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domingo, 5 de febrero de 2012

La irresistible tentación del abismo



Me atraen los perdedores, aquellas personas cuya vida no es una sucesión de éxitos sin final, o que en una jugada del destino pierden todo, o que su vida se encamina, más allá del espíritu de conservación, a una planeada o intuida autodestrucción... En el fondo no me atraen aquellos que hacen de la preservación o del interés en sobrevivir sanos y jóvenes el leitmotiv de toda la vida. Me atraen los suicidas, los depresivos, los personajes en el límite, los que buscan su autodestrucción, los creativos pero improductivos, los pasivos, los fracasados por mérito propio..., los que no hacen del culto al cuerpo o la salud el eje de su vida, los tristes, los que no cantan a la maravilla que es vivir a pesar de todo, los que bordean el lado oscuro de la vida, los que frecuentan el abismo, los que menosprecian las normas sociales cada vez más cerradas y opresivas, los que no se ajustan a la norma, los que no encajan, los que viven a su manera sin obsesionarse por permanecer jóvenes y exitosos, los que decaen, los viejos -legítimos derrotados-, los que se deterioran y la vida va dibujando la imagen del fracaso en sus facciones, los que no soportan la vida, los que huyen de ella, los miedosos, los que no pretenden ser héroes, los que son perseguidos por la desdicha, los que pierden todo por amor, los desencantados, los que lo intentaron y no tuvieron fuerza, los despechados, los que apuestan todo a una carta y pierden, los que persiguen el fracaso a conciencia perdidos en laberintos de desolación, los que no reclaman halagos y, a pesar de su hundimiento, no demandan compasión ni compañía... Me atraen los antihéroes de las novelas que se sumergen en su desdicha rigurosamente planificada como en un sueño.  Admiro a los que pierden, a los que apuestan todo a una carta perdedora, a aquellos que el destino juega malas pasadas y se sobreponen a la desventura, a los que no quieren dejar huella de su paso por el mundo y solo ansían el olvido, ni siquiera un epitafio consolador, a los que se dejan morir por pasión de la vida, a los que se envenenan lentamente o rápidamente, a los que siguen siendo buenos en su declive y en su tragedia

Amo a los que brillan con luz propia y en su cenit, se desploman y desaparecen perdiéndolo todo e iluminando nuestro camino. 

44 comentarios :

  1. Buen post para el declive de un domingo, me ha gustado. Desde que te leo pienso que tenemos algo en común, ahora ya sé qué es:)

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    1. Ya ves que hay hilos ocultos que se van desliando. Tal vez en otros posts he abordado temas complementarios, en una dialéctica viva entre instinto de supervivencia y realidad interior. Profesor en la secundaria es algo distinto a un blog pedagógico, es un blog existencial, y a veces he profundizado en esa vertiente. Ahora nos conocemos más. Gracias.

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  2. A mí me parecen mucho más intensos que el resto. Esa es la palabra: intensidad. Por eso los autodenominados optimistas de pura cepa no me gustan. Me parecen vanales a tope, vacíos. Y es que la vida no se disfruta completamente cuando solo es rosa, o vives empeñándote en que lo sea. En el caso también significa que alguien te está ocultando una parte, o que no quieres verla. Y las dos caras existen. Están ahi. O las vives, o te quedas con el sucedáneo del descafeinado con sacarina.

    Un beso, Joselu.

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    1. Veo que estamos en sintonía. Y que no has tomado demasiado trágicamente mi post. Pienso que la tristeza es creativa, tanto como la alegría. Son las dos caras del ser humano. La comedia y la tragedia, cercanas y complementarias. No a una visión, meramente edulcorada, me atraen las modulaciones del hombre y sus conflictos. Me atraen tu perplejidad existencial, tus circunvoluciones emocionales…

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  3. Sólo me identifico con esta frase tuya: admiro "a aquellos que el destino juega malas pasadas y se sobreponen a la desventura". Casi todos los demás que mencionas me dan cierta pena...

    Siento discrepar de forma tan radical, pero no sería sincero si dijera lo contrario.

    Un abrazo

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  4. Me he precipitado en el comentario anterior y omitido a algunos que citas y que también admiro:

    “los que menosprecian las normas sociales cada vez más cerradas y opresivas”

    “los que viven a su manera sin obsesionarse por permanecer jóvenes y exitosos, los que no reclaman halagos y, a pesar de su hundimiento, no demandan compasión ni compañía...”

    “los que siguen siendo buenos en su declive y en su tragedia”

    Y a mucho más que no figuran en tu texto, pero que no vienen al caso....

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    1. Me alegro que al final hayas descubierto algunos hilos salvables del post. Me importa mucho ese seguir siendo buenos. Porque he salvado a todos menos a los que ceden a la amargura y quieren descargar su desdicha sobre los demás. No, la desdicha, elegida o no, es propia de cada uno, y nunca debe uno proyectarla sobre nadie.

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  5. Pobre Faetón, en hazaña de querer demostrar algo... subió tan alto y cayó tan bajo.
    Ése es el himno, entonces, de los perdedores, de los últimos de la fila, de los que fracasan, de los Faustos, de los Pounds.

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    1. Es la paradoja más humana. Subimos, subimos intentando alcanzar el sol, para luego caer hasta el abismo. Lo importante es no hacer un drama sobre ello. Esa es la cotidianidad de lo trágico, aunque como motivo literario es espléndido. Bienvenido al blog.

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  6. A mi también,
    en otra vida sería un borracho bebedor de cerveza en los suburbios de New York o en algún país frío de Europa, con alguna obsesión oculta.
    si... en el fondo todos somos unos perdedores.

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    1. Sí, somos perdedores, es bueno que vayamos haciéndonos a la idea. Podemos ganar batallas, pero la guerra, la perderemos, eso seguro. Me ha hecho gracia tu comentario. No te imaginaba tan outsider.

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  7. Me ha encantado.
    Encantada de conocerte.
    Desde Galicia.

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    1. Gracias, Campurriana. Es un placer también conocerte.

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  8. Los personajes trágicos, considerados más apasionados e intensos que los supuestamente felices, resultan atrayentes y con frecuencia fascinantes. Tú nos ofreces toda una galería de seres poco correctos en general, nada modélicos según los cánones comunes, aunque, ¿quién lo es en realidad? Todos tenemos luces y sombras, la vida va dejando sus huellas en nosotros en forma de mosaico muy variado en formas y colores. Se diría que el sufrimiento es un valor añadido, algo muy discutible. Es un recurso muy utilizado en literatura, pero tú te refieres a personas de carne y hueso, personas que conoces (a algunas muy bien, supongo), nada ficticias. Lo que creo que tienen de admirable es la fuerza, el valor para superar las dificultades, lo consigan o no. Pones una foto de la desdichada Amy Winehouse, a quien dedicaste un post cuando murió. No sé si has leído el comentario que le dedica Millás en El País de hoy, estupendo. Amy no superó sus problemas, cualesquiera que fueran. Hay quien decide bajarse del autobús cuando cree llegado su momento, no cuando marca su destino. En cualquier caso, es toda una galería de personajes la que nos ofreces en estas últimas horas dominicales.
    Feliz semana, a pesar del frío. Un fuerte abrazo, colega.

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    1. Sí, he leído la evocación de Millás. De hecho se ha conjuntado con alguna idea previa para formar este pastiche contradictorio y antimodelico respecto a las ideologías oficiales. De épocas trágicas y pesimistas suelen salir movimientos vitalistas y esperanzados. No sé si nuestro tiempo que hace tanto hincapié en el pensamiento positivo es un ejemplo de era optimista. He querido fondear en vidas dolorosas, en destinos quebrados, en sinos trágicos, elegidos voluntariamente o a pesar suyo… como especialmente reveladores, al menos lo son más literariamente a mi juicio. El problema es que están tejidos a base de dolor, lo que es poco mediático porque nos blindamos emocionalmente ante el sufrimiento, el inevitable y el autoinfligido. Lo difícil ciertamente es ser hombre dignamente, en la hiriente maraña del sufrimiento o en la maravillosa dicha de existir si es que esto es posible.

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  9. Y por que te gustan ellos a mí me gustas tú.

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  10. Temo ser un poeta frustado, por eso escribo mi propia vida: difícil, divertida, estenuante, furtiva. Espero conservar la tristeza y la alegría.

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    1. Sí, tristeza y alegría son nuestros dos componentes. Quedarnos solo con uno es falsear la realidad. Ambos son principios esenciales de cualquier existencia, aunque reconozco que es difícil acertar con mi sentido del humor. Es extraño pero cuando alguien es capaz de expresarlo, soy el ser más feliz del mundo.

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  11. A mi no me atraen los perdedores, ni los atormentados, me entristecen, a veces incluso me da una pena infinita suponerles viviendo sus vidas como auténticos infiernos. No soporto el sufrimiento, a veces hasta me hace más daño el ajeno que el propio, supongo que porque lo imagino, incluso peor de lo que en realidad es.

    A pesar de ello, siempre he sentido una ternura inexplicable por los débiles, débiles en el sentido de poco afortunados, aun cuando todo es más que discutible. Algunos con bien poco viven sus vidas plenas y otros con todo no disfrutan nada... cuando digo todo o nada, no me refiero sólo a lo material, me refiero a su manera de sentir, ser y vivir.

    Me he dado cuenta que en esta vida, cada uno lleva lo que sea que le toque de múltiples maneras, hay quienes amplifican hacia fuera y hay quienes le ponen sordina enfocándolo todo hacia dentro, sufriendo horrores sin que se note en absoluto.

    Es como que hubiera gente que sufre en silencio y exhibicionistas del dolor, del sufrimiento, se autodestruyen retransmitiendo su proceso en vivo y en directo, no sé si consciente o inconscientemente, quizá como una llamada de socorro desgarrada por si alguien les puede ayudar. Algo al estilo de lo que hizo Amy Winehouse y toda la maldita generación de los 27 ... Janis Joplin, Jin Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain. Se zambullen en el éxito, en la vorágine de beberse la vida a morro y sin respirar. Consumiéndose a mil por hora y no pueden con ello, no pueden con el estrés del éxito, de una vida expuesta constantemente bajo los focos y los devora o se dejan devorar, que tampoco lo sé.

    Lo siento, a mi la agonía de una vida así, siempre me produce impotencia, me parece un desperdicio, algo evitable, absolutamente innecesario y me resisto a pensar que todas esta vidas desarmadas, no pudieron armarse y arreglarse de algún modo. En el fondo creo que me hacen sentir un poco culpable. No quiero pensar cómo se sentirá la gente que vive cerca de ellos. Bueno sí, sí que lo sé. Una vez conocí el caso de un chico, absolutamente destruido por el que su madre luchó lo indecible y como colmo del horror el día de la madre le telefoneó para que se acercara a su casa (él llamó a su madre) cuando llegó, se lo encontró ahorcado. Me he preguntado mil veces cómo se puede vivir con una cosa así y quien puede ser tan miserablemente cruel de hacerle algo así a alguien que además le ha dado la vida. Si le mete un tiro entre los ojos, yo creo que hubiera sido menos cruel y ella no hubiera sufrido tantísimo.

    Así que no... lo siento, las vidas tormentosas no me atraen lo más mínimo. Hay demasiado dolor en el mundo no querido, como para recrearme en los que sin querer o queriendo, se lo autoinfligen.

    Me parece el signo de egoísmo y cobardía más grandísimo tirar tu vida por la borda sin luchártela, sin peleártela, sin saber apretar los dientes y aguantar y a pesar del dolor, a veces terrible, tirar adelante, incluso con una sonrisa en la cara... este es el tipo de gente que a mi me parece admirable y de verdad me atrae.

    Un beso grande JOSELU, en cuanto empecé a leerte, sabía que esta vez no coincidiríamos, pero no importa... ya sé que a veces estamos en las antípodas;-)


    Pero da igual, también estoy muy gusto... disintiendo :-)


    Buenas noches.

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    1. El post era simbólico, y ya de entrada sabía que no ibas a estar de acuerdo, pero es el otro lado, el lado oscuro. Hay vidas que parecen condenadas a la desdicha por motivos infinitos (los buscados o los encontrados). Simplemente me he sentido atraído por otro modo de ver las cosas que el que nos presenta el cine de Hollywood, cuyos méritos considero en mucho, pero no deja de ser una visión estereotipada de la vida y muy del gusto americano. Hace dos décadas o más que se empezó a hablar del pensamiento positivo. Ha sido el gran descubrimiento de nuestro tiempo, como si no hubiera existido siempre. Vino de la mano de sectas y escuelas de psicoterapia que querían contrarrestar tal vez el pesimismo existencial de décadas anteriores, un pesimismo que me resulta siempre mucho más estimulante a nivel personal que la necesidad del pensamiento positivo. Un pesimista inteligente es alimento para el alma, un optimista no deja de ser una distracción ligera. No digo que los optimistas no tengan razón, claro que la tienen, por supuesto, pero son planos, frente a la enorme estepa dostoievskiana que abre en canal las entrañas del ser humano diseccionando el dolor, la culpa, el castigo y el sacrificio. Me interesa más por qué los seres humanos no son felices que la experiencia de los que se consideran plenos y satisfechos. Conozco la canción de Julio Iglesias, la que le llevó a la fama. "Siempre hay por qué vivir, por qué luchar, las cosas siguen, los hombres se van… ", pero a mí me atrae el pensamiento torturado de un Nietzsche, la vida anómala de Winehouse. Y ello no quiere decir que yo los imite, simplemente es una atracción intelectual en una línea de pensamiento que no está en consonancia con el pensamiento de las escuelas de negocios de Wall Street, tan aficionadas al libro Quien se ha llevado mi queso. En todo caso, me quedo con el sentir dolorido de Dostoievski, y no porque uno haya de elegir el dolor si puede elegir la dicha. No, no quiero decir eso. Si uno puede debe elegir la dicha, si puede, pero no siempre se puede a pesar de la canción de Julio Iglesias. Con los que no pueden, o no saben elegir, es con los que me identifico. A los otros ya les han hecho demasiadas películas.

      Y yo también estoy muy a gusto, argumentando contigo y disintiendo. Muchas gracias por tu participación.

      Un beso.

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    2. Asumo lo simbólico de tu post JOSLEU, pero vuelvo a disentir (la última vez, lo prometo:-)

      Creo que huyendo de un estereotipo ( que no defiendo) idealizas otro, que respeto, pero no eres nada justo y ni equitativo.

      No te parece lo más despreciativo del mundo, decir:

      -“Un pesimista inteligente es alimento para el alma, un optimista no deja de ser una distracción ligera”

      -“los optimistas...son planos, frente a la enorme estepa dostoievskiana que abre en canal las entrañas del ser humano”

      Creo que la aptitud que cada uno adopte ante la vida, no tiene nada que ver con su inteligencia o valía. Ha habido optimistas que son platos tan fuertes para el alma, como el más inteligente de los pesimistas. ¿Te parecerán distracciones ligeras, optimistas de libro como ROSEAU pasando por LEIBNIZ hasta Einstein ¿de verdad esta gente te parece plana ? creo que identificas a los optimistas con Doris Day o Dean Martin :-)

      Y ya en el colmo del surrealismo jaja... me plantas al pánfilo de Julito Iglesias, frente Nietzsche o Amy Winehouse... ante este panorama... me hago pesimista, existencialista y casi suicida... a reacción:))

      ¿Por qué asociamos la imagen sonriente a lo frívolo, superficial o lineal? ¿Resulta más interesante un amargado con cara de vinagre?

      ¿Crees de verdad que todos estos artistas fallecidos a los 27 años no eran tan frívolos, superficiales y vanidosos como la gran parte del mundo de la farándula? Lo dudo, de hecho no hay más que leerse sus biografías para ver su exacerbado egocentrismo y divismo. Su imagen de gente rompedora antisistema, mayormente era o pura desidia, o una pose, publicitada por sus productores y la industria a la que le interesaba proyectarla para vender el doble de discos...

      ¿Supones que una vida atormentada guarda una riqueza interior incuestionable? permíteme que también lo dude, no todos eran DOSTOIEVSKI. Ha habido y habrá gente absolutamente vacía por dentro, pesimista y atormentada que precisamente por esto, han caído y caerán por ese precipicio... de hecho, la gran mayoría.

      No JOSELU no, creo que sobrevaloramos la inteligencia, vamos a llamarla intelectual, por encima de la inteligencia emocional y creo que gran parte de los males que aquejan a las personas que sufren horrores por dentro y no son capaces de sobre ponerse, adolecen de un enorme déficit de inteligencia emocional.

      O lo que es lo mismo voluntad, autoconocimiento, saber gestionar sentimientos, emociones y relaciones propias y ajenas y creo que aquí radica el éxito o el fracaso de una vida.

      Tu Dostoyevski, deseaba matar a su padre, fue un jugador empedernido, diferentes relaciones fallidas... sus temas recurrentes...el suicidio, el orgullo herido, la destrucción de la familia, el renacimiento espiritual a través del sufrimiento... es decir...sufrimiento a manta, seguramente por su falta de voluntad y mala gestión de sus emociones... como tantos otros intelectuales atormentado, interesantísimo sí, pero... unos zoquetes emocionales, que sin embrago canalizaron sus carencias vitales hacia la literatura, filosofía y arte en general, haciendo de su terrible desgracia, una inmensa fortuna para nosotros.

      No rindo culto a la sonrisa Profiden, ni mucho menos a la gente vacía... al revés, me admiran los inteligente con mayúsculas que además consiguen llevar la sonrisa puesta por dentro, el MARIO de FER, por ejemplo, eso cuesta bastante más esfuerzo y coraje, que atiborrarte de alcohol o anfetas para sobrevivir hasta olvidarte de que existes...no, lo siento, sigue sin atraerme esta gente:-)

      Pero sigue encantándome disentir contigo
      Sólo es mi opinión, por supuesto y por favor, perdón por la extensión...


      Muchos besos, gracias a ti y feliz noche.

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  12. Una entrada muy buena, sí. Me gusta y no me gusta (sí, mi valoración es ambigua, pero ya sabes qué quiero decir, Joselu).

    En el mundo que nos ha tocado ponemos la vara de medir el éxito o el fracaso demasiado a la ligera y normalmente, por comparación. Qué gran error ¿verdad?.
    Qué ironía teniendo en cuenta lo seguros que parecemos de nosotros mismos.

    Das cabida en tu texto a los más variopintos personajes que encajan, por una razón u otra, algunos de soslayo y un par cogidos con pinzas, en la estirpe del perdedor, aunque no todos sean iguales y en algunos casos, diametralmente opuestos. Tú mismo lo sabes, cómo creo que también sabías que ibas a provocar sentimientos contradictorios en los que lo leyéramos. Nada de respuestas facilonas, no.
    Apuesto a que todos (y por descontado, tú y yo también) nos reconocemos en alguno de esos dibujos.

    Al final, supongo que esa es la luz que brilla al borde de ese abismo por el que caminamos muchos, que acepta a todos y no hace distinciones.

    Aquí va mi modo de verlo, por qué me gusta y no me gusta tu entrada: No es lo mismo ser un perdedor que aceptar la derrota o ser, en esencia, derrotado.
    Una vez emprendida La senda del perdedor, al protagonista le hará falta una pequeña dosis de estoicismo y grandes cantidades de voluntad. Se dará cuenta a medio camino de dónde está o quizá nunca llegué a saberlo muy bien -depende de si cae por un mal paso o recibe un golpe externo, si son los dos, mejor aun.
    Pero sobretodo, incluso cuando todo falla, no deja de dar otro paso adelante.

    Yo descarto a los que se abocan directamente y con ansia en la autodestrucción, ese es otro camino -distinto y estéril- o a los que bajan los brazos antes de tiempo: abandonar no está permitido, salvo en extrema circunstancia y aunque suene paradójico, como sacrificio y solución de continuidad para otros.
    La última, la que da sentido a todo, la más importante batalla del perdedor es consigo mismo: y la única opción es ganarla. Dignidad y coraje.

    En fin, no te lo tomes muy al pie de la letra, sólo es mi visión del asunto. Lo más seguro es que sólo valga para mí.

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    1. Esteve, dices que el camino hacia la autodestrucción es estéril. Puede que tengas razón. Yo he tenido algún amigo en esa senda que ha conducido a la muerte prematura, pero no sé si su vida ha sido estéril. Recuerdo momentos máximos con alguna de estas personas que me enriquecieron e iluminaron por su lucidez y también generosidad. Tal vez les faltó la generosidad para sí mismos. No sé. Quizás haya una propensión trágica ineluctable, a la que es imposible sustraerse. Hay vidas que acaban miserablemente en la residencia de ancianos, auténticos morideros, y otras vidas que brillan con potentísima intensidad, que refulgen y estallan y se consumen en un tiempo más limitado y breve. Hay detrás de esto un misterio, y no sé si aun así está exento de dignidad y coraje este encandilamiento por el abismo. Depende. Y sí me vale tu reflexión. La mía era harto contradictoria, lo justo para enhebrar con otras en la misma senda.

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  13. Coincido, Joselu, en esto de "una propensión trágica ineluctable, a la que es imposible sustraerse". Con ella se nace. Quien no ha nacido con esto no puede comprenderlo. Esta postura vital, como la del optimista o el positivo, excede la racionalización.

    Tu reflexión de hoy me hizo recordar a lo que sentí cuando leí de adolescente a Unamuno, a su sentimiento trágico de la vida, y sentí que resonaba aún siendo muy joven y alegre entonces, tal como resueno hoy contigo siendo mucho menos joven y alegre.

    "Todo lo vital es antirracional, no ya sólo irracional, y todo lo racional, antivital."

    La vida en sí es una paradoja, y Unamuno se consideró "un hombre de contradicción y de pelea (...) uno que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza, y que hace de esta lucha su vida."

    "El más trágico problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y con las volitivas."

    Ahora verás. Visité ayer a un hombre, Mario, que lleva doce años postrado en una cama por un doble ACV que lo dejó paralizado. Sólo mueve su brazo derecho y no puede mantenerse erguido porque se descompensa.

    Y sin embargo, se siente agradecido a la vida por haber sobrevivido de este modo y haber visto a sus hijos crecer, por ver a sus familiares y amigos vivir, por recibir los cuidados de su mujer y hasta por comer tostadas con dulce de leche de merienda como cuando era un niño.

    Esto que para otros sería el abismo, el mismísimo infierno, el castigo más bestial y más injusto por no haber cometido ningún crimen, más que el de nacer, es para otros una especie de bendición. Otros buscarían la manera de morir o simplemente se entregarían a las complicaciones que inevitablemente surgen y se multiplican con el paso del tiempo.

    Mario, en cambio, no se da por vencido ni aún vencido, no por valentía o por cobardía, simplemente porque eso está en su naturaleza. Y tampoco está estúpidamente loco de contento: es bien consciente de todo lo que le sucede y lo que lo rodea y está conectado con la realidad, totalmente lúcido.

    He quedado profundamente conmovida. ¿Será que hay un umbral de tolerancia diferente inherente a cada ser humano para la vivencia del abismo, del infierno, de la nada, del sinsentido, para el dolor del alma, como dicen que hay para soportar el dolor físico?

    Tal vez. Pero confieso que yo, como tú, me siento fuertemente atraída por quienes mueren vivos más que por quienes viven muertos.

    Un beso.

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    1. La historia de Mario me ha conmovido. Me imagino en semejante tesitura, siento totalmente dependiente para todo, y creo que elegiría la muerte si pudiera. Entiendo al protagonista de Mar adentro y a otros que han optado por poner fin a su vida. No sé si es hedonismo la razón. Me imagino a esa esposa dedicando toda su vida a cuidar a un inválido que no puede darle nada físico, y pienso que de estar en ese trance no lo podría soportar. Tal vez sea orgullo o vanidad. Quizás sea esa la razón. Es un misterio, como dices, el saber dónde está el umbral de tolerancia para la desdicha o para la vivencia del abismo o del infierno. Mario vive conforme a su situación y acepta todo lo que se deriva de ella. No me cabe duda de que es un grado extremo de sabiduría y a la vez de fortuna por tener a alguien que sea sus manos y su cuerpo para todo. Hace falta mucha fortaleza interior y entereza. Lo admiro también, aunque probablemente todo salga de él y no tenga que hacer un esfuerzo para actuar y vivir así. Hay seres, por contra, que teniendo mucho, son profundamente infelices y son incompatibles con la felicidad. ¡Qué misterio es la psique humana!

      Uno de los filósofos o pensadores que más me ha influido ha sido Unamuno. Tal vez mi estabilidad emocional y vital se la deba a alguna reflexión suya que me iluminó el camino en esa pugna entre razón y corazón, esa dialéctica aguda y sin final.

      Un beso. Gracias por un comentario tan denso y atinado.

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  14. Me has dejado un poco trastornada Joselu.
    Me has recordado tiempos horrorosos que no te he contado nunca donde a mí también me atraían todos los personajes perdedores, los suicidas, los incomprendidos,los autodestructivos..... porque en esos momentos yo era uno de ellos. Ahora, en la actualidad, no me atraen nada y espero que esto sea hasta mi muerte.
    Creo que tu post, aunque simbólico dices, está lleno de negruras del alma que habrá que aclarar. Lo veo como esos cuadros que nos presenta Luis Antonio en dos posts de un pintor que a él le gusta mucho y sin embargo a mí me llena de tristeza el verlos.

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    1. Hubo un tiempo en que también transité por esos senderos, pero un día decidí apostar por personas vitalistas y positivas, y de esas me he rodeado en lo que es mi vida cotidiana. Sin embargo, guardo en algún resquicio, el algún hueco, ciertas huellas de lo que fue. No sé por qué he escrito este post. Tal vez es un desahogo emocional que revela algo simbólico y que todavía tiene asiento en mí. Las vidas desdichadas y apasionadas, por autodestructivas que sean, me siguen cautivando. Y es que el común de los humanos escoge entre dos opciones siempre la más placentera, la que menos dolor o esfuerzo conlleva, aunque esto a veces nos lleve a ser injustos o a ser explotadores de quienes están en un estadio dependiente. No sé, es un tema que me inquieta, aunque temo enormemente esas espirales de sufrimiento que implica elegir el camino menos adecuado, el de la desdicha. Entiendo tu perplejidad y tu trastorno.

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  15. Bueno... no es que pueda quejarme en exceso de la vida que me ha tocado, siempre los hay peor que uno, pero... no sé quizás sea un fatalismo o pesimismo innato el que hace que no sea ¿feliz? no se, es extraño, tu escrito me ha abierto una puerta que siempre está mal cerrada, no encaja... tanto reponerse, tanto levantarse, llega a cansar. No se, puede ser el invierno que empieza a pesarme, soy de mucha luz y calor

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    1. Yo me doy cuenta cada vez más que soy del norte, de escasa luz y escaso calor, y entiendo que mis sueños son sueños de países ateridos, junto a la hoguera. Desde allí sueño el sur indolente y pleno en luz cenital. Me hubiera gustado ser un viajero inglés que viviera en el sur de Europa o incluso Marruecos. Hubo un viajero inglés llamado Gerald Brenan cuya biografía me cautiva. Del norte pero enamorado del sur, pero no soy ni una cosa ni otra. Y sí, todos tenemos puertas que están mal cerradas y que no encajan. Toda vida es un misterio, el único que tenemos porque las vidas ajenas son todavía más enigmáticas. Por que llegue pronto a tu corazón la luz y el calor. Un abrazo.

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  16. De todas maneras el mundo sigue.
    Atraídos por perdedores quizás, porque quizás nos concebimos como tales.
    Aunque creo que nadie pierde del todo y tampoco gana de igual manera.
    Depende, todo depende, de lo que entiendas por tal.
    Los límites nunca son buenos.
    Es mejor permitir que se confundan los colores.
    Detrás del más grande los perdedores, creo que siempre hay un gran ganador. Y lo contrario.
    Saludos cordiales.
    Te sigo leyendo.

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  17. ....
    pero nos han dejado un poco de música
    y un póster clavado en el rincón,
    un vaso de Whisky, una corbata azul,
    un delgado volumen de poemas de Rimbaud...
    ........

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    1. Sí, hay un cierto placer en la derrota cuyo sabor solo pueden paladear los que han vivido la cresta de la ola. Por ese vaso de whisky y un poema de Rimbaud junto al fuego.

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  18. Yo creo que en el fondo todos pensamos igual. Nos atrae, nos gusta lo decrépito, las causa perdidas... y aborrecemos el triunfo ajeno. Todos pensamos cual quijotescos caballeros andantes, en una virtual batalla en la que venceremos al dragón y salvaremos al que está sumido en el fondo de la vida.

    Un abrazo.

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    1. No, lo decrépito no, al menos según la definición del DRAE que refiera a lo que es definitivamente viejo o que ha llegado a su última decadencia. No, en ese sentido. Sí en el sentido de máxima intensidad incluso en la vejez, un periodo tan incomprendido como la misma infancia. La vida siempre la contemplamos desde una hipotética plenitud o madurez. Pero sí que me identifico contigo cuando hablas de salvar al que está sumido en el fondo. Creo que sigue siendo uno de nuestros mitos más valiosos. Hay que vencer al dragón, sí, Miguel, sí. Al dragón que nos condena a la irrelevancia o a la decrepitud.

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  19. Yo creo que es cuestión de temporadas. El amarlos u odiarlos. Temporadas que se van alargando, transformándose en años y supongo que al final una de esas temporadas va decidiendo el caracter de una vida. Yo también los amé, atrae, el abismo atrae. Ahora me cansan. Ahora. No sé mañana.

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    1. Es cierto hubo un tiempo en mí que me atraía poderosamente la literatura abismática, por llamarla de alguna manera, los personajes dramáticos y turbios, de raíz literaria. Este post tal vez ha sido un intento melodramático de reivindicar parte de mi pasado, aunque mis circunstancias actuales no concuerdan en absoluta con la literarura maldita. En esa disonancia me remuevo en este pozo de grisura.

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  20. Yo admiro a la gente que tiene principios, que es honesta, que lucha por la justicia, que busca la verdad, que es generosa... Y estos suelen ser perdedores, según las coordenadas con las que nos obligan a movernos. Siempre he sospechado del éxito que se etiqueta como tal. El verdadero éxito llega mientras buscas otras cosas. Creo.

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    1. Estos días en el juicio inicuo a Garzón se están oyendo testimonios extraordinarios de personas que tienen principios, que son honestos y que luchan por la justicia, que buscan la verdad, que son generosos... pero me temo que los jueces que ya tienen formado su veredicto ni los escucharán. ¡Qué vergüenza de juicio y qué vergüenza de tendencias mayoritarias en que nos hemos convertido! No me gusta como somos. Y sí, los personajes que luchen por lo que dices, son perdedores. Estamos anestesiados y atemorizados.

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  21. La estética del perdedor es tan atractiva que uno se finge muchas veces así, aunque no lo sea. O sí: basta con sentirlo y dejarse ir.

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  22. Llego tarde a mis lecturas... pero no puedo dejar de decirte lo que le dijera el Capitán Renault a Rick Blaine en Casablanca: "En el fondo, es usted un sentimental".

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  23. La tendencia hacia la autodestrucción suele producirse por una infancia o adolescencia desgraciada, un cúmulo de circunstancias negativas en tromba, por avería múltiple a causa de drogas o por un YO débil a causa de un ENORME complejo de culpa que sólo varios años de psiquiatra suelen esclarecer.
    Yo la verdad es que no les admiro, me dan mucha pena e incluso los considero, siento decirlo así, bastante tontorrones e infantiles.
    Cada décima de segundo vivida merece una fiesta interior y exterior. Cada décima de segundo vivida es un éxito. Incluso cada milésima.
    Sé de lo que hablo. He salido de la muerte cuatro veces.

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  24. Joselu magnifica entrada, quien no puede sentir emoción y atracción por los últimos, por los perdedores, los deseheredados, los oprimidos, por todos los que sufren, los inadaptados, los que uelen mal, los presos, los repudiados, los atormentados. Son tantos y tantos.

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  25. Gracias amigo por tus palabras, casi que un buen montón de cálidos rayos solares se han colado por las rendijas de esas puertas mal encajadas.

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