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jueves, 9 de mayo de 2013

Reflexiones sobre la huelga general en la enseñanza



Hoy es día de huelga general en la educación pública y concertada tanto para alumnos como para profesores. El ambiente en mi instituto es poco propicio a las movilizaciones reivindicativas, lo que se notó en la asamblea minoritaria que se celebró para ver el estado de opinión de los profesores. Asistimos apenas un quince por ciento de los profesores y personal administrativo. El tono de la asamblea era resignado  por el escaso eco que había tenido la convocatoria. El año pasado había reuniones semanales los miércoles pero tuvieron que desconvocarse por la cada vez más minoritaria asistencia de los compañeros.

Hoy la inmensa mayoría están en el instituto sea por motivos económicos y que no le descuenten un día de huelga sea por la certeza de que no sirven para nada las movilizaciones.

Los alumnos tampoco están concienciados para nada. Tuve ocasión de asistir a un conato de debate sobre la convocatoria de huelga en un cuarto de la ESO. La delegada se desgañitaba queriendo saber qué es lo que pensaban sus compañeros sobre los motivos que les llevaban a la huelga (mayoritaria y total). Lo único que fui capaz de escuchar entre el griterío caótico es que querían dormir, y lo demás ni les importaba un pito, ni sabían de qué se trataba ni les interesaba informarse. Así en este sentido han sido seguidas todas las huelgas por parte de los alumnos este año. Con entusiasmo para perder un día o tres de clase y quedarse a dormir.

Me gustaría ofrecer otro panorama de la realidad, pero esto es lo que tengo a mi alcance. Las individualidades con motivación clara de lo que están haciendo son ínfima minoría tanto entre los profesores como entre los alumnos. Se ha oído hablar de la LOMCE y lo que significa pero no se siente un espíritu que salga como un resorte en defensa de la enseñanza pública y su papel dentro de la sociedad. Yo no he asistido a un debate serio en mi instituto sobre lo que supondrá la citada LOMCE en nuestra tarea diaria y en la realidad de nuestros alumnos. Se prevé ciertamente que se acaba la escuela como entorno educativo prospectivo y experimental pues todo habrá de conducir a las reválidas de nivel para las que nuestros alumnos habrán de estarse preparando durante toda la etapa de primaria, de la ESO y de bachillerato en una confrontación total con la filosofía educativa que ha informado el sistema educativo durante veinte años que era fundamentalmente igualadora por debajo. Algunos centros situados en zonas difíciles nos hemos descolgado de los niveles de excelencia por la realidad del entorno social que nos alimenta, y la LOMCE por su espíritu competitivo acentuará nuestro hundimiento pedagógico y social. Si se nos mide por los resultados de nuestros alumnos, hay algunos que quedaremos desahuciados sin posible remisión.

Imagino que la LOMCE viene a enfrentarse a una filosofía educativa basada en el aprender a aprender de carácter comprensivo, que esquivaba la asimilación de conocimientos por la adquisición de destrezas y competencias... Se entendía que había que impulsar más el desarrollo de una predisposición al aprendizaje que el llenado de la mente con datos que están al alcance de cualquiera que tenga un terminal con google.

El resultado, a lo que veo yo, de esta filosofía pedagógica en un entorno humano y social frágil como el que estoy yo, ha sido totalmente desmotivador hacia el aprendizaje. Apenas un diez o quince por ciento de los alumnos están realmente comprometidos con las tareas y el estudio, dominando la desidia y el desinterés por las distintas materias. Y desde luego es un mito que hayan aprendido a aprender con nuestro planteamiento pedagógico que debía propender a hacer una actividad divertida y lúdica el hecho de estar en un instituto.

¿Es la solución la LOMCE que establece reválidas de nivel en cada etapa? ¿Invertirá este estado la realidad apática que estoy viviendo entre la mayoría de mis alumnos que vienen al instituto a todo menos a estudiar? ¿Cómo se encauzará el volumen de fracaso que generará teniendo en cuenta que nuestro nivel actual es casi insoportable (un 30 por ciento no promocionan la ESO)? ¿Qué pasará con los institutos en áreas frágiles socialmente y que se verán hundidos en los rankings que se establecerán en relación a la excelencia?

No sé, yo no veo debate a ningún nivel. Hay muchos temas medulares sumamente conflictivos y los profesores nos hemos acostumbrado a ser piezas intercambiables y fungibles a las que nunca se les ha pedido su opinión para nada y sigue sin tenérseles en cuenta. Es comprensible un ambiente de derrotismo, de negativismo, de impotencia en un debate en el que nos sabemos totalmente fuera de lugar, primero por nuestra renuncia a participar en la realidad sindical organizada así como al entreguismo de los sindicatos que tienen otras prioridades que escuchar a los profesores que, por otra parte, no tienen una opinión fundada acerca de nada o tan múltiple y dispersa que los condena a la inacción y a la renuncia, sabiendo también de antemano que la política educativa y general que impera, de la que será difícil salir, es la de la privatización, la de aplicación de criterios de gerencia en la escuela, en la sanidad, en todo lo que signifique espacio público al que se condena desde el poder a ser meramente subsidiario y asistencial.

Para más inri estos días se han oído voces en la administración catalana de grupos de estudio que proponían eliminar la función pública salvo en la policía y otros grupos de autoridad, lo que supondría la supresión de los funcionarios de educación, sanidad, etc...

No hay día que no oigamos algo más terrorífico que el día anterior, y, en consecuencia, estamos paralizados, apáticos, desmotivados, pensando aquello de “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. 

14 comentarios :

  1. Un profesorado cuya razón de no hacer huelga es "que no le recorten un dia de salario" ( y es el argumento más escuchado)... se merece cualquier cosa. Y eso recibirá.

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    1. Lo más inquietante, Serenus, es que son los más jóvenes profesores (en torno a la treintena) los más desacoplados del movimiento reivindicativo, que es impulsado sobre todo por profesores veteranos. Esto me desconcierta e infunde temor. El colectivo de profesores es una entelequia, no existe, solo hay individualidades y defensa de intereses sectoriales. No existe un espíritu colectivo en ningún caso.

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  2. Que descorazonador es todo lo que cuentas en este post. ¿Adonde nos dirigimos?
    Un abrazo.

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  3. Saludos, Joselu. Pienso, a la vez que leo tu reflexión, en que las huelgas maximalistas, con soflamas generales, no funcionan. De hecho, no creo que nunca hayan realmente funcionado nunca. Ya solo creo en demandas de bajo espectro pero necesidad real. Así nacieron los movimientos obreros, como respuesta a las necesidades de unos cuantos que estaban hasta las narices. Así nació, por ejemplo, la Plataforma contra los Desahucios. Ese es el modelo de vindicación futurible. El formato clásico de sindicato nacional ya no es fiable, no genera confianza. Yo hace unos años que dejé de secundar huelgas.

    Respecto a nuestra profesión, hay ruido y pocas nueces; hay voces dispares, sensibilidades de todo gusto. No somos el sector más herido por la crisis, vemos el lobo a lo lejos. Observo mucho discurso moralista a favor de la escuela pública, camuflado de miedos personales. Y quien defiende un discurso global, lo hace desde el púlpito de su ideología, anclado en un maniqueísmo sordo a la complejidad del momento.

    La educación es un asunto político que debiera arbitrarse desde el consenso. Desde que nació nuestra democracia ha estado en manos de uno u otro grupo político, vestida y desvestida a gusto del sastre de turno. Y el sentido común, la voluntad de acuerdo, de un consenso social sano y perdurable, brilla por su ausencia.

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  4. En nuestro centro han hecho huelga 14 de 56 profesores de la plantilla. Yo no la he hecho, y entre las razones de peso está mi oposición al sistema educativo de imposición monolingüe frente al trilingüismo (castellano, catalán inglés) que me parece más necesario y, sobre todo, respetuoso con los derechos de los ciudadanos. Podría añadir otras razones, entre las que no sería la menor el desinterés político por la verdadera educación y la oposición al sistema actual, heredero de la LOGSE de nefasta aplicación y cuyos resultados ya hemos comenzado a ver en oposiciones como la de magisterio de hace pocas semanas.
    No creo que las competencias estén reñidas con el conocimiento, porque sin la adquisición de algunas de ellas sobre todo la comunicativa, es difícil acceder al conocimiento. Y tampoco me parece mal la implantación de las reválidas, porque, de hecho, es el estado central el que tiene que garantizar qué significa la titulación que reciben los alumnos a nivel estatal. Ahora mism, hay alumnos que reciben el Graduado Escolar habiendo suspendido 5 asignaturas, por ejemplo.
    Perseguir la excelencia es un objetivo loable, pero es evidente que las situaciones sociales de partida condicionan los resultados de los alumnos, de ahí la clasificación de centros: A, B, C. El mío es un CAE (Centro de Atención Especial), lo cual significa que los resultados que se me pueden exigir en modo alguno son parangonables con los del grupo A. Eso sí, ello no quiere decir que yo no me haya de esforzar en obtener resultados que vayan mejorando los niveles de partida de nuestros alumnos, a pesar de que es desesperante lo poco que podemos conseguir, dado que en ciertos centros aún la consolidación de hábitos intelectuales mínimos forman parte de los objetivos de centro.

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  5. Uno de los problemas con las reformas en la educación que hemos tenido desde hace años es que los debates se centran en dos o tres aspectos "ideológicos" pero las claves fundamentales han seguido la misma evolución, tanto con el PSOE como con el PP. Ambos partidos se han caracterizado por no apostar de verdad en la educación pública como futuro del país. Aunque se le nota menos al PSOE, por supuesto, tampoco ha tenido una decicida acción en este sentido. Así estamos ahora. En el fondo, es como si hubiera un pacto no escrito entre ambos en una deriva de mínimos...

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  6. Estimados compañeros:

    Poco puedo añadir al texto de Joselu ni a los comentarios de los demás participantes. En mi instituto han secundado el paro 12 profesores de 68 y la mayoría de los alumnos han tenido su deseado día libre.

    Lo que me duele es que la clase política (gobierno y oposición, indistintamente en los últimos 30 años) ha encontrado en la enseñanza un campo de batalla incruento. Los sindicatos han recurrido cómodamente a nuestro sector para echar pulsos políticos... y mientras la enseñanza, tal y como muchos la podríamos desear, cada vez está más lejos.

    Comparto el desencanto general en todos los sentidos.

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  7. Hace falta una reválida pero entre el profesorado: estoy seguro de que más del 80% no se leyeron la LOGSE ni la LOE, ni tampoco piensan leerse la LOMCE. En los claustros la única revolución vendría cuando alguien nos obligase a salir de la rutina (de hecho, los que no hacen huelga no la hacen por rutina, y los que la hacemos, también).

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  8. Me gustaría opinar también:
    Yo soy profesor interino, y no he hecho huelga. Soy de Física y química en la Comunidad Valenciana, llevo cinco años trabajando y ahora mismo además de mi especialidad doy informática en 1º de Bachillerato como buenamente puedo, además estoy a tiempo parcial. Necesito el dinero, porque es probable que el año que viene no vaya a trabajar. Una huelga, sinceramente, no me parece que vaya a servir de nada. Y la sensación en mi centro es que a todo el mundo le da igual. Yo personalmente, prefiero preocuparme de otras cosas, no porque la educación no me parezca importante, sino porque no veo que pueda hacer nada. Pues sí, derrotismo total, y también intento ser práctico, tengo que buscar otra cosa para sobrevivir, y no puedo estar todo el tiempo quejándome.
    Bueno, sólo quería aportar un punto de vista, ¡un saludo!

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  9. He ido a la huelga hoy, aunque solo sea por coherencia personal. Me conozco y quiero poder conciliar el sueño tranquilamente por la noche.
    En el insti en que trabajo, los números son como los que tú, Joselu, ofreces. O peor. A la asamblea que convocó nuestro común amigo Dino, acudimos apenas un puñado.
    Tirando de ironía (que, si no, se me tuerce el gesto en un rictus de amargura), la suerte está en que, si son la policía y otros grupos de autoridad los escogidos para la supervivencia de la especie funcionarial, a nosotros, docentes, no hace tanto que nos declararon autoridad.

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  10. A mi lo que me mosquea es que cuando cambia un gobierno siempre hay estos "cristos", de ello deduzco que la Educación no se toma en serio y es otro acto partidista lo cual me repugna y me hace comprender el fracaso del sistema.

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  11. No me dedico a la docencia y por tanto mi opinión tiene poco valor, pero, desde fuera, la situación que veo es:
    - Cada gobierno ha querido hacer una reforma de la educación, que a mi modesto, entender la ha dejado peor que estaba.
    - Los malos resultados creo que son una consecuencia de OTRO PROBLEMA, no el problema.
    - En este país nos hemos empeñado en tener un "título", cosa que me parece perfecta, pero sería bueno que los titulados también supieran algo. El título permite acceder a niveles de trabajo superiores, así que mucho ojo con que mi hij@ lo suspendan (porque no tienen ni idea), porque le están marginando.
    - Aparte de la familia y la "escuela" los chavales reciben una educación (creo que más intensa) por otras vías. Una de ellas es la TV y cuando uno ve los programas, empieza a entender por qué pasa lo que pasa.
    - Los mayores, en nuestras diferentes facetas, no digamos los políticos, dirigentes empresariales, personas célebres no dan un ejemplo precisamente edificante,(con todas las excepciones que se quiera, que son poco visibles y si lo son se les toma por "tontos")
    - Nos hemos resignado a este estado de cosas. Tampoco tenemos clara una alternativa ilusionante organizada

    Buen fin de semana

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  12. Yo, la verdad, soy poco dado a las huelgas porque me parece que están todas, o casi todas, politizadas. Yo soy enseñante. Y esto no implica tener que militar en partido político alguno. Pero ayer hice huelga. Y la hice por rabia. Por impotencia. A mi mujer le han suprimido la plaza de forma unilateral y atroz. Y esto me da rabia. Y mi pataleta ha sido no ir al trabajo. Mi conciencia ha quedado en paz. Pero esto no vale para nada. Es algo individual y las huelgas son algo universal: todos contra la LOMCE. Y yo qué sé si lo que nos viene es mejor o peor que lo que tenemos ahora... Oigo voces agoreras de los agoreros de turno. Y veo la realidad. Nadie nos librará de tener que enfrentarnos a pecho descubierto con un puñado (más o menos numeroso) de alumnos con personalidades dispares. Algunas ciertamente impracticables. Y ahí está el quid de la cuestión. Lo otro, pues el mismo perro con distintos collares.

    Un abrazo.

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  13. Joselu, yo hice huelga ayer y fui a la manifestación, mogollón de personas de todas las edades, muchos niños, abuelos, jóvenes, maduros, jubilados... todos con la misma rabia, la misma indignación. No vi violencia y sí muchas pancartas con consignas como "Pienso, luego no sirvo", panfletos en contra del creciente poder de la iglesia, explicación de los recortes, petición de diálogo y, por supuesto, parada frente al MEC para exigir la dimisión de Wert. En mi colegio fuimos trece los huelguistas, algo inaudito. No sé, creo que ya está todo dicho en tu post y en los comentarios. En una familia que sólo vive de un sueldo docente es imposible plantearse un día sin trabajar, pero otros muchos creen que no sirve para nada hacer huelga, que esto es lo que hay y no se puede hacer otra cosa, que ya saldremos de ésta tarde o temprano porque peor fue la posguerra, que tenemos que pagar el despilfarro de tantos años... Personas razonables y trabajadoras manifiestan ideas diferentes a las mías. ¿Quién tiene razón? ¿O eso no importa y lo que cuenta es la labor diaria de cada uno? Sinceramente, no lo sé. Creo que hay que luchar, aun teniendo pocas probabilidades de vencer. Cualquier acto sirve para demostrar que no somos borregos, que tenemos fuerza, que creemos en lo que hacemos. Deberíamos estar unidos, pero nos falta ilusión, cunde el desánimo, estamos muy cansados de vaivenes y manipulaciones. La desgana y apatía de nuestros alumnos, en alarmante aumento, es consecuencia de la pasividad y el cabreo del resto de la sociedad. ¿Qué futuro les podemos ofrecer? ¿Cuál debe ser su motivación para esforzarse por aprender? Esto no hay ley que lo arregle. Estamos a merced de los poderes económicos, a los que les importa una mierda el pensamiento, el arte, la sensibilidad, la solidaridad... Mientras eso no cambie, nosotros seguiremos escribiendo en el agua.
    Un fuerte abrazo, colega.

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