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miércoles, 16 de octubre de 2019

Propuesta de proyecto de inducción a la lectura para un instituto del área metropolitana de Barcelona.




La primera premisa que has de conocer, alumno crédulo, es que te dicen que leer es muy bueno para tu formación, tu moralidad y cultura, pero desde aquí se te niega la mayor. Los libros que lees en general son una mierda, no son auténtica literatura. Los profesores para hacerte lector te ofrecemos productos de aluvión que pretenden moldearte psicológica, moral y socialmente para que estés del lado del poder. El poder quiere individuos sumisos, no de fuerte personalidad, quiere que seas obediente a las consignas vacías que lanzan sus líderes, que te movilices cuando ellos – o sus organizaciones aparentemente populares- te lo ordenan, y así serás combativo de la manera que ellos quieren.

Al poder no le interesa para nada la auténtica literatura, y a decir verdad, a ti tampoco. Estás descubriendo que te gusta el gregarismo, ser igual que los demás, sentir igual que ellos, vestirte como ellos y publicar tus fotos en Instagram igual que todos.

Te han contado que si lees –los libros que ellos quieren que leas para moldearte a su gusto- te divertirás mucho, que leer es muy divertido, que correrás muchas aventuras sin moverte de tu silla, y así cada día te concederán veinte minutos de clase para que leas. Pero ¿acaso leer es divertido, necesariamente divertido? ¿La diversión es el criterio rector para la lectura? Solo de pensarlo me enervo. La diversión es superficial y epidérmica, pasajera. Los verdaderos libros son los que te desafían aun a riesgo de no gustarte nada, los verdaderos libros son exigentes no complacientes, los verdaderos libros son los que te cambian de arriba abajo y que desmontan tus certezas. Tú dirás que por qué los profesores de lengua recomiendan malos libros. Primero habría que preguntarse si esos políticos que obligan a que leas imperativamente veinte minutos son verdaderamente lectores pero más bien pienso que los políticos no son lectores, y lo son poco los responsables de los departamentos de educación, y dudo mucho que los profesores que tienes lo sean de verdad saliéndose de los libros fáciles y acomodaticios.

La experiencia lectora es compleja y no sencilla. Te pasas toda la vida intentando entenderla y viene un autor y te la desmonta y tienes que volver a empezar sin apenas puntos de referencia. ¿Es eso lo que queremos? ¿No queremos más bien que vengan escritores a demostrarnos que tenemos razón y que estamos en lo cierto? ¿No queremos que nos diviertan sin ningún riesgo, como una serie más de adolescentes en que aparentemente pasan muchas cosas, pero en realidad no ha pasado nada? ¿Qué es pasar algo, entonces, me dirás? Notas que pasa algo cuando sientes que el suelo se volatiliza bajo tus pies y te sientes al borde de un abismo y has de reaccionar. Un buen libro es un hacha para desbrozar el camino en medio de la selva espesa y la oscuridad. Un buen libro no te da certezas, más bien nuevas inquietudes, no se rinde a lo fácil, te hace pensar, es una cadena en la secuencia de la inteligencia de la humanidad que viene desde los griegos, tal vez antes. Un buen libro es tan oscuro como luminoso. No te viene a consolar para decirte que todo está bien, que confíes en tus sentimientos; no, te deja solo y sientes aprensión, inquietud, perplejidad…

Los dirigentes políticos, las redes sociales –esa manera tan burda de amaestrar a las sociedades-, las grandes empresas tecnológicas han diseñado un hombre para el futuro, un ser tan inane como superficial al que hay que contentarle constantemente mediante likes que sostengan su escasa credibilidad en sí mismo. Y ese, querido alumno, eres tú. Ese que odia la lectura, al que le cuesta mantener la atención, que no ve más allá de la pantalla de su móvil, que se mueve adonde le mandan aunque se crea muy personal, ese al que le han dicho que la rebeldía es ver series e ir a manifestaciones gregarias, ese al que le gusta que le complazcan y que le adulen permanentemente, ese que cree tener muchos amigos y contactos, ese que no quiere riesgos intelectuales que le lleven a sentirse inerme y solo. Ese eres tú, y la mayoría de tus profesores. Queremos tranquilidad, estabilidad, que nadie nos asuste con cosas que no tienen solución como el cambio climático o la desaparición de los corales y los bosques. Te hacen creer que las patrias son más importantes que eso y te movilizan y tú, como un borrego, asientes para librarte de clase. La literatura no es eso. La literatura es un sentimiento de desamparo radicalmente individual…

Es por eso que te recomiendo que no leas auténtica literatura. Leer es demasiado arriesgado para tu frágil psique, no es cómodo y además te gusta estar donde está la gente, y que te den likes, y parecer sexy y demostrar que tu vida es maravillosa y que estás integrado en el grupo. La literatura es un camino solitario. No te la recomiendo. Puedes hacer como que lees en esos veinte minutos o dedicarte a perder el tiempo leyendo esas obritas simples y facilonas que te damos los profesores para no asustarte y halagar tus ganas de diversión.

Si hubiera algún auténtico salvaje, temerario y loco, que empiece con Bartleby el escribiente de Herman Melville, ahí tenéis un libro verdaderamente literario, tan lleno de incógnitas que no sabréis que pensar ante un personaje como él, pero no os lo recomiendo porque tal vez os asustéis y hasta penséis que no pasa nada como si tuviera que pasar algo para que pase en realidad.  

26 comentarios :

  1. Llamadme Ismael.. Así empieza una obra que me gusto mucho, (cosa por otra parte lógica en una persona de Burgos, lugar marítimo por excelencia). Llamadme Ismael, simple, llano y directo, como si nos estuviera hablando a los ojos mientras nos cuenta una historia tomando una cerveza en la barra de un bar, dan ganas de contestar: "A mi me llaman Dani"...como hago siempre que me presento y darle la mano...
    No conozco a Bartleby, pero conozco a Ismael, que debía, por lo menos, ser amigo suyo y con el que seguramente compartió, barras de bar, experiencias, escritorio, sueños e ilusiones...
    La verdad es que no se porque dices que la Literatura es un camino solitario cuando puedes compartir muchas horas con gente fascinante, con marinos, detectives, coleccionistas de libros (es uno que estoy leyendo ahora), guerreros medievales, Alejandro Magno, Cayo Mario, Julio Cesar, Guillermo de Baskerville, puedes ver a Daniel "El Mochuelo" o escuchar al Señor Cayo, (que sin haber leído un libro en su existencia era un sabio de la Vida)... No Joselu, no es un camino solitario, no lo es por lo menos para mi..

    A mi el colmo de la soledad me parece que es tener que arrimarte a un grupo porque solo no sabes ir a ningún sitio, tal vez porque ni siquiera sabes quien eres ni a donde quieres ir, eso si es soledad. muy amarga y muy triste...La verdad es que yo, que viajado mucho solo y actualmente vivo solo, nunca me he sentido solo...
    Como es trabajo de los que dirigen los estados dedicarse más a hacer carreteras, puentes, trenes, hospitales, escuelas y demás cosas importantes, que aleccionar, instruir en lo "suyo", sermonear, adoctrinar, censurar, pontificar, apostolar y demás sandeces. Que no nos den peces que no pedimos, pero a cambio que dejen los ríos con aguas limpias donde todos podamos pescar.

    P.D. Y desde luego que soy un tío sexy, lo que pasa es que me duele, vienen las mujeres solo para el sexo y no hay romanticismo; hazme tuya, me dicen. y esas cosas... ni una rosa, ni un cariñito, solo sexo... es duro, pero lo soporto estoicamente, alguien tiene que hacer estos trabajos...

    Un saludo

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    1. Me has hecho reír, Dani, te ha salido un agudo sentido del humor en este comentario que es de los que gustan. Efectivamente, un buen lector no está solo, es un camino en que se está solo, pero no se está solo. Es una paradoja. El lector tiene que apartarse de la masa -eso es lo que quería decir- para hacer otros amigos diferentes, pero tan reales o más que los de la vida real. Ese Ismael, ese Bartleby, ese Raskolnikov nos personajes que entran en nuestra vida y por un lapso de tiempo estamos junto a ellos. A nosotros nos gusta mucho estar en los bares - a mí también, pero leyendo o bebiendo un buen vino, a veces la dos cosas a la vez-, pero leer no es una prioridad nacional. Los jóvenes detestan leer porque quieren cosas divertidas y la lectura no es necesariamente divertida. ¿Es divertido leer Moby Dick? Es muy exigente y necesita grandes dosis de paciencia en muchos párrafos y capítulos en que no pasa nada. Pero necesitan que pasen muchas cosas y no entienden que la idea de pasar cosas es relativa. Pueden pasar muchísimas cosas y no pasar ninguna experiencia profunda. Me temo que es esto lo que no conocen o no entienden o no les atrae, la idea de una experiencia profunda. Acabo de leer un libro que no me ha logrado meter dentro pero más por mí falta de atención que por otra cosa. Sin embargo, vuelvo a él parcialmente, lo releo y me fascina. Hay veces en que uno tiene que luchar con el libro, no es fácil la relación. No necesito que un libro me guste para que me sea interesante. El gusto es una cuestión muy cuestionable porque se puede educar el gusto, pero eso es difícil porque exige esfuerzo, esfuerzo que veo que tú haces con placer a pesar de tu vida aparentemente solitaria. Los que leemos sabemos que nunca estamos solos, aunque sea una apuesta solitaria. En cuanto a ser sexy, me has vuelto a hacer reír a cuenta de las mujeres que solo quieren sexo en plan directo. No sé si es verdad pero puede que sea otra de las paradojas de nuestro tiempo feminista. Ahora somos los hombres los que reclamamos cariño y ternura. Yo no soy sexy, así que estoy fuera de juego. Me interesan más los libros que las mujeres. Entiendo que son algo muy importante en la vida, pero las veo en el lado de la imaginación más que en el de la realidad. El verdadero sexo es mental y no tanto físico. Y tal vez, como decía Lole y Manuel, las caricias soñadas son las mejores...

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  2. Joselu, es tan completo tu recorrido que no se me ocurre así, de primeras, nada que aportar. A mí también me contaron en la juventud primera que los libros enseñan y que los libros entretienen. Ambos verbos me parecieron bastante abstractos, porque de lo primero nunca supe: enseñar ¿en función de qué, de quiénes, para qué? De lo de entretenimiento...pues ¿no nos entretenían suficiente los tebeos? Uno sospechaba que sería un paso posterior, pero los libros que nos ofrecían no encajaban ni como entretenimiento en nuestras mentes de un tiempo roto, de ignorancia y opinión ilustrada ausente entre los mayores. Sin contar con el silencio familiar y colectivo ante determinados temas de la vida y la sociedad, es decir, casi todos, que no propiciaba hablar de libros. Pero yo pensé que aquello era cosa de aquellos tiempos, aunque por lo que cuentas respecto a jóvenes generaciones, no ha cambiado sustancialmente. Eso sí, oferta de ediciones hay a mansalva y probablemente ciertos círculos de gente hayan avanzado algo más en la lectura, y no solo de entretenimiento, concepto este que sigue primando. Y cuando paso por una librería de segunda mano me doy cuenta del desalojo de libros que muchos pisos sufren, por mor de herederos que no quieren saber nada de de los libros de sus padres, justificado por equis razones relativas. Total, que lo de leer sigue siendo un campo abstraído, general, vacuo, erial, etc. y elíjase el término que guste, donde caben los rotos y los descosidos. Ciertamente de programas de tv o deportivos se habla mucho, pero casi no escucho ni a minorías supuestamente ilustradas, perdón, leídas, hablar de lecturas, autores, temas y demás. Pero en fin, no sigo con el tema que hay muchas derivas y tampoco se debe pontificar más de lo que, seguramente, he hecho. Salud y lectura de tarde.

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    1. Tengo dos hijas jóvenes. A veces han venido que tenían que hacer un regalo para un amigo invisible o cualquier otra circunstancia. Cuando era inocente sugería que un libro, lo que hacía levantar las cejas de mis hijas que replicaban con desdén ¿un libro? Con eso estaba dicho todo. No es de buen tono regalar libros. Todos los libros que he regalado yo, por buenos que fueran -y lo eran- no ha recibido sino un cortés acuse de recibo pero ya no he vuelto a saber nada de la supuesta experiencia lectora. No se habla de libros para nada. Tengo un amigo que me tiene por pedante y elitista porque hablo de cultura con su mujer. Con la cantidad de temas que hay y yo tengo que hablar de libros... España, y en ella incluyo a Cataluña, no es un país culto. Recuerdo un reciente viaje a Islandia a ver en enero auroras boreales en que los conductores de autocar que nos llevaban por la noche nos hablaban de su país y en algún caso se pasaron más de veinte minutos hablando de literatura especialmente de su único Premio Nobel que para ellos era una seña de identidad. En San Petersburgo estuve hablando con un taxista en inglés todo el recorrido sobre literatura rusa e hispana pues conocía a García Márquez. Esto es inimaginable en España. Yo suelo escuchar conversaciones en los bares por curiosidad y creo que nunca he oído una que trate de libros. Los libros no tienen, fuera de circunstancias puntuales como el 23 de abril, un lugar en nuestra cultura. Y además lo que se lee en un ochenta por ciento son malos libros de circunstancias. En internet sí que se encuentran bastantes blogs que hablan de libros pero pienso que es algo totalmente minoritario porque no traspasa a la vida cotidiana. Con tan escaso prestigio no es difícil sospechar el lugar que tienen los libros en la escuela. No molan, son siempre lecturas obligatorias que no suelen gustar. Como carecen de formación y gusto, les atraen, en todo caso, novelitas malas de la llamada literatura juvenil. Todos los intentos que he hecho en los últimos veinte años para llevarles a algo más denso -aunque dinámico e interesante- estuvo condenado al fracaso. Hubo un tiempo en los años ochenta y comienzos de los ochenta en que sí que había hambre de buena literatura, pero eso pasó. La tecnología ha traído cosas buenas, claro que sí, pero también muchas cosas menos buenas. Ha descendido geométricamente la capacidad de atención, el gusto literario y la competencia expresiva. Esto que he escrito es un panfleto con argumentos de sal gruesa, pero que me ha permitido expresar mi mezcla de ira y de resignación ante el panorama. Una persona que lea en este país es una rara avis y tiene que ocultarlo. Y la escuela sin duda refleja eso. Que nos gustan los bares, el pescadito frito, el fútbol, las pequeñas patrias -por dios, qué matraca- y tomar el sol. Claro que hay personas que individualmente escapan de esto pero no viven en un contexto adecuado, son raras, y más vale que se callen sobre sus extrañas aficiones.

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  3. Entiendo que como el título indica te refieres a la enseñanza en Barcelona, yo esto lo desconozco. Lo que sí conozco es la enseñanza en Madrid de ahora y de antes. Cuando yo estudié, yo ya llegué lectora al colegio, el caso es que recuerdo los libros que me fueron impuestos en el colegio y después instituto: El Quijote, Cien años de soledad, El viejo y el mar, Hamlet... y algunos más que como se ve nada de adoctrinamiento. Y en cuanto a lo que ahora se hace, en alguna ocasión ya lo he dicho que tengo familiares profesores y lo mismo, enseñanza libre, nada de manipulación. Pero en Barcelona ya...
    SAludos.

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    1. No es una cuestión de Barcelona, es una cuestión generacional. Los adolescentes son iguales aquí o en Ávila: no les gusta leer. Si acaso en le primaria algo sí, pero en cuanto cumplen doce o trece años y empiezan con las redes sociales, se acaba la lectura. Los profesores intentan luchar contra lo imposible dándoles malas novelas de literatura juvenil para ver si los pueden enganchar. Esto era un panfleto que reivindicaba la buena literatura. Y en todo caso cuando estudiaste, no tiene nada que ver con el mundo de ahora. Yo también en Cataluña disfruté mucho en los años ochenta y noventa dialogando sobre literatura de calidad, Entonces, antes de las tecnologías, había campo para la literatura. Ahora no. Y lo que se da es muy malo, y si no es malo, no gusta. Todo esto se junta con un país que no es amante de la cultura y los libros. Leer no mola. Mis hijas son universitarias pero no leen apenas, y sus compañeros tampoco. No es una prioridad de ninguna manera. Quiero quitar la impresión de que hablaba de algo que es propio de Cataluña, no me refería a esto. Adoctrinamiento lo hay mediante la historia o mediante otras materias, no lo voy a negar, es evidente. Pero no hablaba de esto. Simplemente es que la buena literatura no tiene lectores, hay que ser asocial casi para que te guste la buena literatura y en tal caso, serás demasiado raro como joven. He conocido a alguna joven fuera de época a la que le gustaba la buena literatura y tuvo que adaptarse al ambiente para sobrevivir entre los suyos. Saludos.

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  4. Como tú mismo has dicho en uno de los comentarios: la sociedad española es inculta y por eso no participa en la cultura. Suena muy políticamente incorrecto pero es verdad. Los 40 años desde la Transición no han sido suficientes para formar una inteliguentsia fuerte. Muchas personas tienen carreras universitarias pero carecen del capital cultural (¡ese término tan odioso de Bourdieu!) imprescindible para sentir la necesidad de leer un libro, ir a un museo o una exposición. Obviamente, hay excepciones a la regla, como siempre. Pero son eso: excepciones. Los que nunca han visto a sus padres hacer otra cosa que ver la tele, en su inmensa mayoría, tampoco van a buscar otras formas de ocio. Bueno, hoy en día tenemos también las pantallas y otras consolas. Además, leer requiere tiempo, por eso mi mención especial al capitalismo a la española: este que obliga al presentismo, esas larguísimas horas de trabajo que nos quitan el tiempo a la familia y el ocio (con eso no quiero decir que esté en contra del capitalismo, simplemente creo que otro capitalismo es posible). Luego, en el caso de los adolescentes, está la presión del grupo y las modas. Por eso también creo que, si alguien quiere fomentar la lectura, debe trabajar con los niños del infantil y primaria. Mi experiencia personal como madre de 2 hijos en edad escolar en España ha sido bastante mala en este aspecto: una biblioteca escolar insuficiente en mi opinión, y que, sin embargo, ha sido descrita como una maravilla por varios maestros al compararla con las de otros colegios; la biblioteca municipal penosa, sin apenas recursos ni interés por parte del ayuntamiento ni vecinos (en este momento me pregunto si la gente no la utiliza porque es mala, o si es mala porque la gente no la utiliza); el bibliobús que viene en un horario aceptable solo para los jubilados; etc. Los libros en España son carísimos, cuestan lo mismo que en Alemania. La Ley del Precio único vigente desde los años 70 hace imposible que se hagan ofertas, mientras los consiguientes gobiernos han permitido la creación de oligopolios editoriales - no sé si de manera inconsciente o todo lo contrario, en parte porque los lectores en España son tan pocos que no importan. Y los que compran los libros gozan de cierto nivel adquisitivo y no se van a quejar. Los demás, ajo y agua. Para completar mi análisis falta el factor que funciona muy bien en mi país: el esnobismo intelectual nacido durante los años grises del socialismo cuando los libros o el teatro eran una forma de mostrar el descontento, resquicios de la libertad. Eso no existe en España - como tú mismo afirmas, leer está mal visto, igual que tener una biblioteca en casa o ir a un museo en vez de ver un partido de fútbol (como dueña de una biblioteca he sido objeto de burla y crítica; además, he sido llamada cultureta por llevar a mis hijos al Prado). De esto también culpo al sistema económico que impone sus objetivos cortoplacistas, el consumismo y la superficialidad. Aquí termino con un Howgh! de Winnetou (¿se leía aquí a Karl May?).

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    1. Yo al menos lo leía, y creo que era uno de esos autores, junto con Emilio Salgari o Julio Verne que que en mi adolescencia eran clásicos.

      Tu mirada de centroeuropea sobre la sociedad española me duele porque es radicalmente cierta. No puedo objetar nada. La cultura no es un asunto muy importante para los españoles ni en su forma literaria ni en otras, aunque es cierto que las exposiciones importantes reciben muchos visitantes, no sé con qué formación. No sé cuál es el origen del problema o si se considera que hay un problema. Pienso que el sistema educativo no es funcional para ello. Los mismos profesores, he de reconocer, que no destacan por su estima por la cultura. Lo he vivido durante treinta y siete años. Hay excepciones, claro. Pero creo que nunca he captado una conversación entre profesores que tuviera como eje los libros. Se considera de mal tono, algo inconveniente. Se habla de cosas concretas, el día a día, pero no de cultura, no de literatura. En Cataluña se ha implementado un sistema al que hago referencia en que los alumnos tienen que leer obligatoriamente veinte minutos al principio de algunas clases. Me parece algo absurdo e ineficaz por muchas razones que no voy a detallar. El problema es que no hay agua, no hay demanda, no hay hambre de conocimiento. Desconozco el caso de tu país -creo que es Polonia, ¿no?- pero sí sé que en otros países socialistas había hambre de cultura especialmente de la prohibida, conozco el caso de la URSS y los samizdat, algo que me fascina como hecho. Creo que fue fenómeno extendido a todos los países socialistas. Eso no pasó en el franquismo salvo en sectores muy reducidos. Había mucha más tolerancia que en los países del telón de acero y no era tan difícil conseguir los libros más o menos prohibidos.

      Cuando encuentras un niño que ama los libros es tan evidente... Pero he tenido pocas, muy pocas ocasiones en los últimos años de experimentarlo. No son una prioridad para sus padres ni para ellos. En cambio el fútbol y el nacionalismo tienen aquí un campo extraordinario. A veces como en Cataluña se unen las dos cosas con una fuerza difícil de explicar. Yo no soy nacionalista ni me gusta el fútbol. Solo vivo para la literatura, pero es una conversación que difícilmente puedo tener con nadie y menos en mi casa donde tampoco son aficionados a los libros. Me ha gustado y me ha dolido tu comentario porque es evidente su certeza. Así es. Howgh!

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    2. Hombre Aga, que alegría verte por aquí!!!, je, je, pero ten cuidado que por estos lares decir que la sociedad española es inculta es bastante peligroso!!!.

      A mí, leyendo esta entrada de Joselu, no me queda muy claro si está realmente hablando de lectura o de, encubiertamente, de nacionalismo y banderas. Ya nos lo aclarará el. Un abrazo Aga!!!! Se te hecha de menos en las redes!!!.

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    3. Ninguna sociedad es culta. Ojalá lo fueran. Pero aquí estamos hablando de la española, sus problemas y particularidades. Si todos se interesasen un poco más por la cultura, leyeran de vez en cuando, fueran al teatro o alguna exposición, nos iría mejor como la sociedad. Leer como una de las maneras de la participación en la cultura a lo mejor no nos haría más felices, pero sí más empáticos y tolerantes. Y sobre todo nos haría pensar de forma crítica. Por eso no interesa que todos tengan acceso a la lectura. Es muy triste.

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    4. José Antonio, hablo de muchas cosas o al menos de varias. Una de ellas es el ocaso de la enseñanza de la literatura en los centros de enseñanza, algo que he sufrido a lo largo de mi vida como profesor. Ha sido un ocaso en la sociedad en general y que se ha proyectado gravemente en el sistema educativo. Por otro lado, no pienso ingenuamente que la literatura hace a la gente más crítica como sostiene Agnieszka. Depende de lo que leas. Si lees las andanzas de Junqueras en la cárcel o la amplísima bibliografía independentista, no pienso que te hagas más crítico. Depende de lo que leas. Ni viajar ni leer hace a los hombres más abiertos. Uno lo ha de llevar dentro. Si uno lee a Pessoa advierte su rechazo a cualquier tipo de gregarismo, el rechazo a cualquier tipo de unanimidad, el rechazo a cualquier ideología. Yo me siento próximo a él en ese sentido. Pero leer a Pessoa es difícil y muchos de los que dicen que lo han leído, mienten. Así que por un lado, el declive de la literatura en la sociedad contemporánea en lo que mucho tiene que ver la tecnología. Pero no vamos a quejarnos en exceso de eso. Leer buena literatura es complejo. Y hay pocas personas que la lean. No pienso que leer nos hará libres como alguien escribió. Yo leo y no soy libre. Es una utopía pensar que la lectura nos hace libres. Los hombres libres nacen, lo normal es ser gregario, buscar el calor del grupo, de la bandera, de la patria, de eso sabemos mucho en Cataluña, una sociedad en esencia gregaria, no todos, afortunadamente pero una buena parte sí. Y nuestros alumnos buscan no ser diferentes, ser del grupo, no desentonar. Desentonar es complicado y solitario. La buena literatura puede llevar a ser un hombre (o mujer) disonante. Las patrias son cálidas y reúnen a la gente portando antorchas, o convocando a cientos de miles con banderas y las mismas camisetas y las mismas capas. La literatura, la buena literatura, la que viene de Homero, a Shakespeare o Dostoievski, pasando por Cervantes y llegando a Kafka o Paul Celan es una vía diferente. Descreo de los libros en sí mismos. Hay mucha basura en los libros, solo hay que ver algunos anaqueles de las librerías de la Abacus, llenas de propaganda política. Es muy dificil ser singular y solitario. Y los adolescentes quieren ser como la mayoría. Así que hablaba del declive de la literatura y también de aquí en días profundamente antidemocráticos.

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  5. Hombre, yo creo que con excepciones que seguro que las habrá, los que se tragan los libros que escriben los presos desde las cárceles son en general gente que no suele leer demasiado. Leen sobre determinados temas porque buscan potenciar las ideas que les han colado en la con más de lo mismo y porque queda bien. Que se yo, es la sensación que me da.

    Yo en este tema creo que me posiciono más con Aga que contigo. Yo no leo a autores complejos como se que haceis tu y Aga por ejemplo, alguna vez muy contada, pero no demasiado, pero aun así la lectura continua de temas mil poco a poco te van enriqueciendo, te van empapando conocimientos de las mil maneras y culturas sobre la que escribe cada autor, y sin duda, aunque sin ser la panacea, te tiene que hacer algo más crítico. Obviamente si lees cada día ensayos filosóficos o de pensamiento en general la vía es más directa.

    Lo que seguro que no te hace más crítico es como yo veo cada día en mi trabajo, chicos de entre 22 y 27 años en la hora que tenemos comer, comen en 20 minutos y los 40 restantes se lo pasan jugando con los móviles en linea y entre ellos a juegos de matar avanzando por pantallas. Eso seguro que no te hace más crítico. A esa misma hora, en un pequeño sillón que tenemos en el Office, una chica Argentina que empezó a trabajar con nosotros hace poco, se concentra leyendo a Orwell. No se, algo me hace pensar que igual algo le está quedando dentro que pueda usar en su vida. No se, tonterías mías. Un abrazo.

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    1. Leer a Orwell ya es un signo muy interesante. Ya lo creo. Se le considera el escritor político más relevante del siglo XX. A mí me dejó conmocionado su Homenaje a Cataluña y ya no digamos sus otros libros que han creado una forma de ver las dictaduras y sus símbolos.

      Tienes razón. Hay muchas cosas interesantes. Y tú lees muchas cosas que lo son. Pero lo que se vende, dentro de lo poco que se lee, suele ser de muy escasa calidad. Es a esto a lo que me refiero. Tú tienes un criterio que he ido conociendo. No eres una persona gregaria, ni Aga. Esto lo tengo más que claro. He aprendido mucho contigo en muchos sentidos. Tal vez estoy influido por la reciente muerte de Harold Bloom, el crítico norteamericano que publicó El canon occidental. La literatura no nos hace necesariamente mejores ni más críticos si eso ya no está con nosotros. Lo puede potenciar, eso sí. Es esto lo que quiero decir. Espero que mañana te sea leve. Yo no puedo ir a trabajar pero si pudiera lo haría con más ganas que ningún día. Un abrazo.

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  6. Bartleby es magistral, aunque cada cual lo lleve al terreno que más le convenga para el análisis, el filósofo Slavoj Zizek lo utilizó con mucha repercusión aludiendo al movimiento social Occupy Wall Street, como un lema para que abanderasen aquellos jóvenes.

    Bartleby representa la disidencia absoluta, tan extrema que al final acaba siendo disidente de sí mismo, se aniquila, en una suerte de redención a lo que de alienación hubiese tenido durante su corta vida, llega hasta las últimas consecuencias, un personaje fascinante.

    Y la alienación de las masas es algo que, por desgracia, está de forma muy presente en los acontecimientos que vemos estupefactos en la Cataluña de estos días, mostrando la peor cara de todo lo que significa el concepto.

    Hoy, la gran disidencia es la de los ciudadanos hacia la lectura, los libros, y la cultura en líneas generales.

    En ese sentido tu retrato es certero, no se puede llamar a una sociedad culta cuando mira a la Cultura con desgana, indiferencia. Luego entonces, habrá que sentenciar que a grandes rasgos somos un país inculto.

    Estamos entregados al culto del mínimo esfuerzo, empezando por el mínimo esfuerzo intelectual. Leer requiere exigencia mental… imagínate lo que será para tantos jóvenes un libro repleto de palabras, frases y significados, cuando estos chavales consideran que un par de emoticonos pueden sustituir a una docena de palabras, es una forma de comunicación que ha entrado en la dinámica del mínimo esfuerzo, y acaba empobrecida como otras cosas.

    La lectura NO NOS HACE MÁS CRÍTICOS.

    La lectura NO NOS HACE MENOS CRÍTICOS.

    Sin tener certezas plenas sobre estos dos enunciados que dejo, tengo claro que, de establecer ambas frases como hipótesis, la segunda tendría muchas más posibilidades de cumplirse, las razones no las expongo porque son obvias. Leer es una actividad que, extrapolando aquí la Teoría de Juegos, es un acto de suma positiva (situación en la cual los participantes pueden cooperar y obtener ganancias, dice dicha teoría); en donde los participantes serían la lectura y el lector, y entendida esta unión como una cooperación para obtener ganancias (estas ganancias serían; adquisición de elementos de juicio para valorar).

    Ahora bien, no te hará menos crítico, eso es evidente, pero es cierto que esas herramientas (argumentos) que te brinda la buena literatura… pueden acabar oxidadas dentro de tu cabeza, sencillamente porque no piensas utilizarlas, y ya no va vas a ser más crítico, ni menos, de lo que eras.

    Ayer leí en la biblioteca de mi localidad, a la que suelo acudir con mi hija mayor ( de momento disfruta…), un artículo sobre la figura del editor tradicional, por ejemplo profesionales emblemáticos como Rafael Borràs o Mario Lacruz, y se señalaba una cuestión muy significativa… el hecho de que en muchos grupos editoriales, desde hace años, la decisión última sobre los catálogos recayese, ojo al dato, en los ejecutivos de cuentas y financieros, en detrimento del editor a la antigua usanza, de marcado perfil intelectual, sin olvidar que la editorial es un negocio, por supuesto, pero la balanza se ha inclinado exageradamente hacia el marketing, los números, y los libros son concebidos como producto comercial en el sentido más puro del término.

    Y ya acabo, amigo Joselu. Aprovecho para mandar un saludo a Agnieszka ;)

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    1. Me congratulo de tu comentario aderezado con tanta sustancia y agudeza. No me convence el Bartleby interpretado por Slavoj Zizej. Una vez compré un libro suyo en kindle pero a las veinte o treinta páginas me di cuenta de que no me interesaba nada su discurso y lo devolví. Muy brillante y aparatoso pero poco significativo a mi gusto. No me imagina a Barlleby liderando una ocupación de Wall Street. No me imagino a Bartleby a bordo de una ideología y un movimiento de masas. Bartleby y es eso lo que me atrae es solitario, radicalmente disidente hasta de sí mismo como avanzas. Y sí realmente es un personaje fascinante, demasiado complejo para los tiempos y adolescentes que corren. En mi último año de docencia dediqué buena parte del curso a Kafka, dirigido a alumnos de tercero de ESO. Fue una experiencia muldisciplinar en la que intervino el dibujo, el diseño, la teoría y una novela escrita por ellos, además de construir un objeto al modo de un odradek, uno de sus cuentos más fascinantes. Por supuesto que esto era políticamente incorrecto. Hacer leer La metamorfosis a alumnos de catorce o quince años es algo sacrílego en los tiempos en que estamos, en los que hay que alimentarlos con productos divertidos y ligeros.

      Esto que he escrito era un panfleto imaginario que escribiría, si fuera profesor todavía, a mis alumnos. Ese es el sentido ácido que tenía, que va dirigido a adolescentes. Por supuesto que leer no te hace menos crítico, pero depende qué leas. Hay un tipo de libros complacientes, entretenidos y divertidos que solo buscan halagar al lector. En este panfleto había un grito de angustia ante lo que vi en las aulas, pero aún pude constatar que en estos muchachos de quince años hay mecanismos que si fueran bien dirigidos los llevarían a ser menos intrascendentes. Pero el sistema educativo, los padres, la sociedad convierte a muchachos de quince años en incapaces a los que hay que hiperproteger de las ideas confusos y de mil peligros. Son las generaciones más protegidas de la historia y así solo pueden asimilar modelos lights. Y sí, es cierto que la literatura que exige cierto esfuerzo es indeseable, yo lo constato. Hay libros que son duros y difíciles. Es como si nos hubiéramos adiestrado en lo débil y dulce y no nos atrajera lo duro y complejo. Queremos satisfacciones inmediatas. Pero no siempre ha sido así. Hay un declive de la cultura universal en todos los países. Nos rendimos ante lo simple, ante lo elemental, lo inmediatamente satisfactorio. No me gusta, lo veo en mi entorno inmediato y en los comentarios en la prensa. En mis compañeros de profesión, ya lejanos. En mi panfleto había rabia ante tal espíritu acomodaticio. No llegará a sus auténticos destinatarios porque no leen mi blog.

      En cuanto a los criterios que orientan a las editoriales, estoy seguro que Rafael Borràs y Mario Lacruz no se equivocan. Aun así me asombra la calidad de mucho de lo que se publica en editoriales minoritarias tal vez y que no sé si tienen público para compensar gastos. Ser editor de verdad es una verdadera proeza ante un mundo lector que se rinde sobre todo a los bestsellers y a los libros de moda.

      Un cordial saludo y un abrazo, espero que Agnieszka se haga visible en estas páginas alguna otra vez.

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  7. Me ha encantado tu invitación a la lectura para adolescentes. Espero que sea productiva y que hayas provocado la curiosidad necesaria para que lean libros de más calidad.

    Saludos cordiales.

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    1. En realidad, era una propuesta bastante ácida y provocadora, que sé que no llegará a ellos, pero me ha permitido desahogarme. Muchas gracias, Li Yan Mei. Saludos cordiales.

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  8. Creo que lo que define al adolescente, o una de las características que lo definen, es la necesidad de rebelarse, de autoafirmarse, y a la vez de integrarse en un grupo. Creo que ha sido siempre así y que es una parte inevitable del proceso de maduración. Individuos radicalmente libres hay pocos, y ni siquiera creo que sea conveniente que todos sean así, pero, igualmente, tampoco es deseable individuos radicalmente gregarios, que den por buena la causa del grupo siempre y en todo caso o que quieran ser más papistas que el papa, que también sucede en determinadas dinámicas. Sí, creo que el descubrimiento de la lectura como un arma de crecimiento personal o de refugio es algo que se hace en soledad, la lectura es por si misma una habitación propia, por citar el título del libro de Virginia Woolf, así que malamente la lectura 'blanqueada/orientada' va a crear lectores verdaderos, creará catequistas de la religión de turno. El problema es que hay muchísimos libros y no es fácil dar con 'el tuyo', de ahí la importancia que cobran los buenos orientadores pero también de ahí se aprovechan los orientadores sesgados, claro...

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    1. En mis últimos quince años como profesor experimenté en mis alumnos un enorme declive en su capacidad de comprensión lectora (y expresiva), lo que hace que cualquier texto con alguna densidad narrativa sea totalmente opaco para ellos. Las editoriales les diseñan relatos adaptados, muy sencillitos, para que los puedan comprender. Los profesores no pueden hacer otra cosa que utilizar estos textos insípidos y simplones. Yo experimenté en otro tiempo la literatura como un arma de rebelión existencial, pero todo eso dejó de existir con el adocenamiento del cambio de planes de enseñanza y la irrupción masiva de la tecnología. Ahora hay inteligencia para otras cosas pero no para la lectura comprensiva que debe ejercitarse para ser uno competente. En realidad, fracasé cuando quise seguir dando a mis alumnos literatura de verdad. Ya no hay espacio para ello. La poesía no es un arma cargada de futuro, eso seguro. Se ha apoderado del universo mental de la gente, el positivismo, la ideología de los libros de autoayuda y la planitud mental. La buena literatura requiere un lector algo salvaje, y como dices, se hace en soledad, en esa habitación propia, que hoy se utiliza para estar conectado a Instagram y a los youtubers de moda.

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  9. No sé si acostumbras a hacerlo, pero estaría bien que comentases algo sobre los libros que estás leyendo, hablando precisamente de orientación, jajaja. Lo veo ahí en la columna de al lado y son títulos que me llaman la atención, pero luego se me olvidan... Yo Bartleby lo he leído en dos traducciones, una muy plana, que no recomiendo, en Cátedra, llena de erratas además, y la de Borges que me gusta mucho por la voz del narrador, no sé hasta que punto es así en el original, con un punto muy sutilmente humorístico, como un pobre hombre que no comprende demasiado, no ya a su empleado, sino su propio trabajo o el sentido de su propio trabajo -lo que viene a dar indirectamente la razón a B. en su rebelión a través del absurdo-. Un saludo.

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    1. Recomendar libros es muy difícil. No suelo tener éxito en mis regalos de libros o recomendaciones. Pero ahí va un par que te recomiendo vivamente: Stoner de John Williams, y Kokoro de Natsume Soseki.

      La versión de Borges, sin duda es la mejor si no puedes leerlo en inglés, claro.

      Un abrazo.

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    2. Tomo nota... Recordé anoche que estabas leyendo El paseo, ¿qué te pareció? Para mi se dispersa y le cuesta mantener un, digamos, crescendo en el interés por que está narrando, cosa que se entiende cuando se conoce su biografía, pero me gustan muchísimo sus Jacob von Gunten y Los hermanos Tänner.

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    3. Tienes razón en lo que dices de El paseo, no hay una estructura narrativa que refuerce la curva dramática. Pienso que el sentido que tiene es la reacción de su mundo interior a los estímulos que va recibiendo en ese paseo, no especialmente importante, y el texto nos abre dicho mundo interior a nuestra contemplación sin un crescendo que lo hubiera hecho demasiado ficticio. Ahí tenemos a Walser en reacción ante el mundo que le sale al encuentro. Es ciertamente un relato sin demasiado relieve. Pienso que no ha querido construirlo como artefacto sorpresivo y su planitud forma parte consciente de su estructura. Tiene a su favor que es muy breve. Las obras que mencionas son excelentes, yo también las aprecio mucho. Leer a Walser es entrar en una especie de grisura ambiental pero que alcanza gran altura literaria, aunque no pasen muchas cosas.

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  10. A veces me preguntan -quizá con buena fe- qué libro de filosofía me recomendarías. Y uno lo intenta e intenta dar una listilla asequible al profano y a las buenas intenciones. Pero por favor!! Qué no, qué no, que no hay que recomendar nada o si acaso la Crítica de la razón pura, la Fenomenologia del Espíritu, Ser y tiempo, el Tractatus y los otros -que no puedo citarlos todos.

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    1. Me gustaría saber cuánto tiempo llevas metido en Ser y Tiempo, creo que ahora estabas en ello. Imagino que son libros que no se pueden leer sin una extraordinaria base filosófica. No se puede empezar a leer la Crítica de la razón pura a pelo. Haría falta un máster previo de filosofía para poder sacar algo, o ser una autodidacta absoluto.

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    2. https://antesdelascenizas.com/2019/10/01/invitacion-a-una-lectura-ser-y-tiempo-de-martin-heidegger/

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