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martes, 25 de septiembre de 2007

Debatir en libertad


Soy un fiel seguidor de la prensa diaria, la gráfica y la digital. Acostumbro asimismo a seguir los comentarios que hacen los lectores y que aparecen en algunas noticias seleccionadas en la edición digital de El País. Algo que me sorprende en estos comentarios hechos por lectores de a pie es la abundancia de bilis que destilan muchos de sus razonamientos. Da igual el tema que se proponga, bien sea una noticia de la muerte de unos soldados en Afganistán, economía, unas declaraciones del presidente de un club de fútbol o política… Muchos de los comentaristas utilizan un estilo tosco y agresivo, y en el que los razonamientos son gruesos y sesgados… Todo acaba en denuestos y exabruptos entre peperos y sociatas que son reducidos mutuamente a esquemáticas caricaturas objeto de sarcasmo y rencor. Percibo un intenso resentimiento en la música y en la letra de muchos comentarios, hechos en un periódico que no puede ser calificado de amarillista. Presupongo en todos estos lectores una cierta cultura y un cierto refinamiento intelectual, pero en el momento que se ponen a debatir cualquier tema, sale lo peor de ellos mismos y buena parte acaba en referencias a la guerra civil pasada o venidera.

Hoy he entrado en un reportaje que tiene como eje un minirreportaje que han hecho unos periodistas en algunas institutos públicos y centros concertados sobre la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía. Los reporteros habían entrado en varios institutos públicos de Barcelona, Zaragoza, Mérida, y un colegio concertado de Jaén. La conclusión a que llegaban los periodistas en que la asignatura había sido acogida con ganas y sin ninguna polémica. Los alumnos –según los reporteros- opinaban libremente sobre el respeto, la educación, la variedad de tendencias sexuales y los nuevos tipos de familia. Los argumentos de los comentaristas eran de dos tipos: los que aceptaban entusiasmados esta nueva asignatura como forma de educar en libertad y con información abierta los viejos y nuevos problemas de la sociedad actual. Algunos afirmaban que esto ya estaba en el espíritu de la antigua Ética y que Educación para la Ciudadanía es sólo una forma de actualizar la cuestión; otros sostenían malévolamente que a los curas les gusta más practicar el sexo que enseñarlo. Los contrarios a la asignatura argüían que ésta era un mecanismo de adoctrinamiento del gobierno, de manipulación de conciencias, de meterse el estado en el interior de la familia… Hay que decir que la mayor parte de los argumentos defendían la utilidad y necesidad de esta nueva asignatura en la formación de los jóvenes.

Bilis aparte, he de decir que en mi centro la asignatura no ha suscitado ninguna polémica, ni de un signo ni de otro. Se ha visto normal, como todo lo que viene de las instancias superiores. No ha habido ningún entusiasmo por ella ni ningún comentario agrio acerca de la misma. Quizás los profesores se guardan sus opiniones en su ejercicio docente. El caso es que en un primer momento se barajó la hipótesis de que fueran los tutores los que la impartieran, pero luego se optó por los profesores de sociales aunque estos reconocían que una parte de sus contenidos no tenían que ver con el área que enseñaban. Así se ha acatado y se está enseñando. A estas alturas de curso es difícil extraer ninguna conclusión sobre cómo se está desarrollando la asignatura. Depende del enfoque del profesor. La materia es evaluable pero está abierta a la participación de los alumnos. Me gustaría que los jóvenes aprendieran a debatir sin la acritud que muchas veces muestran los mayores. Me gustaría que la asignatura estuviera abierta a la libre expresión de puntos de vista divergentes y de cualquier signo. Querría que esta asignatura se convirtiese en un espacio abierto de debate respetuoso sobre tantas cuestiones sobre las que es necesario hablar: la sociedad multicultural, las relaciones entre culturas distintas, la solidaridad y los mecanismos para regularla, la globalización, el respeto mutuo, la aceptación de la diferencia, el consumo responsable, la conciencia de la propia identidad, la sexualidad y los diferentes modelos de familia, el cambio climático, nuestra responsabilidad ante la marcha del mundo…

Por intentarlo que no quede, pero este docente es consciente de las dificultades de organizar debates entre los alumnos en que se escuchen los puntos de vista del contrario; gustan más las consignas que los razonamientos, los exabruptos que las matizaciones. Sospecho que el mundo de nuestros adolescentes en buena medida, también se ha contagiado de eses virus maligno que es la caricatura de las opiniones ajenas. Hacen falta espacios de respeto para aprender a dialogar. Ojalá sea uno esta asignatura. Lo deseo de todo corazón. Aprender a escuchar y a dialogar son las más importantes materias de las que están necesitados los jóvenes españoles.

8 comentarios :

  1. Este tema lo vivo a diario como periodista. Siempre voy a leer los comentarios que dejan los lectores y rara vez (muy rara vez) suscitan una discusión inteligente, o por lo menos respetuosa. Esta es una señal de la época, me parece a mi, y del hecho de que como no se ventilan las ideas de una manera pública, se da una nueva modalidad del comentario anónimo, en el que se puede decir lo que sea sin ninguna responsabilidad. Por lo que entiendo de lo que dices, se motiva el debate en las escuelas. Primero que nada, veo una diferencia entre el debate y el diálogo. Quien debate solamente quiere ganar una competencia. Quien dialoga busca dilucidar alguna verdad. Tal vez los maestros pudieran formar parte del debate, uno para cada lado, para que modelen cómo se hace. Por otro lado: te leo más motivado con los asuntos escolares este año. ¿Me equivoco?

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  2. Amigo, Víctor, gracias por tu visita y tu comentario siempre centrado y oportuno. Me preguntas sobre el grado de motivación este año. Mi profesión es de las que se ama y se detesta. No consigo excluir ninguna de las dos posibilidades en mi caso. Supone un desgaste de energías que sólo el que está dentro puede ser consciente. Quizás otras profesiones sean parecidas. Yo vivo esta intensamente, a veces con extrema ilusión y otras con desesperanza. Todo ello aparece en forma de vaivenes en estas divagaciones con voluntad existencial de Profesor en la Secundaria. No soy un entusiasta sin más que sólo vea los aspectos luminosos. Mi tendencia -mala, ya lo sé- es ver la botella medio vacía. Joselu, mi avatar bloguero, intenta llenarla de contenido con la constancia de la voluntad y el uso de la razón. En esas estamos, amigo.

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  3. Es cierto que en el debate cotidiano parece existir la necesidad de esteoreotipar al rival, es una forma de no discutir las argumentaciones y ahorrarnos el razonamiento.
    Es imprescindible que en el aula promovamos la capacidad de argumentar y de razonar, de alcanzar acuerdos.
    Yo también tengo curiosidad por saber cuál es el futuro de esta asignatura, lo más probable es que dependa más de profesor, alumnos y centro que de la ley.
    Saludos.

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  4. Yo también suelo leer la prensa digital, sobretodo porque desde la distancia es mucho más sencillo, aunque también me suelo dirigir a portales más alternativos. Sin embargo, hace tiempo era un gran consumidor de los posts que la gente escribía en estos diarios, como tú en El País, pero ahora estoy cansado y hace tiempo que paso, porque no dicen nada, porque la gente de la calle, la mayoría, sigue creyéndose las tonterías que les mete el poder mediático en la cabeza, unos por un lado y otros por el otro, son incapaces de pensar por si mismos, reflexionar y, además, se demuestra que la mayoría de personas no tienen ni idea de cómo ha sido la historia. Les lees como auténticos periodistas tergiversando la realidad a sus necesidades.

    Por otra parte, espero, como tú, que esta nueva asignatura sea capaz de hacer debatir a los alumnos, que les enseñe sobre todo lo que significa respetar y la libertad. En mi época, yo veía la asignatura de sociales e historia como la hora perfecta para hablar de todo esto, pero me desilusionaba cuando los profesores sabían menos, no leían o te enseñaban datos erróneos. Espero que ahora los profesores den buenas clases y expliquen bien a los alumnos lo que es cada cosa, como también que hay manera diferentes de vivir y que el Estado no lo es todo, más bien, es una maquinaria que quita libertades, pero bueno, vamos a ver, por lo menos si consigue mejorar un poco las nuevas generaciones, yo estaré contento.

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  5. Creo que se trata de un problema de ruido. Hay demasiada gente que llena los canales de información con mensajes vacuos. Es una función fática contraproducente. Mientras algunos -los menos- mantienen comentarios que 'significan' que están escuchando o leyendo, otros generan un discurso repetido que 'significa' que saben hablar (con un gusto y estilo dudoso). Y no solo en los blogs, o en Internet. Es algo que llena los corrillos y las tertulias en la calle. En la sociedad de la información, todos tienen datos en abundancia que derraman sin parar, que derraman sin procesar. Traducido a la política, es la crispación, monólogos cruzados que no aportan nada. Agotador y estéril.
    Lo más grave es que, en medio de tanta palabrería, los interesados son los que menos se enteran, como ocurre con Educación para la ciudadanía, que, de no cambiar las cosas, puede seguir los pasos de la Alternativa a la religión.

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  6. .












    y yo pensaba en un periódico amoroso que cuando lo tocas la letra arde.
    y posmópolis, santísima posmópolis.

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  7. Hey!

    Muchas gracias por incluir mi blog como link. En serio, me hace mucha ilusión, aunque sea más de cine que de enseñanza.

    Hoy dos niños me han reconocido la trastada del día (pasar un alfiler por la mesa mientras yo escribía en la pizarra)pero luego me han faltao "tablas" cuando he hablado con ellos. No sabía bien qué decirles que no fuera mera riña o un rollo para ellos.

    Un saludo Joselu.

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  8. Difícil lo que planteas porque en este país tener una opinión diferente te convierte en enemigo de quien piensa lo contrario. Y así no se va a ninguna parte. Este es un país muy dogmático. No dialogamos, discutimos.

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