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sábado, 3 de abril de 2021

Fuego de campamento

Viendo por segunda vez en tres días Nomadland he tenido ocasión de revivir escenas muy poderosas de la misma. Quiero traer una de ellas que generó en mí vivas emociones que me llevaron a mi infancia, adolescencia y juventud. Es un fuego de campamento de los nómadas que se juntan  cada cierto tiempo en el desierto de Arizona. Hay un grupo nutrido de camperos que se sientan en círculo en torno a un gran fuego que los tiene a todos hechizados por su magia. Y el líder, de larga barba blanca, les habla de lo que significa estar allí aquella noche. Y, a modo de la madalena de Proust, aquella fogata me llevó a noches acampado en el Pirineo con compañeros y amigos donde montábamos un hogar con piedras e íbamos a buscar leña en los alrededores. Tras la cena, nos juntábamos allí todos alrededor del fuego y siempre había alguno que tocaba la armónica o la guitarra y cantábamos con alegría impregnados del ambiente ígneo que nos cautivaba y conectaba con algunas áreas misteriosas de la psique de raíz mística. Recuerdo estas noches con íntima nostalgia. Desde hace muchísimos años está prohibida la acampada libre y mucho menos hacer fuego por más precauciones que se tomen al respecto. Yo no supe nunca que aquellos fuegos de campamento produjeran ningún incendio ya que éramos responsables y amábamos el bosque profundamente.

Mis hijas no sabrán nunca lo que es la acampada libre ni un fuego de campamento y tampoco lo sabrán los adolescentes actuales que se perderán algo cuya fuerza dramática es de una dimensión tal que lo hace inolvidable en la memoria de quien vivió aquello. El pasado es el que es, pero pienso que si bien hemos ganado en artefactos maravillosos que nos ocupan buena parte del día, hemos perdido otras cosas de valor incalculable. Y sé que ya no volverán a ser posibles nunca más. Tal vez en Estados Unidos o en otros países sea una posibilidad tomando muchas precauciones que entiendo por supuesto. Ayer viendo la película que no me molestaría ver por tercera vez, sentí una íntima zozobra al ver aquel fuego que sé que nunca ya más veré en mi vida, ni mis hijas. Una pena.

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