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martes, 20 de septiembre de 2022

La desaparición de los rituales

24 comentarios :

  1. Pues si, creo que es algo que nos da estabilidad. A algunos les sirve para concentrarse, me he acordado de Rafael Nadal y las cosas que hace antes de sacar... Supongo que le ayudan,
    Luego están los rituales públicos que ayudan a cohesionar la sociedad, o lo intentan.

    Un saludo

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    1. Es curioso que vivamos en una sociedad que ha descartado los rituales como anticuados y enojosos, tradicionales, y que a la vez esté tan necesitada de ellos. El ritual no solo es una repetición, es una recreación de un rito que evoca un orden estable. Y en un mundo que se entusiasma con la novedad, con lo diferente, con el cambio, con la velocidad, el ritual parece en contradicción. Pero ciertamente, aunque los eludamos en base a la prisa, nos son imprescindibles. Yo busco en mi vida establecer rituales, incluso cuando viajo a lugares lejanos, busco una especie de estabilidad, volviendo y haciendo algo varias veces. Los rituales dan cohesión, ciertamente. Saludos.

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  2. Si hay algo que deteste el positivismo son los rituales.
    El positivismo requiere del cambio constante, la actuación rápida, la renovación permanente, las frases rápidas, los actos inmediatos y hacer las cosas de manera centrífuga y la vida cambiante. La antítesis de todo ello es el ritual. El ritual requiere tiempo, tranquilidad, paz, sosiego, pausa y un desgaste acorde a lo que se está efectuando.
    No me extraña que quizá por ello, en esta época de mensajes al instante y correos inmediatos con contestación recíproca, lo que está dando estabilidad a la vida esté desapareciendo.
    Quizá por ello, y entre otras muchas cosas, está desapareciendo el noviazgo, donde la pareja se conocía sino a fondo, un poco más que superficialmente, y convenían si se juntaban o lo dejaban pasar.
    Hoy, en nombre del "empoderamiento", la "libertad", la "igualdad" o el ser "progressista", eufemismo que emplean los "novísimos" de algún partido, para diferenciarse de los "viejos", hemos perdido el buen hacer de los rituales, los complejos y los simples, y hemos hecho de la vida un lugar donde correr y galopar, en vez de ir al paso, como "toda la vida".
    Salut

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    1. Vivimos un tiempo de emociones constantes que exaltan diferentes narcisismos, y no hay nada más alejado del ritual que el narcisismo, porque el ritual requiere de valores sociales que están por encima del individuo que pasa a segundo plano. El ritual es un pacto para mantener unas determinadas formas -la cortesía por ejemplo, el vestuario- pero rechazamos lo que consideramos formalismo. Los uniformes son una suerte de ritual y a mí me gustan los uniformes aunque tanto se les rechaza que raramente encontramos a profesionales uniformados en aras de la espontaneidad y la naturalidad. Los funerales nos parecen largos y enojosos y por ello los oficiantes buscan hacerlos breves y sintéticos. La vida moderna, parece rechazar el formalismo para asumir una supuesta autenticidad que estaría reñida con el ritual. La sociedad del pasado era más ritual, tú lo has señalado, y ahora vivimos el vértigo de la velocidad incesante y angustiosa.

      Me ha gustado mucho tu comentario porque da en el centro de la cuestión. Creo que te gustaría el libro breve pero denso de Byung-Chul Han cuya referencia está en la cita que he extraído. Salut.

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    2. Lo pediré a la biblio, ahora el préstamo entre bibliotecas vuelve a funcionar y lo hace bastante bien.
      Gracias

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  3. Coincido con Miquel, El ritual requiere tiempo, tranquilidad, paz y sosiego.

    Y todos tenemos pequeños rituales diarios, que realizamos casi inconscientemente, desde que despertamos hasta el final del día.

    Todo lo que es mínimamente trascendente, requiere de su propio ritual.

    Saludos.

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    1. Tienes razón, Rodericus, tal vez los mayores somos más conscientes de valores como la profundidad, la trascendencia, la serenidad y nos damos cuenta de la necesidad de los rituales. No obstante, pienso en el movimiento independentista y veo que está lleno de ritualismo: sus banderas, sus himnos, sus cánticos, sus mantras, sus procesiones con antorchas, sus cruces, sus formaciones organizadas...

      Hay un movimiento cristiano-católico que se llama Hakuna que celebra con público esencialmente joven eucaristías y celebraciones basadas en la música más actual que reúne a miles y miles de participantes.

      Pretendemos echar de nuestra vida los rituales -en general- pero forman parte de nuestra psique porque la vida es transitoria y necesitamos reproducir ritmos que nos defiendan del vacío. La propia naturaleza es ritual, las fiestas que celebramos son rituales, incluido Halloween, pero a la vez se rechaza el formalismo, elemento esencial en el ritual.

      Ahora priva el juego -el game-, el cambio incesante, la prisa y se desecha el ritmo lento, que como bien dices, requiere de tiempo, tranquilidad y sosiego.

      Saludos.

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  4. Hay una parte que no me gusta de los rituales y es que te hacen aceptar cosas sin pensarlas, simplemente toca asumirlas, haces algo porque siempre se ha hecho...

    Pero, por otro lado, reconozco la fuerza que tienen, lo que ayudan a unir a las personas, a tener objetivos comunes... quizás eso lo hemos perdido, ¿verdad?

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    1. Un tiempo me dediqué a estudiar las sociedades africanas, tema que me fascinaba por su fuerza y sus valores antropológicos. La vida de todas las tribus africanas es totalmente ritual, el rito forma parte de la entraña de la vida. Es igual en todas las sociedades tradicionales. No es de extrañar que el occidente contemporáneo haya desechado los ritualismos en contraposición a una mentalidad individualista en que los hombres se creen únicos, geniales e irrepetibles. El rito está por encima del individuo y expresa valores sociales compartidos. Todo reñido con nuestras ideas de originalidad y creatividad. Claro que en el ritual hay formalismos que hay que aceptar. Aceptarlos significa pertenecer a la comunidad. Las sociedades modernas han desechado los rituales por eso, para defender la libertad individual por encima de los usos sociales que pueden ser coercitivos. Sin embargo, los rituales surgen de nuevo. Véase el día del orgullo gay, la Gay Parade, que se celebra en tantas ciudades. ¿No es un ritual con su parafernalia y sus ceremonias de distinto sesgo que las tradicionales? Y no solo eso, sino que surge a su alrededor una ideología políticamente correcta que excluye a modo de Santa Hermandad ideológica y política todo lo que se sale de sus parámetros. Igual el feminismo y sus símbolos, tal vez en menor medida. Antes todo el mundo vestía de modo parecido y ahora todo el mundo viste de modo tan diferente pero de acuerdo a unas modas inapelables. Todo son ritualismos que van más allá del individuo. Cuando pretendemos echar los rituales por la ventana, vemos que vuelven a resurgir de otra forma e igualmente coercitiva. Y sí, los rituales ayudan a unir a las personas, son su esencia.

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    2. Así es, cuando perdemos el rito queda el individuo. La sociedad,"tu gente", pasan a un segundo plano y sólo queda sitio para ese yo, hinchado en su ego y en busca de ser aún más yo, más individuo.

      No soy una persona nada católica, pero hace años el Papa hablaba de la perdida de valores (cristianos, claro), como uno de los culpables de la deriva de nuestra sociedad. Incluso sin ser una persona católica entendí la fuerza de ese mensaje, hemos perdido un espejo común en el que mirarnos, una escala de valores que sea similar para todos..

      Tiene un arreglo complicado eso, ¿verdad?

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    3. Pienso, Beausant, que no tiene arreglo. Nuestra sociedad, y nuestra mente, individualista, difícilmente admite valores sociales o morales que sirvan para unir a la comunidad. Ello no quiere decir que no haya un hambre de ello. En Francia, asistí a una misa en un pueblo de la Bretaña, en que la iglesia estaba llena hasta los topes. El sacerdote era negro y llevaba el rito de un modo muy dinámico y atractivo, de modo que la comunidad participaba con sus cánticos y oraciones. Yo no soy católico -sí de bautismo, claro- pero no dejo de considerar que la religión tiene una función que es la de "re-ligare", unir. Nuestra mente moderna no admite el sentimiento religioso, pero está ahí, de alguna forma terminará saliendo. He leído, como he dicho en otra respuesta, que ha surgido un movimiento católico que se llama Hakuna, que reúne a miles de jóvenes en sus rituales, incluida Eucaristía, a ritmo de música alegre y actual. Te dejo el enlace: CONCIERTO DE HAKUNA

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  5. Creo que con la edad estamos volviendo a ejecutar rituales anidados y arrinconados en nuestra inconsciencia.
    La vida que hemos llevado tendía a una aceleración exagerada y cuando decae, tenemos tiempo y eso propicia recuperar ciertos comportamientos.
    Saludos.

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    1. La vida es un rito incesante: ciclos de veinticuatro horas, semanas, meses, estaciones, ciclos anuales... La naturaleza es ritual, cíclica. Sin embargo, los rituales sociales que unen a la comunidad son escasos. Recuerdo cuando la pandemia y la gente salía a aplaudir a las siete de la tarde a los balcones. Aquello fue un ritual pero que otros muchos vieron como gregario y de forma negativa. Los rituales, como los de los funerales de la reina Isabel II se han visto como excesivos y cansinos cuando eran ritos de tránsito de un tiempo a otro. Nosotros realizamos rituales solitarios, pero la esencia del rito es social. Saludos.

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  6. Nos movemos constantemente entre rituales, y no solo en lo cotidiano. Supongo que en muchos casos ni tan siquiera somos conscientes de ello.

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    1. Para participar de un rito, es necesario ser consciente de ello porque su dimensión es colectiva, une a la comunidad, va más allá del hábito individual. Estuve en Indonesia en 1984, y vi con satisfacción que a temprana hora, sobre las seis de la mañana, la gente salía a las calles a practicar una especie de tai chi, o algo parecido, al ritmo de una música que daba la bienvenida al día. Era algo muy hermoso. En los templos había rituales, el ritual es repetición y recreación. En nuestra sociedad occidental, tan laica, el ritual cansa y se deja de lado.

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  7. A nivel personal hay rituales agradables y otros no tanto, que son más por obligación que por devoción, pero en todo caso es cierto que dan estabilidad y por tanto aportan seguridad y tranquilidad.
    A nivel de grupo los rituales ya son otra cosa en mi opinión, los hay que no te encajan y que no practicas por mucha estabilidad que te ofrezca ese rito. Me gustan algunas tradiciones y lamento que se pierdan esas que para mi tienen mucho sentido pero no todos los ritos son deseables, hay bastante variedad diría yo.

    Un abrazo!!

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    1. He ahí el problema. Dices que hay rituales en que se participa más por obligación que por devoción. Eso revela que nuestro mundo se ha alejado de ciertos tipos de rituales que son continuos en las sociedades tradicionales. Recientemente en Reino Unido, la sociedad británica ha participado masivamente en rituales para despedir a la soberana británica. Muchos han visto esto como inútil y de forma crítica. En islas indonesias hay rituales que duran semanas para despedir a un difunto. Nuestra mente moderna rechaza cierto tipo de rituales sociales porque los vemos coercitivos y nos gusta sentirnos individuales y hacer lo que nos gusta. Sin embargo, se participa en otros tipos de rituales. Se contrapone la mente moderna frente a la mente tradicional.

      Un abrazo, Ana, gracias por participar.

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  8. Un ritual creo que ayuda a crear un cierto estado mental de "presencia" y de valoración de un acto que se va a realizar.
    Por otra parte como pasa con los símbolos se les puede dar excesiva importancia hasta el punto que adquieren vida propia, como pasa con los símbolos y que adquieran un valor propio mucho más alto que lo que representan y hacen olvidarlo. Por poner ejemplos, la misa u otros rituales religiosos o la bandera a nivel social. En el zen, donde me refugie harto de rituales vacíos vi con sorpresa que tb los había y encima en un lenguaje indescifrable!
    En resumen, si nos predisponen hacia la esencia de lo que representan de acuerdo, pero si adquieren vida propia y suficiencia, pues no.
    Un abrazo!

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    1. En el dojo donde yo practicaba zazen entonábamos cada mañana el Hanya Haramita Singyo y me gustaba el ritmo y cómo resonaba en mí. Alguna vez marqué el ritmo con el tambor. Lástima que mis rodillas y mis piernas no fueran flexibles para la postura y tuve que dejarlo, por esa y otras razones. Me gustaban los rituales zen. Y, sí, ciertamente tienen mucho de simbólico y elevan la vida cotidiana, banal y plana, a una altura diferente. Los rituales consensuados con una carga espiritual son alimento para el ser.

      Me ha gustado esa idea de que un ritual ayuda a crear un cierto estado mental de presencia. Pienso que es una pena que nuestra sociedad sea tan poco aficionada a los rituales. En Indonesia, donde estuve hace mucho tiempo en mi juventud, participaba en rituales religiosos o dramáticos -aunque es difícil deslindar ambas facetas- durante noches enteras. Hay una visión crítica o negativa hacia los rituales pero pienso que bien orientados son muy positivos.

      Marcel Proust tiene un librito que se llama "La muerte de las catedrales" escrito a principios del siglo XX. Él lamentaba la pérdida de los rituales religiosos en las catedrales que en realidad eran ceremonias medievales, pura arqueología cultural, que difícilmente iban a sobrevivir. Se preguntaba, creo recordar, que si tuviéramos ocasión de contemplar los ritos órficos de la antigua Grecia, todos tendríamos interés en que se conservaran. Nuestra mente moderna, analítica e hipercrítica, no acepta la naturaleza muchas veces espiritual o social del ritual, y se hunde en un individualismo narcisista y racionalista que nos aleja de estados contemplativos, tal vez.

      Una vez en clase, quise hacer que mis alumnos se concentraran observando una vela encendida en la oscuridad total del aula durante unos minutos. No fue posible porque los "graciosillos" lo impidieron. Nos falta la dimensión contemplativa, creo yo, nubeagua. Un abrazo.

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  9. Desde luego, sin rituales perdemos la capacidad simbólica que nos enseña a comprender mejor los sucesos trascendentes, por ejemplo, la muerte y el nacimiento.

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    1. Sin embargo, el libro del que está sacada la cita sostiene que hemos perdido los rituales o están en grave estado de desaparición. He estado en algunos funerales, generalmente correspondientes al rito católico, en que el ritual carece de fuerza, es un acto social que se asume con ganas de que acabe pronto para pasar a otro tema. He visto funerales de doce minutos. Pienso que hemos perdido la capacidad simbólica y los rituales de muerte o nacimiento son intrascendentes o asumidos con resignación. En otras culturas, hay rituales de paso para acceder por ejemplo a la edad adulta -en las culturas africanas- pero como en occidente la adultez llega pasados los cuarenta, no acaba de tener sentido. Las bodas sería otro tipo de ritual que se sigue manteniendo, eso es cierto, pero en todo caso, nos faltan muchos otros para mantener cohesionada la comunidad. La tesis del libro es que el individualismo radical de occidente ha acabado con ellos. Si fuéramos al pasado o a otros países donde haya culturas tradicionales, si no han sido destruidas por la globalización, veríamos una fuerte ritualización de la vida social. Zygmunt Bauman hablaba de de lo modernidad líquida y en ella no tiene cabida lo trascendente.

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  10. Los rituales son también raíces, son legado que traspasar a las siguientes generaciones, instrucciones/pasos sencillos para replicar la cultura que heredan de nosotros. Sin ellos, sin su perpetuación generación tras generación, dejan de tener gran parte de sus raíces, y eso es una gran pérdida: el adiós al "qué somos y de dónde venimos". Hoy se prima mucho eso: da igual el pasado, viva el futuro, la alienación, el consumismo, la modernidad que fagocita todo lo que huele a viejo, y así quedan antiguos y devaluados los rituales de nuestros abuelos, gente antigua y analfabeta que no sabía nada de la vida (nosotros somos modernos, tenemos internet y más acceso a la cultura que en toda la historia, y de qué nos sirve, al final somos tan analfabetos como ellos en relación a nuestras posibilidades infinitas actuales).
    Dadme raíces a las que agarrarme, claro que sí, dadme al menos un ritual...

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    1. Has sintetizado muy bien buena parte del sentido de los rituales que sirven para conectar a unas generaciones con otras. Pero, como dices, nadie se interesa ya por el pasado si no es para sacar réditos de él -la manipulación política de la historia-... Hay sociedades fuertemente ritualizadas como la japonesa en la que los rituales son esenciales en la vida social y eso lleva a un sentido de la cortesía y la buena educación que, evidentemente, aquí no se estila. Hay una profesión relacionada con la muerte que tiene como eje lavar y preparar al muerto para el gran viaje. Son profesionales muy preparados en los ritos de la muerte, todo hecho con un gran respeto y arte. Hay una película japonesa que me impresionó sobre ello. Los ritos nos proporcionan identidad y sentido de la comunidad. Desgraciadamente, en nuestro país se han perdido en buena parte. Pienso en las procesiones de Semana Santa y pienso que son rituales, no obstante. Claro que significan raíces, los rituales nos enraízan.

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  11. Orientan porque la vida es inestable y nuestra existencia volátil. Y después estamos los que nos da por romper con los rituales.

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