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Esta tarde paseando por el centro de Barcelona he asistido a un cruce de imágenes curioso. En una estación de metro (en Hospital Clínico), había un cura mayor, bajito, con aspecto decrépito, ataviado con sotana hasta los pies, con una marcada joroba y con restos de caspa sobre sus hombros. Con voz insegura y tímida ofrecía a los viajeros que salíamos del metro un calendario con la imagen de la Virgen correspondiente a este año. Le había visto en varias ocasiones y siempre me había admirado su tesón y su resistencia frente al desaliento ante un público tan radicalmente tan poco predispuesto a comprar su calendario.
Le estaba viendo y reflexionaba sobre ello cuando ha pasado un autobús que para mi pasmo llevaba en la trasera el famoso eslogan que se ha hecho popular estos días: Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida. He pensado que la casualidad merecía bien un post. Ha habido movimientos cristianos que han opuesto a esta campaña otra con otro eslogan en algún autobús de Madrid: Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo.
Me parece bien que puedan contrastarse ideas sobre ese asunto tan controvertido que ha vertebrado la historia. La campaña promovida por alguna asociación de ateos tiene algo de insólito y corrosivo. Es la primera vez que se pone en pie una campaña de este tipo. La idea surgió en Londres y ha llegado a España. No me imagino que esto hubiera sido posible en otros tiempos. Por mucho menos uno acababa en alguna mazmorra o frente al patíbulo o la hoguera inquisitorial. Hoy la iglesia tiene un aire anticuado, como el del curita al que hacía referencia al principio, los seminarios están vacíos y los monasterios cerrados o sólo con monjes muy mayores, pero cuando tuvieron poder, y han tenido mucho a lo largo de los siglos, lo utilizaron con una cruel prepotencia, aliados siempre del trono y la guardia civil. Su imagen no era precisamente la de la mansedumbre y la humildad.
El personaje de Nazarín que narró Galdós y llevó magníficamente al cine Luis Buñuel, es el caso de un sacerdote que decide tomarse en serio las enseñanzas de Cristo y da todo lo que tiene a los pobres, incluidos los bienes de su parroquia. El caso levanta un gran escándalo y es llamado a capítulo por el obispo. Éste le pide explicaciones sobre sus acciones y Nazarín responde que sólo ha hecho lo que había dicho Cristo, provocando la sorpresa y el pasmo de monseñor que le espeta que si todos fuéramos a hacer lo que había dicho Jesús, bien nos iba a ir…
No sé, la iglesia me parece poco espiritual. Sus obispos parecen ejecutivos un tanto siniestros vestidos de negro y con miradas aviesas. Parecen lamentar que la sociedad se haya hecho agnóstica o atea. Hablan de una tiranía anticristiana en contra de nuestras raíces. Lamentan perder poder e influencia, pero no renuncian a las prebendas que les da el estado como presupuestos para subvencionar escuelas católicas.
Siempre me ha asombrado su falta de fe. Si realmente dios existe ¿cómo confían más en lo material que en lo espiritual? Si dios existe ¿cómo no iba a tener él en cuenta todo este proceso que estaría dentro de sus planes? ¿No podría mostrarse en todo caso más claramente para indicar el camino al mundo? Pero Dios se obstina en mantenerse en silencio. No se entiende por qué murió hace casi dos mil años? Yo, al menos, no le encuentro ninguna lógica o sentido a su sacrificio y la deriva que ha tomado su iglesia durante siglos y el propio mundo que parece cada vez necesitarlo menos.
Es bueno y sano que pueda escribirse en público que dios probablemente no existe. No pasa nada. Sólo se ha dicho probablemente que no exista. No es seguro. Sólo es una probabilidad pero que visto en público tiene el sabor de lo prohibido frente al oscurantismo de una historia represiva.
El curita que abre el post no obstante seguirá intentando vender calendarios con la imagen de la virgen que pocos le comprarán. Seguro que a él no le inquieta esta campaña atea. Quizás sea una nueva encarnación de Nazarín, ya vetusto, y el dinero que saca con los calendarios sea para ayudar a los inmigrantes de su parroquia.