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miércoles, 13 de noviembre de 2019

El acto de leer


El acto de leer es una experiencia fascinante. Supone el encuentro de dos universos: el del que lee (o intenta leer) y el del escritor. Cada uno está condicionado por sus circunstancias. El lector tiene un estado de ánimo y una edad. Lee desde su presente, que es ahora. El escritor escribió en otro tiempo que fue presente pero ahora es pasado, y de alguna manera se proyectaba en el futuro cuando sería leído tiempo después. El texto escrito funciona como una especie de espejo en que el lector proyecta su mundo interior buscando alguna seña de identidad, alguna conexión. Necesitamos sentirnos reconocidos en ese mundo escrito y que nos diga algo sobre nosotros mismos. Cuando leemos nos buscamos a nosotros mismos. El diálogo principal no es sólo entre el lector y el escritor sino que plantea un diálogo en que el lector se desdobla y se observa a sí mismo. El lector quiere encontrarse. Para ello es necesaria cierta predisposición, unida a la experiencia de la soledad y al silencio interior, digo interior porque a veces no es imprescindible el silencio físico (yo suelo concentrarme profundamente en los bares, en los autobuses llenos de pasajeros que charlan). El mundo de lector se abre a otro mundo y lo encuentra en el subtexto que le reclama y le comunica deseos, fantasías, sueños, fracasos, angustias, sufrimiento, impotencia, miedo, tal vez felicidad…
El lector ha de estar en una actitud de escucha activa, de apertura al otro, para poderse sumir en el éxtasis que nos sustrae de la realidad donde estamos inmersos. Nos abrimos a lo extraño y en ello tenemos la posibilidad de formarnos y de transformarnos. La lectura nos cambia, es una suerte de iluminación de nuestro mundo interior. Dos extraños se encuentran y siguen siendo extraños pero no del todo. El otro viene a habitarme y yo lo recibo como un invitado que llega a mi casa. Abro mi mundo para que él lo habite, y me reencuentro paradójicamente conmigo mismo.
Para disfrutar de la experiencia-espejo de la lectura es necesaria la atención de modo prioritario. Pero la atención es una capacidad que se desarrolla. El ruido la perturba. Y el ruido son los pensamientos que nos asaltan vertiginosamente impidiendo sumirnos en ese universo mágico que es el texto. Éste debe atraernos poderosamente para que nos sintamos ligados magnéticamente a él. Debe decirnos algo que ya sabemos o intuimos, debemos sentirnos reconocidos. Por eso tantos lectores aman libros que les recuerdan la vida misma. Son tan reales que parecen verdad. O atraen historias que se convierten en símbolos inconscientes de nuestra psike. Así atraen de igual modo narraciones fantásticas de vampiros. El vampiro forma parte de nuestro inconsciente. Los adolescentes se sienten reflejados en esos seres ambiguos, que forman parte de un conjunto de personajes en transición, entre la sombra y la luz.
La literatura con mayúscula –y no meros artefactos de entretenimiento que fomentan la autosatisfacción- requiere de mundos lectores complejos, abiertos a la extrañeza… No quiero decir que sean mejores o peores. No se trata de eso, sino de capacidad de apertura ante el misterio. Como el texto es un espejo, sólo podrán penetrar en él aquellos que hayan participado de paisajes semejantes. Algunos escritores, no obstante, tienen un mundo tan abierto que permite ser habitado por muchos. Pienso en la poesía de Mario Benedetti, en la de Bécquer que proponen mis alumnos, en la de Pablo Neruda. Es un hito alcanzar la transparencia y ser capaz de comunicar poderosamente. Es una labor de genio y de síntesis literaria y existencial. La alcanzan pocos.
Los bestsellers, los libros juveniles que venden las editoriales a los adolescentes, no proponen experiencias complejas. Saben que el mundo imaginativo del lector de la sociedad de masas busca lo fácil, lo conocido, lo tópico… No plantean aventuras que lleven a la extrañeza. Se alimentan de lugares comunes, de fórmulas que aparentemente funcionan o se supone que lo hacen. Pero dicha fórmula es un misterio. Se publican centenares de títulos al año que se sumen en el olvido. Pocos libros superan la prueba de sobrevivir unos años en la lista de lecturas necesarias.
Cada uno buscamos algo diferente en lo que leemos. Depende de nuestro universo íntimo que es el que está buscando algo en que reconocerse y verse reflejado. Cuando esto se consigue, por azar, la luz que entra por la ventana nos ilumina el libro, pero también nuestro rostro resplandece por el encuentro que se ha producido. El libro nos está iluminando y nosotros ensimismados nos sumergimos en la lectura viéndonos allí presentes, dentro y fuera.

26 comentarios :

  1. Varias ideas, primero coincido en lo del silencio interior diferenciado del exterior, hace años descubrí que el lugar donde leia mejor y mas rapido era montado en los omnibus. Luego me volvi lector de conciertos en pequeños bares y aun leia en salas de grabacion mientras mis amigos ensayaban violentas canciones punk rock. Segundo, es cierto uno busca encontrarse, aunque aveces sea incomodo, concuerdo con que benedetti es uno de los autores mas extensos, digamos con mas variedad de subespejos. Tambien creo que uno esta dispuesto a mas tipos de libros mientras mas variante y menos FIRME tenga su personalidad, mientras estemos mas dispuestos a aceptar que tal vez no somos como pensamos, puedes ir descubriendo mas en mas libros. Por último concuerdo contigo en que los libros ahora se escriben (no todos obviamnte) con formulas, adjunto un fragmento de la introducción de Cuentos de Terramar, una de mis escritoras favoritas, donde lo dice muy clarito:

    "Y las fábricas del capitalismo se las proporciona. La oferta satisface la demanda. La
    fantasía se convierte en un producto, en una industria.
    La fantasía hecha producto no acarrea riesgo alguno: no inventa nada, sino que imita y
    trivializa. Comienza por privar a las viejas historias de su complejidad intelectual y ética,
    convirtiendo su acción en violencia, a sus actores en muñecos, y a la verdad que revelan
    en un cliché sentimental. Los héroes blanden sus espadas, sus láseres, sus varitas
    mágicas, tan mecánicamente como cosechadoras, recogiendo las ganancias. Las
    elecciones morales profundamente perturbadoras son descafeinadas, transformadas en
    «encantadoras» y seguras. Las ideas apasionadamente concebidas por los grandes
    contadores de historias son copiadas, estereotipadas, reducidas a juguetes, moldeadas
    en plásticos de colores llamativos, anunciadas, vendidas, rotas, tiradas a la basura,
    reemplazables, intercambiables."

    Un abrazo.

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  2. Vavo, la autora a la que te refieres supongo que es Ursula K. Leguin. Tengo la serie de Terramar que no he leído, pero sí leí La mano izquierda de la oscuridad que me cautivó. Creo que lo dice tan claro que no es necesario apostilla ninguna. Me gusta la imagen de los subespejos que aplicas a Benedetti. La idea de la personalidad menos "firme" es subyugante porque se sostiene la necesidad de que ésta sea firme, pero los que somos incompletos, absolutamente inacabados, y somos conscientes de ello, podemos sentirnos reflejados en la buena literatura, escrita por seres complejos y geniales. No dejan de ser paisajes de la incertidumbre humana. Un abrazo.

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  3. La lectura es una experiencia fascinante, sí, cuando se produce el milagro que consigue arrancarte de ti mismo, de tu presente y tu persona, y absorberte en la historia para emocionarte, para interrogarte, para sorprenderte, para cambiarte ...
    La lectura puede también ser una experiencia decepcionante cuando ese milagro no llega a ocurrir. La razón, entonces, no sé si estará más en la pobreza propia, en la falta de pericia para elegir la lectura adecuada, o en la ausencia de 'magia' de lo que encontramos escrito.
    La lectura y el cine son dos de los pocos espacios en que aún son posibles los milagros, ventanas por que escapar y que nos permiten ser alguien más que nosostros mismos.
    Un placer leer tus pensamientos hechos letra, Joselu.

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  4. Zim, desde luego es un encuentro que no puedo calificar sino como mágico cuando encontramos nuestro libro, el que nos estaba esperando porque va a decirnos en parte lo que ya sabíamos o intuíamos de nosotros mismos. Creo que nunca dejamos de ser nosotros por arrebatadora que sea la narración, pero, como las máscaras, es un juego que lo sugiere: que podríamos tal vez ser otros y nos dejamos llevar por esa ilusión. Hay una docena de libros tal vez en mi vida que han conseguido producirme semejante sensación y varios los leí en mi pubertad y adolescencia, un estadio lector en mi vida que me dejó tal huella que continúo persiguiéndola. Por eso, pienso que estos adolescentes que detestan leer pierden una ocasión única. Como se lee a los trece años no se vuelve a leer jamás, al menos así lo recuerdo yo.

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  5. me atrapan tus lineas y la manera en que presentas el encuentro entre el escritor y el lector, el lector y el mundo escrito, el lector y su mundo interno iluminado por quien escribe tambien proyectando sus propios encuentros consigo mismo. Es fascinante y quienes viven este extasis como quienes se desilusionan y cierran el libro, simplemente encuentran o no respuestas a inquietudes, identificaciones y proyecciones vividas, sentimientos reprimidos que alguien valientemente expresa y el lector no ha podido expresar. Es como gritar a traves de otro, como vivir intensamente con otro, o simplemente idear en la mente y en concreto en una linea lo soñado.

    Mientras el lector encuentre esto, seguira alli..inmerso en la lectura.

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  6. Leer es peligroso porque te hace pensar. Para ampliar mi idea, dejame decirte que aqui en Canada tenemos periodicos, revistas para personas que leen nivel 4, 6, 9, o nivel 12, y el contenido es distinto. Existen revistas que traen muchisimas fotos... pero muy pocas letras. Creo que la razon radica en que dichas companias quieren que sus clientes solo aprendan a leer la etiqueta de sus productos!

    Como explicarles a dichos mortales los placeres de una buena lectura... no lo se! Es una lucha contra el sistema.

    Entiendo el poder de la lectura, porque cuando yo era joven, lei un libro que transformo mi vida por siempre, creo que se llamaba: Becket o el amor de Dios. Recuerdo que Becket fue asesinado y Silvia resucito en su lugar, y puedo asegurar que quienes lean su muerte... se levantaran en su lugar!

    http://www.youtube.com/watch?v=a1ez_ORObOM&feature=related

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  7. Yo me debato entre el lector que se abre al misterio y el escritor que lo crea...
    Y me temo que ninguna de las dos la hago bien.

    Me asomo a los distintos espejos y los observo, y me observo, y "observo a la cara a mi dios" y sin embargo no veo que sirva para mucho. Voy evolucionando con las distintas lecturas y experiencias vividas, los espejos, pero no soy capaz de crear el mío, de levantar mi realidad.

    Escribo, y lo hago más o menos bien según quién me lea, sin embargo no consigo enlazar más de tres párrafos.
    Pregunto a la gente por mis entradas y les suelen gustar, pero parece dejarles indiferentes. Parece que lo que escribiera no sirviera en modo alguno para reflejarme en el texto, casi nunca, y si no me reflejo yo mucho menos los demás.

    Y encima tengo un sentimiento de desprecio bastante alto por lo que escribo: considero que debería dedicarme a cosas más "productivas", más tangibles...

    No sé Joselu, me duele no escribir, me duele escribir, me duele lo que escribo, me duele cuando lo leo...
    Y me quejo demasiado también.

    En definitiva el acto de leer y el acto de escribir lo llevo pegado a la piel, bajo la piel. Aunque no sepa hacer ninguna de las dos cosas.


    Un abrazo muy grande de inicio de curso!

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  8. Me gusta pensar en la lectura como en un pacto personal e intransferible entre el autor y yo mismo, un pacto que sobrepasa los límites del espacio y el tiempo. Como decía Umberto Eco, la obra literaria es una obra abierta, que sólo se cierra cuando es leída por alguien; y esa obra que cerramos en el acto de lectura es única, pues nunca dos lectores producen el mismo sentido para una misma obra (excepto en esos malos libros que mencionas, que precisamente se caracterizan por generar una única lectura).
    En algunos casos (cuando leo un pomea de Quevedo, una comedia de Calderón, una novela de Clarín...), ese pacto literario se convierte en una comunión estética en la que casi se puede llegar a pensar que el autor escribió pensando en ese único lector que se halla en ese momento en pleno trance artístico.

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  9. Miquel, todo escritor cuando empieza es asaltado por dudas profundas. Ser escritor auténtico no es fácil. Nadie le garantiza el éxito. Hay infinidad de autores que escriben pero hay muy pocos que publican y la mayoría son olvidados al poco tiempo. Pocos, muy pocos, son los necesarios. Pero ello no debe coartarnos, porque se escribe porque gusta escribir, porque se necesita, porque se ama escribir. Tus dudas son normales y razonables. Es habitual que el que escriba termine detestando lo que hace. Les pasa a la mayoría de los escritores. Con ello no quiero decirte que lo vayas a tener fácil. Sigue escribiendo. Lo que haces (y yo leo) merece la pena. Tienes que encontrar tu formato. Quizás no seas novelista por tu dificultad de escribir más de tres párrafos, pero existen géneros como los aforismos o los micropoemas que es lo que haces tú. He leído mucho y sé distinguir cuando alguien tiene dentro algo. Tú lo tienes. El mismo hecho de que dudes es sano y necesario. Escribe, disfruta, y no te preocupes de tu calidad. Ya llegará. Ahora tienes que escribir en extensión. Ya depurarás. Ya hubiera querido escribir como tú a los años que tienes. Adelante, Miquel. Un abrazo.

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  10. Joselu, tocas varios temas relacionados con la lectura y no sé por dónde empezar. Me encanta leer y gasto una buena cantidad en libros. No sé si llegaré a utilzar el libro electrónico, me temo que no. Cuanto más me dicen que un engendro nuevo es la pera, más me resisto a tenerlo. Con decirte que ni siquiera tengo móvil... El caso es que me atrae poderosamente la palabra escrita. Me gustan tanto los clásicos como los actuales (seleccionando, claro, porque hay mucha morralla), y no digamos la poesía. El teatro también, pero está claro que sólo alcanza su plenitud al ser representado. Recuerdo, por ejemplo, que compré y leí los "Monólogos de la vagina" y no me pareció nada divertido, pero verlo y oírlo en las voces de tres actrices estupendas en un teatro me hizo cambiar de opinión.
    Unamuno decía algo así como que el escritor crea su obra y el lector la re-crea. Al leer establecemos un diálogo íntimo y personal con el autor, es como si en ese momento nos hablara sólo a nosotros, sin intermediarios, sin interrupciones. Yo necesito estar siempre enganchada a un libro, meterme en la historia, vivirla. Me encanta poder leer durante horas en vacaciones y disfrutar de los libros sin prisa, deleitándome con cada página.
    A mis alumnos les suele gustar leer, sobre todo en voz alta, y yo procuro llevarles textos de todo tipo. A veces leo obras dirigidas a jóvenes y adolescentes. Eso sí, no he caído en las garras de la saga "Crepúsculo", por ejemplo. No creo que tengan ni comparación con "Déjame entrar", así que ni lo intento, pero entiendo que a ciertas edades atraigan las historias de ese tipo, mágicas e intensas, según dicen. Supongo que mi formación me lleva por otros derroteros, porque ésa es otra, lo que nos influye a la hora de elegir una lectura y de disfrutar con ella.
    Muchas cosas, pero todas llevan a la palabra escrita. Bendita sea. Tengo la fortuna de poder leer tanto a Lope como a Delibes, escritores que nunca morirán mientras exista un solo ejemplar de sus obras.
    Un fuerte abrazo, colega.

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  11. Yolanda, formamos parte de una generación que encontró en la palabra escrita un territorio propio. Sin embargo, lo que detectamos en secundaria es que en la pubertad y adolescencia se pierde esa ligazón con la palabra escrita que tal vez existe en la primaria. Hay demasiadas cosas que contribuyen a ello. El ruido de una sociedad que no favorece los estados de silencio interior, el mundo poderosísimo de la imagen, la tecnología tan atractiva, la pérdida de la magia de los textos escritos en cuanto se convierten en algo complejos... Estoy con Unamuno cuando dice que el lector re-crea la obra, pero en el post incluía un aspecto que merece la pena ser valorado, y es que el lector se busca a sí mismo cuando lee. Es una cuestión paradójica y digna de ser pensada. Un abrazo, colega.

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  12. Antonio, ciertamente cuando leo a Clarín -su maravillosa Regenta- siento también una comunión estética que me lleva a la emoción profunda. Es una de las mejores novelas de todo el siglo XIX europeo, pero no es lo suficientemente conocida fuera de España. Es rabiosamente contemporánea. Cuando la leo y releo veo en esos personajes algo propio y personal, como si fueran viejos amigos, y asisto a sus cuitas como si fueran algo mío. Pienso que es cierto que el lector participa de un diálogo abierto con el autor, pero también consigo mismo. La emoción surge de ese encuentro con uno mismo en el que se siente reconocido.

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  13. Yo, cuando leo un libro, indefectiblemete, trato de buscar paralelismos con mi vida. A veces lo consigo. Otras no. Y es que para mí hay libros que me son totalmente ajenos, y los dejo, y libros cercanos que hablan (en cierto modo, claro) de mí. Y entonces es cuando me sumerjo con fruición y deleite entre las hojas del libro.

    Un abrazo.

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  14. Hermoso blog, felicitaciones, es muy lindo saber que hay muchas personas con esta misma pasión: leer.

    http://elincreiblemundodelalectura.blogspot.com

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  15. Acabo de leer un ensayo de una autora contemporánea, del que en la red hay buenas referencias y la decepción ha sido total. Del meollo, del tema que "vende" el editor, cinco páginas escasas. El resto, una sucesión de eslóganes, cursiladas y tópicos. Parecía una cadena de "tweets", "stories" y "estados", todo junto. ¿De verdad ese es el futuro de la literatura? ¿De verdad alguien resiste y valora con entusiasmo 200 páginas de vacuidad? Qué ganas de agarrar un clásico que me han entrado después.

    Con la literatura, se ha buscado la fórmula del éxito. En la música comercial lo consiguieron (la famosa rueda de acordes I-V-VI-IV omnipresente), los libros dan más bandazos porque no se puede leer y hacer otra cosa al mismo tiempo: o estás totalmente presente, o fracasas en la lectura. Por eso me parece un antídoto -o tratamiento- para la desatención. A menos que se conciba un libro del que se pueda despegar la nariz cada dos minutos para mirar el móvil y seguir como si nada. Me temo que los tiros, en el terreno más comercial, van por ahí. Qué pena y qué miedo.

    Saludos.

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    1. Creo que ese libro ya se ha inventado y yo lo suelo transitar. Un iPad que aloja libros de Amazon en formato kindle es una fuente constante de desatención pues lees diez minutos y te cansas y vas al correo electrónico o buscas información sobre lo que estás leyendo aclarando algún concepto, o amplias información clicando sobre alguna palabra o nombre. Lees dando saltos, pero se lee, es otra forma de leer, eso está claro, pero yo la utilizo, y se leen libros, incluso muy densos y complejos, pero de otra manera. Saludos cordiales. Me hubiera gustado que escribieras el título del ensayo que te ha decepcionado tanto, aunque solo sea por morbo.

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    2. Lo importante es leer. El instrumento es secundario. Mejor que el iPad es el libro electrónico porque se aproxima más al libro convencional.

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  16. Muy interesante tu reflexión. Me ha hecho pensar especialmente el momento en el que escribes "El texto escrito funciona como una especie de espejo en que el lector proyecta su mundo interior buscando alguna seña de identidad, alguna conexión. Necesitamos sentirnos reconocidos en ese mundo escrito y que nos diga algo sobre nosotros mismos. Cuando leemos nos buscamos a nosotros mismos.". Estoy totalmente de acuerdo. Escogemos lecturas que nos confirmen lo que somos, que se amolden a nuestra idea del mundo y cada vez nos atrevemos menos con cosas alejadas a nuestras corrientes.

    De alguna manera lo entiendo y aunque pienso que no debería ser así, no hago nada por cambiar eso. Como hablábamos hoy la vida ya es bastante jodida. Los gestos de cariño son casi imposibles de conseguir en esta mierda de vida moderna que llevamos. La lectura es una escapatoria con la que nos mimamos. Y en ese escapada buscamos la caricia, la confirmación de que nuestro hilo conductor es el correcto o, como mínimo, el que necesitamos personalmente para no acabar locos de remate.

    Salir de la zona de confort podría significar añadir nuevas contradicciones a nuestro mundo interior. A la carcasa que nos sustenta, al exoesqueleto que hace que no caigamos definitivamente en forma de dolor líquido.

    En ese sentido estos días estoy leyendo un libro que se llama “Lectura fácil” de una escritora llamada “Cristina Morales”.

    Habrás oído hablar de el porque ahora mismo debe de ser la escritora enemigo número uno en toda la prensa española de derechas. Hace poco le dieron el premio nacional de narrativa y el premio Herralde.

    Me está fascinando. Es un libro absolutamente punk y anti sistema, anti todo diría yo. Nos quedaríamos cortos si dijésemos que solo ataca a tal o cual cosa, lo ataca todo y a todos sin piedad con un sentido del humor increíble. Realmente fascinante. Increíble lo bien escrito que esta. A ti no creo que te guste nada.

    Es una lectura dentro de mi zona de confort. Da igual que ponga verde a la Colau o que se ría de la PAH que yo considere cosas positivas. Escribe cosas que a mi me gustaría gritar por las calles constantemente. Y por eso lo disfruto. Si leyese libros de algún escritor agudo derechón que con ingenio me hiciese ver que muchos de mis columnas mentales, las que forman el exoesqueleto que evitan mi descomposición, no son más que chorradas de niñato, me estaría haciendo daño a mi mismo y para eso ya está el resto de la humanidad. Un abrazo.

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    1. Tienes razón, yo comencé a leer Lectura fácil en un libro kindle, leí unas diez páginas y tuve claro que no era mi libro, y lo devolví, pues en Amazon tienes quince días para devolver los libros digitales. No me gustaba su estilo narrativo. De todas maneras el otro día Javier Cercas ironizaba sobre el carácter marginal de esta escritora que ha recibido varios premios oficiales, oficialísimos, y no creo que le hayan disgustado en absoluto. Él se abstenía de hacer un juicio crítico sobre Lectura fácil entre otras cosas porque no quería hablar más de la cuenta tras haberlo leído. ¿Se puede ser radical después de recibir el premio nacional de narrativa? Curioso es, por lo menos jajajaja.

      En cuanto a libros que nos corten el rollo mental que llevamos, tienes razón. Todos buscamos algo que nos tranquilice, que nos confirme nuestro lugar en el mundo. La pregunta es qué leerás a los sesenta años, buena cuestión. Te faltan quince. Llega un momento en que todas tus convicciones empiezan a caerse una por una, es como el colesterol o la próstata. A ver si seguimos en contacto hasta entonces. Un abrazo.

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  17. Es algo superficial, sin duda, lo que voy decir, pero en el acto de la lectura, como parte del ritual, entra también la imagen que el lector tiene de sí mismo como ser que lee. Porque, estemos abstraídos o no en el texto, no nos puede pasar por alto la incongruencia, a veces, del ser que lee. Recuerdo una manifestación a la que acudí para protestar contra el totalitarismo nacionalista que nos aqueja en CAT como una peste peligrosa, y andaba leyendo por entonces "La hija de la CElestina" de Salas Barbadillo, y no me pude resistir a la tentación de manifestarme, pero seguir leyendo. Como iba solo, me arrimé a uno de los extremos y, sin dejar de leer, levanté el puño y hasta coreé algunas consignas breves, sincopadas, que no me entorpecieron lo más mínimo mi lectura absorbente. Era consciente de mi rareza en ese momento, como la he sido siempre que he abierto un libro y me he parapetado tras él, ajeno a las relaciones sociales, como en una Sala de Profesores, por ejemplo. Leer no te permite hacer muchos amigos, desde luego, pero te crea una imagen con la que uno puede reconciliarse o no. Cuando era aún más fatuo y vanidoso de lo que lo soy ahora, me gustaba leer en público como un acto de desafío a quienes me rodeaban y no lo hacían. Me sentía seguro con el libro abierto ante los ojos. Leer como signo pueril de protesta puede llegar a dejar un poso importante en el lector, a conformar una imagen de él a la que se ve impelido a sentirse fiel. Nunca he "presumido" de leer, esta claro; pero confieso que mi condición de lector me ha servido para reafirmarme en mí mismo. ¡Al menos me quedará siempre la lectura!, supongo que debí pensar en aquellos años en que me inicié en la lectura, ya con quince años. Luego quien lee descubre que hay otros seres, también lectores, a los que le llama la atención que leas y lo que lees, y eso da pie, a lo largo de uma vida, a entablar las relaciones más profundas y afectuosas que puedan imaginarse. Para mí el lector es una especie privilegiada que se ha de proteger con mimo. Incluso aquellos que leen para "entretenerse" que es como confesar lo aburrida y deprimente qu es la propia vida. Si tengo a gala algún éxito en la educación de mis hijos es el de que no salen de casa sin llevarse un libro, "por si acaso"...

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    1. Yo no puedo mostrar ningún éxito en la lectura de mis hijas, no de la manera que me gustaría desde luego. Algo hay parcialmente, pero muy escaso.

      En mi caso, lector impenitente desde los cuatro años, creo que la lectura es una de las cosas mejores de mi vida. No puedo concebir mi vida sin la lectura, lo que no amplío a que deba pasarles a otras personas lo mismo. Yo leo como otro juega al fútbol o al ping pong. Todo pueden ser pasiones arrebatadoras. Yo tengo la mía, tal vez por incapacidad a la hora de hacer otras cosas. Lector como último recurso, quizás. Si fuera ducho en bricolage o en equitación o en pintura, tal vez leería menos, pero no sirvo para nada salvo para leer. No sé si es un orgullo o un demérito. Que el lector escoja su respuesta.

      En cuanto a estar leyendo en un acto cívico de protesta, eso me demuestra la gran ventaja que tienen los independentistas sobre nosotros. Ellos nunca lo harían porque aquello les absorbe con tal entusiasmo y pasión que no podrían distraerse leyendo a Joanot Martorell, pongo por caso, durante una manifestación. Lo tuyo es incredulidad a mansalva.

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  18. Hola, Joselu.

    El otro día compartía contigo, en tu blog, unas impresiones sobre la manera que tengo de entender la lectura, y recuerdo que ambos confluíamos en gran medida, esa modo de concebir la lectura como un acto de indagación personal, dotar de contenido a mi ser, a mi yo interior, una búsqueda de sí mismo en los libros, como te decía.
    Por tanto no me repetiré.

    Pero si te contaré una anécdota.

    Recuerdo el último viaje que hicimos a Jerez de la Frontera, bella ciudad, donde reside un matrimonio con el que mantenemos una larga y sólida amistad, y por tanto vamos con regularidad.

    La última vez fue en Semana Santa, y nuestros amigos insistieron en llevarnos a conocer una procesión, pues sería imperdonable no presenciar tal evento por esas fechas, en concreto uno de los pasos más esperados.
    En fin… aunque es un acontecimiento que está en las antípodas de lo que a mí pueda apetecerme, por cortesía no quise declinar la invitación. Eso sí, con el mismo interés que llevaba la cámara de fotos en una mano (en estos casos, uno sustituye el interés devoto por el antropológico) llevaba en la otra un libro… Alfanhui, de Rafael Sánchez Ferlosio, faltaría más.

    Tenía claro que tarde o temprano acabaría leyendo algunos pasajes en una tarde que presumía larga, como así fue, pero me cundió la lectura.
    Era extraño ver pasar la Virgen y volver sobre las páginas de Alfanhui, leyendo los asuntos de una veleta de gallo parlanchina y no sé que cosas brujeriles más… una magnífica experiencia lectora entre el paroxismo de los parroquianos que aclamaban a la Virgen. Lo extraordinario es que no me sentía ajeno en toda esa liturgia exaltada, pues la propia realidad que estaba contemplando me parecía verla dentro de… Alfanhui. Leer es una maravilla, aveces logra que la realidad se vea algo fantástico, y que la fantasía parezca la realidad.

    Un abrazo, amigo Joselu.

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    1. Recuerdo hace más años de los que puedo enumerar -1986- en que yo joven viajaba solo por el interior de Sumatra. Acababa de tener una pequeña aventura sentimental con una intrépida arqueóloga italiana y nos habíamos despedido hacía un par de días. Yo iba en un autobús atestado de indonesios -si cabían sesenta, fácilmente iríamos 130 o 150-, es la forma de viajar allí. Yo había logrado sentarme porque había salido del comienzo de línea. Teníamos que hacer doscientos kilómetros en medio de aquella humanidad. Yo saqué un libro, Memorias de Adriano de Margarita Youcernar en que se recrea la relación del emperador con el joven Antinoo. No sé cómo pero se produjo una conjunción mágica entre el texto apasionante -para mí en aquel momento-, el contexto en que iba y las decisiones que tenía que tomar para volver a ver a mi amiga italiana si quería encontrarla en Singapur... Me concentré totalmente en medio de un griterío y risas características de los indonesios que siempre están riendo, y yo, inmerso en la lectura que entendí profundamente animándome a la aventura y a la acción. Creo que pocas veces he sentido tal indagación interior respecto a lo que deseaba profundamente en conexión con el relato. No recuerdo las palabras exactas que leí pero eran dirigidas claramente a mí en aquel momento vital, a mis treinta años. Tomé la decisión de llegar a Singapur, lo que hice a los pocos días. "Leer es una maravilla, a veces logra que la realidad se vea algo fantástico, y que la fantasía parezca la realidad". Totalmente de acuerdo.

      Un fuerte abrazo, Paco.

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  19. Yo no me busco en las lecturas. Busco, si acaso, a los demás y de los que pueda aprender algo.

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    1. Bueno, también se busca a los demás, eso está claro, pero normalmente elegimos a los que nos recuerdan a nosotros mismos. No solemos leer textos que contradigan nuestra visión del mundo por sistema. Nos gusta que nos respalden, pienso.

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