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lunes, 22 de diciembre de 2008

Pureza de líneas.


Esta foto fue tomada en el sur de Portugal, en Albufeira, en el invierno de 1994. Allí nos recluíamos para pasar las navidades alejados de las grandes celebraciones familiares. El Algarve en invierno es una maravilla. Leía El libro del desasosiego de Fernando Pessoa, y me deleitaba con la atmósfera humana y cordial de uno de los países más cálidos y hermosos que se pueden visitar, siempre con ese sentimiento de melancolía que impregna las calles, las fachadas, la música, las conversaciones... Frente a la rapidez del ritmo español, la pausa y humanidad del portugués. Dicen que los portugueses tienen siempre en su interior esa melancolía profunda que les lleva a mirar el mar por donde marchó el rey Sebastiao un día y ya no volvió de una incursión militar.  

domingo, 21 de diciembre de 2008

El encuentro

Durante estas fechas de Navidad, iré publicando algunas fotografías analógicas de mi archivo fotográfico. Las escanearé y las colgaré cada día en el blog a las diez de la noche. Ésta data de 1999 y supone el encuentro entre mi mi hija mayor Clara y Lucía nacida días antes. Su cruce de miradas siempre me ha fascinado. Supieron que a partir de entonces la una estaría ligada a la otra para bien y para mal. El mundo había cambiado inevitablemente y ya no estarían nunca solas para jugar o para discutir como las oigo ahora. Parece decir Clara: Bienvenida, y Lucía le contesta: me alegro de que estés aquí. Espero que me cuides. La tiene en sus brazos con ternura. Un dedo de la madre se ve en primer plano, ayudándola a sostenerla. Esta foto está tomada en el hospital donde nació Lucía con una antigua cámara Canon AT1 manual. 

jueves, 18 de diciembre de 2008

Poesía visual y Navidad



Hoy he ido a ver una exposición de poemas visuales de Chema Madoz. He revisitado sus propuestas limpias y sorprendentes en que el azar y la necesidad están presentes descontextualizando objetos de la vida cotidiana, a modo de metáforas, y llevándolos a una dimensión poética. No pueden ser cosas más sencillas o elementales, pero tratadas con la imaginación se convierten, combinando dos realidades, en algo que nos provoca la admiración, la sorpresa o la sonrisa. No quiero hoy daros la murga. Quería felicitaros la Navidad con estos poemas que me han llenado de maravilla. 


               


                                        

                
                 
                     
       
                                             
                               
                                         


A todos los que me leéis con enorme paciencia y generosidad: Pantagruel, Clares, Paco Ortega, Animal de fondo, Yolanda Bellod, Eloi, Víctor Manuel, Antonio Solano, Lurdes Doménech, Antonio, Cariátides, Gemma, Caperucita azul, Eduideas, Juan Poz, José Luis Capilla, Mari Carmen, Bu, Rodolfo Natiello, Simalme, Meike, Alejandro, Un profe cualquiera, Frikosal, Yolanda Molina, Malo Malísimo, Marcos Cadenato, Lucero, Me encantó bailar contigo, José, el lanzador de botellas, Mundos periféricos, Francisco Machuca, Elena, Ernesto, Eduardo Larequi, Coquinas, Javier Martínez, Yoffy, Ana Lorenzo, Miguel, Antonio Gálvez, Ani Granson, Chema Cereceda, Jorge San Juan, Cora Tusnelda, Sonia, Dilaida, Silvia Porras, Rosa Silverio, Marian, Erikenea, Leonor Quintana, Serenus Zeitbloom, Matilde Martínez, Maritza Bueno, Sorel, Carme, Conchi, anónimos y los que lo seguís en la sombra sin aparecer. Disculpad si me he dejado a alguien. 

Por la poesía y el arte. Por un mundo más fraterno y solidario. Por este fenómeno maravilloso de los blogs pese a lo que piense Javier Marías.  Un saludo muy cordial a todos. Feliz Navidad. 

lunes, 15 de diciembre de 2008

Teatro de sombras


Una de las observaciones fascinantes que existe sobre el universo en que viven los niños, quizás hasta los nueve años, es ver cómo necesitan volver una y otra vez sobre sus películas preferidas y sobre los cuentos que les son contados en múltiples ocasiones sin que ellos parezcan estar saciados de ellos. Lo excitante para ellos no es la novedad sino precisamente el que puedan saber en todo momento qué va a pasar, qué palabras dirá cada personaje, qué imágenes van a aparecer. Son capaces de memorizar con todo detalle diálogos y secuencias de una película o las palabras y fórmulas de un cuento. Necesitan volver a esos territorios encantados docenas de veces sin aparente cansancio.

 Me pregunto qué reflexión hay detrás de esto, y sobre todo cuando estos niños en un momento de su desarrollo cambian de modelo y precisan de secuencias narrativas que se renueven constantemente. Ya no les valen las películas de siempre. Es como si de golpe se hubieran hartado de su universo de la primera infancia y requirieran entrar en el tiempo lineal, el que estuviera en constante evolución y renovación. Me pregunto si en el primer proceso no nos encontramos ante una concepción del tiempo cíclico –el de la infancia: poderoso mundo mágico y de encantamientos- para entrar luego en el tiempo occidental que avanza de atrás hacia delante sin cesar, hacia la muerte tal vez.

 Hace algunos años pasé en dos ocasiones varios meses en el sudeste asiático. Recuerdo haber visto espectáculos teatrales en la isla de Java y en Balí. Las representaciones podían adoptar artes diferentes: el wayang kulit es el teatro de sombras, el wayang golek es el teatro de títeres, y el wayang orang es el interpretado por personas. Pero sea cual sea el método empleado siempre se representa la misma historia, la epopeya del Ramayana en que  la esposa de Rama (Dios y rey) es secuestrada por el demonio Ravana y es llevada a la isla de Lanka. Rama obtiene ayuda de una tribu de monos, liderada por Sugriva y Hanuman,  que construyen un puente a través del mar y liberan a Sita. Siempre era la misma historia. Las representaciones comenzaban al anochecer y duraban toda la noche. El público conocía la historia porque la había visto representada en muchísimas ocasiones Sin embargo, la habilidad del dalang (o artista de sombras) lograba recrear cada vez de un modo diferente la misma historia. Los espectadores reían ante las palabras de los personajes interpretados maravillosamente y con distintas voces cada uno de ellos. El dalang canta o hace las pistas de música de acompañamiento musical provocando la fascinación del público durante diez horas seguidas. En ese tiempo el público ríe, fuma, come o duerme. No hay equivalente en el sentido del teatro que tenemos nosotros que dura una hora y media y habemos de estar callados y quietos sin manifestar nuestras emociones o nuestro cansancio.

 ¿Hay alguna relación entre este tipo de representaciones que reiteran siempre la misma historia y el tiempo de los niños, que pierden en occidente al entrar en una sociedad fundamentalmente utilitaria y carente del sentido mágico, una sociedad productiva y materialista?

 Me pregunto si las adicciones al alcohol y a las drogas de todo tipo no son una expresión de una necesidad de adentrarse de nuevo en el tiempo mágico de la infancia cambiando las coordenadas opresivas de espacio y tiempo que nos aherrojan en una conciencia rígida y carente de espiritualidad.   

 Me pregunto si la poesía y el arte no expresan una necesidad de retornar al universo primigenio de la infancia. Me pregunto si las cantidades ingentes de antidepresivos y ansiolíticos que se consumen en occidente no representan una enfermedad del ánimo que no soporta nuestro tipo de vida en perpetua transformación, sin tiempo para ser, y en el que sólo hay tiempo para producir, acumular, ganar, consumir, y así activar la economía que sólo funciona en un frenético despilfarro sin ninguna dirección y en una perpetua inquietud existencial.

 Me pregunto si el modelo de escuela que estamos viviendo inmersa en esa concepción utilitaria de las enseñanzas, estresante, burocrática, frenética y que intenta adaptarse, sin conseguirlo nunca, a una sociedad en permanente cambio y sin ninguna dirección sino la que marca la evolución del capitalismo puede dar respuestas sólidas a las necesidades íntimas del ser humano o sólo lo hace como instrumento de ese modelo económico depredador y angustioso que va camino de quién sabe dónde. 

viernes, 12 de diciembre de 2008

Bajo la sombra del baobab

Estimados amigos lectores del blog. He creado otro blog titulado Cuadernos de África para recoger mis reflexiones sobre temas africanos. Durante este trimestre varios posts han hecho hincapié en aspectos como el arte, la escuela africana, la situación en el Congo, el sentido de la vida y sus universos mágicos. Surge impetuosa en mí esta necesidad de profundización en lo africano pero Profesor en la secundaria quizás os esté resultando poco ortodoxo por su escaso centrarse en lo pedagógico. Prometo en el segundo trimestre remediar esta propensión a ir más allá de las aulas acercándome, aunque sea de refilón, a la literatura, la filosofía, el arte, África…

 Guardaré en el nuevo blog mis acercamientos a lo africano y si alguno de vosotros quiere acercarse a charlar, seréis bienvenidos. Eso sí, sin prisa. Os invito a tomar un té pausadamente bajo un baobab. El placer mayor de los africanos es la conversación y las relaciones con los demás. El héroe solitario no es africano. El héroe africano siempre es en compañía.

 Gracias por vuestros poemas. Los he leído todos atentamente. Han sido pequeños regalos inmateriales como todo lo más importante en la vida. He disfrutado con la lectura. Algunos los conocía y otros no. No quiero destacar ninguno pero he de reconocer que ha habido varios que me han golpeado interiormente. Algunos han sido extensos y otros han sido extremadamente breves, incluido algún haiku. La poesía tiene esa capacidad de hacernos sentir profundamente. Son intuiciones de algo que se encuentra en el centro de nosotros mismos, en el corazón del misterio. Otras veces revelan el mundo y lo iluminan. Hay pocas cosas comparables a unos buenos versos que perduran en nosotros a través del tiempo. El arte tiene esa extraña cualidad de perdurar y extender sus raíces en el ser.

 Me despido de vosotros con unos versos (los versos finales) de un poema de Léopold Sédar Senghor:

 Pero la piragua volverá a nacer en medio de los nenúfares de espuma,

nadando por encima de la dulzura del bambú, en el amanecer transparente del mundo.


martes, 9 de diciembre de 2008

Poesía y deflación

¡La que nos espera! He leído un post del blog de Marc Vidal sobre la deflación. Os lo recomiendo, aunque no deja de ser un enfoque dentro de la lógica de la economía capitalista. Me gustaría sabe qué piensa el economista alternativo Manfred Max-Neef, premio Nobel alternativo de Economía. 
No sé de economía, pero presiento que no van a venir buenos tiempos. Serán tiempos en que quizás habremos de recurrir a la poesía para capear el temporal y para calentarnos los huesos. Os propongo que juntos hagamos una pequeña antología poética. Os pido, a los que queráis participar, que enviéis vuestros poemas. Poemas que os conmuevan, que os agiten, poemas que os conmocionen u os hagan pensar. Da igual la época del poema aunque preferiría que fueran contemporáneos. Estamos en una crisis de la contemporaneidad. Cómo enfrenta la poesía la crisis del ser, de la historia, del pensamiento... Sin duda la poesía nos aporta humanismo. Deja un poema que te diga algo y explica brevemente por qué. Indica si es posible el libro al que pertenece y el año de publicación. 

Mi elección es el poema de Vicente Gallego, titulado El sueño verdadero perteneciente a su libro Santa deriva (2002) y lo he escogido porque revela mis intuiciones más íntimas sobre lo de que todo lo que vive lo hace muriendo, sin embargo...

En el cenit del día
un derrumbe se escucha silencioso:
es el ínfimo estruendo
de la nube que quiebra su lograda figura
para ser de sí misma sólo un eco en lo alto.
Todo está en su solsticio,
en su plena apariencia mientras el sol lo abrasa.
Y a la herida del hombre su latido le presta
el frágil corazón de la que cree su hora
en la burla del tiempo. 

Todo vive muriendo y, sin embargo,
qué arraigado saberse cierto y hondo
en la misma raíz del desarraigo,
qué morada a cubierto en la brusca intemperie,
qué verdad este sueño
cristalino de agosto. 

viernes, 5 de diciembre de 2008

Universos mágicos

Acostumbro a pasarme por la librería Altaïr de Barcelona. Para los que no la conozcáis os diré que está especializada en viajes y entrar en ella ya es un poco como ponerte a viajar por el mundo. Es un pequeño universo, especialmente el sótano, adonde  voy indefectiblemente  a la sección dedicada a África. Paso allí una hora y media o dos mirando las novedades y especialmente los libros de documentos fotográficos sobre los distintos países y culturas de África. Una vez descubrí un libro fotográfico que me fascinó. Estuve mirándolo casi una hora. Aquellas fotos producían un impacto visual extraordinario, tenían fuerza y magnetismo. Recogía las fotografías que hizo la cineasta alemana Leni Riefenstahl (1902-2003) entre las tribus nuba del Kordofan en Sudán entre los años sesenta y setenta.

La biografía de Leni Riefenstahl está marcada inevitablemente por su relación con el Tercer Reich y haber sido una de las musas de Hitler. Éste le impuso –según el testimonio de la Riefenstahl- la realización de un reportaje sobre el congreso del Partido Nacional Socialista en Nuremberg. Ella realizó una verdadera obra de arte con imágenes que desbordan lo documental y producen una extraña fascinación. Se tituló El triunfo de la voluntad (1934). Posteriormente –una vez acabada la guerra en el periodo de la desnazificación- fue juzgada en diez ocasiones como acusada de propaganda del régimen nazi, pero nunca ningún tribunal llegó a la conclusión definitiva de si lo que había filmado era un documental o era propaganda. En la película no hay voz. En su posterior film Olimpiada (1938) –terriblemente bello también- filmó los juegos olímpicos de Berlín con imágenes que suponen una glorificación de la fuerza y la belleza física de los atletas.

Perseguida, ignorada e incomprendida en Alemania tras la guerra, marchó en los años cincuenta a África. Primero a Kenia buscando a negros atléticos y musculosos. Los masai y los kikuyu le parecieron esbeltos pero no era lo que estaba buscando. Una fotografía de dos guerreros nuba del Sudán le llevó a buscar en otro país. El caso es que descubrió la región montañosa del Kordofán donde habitan docenas de tribus nubas con lenguas totalmente diferentes. Halló un universo maravilloso en donde pasó largas temporadas durante los años sesenta y setenta conviviendo con ellos que la terminaron acogiendo como una más de la tribu. Realizó allí uno de los documentos antropológicos más extraordinarios. Su colección de fotografías de los nuba han dado la vuelta al mundo.

La belleza y la fuerza de los guerreros, que se muestran totalmente desnudos en los poblados, es harto conocida. Son asimismo geniales las pinturas de sus cuerpos, cubiertos primero con polvo blanco y posteriormente decorados con los motivos más vanguardistas que se pudiera imaginar. Alguno ha relacionado estas decoraciones corporales con los dibujos de Picasso. Leni Riefenstahl pasó allí de los años más felices de su vida. Se asombraba de que aquellos guerreros y aquellas muchachas desnudas eran mil veces más felices que sus compatriotas de Alemania sin tener prácticamente nada. Su mitología era de una riqueza fantástica, y todos eran artistas. Los nuba de kau eran además violentos. Sus luchas corporales, entre los diferentes poblados, acababan con la sangre cubriéndoles el cuerpo. Las muchachas luego escogían a los hombres con los que compartirían la noche pasándoles una pierna por encima del hombro.

Hoy día los nuba siguen existiendo pero han perdido el orgullo y la fuerza que los caracterizaba. Se hallan en zona de guerra entre los cristianos del sur de Sudán y los musulmanes de Jartum. Su vida libre y salvaje ha sido reconvertida. Los que quedan ya van totalmente vestidos y sus luchas y combates han perdido la fuerza simbólica que tenían antes. En Jartum los nubas hacen exhibiciones de fuerza para ganarse unas monedas.

Esto me lleva a reflexiones sobre la extraordinaria riqueza que tuvo África en cuanto a estilos de vida autóctonos durante miles de años. Centenares y centenares de tribus conservaban mitologías extraordinariamente complejas y a la vez delicadas. Sin saberlo, eran artistas en sus danzas, en sus luchas, en sus máscaras, en sus modos de organización social, en sus fábulas y cuentos mediante la transmisión oral. Todos presuponían la existencia de lo invisible y la fuerza y realidad de lo espiritual. La peor desgracia que le puede ocurrir a un africano es la pérdida de su alma. Los africanos dicen que los blancos “tienen” cosas y que ellos “son”.

A veces cuando me encuentro en medio de una gran superficie comercial viendo la casi única épica que le está permitida a un hombre de nuestros tiempos, pienso en los nuba, en los masai, en los dogón, en los himba, en los bosquimanos… y me doy cuenta de la terrible prepotencia del hombre blanco cuando entró en el siglo XIX en África. Encontró allí construcciones humanas maravillosamente delicadas pero no supo entenderlas por el espíritu de superioridad con que llegó. Su racionalismo radical le vedaba entender las cosmovisiones mágicas de los africanos y poco a poco los fue destruyendo y aplastando. Cuando oímos de algunos actos atroces de negros africanos en guerras hay que inscribirlos en un proceso complejo de pérdida de identidad frente a la supremacía y poder inmenso del universo occidental. Aún así África se resiste a la deshumanización que le ofrece nuestro mundo.

¡Qué tristeza la pérdida de las culturas aborígenes! Eran de una riqueza maravillosa frente a la cual nuestra vida consumista y depredadora es de una pobreza uniformadora.

En el fondo me hubiera gustado ser africano y caminar desnudo con mis dibujos imaginativos sobre el cuerpo y combatir para que alguna muchacha me escogiera para una noche. No hubiera tenido nada material pero hubiera poseído mi alma.


martes, 2 de diciembre de 2008

Un rincón para la poesía

Ya hace un tiempo hablé de esos momentos entrañables que paso con mi hija pequeña leyendo cuentos por la noche, antes de dormir, los dos tumbados en la cama. Son unos veinte minutos que no cambio por nada. Espero poderlo hacer mucho tiempo más. Tiene, como sabéis, nueve años. Últimamente hemos añadido algo nuevo a nuestro espacio literario: hemos empezado a leer poesía. El diario El País ha comenzado una colección de antologías poéticas que se venden los miércoles. Hasta ahora han salido Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez (como oferta de promoción) y Federico García Lorca. Los próximos son César Vallejo, Rafael Albertí y Pedro Salinas. Para nuestro placer,  cada noche escogemos un poeta y leemos algunos de sus poemas, preferiblemente en versos cortos. Lo leemos un par de veces, una vez yo y otra vez ella. A la noche siguiente volvemos a repetir los poemas de modo que la musicalidad y el ritmo se nos queden prendidos. Anteayer leímos La baladilla de los tres ríos y La aurora de Lorca. De paso me pidió que le contara la historia de Lorca, una historia interesante y dramática. No le oculté nada esencial. Conversamos sobre los chicos a los que les gustan los chicos, hablamos de su amor por Dalí, de la traición de éste (junto a Buñuel)  y la película El perro andaluz, de su viaje a Nueva York y Cuba, hablamos de la Barraca, de su teatro, de su detención y asesinato. Su muerte y la de muchos españoles en ese ominoso conflicto que fue la guerra Civil. Lo más hermoso es volver sobre los poemas. Ayer me pidió leer de nuevo La aurora, ese poema esencial y trágico de Poeta en Nueva York. Releerlo es entrar en sus imágenes surreales pero explícitas y advertir su profundo instinto poético. Me dijo que era muy triste, pero le gustó.

 Otro día leímos a Antonio Machado. Hace tres años estuvimos en su tumba en Collioure. Queremos volver y leer alguno de sus poemas en ese pequeño cementerio costero. También hablamos de su vida, de Leonor, de su tuberculosis, de él como profesor de francés, de las imágenes que tenía tras la muerte de su esposa…, de su camino al exilio, de su muerte.

 Creo que no hay tema que no pueda ser abordado con un niño de nueve años, siempre y cuando los acompañemos y nuestra voz se trence con la suya en la intimidad de esos encuentros mágicos y nocturnos. Se puede hablar de la injusticia del mundo, de poesía, de amor homosexual, de la muerte, de Dios, del tiempo, de la infancia… Todo ello a su nivel, cultivando la sensibilidad y preparándolos para que sean curiosos y generosos.

 Hace dos años pasé un trimestre iniciando mis clases de lengua en la ESO (tercero y cuarto) leyendo durante diez minutos poemas de los principales poetas en lengua castellana. El silencio era total. Les gustaba oír poesía, luego les explicaba algo del poeta y a veces ellos hacían preguntas. Pero tuve que dejar de hacerlo. ¿Sabéis por qué? Tras diez minutos (a veces un cuarto de hora) de escuchar poesía ¿quién se iba a dedicar a hablar de la morfología del  sintagma nominal o a hacer ejercicios léxicos? Estaban sumergidos en un estado de ensueño que no predisponía sino a la contemplación. Pedían más. Algún año dedicaré un buen espacio de tiempo a la lectura y a la creación poética. Es el siguiente paso, aunque tenga que dejar a un lado la sintaxis teórica y hacerla más corpórea y esencial.

 La poesía es necesaria, más en un mundo fuertemente dominado por las imágenes y los cambios vertiginosos. La palabra poética despierta en nosotros otras resonancias y significados. No es un lenguaje elitista para unos pocos. Es alimento para el ser, que hay que desentrañar y dejarse impregnar por él. Con lentitud. "La auténtica naturaleza de las cosas suele estar oculta". Lo dijo Heráclito. La poesía nos acerca a la que debería ser nuestra vocación, la artística, si no como creadores, al menos como oyentes fascinados, recreando esos poemas y haciéndolos vivir en nuestro interior. Ser niños o adultos fascinados, como en África, escuchando las fábulas, canciones o leyendas, recitadas o entonadas por un griot tañendo la kora

Imagen: óleo del pintor iraní Iman Maleki traído a este blog por Conchi

sábado, 29 de noviembre de 2008

Una libreta y un lápiz

Con motivo de mi visita a la exposición fotográfica Ser niño en Burundi, organizada por la UNICEF y la Generalitat de Catalunya, he tenido ocasión de investigar algunos datos sobre ese país, situado en la zona de los Grandes lagos, que limita con Rwanda, Tanzania y la República Democrática del Congo. Sus habitantes son fundamentalmente hutus (85%), tutsis (14%) y batwas (descendientes de los pigmeos) 1%. Burundi es uno de los diez países más pobres del mundo y ha padecido una guerra civil entre 1993 y 1999 entre hutus y tutsis que ha dejado más de 250.000 muertos y centenares de miles de refugiados. Es un país pequeño, parecido a Cataluña en cuanto a extensión. Su población es de 8.390.000 habitantes. Su esperanza de vida es de 51 años. Su tasa de alfabetización el del 51,6. Sus idiomas son el kirundi, el swahili y el francés. La mayoría de la población es católica, aunque recientemente ha entrado el islam que se está extendiendo. La tasa de incidencia del VIH es del 6%. El 50 % de la población tiene menos de quince años. 

 Estos son datos que nos ayudan a hacernos una idea. África existe, y Bujumbura es la capital de Burundi. Me quiero centrar en el tema de la escuela en Burundi como espacio de oportunidades y de convivencia.  No es obligatoria pero sí gratuita desde hace un par de años. Muchos niños, sin embargo, se quedan trabajando en los campos porque no se pueden permitir la asistencia a clase. Los que van a las escuelas a veces tienen que andar una hora o más para llegar. Bastantes niñas después de la jornada escolar tienen que caminar un buen trecho y encargarse de recoger la leña, trabajar el campo y hacer la comida de la casa. 

 Las escuelas son habitáculos pobres donde hay una gran pizarra negra muy desgastada, frente a la que se sientan ochenta o noventa alumnos. No hay asientos y han de sentarse sobre la tierra. Hay muy pocos profesores y existen muy escasos libros. Algunas organizaciones de ayuda a la infancia como UNICEF colaboran para que las escuelas tengan algo de material escolar. Un libro, una libreta, un lápiz son objetos preciosos que son cuidados con esmero.

 La educación es el portal para poder mejorar de vida. Los que asisten lo hacen conscientes de la oportunidad y el privilegio que tienen. A los niños africanos les gusta ir a la escuela. Se sientan en el suelo o en piedras que han llevado con ellos . Siguen atentamente y con extrema concentración las explicaciones del profesor. La escuela también es el espacio donde las etnias enemigas (hutus y tutsis) pueden encontrarse y restañar heridas. También, aunque minoritarios, están los batwas que son los descendientes de cazadores o recolectores de frutos y que son el eslabón más precario de la cadena. Sus familias fueron expulsadas de los grandes parques creados como Virunga o Kahuzi-Biega, Bwindi y Mgahinga. Perdieron su modo tradicional de vida, junto con sus tierras, y son despreciados por las otras etnias. Algunos viven de la mendicidad. Pero en la escuela están empezando a integrarse, gracias a la presión de asociaciones internacionales, y a aprender a leer o a jugar al fútbol con sus compañeros. Una pelota hecha con trapos es suficiente para que estos niños jueguen y sonrían.

 A veces los alumnos no pueden ir a la escuela y tienen que ir a trabajar doce horas recogiendo ladrillos para ayudar a su familia. Una jornada laboral supone una paga de 200 francos burundeses o lo que es lo mismo, 15 céntimos de euro.

 Sus voces son preciosas. La música está en el alma de los africanos. Es costumbre muy arraigada tocar los tambores con unos palotes que llenan de ritmo las noches de Burundi. También les encanta escuchar historias para las que siempre tienen tiempo. Las cuentan los ancianos o las mujeres de la tribu. El mundo es mágico ante los ojos de estos niños. 

 Allí los niños no se sienten aburridos y la adolescencia no es ese periodo llamado aquí la edad del pavo en que durante años se está desnortado, apático o hastiado.  Todo es mucho más urgente y esencial. Un niño sabe que ha de ser útil a su familia y a su etnia. Hay una seriedad y concentración en su semblante que impresiona. No existen las plays ni las nintendos, ni canal Disney pero la vida tiene el sabor de lo incierto y lo único. La escuela es una conquista y un espacio de oportunidades. Ser maestro supone una gran dignidad, más viendo esos rostros totalmente entregados y respetuosos con su saber, aunque su salario  sea muy bajo. 

 Lo más hermoso, la sonrisa en medio de las mayores calamidades y tragedias. También su resistencia frente a la adversidad. Hay quienes piensan que desarrollo y crecimiento económico no están necesariamente ligados. Países pobres pueden tener un alto nivel de riqueza emocional, creativa  y de participación, mientras que países ricos pueden tener graves carencias.  El desarrollo puede ser infinito pero el crecimiento no. 

 "A partir de cierto umbral, el crecimiento económico genera un deterioro de la calidad de vida" (Manfred Max Neef, premio Nobel Alternativo de Economía). 

Pensaré en ello. 

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