba a darme ordenes o algo así. Tienes que ver cuanto antes Bandersnatch, en Netflix, un experimento sobre los límites de la libertad frente a decisiones que no siempre están en tu mano. Es literalmente asombroso el juego macabro que le plantean al espectador en esa película de DAvid Slade, que había dirigido algún episodio de Breaking Bad . No me creo racionalista a ultranza, antes bien diría lo contrario, que soy, y es por herencia paterna, un pobre diablo sentimental, pero, sabiendo mi condición esencial, me he agarrado siempre al arte de razonar para evitar ser arrastrado emocionalmente, en la medida en que uno se vuelve juguete de sí mismo si son las emociones las que lo llevan y traen a su antojo. ¿De qué, si no, iba yo a haber votado durante tanto tiempo al antiguo PSC-PSOE en Cataluña, el actual psC? De todos modos, insisto en agarrarme al clavo ardiendo de esa ficción de libre albedrío que aún me noto correr por las venas...
      Por cierto, hoy en El País hay un artículo de Coixet sobre el mismo autor, aunque está a años luz de tu reflexión... y, además, tiene un final propio de la incultura de alguien que haya cursado la LOGSE.

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  4. Querido Joselu, ya te comenté que las personas son plenamente libres cuando dejan el mundo de la vigilia y sueñan. Machado lo tenía muy claro. Para él soñar era vivir. Lo demás, asuntos, cosas, intereses que alguien impone y que uno, fiel a su rebaño, trata de cumplir para no ser rechazado.
    La solución a esto está en no descuidar el mundo de los sueños...

    Un fuerte abrazo

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    1. El sueño es la peor de las cocaínas, por ser la más natural de todas. Así se insinúa en los hábitos con una felicidad que no tienen las otras, probándose sin querer, como un veneno. No duele, no destiñe, no abate —pero el alma que hace uso de él resta sin curación posible, puesto que no hay manera de separarla de su veneno, que es la propia alma.

      Pessoa, Fernando. Libro del desasosiego (Narrativa (baile Del Sol)) (Spanish Edition) (Posición en Kindle435-437). Baile Del Sol. Edición de Kindle.

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