Páginas vistas desde Diciembre de 2005




lunes, 19 de abril de 2021

Un perfecto imbécil en la penumbra de los unicornios

               


Un tiempo vacío en espera de otros acontecimientos. Un leve malestar por todo lo que uno vive. Es inútil reseñar lo injusto del mundo, daría para varios tomos de espesura terrible. Uno vive en la medida de lo que puede. Dejas atrás convicciones políticas y te centras en tu día. En las personas amadas y cercanas. Es lo que hace todo el mundo para sobrevivir. No mirar más allá de la realidad cercana. Te centras en tu círculo y procuras ser feliz en él. Lejos queda la guerra del Yemen, la destrucción de Siria, la fundición de los polos por el cambio climático, la deforestación, el fracaso del reciclado en España, el declive de los mares que se están convirtiendo en muertos, la crisis en el propio país que lleva a tanta gente al paro. Tú te centras en lo que vives, en tu casa, en el barrio y no miras más allá. Te llegan ecos de luchas venenosas en el ámbito político que son puramente tóxicas y no quieres implicarte, pero todo el mundo acaba implicado. Lees todo lo que puedes: historia, ciencia, literatura, poesía… Y no deja de invadirte la sensación de que te estás evadiendo, de que una parte de la mierda de este mundo también te salpica por libros que leas o series británicas o nórdicas que veas. Te centras en lo tuyo, en lo cercano, pero hay tanta gente que sufre sin que se vea en exceso… Pero tú no eres un samaritano, te vale ser un hombre común, que procura no leer la prensa, que ya te han puesto la primera dosis del Astra-Zeneca y no sabes si te pondrán la segunda. Vas a los bares por propia convicción y por apoyar el pequeño empresario que se deja la piel a tiras. Caminas por la sierra de Collserola cada semana, entras en el bosque profundo y escuchas a las aves del parque en soledad, lo cuentas en tu diario, ese diario que revela tu cotidianidad, tu forma de estar en el mundo de persona perfectamente vulgar, cuando lo vulgar ha reclamado el márchamo de reivindicable. Ser un hombre común no es un desatino sino un acierto. Un redoble de tambor. Antes eran reseñables las personas extraordinarias, ahora no. Si eres un ser humano, tu lugar en el mundo es ya de por sí significativo. La verticalidad ha dejado a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI de ser un modo exclusivo. Eres un ser común, tan perverso como cualquier otro, tan banal como cualquier otro, tan estúpido como cualquier otro. No hay nada tan detestable como el elitismo. No nos gustan las élites, sean azules o rojas, ni los que viven en la Zarzuela o en Galapagar. Odiamos que alguien se ponga un coturno para estar más elevado que nosotros, la plebe insaciable de sensaciones y aspiraciones irrredentas. Somos los que caminamos por el bosque, los que vamos a los bares, los que escribimos nuestras impresiones día a día, gente común, gente horizontal, gente que a veces recuerda que Harold Bloom estableció un canon literario en cuya cúspide estaba Shakespeare, debajo Dante y Cervantes… Ahora no creemos en los cánones de ningún tipo, la vulgaridad nos atrae, la grisura nos fascina e incluso querríamos ver algún programa televisivo de Jordi Évole entrevistando al descerebrado de Miguel Bosé pero la última novela de Javier Marías te atrae mucho más. No dejas de ser un plebeyo con corazón que frecuentas el bosque, pero te queda tanto por descubrir que te reconoces como un perfecto imbécil en la penumbra de los unicornios. 

17 comentarios :

  1. Respuestas
    1. Gracias, SuperB, no me suelo soltar a escribir libremente, pero hoy ha sido un día. Saludos.

      Eliminar
  2. Yo me centro en mi trabajo, es una buena manera de seguir adelante, en mi caso es la única. La sociedad que componemos es una sociedad bastante estúpida, somos bastante idiotas, no me excluyo.
    Mi trabajo es bastante creativo, esta mañana voy a pasar oferta a un cliente de un camión con dos equipos de gancho para llevar 60 toneladas de mierda a reciclar, primero para sacar gas y luego a transformar lo que quede en estiércol que abonara lo que comemos. Es una buena comparación, la mierda nos enriquece la comida y nos proporciona energía. Todo se puede aprovechar.
    Somos la sociedad de los "sobrados", el primer colectivo de la Historia al que le sobra de todo, nos sobra comida, nos sobra calor en invierno y frio en verano, hemos viajado a muchos sitios para no ver nada (en la mayoría de los casos), yo llevo dos móviles y un ordenador portátil todo el día conmigo, tengo una casa grande y muchas veces vacía.
    Pero como esos niños mimados que estamos creando, o que somos, siempre estamos insatisfechos, siempre estamos pidiendo más. Luego siempre somos solidarios, siempre nos gusta aparecer como "almas caritativas", nos gusta aparecer como "sensibles" pero somos unos "hijosdeputa" mal criados, insatisfechos y egoístas. A mi me consuela saber que por lo menos se quien soy y no lo escondo soy un producto caduco en una sociedad que desaparecerá en poco, por su estupidez y por su negar la realidad. Vendrán malos tiempos que harán personas fuertes, esa es mi esperanza, una esperanza bastante idiota, no lo niego, pero a algo hay que aferrarse que diría el naufrago. Una sociedad que paga más por un pantalón roto y gastado que por uno nuevo sin agujeros y sin gastar, quizás debiera cuestionarse muchas cosas, creo yo. Pero no nos las cuestionaremos hasta que sea demasiado tarde, como siempre.

    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pienso que tu comentario complementa y añade perspectiva a mi texto desde otro ángulo o punto de vista. Ciertamente, somos la mayoría unos hijos de puta que viven en un mundo de excedencias sin ser conscientes de nuestros privilegios. Conozco, por contra, a personas a las que no se puede aplicar ese calificativo, es una oportunidad vivir tan cerca de alguna de ellas. En cuanto a nuestras perspectivas, no lo sé. Los peores, los más malos, son los que han dominado la historia, los débiles siempre pierden, es ley. Nosotros estamos en un resquicio de medianía o mediocridad en que nos aprovechamos de las ventajas de nuestro mundo, aunque es posible que pronto esto se acabe. Un saludo.

      Eliminar
  3. Creo que todo aquel que se identifique con el texto, y con el del "burgalés", ya tiene algo ganado.

    Somos lo que somos, pero como ustedes, podemos aspirar a serlo "menos". No cambiaremos nada, nada, pero ser consecuente con lo que se piensa ya es algo, un principio, un comienzo.

    Yo conozco personalmente al "burgalés" JOSELU, y comulgo en casi todo lo que expone. Intenta ser una persona, sin más.

    Yo no te conozco personalmente, JOSELU, pero lo que expones comulga con mi criterio. Intentas ser una persona, sin más.

    El problema estriba en que no me conozco yo, que llevo desde siempre una lucha interior. Por ello intento compartir mi tiempo en personas que creo valen la pena leer, y con las que no siempre estoy de acuerdo, pero en eso estriba el aprender, en aceptar las ideas de los que crees valen la pena aunque no comulguen al cien por cien con las tuyas.

    Yo también camino por el bosque, algún día tropezaremos y nos beberemos un buen Ribera...ese lo pone Daniel, que es un tipo cojonudo.

    Un placer leerte, has escrito lo que a mi me hubiera gustado escribir.

    Salut

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A ver si nos encontramos en el bosque, o con un buen Ribera, eso no es tan difícil. Siempre es un privilegio contar con vuestras palabras que alimentan este blog de detritus mentales. Y sí, intento ser una persona, con numerosas contradicciones pero procuro ser lo más lúcido posible y no engañarme acerca de mí mismo. No pretendo ser mejor de lo que soy, esto es esencial para mí. Salut, Miquel.

      Eliminar
  4. -Demasiadas etiquetas para todo: al fin y al cabo todos somos mortales.Pero este estilismo rancio : lo generan los estatus, es lo único que nos diferencia y amedida que uno va sentando su vida y viendo que eso no es lo que te llena :vas inclinando tu balanza en ir descargando esa mochila y dejar lo más esencial: tu día a día y poder ser fiel a tus principios.Las ideologias son lo que mueve el mundo:a veces para bien y otras para desencantar.

    -Antes me irritaba bastante cuando te preguntaban: Artes Aplicadas o Bellas Artes y yo contestaba:Literatura o Lengua .La diferencia esta en que una cosa es para gente corriente y otra cosa es para gente con poder adquisitivo.Pero los fundamentos son iguales y hay mucho intrusismo por eso se ponen etiquetas.

    Siempre le comento a Miquel .la envidia que me da esos paseos urbanos y lo que descubre, porqué este sistema de vida es completamente toxico y cada vez más vulgar rallando en mediocre...

    Me encanta entrar en este blog por las reflexiones y siempre en primera persona y que conste que casi siempre soy la única mujer ummm.Yo encantada eh...

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Bertha, últimamente eres la única mujer que entra en este blog. Hay blogs en que aparecen muchas mujeres y otros en que son escasas. Supongo que depende de la temática, y este es muy mental, poco sentimental y eso debe retraer respecto a la participación a mucha gente. Un placer contar con tus reflexiones y puntos de vista. Y sí, en nuestra mochila cada vez hay menos cosas, vamos eliminando lo superfluo, y eso es bueno. Ceñirse a cosas elementales, la familia, el bosque, la lectura, mi diario... Lo más hermoso es inmaterial. Un abrazo, Bertha.

      Eliminar
  5. En esa dirección vamos muchos y te acompañamos. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En una realidad polimoral e incierta, es bueno saber que uno no está solo en sus paseos mentales y de escritura, más esto último que cualquier otra cosa. Un abrazo, Francisco.

      Eliminar
  6. Ya veo que te has dejado ir y te has quedado a gusto.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ambos somos conocedores de Collserola, tú como ciclista y yo como senderista y frecuentamos las perspectivas de Barcelona desde Sant Pere Mártir o el Tibidabo, o ya más en el interior, desde el mirador de la Magarola -donde no pueden llegar las bicicletas-... Somos amigos del bosque y de la naturaleza, pero a veces el senderista se pone frente al teclado y es como si expulsara un volcán de detritus o de residua, algo como un juego alquímico, y se queda bien. Cierto. Un abrazo.

      Eliminar
  7. Cuando he leído tu entrada, por la mañana, había salido antes de caminata campestre, acompañado de un libro titulado “La vida de un inútil” (Joseph von Eichendorff, 1788, sigo con los románticos alemanes), y al encontrarme tu escrito me ha hecho gracia la casualidad, por esa cierta consonancia entre la novela que me había llevado y lo que me sugerían tus reflexiones al leerte más tarde. Ya escribiré de ese paseo y la novela sobre un inútil… ¿un inútil? según como se mire.

    Soy vulgar pero a mí no me atrae la vulgaridad, en realidad, por mucho que me resista, no me puedo oponer a la fuerza de su corriente que todo lo arrastra, y al final acabas chapoteando en aguas estancadas, en fin, soy vulgar y punto, jaja.

    Así es, Joselu, vivimos ahora en una especie de horror vacui, ese tiempo vacío con el que comienza tu escrito, un tiempo incierto, con el horizonte aún nublado, que intentamos rellenar como sea, pretendiendo tapar los agujeros de incertidumbre que nos rodean por doquier.

    Ahora los unicornios son objetos codiciados por las niñas, mis hijas tienen varios en todos los materiales y tamaños. Seguro que mientras han jugado con sus unicornios en muchas ocasiones, yo estaba viendo alguna noticia sobre los bombardeos en Siria, o escuchando el llanto de un niño mexicano, perdido y solo entre la línea fronteriza entre los EEUU y México. Nos movemos por un mundo extraño, Joselu.

    Todos sus unicornios son “made in China”, poco tienen de místico, más allá de lo que añada la imaginación de mis hijas, que no es poco.
    Si mañana a los niños les da por encapricharse de un murciélago esquiador, por decir algo, los chinos, que están ojo avizor, tendrán fabricados centenares de miles en un pispás (ya está admitido en la RAE), es la visión del planeta contemplado como una enorme oportunidad comercial, no como un lugar para habitarlo en armonía con el entorno… eso déjaselo a los románticos alemanes como Novalis o Joseph von Eichendorff que he estado leyendo.

    Ahora todo el mundo está pendiente de un documental, y yo me congratulo pensando que a la gente le interesa la Naturaleza, o el Arte… pero resulta que es Rocío Carrasco (Rociito) la protagonista de ese documental que acapara tanto interés nacional, en donde narra la tormentosa relación con su ex, Antonio David. Así que tienes mucha razón, Joselu, todo es espectáculo, ya se banaliza la violencia conyugal mediante el show televisivo; la “Civilización del espectáculo” que escribiera Vargas Llosa.

    Sé que tú caminas con frecuencia solo por el bosque, la sierra, como yo… y aunque inicies la caminata como “un ser común, tan perverso como cualquier otro, tan banal como cualquier otro, tan estúpido como cualquier otro” que te atribuyes y yo lo firmo para mí también… intuyo que al llevar ya un buen rato de caminata, solo y admirando el panorama bucólico, ya eres tan perverso como nada, tan banal como nada, tan estúpido como nada, porque ahí no hay más espejo que el cielo, no están nuestros semejantes, y el campo, o la montaña en soledad es purificador, una catársis, para dejar de ser perverso, estúpido y banal, al menos mientras dure el caminar agreste, al regreso todo se desvanece, como en el cuento de Cenicienta.

    Las únicas élites que me gustan las observo en octubre y de vuelta en marzo, en los campos, como no, son las grullas y su vuelo allá, “arribísima” (que dice mi cuñado andino, Wilmer Peña), en el cielo, haciendo la V de la victoria sobre nuestro diminuto y vulgar acontecer, no me extraña esa V.

    Un abrazo, apreciado Joselu y agradecido por todo lo “común” que nos hermana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una dura prueba cuando el comentario es mejor que el texto a que da lugar por su riqueza y trabazón de ideas.

      El otro día iba con un amigo por un bosque profundo de Collserola por el que va muy poca gente y nos detuvimos a oír el canto de las aves del parque en el silencio. Te envío un enlace para que seas partícipe del momento en que grabamos. EL BOSQUE DE COLLSEROLA. Sin duda, allí quedas encantado y dejas atrás la hombre común que somos todos. Una pena que no haya unicornios y que seamos ya incapaces de creer en nada que no sea una baratija china. Nuestro tiempo ha eliminado los componentes mágicos y fantásticos por un avance de lo racional y científico lo que excluye otras percepciones que estaban presentes en el tiempo de los románticos. Nuestro tiempo es prodigioso en medicina y ciencia pero no así en capacidad literaria y poética. Ignoraba que estaban de modas los unicornios, mis hijas son ya mayores y están en la fase de entrada en su mundo laboral. Somos vulgares. En la serie que vemos ahora, The Crown, la familia real británica pierde capacidad de sugestión cuando hacen un reportaje sobre su vida concreta y real y se muestran tan vulgares como cualquier británico. Sin embargo, hay personas excepcionales, yo conozco a alguna. Espero que puedas ver el enlace. Yo me harto de verlo y quiero volver a ese bosque de nuevo. Un abrazo, Paco, desde la distancia pero también desde la cercanía.

      Eliminar
    2. Idéntica sensación he tenido yo con algún comentario tuyo sobre mi entrada, ya ves Joselu, otra confluencia.
      Magnífico ese vídeo del bosque y sus sonidos, lo acabo de contemplar y escuchar. El bosque animado. Parce que destacaba el trino de un mirlo... cantan mejor que los ruiseñores, pero seguro que cantaban herrerillos, carboneros, pinzones...

      Muchas gracias Joselu, me ha encantado.

      Eliminar
  8. Básicamente toca disfrutar lo que la materia te ofrezca con ánimo ligero porque lo mejor de esta acordada realidad al final resulta más que ligero, imperceptible.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ligereza sí, emejota, simplicidad, sí ese lo más deseable frente a los desatinos del dramatismo complejo e irremediable y que está fuera de nuestra jurisdicción mental y humana.

      Eliminar