Páginas vistas desde Diciembre de 2005

martes, 29 de mayo de 2012

El amanecer y una copa de cava fresquito



Participo cada año en la caminata popular que lleva desde el barrio de La Almeda (Cornellà de Llobregat) hasta la abadía de Montserrat. Son unos 54 o 56 kilómetros dependiendo del trayecto trazado. Este año era diferente. La noche del 26 al 27 de mayo me la pasaría caminando como otros años, pero esta vez iría solo. Ninguno de mis compañeros habituales participaba este año por diversas razones. Ello me daría oportunidad de enfrentarme en soledad a la noche, arropado por mis pensamientos y mi esfuerzo.

Salimos a las siete de la tarde y llegamos a las ocho de la mañana a Montserrat, lo que supone unas doce horas andando, descontada una hora para avituallamientos. Mi promedio, cuando camino sin condicionantes, es de 4,3 kilómetros por hora, pero en las primeras etapas de la caminata hube de ir mucho más rápido para no perder el tren del grueso de la marcha en que participaban más de 600 personas. Forcé mi ritmo hasta 5,4 o más kilómetros por hora, lo que me llevó a un gran cansancio físico. Suerte que a media noche, los grupos se habían distanciado y el ritmo se hizo más llevadero y se ajustó a mis pies. Se hizo poco después de la diez noche cerrada. Caminaba alumbrado por mi linterna y seguía la pista de algún grupo que iba delante de mí y que me orientaban con las lucecitas rojas de posición que llevaban en la mochila.

Caminar por la noche, tras asistir al atardecer que va cayendo lentamente, te induce un estado especial, que yo llamaría contemplativo, más yendo solo. Sentía mi camiseta totalmente empapada en sudor así como mi pelo en la nuca. Mis pies funcionaban bien y solo me dolían los dedos especialmente en las bajadas. El cansancio y el sueño en algún momento me asaltaron, pero yo me concentraba en seguir las lucecitas y me despejaba. Cuando pasaba por algún bosque, oía cantar a algunos pájaros solitarios que se saludaban unos a otros. Es una sensación extraña la de oír cantar a los pajarillos por la noche. Tiene mucho de poética, y me llevaba a recordar la retórica de la canción tradicional y los romances en que el ruiseñor acompaña a los enamorados en su canto nocturno. Así en La Celestina en el acto en que Calisto y Melibea se juntan en el huerto de la primera. El silencio de la noche me acompañaba solo contrapunteado por el viento que agitaba las copas de los árboles y el gorjeo de los pajarillos. Uno no tiene muchas ocasiones de caminar por la noche y ello supone un conjunto de percepciones singulares que te sumergen en tu intimidad. Nubes de pensamientos sobre muchas cosas me asaltaban. El instituto, el final de curso, las calificaciones, la crisis... pero todos se disolvían dando un paso tras otro y siguiendo la serie de señales puestas por la organización. Estaba solo pero a la vez me sentía acompañado por los caminantes que iban delante o detrás de mí y que me servían de referencia.

El momento más hermoso de la caminata es cuando llegas a Collbató ante el último avituallamiento y quedan solo seis kilómetros de subida que suponen la parte más exigente y dura pues llevas toda la noche caminando y estás al límite de tus fuerzas. Y es hermoso porque empiezas a subir de noche y asistes, maravillado, al amanecer entre las montañas y las nubes que quedan debajo a medida que vas subiendo. Un paso lleva a otro y poco a poco vas ascendiendo el formidable farallón que es Montserrat. Ves florecillas y sientes cómo los colores del día se van trasfigurando. El cansancio hace mella pero, como he dicho en algún post anterior, dicho cansancio es creativo y te induce una ligereza extraordinaria. Esta vez el camino se desviaba cerca del punto más alto hacia la Santa Cova y ello nos llevó a que hubimos de descender bastante para luego, como era previsible, tener que ascender. La majestuosidad del macizo de Montserrat me cautivaba. Me detenía a hacer fotos de los colores del amanecer, de las diferentes perspectivas de las rocas características del macizo, la Santa Cova, florecillas... La dimensión de la montaña me parecía colosal y yo me sentía pequeño, muy pequeño, pero sabía que iba a llegar hasta el final. Esa mezcla de cansancio, esfuerzo, sudor, respiración acompasada y la visión de la dimensión sobrehumana de la montaña que iba descendiendo y luego ascendiendo me confortaba y me excitaba fibras íntimas de mi ser. Estaba agotado, tenía ganas de llegar, pero vivía aquella última hora como en un rapto de alucinación que me llevaba a ver trasfigurados los colores y las formas. Me paraba y hacía fotos lo que me permitía recuperar algo de aliento, respiraba hondo, me dolía todo, pero sabía que estaba en el lugar justo en que quería estar. Era como si el universo estuviera por una vez todo en su sitio y no dudaba. Era una impresión de centralidad, acompañado de ese maravilloso sol primero de la mañana que cubre de tonalidades doradas toda la realidad. Me sabía en el centro del universo y a la vez notaba mi insignificancia en relación a la montaña que iba ascendiendo poco a poco hasta llegar a través del Vía Crucis que lleva desde la Santa Cova hasta la Abadía. Me invadían simultáneamente la tristeza y la euforia, no sé cómo explicar esa mezcla pero es real. Aquellas dos últimas horas habían sido prodigiosas viviendo el amanecer combinado con el esfuerzo último pero sabía que esta era una edición más de la caminata Almeda-Montserrat. Era mi décima y solo una vez no he conseguido llegar al destino porque me perdí en la noche. Era un año más y aquello marca inexorable el paso del tiempo. Falta un año para la siguiente.



Llegué al puesto de avituallamiento final. Me dieron un diploma con mi nombre que tiré en la primera ocasión que tuve, tomé una copita de cava fresquito y un bocadillo de salchichón con un poco de tomate, y me senté percibiendo el aire refresante que corría en la cumbre. Pocas veces siento más felicidad y paz que cuando llego arriba y me tomo esa copa de cava fresquito y me siento a mirar las rocas inmensas de Montserrat sintiendo un enorme cansancio y dolor en los músculos, a la vez que una profunda sensación de bienestar interior y ligereza que no logran alejar un ala de tristeza que me embarga. Tiene algo de sexual, estoy seguro. Los seres humanos necesitamos de estos retos, de estas profundas experiencias físicas, para sentir el hálito de la vida latiendo en nuestras venas por las que la sangre circula con alegría e ilusión renovadas. 

25 comentarios :

  1. Caminar así, en la medida que da el paso humano en la naturaleza, encierra toda una filosofía si se hace adecuadamente: el encuentro con uno mismo, el encuentro con quien te acompaña -aunque lo hayas conocido unos minutos antes-, el encuentro con la naturaleza -sea esta la que sea: algunas de mis mejores experiencias al respecto las he tenido en los caminos de concentración de Tierra de Campos bajo un sol de justicia-. Caminar así no sé si nos hace mejores o peores, porque todos cargamos con nuestros demonios, pero sé que te da lo oportunidad de crecerte por dentro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y además caminar es sencillo. Todo el mundo está preparado para ello. Unos más y otros menos. El ritmo es adaptable a ti mismo y a tus circunstancias. Hay algo magnético que me atrae en el caminar bajo el sol, bajo las nubes, bajo la lluvia… Creo que la imagen del ser humano como caminante es elemental pero enormemente expresiva. El camino supone una accesis personal. Me ayuda a descargar tensiones. Y me gusta caminar acompañado pero entonces he de prestar atención a la conversación y pierdo matices del paisaje interior y exterior. No me importa caminar solo, aunque tras unos días de soledad es gozoso el encuentro humano con otras voces.

      Eliminar
  2. Una bellísima narración y reflexión acerca de una intensa vivencia física y espiritual, creo yo, que he tenido la oportunidad de experimentar aunque en otro contexto y a una edad bien diferentes.

    A los diecisiete años participé de la peregrinación anual al Santuario de Nuestra Señora de Luján, un recorrido sobre ruta que une la urbe con distintas localidades de la provincia de Buenos Aires sobre una extensión de 57 Km. La noche es especialmente acogedora y una prueba de fuego, tanto en lo físico como en lo psicológico, creo yo. Allí se te hacen presentes las preocupaciones de cada día, como en el sueño, y notas que se van resolviendo al dar el próximo paso bajo el cobijo de la naturaleza que siempre sigue su curso y finalmente amanece.

    Yo aprendí mucho, más que del contacto con la naturaleza, de la enorme cantidad y variedad de peregrinos que se unen para llegar a un mismo destino: se habla de casi un millón de personas. Y de los que me asistieron con mis llagas y mi cansancio nocturno con su apoyo y su luz así como a los que les di una mano.

    Y es cierto que los últimos metros, una vez que ya has vislumbrado tu majestuoso destino como en medio de una alucinación onírica, son los más mortíferos, por ese sabor agridulce que te embarga de llegar a la meta y saber que el disfrute del peregrino concluye hasta la próxima vez. Porque siempre hay una próxima vez según creo. Y la celebración siempre va en torno del alimento que le regalas al cuerpo tanto como el de la vivencia misma que nutre y fortalece al alma. Ningún diploma te agrega nada: yo habría hecho lo mismo con él.

    Estas caminatas se me hacen una clara alegoría de nuestro paso por la vida.

    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Fíjate, Fer, cuando concluí el camino de Santiago (una de las veces), llegué hasta la oficina del peregrino donde se sella finalmente la credencial que has de llevar para alojarte en los albergues del Camino. Es el sello más preciado y los peregrinos hacen cola durante horas para que les extiendan la "Compostela". Yo no la quise a pesar de que unos compañeros peregrinos me avisaron por el celular que estaban a punto de llegar a la mesa donde sellan y extienden el certificado. Me fui a una librería que me gustó y les pedí que me pusieran el sello. Ponía Santiago de Compostela y ya era suficiente. No me gustan los diplomas. Las vivencias son lo más importante. Era la primera vez en muchos años que lo hacía solo. Otros años somos un grupo de diez o doce. No me desagradó la experiencia de la soledad. Me estoy habituando a caminar en soledad y me gusta. En algún momento me puse el MP3 y escuché jazz para aislarme de las conversaciones de la gente. Cuando ya se espació todo, dejé los auriculares y disfruté del silencio de la noche y el canto de las aves nocturnas. ¡Qué misterio evoca la noche! Es algo tan simple y tan inusual… tal como vivimos encerrados en nuestras comodidades. Yo raramente veo amanecer y es un momento que me cautiva, más que el atardecer incluso. ¡Cómo me gustaría vivir en un entorno natural y levantarme muy temprano para ver amanecer!

      Sí, Fer, son una alegoría de nuestro paso por la vida. Creo que lo has expresado con exactitud y esencialidad.

      Un beso.

      Eliminar
  3. Extravagancia: "Qui no ha anat a Montserrat no està ben casat", dice el dicho catalanisimo. No sé si es por ello, pero aún no he subido al monte sagrado, aunque su presencia gaudiesca se me lleva los ojos detrás cuando circulo con el coche en su proximidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A ti te pasa con Montserrat, salvando las distancias, como a mí con Port Aventura. Me he propuesto no poner jamás mis pies allí y tengo a gala no haber pisado aquel parque temático, a pesar de que ha habido innumerables ocasiones que me han propuesto ir en el instituto y amigos.

      Hay que reconocer que la belleza plástica de Montserrat es extraordinaria. Pero subir en las circunstancias con que subo yo en la caminata lo hacen doblemente interesante y hermoso.

      Cuando se produzca la independencia de Catalunya yo tendré muchos puntos con mis subidas a Montserrat. Eso son aromas y lo demás gaitas.

      Eliminar
  4. El esfuerzo nos acerca a nosotros mismos. De repente parece que estás flotando sin más compañía que tú mismo. Me alegro de que haya sido así de intenso. Qué envidia...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Caminar trae siempre consecuencias buenas. Yo no voy muy rápido. Hoy he sabido de quien hizo la caminata en dos horas menos. Yo fui a mi ritmo e incluso algo forzado al principio.

      Y sí, es un buen modo de acercarnos a nosotros mismos.

      Cuanto más camina uno, más le gusta. Es paradójico. O no.

      Eliminar
  5. Es un relato repleto de vida en la que casi he experimentado como propias tus sensaciones.
    Hay que reconocer que la Iglesia Católica fue muy lista dándole vida a estas peregrinaciones y romerías, algunas de origen precristiano, porque sabían que era un buen camino para la transfiguración interior. Un camino hacia afuera pero un camino hacia adentro de uno mismo. Esa la fuerza colosal del Camino de Santiago y la trasnformación que sienten todos aquellos que han tenido la suerte de realizarlo.
    De vez en cuando necesitamos tomar la ruta para redescubrir nuestro lugar en el cosmos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sé si queda claro en mi crónica pero esta caminata es totalmente laica. Está organizada por un club excursionista y no por la parroquia del barrio. A pesar del "santo" destino no nos mueve la motivación religiosa. En sentido estricto, no. Pero es cierto que el esfuerzo, la noche, el camino, el amanecer, el agotamiento, nos abre a nuestro interior que se hace permeable al exterior. Entiendo que es una riqueza maravillosa la que se puede experimentar con algo tan sencillo como caminar.

      He hecho el Camino de Santiago y es cierto lo que piensas sobre él. Todas las veces que lo he hecho he sentido profundamente dejarlo, más la primera vez que lo hice desde Roncesvalles. Llegar a Santiago es un momento de euforia pero también de tristeza porque sabes que aquel camino se ha terminado. Y sí, es una vía hacia el interior.

      Eliminar
    2. Ya thabía entendido que era algo laico. Lo de la Iglesia lo decía solo como ejemplo, ya que ellos fueron los primeros en fomentar este tipo de romerías, algunas quizás de origen anterior, que tanto arraigo tienen en toda España

      Eliminar
  6. Casi me dolían las piernas a mí al final. Así de intensa ha sido la narración de tu etapa nocturna. Me ha gustado porque la he sentido. He podido sentir tus miedos, tus ansias, tus euforias... Y también he saboreado el cava fresquito y el salchichón...
    Estoy de acuerdo contigo con que el ser humano necesita retos. Retos que superar, claro, porque si no los superas, te hundes. A las personas nos gusta demostrarnos que somos fuertes, capaces, invencibles. Y cuando lo logramos, nuestra alma es feliz.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Suelo ir todos los años désde que resido en Canarias de peregrinaje a Teror. Dónde esta la Virgen del Pino.Tambien hacemos la caminata de noche para amanecer en la ermita (después me queda un año para reponerme).La sensación es como la describes.De euforia aveces y, de bajona otras. Montserrat solamente como hospedaje; a mi padre le gustaba muchísimo. Pero no conozco la magneficencia de la caminata ni creo que me pegara esa panzada porque no tengo tu aguante.En el otro post publicaste tu caminata hasta Sitges;por lo que ya estas mas que ejercitado y conoces tus límites.

      Preciosa esta vivencia. Espero que tus músculos ya esten bien descansados. Contento se te nota.Ha valido la pena!

      Saludos Joselu.

      Eliminar
    2. MIguel, cada año que lo hago (y van diez) me pregunto si el año que viene podré hacerlo. Supone incertidumbre. Pueden pasar tantas cosas. Uno de mis compañeros se rompió el tendón de Aquiles y no pudo hacerlo; a otro le han diagnosticado cáncer de próstata; otro tiene problemas en la empresa y tiene que trabajar los fines de semana; otros consideraron que era un esfuerzo brutal que no merecía la pena… Llegar cada año es un reto en muchos sentidos. Quiere decir que la vida va moderadamente bien y que todavía tenemos fuerzas para afrontarlo, jodidos, pero contentos.

      Y sí, camino todos los fines de semana. Las caminatas son tanto más interesante cuanto más largas son.

      Saludos, Miguel. Gracias por tus palabras.

      Eliminar
    3. Bertha, me han hablado mucho los chicharreros de la virgen del Pino que, al parecer, es poco amiga de la Candelaria. Siempre me han sorprendido estas rivalidades regionales.

      Me alegro de que compartamos aficiones y sentimientos.

      ¡Qué maravilla vivir en Canarias! ¿Sabes que es una de mis ilusiones no realizadas?

      Saludos, Bertha.

      Eliminar
  7. Excelente crónica, es como andar ahí, como transportarnos, poco más me hace querer visitar a la Madre Patria, allá los viajes y ceremonias, procesiones, peregrinajes, están dotados de un "no sé qué"

    Saludos y letras.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja, ja, ja, un país de procesiones, peregrinajes y ceremonias. Buena imagen exportamos al exterior… Pero en todo caso, Mikel, la caminata es totalmente laica, no tiene ningún sentido religioso estricto.

      Me temo que el gran escritor que hermanó a Mexico y España fue Valle Inclán. ¿Has leído las Sonatas, es especial la de Verano, que transcurre en Mexico? No sé si por allí conocéis a Valle.

      Él sí sabía mucho de romerías y peregrinaciones.

      Saludos y letras.

      Eliminar
  8. No sé si es real o no el relato, se lee envidiable.Así lo siento también, el caminar pensando, humaniza.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo cierto, Ana, es que fui caminando esa noche. Y lo que cuento es lo que viví o lo que creí vivir lo que no deja de tener su incertidumbre literaria. Porque uno no cuenta las cosas tal como fueron tal vez sino tal como pudieron ser. Y ahí ya no puedo contestarte si es real o no. Tiendo a pensar que sí.

      Un beso.

      Eliminar
    2. ...Si aunque son siete islas estan divididas por dos cabildos.Y eso genera confrontaciones o fricciones.Tenerife,La Palma,Gomera,El Hierro.Lo gestiona Tenerife y su Virgen es la Candelaria.Luego tenemos:Gran Canaria, Fuerteventura,Lanzarote y una mas que le llaman La Graciosa.Estas su sede primcipal la tienen en Gran Canaria y, su patrona es la Virgen del Pino.-En todos los sitios cuecen habas el sitio ideal no existe, pero si, por el clima jejeje.

      Saludos.

      Eliminar
  9. Eres cruel, Joselu. ¡Qué envidia! Esto no se hace.

    ResponderEliminar
  10. Me das envidia por no poder yo percibir el placer del cansancio y por las percepciones verdaderas o falsas que te da esa experiencia y que deben de ser mágicas... Nunca he sentido una cosa parecida.

    ResponderEliminar
  11. Si me causa envidia tu experiencia es por no poder experimentar en mi cuerpo esa sensación del bienestar del cansancio y de percepciones verdaeras o falsas que se convierten en mágicas. Un abrazo.Lola

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Desde siempre he sido muy propenso a los estados contemplativos en que la conciencia se sumerge en algo más grande que tú mismo. No sabría cómo explicarlo. Creo que es real todo lo que nuestra conciencia experimenta. Así los sueños, las percepciones extrasensoriales, las intuiciones místicas, las imágenes hipnagógicas… Sin creer nada en el esoterismo, pienso que la conciencia permite estados especiales. Tú una vez creo que utilizaste el término insight para explicarlos. Digamos que la caminata es una experiencia común para centenares de personas que participan en ella y que no tiene mayor trascendencia que la justa. Yo lo veo de otra manera, y en ello se mezcla mi tendencia a la literaturización y al misticismo. Si es falso o verdadero… para mí no es importante. Pero lo cierto es que se convierte en mágico. Eso sí que es verdad. Un fuerte abrazo, Lola.

      Eliminar
  12. ¡Qué rabia y envidia! Yo este año no la hice porque tras plantones de amigos me echaba para atrás empezarla solo (acabarla solo es otra cosa) y no he tardado más que dos días en arrepentirme!

    Enhorabuena por haberla completado un año más

    ResponderEliminar

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...