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martes, 26 de abril de 2016

Chernóbil como metáfora existencial


Hoy hace treinta años de la catástrofe nuclear más espantosa de la historia. El 26 de abril de 1986 estallaba el reactor 4 de la central de Chernóbil lo que estuvo a punto de provocar una explosión termonuclear que fue evitada por el sacrificio heroico de centenares de miles de liquidadores que se expusieron a niveles de radiación inimaginables, lo que llevó a que miles de ellos murieran o quedaran gravemente afectados. La ciudad de Pripiat a tres kilómetros de la central fue desalojada y sus habitantes jamás pudieron volver a ella. Se creó un círculo de protección de treinta kilómetros que continúa todavía. La noticia tardó unos días en llegar a occidente pues la URSS censuró todo tipo de noticias al respecto. Aquella fue la catástrofe de origen técnico más grave de la historia de la humanidad. Chernóbil está en Ucrania pero los efectos devastaron a la vecina república de Bielorrusia, patria de Svetlana Alekxievich que publicó en 1997 un libro estremecedor, Voces de Chernóbil, que recomiendo vivamente porque aquello no es algo que deba ser olvidado.

Era la era Gorbachov y su política de apertura de la URSS. Esta catástrofe, junto a las graves consecuencias de la intervención en Afghanistán, supusieron el final de la URSS como estado soviético.

Rememoro aquellos días de abril de 1986 y no recuerdo que tuviera clara idea de la dimensión de la catástrofe que estaba teniendo lugar. Ha sido leyendo el libro de la Premio Nobel Alekxievich cuando he sido consciente de aquello. Fue el final de una era. El homo sovieticus, producto de la educación socialista de la URSS, se enfrentó con una altísima dosis de sacrificio de su vida por los demás, a aquello que fue peor que una guerra. Miles y miles de liquidadores (soldados, trabajadores, pilotos) se ofrecieron para intentar apagar aquello y construir un sarcófago para el reactor.  Todos los que estuvieron en Chernóbil y sobrevivieron – miles y miles murieron abrasados- fueron estigmatizados y quedaron marginados y aislados. Aquellos hombres eran héroes y recibieron medallas pero no eran buenos para tener hijos. Los árboles se pusieron rojos por la radiación, luego pasaron al naranja. Los niños aprendieron que todo estaba contaminado. Que no debían tocar la yerba, las flores, los árboles. A aquellos niños que vivieron aquello se les acabó la niñez de repente. Ya jamás rieron. Hubo centenares de miles de abortos, el análisis de tiroides arrojó niveles de radiación 300 veces superiores a lo normal. A las ancianas les salió leche de los pechos, radiactiva, claro está. La radiación se transmitió genéticamente y aquellas madres pasarán dicha carga a sus potenciales hijos.  La edad media de los bielorrusos descendió a cincuenta años. Desaparecieron los pájaros. Hoy día la naturaleza en torno a Chernóbil es hermosa, radiante en primavera, pero todo está contaminado por centenares de miles de años.

El comunismo saltó por los aires. La vida soviética se había acabado. Los rusos aprendieron a decir “yo” en lugar del “nosotros”. Se había terminado un sistema de valores colectivo del que muchos se sentían orgullosos. El estado mintió y no protegió a sus ciudadanos. La central había sido construida con apresuramiento, sin ninguna calidad, y en ella no había ni un físico nuclear pero sí numerosos comisarios políticos. Fue la crisis de un modo de vida. Los burócratas soviéticos creyeron que podrían controlar la reacción en cadena del reactor, que obedecería sus órdenes. En algún sentido fue peor que la guerra, pues en esta, se sabe dónde está el enemigo. Se puede entender, pero aquello no. Nadie estaba preparado para lo que pasó.

Chernóbil fue una metáfora existencial, un símbolo de la impotencia del ser humano frente una catástrofe incontrolable. Parece un tema de una novela de Dostoievski. El alma rusa tiene una clara inclinación a lo trágico y allí se evidenció, en tal como lo vivieron los habitantes de la URSS. Filosofando frente al reactor.

Luego solo quedó el silencio.

Se buscaba al enemigo, pero no estaba. El comunismo se acabó. Y empezó una salvaje transición al capitalismo que derruyó trágicamente el espíritu colectivo que se había enfrentado a Chernóbil. La era soviética se había acabado.

Este año no, pero en 2017 quiero ir a visitar aquello. Quiero conocer directamente el escenario de la central. He sido tibio respecto a mis opiniones sobre la energía nuclear. Pero tras Chernóbil y Fukushima, los seres humanos tienen derecho a saber a qué se enfrentan. En los días de la catástrofe se emitieron a la atmósfera 100 veces más elementos radiactivos que en las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.


28 comentarios :

  1. Esperaremos tu recuento, entonces, del desastre. Ya sabes que quedé igualmente horrorizado cuando leímos la narrativa de Alexievich. Lo que he visto anticipado sobre el documental que sale hoy sobre el tema indica que la naturaleza se está adaptando bien, pero de seguro tomará más cerrar esa cicatriz en la historia humana.

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    1. He visto con sorpresa el vídeo sobre la recuperación extraordinaria de la fauna de la zona de exclusión de treinta kilómetros. También he visto un vídeo sobre las babuskhas, mujeres que se quedaron en la zona y que no se quisieron ir porque la tierra es la tierra. Viven allí orgullosas. Son cosas que me alucinan y que no puedo entender. ¿Querrá decir que los organismos se pueden adaptar a la radiación y vivir sin problemas? No tengo respuestas.

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  2. Y a pesar de ello, el programa nuclear sigue adelante con la construcción de nuevas centrales. ¿Acaso no aprendemos? ¿Dónde está la apuesta por las energías renovables? Mientras no exista una solución definitiva sobre qué hacer con los residuos nucleares (no parece que la vaya a haber, al menos a medio plazo) no estaremos exentos de peligros.
    Interesantísimo artículo.
    Saludos.

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    1. Lo sorprendente -para mí- es que Bielorrusia, principal perjudicada por la tragedia de Chernóbil está construyendo su primera central nuclear con asesoramiento y tecnología rusa. No hay que olvidar que la central estaba en Ucrania pero la radiación afectó más a Bielorrusia.

      Yo lo único que recuerdo de hace treinta años es que las noticias llegaban como de algo distante y que se nos recomendaba tomar sal iodada para combatir la posible radiactividad.

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  3. No sé si fue Chernóbil el final de una era como afirmas o el síntoma del comienzo de otra, que, aunque parezca lo mismo, no lo es. De todas las maneras, bienvenido a la preocupación por los efectos que tuvo aquella catástrofe. Yo sí recuerdo el impacto que me causó y mi participación en agrupaciones en las que se denunciaba el mal uso de la energía nuclear que nos venden tan interesadamente como la única que puede dar salida a la cuestión energética. Se habla mucho del control que ejercen las grandes petroleras. Nuestra época se escribirá -me temo- en los balances de las industrias energéticas y en las puertas giratorias de la política.

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    1. No puedo sino darte la razón en tus observaciones.

      Saludos.

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  4. Yo también me acuerdo; curiosamente hace poco hicieron un programa en TV3 sobre las abuelas irreductibles, que a pesar de los pesares quieren seguir viviendo en "su" tierra
    http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/30-minuts/les-avies-de-txernobil/video/5596813/

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    1. He visto un vídeo sobre las abuelas que mencionas. Parece que viven en perímetro de treinta kilómetros de seguridad. Esto y la multiplicación de la fauna me ha sorprendido y no sé cómo encajarlo.

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  5. La gestión de la crisis después de la explosión fue muy soviética, como la describe Alexiévich. Pero dudo que los rusos cambiasen del nosotros a yo, como consecuencia. El suyo es un triste ejemplo de una recurrente amnesia colectiva, como demuestra su historia y su realidad bajo el mando del zar Vladímir.

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    1. Lo cierto es que no conozco la realidad rusa, más allá de las noticias que todos oímos. Sigo en el post la argumentación de Svetlana Alekxievich en "Voces de Chernóbil". En todo caso, el cambio que supuso el tomar conciencia de que el Partido les estaba engañando, que no era omnipotente, que la tragedia estaba siendo ocultada, provocó un cambio de mentalidad cuando se supo la realidad de lo que pasaba allí. Sin embargo, desconozco la realidad el zar Putin en la actualidad más allá de lo que llega a la prensa.

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  6. Parece que la capacidad de recuperación y resistencia de la naturaleza es muy superior a la de tantos ilusos que la pisotean. Me alegra lo que escuché en su día sobre la recuperación.
    Pendientes de noticias fehacientes si haces ese viaje.

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    1. Mi intención es ir en octubre de 2017, así que falta mucho todavía. Seguro que no podré aportar mucho más que lo que se está sabiendo estos días, pero me gustará verlo de primera mano.

      La recuperación de la naturaleza y la fauna es espectacular, pero la radiactividad sigue elevadísima, lo que plantea preguntas sobre cómo se han podido adaptar tan bien los animales a ese entorno contaminado. Creo que los alimentos que se consumen cerca de los hechos, aunque fuera del área de exclusión, están todos afectados y eso supone un incremento tremendo de los casos de cáncer. Las cifras son muy dispares en cuanto al número de víctimas directas e indirectas, pero sin duda deben ser elevadísimas, mucho más de lo que suponemos y hemos sabido.

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  7. Como siempre, abriendo caminos en mi más que deficiente educación. Buscaré el libro de la premio nobel, no he leído nada sobre el tema, simplemente tengo los recuerdos de aquella época.

    Coincido con Agnieszka en que no creo que "el comunismo saltara por los aires" a raíz de Chernóbil, harían falta muchos más detonantes para consecuencias como esa.

    Veo que tú también tienes "sitios que pisar", sueños que hacer realidad. Será un placer ver cómo los cumples... ¡y yo que lo vea escrito, que diría mi abuela!

    Un abrazo, amigo.

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    1. No fue solo ese hecho, claro está. También estaba la Perestroika y la guerra de Afganistán, la tormenta perfecta, unida al desastre de Chernóbil que tuvo una dimensión bíblica para la URSS. También a mí me ha sorprendido conocerlo pues solo tenía los recuerdoso desvaídos de hace treinta años, pero el libro de la Alekxievich, extraordinario en todos sentidos, me ha hecho comprender qué pasó allí y que yo ignoraba.

      ¿Ves? Tú has ido a Mathaussen. Yo quiero ir a Chernóbil. Restos del horror a los que no se puede ir sin una actitud de recogimiento por lo que hay detrás.

      Un abrazo.

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  8. Quizá sucede que la naturaleza se propaga por centenares, miles de nuevos 'individuos', todas las semillas, esporas que caen a tierra año tras año, y de esos alguno encuentra en ese terreno condiciones óptimas para prosperar... Esa proliferación continua, de rotación muy rápida, al contrario que la nuestra, puede ser muy adaptativa... No sé, yo vivo al lado de una zona de alta contaminación industrial, y también me sorprende que no esté todo quemado... Ojalá puedas contarnos.

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    1. Las imágenes de la regeneración biológica de la zona me sumen en el desconcierto. ¡Qué contraste entre esa belleza y estallido de la vida y la realidad que hay detrás! En algún sitio he oído que la vida sin el depredador que es el ser humano, surge vigorosa y potente. Me imagino qué sucedería si algún día, por una catástrofe o guerra, la humanidad desapareciera... Sin duda, la vida resurgiría tras un periodo de adaptación a las circunstancias.

      La intención la tengo. A ver cómo se organizan las cosas.

      Un cordial saludo.

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  9. Hace treinta años yo no había nacido, pero conozco bien el tema de Chernóbil y el funcionamiento de las centrales nucleares.
    El accidente de Chernóbil fue tan catastrófico porque hubo una sucesión de errores desde la misma construcción de la central hasta después del accidente. La política de aquel momento y probablemente el desconocimiento de lo que podía suponer un accidente nuclear llevaron a los ingenieros y a los responsables de aquello a tomar decisiones que fueron nefastas.
    Actualmente las centrales nucleares cumplen unas normas de seguridad muy estrictas y es gente muy formada la que las controla. Quiero creer que no es posible que se repita un accidente de estas magnitudes.
    Si no recuerdo mal, la nube radioactiva dio la vuelta a La Tierra tres veces, a lo largo de los sucesivos día; todos los países fueron detectando el aumento de radioactividad. Cuando supieron el origen de la nube el gobierno soviético aún respondía con evasivas.
    Las imágenes de la ciudad de Prypiat desprenden soledad y silencio. Es verdad que la vegetación ha ido recuperando el terreno y seguramente en primavera y verano sea vea un paisaje hermoso
    y lleno de color, pero todo está envenenado. Es casi macabro.

    Entiendo que te hayan entrado ganas de visitar Chernóbil, es algo que a mí también me gustaría hacer. Dos de mis mejores amigas son Ucranianas y espero que me acompañen a conocer el país algún día.


    Un saludo.

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    1. Svetlana Aleksievich ironiza sobre el turismo que va a la zona a ver in situ el escenario de la catástrofe convertida en una especie de parque temático de lo macabro, como bien dices. Sin embargo, siento deseos de saber más, de recorrer aquello, de ver Priapat, ya tan fotografiado en toda la prensa mundial. Espero que algún día podamos compartir impresiones de este viaje si tú vas y yo también.

      Un cordial saludo.

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  10. Hoy escuchaba por radio que los índices de radiación en la zona son aún muy elevados, y que el número de víctimas fatales es ciertamente incierto, ya que es casi imposible verificar si las muertes causadas por ciertos tipos de cáncer, por ejemplo, son producto de la radiación a la cual están expuestas las personas o a algún otro factor. Tremendo hecho en nuestra historia, que pone todos los pelos de punta, y oportuna tu metáfora existencial, Joselu.

    Un abrazo.

    Fer

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    1. Así es, Maria Paz. La lectura del libro de Svetlana Alekxievich es demoledora. Todos los que lo leímos para el club de lectura terminamos tocados. Yo no tenía ni idea de la dimensión de lo que había pasado allí a corto, medio y largo plazo. Algunas imágenes quedarán grabadas para siempre en mi mente.

      Un abrazo.

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  11. Tengo muy presente en mi vida la gran catástrofe desde que leí "Voces de Chernóbil" con vosotros. He visto el documental sobre la vida animal y vegetal en la zona afectada y me ha llamado mucho la atención la fuerza de la naturaleza. Ella va regenerando lo que la especie humana va destruyendo y no nos lo merecemos. Cuantos más años vivo menos creo en la raza humana. Mañana voy a una charla sobre Idomeni que dan unas voluntarias que acaban de volver allí. También el tema de los refugiados me tiene frita y voy a ver que granito de arena puedo aportar.


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    1. Gracias, Lola, por tu comentario. Fue una tertulia muy intensa la que vivimos en torno a este libro que abrió para mí un relato que desconocía en su horror, aunque lo hubiera vivido en su tiempo. A mí también me cuesta creer en los seres humanos, Lola, como especie y como ser pensante. Algún día me gustaría tener un perro para comprobar efectivamente que son mejores que nosotros. Al menos la fauna de la zona se ha reproducido con radioactividad pero sin la presencia humana. ¿Seremos peores que ella?

      Si puedes, cuéntanos algo sobre tu experiencia en la charla sobre Idomeni.

      Un abrazo, muy fuerte, Lola.

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  12. " El estado mintió y no protegió a sus ciudadanos. La central había sido construida con apresuramiento, sin ninguna calidad, y en ella no había ni un físico nuclear pero sí numerosos comisarios políticos. Fue la crisis de un modo de vida."
    ¿Es, por tanto, el comunismo el culpable de la catástrofe de Chernobyl?
    Por tus palabras casi lo parece y yo que ni soy ni he sido nunca comunista me sorprende esa asociación que haces.
    Al parecer Hiroshima, Nagasaki, las pruebas en Los Alamos, las bombas en el atolón de las Bikini -de ahí deriva el nombre de la prenda-, la catástrofe de Harrisburg y hace tan solo unos años de nada lo de Fukishima, no retrata las miserias de un régimen que pone los intereses económicos por encima de los de las personas. El "hombre capitalista" es más aceptable, más sano, más lógico y razonable que el soviético quizás porque no tiene un premio Nobel que lo escriba, como el coronel de García Márquez.

    Saludos

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    1. Krapp, en mi comentario he seguido la línea argumental de Svetlana Alekxievich en el libro mencionado y estas son sus reflexiones. Te recomiendo vivamente el libro. Podría ayudarte a entender el porqué de esta línea de pensamiento que asocia la catástrofe de Chernóbil y el intento de ocultamiento a todo el mundo y en especial a los soviéticos una de las causas coadyuvantes a la crisis de su modelo. Son los años de la Perestroika, como bien recuerdas. Esto se le cayó a Gorbachov encima.

      Pero intuyo que no conoces bien la gravedad de lo que pasó en Chernóbil. A mí me pasaba lo mismo. Ha sido leyendo el libro de Alekxievich cuando he podido ser mínimamente consciente de lo que pasó allí, no parangonable, en tiempo de paz, a ninguna otra catástrofe. Ni punto de comparación con Harrisbourg o Fukushima.

      Un cordial saludo.

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    2. Te ruego encarecidamente que no me digas lo que sé o dejo de saber. Apoyé la campaña de Greenpeace contra los residuos radioactivos en el Atlántico y he leído y visto suficientes documentales como para saber lo que ocurrió en Chernobyl.

      Por eso te digo que nosotros también somos víctimas de lo que ocurrió allí. Quizás no de la forma espantosa que se vivió en aquel lugar pero sí de una forma indirecta ya que la radiación y la contaminación también nos afectó a nosotros a través del aire y la cadena alimentaria.

      Las autoridades europeas, las liberales y democráticas autoridades europeas, nos hurtaron la información sobre el accidente para seguir defendiendo el uso y abuso de la energía nuclear y solo el desastre de Fukushima le hizo replantearse en parte la cuestión.
      En los países nórdicos y centroeuropeos, el aumento de la tasa de cánceres ha sido de un crecimiento exponencial como se confirman en varios informes internacionales como los de la OMS o de Greenpeace.

      Me interesa Svetlana Alekxievich como escritora pero ya sé que clase de miserable mundo me ha tocado vivir y sé como se desarrolló aquello que nos vendieron como panacea universal llamada la energía nuclear.

      Saludos

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    3. Mis disculpas por mi observación sobre lo que sabes o dejas de saber. Sin embargo, insisto en el valor de libro porque no es ella la que habla en la inmensa mayor parte del libro sino que son centenares, miles de voces, las que allí aparecen y uno se estremece al leerlo. Las cifras, los documentales, son relatos más o menos objetivos, pero cuando lees directamente el testimonio de hombres, mujeres y niños que vivieron aquello, es otra cosa. Este tipo de periodismo es el que ha sido premiado. No es un ensayo sobre Chernóbyl, es algo muy diferente. Podría aplicarse a cualquier otro conflicto del mundo.

      En cuanto al desastre de Chernóbyl y sus efectos en Bielorrusia, me alucina que esté construyéndose una central nuclear en este país con tecnología rusa.

      Saludos.

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  13. Tengo el libro en la cola de mi mesilla de noche. Tras leer este post creo que lo adelantaré en la fila. Para que cuando tú vayas allí y nos cuentes lo que has visto y lo que has sentido tenga más piezas para construir el puzle. Gracias, pues, por cambiar mis itinerarios de lectura.

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    1. Las primeras páginas del libro ya te dejan totalmente absorbido y enganchado por la fuerza dramática que tienen. Es una historia brutal. Luego el libro se remansa, pero de nuevo adquiere una potencia narrativa mediante esas voces de Chernóbil que atrapa totalmente. Es un libro que no se olvida fácilmente.

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