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viernes, 17 de marzo de 2006

Hip hop en las aulas


Uno está acostumbrado a lidiar con adolescentes y a observar sus tendencias, aficiones y gustos. Cuando hacen un examen es una ocasión perfecta para atisbar discretamente su modo de comportarse y estar. Ves su modo de sentarse, totalmente desganado, apoyando sólo una parte del trasero y dejándose caer en cascada hasta el suelo; ves su tendencia a entrar algunos con gorras, bragas, gorritos de lana; su afición a mascar chicle; la moda de los pantalones bajos de cintura a veces con resultados espectaculares; su afición a la tecnología del movil, mp3, chat; su gusto extremado por escribir su nombre de las formas más variadas y rocambolescas.

Esto último es el llamado tagging, escribir tu nombre con un solo color o con varios en diseños osados y llamativos. Están llenos de tags sus cuadernos, carpetas, hojas que pintan cuando han acabado un examen si no tienen mucho que decir… Es una epidemia que ya dura varios años y que parece ser calificada de cultura hip-hop, una especie de tendencia urbana que lucha contra lo establecido, las normas, el orden; parece ser una especie de reivindicación de la libertad pura.

El tag es una variante del graffiti que viene, como casi todo, de los Estados Unidos. Hacia los años setenta comenzó en Nueva York. Un americano de origen griego empezó a escribir su tag que era TAKI 183 en distintos lugares con un rotulador. El New York Times se hizo eco del graffitero y la moda se extendió como la pólvora. Posteriormente se utilizaron botes de aerosol para hacerlos más grandes y vistosos. En el tag no cuenta excesivamente la dimensión estética. Se valora más la audacia y la abundancia de firmas. Así se multiplicaron las pintadas en lugares prohibidos, especialmente en el metro y lugares de difícil acceso. La tendencia no se quedó ahí y salió a la superficie, y desde entonces los entornos urbanos son el escaparate de los graffiteros y taggeros de toda índole que han conformado nuestro paisaje sin dejar edificio, valla, estación, tren de cercanías sin ser decorado con muestras de este llamado arte popular.

¿Es arte el tag y el graffiti? Mi instituto imparte el bachillerato en su modalidad de Artes y para los profesores y alumnos que allí trabajan no hay ninguna duda y ésta sería una tendencia del popular art de los años pasados, presentes y venideros para desgracia del mobiliario urbano, líneas de tranporte, edificios rehabilitados, mesas de institutos, váteres, etc.

¿Qué placer hay en dejar tu propia firma en algún sitio? ¿Es una especie de reivindicación del ego que deja constancia de su existencia por doquier? ¿Es una forma de lucha contra el sistema y que impone otra estética? Los grafiteros no quieren que se les aplauda, no son amigos de que les dejen paredes para pintar. Luchan contra la censura, reivindican una libertad absoluta de creación, de estar ahí presentes, de dejar la propia firma de modo ilegal. Algunos han conseguido ser considerado artistas que han entrado en los principales museos. Por ejemplo Keith Haring, (1958-1991), hijo del pop art de Warhol, los dibujos de Disney, de la era de la televisión, del vídeo, de los robots, de la música disco, del rap, del sexo, las drogas…en el ambiente vivo artísticamente del Nueva York de los 70 y 80. Haring enlazó con la generación beat por su ideas y por su amistad con William Burroughs. En su ideología buscaba una alternativa al sistema capitalista americano. Sus acciones eran una forma de luchar contra el poder del dinero. Pintó en el metro de Nueva York, participó en un mural en 1986 con motivo del aniversario de la estatua de la Libertad en la que dibujaron 900 niños, pintó asimismo un mural en el muro de Berlín en su lado oriental, tres años antes de su caída. En pleno apogeo de su prestigio le fue diagnosticado el SIDA y muchas de sus pintadas tienen este tema por su implicación personal en la lucha solidaria contra la enfermedad. Bastantes de sus creaciones se conservan en museos pero otras se han perdido por el carácter temporal que tiene el graffiti en las paredes públicas. Murió a los 31 años considerado como un importante artista que había abierto nuevos caminos en el arte de finales del siglo XX.

Nuestros alumnos son indolentes, parecen cansados a todas horas, no tienen ganas de trabajar… pero hay algo que les motiva, que les sale de dentro y esto es fantasear con su nombre en cualquier espacio libre, en cualquier momento que tenga a su disposición.¿De dónde sale esta pasión por algo que es considerado como una tendencia contemporánea de las más importantes en los últimos treinta años? ¿Es la cultura hip hop y el rap aplicado en nuestras coordenadas? ¿Hay algo más detrás? ¿Es una forma inconsciente de protestar contra un estilo de sociedad, contra un sistema de enseñanza que les aburre solemnemente? ¿Es la suprema manifestación de la pereza y la melancolía unidas?

8 comentarios :

  1. Es llamar la atención. Dejar la huella. Distinguirse a través de la autopublicidad en un mundo de iconos y de anuncios. Y, quizás, por qué no, de narcicismo.

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  2. Habría que asumir que ellos son los primeros en ignorarlo. Y preguntarnos, también, a nosotros mismos, por si acaso (¿quién no ha dejado una pintada alguna vez, en algún sitio; o ha leído con placer esas ráfagas de ingenio que brotan en las grietas de cualquier espacio cotidiano?). Es cierto que hay distancia (no sé si abismal) entre la pintada clásica, que tiende a ser anónima, y ese dejar escrito el nombre, que reduce el mensaje a la huella, lo más vistosa posible, del emisor. Al no decir nada, se salvaguarda el pudor, se esquiva el miedo al ridículo —y uno queda, imagino que gozosamente, al margen de cualquier ideología. Un mensaje sin mensaje, depuración de aquél "Fulano estuvo aquí" a un simple "Fulano". Es la equis de la generación equis, y de las que vengan: eso que no saben explicar ni decir, y que quizá algo tenga de resistencia a aceptar que lo que les pasa es lo que ya pasó, que son iguales en lo esencial a los que vivieron antes que ellos: que no sólo ellos, también sus sentimientos tienen nombre.

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  3. "que son iguales en lo esencial a los que vivieron antes que ellos: que no sólo ellos, también sus sentimientos tienen nombre."
    Yo creo que eso es exactamente lo que no quieren impugnar con sus garabatos desgarbados: la pereza para distinguirse. Escribir es siempre reescribir, como inventar es reinventar. ¡Si al menos inauguraran una tradición, como hizo el dadaísmo! Pero no, la firma destaca más la ausencia del discurso y se acerca al concurso, a la pura exhibición del ego "ne-scio", y orgulloso de serlo. Querernos reducir a una palabra, sintetizarnos en una secuencia de fonemas arbitrarios es viajar hacia atrás en el tiempo, ¡muy hacia atrás! ¡Da vértigo, el solo hecho de imaginárselo! ¿Por qué me viene a la memoria uno de los poemas de Unamuno a Altamira...?
    Muchos de los grafittis desdichados -los que se desdicen, porque callan- que ensucian nuestro alrededor están escritos con tinta de botellón, con sangría, en vez de con sangre, que es la materia noble del decir... ¡Vaya por Baco, ya me he puesto lírico perdío...!

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  4. Escolio dubitativo: ¿Hip y hop son onomatopeyas de la resaca?

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  5. Pues a mí se me antoja que tras esa pereza hay una conciencia subterránea de la propia inanidad. Para decir tonterías, mejor no decir nada. Como autocrítica, no es mal comienzo. Por citar a un antepasado más elocuente:

    No sé si estoy en lo cierto,
    lo cierto es que estoy aquí;
    otros por menos se han muerto.
    Maneras de vivir...

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  6. En mi siguiente post abordo algo que podría enlazar con lo dicho y con vuestros interesantes matices. En un mundo cambiante, fragmentario, sin consistencia, hecho a base de imágenes vertiginosas la única marca que queda del yo que lo vive de manera angustiosa aunque sin darse cuenta es el tag, la firma que no dice nada. Sólo que estoy aquí, que existo.

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  7. "Para decir tonterías, mejor no decir nada"
    .................................
    ¡La vida daría, por tener alumnos que hubieran llegado a esa bendita conclusión! ¿Existe en ellos ese grado tan elevado de reflexión? Dejo de lado las honrosas excepciones que aún nos mantienen al pie del cañón, claro está.

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  8. Joselu, veo que te pasas el día despidiendote...

    Está bien mientras no sea de verdad.

    V.

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