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miércoles, 17 de enero de 2007

Madeleine Z.


Madeleine Z, una enferma de sesenta y nueve años, que padecía una enfermedad progresivamente paralizante, se ha quitado la vida durmiéndose, dulcemente, acompañada por dos voluntarios de la asociación Derecho a Morir Dignamente. Madeleine vivía sola y sufría intensos dolores y cada vez sus músculos le respondían peor. La enfermedad –esclerosis lateral amiotrófica (ELA)- le fue diagnosticada en el año 2003. Cuando supo lo que padecía y las perspectivas nulas de curación que tenía su enfermedad empezó a pensar cada noche y cada día en cómo suicidarse. No quería convertirse en un vegetal ni ser absolutamente dependiente en una residencia para que le vinieran a limpiar el culo. Es una enfermedad en que se pierde el control de los músculos motores pero que no afecta a la lucidez mental. Una tortura desesperante y sin salida, según lo veía Madeleine.

Por fin, la noche del doce de enero, tras las navidades para no molestar, Madeleine ingirió un cóctel letal de fármacos. Son medicamentos legales pero que combinados producen la muerte. Figuran en la Guía de autoliberación elaborada por médicos y juristas. La asistencia a la muerte de un suicida en España no es delito siempre que no se le hayan facilitado los instrumentos para realizarlo o se le haya instigado a quitarse la vida. No era esta la situación de Madeleine, que estaba firmemente convencida de su propósito.

No es un proceso banal el que lleva a alguien a quitarse la vida. De hecho es una salida minoritaria en los países en que el suicidio asistido está despenalizado. Sólo un 0,3 por ciento de los enfermos optan por esta salida, generalmente son enfermos de cáncer o afectados por enfermedades degenerativas neuromusculares. La asociación Derecho a Morir Dignamente lleva a cabo una intensa investigación sobre la voluntad de la persona. Sólo en el caso de no haber ninguna duda sobre las intenciones formuladas claramente por el enfermo, se le presta asistencia en el momento de morir, así como asesoramiento psicológico.

Este caso como otros similares logran conmoverme. La publicación de la noticia en el diario El País el 17 de enero ha abierto un emotivo debate en el que han intervenido centenares de comentaristas. En general la actitud es de respeto por la decisión de Madeleine y se elogia su lucidez y su valentía. Algunos escritos reflejan vivencias de personas que han vivido de cerca el ELA. Sus seres queridos terminaron convertidos en muñecos de trapo. Estos son los que más valoran la opción de nuestra protagonista. Se impone la opinión de que nadie tiene derecho a juzgar la decisión tomada en unas circunstancias que hay que haber vivido para comprenderlas.

El caso de Madeleine viene en la senda que abrió Ramón Sampedro y que tan magníficamente fue llevado a la pantalla en la película Mar adentro. La sociedad española está más madura de lo que parece para enfrentarse a un debate como éste. Nadie puede tomar el control de nuestras vidas. Ante un final terrible, con padecimientos físicos y psíquicos horrorosos, sin perspectiva alguna, uno, cada ser humano, ha de sentirse libre para optar, si lo desea, por una muerte digna. No es una decisión fácil. Una vez en posesión de los fármacos letales, la mayoría de los enfermos no optan por tomarlos alegremente. Poseerlos les proporciona una sensación de control de sus vidas.

Me imagino en una situación semejante y no me cabe la menor duda de que procuraría resistir todo lo que pudiera, pero si llegara la enfermedad a un grado de insoportabilidad física o de dependencia absoluta sin solución, me plantearía muy seriamente la posibilidad de una salida semejante. Igual que si un día me viera diagnosticado de Alzheimer sin remisión. Entonces, con plena conciencia de mis actos, probablemente optaría por una muerte digna.

Allá donde estés -Madeleine bromeaba diciendo que estaría en el cielo en forma de nube regordeta- recibe nuestro respeto y nuestra simpatía. No quisiste convertirte en una carga para nadie. Te has ido sin molestar tras una vida vivida intensamente. Estamos contigo. Pensaremos en ti y celebraremos tu liberación. Esperamos que tu caso y otros semejantes abra un debate político en que, como en otros países europeos, la eutanasia deje de ser un tabú. A nadie tampoco puede obligársele. Es una decisión absolutamente libre, pero aquellos que opten por ella merecen nuestro respeto y admiración. Igual que aquellos que, a pesar de todo, opten por vivir, lo que no deja de ser también extraordinamente respetable, siempre que sea haga con plena conciencia. Nadie puede meterse en la intimidad de decisiones como estas.

14 comentarios :

  1. Un post lleva a otro. Fíjate la cantidad de gente que murió en la época de Pico della Mirandola gracias al empeño de una iglesia que los 'suicidaba' sistemáticamente. Ahora los herederos de la Inquisición se erigen en depositarios de la dignidad humana y condenan la eutanasia (que si fuese sacramental, repartirían con gusto). Y que me disculpen los creyentes...

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  2. Hace ya muchos años que el tema de la muerte digna está en nuestras conversaciones familiares.
    Morir, cuando uno está atado a la enfermedad, es a veces la única salida. Yo no sé si seré tan valiente como tú de luchar -como dices-. Yo, que he vivido la enfermedad en la persona de mi padre, sé que sucumbiré. Por eso, me alivia saber que hay quien está para ayudar.
    ¡Cuánta entereza la de Madeleine! ¡

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  3. Yo creo que también hubiese resistido hasta el final.
    Te recomiendo el libro "Martes con mi viejo profesor" de Mitch Albom. Habla sobre la relación que un ex alumno entabla con un antiguo profesor que se va apagando poco a poco, precisamente por el ELA.
    Explica muy bien la evolución de la enfermedad, y quizás lo que más te interese, como un alumno recuerda las vivencias de aula y retoma el contacto con un profesor que le marcó.
    Por cierto, el final de mi último post fue que él se marchó de este mundo, al igual que Madeleine; coincidiendo con la muerte de Katherin Herburd.

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  4. La verdad es que no hay quien los entienda. Me refiero a los religiosos que se creen en el derecho a decidir por ellos y por ti.

    Si lo que nos espera después de la muerte es otra vida, según ellos, lo único que hace quien decide morir con dignidad es acortar los trámites. Para mí que son amigos de la burocracia, son los funcionarios del cielo en la tierra y quieren que rellenemos todas las instancias antes de marcharnos, incluso esa que algunos les toca del sufrimiento extremo.

    No entiendo que ningún creyente se deba ofender por las opiniones aquí vertidas, porque se debe creer en una trascendencia de esta vida material y no en la política religiosa que aplican los diferentes cultos.

    Lo que más me rebela de este asunto es que aún se piensen que pueden decidir por los demás. Aunque estoy seguro que muchos católicos cuando les toque un caso como el de Madeleine de cerca, cambiarán de opinión. Si existiera un dios no podría sen tan cruel como para condenarnos a morir sin dignidad.

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  5. ES un tema demasiado difícil y polémico.
    Lamento disentir con todos los preopinantes sobre todo por el autoritarismo con que se expresan.
    La decisiòn de Madeleine, debe ser respetada, por respeto a ella,pero mientras hay vida hay esperanza, y el coraje de vivir debe ser tambien valorado.
    Un abrazo, amigo

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  6. Es el último intento de demostrar que, por lo menos su muerte, la controlan.

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  7. Ciertamente es un tema polémico. Pero ante todo, debe primar la libertad del ser humano a decidir qué clase de vida quiere vivir y qué clse de muerte quiere morir.

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  8. ¿Autoritarismo? (1. m. Sistema fundado primariamente en el principio de autoridad. 2. m. Actitud de quien ejerce con exceso su autoridad. 3. m. Régimen autoritario.)
    La definición del diccionario no concuerda con ninguna de las opiniones aquí expresadas. En todo caso sí es autoritario que decidan, desde una moral religiosa o prerrogativa estatal, que tu vida no te pertenece. Las leyes deben cambiar.

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  9. Al amigo Fmop, le sugiero que actualice su diccionario.
    Autoritarismo es mucho más que tres definiciones.
    "Muchas veces los discursos intentan ocultar en sus enunciados lo que termina mostrándose de un modo u otro con claridad irremediable: la ideología.
    Es la imposición del pensamiento hegemónico.
    En algunas escuelas persisten discursos y prácticas contrarias al diálogo, que perfilan una realidad asfixiante en la cual, en vez de incluir al otro y respetar la diferencia, se excluye"(Angela Pradelli)(Clarín).
    Perdón Joselu por la invasiòn de tu espacio.
    Un abrazo.

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  10. Me afectó mucho la película inspirada por Sampedro. No es algo en lo que pensemos con profundidad quienes estamos sanos y podemos precisar del libre albedrío para tomar esas decisiones. Pero, por otro lado, era interesante la escena en que él se debatía con otro minusválido religioso (y de punto de vista opuesto) los asuntos de vida y muerte. Esa puerta hacia la muerte siempre está ahí, pero también hay argumentos para la vida. Importa mucho que un punto de vista no se imponga sobre el otro.

    ¿Es posible una cultura apreciativa de la vida que no deje de ser inclusiva de los derechos más íntimos del ser humano?


    Ver mi Libro abierto

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  11. Señor Rodolfo:

    Por el camino elegido nos podemos volver todos majarones. No es "mi" diccionario. Es el DRAE. Una fuente común, si le parece.

    Dice usted "Es la imposición del pensamiento hegemónico". Me quiere explicar cuál ha sido ese "pensamiento hegemónico" respecto a la eutanasia en la cultura judeo-cristiana. Me parece que el contrario de aquellos que abogan por una muerte digna.

    No le pido a nadie ni le obligo a que se quite la vida, pero defiendo su derecho a decidir sobre su muerte, o a quién le tenemos que rendir cuentas. Personalmente a nadie más allá de quienes puedan sentir apego hacia mí.

    Y estoy de acuerdo en algo: respetar la diferencia. A ver si respetan la de quienes no quieren seguir viviendo.

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  12. Yo siempre me he imaginado mi propia muerte, si no me sobreviene por accidente, como una decisión propia: cuando llegue el momento en que esté a punto de quedarme absolutamente lelo, que no pueda decidir por mí sobre mí, ¡quiero que me dejen solo al borde de un barranco en una sierra frondosa! De más joven compuse un atrevido poema en que relataba mi muerte en ese escenario y cómo me devoraban las aves carroñeras: Vivo volveré para ti/en los ciclos tenaces del tiempo/ cuando la sombra del buitre/se perfile contra los riscos..., recuerdo que comenzaba, más o menos, porque lo he perdido. El caso es que, años más tarde, descubrí que esa muerte era un ritual tradicional en el Tíbet, donde diseccionan el cadáver para que las aves de presa lo devoren... No es incompatible la sed de vida, el ansia extrema de ella, con una muerte elegida. ¿No decían los existencialistas que la libertad es la capacidad de elegir?

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  13. Acabo de volver de la montaña después de una fuerte travesía por el Pirineo sin nieve y cuando he actualizado me he encontrado varios mensajes que mantenían un encendido y vivo diálogo. Ambos, Fmop y Rodolfo Natiello son habituales amigos de este blog, por lo que he visto con cierta preocupación la diatriba. El terreno de la eutanasia no es fácil. Entiendo los motivos de ambos, y estos días he leído argumentos tanto a favor como en contra de eso que hemos venido a llamar "muerte digna". Sin duda hay muchos motivos para aferrarse a la vida y no aceptar ideas que favorezcan el suicidio asistido que no deja de ser terreno resbaladizo. Yo lo que sé es que en caso de enfermedad terminal sin solución, yo pediría ayuda. Ahora hay muchos sistemas médicos para prolongar el estado agónico, lo que no pasaba en otras épocas en las que la muerte resultaba más inmediata y natural. No quiero ser mantenido vivo artificialmente. Voy a hacer un testamento vital en que figure mi decisión. Además si yo no pudiera en caso de un declive terrible y doloroso me gustaría que hubiera una mano amiga que me ayudara a ese tránsito que no tiene por qué ser indigno. Amigos Francisco y Rodolfo, gracias por vuestras palabras. El debate sigue vivo. En cuanto a mi amigo Juan Poz, creo que hay una película bellísima que usted conoce titulada La balada de Narayama, que expone maravillosamente lo que usted dice. Un cordial saludo a todos.

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