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domingo, 10 de abril de 2011

¿Juventud sin futuro?


En otras ocasiones hemos abordado el tema de la hipótetica rebelión de los jóvenes y hemos comentado recientemente la aparición del panfleto de Stephane Hessel, Indignaos, dirigido fundamentalmente a los jóvenes a los que se convoca  a ser conscientes del tipo de sociedad en que vivimos, frente a la cual sólo quedan las opciones de someterse a sus reglas dictadas por especuladores y financieros sin escrúpulos que controlan la política y la economía, o buscar vías de resistencia activa frente a un mundo que, inmerso en una aguda crisis sistémica, va camino de involucionar en todos los avances sociales que habían sido logros de la sociedad occidental.

El pasado 7 de abril se convocó en Madrid la manifestación Jóvenes sin futuro para expresar el malestar e indignación de los jóvenes ante la situación de la llamada “Generación olvidada” condenada al desempleo (40% de paro juvenil), o al trabajo precario sin derechos, o a la emigración a otros países donde haya más posibilidades de progreso, o a no disfrutar de la posibilidad de unos planes de pensiones viables, o a la privatización creciente de la educación que divide los sistemas en trenes de alta velocidad y trenes de contención social, o a la permanencia hasta los treinta y tantos años en casa de los padres sin poderse independizar por la casi imposibilidad de acceder a la vivienda propia por la restricción de hipotecas y la falta de trabajo… Los sujetos de esta protesta son jóvenes con preparación universitaria que se ven abocados al desempleo y la dependencia.

La manifestación tuvo una asistencia simbólica. Sólo unos dos mil jóvenes acudieron a esta convocatoria, pero ha sido el elemento de conjunción de un estado de sentimientos de indignación y de estafa ante las perspectivas que esperan a este segmento de edad. Para el próximo 15 de mayo hay otra convocatoria que se espera sea más secundada. En Portugal la manifestación en Lisboa Generacao a rasca (generación en apuros) logró reunir el 13 de marzo a unos 300.000 jóvenes protestando por la falta de perspectivas sociales y económicas y la precariedad absoluta en un contexto de crisis económica.

Me pregunto si tras tantos años de apatía y conformismo juvenil que he percibido en las aulas, ha llegado el momento del despertar amargo a una realidad que dista del sueño de bienestar en que se creyó que se vivía. Sin estudios no hay posibilidad de promoción social, pero con estudios tampoco se vislumbran vías de conseguirlo. Las solicitudes de trabajo en el Mercadona abundan en títulos universitarios acompañados de másteres varios. La universidad ha dejado de ser una vía abierta a la incorporación al mundo del trabajo, y más en especialidades humanísticas a las que se ven como periclitadas en un contexto de creciente mercantilización de los sistemas de estudio. Algunos, cada vez más, optan por emigrar a otros países más competitivos como Alemania, Reino Unido, Francia

Muchos reprochan a estos jóvenes ser la generación del botellón, único acontecimiento que les aunaría masivamente; ser la generación de los privilegios y de vivir entre pañales a costa de los padres que se han esforzado en darles todo; ser una generación que ha vivido sin esfuerzo, hundida en el conformismo y en el deseo de consumismo al que pensaban incorporarse sin ningún tipo de mérito especial. Se les acusa de soñar con convertirse en funcionarios y de no asumir ningún tipo de posturas de riesgo haciéndose empresarios con proyectos.

Sea cual sea la realidad, esas perspectivas se han roto y se ven abocados a vivir en peores condiciones que sus padres cuando se les preparó ideológicamente para disfrutar de un futuro sin especiales complicaciones sumergidos en el bienestar de una sociedad de consumo que parecía funcionar.

Otras consideraciones podrían ser el hundimiento del modelo de desarrollo español basado en el turismo, el ladrillo y los servicios; la terrible desigualdad del mundo que ha fomentado la inmigración que ha llegado masivamente a España en otra época anterior de bienestar y que ahora se enfrenta al paro compitiendo con los muchachos oriundos por los escasos puestos de trabajo; la continuidad de políticas que tienen como eje al mundo especulativo de los mercados, auténticos gobernantes y dictadores de las economías nacionales; la decadencia del occidente frente a otros países emergentes con economías mucho más competitivas; la crisis de los modelos de desarrollo empezando por Estados Unidos que no ha conseguido salir todavía delante de su debacle económica que viene de la última década de desregulación; la realidad de más de dos mil millones de personas en el mundo que viven en la pobreza más extrema sin ningún tipo de esperanza; la realidad del cambio climático que nos lleva a la idea de que cualquier tipo de crecimiento nos conduce al desastre ambiental…

Son algunos de los  hilos que hay que tener en cuenta. Será un error iniciar una lucha sin considerarlos. ¿Es posible un mundo mejor? ¿Cómo debe ser ese mundo? ¿Tienen alguna perspectiva los jóvenes en él fuera de ser mano de obra precaria y explotada?

¿Ha llegado la hora de los jóvenes o seguirán viviendo en su mayor parte (no todos son así) en la placenta cálida de un mundo que pudo ser y que no fue? Me temo que ha llegado el tiempo de hacerse preguntas, esas que fueron esquivadas y orilladas en aras de lo fácil. 

26 comentarios :

  1. La solución la tendrán que aportar ellos, pues mi generación, los nacidos en los 60, somos parte del problema y estamos un poco quemados.

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  2. sentose, pienso que tal vez que ese "poco" es irónico, y también detecto en muchos de generaciones mayores una enorme inquina y animadversión hacia la generación de los jóvenes, que ahora pasan dificultades, a las que se acusa de haberlo tenido todo fácil y no pasar las penalidades de otras generaciones que sí que tuvieron que luchar. ¿Se podría hablar de "lucha generacional" cada una defendiendo su modo de estar en el mundo?

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  3. bueno Joselu,

    como ya sabes estas preguntas (y muchas otras) yo me las puse ya hace muchos años y antes de que la crisis llegara ya decidí cambiar de vida porque me di cuenta que un sistema de consumo como el que disfrutábamos no podía durar mucho tiempo.

    creo que la diferencia entre las movilizaciones en España de ayer y otras, como la de Portugal, es que se veía una clase de jóven que no solo se queda en un bienestar, sino que se plantea otros retos como es consumir menos, utilizar otras energía y estilos de vida.

    lo importante de estos encuentros es la capacidad de la gente de crear grupos de trabajo, de volver a reunirse y de ampliar su carnet de contactos.

    todo el mundo es diferente y cada uno de nosotros tiene un punto de vista diferente de como debe ser una sociedad futura. Lo importante es saber presentar sus variables y entender las otras para crear puntos en común y vías de encuentro que permitan avanzar.

    creo que el moviemiento en transición es lo que persigue, también la economía del decrecimiento. En todo caso hay que hacer fuerza y crear unión

    saludos

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  4. No hay tal "hora de hacerse preguntas", sino un cuestionamiento permanente que ha de ser nuestra segunda naturaleza. A mí me parece que estamos ante una dicootomía en la que se ha de elegir forzosamente: formar parte de la masa o reivindicarse como individuo. Me parece que el camino hacia el ovimiento de masas ha de partiir del segundo, esto es, de la realización como individuos de quienes han de exigir.

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  5. A esas manifestaciones deberíamos unirnos todo, creo que se lo debemos a los jóvenes por haberles dejado un mundo en el que no ven futuro. Un abrazo Lola

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  6. Hola Joselu, este es un tema que me interesa mucho, no soy profesor como tú pero tengo dos hijos adolescentes, y además creo eso tan manido de que la juventud es el futuro,

    he publicado en mi modesto blog un artículo de un joven amigo sobre jóvenes sin futuro y jóvenes con mucho futuro, se puede ver aquí:

    http://espiritualidadypolitica.blogspot.com/2011/04/innovacion-de-la-empresa-vertical-al.html

    gracias por tu magnífico blog,

    nos seguimos, un abrazo

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  7. Hay que creer que puede haber un mundo mejor siempre y cuando se luche por conseguirlo. Hay que creer en ese mundo mejor para alimentar los sueños. Y hay que tener más confianza en estos jóvenes que son, como todas las generaciones, fruto de sus circunstancias.

    Estoy convencido de que la paciencia tiene un límite y que, de no cambiar las cosas, estos jóvenes se moverán por... la cuenta que les trae.

    Un abrazo, Joselu

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  8. Creo que la desvergüenza de nuestros políticos y de esa caterva de magos de las finanzas que primero nos roban y luego nos acusan de vagos y maleantes acabará provocando una reacción similar a la del 68. Estamos sobrepasando los límites de la hipocresía social, censurando a los jóvenes por pecados veniales mientras nuestros pecados mortales se venden con luces de neón.
    Sinceramente, no me importaría salir a las calles con ellos.

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  9. Sinceramente JOSELU,

    no creo para nada que esto sea un tema de jóvenes o menos jóvenes. Lo que les afecta a ellos, nos afecta a todos. Los motivo por los que ellos no ven claro su futuro, son los mismos por los que muchos no tan jóvenes tampoco ven perspectivas de salida, siquiera a su presente.

    Podemos hacer manifestaciones por edades jajaja de 17 a 25, de 25 a 35 y así...hasta los parados de larga duración:-) es broma, naturalmente y quizá el tema no la admita...

    Por intentar ser positivos ¿de verdad están peor estos jóvenes y todos, que en los años 40 o 60 en España? porque a veces, siendo objetivos, se nos olvida el pasado y no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor...yo, no lo creo.

    Estamos en fase de cambios y los cambios siempre son duros y traumáticos, pero ha sucedido así siempre a lo largo de la historia de la humanidad y tras la convulsión llega la calma. En los 60 la gente cogía su maletina y se iba sin saber donde tenía la mano derecha a buscarse la vida por el mundo y la encontraba. Quizá lo que nos ocurre es que la vida cómoda nos ha hecho ahogarnos en un vaso de agua, lo que ahora nos parece terrible, era el pan nuestro de cada día de nuestros abuelos y aquí estamos nosotros.

    Lo cierto es que es muy difícil encontrar un puesto de ministro a la vuelta de la esquina, me temo que nadie se conforma ya con nada. La pasada campaña de la vendimia en esta tierra, estaba llena de personas de más de 65 años y los chicos tirados por los parques. No todos son así, en absoluto, es más, hay una generación de jóvenes que participan como voluntarios en mil ONGS y se implican en asuntos sociales, bastante más que en mi generación por ejemplo. Pero es cierto que muchos otros, no reaccionan y suponen que mientras estén los padres ¡¡a vivir la vida, que son dos día!!

    Vi la manifestación por TV y me gustó ver a esos chicos en cabecera gritando ¡¡no nos mires... únete!! y supongo que es eso, que nos tendremos que unir todos..si el barco se hunde, se nos hunde a todos. Una lástima que después los exaltados de turno, confundieran la protesta con guerras de pandilleros.. supongo que algunos confunden manifestarse o revelarse contra el sistema, con dar tortas...quizá necesitáramos todos volver la vista a la armonía de lo natural, preservar la esencia de la naturaleza, para empezar, la humana.

    Muchos besos Joselu, feliz noche y semana.

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  10. Enhorabuena por el blog, lo primero.
    ¿Recordamos la generación JASP? A mí me pilló de lleno, pero yo no era JASP (http://filocarmen2.blogspot.com/search/?q=J.A.S.P.).
    Hoy nuestros alumnos viven de los réditos de sus padres, del idealismo imaginativo - que se quedó en eso- de otros.
    Al final el anuncio fue una buena manera de manifestar que quienes podían serlo ya lo eran.
    Como dice un personaje de P.Reverte, ya no hay bárbaros; están todos dentro. Otro mundo es posible, pero no en este.
    El cambio es hacia adelante,pero dudo que podamos cambiar si no lo hacemos desde dentro. Las protestas están bien, pero yo veo a pocos de mis alumnos cerrar los puños y tirar hacia adelante.Esperan, esperan.
    Yo les hablo de dominar nuestros dos idiomas, el inglés y buen nivel en otro...Y casi se ríen...
    Yo tiemblo; les hemos hecho tan cómodos que ya no tienen miedo.
    Cambiar hay que cambiar..o exiliarse (yo hace tiempo que quiero irme a un país en vías de desarrollo, donde no seamos tan imbéciles).
    http://filocarmen2.blogspot.com/

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  11. FiloCarmen, he dejado un comentario en tu blog 1. No sé si era el adecuado. En cuanto a lo que dices que no ves a tus alumnos cerrando los puños y tirando hacia delante, y que esperan. Coincido contigo en ello. Llevo más de treinta años en esto de la enseñanza y he sido testigo de generaciones de adolescentes de mente activa y de pensamiento creativo, y ello no tiene nada que ver con lo que estoy viendo ya hace más de una década. Cualquier adolescente mediano les daba cien vueltas en imaginación y mente despierta. Están esperando, como bien dices, esperando no sé qué (¿la llegada del fascismo?) que les adule sus oídos. Tenemos ante nosotros una generación fundamentalmente pasiva, carente de imaginación y profundamente reaccionaria. ¿La tecnología? Puede ser. La tecnología es abotargadora de la imaginación en la mayor parte de los sujetos, y lo dice uno que es adicto a ella. Soy menos profundo desde que vivo sumergido en la galaxia de internet, que abre, sin embargo, vías de comunicación apasionantes, como esta que estamos utilizando ahora. Hay profesores que son optimistas innatos pero yo no lo soy viendo lo que estoy viendo cada día en las aulas. Prefiero, fíjate, dar clase a inmigrantes que tienen la mente más despierta. Con ellos disfruto. A mí también me gustaría exiliarme a un país menos imbécil. Españolitos, catalanitos, etc... bah.

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  12. María, el bienestar, la comodidad, el apoltronamiento pueden convertirse en una enfermedad que en otros sentidos se expresa a través de indicios de obesidad y aumento del colesterol. Observo a la gente y me doy cuenta de que incluso gente joven es tendente a echar kilitos de más (yo el primero). Hay exceso de proteínas, de grasas, que se van adhiriendo a nuestras paredes arteriales, pero también a nuestro cerebro que se hace lento, acomodaticio, pesado. Los emigrantes de los años cincuenta y sesenta huían del hambre y tenían la mente muy despierta. Sabían lo que vale un peine, y la realidad del sufrimiento de la escasez. Nuestros jóvenes, como todos nosotros, han vivido en la saturación en todos los sentidos (de grasas, de objetos, de imágenes, de basura banal) y no están preparados para resistir. Cualquier africano tiene cien veces más energía y potencia mental (proveniente de la pobreza) que los ahítos muchachos que se enfrentan a una crisis que no se esperaban. Sé que ellos son un síntoma y que no se trata de culpar. La culpa no expresa nada que nos sirva. Es así, simplemente. Son producto de unas circunstancias que por primera vez no son controlables (en las últimas décadas). Sólo queda remar y abrir la mente. El día que lo perciba en mis aulas hablaré de ello. Tengo ganas. Si nos ahogamos en un vaso de agua, es que nos lo merecemos. Besos.

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  13. Hola, Joselu. Tenemos dos blogs (el "mío" es filocarmen2; ya sabes, Historia de la Filosofía y tal..).
    Me agrada ver que mi pesimismo (espero que sea estacional, aunque dura un rato ya)no es-como suelo decir-una opción. No es algo que surge como una reacción voluntaria, sino a mi pesar.
    Fíjate que en estos momentos si me fuera posible cambiaría el aula "cómoda" del centro de Bilbao por aulas donde sí hubiera realmente chicha: educación para adultos, inmigrantes que vienen con ganas de ganase la ida en esta vieja Europa,menores conflictivos, etc.
    Estos días intento acercar al alumnado de clase a Ortega y Gasset, y espero que alguno se de por aludido en cuanto a los términos de masa y élite.
    Un saludo.

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  14. Antonio, el sesenta y ocho (con sus luces y sus sombras) no salió de la nada. Ideológicamente fue muy potente a nivel filosófico y político.La discusión estaba en las calles, en las aulas, en los cines, en el teatro... en la sociedad. Había fiebre de cambio en todos los sentidos y los protagonistas fueron esencialmente jóvenes burgueses que se enfrentaban a una sociedad conservadora y anhelaban valores distintos de los que hicieron bandera. Hubo sus gurús, sus filósofos, sus misticismos, sus libros de cabecera. Fue un estallido mundial pero parecía tener una dirección a pesar de que fuera contradictorio en sus bases de pensamiento. No era lo mismo la primavera de Praga que el Mayo francés o que la Revolución cultural china... pero había un caldo de cultivo profundamente ideológico. Ideología que no veo por ningún lado. Quizás tú tienes un diferente observatorio al mío. Yo no veo a nadie joven ni viejo discutir, abrir caminos, pergeñar utopías. Mis clases de bachillerato son pobrísimas. No veo ningún pensamiento de fondo. Este existe en el mundo de los blogs y los protagonistas son personas maduras. La colaboración con ONGs por parte de los jóvenes ha caído en los últimos años. No veo a nadie que sea consciente del mundo en que vivimos. Sólo leo majaderías en la prensa digital donde la gente se explaya diciendo chorradas. Me gustaría pensar que los jóvenes van a salir a la calle. Necesitarán entonces ideas fuerza, alguna ideología de qué quieren (¿volver a lo de antes?¿ ¿ahorcar a los banqueros? ¿Dinamitar el capitalismo? ¿Acabar con las centrales nucleares? Espero ansiosamente esas propuestas. Una revuelta basada sólo en la frustración abre interrogantes muy peligrosos. Algunas veces he hablado de ello.

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  15. Luis Antonio, lo mejor de todo es lo que has rubricado al final: que tendrán que moverse por la cuenta que les trae. Aguardo interesado este movimiento, me encantaría poder unirme a él si está bien planteado (aunque no seré yo el que deba decidir sus bases: será su revolución o intento de ella, no la mía. Mi tiempo ya ha pasado. Yo soy un mero observador que tiene lagartijas en el culo y necesita movimiento). Espero que surja algo, por favor, algo... Un abrazo.

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  16. Cristobal Cervantes, espero que vengan tiempos interesantes. No sabes lo difícil que es habituarte a contemplar encefalogramas planos en la práctica cotidiana. No sé qué forma adoptarán las revoluciones o revueltas del presente (o futuro). Hace falta un caldo de cultivo basado en la frustración, la rabia, la impotencia... pero también ideas sobre adónde ir y por qué. Y en ese movimiento debe tenerse en cuenta el estado del planeta, no debería ser sólo un movimiento basado en el propio narcisismo herido. Hacen falta visionarios que sean capaces de ver más allá de lo concreto y momentáneo. Veo demasiada dispersión y unas dosis gigantescas de basura conceptual y demagogia. Cuando leo los periódicos digitales y veo los comentarios que deja la gente, me quedo deprimido por el bajísimo nivel que existe. Visceralidad pura. Y esto no debería ser lo que orientara a ese movimiento que existe potencialmente pero ha de convertirse en acto. Hace falta mucha reflexión. Pero las revoluciones se hacen con ideas.

    Un abrazo, y gracias por tu presencia.

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  17. Lola, espero que los jóvenes también reclamen nuestra presencia. Veo, no obstante, muchas veces una fuerte animadversión hacia ellos por parte de personas adultas que los acusan de todo lo que tristemente se ha hecho popular. Un botellón congrega a miles y miles de jóvenes. Me gustaría pensar que también acudirían a una manifestación contra el racismo con el mismo entusiasmo. Y sin necesidad de quemar contenedores, porque se deja el activismo en manos de los extremistas cuyo lenguaje es siempre el mismo. Hace falta pedagogía, mucha pedagogía. No puede ser que activistas con ganas de bronca expulsen a la gente común de las manifestaciones, y los disuadan de ir porque ya se sabe lo que va a pasar. Estos hiperviolentos hacen mucho daño aunque se crean los auténticos rebeldes. Pero de ahí a la presencia de provocadores para reventar manifestaciones hay muy corto recorrido.

    Un abrazo.

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  18. No creo que el cambio afecte tan sólo a los/as jóvenes. Sí, quizás lo van a tener mucho mas difícil, es complicado adaptarse a las restricciones que se avecinan..
    Pero es un cambio estructural en nuestra forma de entender la economía y la sociedad.
    Podríamos decir que estamos en jaque, espero que no mate, y podamos hacer un enrroque, largo o corto.

    Que los/as jóvenes se hallan movilizado, es un gran paso, como no, dormidos en el botellón no pueden seguir. Pero creo mas en una participación ciudadana, cansada de un capitalismo irresponsable y depravador, donde todo vale, y no sólo no se penaliza, sino que se va al rescate de unos pocos a costa de unos muchos.
    Siempre se ha hecho así, lo que pasa, que antes se hacía cruzando los charcos de los continentes, y ahora lo tenemos en la puerta de nuestra casa.

    De todas formas, espero que la próxima manifestación se consolide y crezca, y los/as demás apoyemos y contribuyamos al cambio.

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  19. Joselu, hace unos días mi marido intentaba hacer ver a mis sobrinos que deben rebelarse contra un sistema laboral injusto, luchar por sus derechos, ser solidarios, pero ellos no están por la labor, al contrario, no están dispuestos a ayudar a un compañero que rinde poco, les da lo mismo que el horario sea propio de esclavos o que el sueldo sea mísero, les basta para sus gastos (móvil, coche, salidas, vacaciones) y como viven con sus padres no necesitan más. No se plantean otra cosa, aunque uno ha sobrepasado los treinta y la otra tiene veintiséis. ¿Es suya la culpa? No conocen otra cosa, el sistema les ha engullido. Veo cantidad de dependientes hastiados y apáticos porque no ven un futuro prometedor, se conforman con subsistir. Mi hijo no se presenta a las oposiciones porque sólo hay 25 plazas para Primaria, se compró un taxi y le va bien, pero espera poder ser maestro algún día. ¿Quién tiene la culpa del desastre actual? Nadie la asume. Y nosotros seguimos inmóviles, mirando cómo se despellejan unos a otros pero sin aportar soluciones. No sé, me acuerdo del final de "El niño yuntero": ¿De dónde saldrá el martillo/ verdugo de esta cadena? / Que salga del corazón/ de los hombres jornaleros/ que antes de ser hombres son/ y han sido niños yunteros.
    Lo malo es que hoy nadie salva a nadie, pisamos el cuello del de al lado si con ello ascendemos o ganamos algo. Soy bastante pesimista. Aunque salieran millones de jóvenes o no tan jóvenes a la calle, ¿conseguirían algo?
    Un fuerte abrazo, colega.

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  20. Yolanda, si salieran millones de personas a la calle pidiendo un cambio de rumbo sería un factor importante para que la clase política tomara nota. El problema lo apuntas tú: cada uno miramos por lo nuestro y nos da igual lo que le pase al de al lado. Y el que tiene algo reza para quedarse, virgencita, como está. Hoy la consellera de Educación catalana ha anunciado la supresión de la sexta hora en primaria y el aumento de nuestra carga lectiva. Esto supondrá que miles de sustitutos e interinos irán a la calle. Los profes han respirado aliviados porque el aumento lectivo será menor del temido, pero no han tenido en cuenta el daño que se hará a otros. Sálvese quien pueda. Nadie mira por los ojos de otro. Se tiene conciencia de que nadie lo haría por nosotros, y, en consecuencia, actuamos igual. A veces me pregunto si los maravillosos valores que queremos enseñar a nuestros alumnos no son más que retórica de obligado cumplimiento para sentirnos aliviados con nuestra conciencia, pero que no representa en absoluto nuestro verdaderos sentimientos. Si les dijéramos lo que de verdad creemos o sentimos o cómo actuamos nos llamarían los "correctos" insolidarios, reaccionarios, fascistas... Cada vez pienso más que exhibimos una inmaculada fachada que encubre un trasfondo muy feo. La crisis nos debería llevar a mirar más allá de nuestros propios ojos, pero sólo miramos por nuestros temores, nuestros egoísmos, nuestras expectativas. ¿Y los inmigrantes tunecinos que han llegado a Italia? Que se joda Berlusconi y que se los coma con patatas. Que cada palo aguante su vela.

    Si salieran millones de jóvenes a la calle para reivindicar un mundo más justo y el fin del dominio de los bancos, quizás no sirviera de nada, pero sería bonito porque mostraría una movilización ética y política que iría más allá de nuestras propias narices. Y el que firma esto, no es un ejemplo tampoco de nada. Estoy con la mayoría que se inhibe y espera. ¿El qué? No sé, a ver si pasa algo.

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  21. Ex-compi, me gustaría ver que hay algo en el ambiente, pero no veo nada fuera del temor a perder más. ¿La movilización del quince de mayo? Ojalá salga adelante y crezca exponencialmente, pero me temo que no será así. Este país sólo se mueve al parecer por motivos que tienen a las naciones como estimulante. Si el planeta es agredido, si millones de personas viven en la pobreza y van a peor, si se pierden centenares de miles de viviendas, si millones van al paro... eso no nos conmueve si no nos toca, pero si algo toca a nuestra nación, eso, eso, sí clama al cielo. Me gustaría pensar que los españoles no son un pueblo de bueyes, pero por lo que veo no le va muy lejos. Y sí, nos afecta a todos, no sólo a los jóvenes, pero ellos deberían tirar del carro. No me vale las explicaciones de que son el producto de unas circunstancias, de que los hemos educado así... Puede ser verdad, pero entonces ¿qué? ¿JHacia dónde tiramos salvo quedarnos quietos esperando que la mole no caiga sobre nosotros, aunque aplaste al vecino?

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  22. Juan Poz, he tardado en contestar porque lo que planteas desborda el alcance del debate y planteas un tema todavía más hondo y complejo que nada más ni menos nos lleva al fondo de nuestra individualidad, asumida conscientemente, como elemento de movilización de masas. Esto es, que las masas se moverían por la acción de individuos realizados como seres individuales. Este es un debate ético que nos lleva a la dicotomía de si para cambiar las cosas hay primero que cambiar interiormente o, por el contrario, que para cambiar interiormente hay que cambiar primero las cosas. O si es posible cambiar la historia si no cambiamos antes en un nivel íntimo. No tengo respuesta. Pienso que lo que sobreabunda en nuestra sociedad son egos hinchados que piensan que no tienen nada que aprender, y que ese nivel de realización como individuos está de sobra conseguido. Si preguntáramos quién está realizado personalmente, pocos serían los que reconocerían que no lo están. Yo mismo no sé si lo estoy. Lo intento, pero no lo tengo claro. No sé si podemos diferir el intentar cambiar la historia hasta que hayamos resuelto ese enigma interior. Es lo que pretenden las religiones: cambiar el interior para cambiar el mundo. Pero el caso es que no hay tiempo y si siquiera en épocas de formidables movilizaciones (pienso en el movimiento anarcosindicalista del primer tercio de siglo) se consiguió una pureza de intenciones. Pienso que Durruti era una excelente persona, pero muchos de sus vástagos ideológicos eran criminales facinerosos no mejores que sus correlatos en la extrema derecha. El ser humano no cambiará. Nuestro cerebro primitivo es más fuerte que cualquier intento de ética. Sí que hay individuos que logran estar por encima, los hay en todas las tendencias, pero la masa es masa, y de ella participamos todos en algún sentido. Sólo cuando estamos a punto de morir creo que recuperamos nuestra radical individualidad, nuestra gozosa soledad. Mientras, somos fieras amaestradas que esperan que alguien toque la flauta para bailar, sobre todo si es sobre las espaldas de alguien al que nos encantará machacar los huesos. No obstante, es cierto que a veces se alberga la esperanza. Siempre hay seres que se salen de este determinismo.

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  23. Aunque no sirva de nada, bienvenida sea esa manifestación; aunque hubiese pocos jóvenes, bienvenida sea; aunque no represente ni suponga cambio alguno, bienvenida sea; aunque después se fueran a casa y aquí paz y después gloria, bienvenida sea. Bienvenida sea cualquier manifestación de protesta, cualquier iniciativa que demuestre que algo se mueve... ¡Bienvenida!

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  24. Yo recuerdo cuando estudiaba (allá a mediados de la década de los setenta), que entre los estudiantes el discurso era muy parecido a éste. Cambian las formas, pero no el fondo. Y de hecho, nos fue muy difícil encontrar trabajo. Sé de muchos compañeros míos que trabajan en sitios para los que no les hubiera hecho falta la carrera. Lo de comprarse un piso, en aquellos años yo lo veía supercomplicado, no sé si tanto como ahora, pero fácil, desde luego que no era. Y por lo demás, pues no encuentro grandes diferencias entre el ambiente actual estudiantil y el ánimo que teníamos nostros. La juventud es una enfermedad que se cura con los años.

    Un abrazo.

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  25. Permíteme una frase lapidaria, obvia e innecesaria: El futuro de la juventud es la senectud. En ella encontrarán su sentido, el que lo haya perdido, y todos, las canas que les den, si no más conocimiento, sí mayor sosiego. Por lo demás, las mismas preguntas que siempre se hizo el hombre, al menos desde época clásica grecorromana, que se sepa. Y tengo para mí que sólo son preguntas retóricas.

    Un abrazo.

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