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domingo, 21 de enero de 2007

El viaje


Este invierno de elevadas temperaturas ha dejado sin nieve la mayor parte de las estaciones de esquí en España, especialmente en Cataluña. Produce tristeza ver la crestas de la cordillera pirenaica totalmente peladas y sin una brizna de nieve. Esto reflexionaba ayer cuando llegamos desde Barcelona a la zona que nos iba a llevar al valle de Nuria en el pirineo oriental. La subida lleva, desde Queralbs, unas tres horas de gran esfuerzo puesto que se salva un desnivel de casi mil metros.

Íbamos tres excursionistas: Iván, José Ignacio y yo. Iván es mi cuñado y éste había organizado la caminata para que conociera a José Ignacio, un personaje singular cuya afición, o mejor dicho, pasión es la de recorrer el mundo en bicicleta. Buena parte del trayecto en coche y luego haciendo el ascenso fue para preguntarle por sus viajes, los ya realizados y los que tiene en proyecto. Su vida es viajar con su bicicleta. Sabe que no puede tener novia porque no encontraría una que estuviera dispuesta a compartir su proyecto de vida. Ha dado la vuelta a España y ha realizado varios viajes de los cuales el último hace dos años fue recorrer América Latina desde la Patagonia hasta Perú. Su bicicleta lleva un remolque, un carrito, que arrastra cuarenta kilos de equipaje, todo lo necesario para viajar ocho o nueve meses que es lo que suelen durar sus viajes. Nos trajo álbumes de fotografías en las que aparecían imágenes de la Patagonia con el glaciar estrella llamado el Perito Moreno en el Parque Nacional de los Glaciares de Argentina. Desde la Patagonia donde soplaba un viento continuo atormentador fue arrastrando su carrito por la geografía argentina y chilena, atravesó Bolivia y llegó a Perú donde visitó el Machu Pichu.

En todas partes encontró buena gente dispuesta a ayudarle y darle cobijo, así como para invitarle a comer o a tener un rato de buena compañía. De este viaje han quedado buenas amistades a las que piensa volver a ver en su siguiente periplo que comenzará en julio, sólo que esta vez comenzará en Venezuela, seguirá por Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay y Argentina hasta llegar a Mendoza donde tiene buenos amigos. Desde allí volverá a España.

Me fascina la conversación con José Ignacio. Es un aventurero al que preguntaron en un periódico por qué hacía esto y él debio responder sencillamente que para conocer mundo, a otras personas y para encontrarse a sí mismo. Cuando vuelve a España tiene trabajos, siempre al aire libre. No soporta estar encerrado en un edificio. Ahora trabaja de jardinero. En los dos años de descanso obligado para conseguir dinero -me subraya que no es un hijo de papá- para su siguiente viaje, vive con sus padres y las dos iguanas de más de un metro y medio que tiene su hermana en casa. Ahorra y ahorra para realizar su siguiente sueño que no es otro que viajar. Otro proyecto para dentro de cuatro o cinco años es la de darle la vuelta al Mediterráneo. Tiene algunos puntos como irrenunciables: el Vesubio y la ciudad de Pompeya, las pirámides egipcias, Israel y Siria, los templos griegos…

José Ignacio no está atado a nada, sólo a su bicicleta. No sabe cuándo se irá de casa de sus padres. Probablemente nunca. Sería imposible tener vivienda y pagarla y seguir realizando su máxima ilusión que es viajar y conocer mundo.

La conversación con José Ignacio me produce una gran satisfacción. Su planteamiento está alejado de los tópicos sobre lo que debe ser una vida normal. Él no se considera un aventurero, pero yo pienso que sí. Pertenece a la estirpe - que yo he admirado tanto- de los grandes viajeros, los devorados por la pasión de recorrer el mundo, estos viajeros que han de ser solitarios por necesidad, aunque cordiales puesto que no hay nada que abra tanto a las personas como estar solo durante varias jornadas y encontrar a alguien con quien poder charlar y compartir una velada. Viajar te hace abrirte a los demás. Los viajeros en general son gente que está dispuesta a compartir momentos intensos de conversación, a intercambiar experiencia e historias. Es otra estirpe, a la que pertenecí un tiempo, pero las necesidades de la vida, las relaciones de pareja, los hijos, la vivienda… te van atando a un mundo más cerrado, más íntimo, más convencional. Queda eso sí, la nostalgia de un mundo en movimiento, cambiante cada día de horizontes, en estado puro de aventura. Sí, mi añoranza en este día con telón de fondo de los Pirineos vacíos de nieve. Pienso en el glaciar Perito Moreno en la Patagonia, que nunca veré, y pienso en el tiempo que le queda antes de fundirse como consecuencia del cambio climático. Me gustaría que mis alumnos pudieran escuchar la experiencia de un viajero singular, de un joven que ansía viajar así como tejer relaciones humanas sin acritud y con cordialidad.

8 comentarios :

  1. Bueno desearle mucha salud a José Ignacio para que le aguante las piernas. Es cierto que estos personajes nómadas son dignos de admiración, tan alejados de los que somos sedentarios.

    Lo de la nieve es otro tema. A mí me gusta verla desde de lejos, pero me gusta verla. Llevamos casi una semana rozando los 20 grados centígrados. Qué barbaridad. Hasta los árboles tiene flores. La naturaleza está despistada.

    Veremos qué pasa si esto es ocasional o como señalan algunos expertos serán cada vez más común. Se nos van a olvidar las prendas de abrigo.

    Y lo peor es que al no llover tampoco el aire de la atmósfera empeora su calidad.

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  2. Le propones a José Ignacio un rato con tus muchachos y enseñar las fotos proyectadas y charlar sobre sus viajes. Yo creo que ellos alucinarian. Seguro.
    Otra cosa es lo del cambio climático, estoy de los nervios y sospecho que algo tiene que ver este invierno primaveral

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  3. Personajes como José Ignacio despiertan admiración. Estoy convencida de que una charla con tus alumnos sería mucho más educativa que muchas de las lecciones que reciben (y no sólo de castellano, claro). Educar en la experiencia, educar para la vida... es quizá algo que queda relegado por culpa de los programas curriculares.

    (Hablando de posibles visitas a los institutos, disculpa que aproveche la ocación para pedirte un favor, no encuentro tu correo para poder ponerme en contacto contigo. ¿Has localizado al trovador, ese profesor de Rubí que da recitales a la carta? Yo he llamado a todos los institutos de Rubí y nadie lo conoce. No sé cómo ponerme en contacto con él. ¿Tú lo has intentado?)

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  4. Respecto de los viajes, una precisión: Kant jamás salió de su ciudad, de Koenigsberg, y cambió nuestra forma de ver y concebir el mundo. Quiero con ello decir que, aun estando de acuerdo en la importancia trascendental del viajar para liberarse del pelo de la dehesa, ¡cuantísimos son los viajados que sólo vuelven aviejados; resabiados, pero no más sabios!

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  5. Como siempre, tus notas apuntan a reflexiones que no podemos esquivar. He caído en tu trampa y he publicado una nota sobre el viaje. Si la envidia fuera tiña...

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  6. Saludos. Comparto esa especie de nostalgia por lo que nunca ha sido, aunque los viajes más bien me trastornan y no es hasta después que los aprecio como las experiencias enriquecedoras que fueron. Qué bonito, sin embargo, andar en bicicleta...

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