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martes, 14 de septiembre de 2010

La literatura como aburrimiento

He querido empezar el curso de Literatura Española de segundo de Bachillerato haciendo una prospección entre mis diez alumnos sobre las relaciones entre ellos y la literatura. El tema era, pues, La literatura y yo. Les sugerí un brainstorming inicial y la elaboración de un mapa conceptual para dar cuerpo al ensayo que les estaba solicitando.

Unos días después, aplicados, me han entregado sus composiciones escritas sobre las tortuosas relaciones entre ellos y la literatura.

Podemos decir que en estos jóvenes de diecisiete y dieciocho años existe unanimidad casi absoluta. Se relaciona, sin lugar a dudas, la literatura con el aburrimiento:

Leer es aburrido”. “La literatura y yo no somos buenos amigos”. “Sólo he leído por obligación en el instituto”.” Son aburridos los libros obligatorios: son largos y complicados, hay en ellos demasiadas descripciones”. “¿Quién va a preferir leer un libro cuando puede ver la televisión, jugar a un videojuego o navegar por internet?” “Los libros no suscitan interés, no expresan nada, son pesados, una especie de suplicio”.

Estas son un resumen de las opiniones vertidas y que son reiteradas. Se deplora la falta de interés de los libros, su obligatoriedad, la desigual competencia con las nuevas tecnologías, su complejidad, su letra pequeña, el cansancio que produce la lectura…

A la vez se recuerda con enorme afecto el tiempo en que eran niños y alguien les contaba cuentos. Les dije que ahí comienza nuestra formación literaria: con la narrativa oral. Pero esa ligazón se va desvaneciendo a medida que se va creciendo hasta llegar a la adolescencia en que la lectura se ve como un padecimiento al que se resignan apáticamente, pues saben que es obligatoria en las asignaturas de lenguas.

Hay un alumno que, sin embargo, reconoce que lee novelas policiacas o de cariz psicológico, sobre budismo, criminología o grafología. Es el que más he visto predispuesto a abrirse a la literatura “obligatoria” de este año que incluye: una selección de poemas del siglo de Oro, una antología de El Quijote, El burlador de Sevilla de Tirso de Molina, una antología de la poesía de Rosalía de Castro, Eloísa está debajo de un almendro y Cinco horas con Mario.

Algo hacemos mal. Lo comentaba con Dunia, mi compañera de departamento, promotora de un proyecto de lectura en segundo de ESO que ha tenido un notable éxito. Prescindió de los libros obligatorios y fomentó que los alumnos en la biblioteca eligieran libremente los libros que iban a leer. Tenemos una buena base donde elegir de la llamada literatura juvenil. Los alumnos de tres segundos el año pasado leyeron –con el soporte orientador de Dunia- un promedio de seis o siete libros voluntariamente, y hubo alumnos –conflictivos en otros sentidos- que llegaron a leerse 17 libros durante el curso. No había obligatoriedad, no había examen pero debía presentarse una ficha cumplimentada sobre la lectura. La experiencia demostró que los adolescentes odian lo obligatorio (no sólo ellos) pero si son expuestos a la libertad y hay donde elegir, convenientemente motivados, pueden convertir la lectura en algo que no sea odioso. Hubo incluso quienes leyeron textos más complejos del prototipo medio como Caperucita en Manhattan o La historia interminable.

Para el que firma esto, son datos y elementos de juicio que me llevan a reflexionar. Movido por los más bellos ideales he planteado lecturas obligatorias con textos de densidad literaria y con frecuencia he conseguido rotundos fracasos. Hoy ha venido a verme una exalumna de hace varios años que recordaba cuando les hice leer en cuarto de ESO (16 años) Corazón kikuyu de Stephanie Zweig, La espuma de los días de Boris Vian y La metamorfosis de Kafka. A ella le fascinaron y todavía los relee, pero la gran mayoría de los estudiantes se mantuvieron totalmente alejados de lo que leían y muchos no se los leyeron. Esa fue la realidad.

Muchas veces ha surgido este debate en blogs pedagógicos. ¿Sirve de algo la obligatoriedad de las lecturas? ¿No estamos tirándonos piedras contra nuestro propio tejado? ¿Se puede forzar la lectura? ¿O es insoportable el verbo leer conjugado en imperativo como sostenía Daniel Pennac en Como una novela?

Considero a mis alumnos de segundo de bachillerato y me doy cuenta de que son herederos de una filosofía de la obligatoriedad, combinada ciertamente con otros factores, y que no ha dado resultado. Prácticamente todos detestan leer aunque reconocen que amplía el vocabulario y da cultura, pero ¿leer?, no gracias.

61 comentarios :

  1. Todo este desastre viene dado, a mi entender, por la confusión entre lectura y literatura. Quizá por nuestro oficio, por nuestra pasión o por nuestra vena filológica, tendemos a confundir una y otra, pero es evidente que ambos términos pueden ser distintos e incompatibles incluso. Sólo se puede gozar de la literatura cuando se domina el arte de la lectura (otra discusión sería si la lectura es ars o techné). Un alumno se aburre ante un libro porque: a) no lo entiende; b)no sabe leer. En ambos casos, lo que falla es la competencia lectora; y esa competencia sólo se adquiere leyendo de manera graduada. Se argumenta que, hace años, los bachilleres leíamos obras sesudas y las entendíamos; todos parecen olvidar que no existía la cultura audiovisual del siglo XXI, que los jóvenes de ahora son consumidores de otro tipo de informaciones muy distintas a nuestros tebeos o novelas ilustradas. Reconocemos que nos cuesta entender el tuenti o un videojuego, pero no queremos reconocer que es la misma extrañeza la que le supone a un alumno enfrentarse a La regenta.
    Ante tus dudas, Joselu, sabes que mi postura es clara: En la ESO defiendo lecturas juveniles hasta que se consiga una competencia mínima (procuro detectar a aquellos alumnos que ya la tienen para ofrecerles algo de mayor calibre); en Bachiller, introducir progresivamente clásicos y literatura actual, en pequeñas dosis. Por otro lado, siempre que puedo, procuro apostar más por recomendaciones individualizadas. No estoy seguro de que funcione, pero me resisto al "café para todos" y a esos clásicos que "hay que leer".
    Un saludo.

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  2. Uf, yo recuerdo haber tenido que leer Shiddartha, La tesis de Nancy, y El llibre de les dones hasta con angustia porque fueron en su día lecturas obligatorias para mí. Al menos que recuerde ahora, que seguro hubo alguno más. Qué horror sólo de pensar aquello de nuevo :S

    Y es que ahora abro un libro, y si no me gusta, como cualquier hijo de vecino, lo cierro y a otra cosa. No me los tengo que tragar sí o sí. No entiendo muy bien esto. Sí lo del taller de lectura. Al menos tienes opción a escoger entre unos cuantos, el que más te gusta -o menos te disgusta-.

    Mi hermano -que es un lector empedernido a lo bruto desde que tengo memoria-, bueno, el siempre dice, que quien no lee es porque no ha encontrado el tipo de lectura que le gusta, no porque leer en sí sea aburrido. Y pienso que tiene razón. Así que lo de obligar... no sé, supongo que si tiene un fin, está justificado, claro, pero yo puedo decirte que recuerdo de esos libros que mencionaba, sólo porque los volví a releer mucho tiempo después, si no, te aseguro que no tendría mas que eso mismo, el mal recuerdo. Pero vaya, que para gustos, colores, y lo mismo a mí no me gustaron, y a otros -tampoco recuerdo-, les encantaron :/

    Besetes.

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  3. Cuando yo era alumno, en la escuela, en el instituto, solía leer los libros que yo mismo descubría y elegía, así leí las cosas más diversas, algunas de auténtica calidad y otras de calidad más que dudosa y hasta pésima, con el tiempo creo que se ha impuesto el buen gusto. Nunca me gustaron las lecturas obligatorias. Y mi gusto por la lectura se generó al margen de la escuela -incluso creo que contra la escuela. No sé si la obligatoriedad se lleva mal con la lectura, de lo que estoy seguro es de que yo me llevo mal con la obligatoriedad -en cualquier asunto. Y si me llevo bien con la lectura es porque la vivo como placer. No creo que el aburrimiento que experimentan una gran número de alumnos sea fruto de la obligatoriedad; creo que es lo más natural, en ninguna época el gusto por la lectura ha sido dominante. Y no creo que ninguna época se haya fomentado la lectura tanto como ahora. Los libros están ahí al alcance todos... y cada cual escoge. Leer es una forma de vivir como otras. Creo que tú mismo lo expresaste muy bien en un post anterior.
    Como profesor intento dar listas de posibles lecturas, y que cada cual escoja en función de sus intereses, gustos, prioridades, me gusta también que las lecturas las trabajen por grupos, que también dejo que generen ellos de forma espontánea, para que las comenten entre sí. Funciona razonablemente bien.

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  4. A mí tu experiencia me suscita muchas preguntas. Son chicos de 2.º de bachillerato y no les gusta la literatura, ¿qué otras asignaturas que se supone que han elegido tampoco les gustarán? Los profesores de matemáticas o de física o de química, ¿se plantearán tantas veces como los de lengua y literatura si la asignatura les gusta o no a los alumnos, si quizá les guste más hacer experimentos en el laboratorio sin dar ninguna teoría que explique las reacciones, simplemente para que no se frustren con ello y no tengan ganas de investigar?
    Más cercano, ¿frustra a los alumnos tener que aprender los estilos artísticos, las palabras técnicas con que se describen, por ejemplo, las partes de una catedral o las corrientes pictóricas, de tal manera que les haga no poder disfrutar luego de un cuadro?
    ¿Por qué les aburre la literatura? ¿Toda la literatura? ¿Tenemos un buen temario en los cursos o necesitamos introducir cambios?
    ¿No debería el fomento de la lectura ser objeto de todos los profesores —amén de la familia— en todas las etapas educativas, desde que el niño comienza su escolarización?
    En fin, Joselu, siempre un placer leer tus posts.

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  5. Joselu, me voy a tomar la libertad de contarte la historia de mis dos hijos. El mayor de 17 años ha sido un lector ávido hasta los 12 años y ahora es un lector intermitente por afición (ha acabado el bachillerato humanístico (latín y griego)).
    Según él, la escuela primaria (y la familia) le introdujo la afición a la lectura, pero el instituto lo apartó de ella. Cuando llegó a 1º de ESO tuvo que dejar atrás esos ratos de recogimiento y silencio voluntarios que tanto le gustaban para hacer tareas y más tareas y exámenes y trabajos y más exámenes y más trabajos. Es el caso de un alumno al que le gusta leer (incluso por obligación), pero al que el sistema no ha favorecido en absoluto.
    Mi otro hijo (de 14) se enoja muchísimo cuando le someten a la pregunta que tú planteas a tus alumnos. En la línea de Pennac que dice que leer es un verbo transitivo, él siempre responde cuando le preguntan si le gusta leer que le gusta leer biografías y enciclopedias. Lo apunta Toni, debemos ser más cuidadosos y distinguir entre la lectura y la lectura literaria. Son dos tipos de actividades formativas muy distintas. Mi hijo es un gran lector de textos expositivos e incluso periodísticos, pero la ficción no le interesa. He conocido a muchos alumnos como él a los que he concedido la licencia de leer aquello que verdaderamente les gusta. Pero como creo que solo el instituto puede acercar la literatura a los adolescentes, pienso que si no quieren leer por obligación El lazarillo o El Quijote, por lo menos que escuchen a alguien contar episodios, pasajes. Dirás que es trivializar los textos. Quizá. Pero entre esto y nada, prefiero que tengan alguna referencia.

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  6. A la vista del consenso, me temo que me toca ejercer la abogacía del diablo (para lo cual, ejem, tampoco hay que presionarme mucho).

    Me parece que damos demasiada importancia al gusto personal, en unas circunstancias en que éste, aún no formado, no pasa de ser un asentimiento por inercia a las pautas que dicta, movida por intereses obvios, la industria del entretenimiento.

    Todos conocemos la situación típica del niño que acude con sus padres a un restaurante exótico o que tiene, sencillamente, una oferta amplia, y se obstina en pedir un filete con patatas o una pizza, convencido de que fuera de lo que ya le gusta no puede haber sino amargura y desvarío.

    No es distinta la situación del lector adolescente que sólo encuentra 'tolerable' lo que se parezca a su experiencia inmediata (literatura tramposísima de viejos sobre jóvenes, en plan Campos de Fresa de Sierra i Fabra) o esté avalado por la moda del momento (Crepúsculo, los vampiros).

    Para el caso, tampoco es muy distinto al caso de los adolescentes que realizan casi toda su vida social y cultural (la no virtual) dentro de un centro comercial y no quieren ni oír hablar de viajar a un lugar situado fuera de su peculiar coto.

    Nuestra obligación y nuestro reto es conducir al alumno hacia el extrañamiento, hacia lo que no conoce. Puede que le guste, puede que no. Es indudable, en cualquier caso, que le abre perspectivas, carpetas nuevas en su sistema.

    Machado, que también fue educador, no fue muy clemente con quienes desprecian lo que ignoran. Nuestra labor es que no lo ignoren: hacer presente lo que los medios de formación de masas no publicitan. No digo yo que no sea razonable albergar dudas sobre el éxito de una empresa que va tan a contrapelo; pero me cuesta aún más no tenerlas sobre esa inteligencia colectiva que, curiosamente, viene siempre a escoger lo que le venden como lo mejor que podría haber. Bien está que los niños nos salgan críticos y respondones: pero si esa rebeldía no se ejerce contra la tiranía más odiosa, que es la del adocenamiento, nunca pasará de impostura.

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  7. Yo lo que creo que hay que hacer es proponer listas muy abiertas en las que aparezca algún clásico y en clase trabajar con fragmentos del canon, de modo que alguno se enganche a leerlo y como mínimo les suenen.

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  8. Espinoso tema, Joselu, en verdad un tema que me preocupa mucho como profesor de literatura en Secundaria. Cada año intento hacer la mejor selección de lecturas para que mis alumnos no caigan en esa espiral. Pero estoy por pensar que, como habéis comentado, quizá lo mejor sería dejar las lecturas a elección de los chicos, y guiar su lectura y su trabajo...

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  9. En mi caso, aunque siempre me ha gustado, y por supuesto me sigue gustando, devorar libros, he de reconocer que también tuve momentos de aburrimiento con los libros que me mandaban en el colegio.

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  10. Rukia, entiendo que la adolescencia tiene estímulos mucho más intensos que la lectura: la tecnología, el sexo, el deporte, el hedonismo, el consumo... Ciertamente la lectura compite con desigual fortuna en el campo mental de los jóvenes. Quizás cuando todo se haya asentado alguno volverá a revisitar la letra impresa por placer.

    Cisne negro, en mi seminario es práctica corriente el señalar lecturas obligatorias. El salir de esa senda supone un empeño mucho más complejo. Imagino que esa es la razón de que existan dichas recomendaciones.

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  11. Dado que trata el tema desde el otro lado, me permito indicar un enlace a una entrada de mi blog:
    http://lasesquinasdeldia.blogspot.com/2010/05/critica-profana.html

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  12. Eduideas, quizás sea una idea, pero en mi centro si se deja a los alumnos la elección -aunque las listas sean abiertas-, me temo que muchos la soslayarían. La técnica de llevarlos a la biblioteca y que elijan allí es interesante. Algún año me atreveré a hacerlo.

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  13. Al59, brillante argumentación que suscribo de pe a pa. Sin embargo, cuando he intentado la salida del adocenamiento para llevarlos al extrañamiento, observo que no les gusta en absoluto. Se hacen amigos de los lugares comunes y los reafirman con extrema voluntad. En mi casa mismo tengo a una hija (trece años) que lee libros sobre vampiros tipo saga Crepúsculo. Tiene una biblioteca a su disposición que haría las delicias de cualquier aficionado pero no le interesa para nada. Edifica su personalidad en los tópicos de su generación y no quiere saber nada -pero nada- de extrañamiento. Es una especie de blindaje orgulloso contra la cultura de los adultos. Cualquier acción está condenada al fracaso. No queda más que el espíritu del tao y pensar que a toda acción viene algún día una reacción que espero que se produzca. En muchos adolescentes pasa lo mismo. El ansia de saber y conocer -que yo vi intensa en otras generaciones pasadas- ahora es una rara avis, cosa de frikis. Algún día hablaremos de ello.

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  14. Luis Valdesueiro, una entrada que había leído y que resulta jugosa. La muchacha detesta leer pero está enganchada a La sombra del viento porque es como la vida misma. Supongo que somos lectores más avezados los que buscamos en la literatura más allá de nuestra vida. Imagino que lo primero que se busca es algo que refleje nuestra existencia. Gracias por el enlace.

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  15. Lu, lo que queda claro es que nuestra intervención resulta compleja y delicada porque esperamos que de alguna forma les atraiga la literatura. Si lo forzamos, malo; si desistimos, peor. Si hacemos listas cerradas, generamos lo contrario; si hacemos listas demasiado abiertas podemos encontrarnos que terminen leyendo libros sobre fútbol o kárate o vete a saber qué. No es fácil, pero es común el testimonio de que es el instituto el que aleja a los jóvenes de la lectura cuando lo que quiere es precisamente todo lo contrario. Cabe pensar sobre ello.

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  16. Ana Lorenzo, supongo que la posición del profesor de lengua es paradójica. Por un lado se ve impelido a fomentar la lectura -es un lugar común que leer es bueno, buenísimo-, aunque él no sea lector. No todos los profesores de lengua son lectores. Los hay muy elementales, si es que leen algo. Los profesores que aman la literatura -y son lectores- saben del estremecimiento sutil que produce un buen libro y desean que los alumnos amen aquello. Esto, efectivamente no se lo plantea el profesor de física o sociales. Es nuestra contradicción permanente. Y, caramba, uno lee porque sí, porque le sale, nada debe se coactivo en este sentido, pero a la vez hemos de llevarlos allí. Un lío, Ana.

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  17. ¡Excelente post y excelentes comentarios!

    Resulta difícil cuadrar el círculo: a) Que los alumnos se entusiasmen leyendo; y b) Que lo que lean se corresponda con el "canon".

    Creo que un modo de abordar este problema desde la clase de literatura podría ser el diferenciar dos tipos de actividad (en consonancia con comentarios como los de Antonio o Lu): la LECTURA y la LITERATURA.

    Esto ya se ha dicho, pero quizás convendría subrayar que la clase de literatura se podría organizar de tal forma que un porcenaje del tiempo se dedicara a la LECTURA de textos elegidos por los alumnos y otra parte al estudio de textos de LITERATURA.

    En el tiempo dedicado a la LECTURA cabrían historietas de vampiros (como señala Al59), textos de no ficción (como señala Lu) y otros textos de mayor calidad sugeridos por el profesor (como señalan varios comentaristas). El enfoque sería puramente lúdico, primando el disfrute de la experiencia lectora como el principal objetivo.

    En el tiempo dedicado a la LITERATURA se abordarían textos obligatorios o del "canon", elegido por el profesor. Aquí se analizarían las obras literarias en profundidad, tal y como se suelen destripar en una clase de literatura (aprendiendo a identificar las figuras literarias, el punto de vista, la voz, el contexto histórico, etc.). En esta parte de la clase, que puede resultar más ardua para el grueso del alumnado, también se puede disfrutar si el profesor sabe transmitir su saber y su entusiasmo.

    Esta división entre LECTURA y LITERATURA puede resultarle a muchos artificiosa y hasta esquizofrénica. En mi caso, las clases de literatura de 2º de bachillerato me marcaron y aunque muchos de los textos canónicos que allí estudiamos me resultaban aburridos y abstrusos, el ejercicio de destripar y exprimir y absorber todo el jugo del texto que hacía mi profesora, para mejor comprenderlo, me fascinó. Y como lector adolescente me desarrollé conforme a esta esquizofrénica experiencia lectora. Pues aunque disfrutaba viendo como mi profesora iluminaba con su análisis el ladrillaco de la Celestina o los poemas de Quevedo y de Góngora, lo cierto es que ni loco me hubiera comprado uno de esos libros para leerlos voluntariamente en casa. Ni loco: para disfrutar y robarle horas al sueño leyendo ya estaba la saga de novelas del detective Flanagan (de Andreu Martín y Jaume Ribera) o el Señor de los anillos.

    Para resumir y concluir: Creo que educar a los adolescentes conforme a este enfoque dual puede ser un modo factible de cuadrar el círculo al que hacía mención. Luego, más adelante (o si el alumno es maduro a lo largo del curso) ya habrá ocasión de volver a unir lo que se ha separado, mediante este doble movimiento: a) Ni los clásicos son tan coñazos como parecían; b) Ni las lecturas que nos entretienen o entusiasman están tan alejadas de lo que tiende a considerarse "verdadera literatura".

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  18. Serenus, yo viví una enseñanza que no promovía para nada la lectura. Me fui haciendo lector por mi cuenta, leyendo obras juveniles, noveluchas del oeste (a las que dedico un cálido recuerdo), aventuras del capitán Trueno, revistas del motor... Luego alguien me dio algo de literatura y estaba el campo preparado. La supe reconocer y ya nunca la abandoné. El proceso por el que alguien se hace lector es largo y complejo. Está lleno de meandros y recodos. Pero siempre me ha gustado la libertad de elegir. En la universidad, sólo leía un texto obligatorio cuando "elegía" hacerlo. Era una mezcla entre lo obligatorio y mi decisión en que primaba esto último. Pensándolo bien las lecturas obligatorias son ominosas. Tendré que pensarlo con detenimiento.

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  19. V., vienes a abonar la idea de lo detestable que es la lectura obligatoria. Ese recuerdo abominable de novelas tan dignas como las que citas refuerza la idea de que leer por obligación es una mala fórmula. Algo tendré que hacer al respecto. En este tiempo en que prima la libre elección, la interactividad, debe ser espeluznante que algo sea obligatorio. Y de hecho, leer es una elección, como ir al fútbol o dedicarse a la pintura. Está bien, pero no es la palabra definitiva. Bien por el que le guste, pero sin vilipendiar al que eluda ese camino.

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  20. Antonio, te había escrito un largo comentario que ha salido fallido. Ya volveré, pero concluía con que, a pesar de que discrepemos o polemicemos, siempre aprendo mucho de ti porque tienes sentido común (y del humor), una buena combinación.

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  21. Si écho la vista atrás, recuerdo con bastante desagrado las lecturas de la ESO y bachillerato. Únicamente consiguió sorprenderme "Te deix, amor, la mar com a penyora" de Carme Riera. El resto, por el contrario, me parecieron bastante aburridas. Sé que hay que conocer los clásicos, pero no creo que fuera el momento...ni la manera.

    Supongo que es una época en la que el alumno se está conociendo poco a poco, y lo que busca es encontrar en las lecturas un personaje con el que poder identificarse. Algo que le diga: "Eh, no estás solo. Yo también siento ésto y lo otro. Yo también tengo broncas. Yo también echo de menos algo. Yo también..."

    La idea de Andriu de alternar literatura con lecturas que elija el alumno, me parece genial y mucho más motivante, sin duda.

    También puedes preguntárles qué lecturas les gustaría leer y entre todos formar una lista, siempre poniéndo tú los límites o las normas que deben cumplir las lecturas...

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  22. Cuando era joven y viajaba en viejos trenes que iban hacia el norte... se me ocurrió colgar en una clase de 2º BUP el Decálogo de Pennac sobre el derecho a leer y el derecho a no leer. Quizá -aunque amarillee- lo debamos rescatar y volver a colgarlo en nuestras aulas...
    Toni tiene razón: confundimos lectura y literatura y el placer de la lectura con la necesidad, costumbre, obligacion o hábito de leer...
    Lamentablemente, tienes toda la razón, amigo mío: a la mayoría de nuestros alumnos no le gusta la literatura; pero leer, me temo que tampoco...

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  23. Abundo un poco en el tema en mi blog. Por cierto que en algunas de las cosas que digo, hay clara huella, además de Ferlosio o Muñoz Molina, del propio Joselu. A ver si va a ser a él al que le leí la apología del extrañamiento (aunque ahora ande en otra cosa: y eso es lo que mola en él, que siempre está en movimiento, dándonos que pensar).

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  24. Andriu, pienso que para llegar a disfrutar de la literatura, hace falta un espacio libre, no ocupado por otro, que se llama Literatura. Entonces podemos hacer muchas cosas, las que sugieres u otras también posibles, pero sería imprescindible contar con un tiempo literario. La mezcla de lengua y literatura es letal para la literatura. Se pueden utilizar diversas técnicas que combinen las lecturas, más o menos voluntarias, elegidas por ellos e introducir el cano de forma ágil. Cuando mis alumnos leen El Lazarillo (les llevo yo el libro) se sienten fascinados por las andanzas de Lázaro de Tormes, siempre que sea yo quien se lo desmenuce e ilumine. A veces he optado por leerles yo los textos en voz alta. Me da igual, la cosa es que la entraña llegue. Pienso a veces que los educamos como incapaces y que los tratamos como subnormales y terminan ajustándose al modelo.

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  25. Meike, la desmotivación es tan grande, que si les preguntas que qué querrían leer, no habría respuesta. A las chicas tal vez les atrajera algo sentimental y a los chicos más acción, aunque este esquema no es rígido. Su única fuente de información -en la era de la información- es los mass media más triviales. Para salir de la avalancha de tópicos que dominan la sociedad, es necesario un esfuerzo. La televisión, las revistas, los videojuegos, internet en su faceta más banal, abundan en esquemas facilones que no llevan a crear un libre pensamiento. Este es conseguido apartándose del rebaño y adquiriendo una visión personal, pero eso no gusta demasiado por no decir que nada. Los libros deberían contribuir a esa búsqueda personal. Pero ¿hay búsqueda? Sin duda hay muchachos que sí y los reconozco en seguida. La mayoría, por sus propias limitaciones o las restricciones que llevan, se quedan en el primer nivel. Pero ¿qué se puede decir a esto? Cada uno elige el modo de vivir que quiere, y de pensar (o no pensar). De todas maneras hoy el instituto (en una zona intensa) recoge necesidades tan perentorias que es difícil hacerles llegar a la literatura. Están en otras cuestiones previas de la supervivencia.

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  26. 'Pienso a veces que los educamos como incapaces y que los tratamos como subnormales y terminan ajustándose al modelo.' Y luego me planteo yo si me estaré pasando :) Pero es así. No del todo, no siempre, pero hay mucha verdad, incómoda, en eso.

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  27. Alejandro, pienso que es una verdad incómoda. En los treinta años en que he sido profesor han ido imponiéndose cada vez más restricciones al mundo educativo. Si yo algún día contara lo que hemos llegado a hacer en un viaje de fin de curso con alumnos de COU, probablemente se estremecerían los cimientos del mundo bienpensante. Había hace unas décadas mucha mayor libertad en todos los sentidos. Vivimos un tiempo extremadamente coercitivo y lleno de miedo. El miedo se ha apoderado de nuestro modo de vivir. Yo andaba suelto por la calle a los cinco años y me pasaba horas y horas rulando solo o entre bandas. Iba a comprar el periódico cada mañana cruzando calles. La vida era peligrosa y la calle también. Se ha impuesto un miedo incentivado por los mass media que hace que todo el mundo quiera proteger o superproteger a sus hijos (yo incluido). Antes el aprendizaje o no era una cuestión de cada uno, pero ahora es el estado el que debe velar por el proceso de desarrollo de cada infante o adolescente que está encerrado como en una prisión largas horas. Todo induce un estado en que la mente está sometida al enclaustramiento en zonas de seguridad. Pero los peligros igualmente acechan aunque el niño o la niña no salga de su habitación. Allí es el sitio más peligroso si tiene un PC y una web cam. No sé, pienso que predomina un modo de estar infantiloide estimulado por el estado, los medios de comunicación, el sistema educativo... Nunca se ha concebido un mundo en que la seguridad estuviera más demandada como el de ahora. Y el libre pensamiento requiere romper cadenas, pero éstas son tan dulces... que se prefiere estar sometido a ellas cuanto más tiempo mejor.

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  28. Marcos Cadenato, el decálogo de Pennac debería ser un documento de discusión en la clase, y a partir de él extraer conclusiones. ¿Interesa leer? ¿Para qué? ¿Por qué? Los alumnos razonan que es bueno para adquirir vocabulario y para aprender a expresarse mejor. Es una de sus funciones pero no la fundamental. En la lectura hay algo de búsqueda personal. Les preguntaba si solían entrar a librerías y buscar libros que les pudieran interesar, pero me contestaron que no, que no pisaban una librería si no era estrictamente obligatorio. Y yo pienso que si no quieren leer que no lean. ¿Por qué habríamos de rasgarnos las vestiduras? Estamos -como dicen- en un país democrático y hay gente a la que le gusta leer y a otra le gusta rascarse los sobacos. Ambas son igual de legítimas. Y ¿qué puedes responder? ¿Que la lectura educa las almas? ¿Que nos lleva a vivir universos diferentes al nuestro? No sirve, me temo. Hay otros universos virtuales mucho más atractivos para ellos que adentrarse en Bartleby el escribiente aunque tenga sólo sesenta páginas. Lo tenemos mal, pero seguirá habiendo siempre alumnos frikis que harán sobrevivir la especie lectora.

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  29. Joselu que tal? yo aqui tratando de volver. Yo muchas veces he pensado en por qué es tan poco atractivo leer. LLegue a algunas conclusiones faciles: Primero q es un acto solitario, y el mundo ahora es mucho mas social. Segundo que toma mucho tiempo leer una novela (al menos al principio) y el mundo es cada vez más inmediato (¿para que pasarte un mes leyendo el señor delos anillos a solas si lo puedes ver en 9 horas rodeado de amigos y comiendo canchita?). Tercero que socialmente no es un tema de conversacion, es muy dificil encontrar a otra persona a la q le puedas decir oye y ya leiste tal libro y te responda como si es simple decirle a alguien y ya viste tal serie?. Es un mundo muy cerrado el de la lectura actualmente y la sociedad es abierta.
    Con eso no estoy condenando a la lectura a la extinción. Es más ahora hay mas gente leyendo que nunca en la historia de la humanidad. En numero. tal vez en porcentaje no.

    Sobre la obligatoriedad te cuenta q durante mis años escolares leer no era obligatorio. nucna te hacia ni recomndaban leer nada. Y aun asi la mayoria de mi promocion no son lectores. MI camino con la literatura no viene por el colegio. Fue mi primer vicio solitario, luego vendrian muchos más, pero ninguno tan fiel como aquel.

    Un abrazo joselu. Resistiremos.

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  30. Vavo, mañana te contesto, ahora me voy a leer un libro que me está absorbiendo. Quiero meditar la respuesta.

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  31. En mi opinión, se confunden los objetivos. La enseñanza de la Literatura debería entenderse como parte de la formación cultural indispensable de los estudiantes (otra cosa es que se revisase el canon que se enseña). La literatura de masas no es más que un producto de consumo, una aficción ni buena ni mala, pero que no debería formar parte de un plan de estudios.
    Si hoy día nos encontramos con una situación en la que es difícil enseñar a los clásicos (por el tipo de alumnado y su comprensión lectora), deberíamos tener claro a quién corresponde la responsabilidad de tal situación y cómo hemos llegado a ella.
    Está claro que si este año yo tengo un curso en el que me tengo que contentar con leer literatura comercial poruqe me es imposible enseñar otra cosa, lo haré, más vale eso que nada, algo mejorarán su competencia lectora y ellos no tienen la culpa de que el tinglado esté montado de esta manera, pero eso no cambiará mi forma de ver la enseñanza.
    Un abrazo

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  32. Puede que sólo sean gustos, pero ahí van los míos. Coincido con lo que decís de Pennac: los recuerdos de los cuentos contados o leídos suelen ser fabulosos. Y esto se puede aprovechar en Secundaria. A mí no se me caen los anillos por destinar, en tercero, media hora semanal a la lectura en voz alta (lectura que hago yo) del comienzo y de algunos fragmentos interesantes del libro que de manera obligatoria les hacemos leer. Les encanta, les ayuda. En los PQPI o PACG o PDC, ha sido algo más que necesario. Y ha funcionado.
    Por lo que respecta a qué lecturas proponer, pienso que el éxito está en el equilibrio: lecturas juveniles (evidentemente) pero con peso propio, sin ñoñerías, que el atractivo no sea la aparición de tecnicismos relacionados con Internet.
    Al mismo tiempo, clásicos apropiados (y, si es necesario, adapatados): El Lazarillo, La Celestina, El guardián entre el centeno, Las bicicletas son para el verano, El diario de Anna Frank...
    La idea de un plan lector sin lecturas obligadas me atrae, pero como a los niños, todo lo que no tiene límite me asusta. ¿Alguien me lo podría explicar con detalle: modos, recursos, trabajos, evaluación...?
    MOISÈS MARTÍNEZ I CHORDI (twitter)

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  33. Por cierto: me encanta la propuesta de Andriu. Qué lastima que sea imposible de realizar con el plan que une Lengua a Literatura.

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  34. Vavo, apuntas dos circunstancias dignas de ser tenidas en cuenta: que la lectura es un acto solitario y que no se puede comentar con los demás lo que acentúa la singularidad de la experiencia lectora. No obstante, se puede decir que son cuestiones que no son de ahora. Forman parte de la experiencia lectora, aunque puede ser que vivamos en un mundo intercomunicado e intensamente social y se acentúe la rareza de semejante afición. Quizás el futuro de la literatura esté en la interactividad. Es cierto que en este momento hay más lectores que en cualquier momento de la historia, pero son de edad madura. Veo en el metro a mucha gente leyendo, pero a muy pocos jóvenes. Ellos van oyendo música pero no leyendo. Esto es un problema, pero no cabe duda de que quienes son lectores resistirán heroicamente o no ante la adversidad.

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  35. Hoy he estado una hora entera explicando la diferencia entre Literatura y Asignatura de Literatura. Ignoro, de momento, con qué provecho. El silencio era tan denso que hasta me he podido escuchar, y no me ha gustado mucho de lo que me he oído, aunque a algunos de mis alumnos sí de lo que les he dicho, supongo que hasta que crezca su sentido critico...

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  36. Pues la verdad es que no se que decirte, querido JOSELU.

    Verás, recuerdo que una de las primera entradas que hice aquí en la blogosfera, no se sí la tercera o la cuarta, que por cierto titulaba ¡¡ni de coña!! contaba la sensación que me transmitía mi hija, cuando en case abordaban no recuerdo si era s San Juan de la Cruz, Garcilaso o alguno de los autores del medievo. Y sí, era verdadero repelús lo que les producía.

    Yo creo que el gusto por la lectura y a partir de ahí el gusto por la buena literatura, es como todo, requiere ser adquirido, enseñado y después practicado. A los jóvenes de ahora como a los de siempre, no nos vayamos a engañar, todo lo que suponga esfuerzo, les produce repulsa. Quizá aun más ahora que antes, porque cada vez son más cómodos.

    Somos una sociedad que les hemos malcriado en ese sentido, prima la cultura de los rápido, el mínimo esfuerzo y la satisfacción inmediata.

    Supongo que es esto contra lo que debemos luchar. O recuperamos el valor del esfuerzo, que a la larga reporta la verdadera satisfacción o en el mundo en el que vivimos, no habrá manera de hacerles entrar al mundo de la literatura, ni de nada de lo que de verdad merece la pena.

    Yo creo que como en todo, se necesita paciencia y un poco de psicología y buscar el justo medio, para meterles el gusto, primero por la lectura y después por la buena literatura.

    Yo creo que este tema es parecido a adquirir el gusto por la música, primero hay que educar el oído, para que aprecie bien los sonido y después abordar obras en función de esa educación recibida.

    No podemos suponer que alguien que nunca a escuchado música clásica disfrute de golpe y porrazo con Bartok o mucho menos con Shoenberg. Hay que seguir un camino, escalonado y paso a paso hasta llegar a apreciar la obra de esta gente.

    Yo creo que a la hora de enseñar literatura, música, arte en particular y cualquier disciplina en general, hay que observar a quien tenemos enfrente, sé que eso es muy difícil, pero si tenemos paciencia y tocamos las teclas precisas, a la belleza, es receptivo todo el mundo, la cuestión es averiguar qué tipo de belleza perciben fácilmente y a partir de ahí ir subiendo en la dificultad.

    Si te sirve, yo me he dado cuenta de algo, en el caso de mi hija, que por cierto, que es una lectora compulsiva, de todo, bueno, malo y regular jajaja la manera de entrarle siempre ha sido por los sentidos, todo lo que les sorprende y activa sus sentidos, les anima a seguir descubriendo.

    Cuando son pequeños visualmente ( colorido, lustraciones, etc,...) y a medida que crecen, ya en el terreno de la expresión y las palabras, lo mismo, textos cuyos argumentos primero y después la forma en la que están escritos, les zarandeen por dentro. Todo lo que les impacta, les atrae.

    Quizá, ese pueda ser uno de los secretos, que comiencen abordando literatura que les estimule sensorialmente y a lo mejor a partir de ahí descubran lo que se esconde tras un libro, que casi siempre, al contrario de lo que suponen, es placer.

    En fin, no sé, yo siempre me voy al terreno subjetivo, de lo poco que conozco, supongo que desde un aula, todo es muchísimo más complicado.

    Sea como sea, muchísima suerte con este nuevo curso, creo que tenéis muchísimos retos por delante que con paciencia e ilusión superaréis, al menos es lo que te deseo.


    Muchos besos y feliz día JOSELU.

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  37. Caperucita azul, tengo un bachillerato de alumnos negativos con la literatura, pero que pienso llegar a ellos a través del cine. Hablamos del amor cortés, del petrarquismo, de Garcilaso, de la poesía mística... pero hablamos de las concepciones del amor. Pienso que Al59 reflexiona sobre la cultura del extrañamiento, que yo suscribo, pero hace falta unas mínimas condiciones que no siempre se dan. En cuanto a reflexionar sobre el sistema educativo o sus circunstancias creo que ha dejado de ser una de mis prioridades. Tengo unos alumnos. Me pregunto cómo llevarlos a una pequeña parcela de conocimiento, sea la que sea. Ahí es donde puedo ser útil. En cuanto a la reflexión de modelos educativos es como plantearse el modelo de democracia. Es así, limitada, parcial, contradictoria, injusta... pero responde a criterios democráticos que no me atrevo a cuestionar aunque en mi fuero interno tenga mis paréntesis y comillas. Pero no quiero hacer de ello una razón de mi discurso. Un abrazo.

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  38. Moisès Martínez, el plan de lecturas voluntario (en lo que yo conozco)supone cierta liberalidad en cuanto a los criterios de evaluación. Debe primarse la facilidad de acceso a los textos, seguir la lectura, saber cuándo se está siendo sincero o no (esto supone que cuando un alumno no se concentra en un libro, lo devuelve sin más). Implica flexibilidad y un carácter especial (que no sé si tengo) para implicarte es dicho proyecto. Es como lanzarte en paracaídas esperando que se abra (aunque podemos tener la certeza de que así será, pero no deja de suscitarnos dudas). Supone riesgo, no tenerlo todo controlado, pero la verdad es que todo depende de unas tablas que nos orientan sobre si un alumno aprueba o suspende, pero hay algo no formal que te lo dice. El problema es que hay que objetivarlo.

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  39. María, parece que me inspiraras desde la lejanía porque a mis alumnos de bachillerato, después de una clase sobre el petrarquismo poético, la mística y la ascética, les he prometido pasarles El imperio de los sentidos de Nagisa Oshima, no sé si la conoces. Estamos reflexionando sobre concepciones sobre el amor (el amor como riesgo existencial abocado al fracaso, al desdén o a la muerte de la amada). En todo caso es un territorio complejo que hemos de acercar al presente. La obra de Oshima, impactante, seductora, terrible, erótica, les puede abrir caminos para hacerse idea del amor pasión que está tan alejado de sus concepciones. La labor de profesor es muy incierta. Y nadie sabe cuando uno acierta o se equivoca. En fin...

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  40. Es de hace unos meses, pero creo que puede ser interesante para el debate:

    http://www.meneame.net/story/que-no-debemos-leer-quijote

    Muy bueno su blog.

    Gerardo

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  41. ¡¡¡Buuufff!! JOSELU,

    sí que lo conozco, apuestas fortísimo jajaja si no los zarandeas con esa obra, es que están muertos :-)

    Espero que sus padres comprendan tus fines, porque como te salga un puritano, te come :-)


    Cruzaré los dedos :-)

    ¡¡Suerte!!

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  42. Memorable artículo el que trae Gerardo. Conecta perfectamente con lo que andábamos sopesando. Un párrafo:

    «Los libros que hoy día te mandan leer en el instituto también están llenos de ruido, anegados por la algarabía de drogas, bulimia, padres separados, garitos que nunca cierran. Las autoridades educativas públicas -las que me pagan el sueldo- y las editoriales que se dedican al negocio de la enseñanza saben lo que se hacen. En realidad es una estrategia que trata de protegerte del silencio. Conocen bien a qué silenciosos territorios conduce la lectura, el mal que ésta te puede causar si te dejas tentar por sus ignotas geografías, por sus heroínas de larga cabellera, por sus argumentos políticamente incorrectos. Ellos buscan tu sociabilización. Por eso llenan el mercado de toda esa ruidosa literatura sociabilizante. Desean convencerte de que leer es divertido, de que ha de serlo por narices. Y, para ello, te ofrecen el burdo realismo de un mundo de paradigma y simulacro adolescente. Creen que esto es lo único que te puede enganchar. Aunque fingen ser los guardianes del canon literario, al final siempre terminan justificando su trabajo de sepultureros con las excusas de siempre. El canon está repleto de libros complicados, aducen, obras que ningún alumno entiende, que están anticuadas.»

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  43. Puñetera Tormenta...con lo bonito que quedó.
    Que ya ando por aquí, y te proponía una opción intermedia. Leer novelas y despues...ver las pelis sobre ellas. Hombre no te aconsejo que empieces por Guerra y Paz...pero si por el Perro del Hortelano.

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  44. Yo es que pienso que no a todo el mundo le ha de gustar la literatura. Como no a todos les gusta la música. Y yo esto a veces no lo entiendo. Pero es así. Ir contra corriente siempre ha sido labor de héroes, que es lo que sois los profesores/as de literatura cuando sois capaces de hacer leer a los alumnos que no les gusta leer.

    Un abreazo.

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  45. Al59, lo había leído y ciertamente contiene ideas estimables, pero no tiene destinatario verosímil adolescente, excepto el que ya fuera amante de la literatura y fuera capaz de entenderlo. Los destinatarios somos nosotros, los que estamos al otro lado y ya estamos convencidos. Y yo me pregunto que ¿por qué el sistema estaría buscando la sociabilización de los jóvenes, venderles mundos de plexiglás, impidiéndoles el silencio? ¿Para hacerlos dóciles, sumisos, acríticos...? Supongo que esa es lo que se insinúa. Pero no estoy convencido de ello. Es una idea que puede triunfar en algunos ambientes pero no me acaba de cuadrar. ¿Qué harían los jóvenes en tal caso si fueran lectores de Ana Karenina y de El manuscrito encontrado en Zaragoza? ¿Serían distintos? Probablemente, pero ¿serían más de izquierda? ¿más solidarios? ¿Más críticos? No sé.

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  46. Miguel, yo me contento con que pueda hacer pensar a mis alumnos. Si intentan pensar, llegarán a la lectura en busca de respuestas. Pienso yo, pero no sé.

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  47. Yo os voy a contar la planificación de mi asignatura de Literatura en 3º de BUP, allá lejos, lejos... Fue algo fantástico.

    La asignatura se dividía en 3 trimestres. En cada uno había 2 libros obligatorios y el resto, a elegir. De cada uno hacías una ficha con todos los datos que pedía la profesora y que explicaba al principio del curso. Cuantos más libros, mejor nota. Sin examen. Como "prueba" final, un trabajo en grupos de 3, con la biografía, bibliografía y lectura de un libro de un autor a elegir también. El grupo exponía en clase y la gente podía participar.
    Ni os imagináis lo que leímos todos aquel año, descubriendo autores obligatorios estupendos y rollos también. Pero fue estimulante y nos aficionó a muchos a leer.

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  48. En efecto, no hace mucho tiempo el propio Antonio Solano escribió esto en su blog:
    ...Además, debo recordar una de las premisas que mantengo casi desde el inicio de este blog y de mi labor docente: Si tengo que elegir entre lectura y literatura, me decanto por la primera. Considero que, en los tiempos que corren, la tarea más urgente es formar lectores, es decir, conseguir que la lectura se convierta en un actividad atractiva (a través del humor, del sentimiento, de la aventura, del conocimiento, del lenguaje literario...). El desarrollo de la competencia literaria sólo tiene sentido cuando existe una competencia lectora apropiada, de lo contrario seguiremos encontrando alumnos que sólo han leído los libros obligados (y eso en el mejor de los casos).
    http://repasodelengua.blogspot.com/2010/03/la-noche-de-los-clasicos-vivientes.html

    Y tiene más razón que un santo, hasta cuando desea que los alumnos sean baldosas.

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  49. Es más, hace algunos días pude saber de un Magistrado amigo que al referirse a la educación de su hijo, particularmente tras un verano intenso tratando de que éste aprobara en septiembre, me comentó lo siguiente: -Yo, sigo siempre el mismo sistema, si quiere usar media hora el ordenador tiene que leer durante media hora previa el texto que yo le dé y ha de resumirme su contenido.
    Es decir, igual que lo narra Pennac: a tu cuarto castigado sin ver la televisión, es decir, castigado a leer libros y no premiado con la televisión, castigado con la lectura y premiado con el ordenador.
    Así no habrá manera.

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  50. RFT, estoy de acuerdo contigo en que Antonio tiene mucho de razón. Lo mejor de él es su sentido común. No obstante, me pregunto por qué textos de cierta complejidad y riqueza narrativas podían ser leídos sin dificultad hace veinte años por adolescentes de dieciséis años y ahora son absolutamente opacos para ellos. Quizás pensar que la lectura sólo sirve para pasárselo bien es un principio que se puede esgrimir, pero hubo un tiempo en que al lado de esto figuraba entre mis objetivos que la literatura sirviera para hacer pensar. Esto se ha olvidado casi por completo. Y me preocupa esa molicie que se ha extendido entre los jóvenes (y que acepta el sistema educativo como irremediable) respecto al hábito de pensar más allá de lo políticamente correcto. Pensar supone un riesgo, pero se rinde todo el sistema ante lo inapropiado de esto. Son los tiempos que corren, claro.

    En cuanto al amigo magistrado, la jugada le puede salir tanto bien como mal. Puede terminar odiando la lectura o puede ser un apasionado de ella. En la historia de la música, ha habido compositores que eran atados al piano a sus seis y siete años para que siguieran durante largas horas haciendo ejercicios. Algunos terminaron siendo genios, aunque no todos, claro.

    Un cordial saludo.

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  51. Por alusiones, gracias RFT y Joselu. En efecto, es triste que tengamos que luchar por conseguir una habilidad que en nuestros tiempos se adquiría mediante los tebeos o las novelitas de quiosco. Los tiempos han cambiado...

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  52. Antonio, lo curioso es que jamás se ha hecho tanto hincapié en la lectura como ahora. Nunca ha habido más lecturas graduadas como ahora. Desde que son bebés se les regala libros de peluche o para la bañera. Luego hay centenares de posibilidades lectoras en todos los niveles y géneros que se conectan con series de televisión. Pienso en Las tres mellizas. Nunca ha habido tanto interés y propaganda institucional para que se lea, ni tantas bibliotecas. Antes no había nada. Apenas libros, ni bibliotecas, ni cultura de la lectura, ni recomendaciones en la escuela para leer... pero había -según dices- tebeos y noveluchas de kiosko. Realmente es fascinante que pudieran servir para tanto. Algún día dedicaré un post a las novelas de Marcial Lafuente Estefanía. ¿No te parece que es increíble? ¿No te parece que más bien es la transición a una cultura de la imagen y de la interactividad que ha terminado devorando la palabra escrita como portadora de sentido?

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  53. Estoy deseando que escribas sobre ello: en mi casa recuerdo ese tipo de novelas y que, antes de saber leer, jugaba con ellas a hacer edificios :-)

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  54. Y novelas de Silver Kane...

    Nada devorará nunca la palabra escrita:

    La palabra no importa, a través de ella extiendo una mano hacia ti. En otro mundo no necesitaría palabras. Aparecería en tu umbral. ―He venido a hacerte una visita ―te diría, y ahí se acabarían las palabras: te abrazaría y tú me abrazarías a mí. Pero en este mundo, en esta época, tengo que llegar a ti con palabras. Así que todos los días me transformo en palabras y envuelvo las palabras en papel como si fueran dulces...

    (J.M. Coetzee, "La edad de hierro", Ed. Mondadori, Barcelona 2002)

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  55. RFT, soy un lector entusiasta de Coetzee. No recordaba esta cita de este libro que leí hace unos años. La palabra escrita no desaparecerá pero lo cierto es que ocupa un lugar muy secundario en cuanto dadora de sentido en las jóvenes generaciones. Sirve la palabra como elemento de comunicación pero no como elemento significativo. Esto me preocupa. Lo veo cada día.

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  56. Es verdad, la lectura esta muerta, no sólo con los adolescentes, también en aquellos que no lo somos.
    Mi hijo reniega de ella, pero no me preguntes como ni que hemos hecho para ello, lee, lee por las noches antes de acostarse, pero siempre te dice que, oh es un rollo, pero lo termina, no me ha gustado, pero lo finaliza, oh no me interesa. Ni se te ocurra aconsejarle una lectura, aunque miro de reojo y compruebo que lee y lo que mas me entristece es que niegue que esta enganchado a ella.

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  57. hola soy estudante de literatura , pero la verdad me aburre ,yo quisiera meterme de lleno a eso de la liratura saber mas como hacerle para motivarme y no ser un fracaso en la materia gracias

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    1. busca libros prohibidos, enfermos, literales y pormenorizados. busca libros incomodos para tus creencias, tu etica y tu moral. te aseguro que estaran lejos de aburrirte. empieza por cuentos cortos con o sin moraleja, luego ve subiendo en número de páginas. se parece a los gustos musicales.

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  58. Lo pero es leer algo que uno no quiere, recuerdo cuando en 10 grado tuve que leer La nausea de Paul Sartre, no quiero repetirlo de nuevo...

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  59. Querida gente,lamento comunicarles que si bien todos alguna vez tuvimos que leer algo, ya sea por obligacion o placer, existen personas a las que leer simplemente les aburre, y el asunto se cierra ahí. Leer no es uno de esos placeres como comer o tener sexo, leer es simplemente como andar en bicicleta, una actividad que la gente elige para pasar el tiempo, hay quienes lo emplean leyendo y otros que lo emplean en otras cosas, quizas en actividades mas practicas o basadas en actos. Sinceramente yo debo confesar que soy una de esas personas, y no por eso soy inculto o menos inteligente, de hecho intento encontrar otras formas para abrir la cabeza, y es que es simplemente eso, una cuestion de gustos y a mi me parece super aburridisimo sentarme a leer. Eso si, respeto mucho a la lectura y a quienes leen, pero en lo que a mi respecta, esta lejos de ser un placer.

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