Páginas vistas desde Diciembre de 2005

martes, 22 de mayo de 2012

Cagándose en la cabeza de uno



Una de las pesadillas más abominables que tengo en los meses de mayo es la de soñar que en Estocolmo estoy asistiendo a la entrega de los premios Nobel y que ese año soy yo el galardonado en el premio correspondiente a Literatura. Esto me produce un íntimo espanto. Y me diréis que cómo es posible si yo no soy escritor y no hay la más remota posibilidad de que me concedan el premio Nobel de Literatura. Es como si fuera candidato al de Física o de Medicina. Absolutamente absurdo, irracional, estúpido. Pero creo que hay algo que subyace y es el profundo horror que me producen los premios que conceden instituciones de todo tipo. Sentí una profunda tristeza cuando le fue concedido y entregado a su nieto el premio Príncipe de Asturias de las Letras al poeta chileno Nicanor Parra. No podía soportar el aire institucional del acto dedicado a un poeta que ha sido todo menos institucional y sí, revolucionario, disidente, antipoético en el sentido convencional. ¿Qué había tenido que hacer el pobre de Nicanor Parra para ser humillado de semejante modo? ¿Cómo se atrevieron a concedérselo cuando él ya no se puede defender a sus noventa y siete años? Se pasa uno la vida siendo antisistema, y va al final de tu vida y el sistema te concede un importante galardón. ¿Qué errores ha cometido uno? ¿O es que el sistema fagocita todo?

Siento aversión a los premios. Cada año en Catalunya se conceden los premios al catalán del año. No hay que decir que no he sido elegido yo. Y también se conceden las Creus de Sant Jordi a catalanes destacados. Todavía no me han concedido ninguna afortunadamente. El horror se me intensifica cuando veo en  sección de esquelas la condolencia oficial cuando fallece alguien que poseía la Creu de Sant Jordi. El president de la Generalitat muestra su duelo por la sensible pérdida. ¿No es realmente espeluznante?

Estos días el Príncipe de Asturias ha concedio el galardón a Tàpies que tampoco se puede defender porque ya está muerto hace meses. Una tribuna oficialesca le ha rendido sentido homenaje y allí estaba el alcalde de Barcelona, el president de la Generalitat, el futuro rey y la princesa Letizia entre otros en los que había algún descendiente que sufrió la humillación del reconocimiento.

Una vez tuve ocasión de preguntar al poeta Joan Brossa por el premio que había visto una vez que le había entregado el rey de España. Le espeté esta pregunta con toda mi mala leche pues de sobras sabía su talante independentista. Aquel acto me causó una conmoción. Vi a Brossa perdido en el estrado, en una ceremonia fría y distante, en la que se reconocían sus méritos y aportaciones a la poesía, la cultura, el arte, y bla, bla, bla. Le pregunté a Brossa con toda mi mala leche y el se salió de la cuestión diciendo que no se acordaba de ello lo que produjo la hilaridad en toda la sala de actos del Instituto Verdaguer donde le habíamos hecho otro homenaje.

Los homenajes, las celebraciones, los premios son como dice Thomas Berhard una ocasión para que los premiadores se caguen en tu cabeza aprovechándose de tu vanidad. Me sorprendió que Octavio Paz se pasara algunos años de su vida esperando la concesión del Nobel, lo que al final consiguió. Pero era más difícil ser Octavio Paz que le concedieran el Nobel. No lo necesitaba. Julio Cortázar y Borges no lo recibieron. A Albert Camus la concesión del premio le sumió en el desconcierto, pero lo aceptó con un discurso hermoso y memorable. Uno debe de estar muy equivocado cuando una institución tan ejemplar y sólida como la que entrega el premio Nobel decida concedérselo a una persona. Lo que además no incrementa su prestigio. Ahí tenemos al Nobel Cela, cada vez más olvidado, a Echegaray, a Benavente, totalmente oscurecidos y sin que su teatro interese a nadie en estos tiempos. En cambio, Valle Inclán que no recibió el premio Nobel sigue estando vivo e inspirando el teatro del siglo XXI. Galdós no lo recibió tampoco. La nómina de premiados no revela la calidad de la obra de los autores del último siglo.

Afortunadamente, yo no seré Creu de Sant Jordi, ni catalán del año, ni aragonés ejemplar en el exilio, ni premio Alfaguara, ni premio Nadal, ni premio Gonçourt, ni premio de los libreros de Barcelona, ni premio de la escalera de mi casa. No tengo que preocuparme del discurso que tendría que hacer, ni de la conversaciones que tendría que hilvanar, ni de las entrevistas inacabables que tendría que conceder para explicar el sentido y estructura de mi escritura en este tiempo. No tengo siquiera que preocuparme del acto consecuente a esta postura que sería la de rechazar la entrega del premio denunciando al sistema que me lo ha concedido lo que es francamente también abominable. Vale que se quieran cagar en tu cabeza, como decía Thomas Bernhard en El sobrino de Wittgenstein, pero otra cosa es ser soberbio, delirante, estúpido, en un rechazo que te sume también en el desconcierto. Algunos premios tienen una dotación económica no desdeñable además de la que conlleva de egorías que elevan el nivel de nuestro ego.

No, no es fácil tampoco rechazar un premio con el que se quieren cagar en tu cabeza. Lo más sensato es ponerla, dejarlo pasar, poner cara de agradecido y sentir cómo chorrean calentitos los excrementos por tu cuello mientras los aplausos solemnes te elevan a la estratósfera de la vanidad. O tal vez no sea así.

Eso sí, hay premios que me duelen especialmente. No se puede premiar a un anarquista, nihilista, subversivo, con un premio oficial y monárquico. Vale que le gustaran a Dalí los elogios monárquicos pero me temo que si pudieran algunos rechazarían esos momentos de gloria. Cuando uno envejece es presa fácil, se convierte en sentimental, en débil y necesitado de halagos y reconocimiento. De eso se aprovechan esa pléyade de políticos corruptos que establecen premios para cagarse en la cabeza de los artistas.

Pero en la mía no se cagarán. Lo juro por los altares griegos. Para evitarlo, he decidido imitar a Oblomov y sumirme en la más absoluta de las indolencias, de las apatías, de las rendiciones... nada que merezca el galardón patriótico que subyace en la entrega de estos premios que parecen no desagradar a muchos porque que se caguen en tu cabeza -como decía Thomas Berhard- no debe de ser tan desagradable. Si además pagan...

40 comentarios :

  1. En realidad esto es como todo, Joselu, depende del valor y la importancia que uno le dé. A fin de cuentas las cosas de por sí, no son nada. Por las mismas los que han sido mareados es porque les dieron una importancia que verdaderamente, no tenían. O eso es lo que a mí me parece.

    Un besete.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La cosa es hablar, charlar, dirimir ideas, polemizar con gusto. Lo cierto es que muchos no adjudican ningún valor a los premios, hasta que se los dan. Nadie es ajeno a la vanidad que ello supone. Dicen que alguien escribía que un premio era una humillación, como he escrito yo, con alguna voluntad humorística fallida, pero tenía un apartado en su dirección que era: humillaciones.

      Eliminar
  2. Quién sabe querido amigo, quién sabe. Si alguna vez nos enemistamos (cosa improbable), te propondré a la Creu de Sant Jordi, a Premio Nacional de las Letras y al Nobel.
    Borges: Como dijo mi entrañable amigo Emil Cioran, «La lucidez es incompatible con la respiración». Después de todo estoy indeciblemente agradecido por el no otorgamiento de esa distinción académica. En el fondo los premios son, casi siempre, malos entendidos. Se trata de una anécdota sin importancia.
    Thomas Bernhard: "Un premio sólo lo conceden los incompetentes", dejó escrito en su obra El sobrino de Wittgenstein , un simple testimonio sobre su odio a los galardones, o mejor dicho, a la ceremonia, a la hipocresía y la arrogancia del mundo de la cultura.
    "Los premios tienen muy poco que ver con la literatura", dice Juan Marsé, que ha recogido unos cuantos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Thomas Bernhard fue tan vehemente, tan sectario, tan vitriólico, tan consecuente y demoledor que probablemente no hubiera ninguna academia en el mundo que se atreviera a premiarlo, y desde luego Austria no iría a presentar su candidatura al Nobel.

      En la profunda relación de los escritores con su tierra hay varios tipos de relaciones pero que en esencia podemos sintetizar en dos o tres: amor y odio, tal vez indiferencia. Veo a Antonio Banderas haciendo malagueñismo en las procesiones vestido de cofrade y parece que ello es signo de identificación con la tierra chica, con las tradiciones, con la forma de ser andaluza y malagueña. Está bien. Pero me atrae más la postura crítica de Antonio Machado que no tenía una buena relación con Andalucía ni le interesaban un ardite sus cristos y procesiones, sus toros y su flamenco. Este tipo de intelectual enemistado con su patria me resulta especialmente interesante. En alguna manera yo soy así. Mi forma de amar mi tierra es detestándola. Y para recibir premios hay que cuidar estos aspectos, mucho. Pertenecer al algún sitio e identificarte con los valores de la tribu. Los premios los reciben en buena manera tribus que sustentan la obra de los escritores. Así, Carlos Fuentes es un escritor profundamente mejicano. Era, quiero decir. Cortázar y Borges eran relativamente argentinos y eso me interesa más. El exilio de Borges en Ginebra me resulta sugerente. Nadie más argentino que Borges, pero allí no le quieren. No obtuvo el Nobel. Hay que cuidar estos aspectos junto con los políticos. Hay que estar en el momento adecuado en el lugar adecuado. Para recibir premios hay que ser hábiles y oportunos. No todos saben jugar ese partido.

      ¡No, Creu de Sant Jordi, no! Es lo más rancio y patriótico que se ha imaginado. La alta cruz de la patafísica me gustaría más. Estar en la línea de Alfred Jarry, de Queneau, de Boris Vian… Eso me encantaría. Y esos no tuvieron premios.

      Eliminar
  3. Ante los premios sólo cabe ajustarse al título de la película de Woody Allen: "Toma el dinero y corre"...
    Coincidimos en la pesadilla, aunque en mi caso es aún mas difícil la adjudicación, por problemas de protocolo: no tengo ningún traje, y menos aún una corbata. Claro que García Márquez de inventó lo del Liqui caribeo... Me ongo a pensar a qué folclore sin traje ni corbata pertenezco...
    A propósito de esta reflexión tuya, aporto el horror que me producen, en general, las entregas de premios: una galería de diparates, poses y estereotipos que no hay quien se los trague. ¡Y no digamos cuando se trata de un simulacro, como los Goya de los Óscar o los Gaudí de los Goya! Entonces el horror no lo iguala ni Dario Argento, ni Wes Craven ni Jacinto Molina (¡premio para quien lo identifique!)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El rey entregó en 2001 la medalla de Oro de las Bellas Artes a Jacinto Molina alias Paul Naschy, aunque me temo que no es un colofón a la altura de su leyenda. Tenía ya 67 años y es un tiempo en que empieza uno a reblandecerse. En todo caso, hay que decir que el Lon Chaney español no ha tenido el reconocimiento que tal vez merecía. Conocer su carrera de serie B suscita admiración, y su figura espera algún director que lo lleve a la pantalla y sepa extraer el caudal dramático y cinematográfico que hay en él.

      En la entrega de los Goya tuve la mala suerte de ver el primer premio Lluís Homar que se estuvo cinco minutos agradeciendo el premio y dedicándoselo a una lista interminable de amigos y familiares. Ahí me quedé KO, y decidí irme a otros menesteres. No es fácil hacer una gala de este jaez, pero es como una fiesta mayor estereotipada de la familia del cine español.

      A mí, el que me gusta es Albert Pla. Ojalá no le den ningún premio.

      Eliminar
  4. Creo que los premios tienen un sentido: significan un reconocimiento de los demás. Y los demás, la gente, están objetivados en instituciones. Cuando te dan un premio significa que no solo te conocen cuatro gatos, sino que te lee muchísima gente.
    No estoy casi nunca de acuerdo con tus ideas y sin embargo te tengo una terrible envidia. Una envidia malsana. ¿Qué es lo que envido? El reconocimiento que tus comentaristas te hacen comentando tan profusamente. ¿Cómo no me iba a gustar a mí que la gente me atendiera de ese modo?
    Un premio (y más un premio nobel) es eso pero a lo bestia.
    Imagina que cada vez tu blog tuviera más y más comentarios. Imagina que no pudieras responderlos todos, como sueles hacer, porque fuera materialmente imposible. Imagina que tu blog apareciera en las listas de los más influyentes en lengua castellana. Imagina que te dan un premio al mejor blog sobre literatura o sobre educación, o sobre lo que sea. Por lo visto existen premios para blogs.
    No se entiende bien ese rechazo tan contundente que haces de los premios hablando de ti mismo. ¿Es que alguien te ha propuesto para algo? ¿Es que acaso tienes alguna posibilidad de que te den algún tipo de premio? Tanto rechazo sin que nadie te vaya a premiar por nada parece que fuera un íntimo e inconfesado/inconsciente deseo de ser premiado. No sé, me parece tan absurdo como si yo dijera: “Qué no, que no quiero que me nombren ministro de educación, que no, que no quiero que el sistema me asimile y me fagocite. Que no, que de ninguna manera. Que no me nombren porque no pienso aceptar.” Y es absurdo porque nadie va a pensar en mi para eso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En eso tienes razón, Loiayirga, nadie va a pensar en mí para ningún premio. Cada uno alcanza el nivel de su propia incompetencia. Y el mío es urdir un blog en el que a veces dejo ir mi tarro por senderos improbables. Leí una vez a Thomas Bernhard (en el libro que cito) una condena tan radical de los premios que me prometí que alguna vez escribiría algo a propósito. Me encanta la caña y la mala leche destilada por este escritor al que detestan la mayoría de los austriacos (y no me extraña). Conozco mis límites, Loiayirga, este blog tiene un alcance limitado (que ya me parece bien), me lo paso genial escribiendo y contestando comentarios, paso los días ideando posts y disfruto escribiéndolos. Para estar en le hitparade de los blogs hay que optar políticamente por ello. Y yo soy muy vago. Este es mi límite. En cuanto a reconocimientos sociales, el problema, Loiayirga, es que padezco fobia social. Lar relaciones humanas me resultan sumamente complicadas, no sé hablar en público y soy lento en mis respuestas que carecen de mordiente y de agilidad. Cualquier adolescente afilado me pone en un aprieto. No soy apto para los fastos oficiales, ni los deseo. He encontrado mi límite, y creo que es un límite humano en que puedo contestar a los que me escriben, disfrutar con sus razonamientos. Imagínate que este blog tuviera como el de Yoani Sánchez, cinco mil comentarios. Sería un fracaso. Lo interesante es tener un alcance determinado y poder disfrutar de ello. En cuanto a vanidad, no voy a negar que la tengo, claro que sí, pero lo sé. Cuando me mueve la vanidad. me digo, Joselu, estás siendo vanidoso, estás siendo envidioso, estás siendo rabioso, agresivo.


      Te confesará algo que evidencia mi fracaso como bloguer humorístico. Hoy quería haber escrito un post lleno de humor negro, parodiando a Thomas Bernhard, pero está claro que lo del humor no es lo mío.


      No quiero más. Esto me parece genial.

      Un cordial saludo.

      Eliminar
  5. Y sobre lo de los premios y el sistema y el antisistema y todo eso…
    El sistema social es como uno mismo. Está constituido por tendencias contrarias y contradictorias. Como uno mismo no hace muchas veces cosas coherentes, así el sistema (que de algún modo somos todos) quiere una cosa y su contraria. El Estado quiere que no fumes y al mismo tiempo quiere que fumes. El sistema quiere la guerra y quiere la paz. El sistema educativo, por ejemplo, quiere obediencia y asimilación y al mismo tiempo se “harta” de enseñar autores “revolucionarios” en la filosofía, en la literatura, en el arte… Los profesores queremos que los alumnos capten, entiendan y aprendan lo que enseñamos (es esencial a la enseñanza) y al mismo tiempo que el alumno tenga espíritu crítico y de algún modo se convierta en maestro de sí mismo y rechace nuestra autoridad.
    Quiero decir que “el rebelde” también es una fuerza que alimenta el sistema y Saramago también fue premio Nobel porque el sistema no es intrínsecamente malo y perjudicial sino que muchas veces sabe ver lo que de bueno hay en los “revolucionarios”.
    Porque no están los malos en los cargos institucionales dando premios y los buenos en la calle. Los que tienen fuerza en la calle terminan teniendo premios y cargos en las instituciones lo cual no me parece ni bueno ni malo, me parece que es lo que suele pasar y lo normal.
    Y si tus lectores en el blog fueran tantos y tantos que te quisieran convertir en el catalán del año creo que tú lo aceptarías gustoso y no te parecería que es algo tan malo como das a entender en tu entrada de hoy.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te aseguro que eso de catalán del año, igual que lo de aragonés del exilio tengo tantos puntos como para convertirme en premio Nobel.

      Conocía a Joan Brossa el año de su muerte, y le lancé lo de su premio entregado por la monarquía, a él que era independentista. Sintió el dardo y lo solucionó con humor y maestría. Pero yo se lo había lanzado.

      Es cierto que José Saramago fue premio Nobel y siguió siendo un escritor valioso y digno a la izquierda. También lo obtuvo Albert Camus, poco antes de su muerte en accidente. Esto en alguna manera me reconcilia con los premios. Tal vez no sean tan malos, y tengas algo (o mucha) razón.

      Solo quería polemizar. De sobras sé que cuando escribo algo, siempre hay alguien que me hace considerar otros puntos de vista. Pero no me negarás que es divertido un alegato contra los premios de alguien medianito que en el fondo a lo que aspira es a que le nombren vecino de la escalera del mes. Ja, ja, ja.

      Gracias por hacerme pensar. Y considero lo de catalán del año. Escribe a Arthur Mas a ver qué le parece.

      Eliminar
  6. Muy agudo tu razonamiento, Joselu. Pero leí en algún lugar que donde hay contradicción hay vida. Este viernes se juega en Madrid la copa del Rey. ¿Quieres algo más monárquico y más español que una copa del Rey...? Pues bien, a esta contienda van ni más ni menos que los dos equipos que representan a una masa social más antiespañola y antimonárquica del estado español: El Barcelona y el Atletic de Bilbao. Ya han dicho que ambas aficiones no van a respetar el himno nacional, y que van a llenar el Calderón de senyeras separatistas y de ikurriñas. Pero lo mejor de todo, el acabóse, la contradicción superlativa vendrá cuando al final del partido uno de los dos capitanes recibirá muy gustoso de manos del Príncipe de Asturias (el Rey está de baja y no estará en el partido, o por lo menos eso tengo entendido) el tan preciado trofeo que le etiqueta como poseedor del título de vencedor de la copa del Rey (de España) Todo un absurdo. Pero la vida es eso, Joselu, absurdos y contradicciones.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy con Miguel.Todo es un absurdo segun como lo mires pero la vida es eso.Mí madre que es una mujer muy práctica me decía te vas a dedicar a Bellas Artes...y me dejaba como diciendo la pobre es qué.Pero te digo la vida es como todo unos disfrutan de lo que otros tiran y a la inversa.

      Los premios!... Los que valen son los económicos...Por el valor que te dan ante una sociedad tan materialista y si encima tienen un reconocimiento de una élite social escogida pués mejor que mejor.Pero creo que el que los recibe no lo hacen por el premio.Simplemente hacen su labor y si encima se premia.Bien recibido no crees?

      La vanidad todos la tenemos en poco o mucho.Pero hay que saberla canalizar...y ser humildes.

      Saludos Joselu.

      Eliminar
    2. Miguel, me temo que Esperanza Aguirre ha puesto lo que faltaba para incendiar el momento solemne del himno. Hubiera sido diferente que como pesidenta de la comunidad de Madrid hubiera dado la bienvenida a las dos aficiones a las que saluda con afecto, y haberles pedido con cortesía el respeto por un momento en que se expresa la convivencia de todos los españoles. No sé. Tal vez haber puesto los himnos de Cataluña y País Vasco. Y como colofón el español.

      Sí, es cierto los dos clubes compiten por quien tiene más copas del Generalísimo o del Rey. Y el capitán vencedor irá a recoger de manos del príncipe la copa y la alzará con orgullo produciendo la euforia de su hinchada.


      La vida, como dices, es contradicción y absurdo.



      Pero qué extraño país que es España. Siempre condenados a los líos y a los malentendidos, en una historia irresoluta y absurda. En fin, me he ido del tema.


      Un abrazo.

      Eliminar
    3. Bertha, tal vez sea que nunca nadie nos ha dado un premio. Bueno una vez cuando tenía catorce años hubo un concurso de castillos de arena y me dieron a mí un cuarto premio más que nada por la cantidad de arena que había amontonado. Fuera de esto, nada. Pero en el fondo no me gusta competir y el hecho de que reconozcan mis aportaciones me sume en el desconcierto. Pero no sé si por eso soy humilde. Me temo que no. No puedo rechazar ningún premio porque no me han dado ninguno. Pero esto también es un orgullo.


      Un abrazo, Bertha.

      Eliminar
  7. El sistema fagocita todo, Joselu, o lo intenta. Hay cosas absurdas, como que una institución "al uso" premie a un escritor que va contra el sistema. Es un intento de poseer al contrario, de marcar territorio, de vencerlo de un modo paternalista, para acercarlo al sistema, para dejarle claro que les pertenece de algún modo.
    Es como ver al Che en camisetas que ya no significan nada, que los que llevan ni valoran ni entienden. Se convierten en meras imágenes, iconos de moda, y así les quitan su valor revolucionario, su poder de protesta y subversión.
    A mi lo de que te propongan premio vecino de tu escalera me ha hecho reir.
    Un saludo, Joselu.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, pienso que premiar a Nicanor Parra con tanta solemnidad en los premios Príncipe de Asturias es una forma de canibalismo, de matar al contrario y devorarlo para que su fuerza pase a quienes le dan el premio. Igual que los homenajes a Benedetti grandiosos en su patria. Creo que no hay mejor tumba para un escritor que una que esté en los márgenes. Por ejemplo, la de Antonio Machado en Colliioure. Refleja su exilio y la historia de España. Alguna mente preclara ha pretendido traerlo a España y ponerle una tumba adecuada a su condición. Afortunadamente, sigue y seguirá allí. Veo ciertamente una maniobra perversa por parte del poder cuando se apodera de escritores críticos cuando ya no se pueden defender. Glorificar al disidente es, como dices, una forma de integrarlo, de desactivarlo, de suavizarlo, de canibalizarlo.

      Un cordial saludo, Nuria.

      Eliminar
  8. Realmente estamos en la misma onda Joselu. Me ha encantado. Si fuera un mandamás... te daría un premio, je, je.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un premio patafísico, pero estos premios no existen. Son los mejores.

      Eliminar
  9. A pesar de que coincido con tu apreciación sobre los premios, hay que reconocer que más de uno mataría por ser siquiera nominado, no necesariamente los mejores, desde luego. Nunca perdonaré a los de la Fundación Nobel que no se lo dieran a Delibes, pero sí al petardo de Cela, cada vez más endiosado y fatuo, que no se comió una rosca con "La cruz de San Andrés", a pesar del Planeta (cada vez más devaluado, por cierto) y tuvo que soportar el éxito de ventas de Ángeles Caso, finalista. Cosas de la literatura. Vargas Llosa se lo merece, desde luego. Me encanta su discurso de recepción, qué bonito, qué sentido...
    Contaba Antonio Gala hace años (el pobre está bastante malito) que una vez tuvo que hacer de jurado en un concurso de poesía creo que de reclusos, y sus colegas votaron por un poema al que cubrieron de elogios. "No me extraña", dijo Gala, "es mío". Ahora con internet eso es moneda corriente. Nadie puede conocerlo todo,así que "fusilar" o plagiar directamente algo parece moneda corriente.
    ¿Son necesarios los premios? Son útiles para vender más ciertas obras o para dar coba a algún personaje o, peor aún, para beneficiarse de no pocas subvenciones y prebendas. Algunos resultan ciertamente sonrojantes. Otros son absurdos, inútiles. Magníficos actores y directores no han recibido un Óscar, por ejemplo, otros los coleccionan como si fueran cromos. La verdad es que si no fuera por los premios algunas obras estimables pasarían desapercibidas. Así ocurrió con "La soledad", que tuvo una segunda oportunidad en los cines tras los Goya o "Pa negre", poco vista en su momento. Esa parece ser la misión de los festivales, que a veces premian trabajos infumables, se conoce que ser rarito es un mérito para algunos, algo como mínimo discutible.
    No me gusta que mis alumnos compitan o participen sólo por el premio que pueden conseguir, pero a nadie le amarga un dulce y vivimos en un mundo muy competitivo. Se toman muy a pecho ganar un partido de la liga de los recreos, y no digamos la final, a veces nos dan auténticos problemas con sus discusiones y enfrentamientos. No saben perder. Los muy futboleros trasladan al aula la rivalidad entre los grandes clubes, me parece penoso que se pongan como energúmenos por algo que no influye en sus vidas de ninguna manera. Y ahora que se acercan los Juegos Olímpicos, sería buen momento para hablar de la absoluta pérdida del espíritu olímpico inicial. Hoy son sólo un gigantesco negocio en el que todo vale, mueven una cantidad indecente de dinero y supeditan todo a estar en el podio. Cómo no va a haber dopaje si exigen a los deportistas metas cada vez más inalcanzables...
    No sé si me he ido del tema inicial. Es que tienes la virtud de despertar mis ganas de escribir sobre cualquier tema que propongas.
    Un fuerte abrazo, colega.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De eso se trata, Yolanda, de lanzar una piedra al agua y ver qué vibraciones produce. El que escribe no pretende poseer ninguna verdad pero ha de hacerlo de un modo que motive, que provoque, que resulte casi inevitable implicarse. Me gusta que dejes ir los dedos en el teclado cuando escribes un comentario o cuando escribes en tu blog.

      El premio Planeta es un muestrario de la venalidad de tantas y tantas plumas que presentan sus obras porque saben que van a ser premiados de antemano. A veces ha habido buenas obras. Otras son sencillamente olvidables. Representa una maniobra comercial hábil y cualquier escritor, incluido Juan José Millás tan rompedor y ácido en sus artículos pero bien acogido al grupo PRISA, lo tienen por bien ganado si se lo ofrecen. Hay premios que galardonan la audacia, los menos, porque los más se inclinan por lo ya previamente consagrado por la fama. De todas maneras, he leído que España es el paraíso de los premios. Hasta la crisis, raro era el ayuntamiento, diputación o institución que no fundara un premio ad hoc. La carrera de escritor es muy ardua y muy difícil. Por eso me asombra que J.D. Salinger haya pasado a la historia por solo una novela y manteniéndose totalmente al margen de la fama o vida literaria. También Juan Rulfo es conocido universalmente por su única novela, Pedro Páramo. El resto son relatos. Me gustan los márgenes, Yolanda, yo que soy funcionario, acogido a una vida considerada en estos tiempos como benévola, me siento en alguna manera en sintonía con la marginalidad. Respeto a los que se dejan acunar por las instituciones. Es legítimo y no hay nada que decir en contra, pero me atrae el lenguaje y la vida secreta de los que no se atreven o no quieren tanto oropel. Siento por ellos una íntima simpatía, lo que no quiere decir que sean menos soberbios que los otros. Tal vez la humildad también es saber recoger un premio y darle la importancia justa.

      Como ves, también me gusta escribir sobre cualquier tema y darle vueltas y vueltas.

      Un fuerte abrazo, colega.

      Eliminar
  10. TE buscarán hasta debajo de las piedras si te quieren premiar. No habrá espacio para esconderse. Solo entonces, aceptanto o rechazando, se mide de verdad lo que llevas dentro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es complicado, Pedro, tanto aceptar que es lo fácil o rechazar que es lo difícil porque puede revelar también una impostura. Jean Paul Sartre rechazó el premio Nobel porque era un montaje capitalista, pero a continuación pretendió cobrarlo porque al fin y al cabo era suyo. Probablemente si te premian, lo más discreto sea aceptar el premio y procurar seguir siendo fiel a ti mismo. Una de las personas premiadas que más respeto me suscitan es Samuel Beckett que recibió el premio Nobel en 1960. Su trayectoria no había estado jalonada por el éxito hasta el estreno de Esperando a Godot. Un mundo tan sin esperanza y coherente como el de Beckett no se dejó sobornar por el premio ni por las distinciones. De todas maneras acabo de comprar una buena biografía del dramaturgo irlandés y pienso considerar qué supuso el éxito para él. Lo cierto que lo recibió en un momento en que fueron premiados Sartre, Camus y él, en pocos años. Tal vez porque el existencialismo era la corriente más poderosa de aquel tiempo, que en alguna manera también me formó a mí que he cambiado (o continuado) a partir del mismo.

      Lo que lleva un hombre dentro… Buena cuestión, Pedro, buena cuestión.

      Eliminar
  11. Me encanta lo que dices!
    El matemático ruso Perelman rechazó un premio como reconocimiento de un millón de dólares siendo "pobre". Nunca se ha quejado del sistema; tan sólo resolvió la Conjetura de Pointcaré como reto a sí mismo y para demostrar la verdad.
    ¿A que tú también piensas que no está bien de la cabeza y que es el precio a pagar de los superinteligentes?
    P.D.:Ganaría el Nobel si se hubiese acogido al Sistema.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siento profundo respeto por Grigori Perelman. Representa la dignidad humana llevada a la coherencia concreta. Él sabía lo que implicaba el premio (porque los premios llevan aparejadas muchas otras cosas) y él no quería participar de ello ni quitarle valor a su descubrimiento que solo había sido hecho por placer y amor a la inteligencia matemática. De las cosas que más orgulloso me siento no he recibido jamás un reconocimiento oficial. Ni lo añoro, ni lo pretendo. Lo que he hecho, bien o mal, ha sido por placer, por curiosidad, por prurito personal. Entiendo que las alabanzas, los premios, las distinciones pueden ser necesarias para algunas personas, pero afortunadamente hay alguien como Grigori Perelman que no entró en el juego. Esto me hace sentirme doblemente orgulloso como persona. También ha sabido que Laura Antonelli, la musa italiana de las películas de los años sesenta, vive en la más estricta pobreza y olvido. Alguien la ha localizado y ha pretendido conseguirle alguna subvención oficial o sinecura para que paliara su delicada situación en la vejez, pero ella solo ha dicho que lo único que ansía en olvidar y que la dejen en paz. Esta noticia me sorprendió y me gustó. Estaría en la misma línea que la del matemático ruso.

      Eliminar
  12. Dar un premio oficial a un anarquista, es lo que hacia la iglesia con los lugares mágicos de las religiones paganas. Los absorbían, metían un santo o santa y la magia se diluía entre los paternoster qui sunt in caelis.
    Es una maniobra del sistema. Yo no corro peligro de que me den ninguno, pero si me lo dan, lo cogeré y me lo gastare en vino, marisco y cordero..

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Premiar a un anarquista como Nicanor Parra ciertamente es una maniobra. Estoy seguro de que él, con menos años les hubiera dicho cortésmente que lo rechazaba o que no contaran con él. Pienso, sin embargo, que cuando otorgan un premio, previamente cuentan con la aquiescencia del galardonado para evitar un desaire o una situación embarazosa. Esto evita discursos rebeldes en la entrega de los premios, porque uno debe mostrarse agradecido a quienes lo han dado. Es cosa de biennacidos ser agradecidos. El poder se lava las manos con la obra social, con los premios. Sabemos que se hacen hijoputadas desde el poder, pero hay burbujas que buscan la pureza y conceden premios que sirven para aliviar la conciencia, que a todos nos aflige. No puedo evitarlo, me desagradan los premios y las honras funerales, especialmente cuando son patrióticas, cuando el artista es considerado símbolo de la patria.

      Harás bien en gastártelo en vino, marisco y cordero.

      Eliminar
  13. Mira que es usted provocador, señor Joselu! Daré mi parecer.
    Estoy contigo en esa aburrida solemnidad de caras sonrientes y corbatas que, en mcuhas ocasiones, no saben ni a quién le entregan el premio y los que lees discursos que less han hecho sus asesores. Está claro que con 97 años el premio no va a impulsar tu carrera, pero sí otros premios que dan a otras edades. Aunque también es cierto que muchos premios (Planeta, se me ocurre) que son técnicas comerciales para la venta masiva de ejemplares y la calidad, ay, está al margen. El Premio Cervantes decía Pérez Reverte que está politizadom, aunque en los últimos años ya no. También el Nobel de la Paz se lo dieron a Kisinger y a Obama... Pues eso.

    Pero creo que hay mucha gente íntegra que ya puede recibir premios y no variar ni su rumbo ni su discurso. El fotógrafo Gervasio Sánchez recibió el Nacional de fotografía y en el acto, en el que habí aincluso minsitros, dijo literalmente "que se sentía avergonzado de sus políticos", de la gente que estaba allí y hablaba de paz cuando la España de ZP aumentó la venta de armas en sus años de gobierno.
    Un premio solo modifica a los gilipollas, a los que crean para premios, no por necesidades personales. Los que siguen la corriente y les dicen lo que tienen que escribir.
    Un premio es un reconocimiento, nada más. Pero ese reconocimiento puede venir de otros lugares.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me relamo con tu anécdota, que ya había oído, del galardón a Gervasio Sánchez. Hay que ser muy íntegro para hacer eso y ser consecuente hasta el final. Quiero decir que luego ni por activa ni por pasiva, Gervasio Sánchez utilice el poder o sus influencias para lograr llegar a donde otros no llegan. Es un tema peliagudo, porque he observado que los seres humanos tarde o temprano optan por lo menos difícil. ¿Y qué mejor que dejarse acunar por el poder, por las posibilidades que otorga el poder? Por eso, cuando uno acepta un premio y critica a los que se lo han dado, o lo rechaza, tiene que ser uno muy íntegro e insobornable, y eso no es fácil. No cabe duda de que un premio halaga la vanidad humana. Es un reconocimiento que uno debe saber encajar. Darle la importancia que tiene. Lo que pasa es que los seres humanos en general raramente tenemos reconocimientos oficiales. No es extraño que vengan bien estos estímulos, que los anhelemos en alguna manera. Creo que hay toda una reflexión compleja sobre el hecho de ser premiado, recibir un premio y las intenciones de quienes lo dan.

      Eliminar
  14. No nos han presentado personalmente pero, estoy encantada de leer tus artículos, reflexiones, ensayos... y compartirlos. Como en esta vida, una cosa lleva a otra,de Juandon a Joselu. Me pareces un escritor, pensador, profesor excelente. Un saludo.Bárbara.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Soy un poco menos de todo eso. Simplemente lo intentamos. Pero sí que es cierto que tener un blog es un placer personal extraordinario, porque las reflexiones que uno se hace tienen una proyección y permite el diálogo. Gracias, Bárbara. Lo más hermoso de todo es el diálogo que establecemos.

      Eliminar
  15. Nos educan para competir, ganar y no perder. Los verdaderos reconocimientos, que no premios, no deberían tener precio sino solo el reconocimiento. Los sustentados por el poder pueden ser dudosos.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El poder se premia a sí mismo cuando premia a otros. Posiblemente sean ciertamente merecedores del mayor aprecio y distinción. No lo niego. Cuando dan el premio Nobel a Camus, la academia sueca lo hace con justicia y a un hombre joven que aún no había cumplido los cincuenta. Hay que reconocer que a veces el poder cultural y político acierta. Pero ¿qué pretende? La obra de Camus seguiría siendo igualmente revulsiva y extraordinaria sin ese premio, como lo es la de Kafka o James Joyce o Faulkner o Proust que no lo recibieron. La posteridad es la que otorga las mejores distinciones a la obra de los artistas. Tal vez, los premios son una forma de satisfacer por igual la vanidad humana y la necesidad del poder de prestigiarse devorando a los creadores, incorporándolos. En todo caso, me gustan los márgenes, aquellos que se han mantenido por a o por b, fuera del cauce de los reconocimientos oficiales. Lo que no condena, evidentemente, a los que se han dejado mecer por los premios. Faltaría más.

      Besos.

      Eliminar
  16. A veces te dan un premio para cagarte en la cabeza para que luego, más adelante, las palomas se caguen en tu estatua. No hay diferencia aunque suene a muy tópico es el precio de la gloria. Además siguiendo el tópico todo el mundo tiene un precio.
    Sabemos que al final todo ésto es efímero, que llegará una bola del espacio y mandará a los humanos y a sus excelsas realizaciones a hacer puñetas; pero eso de la fama, del reconocimiento ajeno, de la posibilidad de trascender la propia vida y que tu memoria siga presente tras tus exequias fúnebres pone nervioso a cualquiera. Es comprensivo, uno puede criticar y luchar contra el sistema pero no contra las pulsiones nacidas en uno mismo. Una de ellas es dejar huella y que tu obra modifique un poco la sociedad. Quizás desde nuestro escepticismo existencial no nos demos cuenta o de que estos tipos tan ilustres han contribuido en alguna medida a que nuestra vida sea menos deplorable.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hubiera elegido contestarte con algunas de las Coplas de Jorge Manrique que lograron, sin ningún premio, convertirse en unos de los versos más profundos y duraderos y que aseguraron la vida de la fama a Jorge Manrique, ya que seguimos hablando de él, y las vidas que son los ríos. Lo bueno es que la imagen no era original, viene de la retórica clásica. Da igual, Jorge Manrique sintetiza y pone en ejecución la más alta poesía y hace que su nombre siga vivo mucho más allá de sus olvidades exequias fúnebres. Él lo expresa en las Coplas cuando habla de la tercera vida que es la de la Fama no tan duradera como la eterna, pero algo es algo. Es cierto, muchos querríamos pensar que el mundo ha sido transformado en una brizna por mínima que sea tras nuestro paso. Ello es improbable y los honores en vida no lo aseguran pues son circunstanciales. Hay tantos autores que gozaron del éxito en su vida y que luego la posteridad ha olvidado completamente… Ahí tienes a Benavente, premio Nobel y dramaturgo exitoso al que nadie recuerda ya. Valle Inclán fracaso como dramaturgo en su tiempo pero triunfó décadas después de su muerte y sigue vivo. Los premios literarios o culturales son un intento de objetivar la calidad y recompensarla en función de complejas circunstancias socioeconómicas y políticas, pero no van más allá de su tiempo. Lo que el tiempo hace que perdure son los mitos, y no es fácil convertirse en mito ni traspasar las dimensiones de tu tiempo. Los premios son eso, circunstanciales.

      Eliminar
  17. Yo debo rozar la frivolidad, pues no sabes lo que me gustaría ser tan buena en algo que mereciera un premio. No lo puedo remediar pero me gusta destacar ya sea en edad, en avatares de mi vida, en ser diferente de los de mi generación,de haberme hecho a mí misma......
    Entiendo tu idea, es como lo que va a pasar con el Bilbao y el Barcelona.... mucho odiar a la monarquía pero luego todo serán sonrisas al recoger la copa de manos del rey.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te voy a conceder un premio único, equivalente al Nobel, aunque no va a tener la misma publicidad. Acabo de instituirlo. En este acto solemne recibes el premio que reconoce que eres única, que eres original, que eres especial que los que te leemos nos sentimos recompensados por la frescura de tu prosa, de tus aportaciones abiertas al pasado pero también al futuro que te gustaría conocer. Subes al estrado, serena, impertérrita, comunicativa y te diriges a la sociedad que te escucha. Transmites que no te rindes, que siguen pensando cada día, que sigues nutriéndote de reflexiones cuánticas, que estás en pie, que no vas a claudicar, que te encanta transmitir tus emociones y estados de ánimo a tus lectores, que no te identificas con tu generación hundida en el conformismo y la apatía, que sigues teniendo sueños, que haces un pan riquísimo, que te encanta relacionarte con gente abierta y joven, que el futuro está lejano pero te sientes profundamente identificada con él. Que no es nostalgia la que tienes, La nostalgia es para los que se sienten paralizados por la realidad. No, es sorpresa, es sensación de maravilla ante los descubrimientos científicos y humanos. Sigues creyendo en el ser humano. sigues creyendo en la dignidad humana, y te levantas cada mañana con el ánimo de sentir que vivir es un privilegio, una oportunidad maravillosa.



      Este premio te concede la academia patafísica. Para ti, Lola.

      Eliminar
  18. Pero, cuando uno, al cabo de los años, lee que fulanito o menganito rechazaron tal o cual premio, da la impresión de cierta soberbia, de una altura de miras sobrehumana que los aleja de sus lectores, de sus espectadores. He recibido modestos premios -ninguno dinerario, por cierto- y me ha alegrado recibirlos porque, además de satisfacer pequeñas vanidades a las que uno no cede a diario, complace agradar a quienes lo conceden. Es tan difícil ser antisistema cuando todo lo que te rodea es sistemático...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Has escrito cuetiones muy relevantes, sinceras y reveladoras. Es muy difícil ser antisistema cuando todo es sistemático. Es cierto, Antonio, cuando leo crónicas, obras literarias, biografías de otros tiempos, no tan alejado de nosotros, siento la sensación de que uno todavía podía ser libre, de sentirse anarquista en un mundo contrario. Leo a Sender, leo a Max Aub, leo a Goytisolo, por decir algo, y uno tiene la impresión de que en otro tiempo (ya sé que está mal añorar otro tiempo) los seres humanos eran más libres. Todavía siento la emoción que me transmitió Cortázar en Los autonautas de la Cosmopista. No veo que ningún escritor ni ningún ciudadano se atrevieran a realizar un proyecto tan descabellado y tan absurdo como el que él urdió. Nos hemos hecho sistemáticos, integrados, dependientes del sistema. En la misma blogosfera la gente pierde el oremus por los premios de Telefónica, y se produce una retahila de felicitaciones si alguien consigue un galardón de esa multinacional estafadora que es Movistar. No lo entiendo. Por un lado somos radicales, pero por otro somos intelectualmente dependientes del sistema. No creamos fundamentos que nos aislen, que nos nutran de otra sabia que no sea la del sistema. Yo sé que soy parte del sistema. Soy funcionario y con eso está dicho todo Tengo trienios, sexenios, complementos. ¿Que puto anarquista voy a ser yo? Nada, Antonio, nada. Los hombres libres han desaparecido. Hoy hacemos programaciones hasta por respirar. Mentimos como cosacos pero no no nos negamos a mentir. Si alguna vez nos dan un premio, bienvenido sea, aunque solo sea por satisfacer pequeñas vanidades o complacer a quienes nos lo dan. Vivimos un tiempo no apto para los hombres libres. La mera ideación de que eso pudiera ser, de que pudiera existir, escandalizaría y levantaría ampollas. De momento optemos por los premios de Telefónica. En fin...

      Eliminar
  19. Vengo a nominarte al premio por el mejor titular escatológico para un blog. No hay dinero con el premio.

    Es broma.

    Saludos.

    ResponderEliminar

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...