Yo, el Maestro Ascendido:
Confesiones de un narrador en el diván
Fui a buscar vidas pasadas guiado por Brian Weiss, pero terminé montando un taller de escritura creativa a costa de mi hipnoterapeuta.
1. El Origen del Engaño
Esta historia comienza con un libro: Muchas vidas, muchos maestros del psiquiatra Brian Weiss. Tras devorar la historia de su paciente Catherine, quien bajo hipnosis regresiva no solo viajaba milenios atrás, sino que canalizaba las voces de "grandes maestros", sentí una envidia inmensa. Yo también quería tener maestros ancestrales susurrando sabiduría milenaria a través de mis cuerdas vocales. Quería ser un campesino medieval, un guerrero o un monje.
Con esa sed de misterio, concerté una cita con Ximena, una hipnoterapeuta recomendada. Iba preparado para soltar el control, para que mi consciente se apagara como un viejo televisor de tubo y dejara paso a los misterios del cosmos. Pero, como suele ocurrir con las grandes expectativas, la realidad tenía otros planes.
Radiografía de mi "Trance"
Un análisis comparativo entre lo que esperaba experimentar y lo que realmente mi cerebro estaba haciendo en la camilla.
2. El Taller de Creación Literaria
Me tumbé. Ximena empezó con su letanía rítmica, pidiéndome que relajara los dedos de los pies, luego las pantorrillas, y así sucesivamente hasta la coronilla. Yo esperaba el apagón. Esperaba despertar dos horas después habiendo hablado en arameo antiguo. En lugar de eso, me encontré en un estado de vigilia absoluta, un aburrimiento relajado, pero con una claridad mental apabullante.
Al ver que el cosmos no me enviaba ningún guion, decidí escribirlo yo. Cuando Ximena me pidió que visualizara un momento clave, mi cerebro, en lugar de invocar a un ancestro, se arremangó y dijo: "¿Quieres una historia? Te voy a dar una historia". Y así, me dediqué a tejer, por puro placer estético, relatos biográficos.
3. Un Inconsciente de Vacaciones
He leído que la hipnosis no anula el consciente, de acuerdo. Pero lo mío no era un trabajo en equipo entre mis dos mentes. Mi inconsciente estaba en las Bahamas tomando un daiquiri. Todo lo que salió de mi boca fue un esfuerzo hiperconsciente, calculado y editado en tiempo real.
¿Por qué lo hice? Por la simple presión social del consultorio. Uno no paga una sesión de hipnosis regresiva para quedarse callado o decir "no veo nada". El silencio es incómodo. Así que mi ego creador tomó el volante.
"Siento una opresión en el pecho... es como si las ramas del pasado no me dejaran avanzar hacia la luz..."
"A ver, si meto la metáfora de la rama ahora, ato el nudo argumental de la muerte de mamá y me queda un final redondo. Brillante."
4. Jaque Mate a Ximena: La Vulnerabilidad
Aquí radica la ironía más grande de mis sesiones. Supuestamente, el paciente en trance es el sujeto vulnerable, expuesto, con las defensas bajas frente al profesional médico. Sin embargo, sentí todo lo contrario.
Sentí a Ximena profundamente vulnerable. Su método, su profesión, dependían enteramente de que yo creyera en la ilusión. Al no estar en trance, pero fingir los resultados perfectos de uno, yo pasé a tener todo el poder. Quise jugar con ella. Le daba exactamente las respuestas que su marco teórico necesitaba para validarse a sí misma. Cada suspiro mío, cada relato bien estructurado, era un caramelo para su ego profesional.
¿Cómo juzgar esta situación? Fui un mentiroso, sí, pero un mentiroso compasivo y creativo. Construí un puente de ficción para que ella pudiera caminar sobre él y sentirse una profesional exitosa. Nos usamos mutuamente: ella me usó para validar su práctica, y yo la usé a ella como la audiencia cautiva perfecta para mis ejercicios literarios autobiográficos.
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