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lunes, 19 de septiembre de 2011

¿La escuela de la felicidad?

                                                        De Chirico

Ser profesor es una sensación extraña, no acabo de acostumbrarme. Desde el tiempo enormemente lejano en que entré como profesor en un colegio de monjas, en el que había solo alumnas y les lancé un alegato anarquista sobre el placer del conocimiento... hasta este último año en que sigo aferrado, a pesar del tiempo pasado, a una concepción libertaria del aprendizaje, creo que voy deambulando en laberintos cuyo sentido no acabo de entender.  No soy un buen profesor según reclaman los tiempos. Hemos de ser organizados, metódicos, buenos hacedores de programaciones y memorias pedagógicas, sistemáticos, esforzados, sacrificados, santos en vida y predispuestos al sacrificio. No soy nada de esto. Lo que hago, lo hago por placer. Creo que esta ese una de las convicciones más profundas que arraigaron en mí desde que pude elegir. Esto no quiere decir que lo que cause placer no suponga esfuerzo. Puede ser lo más costoso y el camino más empinado. Claro que hay muchas cosas que uno las debe hacer porque sí, porque no queda otro remedio, porque hay que hacerlas... y cuestan, pero entonces uno ha de saber aplicar aquella frase que leí en una revista juvenil a mis dieciséis años y que me ha quedado grabada: si no te gusta lo que te toca, aprende a que te guste.

¿Educamos para ser felices? No lo sé. Hoy en Deseducativos, Gregorio Luri en su notable post El pienso felicitario arremete contra cierta concepción pedagógica New Age que pretende hacer de la escuela un espacio de felicidad boba, una especie de parque temático light en que se pretende educar para un estado acomodaticio, sin dimensión, alejado del veneno y la disciplina del conocimiento... No sé si interpreto bien sus palabras, pero creo que en esencia son así.

La escuela que yo conocí en mi niñez no era un espacio agradable.  Las monjitas disfrutaban haciéndonos entrar en shock con la descripción física detallada de los novísimos y la manifestación del Apocalipsis con la venida del Cordero en medio de trompetas terribles y vengativas tocadas por los ángeles. Yo me estremecía y me escapaba subrepticiamente a cobijarme a la parte de la clase en que estaban las chicas pues estábamos separados alumnos de alumnas. Éramos más de cien en clase. Pero guardo un buen recuerdo de aquellas religiosas puesto que, a pesar de sus descripciones apocalípticas, alguna me mostraba afecto y yo lo sentía. Más difícil fueron mis nueves años de estancia en un colegio de los Hermanos Maristas de los que saqué la impresión de que aquella casa no era un lugar de felicidad y sí de terror. Yo lo sentía, y no sólo por los castigos físicos que eran muy duros, sino por la crueldad temible de mis compañeros que desahogaban su agresividad con los más frágiles. Todo ello estimulado por nuestros queridos hermanos de la Asociación de Sádicos fundada por el Beato Marcelino Champagnat. Desde luego, Gregorio Luri no puede distinguir en mi formación esa concepción boba de una escuela encaminada hacia la felicidad, allí nadie se preocupó por hacerme atractivo el conocimiento, idea ingenua allá donde las haya porque aquello no era un banquete temático sino una casa donde todas las ferocidades eran posibles. Yo era demasiado sensible y no me uní al coro general de crueldad, aunque hice mis pinitos, no se crean. A veces me he preguntado qué me aportaron aquellos nueve años en esa disciplina y terror del aula y no he encontrado una respuesta. Sólo me vienen a la memoria algunos de aquellos hermanos que no eran autoritarios con nosotros y nos hablaban con cierta atención y cortesía. 

Nunca me hicieron leer un libro. Y desde luego fue una experiencia adecuada a la idea de que la letra con la sangre entra.

Ahora soy profesor. Me gusta la literatura dura, me atrae el cine de Bergman y el teatro de Samuel Beckett. He visto El árbol de la vida y, tras quedarme desconcertado, fui consciente de un chorro potentísimo de fuerza poética como la de las grandes películas que filmaron otros artistas geniales.

¿Busco la felicidad para mis alumnos? ¿Busco que la escuela sea un espacio bobo de entretenimiento blandengue para preparar buenos y adocenados ciudadanos, adheridos a los valores más convencionales y establecidos de una sociedad que -por contra- se está cayendo a pedazos mientras la pedagogía al uso presenta la nueva versión edulcorada de Alicia en el país de las Maravillas?

A veces siento la tentación de retomar el discurso de aquellas monjitas y hablar del final del mundo para hacer que mis alumnos se estremezcan de terror siendo conscientes del cataclismo económico, político y social que puede estar a punto de caer sobre nosotros, hablar fríamente del futuro incierto que nos espera, de nuestra desprotección ante fuerzas mucho más poderosas que nosotros, de la desigualdad social, de que nunca llegarán a nada... de explicarles con palabras elocuentes esos chistes del Roto que tanto me atraen.

Pero no sé, prefiero hablarles con cortesía, con afecto y hacerles llegar de lo simple a lo complejo progresivamente, no asustándolos, haciendo de la búsqueda del conocimiento un espacio abierto e interesante. No pretendo asustarles ni hacerles sentir pánico a pesar de que yo en mi fuero interno siento que estamos deslizándonos por el filo de la navaja. Vendrán tiempos peores, no me cabe duda, pero quiero que el recuerdo que tengan de mis clases sea de un sitio amable en que éramos capaces de hablar de cualquier cosa con libertad sintiendo satisfacción en aprender, y deseo que haya alguno que sienta esa pasión compartida - y ese veneno- que proporcionan las ideas.  El resto sólo es suyo.

¿Y el futuro? También.  


31 comentarios :

  1. Te veo muy en la línea humanista de Rogers, lo que me parece estupendo.

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  2. Joselu, ya hemos hablado largo y tendido sobre esta hermosa profesión nuestra y temo repetirme. Te diré que acabo de empezar mi trigésimo cuarto curso escolar, que se dice pronto, y creo que aunque no soy la maestra que me gustaría ser sí considero que soy bastante mejor que cuando empecé. Soy un desastre, pero sé utilizar bien mis recursos. Conozco mis capacidades y, lo que es más importante, soy consciente de mis limitaciones. No me planteo grandes metas. Ayudo a mis alumnos cuanto puedo mientras están conmigo, con unos acierto y con otros no pero creo que mientras están en el colegio son bastante felices y reciben cuanto pueden desear. Para ello no es necesario que el colegio sea un parque temático ni que las clases sean un yupi-yupi continuo. Mis compañeros y yo trabajamos muy duro para que los chavales lleguen a la ESO con una buena formación no sólo académica sino sobre todo personal. Lo que más nos deprime es que parece que en ocasiones nuestro esfuerzo está en relación inversamente proporcional a los resultados obtenidos. Si sobran medios, ¿qué es lo que falla? La pregunta del millón... Bueno, y en cuanto a la abundancia de medios habría que matizar. Me refiero a pizarras digitales, ordenadores, instalaciones... porque en cuanto al profesorado en sí ya sabes cómo está la cosa, al menos en Madrid, que es lo que yo conozco y padezco. Me cuesta creer que haya tantos millones de madrileños ignorantes de cómo es la marquesa que nos gobierna. Hoy ha soltado otra de sus "perlas". Como sigo sin saber poner enlaces, consulta la Cadena Ser y lo verás. Dios, qué panda de inútiles prepotentes, chulos y golfos... Nos han echado encima a la opinión pública pero por lo que cuentan mis colegas de los IES los padres están con ellos, saben de verdad lo que pasa y lo que significa disponer de menos profesores. La huelga convocada, totalmente lícita y justa, beneficia a Espe porque cumple su objetivo: ahorrar. Le vendrán bien esos miles de euros robados a los docentes para reducir "su" déficit. Qué vergüeza...
    Un fuerte abrazo, colega.

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  3. Ah que bueno, me ha encantado !!
    Es muy importante y necesario hablar regularmente del fin del mundo. Entre otras cosas para que nadie se lleve una sorpresa. Los Padres Escolapios, que seguramente eran unos simples aprendices al lado de los maristas, nos ilustraban sobre lo que era el infierno a base de consentirlo aquí en la tierra.

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  4. Hola, Joselu.

    Me alegro de leerte de nuevo. ´

    Mañana leo a Luri y tus artículos anteriores.

    No puedo decir nada de este tema porque cada momento estoy más perdido sobre cómo debo trabajar y qué tipo de escuela debo considerar.

    Un saludo.

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  5. El futuro es de todos los que lleguemos a ese futuro y hasta que llegue el día en que no sea así.

    Un beso, Joselu.

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  6. A veces JOSELU, me pregunto cómo es posible que hablando en teoría de una obra semejante, mismo escenario y semejantes actores, la sensación de la obra que se ha visto sea tan distinta según a quien preguntes de entre los espectadores...
    Verás yo también estudié durante 12 años a un cole de monjitas jajaja y mi recuerdo te puedo asegurar que es poco menos que paradisíaco... debo ser la única alumna de colegio de monjas que no despotrica de ellas... Mi recuerdo, lejos de sumergirme en historias apocalípticas, horripilantes y aterrorizante... fue algo tan mágico, que a veces, me parece un cuento. Es más, no recuerdo haber dado palo al agua...jajaja al menos no recuerdo haber hecho esfuerzo alguno y mis notas, sin querer ser pretenciosa en absoluto, siempre fueron buenísimas. Allí se aprendía sin querer y casi sin sentirlo...Así que eso de que antes se sufría horrores, supongo que depende y donde... mis monjas eran muuy especiales, es verdad, para empezar era de todas partes del mundo era un colegio alemán, lo cual les quitaba el almidón ese tieso y olor a alcanfor al que parece que huelen los colegios religiosos...Teníamos desde una monja alemana tipo general de la gestapo que nos tenía todo el día planchando pajitas a toque de silbato, para hacer manualidades ( la excepción) pasando por una francesa, que nos daba ciencias y nos llenaba la clase de bichos, con los que disfrutaba ella más que nadie, hasta una austríaca de música medio mística, pero de las de levitar ¿eh?;-) pero todas tan cercanas, entrañables y encantadas con toodo lo que hacían, que nos hicieron disfrutar cada segundo que pasamos en ese colegio... recuerdo a una monja filipina, la hermana Saleta, tan chiquitina como un tapón de corcho que jajaja... se nos ponía a explicar literatura y se emocionaba tantísimo que se subía de pies a la mesa jajaja y allí gesticulaba como una loca recitándonos a Santa Teresa o a San Juan de la Cruz , más de un día casi se nos mata ¡¡cómo no adorar aquella poesía!! si parecía que nos la representaba la santa encarnada en aquella enanita adorable que tenía un corazón más grande que toda ella junta;-) te aseguro que aun hoy, después de casi 30 años, cuando a veces voy a Ponferrada y vuelvo a verlas, se acuerdan de nombres y apellidos de muchas de nosotras y siendo ya unas viejecitas adorables aun les siguen chispeando lo ojos, como entonces, cuando hablan de sus clases.

    La pasión enseñando fue del pasado, es del presente contigo, por ejemplo y lo será del futuro. No creo en absoluto, que enseñar esté reñido con el aprecio, el cariño y la complicidad entre porfe y alumno y jajaja supongo que cuesta, pero se consigue si se quiere y tú lo sabes. Me da igual que te rías y me llames gnomo, esto es de verdad verdadera, no es ninguna fantasía;-)

    La felicidad, no existe ni en la enseñanza, ni en casi nada de la vida.. pero no intentar aproximarse lo más posible a ella, en mi opinión, es de tontos ;-)

    Por cierto, meeencantó el árbol de la vida, tienes razón, pura poesía. Sólo que Brad Pitt y Sean Penn, hacen unos papeles nada habituales para ellos, seguro que mucho del público que va a verla, lo hace por ellos y le sorprende lo que encuentra...tiene momentos mágicos, aunque quizá debieran haberla recortado un poquito... salvo eso y un poco más de música...una belleza de película. Tiene mi voto, la propuesta de JUAN POZ ;-)


    Un beso grande, mi querido profe

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  7. Paco Ayala Florenciano20 de septiembre de 2011, 9:17

    ¿Lo lograremos? Yo creo que ya lo estamos logrando, sólo que el resultado no salta a la vista en el inmediato ahora. Trabajamos en el filo de la navaja del presente, sembradores de una semilla que ha de fructificar en el futuro. Ojalá que lleguemos a tiempo de disfrutarlo. Y si no, disfrutemos del acto sencillo y cotidiano de la siembra. Gracias por tu artículo en el que yo también me reconozco.

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  8. Josep Fábrega, he tenido que revisar mis fuentes de información para conocer al terapeuta que me citas, Carl Rogers. No sabía nada de él. De todo lo que he leído me quedó con estos tres principios suyos respecto a su relación con sus pacientes y, por extensión, con las personas que puede ser oportuno también para un profesor.

    Congruencia. Ser genuino; ser honesto con el paciente.
    Empatía. La habilidad de sentir lo que siente el paciente.
    Respeto. Aceptación, preocupación positiva incondicional hacia el paciente.

    Ignoraba que podía ser rogeriano. Tendré que pensar sobre ello. No lo descarto.

    Gracias por tu comentario y sugerencia.

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  9. Yolanda, es cierto que una escuela o un instituto no deban convertirse en un parque temático, pero no podemos entender a nuestros alumnos desde una óptica sombría, rígida, tal vez marcada por un intenso complejo de culpa no reconocido… porque entonces no nos adaptamos al tiempo en que estamos viviendo que es el que es. Que no nos guste es otra cuestión. Durante mucho tiempo he estado añorando otro tiempo en que las clases eran clases de verdad, en que se podía profundizar y acceder con cierta soltura a lo complejo. Esta añoranza me llevó a la depresión. No tiene sentido comparar el tiempo actual con el pasado. Nuestros alumnos son hijos de unas circunstancias y condicionantes que no podemos obviar, y está claro que algunas de ellas son la banalidad, la superficialidad, la escasa capacidad de resistencia ante el dolor, el hedonismo de época y la tendencia a convertir todo en un parque temático. Es cierto, pero ¿cómo podemos ir en contra de lo que es un signo cultural negándolo? No se trata de añorar otros mares y otros ríos, sino de recoger a nuestros alumnos en el mar o en el río en que realmente están (el suyo, el único que corresponden al tiempo que estamos viviendo) y mostrarles otras perspectivas más amplias, más complejas y si ellos quieren recogerlas, pues aquello tendrá sentido. Si no, no podemos hacer nada. No obstante, la evolución de las circunstancias históricas que van a venir nos aclararán el panorama y nada va a ser sencillo para estos muchachos. Y lo que no olvidarán serán las palabras y los gestos llenos de afecto y, a ser posible, de sabiduría, si es que estamos en disposición de ir más allá de nuestros problemas personales de no aceptación del presente y lo que esté detrás.

    Un abrazo, colega.

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  10. Frikosal, aquellas veladas con las monjitas escuchando esa descripción minuciosa sobre el final del mundo me llenó de terror religioso y pánico ante las tormentas que creía eran ya la venida del Cordero a juzgar a los pecadores. Me ha costado entenderlo, pero veo que aquellas visiones apocalípticas de las hermanas de la Caridad me abrieron una visión trascendente que se ha prolongado en el tiempo. No sé cómo hubiera sido si en vez de vivir una España atrasada en el franquismo, hubiera vivido en un país alegre europeo. No lo puedo saber. Esto era sombrío y aquellos hermanos eran pobres enfermos de frustración y represión. No envidio su vida. Se veían en la obligación de hacer la nuestra infeliz para aligerar el peso del dolor de la suya.

    A veces he pensado que a algunos chavales descontrolados nuestros les vendría bien asistir, si pudiéramos llevarles por el túnel del tiempo, a una edición de los ejercicios espirituales de San Ignacio, porque dentro de las órdenes hay que reconocer que los jesuitas eran los más exquisitos. Escolapios y maristas eran secundones. El manjar más suculento estaba en la ratio studiorum de los jesuitas. ¿Has leído El retrato de artista adolescente de James Joyce? Allí hay algo de lo que constituían unos ejercicios espirituales como es preciso. Podían llegar a ser terroríficos.

    Me alegro de que te haya gustado. Para eso escribe uno: para que a alguien le guste.

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  11. Kikiricabra, sigo con interés tu interpretación de la escuela, de la vida y de las cosas. Me gusta pensar que puedas leer lo que escribo y que no esté tan alejado de lo que tu sientes.

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  12. V., me has dejado boquiabierto con tu reflexión sobre el futuro. No sé si ya el futuro es mío. Entretanto procuro entender el presente lo que ya es bastante difícil. O para mí al menos ha sido más que complicado. Pero, bueno, aquí estamos dando la tabarra,. Besos.

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  13. María, eran épocas distintas, ciudades distintas, órdenes y circunstancias diferentes… He hablado con otros exalumnos de maristas y no sacaron esta impresión de sadismo. Puede que fuera aquel colegio, en aquel momento, con aquel plantel de profesores, laicos y seglares, entre los que no había nada semejante a ese elenco internacional que relatas del tuyo. Allí no había lugar a la curiosidad para nada y los castigos físicos eran habituales aunque no nos atrevíamos a decir nada en casa. No recuerdo nada esencial aprendido en aquel colegio lleno de sombras y resentimientos. Lo único luminoso era lo que yo leía y que me hacía olvidar entretanto tanta acritud y desolación. Los libros me salvaron aunque fueran noveluchas de Marcial Lafuente Estefanía.

    En cuanto a la propuesta de Juan Poz, podía ser interesante. He leído muchas críticas de espectadores en blogs y la mayor parte son muy negativas con la película. Creo que es un filme que se ama o se odia. Quiero volverla a ver, sabiendo de antemano qué voy a ver. Cuando fui a verla, no lo sabía.

    Besos.

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  14. Tengo buen recuerdo de mis diferentes escuelas y de la mayoría de los maestros que me tocaron en suerte. Esa experiencia condicionó positivamente mi vocación docente. Nunca me he arrepentido y, a pesar de los pesares, sigo creyendo en ella.
    Un abrazo

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  15. Te adjunto un comentario estupendo, en mi opinión, de la película "El árbol de la vida":

    http://bernardinas.blogspot.com/2011/09/el-corazon-es-un-cazador-solitario.html

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  16. Ya lo digo yo siempre, por intuición, que en toda la liturgia tiene que haber miedo. Con la espiritualidad me pasa lo mismo que con la cocina, voy sin libro de recetas, aprendiendo a base de experimentos. Reinvento el escabeche, la paella y los ejercicios espirituales. Sin necesidad de Dios ni de infierno.

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  17. "El retrato de artista adolescente de James Joyce" Tomo nota.

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  18. Luis Antonio, dejo el enlace correcto a la crítica que aludes LA INFANCIA EMBALSAMADA

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  19. Querido amigo... ahora entiendo alguna cosa más. Yo también fui Marista y padecí esa educación de la vara y tentetieso.
    Por lo que nos cuentas de tus clases y tus alumnos, no te veo yo muy imbuido de los mundos de Yuppi (espero que esté bien escrito) y lo que yo si haría, no lo tomes ni como consejo, es hablarles del apocalipsis que viene, de la leche que va a dar nuestro modo de vida y de, como dice un buen amigo mío, "verás como en Europa terminamos guardando cabras entre esqueletos de lo que fue"

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  20. Yo tuve una educación, desde pequeñito, autoritaria, como mandaban los cánones por aquel entonces, pero no me sentí en ningún momento víctima de ninguna confabulación, ni nada por el estilo. Tal vez fuera porque yo soy de normal bastante dócil, no sé. Lo cierto es que hasta que acabé el bachillerato, después en la carrera ya es otra historia, tengo que decir que en clase no nos regalaban la felicidad. La felicidad debía uno conseguirla a base de codos y esfuerzo. Y no siempre se conseguía. Luego me hice profesional de la enseñanza. Y me entró el gusanillo de la felicidad. De transmitir la felicidad a mis alumnos. Y aún lo tengo. Yo, Joselu, tengo como una de mis mayores divisas la de proporcionar felicidad a mis pupilos. Si un niño de mis clases no es feliz, me siento fracasado con respecto a él. Eso no quita que las clases que doy sean de lo más clásicas, pero el tratamiento humano (importantísimo) es el que me lleva a sembrar toda la felicidad de que soy capaz.

    Un abrazo.

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  21. Malo, impartir clases es entrar de alguna manera en los mundos de Yupi, uno tiene que aceptarlo. Si no lo hace, lo pasará mal. Es cierto que el nivel de reflexión, de capacidad de interpretar, de imaginar (no sé si de trabajo) es notoriamente menor que hace veinte años. Sólo puede uno aceptar los chavales que tiene y darse cuenta de que son la expresión de un mundo que es así. La infantilización no ha sido sólo de los adolescentes. Está en el ambiente, en nuestro modo de vida. Podemos plantear elementos fuertes en la educación que no serán de ninguna manera asimilados. El que lo pretenda, enfermará. Y los profesores saben que no deben enfermar y, si lo hacen, peor para ellos. La realidad es la que hay. ¿Escuela orientada a una felicidad blandengue y sin dimensión, a una especie de parque temático educativo? Puede ser que sí. Los hermanos Maristas no nos permitían hacernos ilusiones sobre la bondad del sistema educativo. No sé si nos hacíamos más fuertes. Más cabrones, seguro. No sé, amigo, Malo. La primera máxima en la enseñanza es sobrevivir. Y dentro de eso, uno puede tal vez llegar a hacer algo con sentido. Es difícil pero a veces surge la sorpresa. Yo tengo todavía ilusión, pero te hablo con la mano en el corazón.

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  22. Sería una buena cuestión saber cómo nosotros que fuimos educados en sistemas autoritarios, hemos terminado siendo especialistas en felicidad. A veces me pregunto si será una estrategia de supervivencia. Pero la felicidad fácil no existe. No podemos impartir felicidad. La felicidad es un estado que suele seguir al esfuerzo, a la exigencia, el cumplimiento del deber… Y eso ahora no es así. ¿Es felicidad lo que tienen? ¿Es felicidad lo que les damos? Me temo que no, están hartos de la facilidad, de nuestra blandunorrería, de nuestra afabilidad… ¿Has pasado a tus alumnos La ola? Es una película que suele fascinarles especialmente a los cursos altos como cuarto de ESO o bachillerato. Esta adaptación que hemos hecho al ambiente -porque era inevitable: el que no la hacía terminaba en el frenopático- no tiene tensión. Es demasiado fácil, pero el sistema educativo, la mentalidad de las familias y social, protegen a estos cachorros queriéndolos evitar el displacer, el sufrimiento, todo lo que suponga pesar. No podemos cambiarlo, pero al menos está bien que no nos engañemos.

    Un abrazo.

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  23. ¿Has pensado en preguntarlo a tus alumnos del año pasado qué piensan sobre tus clases? En plan cartas anónimas o algo así, por supuesto resaltando la seriedad de las respuestas. Algo así como una encuentas sobre tu clase. A lo mejor te llevas mas de una sorpresa (para bien o para mal).

    Pienso que, a pesar de los esfuerzos y la energía invertida, algunos se quedarán con ese sitio amable, otros no. Creo que depende de como sea cada uno de tus alumnos así será su visión de tu clase, esto es de perogrullo. A lo mejor lo mas sabio que puedes hacer por ellos es despertarles del letargo en el que se sumergieron en el colegio.

    Aprender, aprender, conocer, conocer, saber, saber, intuir, intuir, imaginar, ¡IMAGINAR! ¡Que algo que está dormido despierte!

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  24. Querido amigo que gran verdad. Creo que estamos aquí, que plasmamos nuestras opiniones en la pizarra pública de este gran Ágora que es la blogosfera porque aún tenemos ilusión, como bien dices somos unos cabrones ilusionados.

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  25. Mis principios son estos (y no tengo más, como el verdadero autor de la frase): el trato personal y profesional con los alumnos debe ser el que espontáneamente surge entre personas (de distinta edad y papel) que se respetan, se ayudan y en muchos casos llegan a sentir mutuo aprecio. Es decir, como en la calle. Nunca me he propuesto ser "de esta manera o de la otra". Y no me ha ido mal. Salud(os).

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  26. Hay ocasiones en las que me pregunto que tanta civilización, tanto querer saber, tanto leer, para que sirve. Pienso a veces que seríamos más felices cogiendo la s frutas de los árboles para comer . ¿Para que sirve todo lo que tenemos? Todos los avances científicos o casi todos son para arreglar cosas que hemos desarreglado nosotros.
    Bueno, eso lo pienso de vez en cuando, cuando me viene a la cabeza que ser una Eva me haría más feliz de lo que soy ahora.
    Pero pensándolo a fondo y ya que hemos hemos llegado hasta aquí, creo que hay que buscar la felicidad en todas las cosas de la vida. Sería estupendo poder impartir conocimientos que supusieran felicidad futura para el alumno.
    Tener chicos pendientes de tus palabras en clase, ya supone mucho.

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  27. José Antonio Cabrera Oliva, sigo teniendo a los mismos alumnos del año pasado en su mayor parte. No quiero preguntarles sobre lo que piensan sobre las mismas. Prefiero seguir creyendo conocer su opinión por gestos mínimos, en miradas, en actitudes, en saludos, en trabajo… Espero que ellos estén tan contentos de estar conmigo como yo lo estoy de estar con ellos. Por lo demás no quiero saberlo. Mejor dejarlo como está.

    Quiero que el aula sea un lugar de elaboración de pensamiento. Ese es el desafío en busca del aprendizaje significativo. El único que me interesa. Y sí, que despierte el alma dormida…

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  28. jaramos g., tienes razón. Se me ocurriría alguna apostilla pero vamos a dejarlo así. Es sensato lo que dices.

    Lola, los adolescentes no son fáciles. Han visto demasiado ya en internet, en la tele… y es difícil sorprenderles con algo increíble. El reto es hacerlo con las actitudes más normales pero que signifiquen algo. Es importante el asunto de la significación: que tengan núcleo, ese que la vida moderna olvida en medio del espectáculo. Creo.

    Y sí, es hermoso poder hablar y que alguien te escuche. Lo difícil es tener algo que decir.

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  29. Deberíamos desterrar de nuestro vocabulario de uso diario la palabra felicidad, porque estorba más que ayuda, y confunde. Es tan absurda como pretender que impervio sea de uso común en castellano en nuestros días. Ni feliz ni infeliz. En la escuela vivimos y tenemos un objetivo evidente: transmitir conocimientos y ayudar a personas en formación a descubrir todas las posibilidades que tienen a su alcance y, sobre todo, a saber escoger entre ellas y asumir compromisos duraderos. No sé si en la escuela se ha de ser feliz, pero yo he vivido en ella momentos terribles, destructivos, y momentos memorables, como en cualquier otro ámbito de la experiencia. A veces darle algunas vueltas a ciertos conceptos no conduce sino a la confusión de la que hablaba al comienzo.

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  30. Es cierto que no llevo mucho tiempo en el oficio, pero he conocido profes que confunden autoridad con disciplina y respeto con miedo. Mis alumnos suelen ser bastante sinceros y cuando te hablan de esos profes reconocen que están callados en sus clases y que obedecen por no "montar el pollo", pero que no aprenden nada y que, es más, procuran odiar para siempre esas materias.
    Supongo que soy bastante parcial en mis impresiones y que hay otras opiniones de signo contrario tan válidas como estas. Me gusta tu apunte final, porque creo que una escuela debe ser un lugar feliz en el que se aprenda y se trabaje con la idea de que todo eso sirve realmente para algo. En eso creo y por eso trabajo, y aunque a veces hago chistes no me siento para nada un monitor de Disneyland, sino un profe algo caótico pero responsable.

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  31. Juan Poz, es una lástima que sea al final cuando estemos entrando en materia del fondo del debate acerca de ese concepto que se ha introducido como telón trasero en los planteamientos educativos. La necesidad de felicidad en la escuela y para ella adecuar todos los instrumentos que tenemos. Sería objeto de un buen debate saber de qué modo se ha introducido esta convicción de la necesidad de felicidad en las aulas y en todo el sistema educativo.

    Antonio, no me cabe duda de que tenemos puntos de vista coincidentes sobre la actitud en el aula. Pero el debate se las trae. Creo que yo siempre me he planteado hacer atractivo el conocimiento, lo que no quiere decir que lo haya logrado siempre, más bien no. Pero el hecho de seguir con ilusión es muy importante para mí. Y sí también soy bastante caótico.

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