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martes, 25 de mayo de 2021

El dilema maldito


Arthur Schopenhauer escribió que el sentimiento de la vida oscilaba entre la desesperación y el aburrimiento, o lo que es lo mismo, entre el dolor y el tedio. Creo que leí esta reflexión en mi primera lectura de El árbol de la ciencia de Baroja, lectura antes cenital para los adolescentes del anterior sistema educativo. Así bien, o estamos jodidos o estamos aburridos. Si estamos jodidos, no nos aburrimos –es la parte positiva de ese estado-, pero cuando abandonamos el sufrimiento por algún albur del destino, el estado que nos viene es el de aburrimiento a la espera de que algo pase y que nunca acaba de pasar. Es lo que les sucede a Vladimiro y Estragón en torno a un árbol esquelético en un paisaje incierto en la obra Esperando a Godot.

 

Para evitar el aburrimiento urdimos mil y una estratagemas: la comida es una de ellas –vemos en todas las redes sociales miles y miles de páginas con los más refinados platos de todos los tipos: comer libera de la angustia y del aburrimiento-; otra forma de afrontar el aburrimiento es la pasión política o deportiva y no cabe duda de que hoy día las redes sociales están imbuidas de unas dosis enormes de política. Las más preclaras mentes pensantes se zambullen en el análisis de la realidad, bien sea desde la óptica del resentimiento de la izquierda radical o de la extrema derecha. Ambas lindes del espacio político comparten igualmente dicho resentimiento como motor ideológico, y de ahí, de su necesidad de abordar el aburrimiento que no cesa, sus apelaciones complementarias a la justicia, a la ira, al grito, a las consignas, a las fabulaciones, a los complots… 

 

Otra forma de abordar el aburrimiento es el consumismo. El hecho de comprar libera momentáneamente de la tensión vital y el aburrimiento. Una tarjeta con crédito ilimitado es el mejor desestresante y desangustiante, con mucha mayor eficacia que el Prozac. No digo que sea así en todos los casos, pero sí en un elevado número. Cuando estamos a punto de comprar algo se intuye la liberación de un elevado número de hormonas de la felicidad sea dopaminas o endorfinas… No en vano el capitalismo ha vencido al comunismo solo por este sencillo mecanismo. Nos gusta comprar, aleja tanto el sufrimiento como el aburrimiento provocando una tensión vital refrescante. 

 

Hacer deporte, cansarse, forzar el físico es asimismo una fuente de placer extraordinario ante el horror vacui, ante la amenaza de sinsentido de la vida. Si uno está corriendo o levantando pesas, o haciendo una larga caminata extenuante, uno deja de hacerse preguntas y supera igualmente la sensación de aburrimiento a pesar de que el esfuerzo físico constituya una suerte de padecimiento luminoso. Subir un ocho mil o correr la maratón conlleva padecimiento pero recompensa, lleva implícito un desgaste liberatorio igualmente de hormonas que evitan el aburrimiento. 

 

El arte, sea en su faceta creadora o en la de observador o lector, produce también estados bienhechores para el espíritu, haciéndonos salir de nosotros mismos y de nuestra angustia constitutiva puesto que supone una especie de experiencia iluminadora de la conciencia y de nuestro placer estético. 

 

Hay otras formas de enfrentarse al dilema schopenhauariano como el sexo y la violencia, ambas formas devoradoras del ego sufriente o aburrido. De ahí las numerosas guerras a lo largo de la historia, los terribles conflictos interterritoriales, religiosos o étnicos que tienen su eje en el ansia de dominación y de poder, siendo este, el poder, un mecanismo sumamente excitante y atractivo. 

 

Sin embargo, el mecanismo más barato para contrapesar el sufrimiento o el aburrimiento es la risa, la conversión en caricatura de toda forma de jerarquía o esquema dominante, la inversión de todo. 

 

Y cagar, en último pero no en el más irrelevante lugar, también es algo que nos libera como bien sabían en la Edad Media con todas sus fantasías coprofílicas. 

 

Así pues, cagar, comer, reír, hacer política, consumir, extenuarse, crear, leer, combatir, asesinar, follar… son nuestras liberaciones más habituales para enfrentarnos al dilema maldito. 

 

¿Cuál es la tuya?

25 comentarios :


  1. Ja, ja, ja. Tu entrada, en su salida, me ha hecho reír. Será que me estoy enfrentado al ‘maldito dilema’ schopenhauariano, suponiendo que esta sea una visión única e irreductible de nuestra existencia, porque cabe aceptar otras filosofías y no solo la pesimista de la razón, frente a la optimista de la voluntad que también hace girar la rueda del mundo.

    El aburrimiento tiene mala fama (aburrirse como una ostra) porque es lo contario de lo interesante que es un logro y un estándar en esta sociedad. Sin embargo, como reza el dicho popular, el que se aburre es porque quiere. Meditar, estar a solas con nuestros pensamientos es tedioso para muchos y sin, embargo, otras personas lo consideran de los más entretenido.

    Hay toda una industria del entretenimiento porque los seres humanos (en las sociedades más desarrolladas) han acumulado mucho tiempo libre, algo que antes era impensable, cuanto más atrás en el tiempo mucho más, y eso les hace aburrirse.

    Como siempre, tus escritos me abren el apetito de conocer. Gracias.

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    1. Hubo un experimento hace unos años en que se preguntaba a multitud de sujetos por cuánto dinero (en dólares) estarían dispuestos por prescindir por completo de la televisión en un año. Había quienes pedían cantidades elevadísimas y otros que no estaban dispuestos por ninguna cifra. Si la pregunta fuera ahora por quiénes estarían dispuestos a prescindir totalmente de su móvil durante un año, creo que muchísimos no podrían soportarlo de ninguna manera. El entretenimiento fútil ocupa un lugar fundamental en el transcurso de nuestra vida. Lo menos soportable es el vacío, ese que en generaciones anteriores se ocupaba con la laboriosidad o la contemplación de las cosas. El aburrimiento, en efecto, puede ser enormemente creativo, pero es propio de nuestra cultura el no soportarlo de ninguna manera, antes cualquier tipo de banalidad o necedad que nos ocupe la conciencia. Cada vez se es menos observador porque para observar hay que aguzar la mirada, el oído, la conciencia... Y ahora la tenemos ocupada con mil y un estímulos sucesivos, incesantes, que carecen de cualquier tipo de dimensión. No es casual que todo hoy día se pretende que sea adictivo: las series, las novelas, la comida... Todo menos soportar el vacío que ya a los barrocos les producía angustia en su famoso "horror vacui". La reflexión de que nuestra vida discurre entre la desesperación y el aburrimiento habría que contrapesarla con otro factor, el entretenimiento como modo de estar en el mundo.

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    2. El tedio es la insipidez de la existencia. Cioran estimaba al aburrimiento como un estado superior del alma, un manjar exclusivo.

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  2. Es curioso como la sociedad ha cambiado sus horas de trabajo por horas de ocio.
    Si antes se trabajaba 52 horas para pasar a 48 después de agrios debates, de allí a 44 y finalmente a 42 y media, esas horas ganadas a la empresa las hemos traspasado a nuestra causa, y trasformados en lúdicas.

    No conformes vamos a por las 35 semanales. Y aún así nos falta tiempo.

    Tiempo para ir a entrenar (una hora diaria). Para hablar con por el celular (unas dos horas largas al día); para ver Neflizzzz (una hora larga al día); para estar detrás del ordenador (otra hora larga al día); para salir los fines de semana e ir al de copas ((de las 22 a las 3 ó 4 de la madrugada)...

    En realidad hemos entrado en la cultura del ocio, tal como suena, de tal manera que antes, sólo una generación antes que la nuestra, cuando una chica le decía a su madre que había conocido a un chico, se lo comentaba de esta manera: Mamá, he conocido a un chico. ¿Cómo es, nena?, es muy guapo y trabajador, mamá. A lo que la madre respondía: -me alegro. Ves con cuidado. Hoy ya no, hoy funciona así: ¡Mamá salgo con un chico¡, ¿a sí?, si mamá, . ¿Y que tal es?...-es muy simpático...¡me hace reír más¡

    La cuestión, JOSELU, es entretenerse, reir, pasarlo bien...el sr Arthur escribió entre muchos otros, un libro que no se encuentra pero que he tenido la suerte de tenerlo entre mís manos: El amor, las mujeres y la muerte. Y a mi criterio no va nada equivocado en sus postulados.
    Un abrazo

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    1. Yo, como profesor, experimenté el cambio a lo largo de mi carrera docente. Cuando empecé, pretendía que mis clases fueran nutritivas e interesantes intelectualmente. No siempre lo lograba pero quería poner en funcionamiento los intelectos de mis alumnos y yo observaba cuando ellos captaban un doble o triple sentido a lo que yo decía porque se insinuaba en ellos una sonrisa de comprensión. Con el cambio de modelos educativos, las clases dejaron de ser aquello para necesitar convertirse en entretenidas y divertidas. Los alumnos dividen su horario entre las clases con dosis de diversión y las que no, y si no la tienen, ya se la procuran ellos subvirtiendo el orden. Yo tuve que adaptarme y procurar que mis clases fueran divertidas para intentar sobrevivir. Muchos estímulos, juego, entretenimiento, cambio de dinámicas a lo largo de la hora de clase... Eran incapaces de mantener la atención durante más de cinco o seis minutos con lo que cualquier razonamiento o tema tiene que ser fragmentado en multitud de secuencias que resultan inconexas. El conocimiento entonces se convierte en un puzzle cuyo sentido final es incomprensible porque nunca se completa la figura y, además, nunca hay tiempo. La atención se ha transformado en algo diferente, en multitud de impulsos carentes de coherencia y unidad para estallar espuriamente en partículas de juego en coherencia con el funcionamiento de la tecnología siempre cambiante e inestable, fragmentada.

      Soportar la duración del tiempo es el reto de nuestra época. Para ello, enormes dosis de entretenimiento. Todo ha de ser entretenido y banal porque la profundidad se considera inoportuna y aburrida.

      Un abrazo, Miquel.

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    2. Que interesante explicación y que bien definida, JOSELU.
      Copio, imprimo y guardo.
      Está muy bien resumida y es de una lógica aplastante.
      salut

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  3. ¡Y a mí que me parece que la vida oscila entre la esperanza y la diversión (etimológicamente concebida, claro)...! Mantengo estos últimos años una durísima pugna con mi madre, porque ella, que va para impedida, sorda y ciega, no deja de renegar de la vejez y execrarla con todas las descalificaciones que halla a mano ¡y a fe que nunca se le agota la mina de donde las saca! Jamás me he atrevido ni siquiera a insinuarle que tiene a su alcance "liberarse" de ella, porque a buen seguro que entonces me acusaría de asesino para arriba, pero el otro día, la"calle" con una defensa aguerrida de la aceptación de quienes somos en el momento presente y que vivir pendientes de pedirle al cuerpo lo que este no puede dar es una traición a lo que ese mismo cuerpo puede dar, una injusticia palmaria. Como soy deportista desde bien pequeño, y lo mío es de una fidelidad absoluta, sé lo que son las terribles lesiones, pero incluso en esas aciagas circunstancias he disfrutado aprendiendo de mis reacciones, de la existencia de músculos insospechados y del dolor que supone que "recuperarse" solo pueda hacerse añadiendo dolor al dolor que se padece, porque esa "tortura" es la mejor definición de un masaje terapéutico. Hace mucho leí un libro iluminador, La filosofía trágica, de Clément Rosset, un filósofo que siempre me sorprende y cuyo ensayo sobre el insomnio literalmente me lo bebí de un sorbo. Ese libro está muy influenciado por Schopenhauer y en él habla de la "maldición" de la repetición, un verdadero "problema" que abate torres bien altas y pone a prueba estabilidades mentales muy consolidadas. ¡Cómo convencer a una descreída como mi madre de que no existen las"repeticiones", de que cada vez que se hace una cosa se hace "por primera vez"! Puede quedar de libro de autoayuda, no lo niego, pero, o se piensa así o no acabo de entender que pueda sobrevivir la sexualidad en la persona, por ejemplo... Luego están los neuróticos del orden, por supuesto, y vi una película muy ilustrativa al respecto, Still Life, de Uberto Pasolini, que tiene, como es lógico suponer, un final trágico... Muy interesante el asunto, Jose, mucho. Me ha "entretenido" felizmente...

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    1. Me parece que padeces esa ilusión vital del optimismo que te hace oscilar entre la esperanza y la diversión. José Luis Rodríguez Zapatero es o era un optimista redomado -a la vez que un sinvergüenza-. Los que somos de la secta del pesimismo extremo, tenemos otra óptica para contemplar las cosas sin esa visión luminosa que aporta el optimismo vital que yo no envidio para nada, tal vez porque me he acostumbrado a mi covacha ténebre para guarecerme de las inclemencias imaginarias o reales de la existencia. El pesimismo bien llevado me parece enormemente cómico. Pocos filósofos me hacen reír a mandíbula batiente como Cioran y cuánto me aburren los filósofos adictos a la visión positiva de las cosas. Uno aprende a moverse entre los tentáculos del pesimismo y encuentra fontecillas de filosofía de supervivencia in extremis aunque se resida en un ay continuo. Puedo entender a tu madre perfectamente y sentir con ella la terrible amenaza de la ceguera y la sordera. Sin duda, acumulas bendiciones y estigmas de fortuna que te ayudan a vivir. Los que somos de la estirpe amarga hemos de extraer de entre las piedras y los hierbajos pociones para ir pasando con ese excitante vital que es el pesimismo absoluto y que nos ayuda a comprender ciertos y múltiples planteamientos de la filosofía de todos los tiempos. Claro que no comprenderemos otros, pero esa lucidez oscura me es muy estimada, no he vivido con otra y a estas alturas aunque me leyera diez mil libros de autoayuda no podría -ni querría cambiar-. Es un vicio tanto como un placer lancinante. No sabes lo que significa un rayo de sol tras una larga y oscura noche del alma. Es como esas centésimas de segundo que preceden al ataque epiléptico, pero esto nunca lo podréis comprender los que sois optimistas y abstemios, es como otra casta, a mi juicio menos divertida, pero uno se acostumbra a lo que tiene, y el barrio más humilde del mundo se encuentra llenos de virtudes porque es lo que ha tocado. El pesimismo ayuda a vivir y a comprender ciertos acordes de la vida y el padecer de muchas personas. Por ejemplo, tu madre.

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    2. Haces bien en "defender" tu reino, por oscuro que sea, porque todos los humanos necesitamos un rincón o una cueva, pero, a diferencia de ti, yo no necesito defender un impulso que no controlo y que nace de mí como dice la frase hecha catalana de los niños que son de buen comer: "és de vida". Eso no quita, sin embargo, que toda mi atracción emocional y literaria tenga como objeto de su predilección ese mundo oscuro donde tú te recoges, y que me repugne, como a ti, el mundo bobo de la autoayuda y el "pensamiento positivo" a ultranza. Respecto de que mi "casta" de abstemios y vitalistas -mejor que optimista, que conste- seamos "menos divertidos"..., no sé, no sé... No sé si será por haber nacido en África, espacio que tú conoces bien, pero si no he sonreído ni he amanecido ni tienen sentido los "buenos días"... Una de mis "figuraciones" máximas es acabar convertido en "el tonto del pueblo", porque no puedo imaginar mayor libertad ni conformidad con el propio destino. De eso, entre otras cosas, iba "El idiota", la película "El hombre que no quería ser santo" y un hermoso ensayo de María Zambrano sobre ese "tonto del pueblo" inmortal...

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    3. Juan Poz, hoy he hecho con un amigo una excursión por la montaña y al llegar al pueblo de destino y buscar un restaurante para comer, un hombre joven de unos treinta y tantos años se ha dirigido a nosotros y se he puesto a hablar aceleradamente y sin parar durante diez minutos hasta que lo he parado y me he ido de su lado. Lo que decía eran incongruencias e historias tremendas que le pasaban, además de hablarnos del rey de Marruecos. Sin duda, estaba trastornado y nos ha costado quitárnoslo de encima no sin cierta brusquedad. Ser el tonto del pueblo puede ser muy doloroso. Este hombre lo era y tiene que recibir el rechazo de todo el mundo al que se dirija, está radicalmente solo en su deriva mental abrumadora y desquiciante para el que lo escucha.

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  4. -Dicen, que el aburrimiento reside cuando no tiene sentido la búsqueda...-Incluso que aburrirse puede hasta ser positivo.Por eso la imaginación es la mejor medicina y como dicen las influencers recrea tu clóset ummm.

    Me ha encantado esa liberación, comer no comeremos pero por lo menos nos hemos reído...

    Un abrazo.

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    1. ¿Te das cuenta de la importancia de la comida en nuestras vidas? El tiempo que no estamos comiendo, nos lo pasamos pensando en las suculentas posibilidades que tiene la gastronomía española y que multiplican las redes sociales y las ofertas infinitas de los bares y restaurantes españoles. Mientras se come, uno es feliz. No hay peor desdicha que padecer inapetencia y que no apetezca nada. De hecho la anorexia es un padecimiento psíquico espantoso. Sin duda, somos mediterráneos y estamos pensando siempre en la comida. Sin embargo, los nórdicos son mucho menos aficionados al yantar y su alimentación es mucho más funcional y práctica. Nosotros vivimos para comer y ellos comen para vivir. Cuando fueron diseñados los siete pecados capitales, sin duda la gula fue ideada pensando en los españoles. Me pregunto si esta obsesión alimenticia hace que los españoles seamos un pueblo poco filósofo y poco científico. Nuestro héroe nacional, Don Quijote, personaje no conocido por la inmensa mayoría de los españoles que no lo han leído, era un personaje rico en imaginación pero enjuto y filosófico. Nos atrae más Sancho, hedonista y hombre pragmático, a la vez que glotón. Probablemente, cuando los españoles piensan en el paraíso, imaginan como soberanamente aburrido ese que nos han explicado en que pasaremos toda la eternidad contemplando a Dios; mucho más halagüeño sería uno en que pasáramos dicha eternidad comiendo sin saciarnos jamás probando todas las tapas de la gastrononía española junto con los más cálidos vinos de todas las regiones. Creo que esto nos atraería más que si nos dijeran que nos pasaríamos toda la eternidad follando. El sexo pasa pero el hambre físico permanece y el apetito sigue vigente incluso en los padecimientos más severos. La idea de una calle inmensa llena de bares para recorrer es ciertamente incitante y metafísica.

      El aburrimiento, como bien dices, puede ser positivo si se está esperando la comida ya que el día se mida por esas libaciones horarias que nos sacian... y, por cierto, ahora me tengo que ir a hacer la comida para toda mi familia. Cuando están trabajando mis hijas se imaginan qué haré para comer. Y el tiempo va pasando. Voy a hacer albóndigas a la jardinera acompañadas de arroz o couscous, tengo que decidir.

      Y si nos hemos reído, miel sobre hojuelas que se dice.

      Un abrazo, Bertha.

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  5. Estoy contigo. La mejor relación costo eficacia es la risa. Yo añadiría que reírse de si mismo. Conozco personas que no son capaces -de momento- de ésto último y lo pasan fatal en la vida, siempre pendientes del juicio de los demás, molestándose por todo. Si algo bueno le encuentro a esto de ser viejo (o "experimentado de larga duración"), es que vas viendo que las cosas que hace años te fascinaban o te agobiaban no era para tanto y esta te da cierta ventaja a enfrentar las que vienen, que en general son muy parecidas de las pasadas.
    Un abrazo

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    1. Reírse de sí mismo, de mí mismo, es un arte que no he heredado ni he podido aprenderlo en la vida en base a mi experiencia. Mi madre era la esencia del dramatismo, cualquier situación por casual o insignificante que fuera tenía que convertirla en una tragedia terrible en la que nos sumergía a todos. Y uno se ha formado en eso y, complementariamente, en un terrible disfrutador del humor más negro y macabro. Así me atrajeron los grandes trágicos de la literatura empezando por Calderón y los pensadores pesimistas me han resultado siempre muy acordes con mis fibras sensibles. Reconozco que hay muy pocas cosas que me hagan reír y siempre de carácter absurdo, un absurdo hecho a mi medida y que no suele ser entendido. Estos días he disfrutado con uno de los libros más negros que he leído en mi vida, El Gran cuaderno de Agota Kristof. Te lo recomiendo, es muy breve pero su crueldad y su oscuridad me han impresionado. Si yo pudiera escribir algo así... En cuanto a mi capacidad de sorprenderme, creo que sigue abierta. La literatura, la buena literatura, a la que soy adicto como un yonki a la heroína, me surte de ejemplos estimulantes. Puede que no me pueda reír demasiado pero logro parodiarme a mí mismo en mi desesperación y tenebrosidad. Y de pronto, de refilón, un día surge una carcajada inesperada y absurda que nadie comprende porque todo se ha juntado para que haya visto algo que me ha maravillado. Una vez, hace veinte años vi una representación de un grupo ruso que me mantuvo toda la hora con una sonrisa, imantado a sus imágenes. Creo que solo el humor ruso me hace sonreír, tal vez sea porque también sea adicto a sus grandes dramas y al vodka. Hay un dicho que me perturba respecto a la vejez. En ella, supuestamente, ya no hay que dar explicaciones y uno está de vuelta de todo. Disiento. Cada vez que me hago mayor siento que he de dar más explicaciones y a la vez me doy cuenta de que cuando pensaba que ya iba de vuelta, me descubro que no he empezado a andar. Un abrazo.

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  6. Yo hace más de 25 años que no me aburro, siempre tengo cosas que hacer y cuantas más hago, más tareas me salen, es un circulo vicioso.
    Dicen que Roma cayó cuando los romanos no quisieron ser soldados, Europa caerá porque sus habitantes no queremos ser ciudadanos si no tal solo beneficiarios, conocemos nuestros derechos, pero no nuestros deberes. Términos como responsabilidad individual no están de moda, ahora solo reclamamos libertad para decidir sobre nuestra vida, pero no asumimos nuestros errores, queremos que sea el estado el que asuma los mismos. Nos vemos ricos pero tan solo crecemos como deudores y como aquellos hijos ricos de familias "bien" venidas a menos queremos invitar a todos sin poner ni un duro nosotros, y todo va para deuda, esa deuda que nadie dice que tiene repercusiones importantísimas, por que el va a durar cuatro años y sabe que no le va a tocar y a seguir dando pedales para no caernos de la bici, hasta que agotados nos demos el trompazo final. Mas que aburridos lo que estamos es gilipollas, en mi opinión, por lo menos.

    Un saludo

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    1. "Los jóvenes del campo, que habían combatido la pobreza con el trabajo de sus manos, atraídos por las dádivas de políticos y particulares preferían la holganza de la ciudad al trabajo de la tierra. A todos los mantenía el mal funcionamiento del Estado". (Salustio. Catilina, 37)

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    2. La deuda externa española supone un 200% de su PIB, y en el último año ha subido en 128000 millones de euros. Tienes toda la razón, y ello va a tener, como dices, repercusiones importantísimas para nosotros cuando estalle. Ni la sanidad ni las pensiones son sostenibles, lo digo con pánico porque me toca de lleno. Este endeudamiento es suicida, no ha comenzado con el PSOE pero a este partido le encanta gastar dinero a manos llenas. Por otra parte, el nivel de impuestos es terrorífico. El otro día leí que el dinero que vayas a dejar a los hijos es mejor que te lo gastes en coca. Siguen dando pedaladas pero llegará el momento en que hará boom y sálvese el que pueda. No soy economista para conocer cuáles son las recetas adecuadas para intentar sanear la economía pero me temo que se está yendo en dirección opuesta a lo que sería necesario. Si tenemos ocho no podemos gastar veinte, más en una economía en que el paro es el mayor de Europa y en la que el desempleo juvenil es espeluznante. Mal, Daniel, mal. Mal lo vamos a tener y ya no digamos nuestros hijos. Saludos.

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  7. "Europa caerá porque sus habitantes no queremos ser ciudadanos si no TAN solo beneficiarios,

    " por que el que la contrae va a durar cuatro años"


    Disculpas, cosas de las prisas

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  8. No sé si te acordarás, pero hice un seminario de seis meses sobre la obra de Schopenhauer en la facultad de Filosofía.
    Ahh, ese viejo cojudo, un auténtico cascarrabias el amigo Schopenhauer, siempre malhumorado con el mundo. Su madre, Johanna Schopenhauer le solía echar en cara sus malos modos y su arrogancia, y claro, se enzarzaban en continuas broncas por como éste trataba a sus conciudadanos.

    Pero tienes razón, Joselu, fue el primer filósofo que habló sin tapujos sobre el sufrimiento, lejos del maquillaje que aplicaban sus antecesores.
    Y, esto te gustará, era un entusiasta del Budismo (tenía una estatua de Buda en su escritorio); tomó para su doctrina uno de los principales pensamientos budistas: “la vida es sufrimiento e insatisfacción”.

    Bajando al terreno actual, hay una verdadera tiranía de la diversión, casi se llega a imponer por decreto. La publicidad (de casi todo) pinta un escenario en el que los productos no se disocian de la diversión; conducir tal coche es una experiencia divertida, lavar con no sé qué detergente es super guay; comprar tales macarrones o sopas te augura una comida en un ambiente distendido y divertido, tal colirio de ojos te permitirá una noche fantástica y divertida, si te pones estos vaqueros serás el rey del mambo, sí tomas esas pastillas para el resfriado podrás ir de acampada con tus amigos y pasarlo super bien, si te compras ese magnífico smartphone se te abrirá un universo de maravillosas posibilidades, si bebes tal refresco el mundo se convierte en una diversión sin fin… La publicidad lleva implícito el rechazo al aburrimiento, como si este fuese la expresión del fracaso en una sociedad que se alimenta del hedonismo. Aburrirse casi se ha convertido en una proeza, qué cosas.
    Aunque ahora con el coronavirus hay una especie de impasse.

    El aburrimiento en las dosis adecuadas (como todo en la vida) rebaja la excitación mental, nos libera de los miles de estímulos que recibe nuestro cerebro, bombardeado durante todo el día, lo resetea.

    Si el aburrimiento es no hacer nada, yo me inoculo mis dosis, no te creas, me tumbo mirando a las musarañas y dejo mi mente en estado de dispersión, como si fuese un globo aerostático al que vas quitando lastre para elevarse por los cielos, sin poner rumbo… luego ya veremos donde aterrizo.

    Un abrazo, amigo Joselu.

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    1. No sé si de forma voluntaria o no, pero creo que se trata de que no pensemos mucho, si puede ser nada. Por un lado un trabajo, cada día más precario, pero no mejor pagado por otro lado una cultura de ocio y relaciones que ocupa las horas que no se trabaja. Si quieres formar una familia los gastos que implica esto te hace depender de hipotecas que tiene que pagar, con lo cual cualquier conato de parase reflexionar y disentir activamente está automáticamente eliminado. Las hipotecas y las compras a plazos han venido a sustituir a la religión como "opio del pueblo"
      Saludos

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    2. Carissimo Paco: no te he contestado hasta ahora porque por la mañana he ido a hacer una caminata por los bosques de Collserola con un amigo, acompañado en los caminos solitarios por el gorjeo de los pajarillos cuyo origen intento conocer mediante una aplicación móvil. Una maravilla.

      Sí, sabía de tu atracción por Schopenhauer, un escritor que fue bestseller en el siglo XIX y cuyos títulos siguen siendo sumamente sugestivos. Es un filósofo interesantísima, lástima su opinión sobre las mujeres que conocí ayer.

      En 1987, aprovechando un permiso sin sueldo como profesor, me fui a instalar entre febrero y abril a uno de los pueblecitos más incomunicados de las Alpujarras, Bérchules. Fueron más de dos meses que estuve en una pensión con balcón al valle de los Bérchules y el sonido omnipresente del río grande que bajaba cerca de las cumbres de Sierra Nevada. Me llevé muchos libros y cree un horario de lectura de varias horas al día, también escribí un diario detallado que recientemente he digitalizado. En él resumía el pasar de los días entre finales del invierno y comienzos de la primavera. Comencé a hacer largas caminatas, a observar el cielo estrellado por la noche, a visitar el bar del pueblo y beber vino de Albondón oyendo las conversaciones de la gente del pueblecito. Hubo dosis grandes de aburrimiento, no tenía nadie con quien hablar, solo con la señora de la fonda que me daba las comidas y cenas. Pero aquel estado de aburrimiento constituye uno de los periodos más luminosos de mi vida. Cada pequeño detalle era significativo. El comenzar a nevar, un humildísimo carnaval en el pueblo con los niños disfrazados, una lectura estimulante, mirar las nubes, aprender el nombre de las plantas, repetir y repetir excursiones, hacer dedo entre pueblo y pueblo para volver, encontrarme en el monte al anochecer. Escribía cartas a mis amigos, cartas de verdad, y me contestaban a los diez días. A veces me pasaba un largo rato viendo pasar las nubes y las dibujaba. Fue un periodo esencialmente contemplativo en que hubo momentos en que no lo pasé bien, sufría de insomnio y el aceite que me daban era muy fuerte y me producía trastornos digestivos. Estaba esperando a una amiga italiana. Fue un tiempo en que el aburrimiento se convirtió en creativo, y ya te digo lo recuerdo muy emotivamente. Ahora la tecnología rellena el tiempo con mil y un estímulos y no se deja probar el valor del aburrimiento. Y estoy de acuerdo con lo que dices de que ahora toda experiencia o producto se vende como fascinante, adictivo, superguay...

      Un abrazo muy cálido, Paco.

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  9. Parece que la felicidad instintiva existe, pero está muy vedada a los pensadores congénitos. Y si encima se es consciente de dicha simpleza instintiva, acompañándose de continuo laboreo, debe resultar una verdadera gloria porque solo se atiene a las reglas de un buen corazón bien alertado de los peligros mundanos por la saga familiar antecesora. Eso resuena al mejor de los tesoros anti tedios. Por supuesto escrito desde el ángulo de la introversión.

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    1. El pensamiento es fuente de placer -así lo entiendo yo- pero también de sufrimiento. El árbol de la ciencia nos abrió el camino al descubrimiento del ser pero también del dolor. Y fuimos arrojados del paraíso donde no había pensamiento, solo éxtasis ante la realidad. Que Adán y Eva comieran del fruto prohibido nos abrió el camino hacia lo más luminoso de la existencia pero también de lo más oscuro. No puedo ver las cosas desde la perspectiva de la simpleza instintiva porque no es lo mío, pero ciertamente debe ser una gloria. Pero veo que tú tampoco puedes hacerlo.

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  10. Es un estado de desequilibrio bioquímico en el cerebro, el aburrimiento. A veces ni los mejores estímulos que puedan ofrecerse logran hacer diferencia.

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    1. Pienso que el aburrimiento es un estado potencialmente interesante, sea desarreglo bioquímico o no. Cuando estamos ocupados en mil y una cosas, no hay tiempo para divagar y perdernos en ideas absurdas.

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