Soy consciente de la fecha que es hoy –ochenta aniversario
de la muerte de Antonio Machado en Collioure en el exilio tras la guerra
civil- y soy un admirador rendido de su primera poesía, la que constituyen los
libros Soledades, galerías y otros poemas
y Campos de Castilla. He visitado
Collioure en tres ocasiones y en una de ellas mis hijas recitaron versos de su Retrato ante su tumba, y en otra ocasión
mis alumnos leyeron también poemas suyos con una bandera republicana que llevé y
puse sobre su lápida. No tendría que justificarme pero comienzo haciéndolo
porque lo que voy a decir es, por lo menos, sorprendente. Voy a hablar de dos
almas gemelas, Antonio y Manuel Machado, que se llevaban un año
aproximadamente. Manuel nació en 1874 y Antonio un año más tarde. Ambos
vivieron en el palacio de las Dueñas en Sevilla y se educaron en la progresista
Institución Libre de la Enseñanza en Madrid, dirigida por Francisco Giner de
lor Ríos. Ambos fueron a París a final de siglo y conocieron a Rubén Darío.
Manuel estudió Filosofía y Letras, algo que Antonio haría posteriormente
ayudado por Miguel de Unamuno. Ambos escribieron poesía simbolista. Manuel
publicó su espléndido Alma en 1907,
el mismo año que Antonio Machado publicó Soledades,
galerías y otros poemas. Les dividió
en cierta manera la vida al casarse Antonio con Leonor y morir esta en 1912.
Antonio fue destinado a Baeza tras la muerte de Leonor para huir de la terrible
tristeza que sentía. Allí comenzó a estudiar Filosofía y Letras. Manuel y
Antonio colaboraron en varias obras dramáticas como coautores con cierto éxito.
Antonio, ya en Madrid, tras su destino en Segovia, se entusiasmó con la
República y participó en las Misiones pedagógicas, igual que su hermano Manuel
que colaboró con la Asociación de amigos de la Unión Soviética. En la obra, La Lola se va a los puertos (1929), José
Antonio Primo de Rivera, futuro fundador de Falange, elogió a ambos poetas el día de su estreno en Madrid.
Manuel y Antonio eran uña y carne, íntimamente unidos en el
terreno personal y literario.
Sin embargo, hubo algo que, por obra del azar, les separó.
El Alzamiento Nacional les sorprendió en ciudades distintas. A Antonio en
Madrid y a Manuel en Burgos donde estaba el 18 de julio de 1936. Antonio fue
erigido como ejemplo de poeta cívico republicano comprometido con el pueblo y
Manuel elogió a José Antonio Primo de Rivera y escribió poemas como El sable del Caudillo dedicado a Franco
cuando la toma de Madrid por las tropas nacionales. Antonio Machado vivió en
Madrid, y posteriormente en Valencia en
la retaguardia como emblema de la literatura al servicio de la república.
Antonio escribió en sus Escritos de
guerra (1937) loas entusiastas sobre la URSS, el modelo soviético y el
marxismo de puño abierto. 1937 y 1938 son los años que
en la URSS tienen lugar los procesos de Moscú en que centenares de miles de
comunistas fueron fusilados por ser supuestamente traidores o simpatizantes del
troskismo. Antonio no sabía nada de esto ni de la represión en la retaguardia
republicana ni de la realidad de las chekas, como centros de tortura
generalizada. Antonio era un hombre bueno, melancólico, extraordinariamente
ingenuo en la vida y en su relación con las mujeres –véase su relación con aquella
mujer a la que llamó Guiomar y que se aprovechó de él y luego lo abandonó-, y
muy asustadizo. Sus escritos Juan de
Mairena y sus Escritos de guerra
muestran a un hombre lúcido y comprometido con la causa republicana. La derrota
lo llevó primero a Barcelona y luego a Collioure donde murió hace ochenta años.
La leyenda sitúa a su hermano Manuel acudiendo a su improvisada tumba en la
ciudad francesa pocos días después de su muerte, aunque este hecho no se ha
acreditado.
Ahora piensen por un momento en la posibilidad de que la guerra
hubiera encontrado a Antonio en Burgos y a Manuel en Madrid. ¿Envenenada propuesta?
Yo le he dado vueltas muchos años desde que en la Universidad Autónoma en un
curso sobre Antonio Machado, una de las mejores especialistas sobre su figura y
obra me contestó con un espeso silencio ante esta hipótesis. ¿Qué hubiera
pasado si Antonio hubiera estado en la capital de la España Nacional en julio de
1936? Antonio no era un héroe y sí un hombre ingenuo y medroso. Su hermano
Manuel era mucho más decidido y resolutivo. ¿Acaso hubiera terminado Antonio
escribiendo sonetos al Caudillo y Manuel, su alma gemela, escribiendo loas a
Stalin y a la URSS? El destino crítico de ambos hubiera sido muy diferente.
Mientras Antonio ha recibido el reconocimiento crítico más entusiasta como
poeta cívico, al servicio del pueblo, y su obra ha sido ampliamente estudiada
en cientos de tesis doctorales y la oposición hizo de él su símbolo contra el
franquismo, Manuel, su hermano, casi gemelo, ha recibido el olvido más
clamoroso. No hay biografías de la dimensión que las que tiene su hermano y su
obra ha sido prácticamente olvidada. ¿Qué hubiera pasado si hubieran intercambiado
su destino por obra de un azar inexplicable?
¿Qué esto es hablar por hablar? Claro, la historia es
irrepetible y Antonio no fue a Burgos en esa fecha y sí su hermano, igual que
Federico García Lorca fue a Granada en lugar de quedarse en Madrid o viajar a
Mexico como le habían propuesto. No obstante, uno no deja de plantearse ciertas
preguntas que podían haber tenido respuesta muy diferente si no hubiera sido
por el azar. Porque Antonio Machado no era un Unamuno, incapaz de callarse estuviera donde estuviera. ¿Acaso la historia
podría haber llevado a Collioure a Manuel en lugar de a Antonio? ¿Estaríamos
recordando ahora a Manuel Machado en vez de a Antonio?