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viernes, 17 de septiembre de 2010

El acto de leer

El acto de leer es una experiencia fascinante. Supone el encuentro de dos universos: el del que lee (o intenta leer) y el del escritor. Cada uno está condicionado por sus circunstancias. El lector tiene un estado de ánimo y una edad. Lee desde su presente, que es ahora. El escritor escribió en otro tiempo que fue presente pero ahora es pasado, y de alguna manera se proyectaba en el futuro cuando sería leído tiempo después. El texto escrito funciona como una especie de espejo en que el lector proyecta su mundo interior buscando alguna seña de identidad, alguna conexión. Necesitamos sentirnos reconocidos en ese mundo escrito y que nos diga algo sobre nosotros mismos. Cuando leemos nos buscamos a nosotros mismos. El diálogo principal no es sólo entre el lector y el escritor sino que plantea un diálogo en que el lector se desdobla y se observa a sí mismo. El lector quiere encontrarse. Para ello es necesaria cierta predisposición, unida a la experiencia de la soledad y al silencio interior, digo interior porque a veces no es imprescindible el silencio físico (yo suelo concentrarme profundamente en los bares, en los autobuses llenos de pasajeros que charlan). El mundo de lector se abre a otro mundo y lo encuentra en el subtexto que le reclama y le comunica deseos, fantasías, sueños, fracasos, angustias, sufrimiento, impotencia, miedo, tal vez felicidad…

El lector ha de estar en una actitud de escucha activa, de apertura al otro, para poderse sumir en el éxtasis que nos sustrae de la realidad donde estamos inmersos. Nos abrimos a lo extraño y en ello tenemos la posibilidad de formarnos y de transformarnos. La lectura nos cambia, es una suerte de iluminación de nuestro mundo interior. Dos extraños se encuentran y siguen siendo extraños pero no del todo. El otro viene a habitarme y yo lo recibo como un invitado que llega a mi casa. Abro mi mundo para que él lo habite, y me reencuentro paradójicamente conmigo mismo.

Para disfrutar de la experiencia-espejo de la lectura es necesaria la atención de modo prioritario. Pero la atención es una capacidad que se desarrolla. El ruido la perturba. Y el ruido son los pensamientos que nos asaltan vertiginosamente impidiendo sumirnos en ese universo mágico que es el texto. Éste debe atraernos poderosamente para que nos sintamos ligados magnéticamente a él. Debe decirnos algo que ya sabemos o intuimos, debemos sentirnos reconocidos. Por eso tantos lectores aman libros que les recuerdan la vida misma. Son tan reales que parecen verdad. O atraen historias que se convierten en símbolos inconscientes de nuestra psike. Así atraen de igual modo narraciones fantásticas de vampiros. El vampiro forma parte de nuestro inconsciente. Los adolescentes se sienten reflejados en esos seres ambiguos, que forman parte de un conjunto de personajes en transición, entre la sombra y la luz.

La literatura con mayúscula –y no meros artefactos de entretenimiento que fomentan la autosatisfacción- requiere de mundos lectores complejos, abiertos a la extrañeza… No quiero decir que sean mejores o peores. No se trata de eso, sino de capacidad de apertura ante el misterio. Como el texto es un espejo, sólo podrán penetrar en él aquellos que hayan participado de paisajes semejantes. Algunos escritores, no obstante, tienen un mundo tan abierto que permite ser habitado por muchos. Pienso en la poesía de Mario Benedetti, en la de Bécquer que proponen mis alumnos, en la de Pablo Neruda. Es un hito alcanzar la transparencia y ser capaz de comunicar poderosamente. Es una labor de genio y de síntesis literaria y existencial. La alcanzan pocos.

Los bestsellers, los libros juveniles que venden las editoriales a los adolescentes, no proponen experiencias complejas. Saben que el mundo imaginativo del lector de la sociedad de masas busca lo fácil, lo conocido, lo tópico… No plantean aventuras que lleven a la extrañeza. Se alimentan de lugares comunes, de fórmulas que aparentemente funcionan o se supone que lo hacen. Pero dicha fórmula es un misterio. Se publican centenares de títulos al año que se sumen en el olvido. Pocos libros superan la prueba de sobrevivir unos años en la lista de lecturas necesarias.

Cada uno buscamos algo diferente en lo que leemos. Depende de nuestro universo íntimo que es el que está buscando algo en que reconocerse y verse reflejado. Cuando esto se consigue, por azar, la luz que entra por la ventana nos ilumina el libro, pero también nuestro rostro resplandece por el encuentro que se ha producido. El libro nos está iluminando y nosotros ensimismados nos sumergimos en la lectura viéndonos allí presentes, dentro y fuera.

14 comentarios:

  1. Varias ideas, primero coincido en lo del silencio interior diferenciado del exterior, hace años descubrí que el lugar donde leia mejor y mas rapido era montado en los omnibus. Luego me volvi lector de conciertos en pequeños bares y aun leia en salas de grabacion mientras mis amigos ensayaban violentas canciones punk rock. Segundo, es cierto uno busca encontrarse, aunque aveces sea incomodo, concuerdo con que benedetti es uno de los autores mas extensos, digamos con mas variedad de subespejos. Tambien creo que uno esta dispuesto a mas tipos de libros mientras mas variante y menos FIRME tenga su personalidad, mientras estemos mas dispuestos a aceptar que tal vez no somos como pensamos, puedes ir descubriendo mas en mas libros. Por último concuerdo contigo en que los libros ahora se escriben (no todos obviamnte) con formulas, adjunto un fragmento de la introducción de Cuentos de Terramar, una de mis escritoras favoritas, donde lo dice muy clarito:

    "Y las fábricas del capitalismo se las proporciona. La oferta satisface la demanda. La
    fantasía se convierte en un producto, en una industria.
    La fantasía hecha producto no acarrea riesgo alguno: no inventa nada, sino que imita y
    trivializa. Comienza por privar a las viejas historias de su complejidad intelectual y ética,
    convirtiendo su acción en violencia, a sus actores en muñecos, y a la verdad que revelan
    en un cliché sentimental. Los héroes blanden sus espadas, sus láseres, sus varitas
    mágicas, tan mecánicamente como cosechadoras, recogiendo las ganancias. Las
    elecciones morales profundamente perturbadoras son descafeinadas, transformadas en
    «encantadoras» y seguras. Las ideas apasionadamente concebidas por los grandes
    contadores de historias son copiadas, estereotipadas, reducidas a juguetes, moldeadas
    en plásticos de colores llamativos, anunciadas, vendidas, rotas, tiradas a la basura,
    reemplazables, intercambiables."

    Un abrazo.

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  2. Vavo, la autora a la que te refieres supongo que es Ursula K. Leguin. Tengo la serie de Terramar que no he leído, pero sí leí La mano izquierda de la oscuridad que me cautivó. Creo que lo dice tan claro que no es necesario apostilla ninguna. Me gusta la imagen de los subespejos que aplicas a Benedetti. La idea de la personalidad menos "firme" es subyugante porque se sostiene la necesidad de que ésta sea firme, pero los que somos incompletos, absolutamente inacabados, y somos conscientes de ello, podemos sentirnos reflejados en la buena literatura, escrita por seres complejos y geniales. No dejan de ser paisajes de la incertidumbre humana. Un abrazo.

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  3. La lectura es una experiencia fascinante, sí, cuando se produce el milagro que consigue arrancarte de ti mismo, de tu presente y tu persona, y absorberte en la historia para emocionarte, para interrogarte, para sorprenderte, para cambiarte ...
    La lectura puede también ser una experiencia decepcionante cuando ese milagro no llega a ocurrir. La razón, entonces, no sé si estará más en la pobreza propia, en la falta de pericia para elegir la lectura adecuada, o en la ausencia de 'magia' de lo que encontramos escrito.
    La lectura y el cine son dos de los pocos espacios en que aún son posibles los milagros, ventanas por que escapar y que nos permiten ser alguien más que nosostros mismos.
    Un placer leer tus pensamientos hechos letra, Joselu.

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  4. Zim, desde luego es un encuentro que no puedo calificar sino como mágico cuando encontramos nuestro libro, el que nos estaba esperando porque va a decirnos en parte lo que ya sabíamos o intuíamos de nosotros mismos. Creo que nunca dejamos de ser nosotros por arrebatadora que sea la narración, pero, como las máscaras, es un juego que lo sugiere: que podríamos tal vez ser otros y nos dejamos llevar por esa ilusión. Hay una docena de libros tal vez en mi vida que han conseguido producirme semejante sensación y varios los leí en mi pubertad y adolescencia, un estadio lector en mi vida que me dejó tal huella que continúo persiguiéndola. Por eso, pienso que estos adolescentes que detestan leer pierden una ocasión única. Como se lee a los trece años no se vuelve a leer jamás, al menos así lo recuerdo yo.

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  5. me atrapan tus lineas y la manera en que presentas el encuentro entre el escritor y el lector, el lector y el mundo escrito, el lector y su mundo interno iluminado por quien escribe tambien proyectando sus propios encuentros consigo mismo. Es fascinante y quienes viven este extasis como quienes se desilusionan y cierran el libro, simplemente encuentran o no respuestas a inquietudes, identificaciones y proyecciones vividas, sentimientos reprimidos que alguien valientemente expresa y el lector no ha podido expresar. Es como gritar a traves de otro, como vivir intensamente con otro, o simplemente idear en la mente y en concreto en una linea lo soñado.

    Mientras el lector encuentre esto, seguira alli..inmerso en la lectura.

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  6. Leer es peligroso porque te hace pensar. Para ampliar mi idea, dejame decirte que aqui en Canada tenemos periodicos, revistas para personas que leen nivel 4, 6, 9, o nivel 12, y el contenido es distinto. Existen revistas que traen muchisimas fotos... pero muy pocas letras. Creo que la razon radica en que dichas companias quieren que sus clientes solo aprendan a leer la etiqueta de sus productos!

    Como explicarles a dichos mortales los placeres de una buena lectura... no lo se! Es una lucha contra el sistema.

    Entiendo el poder de la lectura, porque cuando yo era joven, lei un libro que transformo mi vida por siempre, creo que se llamaba: Becket o el amor de Dios. Recuerdo que Becket fue asesinado y Silvia resucito en su lugar, y puedo asegurar que quienes lean su muerte... se levantaran en su lugar!

    http://www.youtube.com/watch?v=a1ez_ORObOM&feature=related

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  7. Yo me debato entre el lector que se abre al misterio y el escritor que lo crea...
    Y me temo que ninguna de las dos la hago bien.

    Me asomo a los distintos espejos y los observo, y me observo, y "observo a la cara a mi dios" y sin embargo no veo que sirva para mucho. Voy evolucionando con las distintas lecturas y experiencias vividas, los espejos, pero no soy capaz de crear el mío, de levantar mi realidad.

    Escribo, y lo hago más o menos bien según quién me lea, sin embargo no consigo enlazar más de tres párrafos.
    Pregunto a la gente por mis entradas y les suelen gustar, pero parece dejarles indiferentes. Parece que lo que escribiera no sirviera en modo alguno para reflejarme en el texto, casi nunca, y si no me reflejo yo mucho menos los demás.

    Y encima tengo un sentimiento de desprecio bastante alto por lo que escribo: considero que debería dedicarme a cosas más "productivas", más tangibles...

    No sé Joselu, me duele no escribir, me duele escribir, me duele lo que escribo, me duele cuando lo leo...
    Y me quejo demasiado también.

    En definitiva el acto de leer y el acto de escribir lo llevo pegado a la piel, bajo la piel. Aunque no sepa hacer ninguna de las dos cosas.


    Un abrazo muy grande de inicio de curso!

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  8. Me gusta pensar en la lectura como en un pacto personal e intransferible entre el autor y yo mismo, un pacto que sobrepasa los límites del espacio y el tiempo. Como decía Umberto Eco, la obra literaria es una obra abierta, que sólo se cierra cuando es leída por alguien; y esa obra que cerramos en el acto de lectura es única, pues nunca dos lectores producen el mismo sentido para una misma obra (excepto en esos malos libros que mencionas, que precisamente se caracterizan por generar una única lectura).
    En algunos casos (cuando leo un pomea de Quevedo, una comedia de Calderón, una novela de Clarín...), ese pacto literario se convierte en una comunión estética en la que casi se puede llegar a pensar que el autor escribió pensando en ese único lector que se halla en ese momento en pleno trance artístico.

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  9. Miquel, todo escritor cuando empieza es asaltado por dudas profundas. Ser escritor auténtico no es fácil. Nadie le garantiza el éxito. Hay infinidad de autores que escriben pero hay muy pocos que publican y la mayoría son olvidados al poco tiempo. Pocos, muy pocos, son los necesarios. Pero ello no debe coartarnos, porque se escribe porque gusta escribir, porque se necesita, porque se ama escribir. Tus dudas son normales y razonables. Es habitual que el que escriba termine detestando lo que hace. Les pasa a la mayoría de los escritores. Con ello no quiero decirte que lo vayas a tener fácil. Sigue escribiendo. Lo que haces (y yo leo) merece la pena. Tienes que encontrar tu formato. Quizás no seas novelista por tu dificultad de escribir más de tres párrafos, pero existen géneros como los aforismos o los micropoemas que es lo que haces tú. He leído mucho y sé distinguir cuando alguien tiene dentro algo. Tú lo tienes. El mismo hecho de que dudes es sano y necesario. Escribe, disfruta, y no te preocupes de tu calidad. Ya llegará. Ahora tienes que escribir en extensión. Ya depurarás. Ya hubiera querido escribir como tú a los años que tienes. Adelante, Miquel. Un abrazo.

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  10. Joselu, tocas varios temas relacionados con la lectura y no sé por dónde empezar. Me encanta leer y gasto una buena cantidad en libros. No sé si llegaré a utilzar el libro electrónico, me temo que no. Cuanto más me dicen que un engendro nuevo es la pera, más me resisto a tenerlo. Con decirte que ni siquiera tengo móvil... El caso es que me atrae poderosamente la palabra escrita. Me gustan tanto los clásicos como los actuales (seleccionando, claro, porque hay mucha morralla), y no digamos la poesía. El teatro también, pero está claro que sólo alcanza su plenitud al ser representado. Recuerdo, por ejemplo, que compré y leí los "Monólogos de la vagina" y no me pareció nada divertido, pero verlo y oírlo en las voces de tres actrices estupendas en un teatro me hizo cambiar de opinión.
    Unamuno decía algo así como que el escritor crea su obra y el lector la re-crea. Al leer establecemos un diálogo íntimo y personal con el autor, es como si en ese momento nos hablara sólo a nosotros, sin intermediarios, sin interrupciones. Yo necesito estar siempre enganchada a un libro, meterme en la historia, vivirla. Me encanta poder leer durante horas en vacaciones y disfrutar de los libros sin prisa, deleitándome con cada página.
    A mis alumnos les suele gustar leer, sobre todo en voz alta, y yo procuro llevarles textos de todo tipo. A veces leo obras dirigidas a jóvenes y adolescentes. Eso sí, no he caído en las garras de la saga "Crepúsculo", por ejemplo. No creo que tengan ni comparación con "Déjame entrar", así que ni lo intento, pero entiendo que a ciertas edades atraigan las historias de ese tipo, mágicas e intensas, según dicen. Supongo que mi formación me lleva por otros derroteros, porque ésa es otra, lo que nos influye a la hora de elegir una lectura y de disfrutar con ella.
    Muchas cosas, pero todas llevan a la palabra escrita. Bendita sea. Tengo la fortuna de poder leer tanto a Lope como a Delibes, escritores que nunca morirán mientras exista un solo ejemplar de sus obras.
    Un fuerte abrazo, colega.

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  11. Yolanda, formamos parte de una generación que encontró en la palabra escrita un territorio propio. Sin embargo, lo que detectamos en secundaria es que en la pubertad y adolescencia se pierde esa ligazón con la palabra escrita que tal vez existe en la primaria. Hay demasiadas cosas que contribuyen a ello. El ruido de una sociedad que no favorece los estados de silencio interior, el mundo poderosísimo de la imagen, la tecnología tan atractiva, la pérdida de la magia de los textos escritos en cuanto se convierten en algo complejos... Estoy con Unamuno cuando dice que el lector re-crea la obra, pero en el post incluía un aspecto que merece la pena ser valorado, y es que el lector se busca a sí mismo cuando lee. Es una cuestión paradójica y digna de ser pensada. Un abrazo, colega.

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  12. Antonio, ciertamente cuando leo a Clarín -su maravillosa Regenta- siento también una comunión estética que me lleva a la emoción profunda. Es una de las mejores novelas de todo el siglo XIX europeo, pero no es lo suficientemente conocida fuera de España. Es rabiosamente contemporánea. Cuando la leo y releo veo en esos personajes algo propio y personal, como si fueran viejos amigos, y asisto a sus cuitas como si fueran algo mío. Pienso que es cierto que el lector participa de un diálogo abierto con el autor, pero también consigo mismo. La emoción surge de ese encuentro con uno mismo en el que se siente reconocido.

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  13. Yo, cuando leo un libro, indefectiblemete, trato de buscar paralelismos con mi vida. A veces lo consigo. Otras no. Y es que para mí hay libros que me son totalmente ajenos, y los dejo, y libros cercanos que hablan (en cierto modo, claro) de mí. Y entonces es cuando me sumerjo con fruición y deleite entre las hojas del libro.

    Un abrazo.

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  14. Hermoso blog, felicitaciones, es muy lindo saber que hay muchas personas con esta misma pasión: leer.

    http://elincreiblemundodelalectura.blogspot.com

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Es un tópico expresar que el valor de un blog reside más en los comentarios que recibe y en el debate a que da lugar, que en la entrada publicada que no es más que un punto de partida para dialogar e intercambiar puntos de vista, a veces radicalmente distintos.

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