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martes, 7 de abril de 2009

Revolución y sardinas


En todas las vacaciones termino, por razones familiares, recalando en Galicia, concretamente en A Mariña lucense, cerca de esa hermosa ría de Eo que recorrí hace tantos años... En esta tarde fría en Foz me dedico a hacer memoria de mi descubrimiento de Galicia...

Tenía dieciocho años e iba a hacer durante el mes de agosto mi primer viaje. Y no dudé cuando tocó escoger un destino: Galicia. Zaragoza destino Vigo en un expreso nocturno. Había estado trabajando por primera vez durante el mes de julio para conseguir dinero para el viaje. Estaba doblemente orgulloso por mi primer trabajo y por ser el primer viaje auténticamente mío. Iba con dos compañeros de universidad y los tres nos hallábamos inmersos en un debate interior acerca de nuestro compromiso político. Franco vivía todavía aunque se intuían sus últimos días. Era 1974, y estaba muy reciente la revolución portuguesa de los claveles. Muchos en España soñábamos algo así. Las imágenes de los fusiles revolucionarios de los soldados portugueses, con claveles en la bocana de los fusiles, nos seducían, igual que el nombre del comandante Otelo Saraiva de Carvalho. Estábamos a punto de entrar a militar en la izquierda revolucionaria, y mis compañeros de viaje, Miguel Ángel y Juanra, nos debatíamos sobre qué elección política íbamos a hacer. Además Miguel Ángel y yo salíamos de un proceso de profunda revisión acerca de nuestro compromiso cristiano. ¡Qué lejos que queda aquello! Yo llegaba a aquel viaje iniciático en un momento de profunda conmoción de mis ideas. Había leído a pensadores cristianos como Teilhard de Chardin, que hablaban de la cristogénesis, el proceso mediante el cual la evolución de la vida a lo largo de los eones de la historia llevaba a la emergencia de la conciencia -el ser humano-, y ésta suponía el prólogo del advenimiento de Cristo a la tierra, que fecundaba al ser humano para proseguir esa evolución que llevaría a los seres humanos al encuentro de Dios -la parusia o la llegada del reino de Dios. Chardin era un reputado paleontólogo que unía ciencia y fe sin aparentes contradicciones. Pero nada de eso me servía en aquella España del franquismo. Todavía no había hecho el amor, y la culpabilidad que proyectaba el cristianismo sobre todo lo sexual, me llevaba a intensas reflexiones. La revolución de los claveles inauguraba un nuevo modo de conocer el mundo.

Mi llegada a Galicia primero a Vigo, luego a Vilagarcía de Arousa, y por fin a Santiago de Compostela fue una trayecto inaugural. El encuentro con unos camaradas de un partido revolucionario gallego, que encontramos tocando la guitarra en la plaza del Obradoiro, nos llevó a una velada apasionante en que tomamos un caldo gallego -un plato por siete pesetas-, vino turbio, y al final en una bodega, en un sótano, celebramos una queimada cantando el prohibido himno gallego cuya letra fue compuesta por Eduardo Pondal y que desde entonces no he olvidado: Qué din os rumorosos/na costa verdecente/ao raio transparente/do prácido luar?/¿Qué din as altas copas/de oscuro arume arpado/co seu ben compasado/monótono fungar? La noche fue adquiriendo un espesor apasionante a medida que la queimada iba haciendo su efecto. Estábamos una quincena de jóvenes entre los que había varias muchachas, una de ellas me atraía especialmente por sus ojos negros y su mirada enigmática, a la par de su sonrisa dulce. Me acerqué a ella e inmediatamente nos sentimos próximos. Me gustaba, pero yo era muy tímido. Bebíamos queimada en los típicos cuencos blancos. Me miraba y sus ojos me resultaban extraordinariamente atractivos y cálidos. No sé muy bien qué pasó en el calor de aquella noche de guitarras y cantos de canciones populares gallegas, de conversaciones que hablaban de la llegada no de la parusía, sino de  la revolución a España y a Galicia. El franquismo estaba en sus estertores, y los días que iban a llegar serían decisivos. La revolución se proyectaba llena de magia, erotismo y de unas ilusiones inmensas. Queríamos cambiar el mundo. Aspirábamos a un mundo diferente, no sabíamos muy bien cómo, pero mucho más luminoso que el que habíamos conocido hasta entonces.

Aquella noche fue mi parusía personal. Dormí por primera vez acompañado - evohé- , aunque decir que dormí es inexacto. Tras una noche iniciática de encuentro, fuego, caricias y amor, fuimos ella y yo a contemplar el amanecer. No he olvidado su nombre. Mi saco estaba en un edificio en construcción en medio de Santiago. Fue una noche única. ¿Para quién no lo es la noche en que descubre el amor y el sexo? Fue una noche excepcional, que me llevó a olvidar a Dios y la represión que implicaba. Me reafirmó en mi idea de compromiso político y en mi vocación amorosa.

El resto del viaje fue una continuación de aquellas reflexiones: A Coruña, Betanzos, Puentedeume, Ferrol, Viveiro, Burela, Foz, Ribadeo, Oviedo, Picos de Europa y Covadonga, San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo, Castro Urdiales, Bilbao, Navarra. Gran parte del viaje lo hicimos en autoestop y contar todas las anécdotas que deparó requeriría varios posts. Nada volvería a ser como antes. Recuerdo nuestra llegada a San Vicente de la Barquera en plenas fiestas donde tomamos vino blanco y sardinas asadas que tampoco he olvidado. Allí mi amigo Miguel Ángel y yo charlando frente al mar sellamos nuestro abandono del cristianismo y nuestra entrada en la izquierda revolucionaria.

Pasa la vida. Hoy Miguel Ángel es un alto ejecutivo que gana elevadas cantidades y está montado en el dólar. Hace tiempo que no sé de él. Pero recuerdo aquel viaje, hoy en este bar conectado al wifi en esta tarde fría en A Mariña lucense

33 comentarios :

  1. Sevilla, Salamanca, Santa Tecla, y luego toda la cornisa cantábrica, casi siguiendo tus pasos, pero un año después, yo con 20 años. Mi periplo iniciático -aunque no tanto- terminaba en el Palacio de la Magdalena de Santander, donde había cursos por el día, y queimadas por las noches en los jardines. Vivíamos en palacio, en enormes habitaciones con cinco o seis camas. La torre del palacio era un lugar extraordinariamente acogedor e íntimo por las noches; solo hacía falta que alguien te empujara a subir. Las americanas no tenían ningún pudor, y uno estaba tan dispuesto a perderlo... Daba gusto aprender, y a Franco solo le quedaban tres meses. Luego ha venido todo lo que ha venido, hasta llegar a la vuelta de Chaves al gobierno central, adonde el señor le conserve.

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  2. Eso de las americanas impúdicas me recuerda algún tiempo después trabajando en los sanfermines de Pamplona cuando descubrí a las directas australianas. ¡Qué gozada! Lo de Chaves significa que Zapatero tiene pocas ideas y en este caso no muy brillantes. Uf. Salud.

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  3. Estupendo relato amigo Joselu. Solo puedo agradecer esta sinceridad con la que cuentas estas experiencias tan personales. Mi vida a los 18 años era mucho menos interesante, yo en esa época solo vivía para una cosa y no era ni el amor ni la revolución. También eran tiempos más grises: en el 74 yo tenía seis años. Una lástima que Franco no pudiera haberse muerto varias veces.

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  4. Joder, Frikosal, para morir varias veces hay que vivir varias veces... Déjalo estar.

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  5. En aquella época todos los jóvenes despertábamos.Dábamos el último empujón a un dios tambaleándose.Y el sexo de ser un dulce gemido oculto en la niñez, un vegetal tímido de invernadero, se hizo flor violenta en una primavera.Y ese primer amor, torpe, logró que todo el cuerpo se hiciera sexo.Tengo tatuado ese amor, fuera de la memoria,sin nostalgia.

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  6. a mi me recuerda mi viaje por suiza y alemania (aunque ya tenía 24 años, había perdido la virginidad hacía tiempo y no era mi gran primer viaje), fue el que tuve más anécdotas con el autostop, conocí bebidas nuevas, nuevas chicas de diferentes culturas, platos, etc. Fue un gran viaje.

    Sin embargo, a diferencia de vosotros, yo estoy dentro de una juventud que no tiene el derecho a la lucha, de que hacen algo se les tacha de antisistemas (me gustaría que miraráis los chistes de ramón en El País, en su parodia de sistema y antisistema), terroristas, de una grotesca juventud que se queja por vicio, pues ahora vivimos en la libertad pura y completa.

    Mas bueno, que le vamos a hacer, ya tenemos nuestra revolución que es negarnos a comer OGM o a trabajar. La vuelta al campo, al huerto (donde se folla muy bien también), a lo natural... es una Revolución con muchas flores, plantas y animales, es la Revolución Silenciosa.

    Vosotros habéis tenido la gran suerte de destruir el mundo y moriros antes de verlo perecer a él. Nosotros viviremos para contar los últimos días.

    saludos y gracias

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  7. Distintas vidas, distintos momentos. Yo estaba a punto de traer al mundo a mi hijo Sancho, y teníamos unas amigas francesas, que vinieron a casa con una botella de champagne a celebrar la revolución de los Claveles. Sí que me planteaba muchas cosas, pero lo cierto es que estaba demasiado atareada terminando la carrera y criando a mis hijos, todo a la vez, No hice un viaje largo hasta cinco años después, ni entré en terreno político de verdad hasta esas mismas fechas. Como puedes suponer, de sexo ya sabía un poco.
    Aunque esa zona de Galicia no la he visitado hasta hace dos o tres años, que fui con mi hijo Sancho y su mujer, el efecto de encantamiento y delicia fue el mismo. Gracias por tu encantador relato.

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  8. Eloi, no sé muy bien qué responderte. Tienes razón, pero pienso que tras la revolución humanística del renacimiento todo ha ido encadenado. Es difícil decir quién es el responsable de lo que está pasando. Forma parte de una filosofía de crecimiento a costa de las entrañas del planeta sin reflexionar sobre ello. Quizás esto sea lo propio de las civilizaciones que alcanzan su esplendor y luego se autodestruyen. Eso pasó en la antigüedad en numerosas ocasiones, pero nunca había habido tal acumulación de energía para la autodestrucción. No sé si sentirme culpable por lo que he escrito o el testimonio que he dado, o de mi modo de vivir, creo que no depredador, pero en cierto sentido lo que dices no tiene vuelta de hoja, sólo que vuestra generación si hubiera estado allí, hubiera actuado exactamente como lo hicimos nosotros. Es un problema de civilización y de ceguera. Ahora mismo se vive de tal forma que no se es consciente del desastre que se nos viene encima. Todos quieren salir de la crisis para volver a lo de antes. No se ha interiorizado que va en serio, ni los políticos pueden o quieren hablar de verdad. Perderían el poder. La verdad no quiere oírla nadie. Ni los ciudadanos esperan oír malas noticias. Yo mismo he llegado a la conclusión de que nuestro destino está echado y que casi es inútil lo que hagamos. Que dios o el diablo nos coja confesados. Un saludo.

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  9. Por entonces era yo un consumado ornitocida. Y el día que murió el tirano una mañana radiante de noviembre sin escuela.

    ¡y dicho esto, más fragmentos de Gil de Biedma!

    Un destino condujo diestramente
    las horas, y brotó la compañía.
    Llegaban las noches. Al amor de ellas
    nosotros encendíamos palabras
    Ahora sí. Pueden alzarse
    las gentiles palabras
    ...........

    --esas que ya no dicen cosas--,
    flotar ligeramente sobre el aire;
    porque estamos nosotros enzarzados
    en mundo, sarmentosos
    de historia acumulada,
    y está la compañía que formamos plena,
    frondosa de presencias.
    Detrás de cada uno
    vela su casa, el campo, la distancia.

    ...

    Largamente, los unos a los otros
    en el rincón hablamos, tantos meses!
    que no sabemos bien, y en el recuerdo
    el júbilo es igual a la tristeza.
    .....


    -Ya temo que alguno atenderá a lo no escrito-

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  10. Hola Joselu, que bueno encontrate... de verdad...

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  11. Hermosos recuerdos, amigo Joselu.

    Resulta curioso que usted mencione la Revolución de los Claveles; yo, cada vez que se acerca el 25 de Abril tengo la misma sensación -y, entiéndaseme, no digo "reflexión" pues aún, a pesar de lo reiterada, no está lo suficientemente definida-:

    Una de nuestras grandes tragedias -grande y secreta- es no haber tenido una "revolución" a la manera de nuestros hermanos portugueses. El pueblo español, anegado por lo que entonces se llamaba franquismo sociológico, esperó pacientemente a que el dictador muriese. Todavía hoy escama a mucha gente oír una gran verdad como ésta: la oposición al régimen era minoritaria. Treinta años de propaganda estilo Victoria Prego han hecho creer a la mayoría que fueron las manifestaciones estudiantiles y sindicales las que derrocaron el franquismo. Y eso es una boutade goebbelsiana.

    Con la Transición se consagró un régimen político que otorgó a la ciudadanía todas las libertades individuales que disfrutamos hoy. Sin embargo se decidió -una de las últimas frases conocidas del dictador fue: “lo he dejado todo atado y bien atado”- que las sucesivas generaciones continuaran viviendo con la ausencia de, quizá, la clase de libertad más importante en un sistema que se dice democrático: la libertad colectiva, es decir, la libertad política. ¿En qué consiste? Fácil: consiste en que los ciudadanos, libremente, puedan elegir y deponer a sus representates y gobernantes. Los partidos que lucharon en la clandestinidad contra la dictadura pactaron su legalización a cambio de que las estructuras del viejo régimen quedasen intactas: una jefatura del Estado inviolable, un ejecutivo -gobierno y ministros- todopoderoso, un legislativo -diputados- servil y domesticado por las consignas de sus respectivos jefes de partido, un judicial elegido a dedo por el ejecutivo y unos medios de comunicación garantes de la estabilidad del régimen, ocultadores de la verdad en algunas ocasiones y negadores de la realidad en todas las demás.

    Aquí nadie se salva, ni izquierda, ni derecha, ni nacionalismo, ni “centrorreformismo”. Todos terminaron acatando las reglas, traicionando los fundamentos ideológicos que, en teoría, debía singularizarlos: la izquierda traicionó su republicanismo y tragó con la monarquía; la derecha traicionó su liberalismo y tragó con un sistema en que se impide la libre competencia -las grandes empresas energéticas o de telecomunicaciones, por poner un ejemplo, ¡pactan sus tarifas!-; el nacionalismo traicionó su base republicanista también y se adhirió al rey y a sus instituciones; y el centro…, bueno, el centro en realidad nunca ha existido. Esto, que muchos intelectuales y periodistas llaman “consenso”, no fue un pacto virtuoso sino una traición detrás de otra para quedarse con la mejor parte del pastel. Cómo se puede decir que es bueno algo que te obliga a negarte a ti mismo.

    El dictador se perpetuó treinta y pico años en el poder, pero cometió un error que, luego, el actual régimen ha sabido enmendar para durar muchísimo más si cabe. Su metedura de pata consistió en prolongar un sistema educativo exigente. De ese sistema educativo salieron las generaciones -si bien exiguas y, por ende, manipulables- que tuvieron el arrojo, las ganas y la inteligencia para plantarle cara. Los políticos de la Transición -los mismos a los que votarán la mayoría de ustedes el día de mañana creyendo en sus consignas- lo vieron claro. Si queremos, se dijeron, que nadie nos rechiste en el futuro, debemos empezar a trabajarnos al personal desde el principio, con un sistema de enseñanza que les permita ser felices, trabajar, tener una familia, por supuesto, pero también que les nuble la vista, que les haga cada vez más ignorantes, que anule su capacidad crítica en lo sucesivo.

    Si, con una enseñanza -que, en su estructura, nunca fue franquista, salvo por algunos detalles, sino heredera de una ley muy anterior a Franco conocida como Ley Moyano- exigente el dictador duró en su poltrona más de tres décadas, imagínese, amigo Joselu, cuánto tiempo nos queda con esta farsa que creemos la mejor de las democracias posibles.

    La realidad es que somos un pueblo amaestrado; estamos imposibilitados -no sé si genéticamente- para la conciencia ciudadana.

    La realidad, me temo, es que somos los auténticos culpables de lo que pasó y de lo que está pasando ahora.

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  12. En la vida, uno se sube al tren sin saber bien en qué destino acabará. Lo mejor: escoger unos buenos compañeros de viaje.
    Saludos.

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  13. Yo de joven también hice ese periplo. ¿Qué tendrá el norte y qué la RENFE?. Ese Expreso "Rías Bajas", el olor a alquitrán de las estaciones y el amor al calor de la oscura cantina donde vendían bocadillos de chorizo, con pan, pero sin tomate.
    De las mujeres no hablo que me entra el esplín.

    Saludos.

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  14. Me ha gustado leerte. Yo en el 74 tenía dieciséis años y estaba en quinto de bachillerato (letras). Aún no había despertado al mundo político, y tal vez estaba dando mis primeros pasos en el mundo del sexo. No fui consciente de lo que se estaba cocinando en el ambiente. Pero cuando leo relatos como el tuyo, mi mente se vuelve ligera y revive aquellos años. No como adolescente, sino como adulto. No desde el ayer, sino desde el hoy. Y veo el mundo desde una nueva dimensión. Un relato precioso.

    Un saludo.

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  15. Me impresiona la desnudez con que cuentas tu viaje inicial a la vida adulta. Me impresiona, pero me atrae su lectura.

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  16. Que post tan particular y tan hermoso.

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  17. Andrés Hurtado, una de las paradojas más sorprendentes -me cuesta encontrar el adjetivo- es que las leyes de enseñanza durante el franquismo y los primeros tiempos de la democracia eran mucho más progresistas que lo que derivó de la LOGSE y leyes sucesivas. Se ha hecho una legislación aparentemente igualitarista hasta los dieciséis años pero la realidad es que ha derivado en el sistema más desigual que se puede imaginar. Se acabó la promoción de las clases populares mediante el esfuerzo y la capacidad de superación. Ayer aparecía en EL PAIS que había veinte veces más posibilidades que un hijo de universitarios tuviera éxito en los estudios que un hijo de familias humildes y trabajadoras. Por otro lado, la clase media ha desertado de la enseñanza pública y ha dejado a ésta su función puramente asistencial. Quedan lejos los tiempos en que los institutos de bachillerato eran interclasistas y creaban un ambiente propicio para la promoción intelectual. En base a la extensión de la enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años se ha extinguido un sistema que ahora sólo se puede entender como brillante. Ahora está claro que el que quiera tener un sistema exigente con un ambiente apropiado para el estudio, habrá de pagarlo, y mucho, pero éste no tendrá ese ambiente cultural tan rico que suponía la convivencia de clases sociales diferentes. Se me objeta que aquel sistema estaba obsoleto, pero lo que contemplo cada día me muestra que lo que está sin futuro es la realidad vigente. Las tendencias educativas de los treinta últimos años en todo occidente han llevado al desastre educativo. Y tarde o temprano se reconocerá. Ya empieza a hacerse parcialmente. Pedagogas como Inger Enkvist ha puesto en cuestión este modelo. El resultado ha sido que la enseñanza de calidad es más desigual que nunca antes. Los paganos son varias generaciones que han sufrido y que están sufriendo un sistema cuyas bases ideológicas y políticas son absurdas, clasistas y orientadas a mantener a las clases más humildes en la ignorancia. Los hijos de dirigentes socialistas saben muy bien a dónde llevan a sus hijos y no es a la escuela pública del barrio. ¡Vaya desesperación! En infierno está empedrado de supuestas buenas intenciones. Un saludo, amigo.

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  18. Antonio Solano, muy hermosa la canción de Andrés Dobarro, tan popular en otros tiempos. Durante un tiempo elegí viajar con compañeros de viaje, pero luego me orienté a viajar solo y encontrarlos por el camino. A veces te llevas sorpresas, pero lo cierto es que la juventud es mucho más abierta a nuevas ideas e influencias. La madurez es muy rígida y falta de flexibilidad.

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  19. Antonio, vaya punto que debías estar hecho con tu guitarra a los dieciocho años... Nosotros comíamos bocadillos de membrillo y de mortadela. En aquellos momentos fue un viaje realmente apasionante rumbo a las Rías Bajas. ¡Qué tiempo de cambios y de emociones intensas!

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  20. Miguel, yo empecé a despertar a la realidad política sobre los dieciséis años cuando empecé a estudiar COU; despertar que no suponía militancia pero sí una serie de reflexiones sobre el mundo en que estaba viviendo, sobre todo dado el ambiente franquista en que me había formado. Me alegro de que te haya gustado. Un abrazo.

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  21. Lu, me gusta el termino de "desnudez" aplicado a este texto. Me gusta escribir con dicha desnudez para acercarme al núcleo cálido de las cosas. Un cordial saludo.

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  22. Clares, mi vida familiar me ha traído hacia el norte, pero mi vocación profunda es el sur. Algún día sueño con viajar al desierto de Argelia, Namibia o Mauritania. ¡Qué maravilla! Esas cosas que pasan en el sur...

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  23. Poemas de Rubén, el recuerdo no me evoca nostalgia -coincido contigo- pero sí profunda curiosidad. Esto es un intento de reconstruir un tiempo que existió -o que pudo existir- con esa desnudez a que hace alusión Lu con acierto. Un abrazo.

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  24. Frikosal, lo cierto es que esa transición política y social abrió caminos apasionantes. Era el despertar a la libertad para los que habíamos vivido la dictadura. Estábamos ansiosos de libertad pero todavía éramos educados. Era un equilibrio interesante. Pero si los setenta fueron vibrantes, los años ochenta, al menos para mí, lo fueron doblemente.

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  25. Serenus Zeitbloom ¿Así que eras un experto ornitocida? Algún día tendrías que reflexionar sobre ello. De filosofía y pájaros. Libertad y filosofía. Un cordial saludo.

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  26. Casi siempre que decido leer tu blog es sabiendo de antemano que voy a tener tiempo de leer detenidamente y reflexionar sobre lo que leo.
    Y la verdad es un placer leerte y leer las diversas opiniones que derivan de tus textos.
    Poco puedo decir del 74 pues a mi me tocó nacer mucho más tarde.
    Así que, dado a mi juventud estoy prácticamente obligada a tener esperanza en el futuro.
    Hasta pronto!

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  27. Amigo, una preciosa experiencia de vida, envidiable y seguramente inolviadble...

    Para vos y tus afectos muy Felices Pascuas!!!

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  28. Recuerdo cuando quise ver el mundo... primero mi país y cuando decidí cambiar mi vida para siempre fué natural y sencillo decir como la tía Daniela, esa la de los ojos grandes: "Pos pa' España"... No la recorrí entera, pero poco faltó

    ...Qué lejos aquella chiquilla que quiso cambiar el mundo, revolucionaria hippie "postmoderna" de mis 18, comunista hasta la médula a los 22... Aún hoy... busco y rebusco un cambio, aunque quizá con la experiencia de saber que poco cambiara... ¡sigo intentándolo!

    Querido Joselu, quisiera disculparme por estas ausencias mías... te puedo decir que... mi cabeza da vueltas y vueltas, creo que empecé a madurar y eso... auch! cuesta trabajo... estoy media confundida y replanteando "quién soy" supongo que a todos nos pasa... Pos eso... te leo pero a veces me corto de dejar un comentario...

    No sé... te dejo mi blog personal, -personal- http://lu_.blogia.com.

    Besos,
    Lucero

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  29. Qué maravillosas experiencias cuentas, Joselu... Ahora has vuelto a Galicia para pasar estas breves vacaciones, lo cual siempre es un placer, aunque haga mal tiempo, como parece ser el caso. Yo pisé Galicia por primera vez en 1971, en un Año Santo, tras un largo viaje desde el Sáhara cuando tenía 16 años. fue una experiencia preciosa. Mi despertar político (mi cambio radical) fue mucho más tarde, ya entrada en la veintena. Todas las vidas son diferentes.
    He vuelto a Galicia ya casada y madre y sólo tengo buenos recuerdos de esa tierra. Disfrútala antes de volvaer a las clases.
    Otra vez he estado sin ordenador hasta que me han cambiado el disco duro y parece haberse resuelto por fin el problema. Esto de la técnica es una lata.
    Feliz descanso, colega.

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  30. ¡Venga! ¡Música y a cantar!
    http://www.youtube.com/watch?v=z_H1pYcI_l0
    Un saludo, Joselu.

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  31. Visité Galicia hace casi 10 años, y encontré una tierra fascinante y bella que me dejó maravillada. Sin embargo la evocación que haces de tu viaje, en un momento tan trascendental de la historia de este país y de tu propia vida, me ha resultado una delicia. Qué magia la de aquella noche de queimadas que tan bien describes. Me ha encantado el relato, Joselu. Tienes un don para narrar tus experiencias personales. Disfruto muchísimo con estos posts, amigo Joselu. Gracias por compartirlos con nosotros.

    Un abrazo y felices días en Galicia.

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  32. Que mayores os contais, joer...
    Yo hice algo muy parecido, a pie, como mandan los cánones y tirando de mochila cuando tenía 25 años... Vamos, antes de ayer :P

    Muy bonita la descripción Joselu. No pasaste por Mondoñedo, el pueblo de mi padre, que te pillaba muy cerquita??? Te lo recomiendo porque es precioso.

    Un abrazo

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