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miércoles, 26 de junio de 2019

El fuego como expresión de un pueblo



La crisis de la conciencia moderna europea que puso en cuestión las ideologías sociales del pasado y la misma religión –como creencia en un Dios trascendente, unido a la iglesia como representante del mismo en la tierra- tuvo dos consecuencias políticas innegables: el socialismo y el nacionalismo al que se ha conectado con los movimientos románticos del siglo XIX. El socialismo marxista es una suerte de religión sin Dios que exige fe profunda y que pone su centro en la idea de pueblo. El nacionalismo toma también la idea de pueblo y la de destino de la nación. Así todo esto eclosionará en el enfrentamiento tectónico de la primera guerra mundial que derrumbará los antiguos imperios internacionales, interclasistas e interétnicos para dar lugar a naciones emergentes. Así, el nacionalismo es una vertiente que toma mucho de la religión como fe en la patria, la lengua, el himno, el destino, el pueblo… Muchas de las confrontaciones más mortíferas han tenido como eje la fe en el Volk, la patria, el Reich, unión de los iguales para defenderse de las agresiones…

Para un residente en Cataluña –no creyente en el nacionalismo imperante- tiene especial interés esta relación del nacionalismo como expresión de la antigua fe religiosa reconvertida, y así, observo con atención la vida política de este territorio y admiro la elaborada dramaturgia de las representaciones nacionalistas que se expresan en actos, ritos, ceremonias, manifestaciones multitudinarias, emoción ante el himno, y, sobre todo, una fe y un sentimiento de diferencia esencial cuando enuncian con una emoción profunda “som una nació”. Ese sentimiento compartido por la “umma” o comunidad de creyentes sin fisuras es como una gavilla que aunara las pasiones irredentas de centenares de miles de personas que son capaces de manifestarse ininterrumpidamente durante años por sus objetivos políticos ante los que no cabe ninguna duda. No tiene un fundamento racional, es puro sentimiento religioso que se expresa en actos maravillosamente planificados en los que centenares de miles de personas visten con el mismo atuendo, ondean miles y miles de banderas y se apiñan unos junto a otros anhelando el calor del volk frente a las agresiones del exterior, véase España, que en su imaginación es una suerte de monstruo maléfico cuya única ocupación es agredir, insultar, humillar y rebajar a Cataluña, nombre que adquiere una fuerza cósmica expresado en cada texto docenas y docenas de veces sintiendo que cada vez que se enuncia es una expresión de gozo, unidad y destino.

Me atraen especialmente las ceremonias con antorchas en perfecto orden. El fuego es un elemento ancestral desde la antigüedad. Los romanos tenían a la diosa Vesta cuyo fuego era alimentado por las vestales, vírgenes, y que lo mantenían encendido sin apagarse jamás. El fuego es esencial para la cosmovisión nacionalista y de ahí la fuerza dramática de las formaciones con banderas y antorchas. No son los primeros en esta combinación pero más vale no mencionar los antecedentes. El fuego es un símbolo de poder, de alma y unidad. De ahí la flama del Canigó que se expande por toda Cataluña para encender las hogueras de San Juan simbolizando la fuerza de la cultura catalana y la unidad de la lengua. Su relación con el solsticio de verano está clara y entronca con la cultura mistérica ancestral. De igual modo, la llama que está en el pebetero del fossar de las moreres en el Borne es inconfundiblemente un símbolo del pueblo resistiendo unido como encarnación de la Nación catalana.

Las manifestaciones del nacionalismo tienen una fuerza plástica innegable. Están hechas para mostrar la unidad pero también para atemorizar. En cada bandera hay inequívocamente un “nosaltres” frente a los otros, los traidores, los tibios, los botiflers, los colonialistas a los que se busca amedrentar, como los simios se dan fuertes golpes en el pecho para marcar su territorio que no debe ser invadido. Cada bandera es un grito de lucha y unidad frente a lo que está fuera o traidoramente dentro. Un espectador descreído ve en esta liturgia nacionalista una plasmación de un inconsciente colectivo falto de fe en sí mismo y que sobreactúa para convencerse profundamente de su fuerza.

Las playas o plazas llenas de cruces amarillas fue otra representación que tenía una intención claramente orgullosa frente a la agresión exterior. Pero el símbolo de la cruz es claramente de raíz religiosa como toda expresión nacionalista y romántica. A mí, personalmente me divertía ver centenares de cruces amarillas en las playas más significativas del litoral catalán. Igual que ver la Cataluña interior, lejos de esa Tabarnia odiada, universalmente llena de banderas, carteles sobre los mártires y los considerados presos políticos; cubierta de lazos amarillos, multiplicados por millares y millares en un ejercicio de redundancia extrema porque no es suficiente afirmar la verdad una vez sino repetirla billones de veces, y así hombres y mujeres se pasaban noches enteras cubriendo Cataluña de lazos y banderas en cada montaña, en cada castillo, en cada rotonda, en cada plaza, en cada balcón… La reiteración es una regla que subraya esa pulsión que nunca se fatiga, que nunca se calma, que no cesa…

A mí me admira profundamente porque soy un escéptico respecto a casi todo. Pertenecer a la “umma” tiene que ser conmovedor, tiene que dar sentido a la propia vida, de hecho tan pequeña y destinada a la muerte. Uno es diminuto, pero cuando ve su breve entidad unida a la de centenares de miles, de millones de seres también necesitados de calor, uno presiente que hay un hondo sentimiento de trascendencia de claras matrices religiosas. Y si no, ahí está el obispo de Solsona con sus arengas y sus hojas parroquiales que concitan la admiración del orbe nacionalista. Pertenecer a la nación significa no estar solo, esa soledad tan destructiva y amarga. Y esa pertenencia a la Patria, a un equipo, a una cosmovisión, a un algo que está más allá de lo racional es algo consolador. Se tiene claro quién se es frente a la turbiedad y oscuridad de la existencia. El compañero de al lado, que viste igual que tú, ha venido de otro punto de Cataluña y te hermanas con él en un sentimiento de cadena, de masa, de pueblo pacífico unido en una fe sin Dios. La llama nos une y no hay fuerza exterior que lo pueda quebrar…

12 comentarios :

  1. Tu exposición es clara y contundente, además muy real. A mí el fuego es que no me gusta nada, en absoluto, pero aparte de esto la lectura de tu entrada me hace reflexionar, una cosa es que tengamos una forma de pensar y eso nos una a quienes piensen igual, y otra que debajo de ese pensamiento exista la necesidad de sentirse protegido o formar parte de algo para así construirse una entidad que pretenda ser propia. Así se crean las “masas”, masas que están dirigidas al antojo de unos cabecillas que manipulan este “mar” a su beneficio. A lo largo de la historia, en nombre de la religión, en nombre de una nación, se ha hecho tanto daño…, se han llevado tantas vidas por delante…, se han llenado tantos bolsillos ajenos, que miedo da. Pero eso ha sido siempre y siempre será. No sé qué tiene que pasar en la vida para que una persona tenga criterio propio, pero no todo el mundo tiene la suerte de tenerlo.
    Genial tu entrada. SAludos.

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    1. El nacionalismo es una ideología de masas dominadas por las pasiones y los sentimientos exaltado que, efectivamente, son calentados por aparatos ideológicos y de difusión de ideas clave que son inyectadas consciente e inconscientemente en la masa que cree tener ideas propias. Es un mecanismo terrible. Frente al carácter sagrado de la nación y el símbolo del fuego, poco puede hacer un estado laico y templado. Y, efectivamente, hay mucha gente que vive de esto muy bien, y sacan sus suculentas tajadas económicas. Es un estado de cosas que se retroalimenta. Pero el País Vasco fue mucho peor y ahora el clima es de tranquilidad. ¿Terminarán por volver las aguas a cauces sensatos?

      Saludos. Por aquí hay mucho miedo social a significarse y ser considerado enemigo de la patria.

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  2. Coincido plenamente. No hace falta ser nacionalista para defender los valores de un pueblo, pero hay que huir como de la peste de los abanderados y patriotas, románticos del acervo cultural y popular, ideólogos y teólogos del pensamiento único.
    Más crítica, por supuesto, como comenta Manuela, y menos opereta y marasmo de ladrones. Es bien sabido que los mayores hurtos y dispendios los promueven los secuaces del adoctrinamiento (políticos, militares y clero).

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    1. Alguien dijo que las banderas el refugio de los sirvergüenzas, de esto hay claros ejemplos por aquí. Pero como son "de los nuestros" no se ve mal. Hay una amplia comprensión hacia los defraudadores, corruptos y ladrones siempre que se envuelvan convenientemente con la bandera.

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  3. "Unidad de destino en lo universal". Tu entrada me ha hecho recordar ese mantra que nos hacían repetir en la escuela cuando yo era pequeña, refiriéndose a la Patria, con mayúsculas, España, según la visión del régimen de aquel entonces. Veo que poco se ha avanzado por tus tierras adoptivas desde entonces...

    Sin quererlo, seguramente, sigues siendo un profesor. Aquí me tienes confesando sin decoro que aprendo de tus entradas cada día. Declaro públicamente que he tenido que buscar el significado de "umma" y "volk", palabras que aún no había oído ni leído, ¡cuán grande es mi ignorancia, ...! Iba a añadir, ..."¡Señor!, pero como bien sabes no tengo señor al que encomendarme, lo que me recuerda que estoy falta de referentes aglutinantes, de esos que unen a la gente cual pegamento fuerte, llámense religiones o patrias.
    ¡Menos mal que, a falta ya de París (que ya no es la primera sino la tercera ciudad más visitada del mundo), siempre nos quedará la literatura!
    No es por trivializar el tema de tu entrada, de hecho para mí es muy serio, pero ¿te imaginas militar entre "los seguidores de Philip Roth", "los insanos de Nabokov", "los espirituales de Dostoyevski", "los vesánicos de Bukowski"?... ¡Ah, todo un mar de posibilidades, a cuál más tentadora!

    Besos, profesor.

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    1. Afortunadamente, la literatura como tal no tiene vocación de palabra sagrada y sus seguidores solemos ser más bien escépticos que disfrutan de la belleza del arte. Son los libros sagrados y sus infinitas interpretaciones los que abocan a polémicas o guerras interminables.

      Leo estos días un largo ensayo que se titula Vivir con los dioses en el que se desarrolla e interpreta el fenómeno religioso desde los albores de la humanidad hasta las últimas manifestaciones. El hombre ha convivido siempre con fes en la trascendencia de una forma u otra, más o menos tolerantes. El nacionalismo es una vertiente religiosa más como lo fue el comunismo. Hay creyentes, iluminados, y traidores, blasfemos, apóstatas y demás. Y estar fuera de ello es siempre terrible. El autor del ensayo sostiene que ese papel medular de la religión para los hombres no ha sido reemplazado y ha dejado un vacío profundo en nuestra psique que anhela ir más allá. Unos lo hacen con el deporte, con la moda, con el sexo, con la política -el nacionalismo-, el culto al cuerpo... Otros con la naturaleza, e incluso con el universo. Nosotros, y me incluyo dentro, lo hacemos con la literatura, los viajes... La religión no deja de ser un intento de dotar de sentido al cosmos frente a nuestra soledad y fragilidad. El nacionalismo es la vertiente gregaria y peligrosa que obnubila entendimientos de las personas más cultas y sensatas, ya no digamos de las más simples e influenciables. Personalmente no me gustan las emociones colectivas, nunca me añadiré a una de ellas, huyo rápidamente a mi soledad en la que tampoco creo pero parece, solo parece, mía.

      Muchas gracias por tus palabras. Besos.

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  4. Reconozco que, una vez me enseñaron acerca de los movimientos románticos que abogaban por el nacionalismo, me hicieron una cierta gracia. Ser parte de una cultura y genética especial, supuestamente venida de pueblos o tribus milenarios y de fama universal. Una exposición bonita: eres parte de algo especial, la exposición es romántica; protégelo frente a otros, siéntete orgulloso.

    Pero al final el nacionalismo es una exposición, como dices, de "lo nuestro" frente a "lo de otros". Va acompañado de que, en muchos casos, los otros no reconocen lo bueno de lo propio y maltratan o maltrataron históricamente.
    Volviendo a la actualidad y sin quitar necesariamente razón a posibles maltratos históricos; es clave reconocer que toda región tiene sus particularidades. Sean más o menos acusadas. No hay motivación justificada para requerir privilegios especiales (económicos, autogobierno, etc), basados en "una identidad propia". Todos tenemos una identidad propia, y sólo nos diferenciamos en cierto grado de habitantes de los países limítrofes.

    Interesante entrada en el blog. Gracias por compartir tu opinión.

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    1. Gracias Mad Matter, quise hacer una entrada respetuosa, eliminando cualquier matiz agresivo, pero manteniendo una mirada crítica desde el escepticismo. Lo leí muchas veces para que si lo leía alguien nacionalista no pudiera ver sino una visión desmitificadora de esos sentimientos que se apoderan pasionalmente de la psique.

      Yo soy de una región de España que lo ha pasado mucho peor que Cataluña por su tremenda emigración y despoblación y no comprendo ese sentimiento dramático de agresión subjetiva que, a mi juicio, es un tic propio más de los privilegios que de los verdaderas carencias o penalidades. Muchas gracias por tu comentario que me animado la mañana de playa.

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  5. El remedo exacto de esa "umma", Jose, son los "colores" deportivos, sean de club, sean de selección. Ante esa eclosión religiosa (re-ligar) nacionalista que vivimos, ¡cuánto más noble me parece la comunión con la masa en las victorias deportivas! Estas tienen un final de temporada; aquella son temporadas y temporadas sin final intuible... Solo hay que ver la patochada en ue han convertido una fiesta como la Patum de nuestra querida Berga...La necedad cabalga el tigre, en efecto, camino de volverse histérica y de desatar la violencia del odio... ¡A ver si no habremos de acabar pidiendo asilo en el territorio de la infancia!

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    1. Estoy frustrado porque te había escrito una larga y meditada respuesta a tu comentario en otro post, y se me ha borrado. Cosas de los MAC.

      No sé muy bien en qué han convertido la Patum, pero puedo imaginármelo por las imágenes que he visto de la plaza de Sant Pere convertida en una suerte de aquellarre infame, carente de gusto y lleno de odio y demagogia. Yo la recuerdo, como tú, como una ciudad acogedora y cálida. No he querido volver a ella tras mi marcha en 1986 porque me daría mucha tristeza. No sé si la infancia, pero sí una cierta inmersión en la cultura profunda que nos aísle del presente degradado -tal vez el presente siempre aparece como degradado- e ignorante. En cierta manera, yo vivo a espaldas del presente. El nacionalismo es la apoteosis de la ignorancia gregaria elevada a pasión colectiva.

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  6. No se porque, pero siempre mire con desconfianza a los "salvapatrias y salvaalmas". Quizás porque yo me siento muy bien como soy, puede que sea porque acepto mis errores e intento subsanarlos más que esconderlos, tal vez porque he mirado a mucha gente a los ojos y se interpretar sus miradas y sus gestos, es posible que sea porque se que no hay nada gratis y todos buscamos algo, puede que como he sido persona que he andado solo mucho tiempo a gusto conmigo mismo y mi "mecanismo" no necesito pertenecer a ningún colectivo para "autoafirmarme".
    En el aspecto ceremonial todos esos son iguales desde la Iglesia hasta Marx (el cristo ateo), sus uniformes, sus jaculatorias y sus actos de fé; su falta de auto critica, sus aburridos apostolados, sus inquisidores o sus Stasi o SS.
    Al final si los miramos individualmente, la gran mayoría son pobres personas cargadas de complejos que sin el arropo del grupo no son nada. Y quizas es por eso, porque no pueden ser individualmente libres de pensar y actuar por sus carencias, por lo que odian la libertad, porque ellos no pueden pensar por si mismos es por lo que se convierten en apóstoles repetitivos de sus "mantras" y las personas que no les hacemos caso o, como es mi caso, les mandamos a tomar por saco nos convertimos en malos ciudadanos a los que hay que señalar.
    Y no te cortes, las semejanzas del nacionalismo catalán con el nazi son manifiestas, buenos y malos ciudadanos, casas señaladas, desfiles programados para dar imagen de fuerza, uniforme y símbolos y si no emplean la fuerza es SIMPLEMENTE PORQUE NO LA TIENEN, porque si la tuviesen la emplearían, eso es seguro, ojo al tema.
    ¿Te imaginas a estos talibanes con fuerzas armadas? pues eso, de pacifistas nada, no renuncian a la fuerza porque nunca la han tenido, no por falta de ganas.
    Un saludo

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    1. He tardado en contestarte porque paso unos días fuera de vacaciones, y, por otra parte, por la densidad de tu comentario que dejo ahí para pensarlo a los que pasen por aquí.

      El otro día en la farmacia oí a un hombre que hablaba en castellano pero que se sentía catalán como el que más. Parecía ser industrial, un pequeño empresario. Hablaba con ira y rabia porque un cliente le había soltado que “habría que apuñalar a todos los catalanes”. Él sentía que pertenecía a esta tierra aunque no fuera de la gran estirpe y pedigrí. Yo me quedé pensando sin decir nada. El hombre estaba lleno de furia y aseguró que nunca más aceptaría encargos de aquel cliente. Pensé que unos y otros nos causamos daño con nuestras palabras. He leído bestialidades acerca de los españoles e igualmente he oído brutalidades por parte de los que se sienten españoles. El clima de aversión mutua es creciente, a pesar de haber sido la autonomía catalana un éxito rotundo por más que la vituperen. Es muy difícil comprender a los catalanes si uno no se identifica con la tribu. Si estás fuera, nunca podrás participar de su ecosistema mental. Yo no le veo solución, cada vez menos. Lo paradójico es que Cataluña ha vivido desde la Constitución de 1978 los mejores cuarenta años mejores de su historia. Una característica del temperamento catalán es el no estar nunca contento con su destino por bueno que este sea. Y claro que serían necesarias unas Fuerzas Armadas catalanas en el caso de una secesión. Y habría que pagarlas. Cuanto peor, mejor... Saludos.

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