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jueves, 10 de septiembre de 2009

Valverde de Lucerna

Hoy me ha llegado la noticia. Yo, como jefe de seminario, debo ser el tutor de una joven profesora en su inicial año de prácticas. Ella, vamos a llamarla Dunia, encarna en muchos sentidos el profesor que yo fui hace veinte años: imaginativa, entusiasta, con gran capacidad para relacionarse con los adolescentes, segura de sí misma, sensible, optimista, con ganas y capacidad de experimentar, sentido del humor… Dunia no teme impartir clase a los alumnos más conflictivos del centro en un centro de por sí conflictivo y periférico. Nuestros alumnos no requieren de un profesor que les enseñe una materia, necesitan a un profesor que esté cerca de ellos, que los acompañe, que los estimule a sus ganas casi cero de hacer cosas o de estudiar. Dunia sabe cómo estar con ellos, sabe reírse con ellos y también ser firme cuando toca. A veces –sabe- hay que expulsar e imponer la autoridad en el aula. Piensa que estos chavales están en muchos sentidos desamparados por sus circunstancias sociales y familiares y que lo más que necesitan, más allá de la materia, es alguien que sea próximo a ellos, que les haga caso, que les dé afecto. Esta empatía es un músculo que se desarrolla, comenta Dunia. Ellos la quieren y les gusta tenerla como profesora. Dunia encarna al profesor que ha podido y ha sabido desenvolverse con éxito personal en la escuela que da primacía a lo social frente quizás a lo intelectual.

La contemplo y me veo reflejado en muchos sentidos en el que fui en otro tiempo en que me sentía próximo por edad y sensibilidad a mis alumnos. No había mayor placer para mí que tener una charla con adolescentes. Los prefería a cualquier charla con adultos compañeros de trabajo. Imaginaba por las noches qué proyectos locos llevar adelante con ellos, y lo sorprendente es que por inverosímil que fuera la idea que yo hubiera tenido, ellos se apuntaban entusiasmados.

Las clases eran un hervidero, una tormenta de ideas permanente. Mi mayor placer era cederles la palabra, hacerles sentir protagonistas de esas clases que eran necesariamente diferentes a otras clases más académicas y convencionales. Putrefactas, pensaba yo en aquel tiempo imitando a Lorca y Buñuel. Mi seguridad en mí mismo me hacía saber dirigir aquel bateau ivre utilizando la literatura como arma creativa, como arma imaginativa y secreta. Cualquier cosa era posible. Sólo había que imaginarla y una tripulación de orates adolescentes se apuntarían a descubrir nuevos mares en los que yo, cual Ulises, les acompañaría asumiendo los riesgos principales. Pensaba yo que lo esencial era utilizar su rebeldía juvenil para llevarles hacia la literatura, para que ellos experimentaran la literatura, para hacerles sentir cerca la literatura más contemporánea y también la clásica. Nunca vi contradicción entre lo más rabiosamente clásico y lo más actual. Lo importante era sentir, conocer, interpretar. Pensaba que un adolescente era un intelectual en potencia y que el placer de saber lo retroalimentaría haciéndolo llegar más lejos.

Ahora todo ha cambiado. El perfil intelectual ha caducado y la literatura auténtica en cierto sentido ha entrado en crisis. Mis alumnos no necesitan a un profesor intelectual sino a un profesor cercano, con sentido del humor, imaginativo, seguro de sí mismo, explosivo y optimista, quizás no demasiado obsesionado con impartir la materia pero sí en la vocación de abrirlos a la vida, a las cosas, al respeto, a la compasión que parte de la comprensión de sí mismos. Creo que Dunia representa en grado de excelencia estas virtudes y capacidades, y yo que contemplo el que fui, admiro su actitud positiva ante los cursos más difíciles, sus ganas de innovar, de hacerles sentir vivos y escucharlos transmitiéndoles afecto. Es la clase en las dos direcciones: la que va del profesor a los alumnos y la que va en sentido inverso, de los alumnos al profesor y al mundo.

Tengo que evaluarla, y junto a este juicio profesional inmediatamente se me agrupan muchos recuerdos, emociones, certidumbres y también incertezas de ahora. Hubo un profesor que fui y que ahora contempla a un doble de sí mismo en otras coordenadas, en otras circunstancias, en otro modelo que yo llamaría fundamentalmente “social” y “humano” y la admiración me domina… Ser profesor a veces tiene recompensas difíciles de explicar. No sé por qué este post me recuerda en algunos sentidos a San Manuel Bueno mártir –esa obrita de Unamuno injustamente olvidada por la Generalitat de Cataluña en las PAU-, cuando el sacerdote se confiesa con Ángela y le confiesa sus dudas. En fin…

40 comentarios :

  1. ¡¡Hola Joselu!!

    Lo que yo me pregunto escuchando el entusiasmo con el que hablas de "Dunia", es...

    ¿Por qué perdiste tú y tantos como tú, su entusiasmo y sus ganas de conquistar a los alumnos, si es que es lo que ha ocurrido?

    ¿Qué es lo que ocurre en vuestra profesión, para que os fagocite de esa manera?

    ¿Son tan imposibles los niñ@s (y padres) de hoy,
    como para terminar con vuestra ilusión por enseñar, lo que me consta os apasiona?

    ¿Sólo siendo "santo" como Don Manuel, se puede conquistar a "los Lázaros"?

    Yo creo que la ilusión y el entusiasmo, son más contagiosos que la gripe A...¡¡Fíjate , tú!!

    ¡¡Ojalá te contagie su ilusión y sus ganas y juntos tengáis un curso genial este años!!

    Un abrazo.

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  2. Hola :)

    ... a mí la admiración me la causaría ella, si después de visto lo que has visto tú, fuese capaz de ver lo que has escrito en tu entrada.

    Besos.

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  3. Hola.

    Absolutamente de acuerdo contigo. Yo soy joven y creo que empecé como esta Dunia, pero diez años después, contestaría a algunas preguntas de María en el primer comentario.

    Fagocitan (esa es la acertadísima palabra) las familias, los alumnos y la administración. O por lo menos, esa es mi experiencia. Rompen la ilusión, quitan las ganas, estropean la vocación inicial y te acaban convirtiendo en un funcionario de la tiza...

    A veces, sólo a veces, un alumno nos despunta por su interés, por sus padres preocupados o por su capacidad de esfuerzo. Pero es "tan a veces"...

    En fin, compañero, mucho ánimo en este principio de curso.

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  4. No sé si has leido este articulo, ya antiguo, de Vicente Verdú. No quiero darte un disgusto, así que mejor tomátelo a risa... Tuve problemas para no vomitar cuando lo leí.

    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/miseria/escuela/elpepisoc/20071208elpepisoc_4/Tes?print=1

    Mañana dejaré algún comentario sobre Dunia y nosotros.

    Saludos.

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  5. Ah.. este es mucho mejor, creo que un personaje de este cuento podría ser tu Dunia. El otro no sé..

    es divertido.

    http://antesdelascenizas.blogspot.com/2009/05/la-tiza-un-relato-de-filosofia-ficcion.html

    No es autobombo, aunque los pudiera parecer.

    Ánimo Joselu ¡Amor fati!

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  6. Qué más quisiera yo que mis hijos gozaran de un profesor tan "desilusionado" como tú, Joselu. Para mí el sentido de la entrada está más que claro, aunque eso no quiere decir que mi interprtación coincida con las intenciones del autor.
    No es que se pierda el entusiasmo, ni mucho menos; es que uno se resiste a veces a acaudillar alegremente a la multitud dirigiéndola al abismo.
    Si la escuela tiene que realizar una función de adaptación social, llamémosle tiene que enseñar a aceptar con resignación y, si es posible, con entusiasmo el papel que el sistema nos otorga, verbigracia votar cada dos o tres años y estar conforme con lo que mande el convenio colectivo, matizado por las necesidades del bondadoso patrón, apaga y vámonos.
    Entusiasmo, sí, pero entusiasmo para ayudar a los demás a liberarse de la ignorancia al menos, no entusiasmo a tontas y a locas para llevar a los demás a dónde nos manden llevarlos.

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  7. Nos gustaría que nuestras clases fuesen como en El club de los poetas muertos, del mismo modo que querríamos protagonizar Pretty woman (yo como Richard Gere). No es exclusivo de la ensañanza ese agotamiento emocional que los años infligen en un buen profesional (los malos nunca conocieron ni conocerán determinados placeres que produce el trabajo bien hecho). El relevo generacional es necesario y, cuando no se da, el centro de trabajo se convierte en un cementerio de elefantes. Dunia es una pieza fundamental, para el sistema y para los que puedan (podamos) padecer la tentación de abandonar. Juntos podemos.

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  8. Lo de "ensañanza" era una errata, sin ningún tipo de juego lingüístico ;-)

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  9. Es decir que el joven inocente es el entusiasta y el viejo perro ya sólo se relame las heridas de guerra. Cuando pase el tiempo será igual para el joven. Eso sí los alumnos han evolucionado, han pasado de la rebeldía y la literatura creativa a querer un profesor que sea más colega que otra cosa. Así va la enseñanza y así va el mundo.

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  10. Dunia y tú pertenecéis en el origen a dos modelos educativos distintos, social e intelectual los has llamado, y vale, sirve. Esto me ha confundido bastante (más propiamente: me has engañado), a primera vista me pareció esencial para distinguir tu actitud de la suya, me confundió porque pensé que hacías una reflexión acerca de la educación, pero la verdad es que creo que no lo es, y que de lo que realmente estás hablando es de la vida.. La Dunia que tú ves no es tu doble profesional. Es la juventud, -tu juventud- lo que contemplas, ella se comporta como corresponde a la juventud, o más propiamente como tu arquetipo juvenil. Y tú estas viendo como Biedma que :

    NO VOLVERÉ A SER JOVEN

    Que la vida iba en serio
    uno lo empieza a comprender más tarde
    -como todos los jóvenes, yo vine
    a llevarme la vida por delante.

    Dejar huella quería
    y marcharme entre aplausos
    -envejecer, morir, eran tan sólo
    las dimensiones del teatro.

    Pero ha pasado el tiempo
    y la verdad desagradable asoma:
    envejecer, morir,
    es el único argumento de la obra.


    Me parece Joselu que no hablabas de educación. La referencia a San Manuel Bueno mártir está justificada pero no por lo que tienes de cura o profesor descreído, sino por lo que tiene la verdad de terrible: que la muerte no tiene cura. Y no hay más.

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  11. Serenus, no sabía muy bien por qué había escrito este post, pero tu interpretación es plausible. Hay melancolía en él, hay pluralidad de sentidos y varias posibles lecturas. No quiero interferir en vuestras interpretaciones que leo con sumo interés y agradezco. Es hermosa tu interpretación. Un post que tiene como trasfondo la vida, el paso del tiempo, quizás una brizna de memento mori agazapado, pero querría también añadirle también una pizca de animus jocandi. Un cordial saludo, compañero, y gracias por tus referencias que he leído atentamente. Lo de Verdú, efectivamente, es vomitivo.

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  12. Hola, he leído su post y me sentí afína él. Así que he decidido comentar :)

    Estoy por terminar la carrera. Sin embargo, empecé a dar clases antes de hacerlo. Una de las razones que motivó mi decisión ha sido la dolorosa experiencia que viví en mi formación escolar.

    Considero que la cantidad excesiva de veces que tuve que sentarme en un salón a escuchar a un profesor@ enseñar su ego, sus inseguridades, completamente apropiado de su posición de amo, ha sido una de las partes esenciales de mi formación.

    Soy joven y por lo mismo, he dado pocas clases, pero he repasado mi actitud como maestra mucho. Odiaría despertar un día y darme cuenta que he hecho lo mismo a mis alumnos que tanto odié cuando se intentó hacerme a mí.

    No en vano Freud plantea a lo largo de su obra (y se desilusiona a lo largo de su obra) una educación basada en el psicoanálisis. Si bien esto no es posible, es más factible que el maestro acceda a una terapia con el fin de causar poco daño a quien atiende a clases o el 'alumno'. Aunque eso sería también algo utópico. Pero me salgo del tema, disculpe.

    Regresando a lo que dice María, no es el hecho de ser maestro lo que fagocita. Lo que nos fagocita y nos carcome a todos en cualquier ámbito también puede fagocitar y carcomer al maestro: el deseo frustrado.

    A mi me parece, que me puedo apoyar parcialmente en lo que ha dicho Serenus: usted está percibiendo una brecha generacional. Y la hay. Pero creo que usted también está percibiendo una cercanía desde la aparente lejanía.

    Los jóvenes y los 'viejos' no estamos tan lejos como empeñamos en creer. Es creer que lo estamos lo que nos aleja. Usted no sólo mira un reflejo de su juventud en Dunia, sino que también encuentra algo que está en usted a lo que no suele acceder. Algo que la presencia de esta persona que ha entrado en su vida está despertando.

    Finalmente, creo que la muerte no tiene cura pero que eso no tiene nada de terrible. La muerte nos rodea y es parte de un balance -se vea como algo espiritual u orgánico-.

    Me gustó mucho leer su texto y encontrarme casualmente con su blog. Disculpe mi atrevimiento. Saludos desde México.

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  13. Dunia es la cascada, Joselu el remanso, en la juventud nos precipitamos hacia el abismo y cuando más salpicamos, en el trancurso nos evaporamos y perdemos parte de lo que fuimos y somos en ese instante, lo mejor ha de perdurar y llegar a la quietud, permitir que se sumerjan en ella, es el verdadero milagro...
    ¿Llegará Dunia?
    Un abrazo

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  14. Y qué alegría tú que sabes ver cómo Dunia salpica... Y qué generosidad tú, que la acoges en las aguas profundas del lago... que esconde la verdad de otro Bueno.

    El agua solo es una; el fondo también será el mismo...

    Joselu, te sigo y te sigo y te sigo...

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  15. Y qué alegría tú que sabes ver cómo Dunia salpica... Y qué generosidad tú, que la acoges en las aguas profundas del lago... que esconde la verdad de otro Bueno.

    El agua solo es una; el fondo también será el mismo...

    Joselu, te sigo y te sigo y te sigo...

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  16. ¡¡Pues yo vuelvo, con la mía, porque he visto que lo de la fogocitosis nadie o casi nadie, quiere explicarlo!!

    Y fundamentalmente, porque me da muchísima pena, ver la de veces que ocurre.

    A ver,
    no se trata de ir de colegueo con los alumnos, yo también pienso que cada uno tiene su sitio y vestirse como de 15 a los 40 es tan ridículo , como ir de viejo a los 11.
    Está claro, que en la enseñanza, lo primero es enseñar.
    La cuestión es cómo se enseña más y mejor.

    Todas las profesiones, generan frustración y todas tienen unos aledaños, que dan ganas de correr y no parar. ¡¡Si yo os contara!! ...¡¡Mejor no os hago llorar!!

    Pero, yo pienso, que lo importante es no olvidar a quien tenemos delante y que cada alumno es una nueva oportunidad de poner a prueba la capacidad de inocularle el interés y la curiosidad por aprender.

    Yo no creo para nada, que se trate de edad, ni de cambio generacional, ni mucho menos de profes jóvenes o viejos.
    La edad, es una actitud mental.

    Si uno se apoltrona, no es por los años, es porque te dejas y porque quieres. A lo mejor soy un poco injusta, pero de verdad que pienso, que siempre hay cosas a las que agarrarse para mirar lo que tenemos enfrente y decir ¡¡¡a por ello!!!

    Al menos tener la ilusión y las ganas de intentarlo, luego, lo que sea, será.

    Un abrazo para todos.

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  17. Bueno, la edad no es una cuestión mental, pero La edad tiene consecuencias mentales. Y lo juvenil no tiene porque ser el paradigma ni vital ni educativo, es una fase biológica más como la infancia, adolescencia, la madurez y la vejez.

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  18. Serenus, permíteme.

    ¡¡Que no, que yo no estoy hablando para nada de juventud!!

    ¡¡estoy hablando de ganas!!

    De ganas de intentar hacer las cosas lo mejor posible y de no tirar la toalla y llorar, y de ver como todo se desmorona con resignación y sin hacer nada por evitarlo, dando el tema por perdido...

    Y entonando un requiem por el eterno descanso del alma de los alumnos.

    De eso, intento hablar.

    Un cordial saludo.

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  19. Cuando, después de diez años de trayectoria docente y cientos de conversaciones sobre nuestro universo educativo, tengo que encontrar algún otro motivo para seguir con la ilusión, siempre lo tengo claro y me salen esas mismas palabras con las que casi terminas tu entrada: Ser profesor a veces tiene recompensas difíciles de explicar.
    Un saludo

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  20. Me ha gustado mucho leer la descripción que haces de Dunia y yo también -en cierta medida- me he sentido identificado. Muchos de los que pasamos por aquí hemos tenido o tenemos una Dunia dentro de nosotros. Quizá el mayor problema -me parece- no es perderla -por la edad, por el cansancio, por la rutina, por...- sino no haberla conocido nunca.
    Si no conoces tu Dunia, búscala; si tu Dunia desaparece, detente, reflexiona y vuelve a reflexionar...

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  21. "Tengo que evaluarla", dices. ¡Qué mejor evaluación que la que haces!
    Tu valoración de Dunia está por encima de porcentajes y estadísticas. Va más allá de lo cuantificable y se centra en el terreno de los valores que los profesores debieran tener (además de su preparación intelectual).
    Incluye en tu informe de evaluación el perfil humano de Dunia. A lo mejor, inspección abre los ojos. Al fin y al cabo, lo que cuenta es el trato y no el papeleo que exigen a los opositores o a los funcionarios en prácticas.

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  22. Creo que todos tus posts en los que hablas sobre educación traslucen un fuerte compromiso con tu profesión y una ilusión que aún perdura. Es cierto que determinados alumnos y padres, y sobre todo, las tonterías de una administración más empeñada en controlarnos y agobiarnos que en ayudarnos en nuestro trabajo hacen que todos nos vayamos desgastando con el tiempo, pero el entusiasmo y el espíritu de Dunia pervive aún en muchos de nosotros, aunque a veces se esconda tras un velo de desencanto. Cada año seguimos ilusionándonos con cada comienzo de curso y volvemos a comprometernos con nuestros alumnos con la fuerza del principio. A veces el resultado es nefasto, y nos sentimos mal por todo el esfuerzo que hemos hecho sin obtener ninguna recompensa. Pero siempre volvemos a intentarlo al cabo del tiempo con fuerzas renovadas. Como han dicho por ahí en algún comentario, ya me gustaría a mí que mis hijos tuvieran un profesor tan "desilusionado" como tú, Joselu.

    Un abrazo

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  23. Se necesitan muchas Dunias no sólo en la educación sino en cualquier ámbito de la vida.Acomodarse es morir más deprisa.Dunia es el aldabonazo al letargo.Y algo impertinente: si yo no dejara el esfuerzo en mi trabajo se que sobre la mesa alguien me dejaría un papel escrito comunicándome mi despido.
    (te he dejado un comentario en mi blog)
    Un abrazo

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  24. Le edad trae cierta melancolía, el desgaste profesional nos hace mirar con distancia. Pero el espíritu punk está por encima de todo, la pelirroja, ¿está buena?

    Un saludo y bienvenido.

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  25. Querido Joselu,

    Leyendo tu post, una vez más, me has hecho recordar una charla que no hace muchos días tuve con una compañera de fatigas. Ambas intentamos pedir una beca predoctoral, aunque son malos tiempos para los soñadores y no tenemos grandes esperanzas. La cuestión es que hubo una frase que se me quedó clavada "a mí me han marcado mucho más ciertos profesores que cualquier otra persona". Y era cierto, cuando tienes ante ti a un profesor que se entrega y logra encontrar ese dificilísimo equilibrio entre el "amigo" y el "docente", hay una conexión que cuesta mucho encontrar en otros ámbitos. Me siento muy afortunada porque a lo largo de mi formación me he encontrado con algún que otro profesor (siendo fiel al lenguaje diré profesoras) que me ha guiado y me sigue guiando desde el recuerdo.
    Desafortunadamente, pocos docentes creo que son capaces de hacer el proceso que tú cuentas en tu post. Me estoy refiriendo a ese proceso empático que va variando cada curso y cada generación cuando de nuevo te enfrentas a un grupo nuevo de adolescentes y mucho más cuando ese proceso debe hacerse desde cierta experiencia. Ser concientes de que el mundo ha cambiado y que el modo en que tenemos que presentarlo y entenderlo no puede ser el mismo que utilizamos hace 20 años (aunque la esencia tengo la sospecha de que sí será la misma, no somos tan distintos los de antes y los de ahora). No dejar de ser algo triste lo que se abandona en el camino, sobre todo cuando leo "entusiasmo" en relación al pasado. A pesar de ello, creo que docentes como "Dunia", reformulan ese "entusiasmo" a lo largo de su vida académica, aunque miren con melancolía la forma en que nació.
    Un abrazo.

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  26. La edad pasa factura (en el buen sentido de la palabra) siempre. La experiencia suaviza los impulsos de juventud y acalla los deseos de comernos el mundo. El mundo no se puede comer. Está ahí para aprender de él. Y esta es la fase por la que yo estoy pasando. Dunia queda en mí lejos en el tiempo. Me pasa como a ti Joselu. Estamos en la plenutud. En la madurez. No nos desengañemos. La enseñanza requiere la combinación de profesores en diversas fases de su profesión.

    Un abrazo.

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  27. No intervengo para dejar más abierto el campo a vuestras reflexiones que leo con sumo interés. Tengo la impresión de que si contestara a cada uno, a vuestros sugerentes comentarios, intentaría cerrarlos o darles algún tipo de réplica. En todo caso, muchas gracias María, Vero, Negrevernis, Serenus Zeitbloom, Animal de fondo, Antonio, Paco, N, Yolanda Molina, Jueves, Miguel, Marcos Cadenato, Lu, Elena, Rubén, Hombre de barro, la Decimonónica, Simalme. Un cordial saludo.

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  28. Joselu, qué bien vais a trabajar juntos Dunia y tú, tu con tu experiencia y ella con su empuje y juventud. Todo es necesario para un docente, el entusiasmo y el conocimiento que dan los años. Muchos pierden las ganas con el paso del tiempo porque abundan las zancadillas, los enfrentamientos, las protestas, la indisciplina, la desgana, el aburrimiento, la dejadez de las instituciones, la grosería de los padres... No hay recetas para seguir disfrutando de esto pasados unos años. Hay quien se cansa pronto y otros aguantan hasta el límite. Es cierto que desgasta ("fagocita", dice María) porque agota física y sobre todo emocionalmente. Los alumnos nos absorben energía y sólo a veces recibimos la suya. Hay que atenderles a todos (veinte, treinta o más por clase) con mimo y con cuidado, con respeto, procurando guiarles sin violentarles pero con firmeza, una receta difícil de encontrar. Tenemos que acomodarnos a los tiempos que vivimos, soportar los vivenes legales, cumplir las normas aunque no nos gusten y la consideremos erróneas. Y todo estando expuestos a cualquier crítica con un mínimo o nulo apoyo.
    No encuentro el artículo de Verdú. ¿En qué fecha se publicó? ¿Cómo se titula?
    Suerte para Dunia y para ti. Seguro que formáis un magnífico equipo.

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  29. Yolanda, el artículo está en VICENTE VERDÚ. A ver qué te parece. Gracias por tu comentario. Un cordial saludo.

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  30. Querido Joselu, un placer tenerte de nuevo "en casa".

    Saludos y buen regreso al cole!

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  31. Me alegro que ya rondes por aquí, Joselu. Toda la razón en el comentario de mi blog. Y me da mucha pena que la Madrid de mi infancia resuene a esos aires conservadores.

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  32. Joselu, es realmente indignante el artículo de Verdú. Sí lo leí cuando se publicó y sentí lo mismo. Parece mentira que alguien con tan buena prensa y tantos premios diga semejantes desatinos. Si eso es lo que piensa alguien a quien se supone informado y culto, ¿cómo nos extrañan otras barbaridades en boca de supuestos iletrados? Totalmente descorazonador. Parece que hay una desconexión total entre los que pasa en las aulas y lo que llega a la gente de fuera. Así que, claro, cuando los docentes hablamos nadie nos entiende, no saben de qué estamos hablando, no entienden nuestros problemas y preocupaciones, no se explican los resultados de los estudios y encuestas, sólo saben indignarse y echarnos las culpas. La solución es darles a los alumnos maquinitas que les ayuden a ver las asignaturas con muchos dibujos y colorines, jugar con ellos y enseñarles sólo aquello que realmente les guste y les atraiga, nada de clásicos, por Dios, no me sea usted antiguo. Y, sobre todo, maestros jóvenes y enrollados, cercanos por edad a sus intereses. La experiencia es un valor pasado de moda, los viejos al parque a tomar el sol y que les dé el aire. Qué vergüenza...
    Y, digan lo que digan algunos indocumentados, los de "cierta edad" aún tenemos muchísimo que enseñar y que aprender. Por desgracia, el sentido común, las ganas de trabajar y el amor por la docencia no vienen de serie, como el volante en los coches, se adquieren y crecen con el tiempo.
    Un saludo, colega.

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  33. Déjame felicitarte por esta magnífica entrada. Me ha gustado especialmente el tono elegíaco que le has dado. Por lo demás, dices verdades como puños.
    Un abrazo, Javier.

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  34. He olvidado decirte que he visto tu blog en el blog amigo de Antonio Báez, me ha llamado la atención, he abierto el enlace y he leído.
    Un saludo, Javier.

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  35. Juguemos a leer, me alegro de verte por aquí. Han sido meses de desconexión, pero ya estamos cautivados de nuevo por este espacio de vida y diálogo. Un cordial saludo.

    Yolanda, durante un tiempo Vicente Verdú creo representó para mí una voz muy válida que iluminaba con sus artículos, pero creo que él ha cambiado. Pienso que es él mismo el que tiene fobia a envejecer y que no lo soporta en sí mismo. También murió su mujer y ellos fue un golpe terrible para él, y desde aquello no ha vuelto a ser el que era.
    El cruce de edades distintas en los centros puede ser un factor de riqueza, pero reconozco que un instituto o escuela donde predominen los jóvenes necesariamente será más dinámico. Un profesorado en general envejecido no está por la innovación y tienen más puesta su imaginación en el retiro o en lo estático. No siempre es así, pero hay algo de eso. Sin embargo, si en un centro se combinan diferentes sensibilidades y experiencias lo que es lo mismo que decir edades, creo que puede reconvertirse en un clima de riqueza humana y diversidad natural. Eso sí, los mayores han de ser abiertos, tener esperanza y pensar en código optimista como haces tú.
    El artículo es impresentable a mi juicio.

    Javier Quiñones, convengo contigo en el tono elegiaco, pero no estoy muy convencido de que diga verdades como puños. Creo que en el post se abría con un cierto planteamiento literario un contraste sugerido entre Dunia y lo que soy yo ahora, pero los comentaristas han abierto nuevas aristas y posibles interpretaciones a esta relación dialéctica que nos puede enriquecer a ambos. No estoy muy seguro de que mi post defendiera ninguna verdad. ¿Lo ves así? Me ha encantado leer tus palabras, sobre todo porque eres nuevo por aquí y eso siempre es una alegría.

    Gracias, Simalme por haberte pasado por aquí. De acuerdo los dos.

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  36. Yo, Joselu, simplemente te veo como una Dunia con más años y más experiencia, pero con el mismo entusiasmo. Es por eso también por lo que te ves reflejado en ella.
    Sigue adelante y sigue escribiendo posts tan buenos como este Lola

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  37. Hola Joselu, llego tarde...casi todo está dicho y bien dicho.

    Hay muchos factores externos e internos dentro de las profesiones que nos llegan a separar un poco del camino inicialmente soñado, del objetivo principal e incluso de nuestra verdadera vocación.

    Pienso que hay que saber muy bien a veces reanudar ese camino con el mismo equipaje que se llevaba al principio, puesto que si cargas de más, lo acabas notando. Tal vez, sería bueno detenernos en esos cruces antes de cogerlos y centrarnos únicamente en la visión del alumno. Yo creo que un maestro no debe de olvidar nunca que un día fué alumno, un médico no debe olvidar que un día fué y será o es ya paciente, una dependienta no debe olvidar que ella también compra...la EMPATÍA, creo que nos dá una fuerza constante y dinámica para no dejar que lo externo o interno nos separe de esa ilusión inicial. Mantener la empatía parece fácil pero no lo es, y menos cuando hablamos de muchos alumnos, de muchos pacientes, de muchos clientes...y de factores externos. Para mí siempre ha supuesto la llave que enciende el motor cada mañana. Si encima vas acompañado de una Dunia...

    Mira cientos de pupitres atrás y verás sentado el alumno que un día fuiste. Recuerda y empápate de ese sentimiento, de lo que esperabas de tú profesor. A mí eso sólo me produce una palabra: REACCIÓN.

    En ningún momento dudo de tu empatía, estoy segura que la tienes. Pero es vital que permanezca inalterable, a pesar de los años de experiéncia, a pesar de todos esos factores que nos alejan de la directriz del camino escogido.


    Me gusta venir por aquí, estoy encantada de poderte saludar de nuevo y dejarte mi huella.

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  38. Hoy recordé éste blog al mirar a una madre asistir a su hija con la lectura de un libro en un consultorio médico. Los padres, al fin y al cabo, también son maestros.

    Me acordé porque la señora se desesperaba cuando la niña pronunciaba següía en vez de seguía. Y ahora llego y leo la entrada de Gemma y veo que ella ha puesto justo lo que pensé que pondría aquí. Pero aún así me gustaría compartir la anécdota.

    La madre tuvo que haber aprendido a leer para poder asistir a su hija y si no fallaba al decir seguía, algo más le habrá fallado. Pero es esa pérdida de paciencia, de empatía, de humildad y de comprensión lo que hace daño. Y qué le enseña así, ¿alzando la voz repitiendo con ese tono seGUIA? Quizás la niña pronuncie bien la palabra después de esos gritos, pero probablemente será a causa de tratar de evitar el dolor de ser humillada por su madre.

    Los ojos de la niña hicieron contacto con los míos y sentí el dolor y más que nada el miedo y la vergüenza. Se volteo y miró su libro y dejó de leer. La madre le señaló que le faltaba una página para terminar la tarea y la niña se rehusó a leerla. Quedé consternada.

    Saludos nuevamente.

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  39. Buenas querido Joselu. Llevo un par de días dándole vueltas y ya puede. Hermosa reflexión... ¿envidia (sana) tal vez? más que nada por la juventud, el ímpetu, las ganas... Quizás sea que nos vamos haciendo mayores.

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