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viernes, 22 de marzo de 2019

La experiencia del viaje




He viajado bastante en los dos últimos años con el llamado turismo "low cost" que permite que en cualquier época del año verdaderos aluviones de turistas lleguen casi a cualquier parte del mundo, especialmente si son ciudades o lugares considerados “in”. Las ciudades europeas están llenas de turistas, sea Praga, Budapest, Madrid, Cracovia, Estocolmo, Lisboa, Dublín, Amsterdam, Viena o Berlín, y da igual que sea invierno –menos, claro- que en primavera o verano que es el acabose. Y los turistas hacen fotos, claro, en cualquier circunstancia y en cualquier lugar, sea de la comida, sea de cualquier vista o perspectiva típica. Es lo normal, pero no lo es tanto cuando ves a jóvenes y no tan jóvenes hacerse fotos divertidas, provocativas, en lugares que merecerían un profundo respeto. Vi a turistas hacerse fotos chachis en el memorial de las víctimas del Holocausto en Berlín, o en el mismísimo campo de exterminio de Auschwitz posando como si se estuviera en una situación muy apta para ser comunicada por las redes sociales, porque, claro, luego estas fotos se difunden en redes sociales sin lugar a dudas. “Fíjate dónde estoy” y añado que haciendo el ganso. Un viaje se retransmite por Instagram donde se cuelgan fotos en actitudes entre el buen humor y el regocijo. “Fíjate qué bien me lo estoy pasando”.  

La experiencia del viaje se trivializa en virtud del turismo masivo. Cualquier lugar que tenga fama es invadido por masas y masas de turistas que harán interminables selfies en cualquier circunstancia y todos sus amigos verán la crónica del viaje en Instagram recibiendo entusiastas likes y comentarios que ofenderían a cualquiera preocupado por la inteligencia colectiva.

Cabría reflexionar sobre la idea misma del viaje, del viajar, que en un tiempo se consideró como una experiencia con atisbos de profundidad. Si Lord Byron volviera... 

10 comentarios :

  1. El turismo es una industria sujeta a un beneficio empresarial. Dados los niveles de ocio y abundancia de las sociedades mejor situadas, a la gente se le ha convencido que viajar forma parte de un estatus social y da prestigio. Por lo tanto, introducido este mecanismo en la mentalidad de la ciudadanía, solo hay que hacerlo asequible al mayor número de personas, da igual en qué circunstancias. De hecho, en el argot de quienes trabajan en el sector los denominan paquetes vacacionales.
    Mi experiencia y mi apetencia, a la hora de viajar, está muy lejos de ese turismo de masas demoledor, irrespetuoso, insensible, ignorante… Mis mejores viajes han sido cuando he visitado a alguien conocido (me refiero fuera de España) o he ido por libre. Estuve un tiempo en París (uno de los vórtices de la masificación turística), y cuando peor lo pasaba era cuando coincidía con esas mareas humanas en lugares muy comunes, mientras al caminar por calles y visitar lugares (incluidos sus cementerios) recónditos o más cotidianos, era más satisfactorio entre el caminar pausado y la explicación de lo observado.
    Entiendo que no todo el mundo puede viajar de una manera particular, pero es cierto que la mayoría de las personas viajan para hacerse la foto. A los conocidos siempre se lo digo: a ti te tengo muy visto, si te quitas de la fotografía podré el paisaje o la obra de arte de mejor forma.

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    1. Leo crónicas de los viajeros por Europa de hace un siglo, cuando solo viajaban los artistas o los aristócratas de balneario en balneario, y se pasaban meses en cada ciudad viviendo intensamente su atmósfera, disfrutando del arte. Y te prometo que siento profunda envidia por aquellas experiencias que me gustaría haber vivido, aunque no hubiera antibióticos. Hoy el turismo se ha masificado, muchos aspiran a vivir grandes experiencias viajeras en ciudades lejanas. El modo de viajar condiciona, claro está. En tres o cuatro días difícilmente puedes acceder a nada, pero llegas a Praga o a París y tienes la ocasión de hacerte fotos y colgarlas en instagram o participar en los freetours que hay en casi todas las ciudades europeas. Supongo que en esta tesitura el viajero no puede creer que ha vivido una experiencia intensa o profunda, necesariamente es superficial, anecdótica, pero probablemente no se aspira a mucho más. Es así. La pregunta del millón es si es posible acceder a una experiencia más rica, en pleno turismo low cost, y mi respuesta es que sí. Creo que sí, pero no me atrevo a afirmar con contundencia. Todo depende de la mirada. Yo suelo viajar solo y eso me da tiempo y perspectiva de observar y escribir en solitario sobre lo observado. Puedes estar en medio de las mayores concentraciones de turistas y estar en soledad. Este es el desafío de nuestro tiempo: conciliar densidad en medio de la masificación. Pero aún así pienso que cada ser masificado que viaja es individual y nadie puede saber muy bien qué hay dentro de él. A veces somos seres masificados y otras veces somos individuos. A mí ya me hubiera gustado conocer Venecia como al protagonista de La muerte en Venecia o París como la conoció Hemingway, pero estos viajes ya no son posibles, han desaparecido como las cartas, los diarios y la lentitud. Y el dinero necesario para pasar tiempo en ciudades extrañas. Pero no estoy seguro, el otro día en Madrid conocí a un argentino muy joven que llevaba tres años viviendo allí y elogiaba el ambiente maravillosamente multicultural que hay en la capital.

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  2. Lo importante no es haber ido allí, sino saberlo contar. Es más importante el relato que el propio viaje. Bien mirado, el aforismo de Gracián es muy aplicable al caso: "Visto un león, están vistos todos, pero visto un hombre, sólo está visto uno, y además mal conocido." Los viajes te acercan más a los paisajes que a las personas; la literatura, a las personas, que es otro viaje no menos intenso. Me gusta viajar a sitios que, de puro consabidos, poca gente va; o a aquellos tan visitados que no te sientes en la obligación de descubrir nada en ellos y puedes relatar que has ido como quien se acerca a súper de la esquina.

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    1. Me gusta concordar con Juan Poz en que lo mejor de estar en un sitio es el relato, el poderlo contar. De hecho esa es mi motivación más íntima para viajar: el escribir una crónica del viaje, una crónica tan personal que nadie leerá salvo yo. Más allá del reportaje fotográfico están las palabras que refieren esta estadía en solitario, esos sentimientos, esas sensaciones, esas vibraciones que se experimentaron en lugares concurridos o no. He visitado Venecia en pleno carnaval y he transitado por calles solitarias, igual que en plena Bercelona turística hay muchos lugares en el centro, bellísimos, que pocos saben que existen. En el viaje se aúnan el mundo exterior y el mundo interior y depende de su interacción que el viaje alcance dimensión. Para mí viajar tiene mucho de tránsito existencial. Hay momentos en que el viaje no produce placer y sí que se puede llegar a vivir una profunda tristeza -propia del viaje o de circunstancias concomitantes-. Este contraste vivo entre la oscuridad y la luz que probablemente existirá produce una tensión muy interesante. Viajar es seguir viviendo en movimiento, mirando hacia dentro y lógicamnte hacia fuera. No sé si logro explicarme, pero así lo vivo.

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  3. Je, je, en este caso creo que tu entrada si que se basa en una noticia salida recientemente no? Quiero decir, que como comentabas que estabas absolutamente desconectados de las noticias entiendo que ha esta entrada si que te ha llevado una noticia que apareció reciente precisamente de los campos de concentración que comentas donde recientemente se ha puesto la atención sobre estos turistas que se hacen fotos "divertidas" paseando sobre esta vías que nos muestras en la foto de la cabecera.

    A mi este tipo de fotos y actitud en estos lugares me producen arcadas. Las redes sociales, ya sabes mi opinión, están haciendo muchísimo daño a la sociedad y lo estás banalizando todo. La sociedad camina hacia atrás. Somos cada día más infantiles.

    Yo a estos lugares directamente no pienso ir nunca. Estos días precisamente mi mujer que es profesora de historia me comentaba que quería ir a Barcelona a visitar alguno de los Bunkers antiaéreos que hay allí porque se está planteando llevar a sus alumnos, y me preguntaba si quería ir y, incluso un lugar con mucha menos carga dramática como son estos bunkers creo que acabaré por no ir.

    Un abrazo.

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    1. Ja, ja, estoy desconectado a medias porque en mis dispositivos tengo enlazadas noticias culturales o literarias, tecnológicas y científicas que sigo con regularidad. De lo que estoy desconectado por completo es de la actualidad política desde hace 45 días, a punto de que comenzara el juicio del procés. El mismo malestar que te causan lugares cargados de dramatismo, es el mismo que me producen las noticias del día de la actualidad política y especialmente en lo referente a Cataluña. Lo paso mal, así que de vez en cuando me aíslo por completo. Esta foto no sé dónde la he encontrado, tal vez en alguna noticia al respecto. No obstante, cuando estuve en Auschwitz vi a parejas haciéndose selfies con las alambradas electirificadas y los barracones de la muerte y me pareció terrible, de una inconsciencia supina.

      Y sí, estoy de acuerdo, las redes sociales son muy dañinas, en muchas de sus virtualidades son esencialmente estúpidas y promueven una banalización de todo, como bien dices. El hecho es que los adolescentes cambian la lectura de libros a los catorce años -o antes- por Instagram que es la gilipollez elevada a la enésima potencia.

      Yo tengo una gran atracción por la historia y me gusta ver lugares cargados de la misma. El otro día estuve en El Escorial y El Valle de los Caídos y tuve vibraciones que no esperaba visitando la tumba de Franco. Por cierto, tuve un encontronazo con un vigilante porque no permiten hacer fotos y yo quería hacer una con un grupo escolar francés -van muchos extranjeros- cuyos muchachos se asombraban de que la tumba de un dictador estuviera llena de flores. Es cierto, como es cierto que la tumba de Stalin en la Plaza Roja de Moscú está siempre llenísima de flores cada día. Me gusta la historia. Pero te entiendo.

      Un abrazo.

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  4. Yo también me enteré de la noticia de las protestas de los "encargados" del Museo de Auschwitz por las fotos que se hacían muchos de sus visitantes. (Ya he leído que tú no). El caso es que a mí me llamó mucho la atención porque yo he visitado la exposición: "Auschwitz, No hace mucho, no muy lejos" cuando la muestra pasó por Madrid. Una exposición como pocas, difícil de olvidar. Y una vez que se ha visitado, que se han visto los objetos reales de personas que sufrieron la crueldad de los campos de concentración, zapatos de niños pequeños, lentes, los testimonios que se oyen en audios... que la gente sea capaz de tomarse a la ligera todo ese dramatismo y hacerse un selfi en aquellas vías que iban con trenes directos hacia el infierno cargados de personas mayores ,bebés.., es inaudito. Pero es que la mayoría de la gente viaja por moverse de un sitio a otro, por divertirse y no por conocer o aprender alguna cosa. No tiene otra explicación más que el que no presten atención del sitio donde se hacen la foto. Pensar otra cosa conlleva tanta falta de empatía por parte de esa gente que da miedo y es cuando se reflexiona: realmente la exposición tiene su razón de ser, para que no vuelva a repetirse.
    SAludos.

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    1. Estuve en Auschwitz en mayo pasado, hace nueve meses. Yo pienso que la mayoría de la gente sabe adónde va y dónde está. En el autocar que nos llevaba nos pasaron un documental suficientemente explícito al respecto. Pero eso no quitó que viera a parejas fotografiándose con las alambradas de fondo, algo que me pareció demasiado inconsciente. Como decía el turismo masivo tiende a trivializar todo, a desdramatizar todo aun lo más abominable. Supongo que son formas de viajar. Yo releí Si esto es un hombre para visitar Auschwitz, pero uno llega a pensar que la mente humana es olvidadiza, que tiende a la superficialidad, que evita los conflictos peligrosos. Si aquello fue posible sin que el mundo y ni siquiera el papa alzara la voz por las víctimas de los campos de exterminio -porque se sabía lo que estaba pasando, ¿cómo no va a ser posible que la gente se haga fotos divertidas en los raíles que llevan a Birkenau? La tendencia del ser humano hacia la imbecilidad es sorprendente.

      Pero Manuela, catástrofes como la de los campos de la muerte se han reproducido tras la guerra mundial, En el Congo ha habido millones de muertos ante la infiferencia mundial que ve solo matanzas entre africanos que no tienen por qué quitarons el apetito. Los seres humanos somos en general inconscientes, egoístas e insolidarios, y muchos gilipollas. Esta es la explicación de esto. Me gustaría pensar que yo soy mejor, pero no puedo afirmarlo con rotundidad.

      Saludos.

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  5. El tema es complicado, y así como comentáis la diferencia entre los viajes y viajeros del siglo pasado y los de hoy, yo también veo diferencias entre los viajes de nuestra generación y los de nuestros hijos. Yo, por ejemplo, estuve viviendo mes y medio en París cuando tenía 20 años y todo el recuerdo que guardo son unas pocas fotos que tengo en un álbum para mi uso exclusivo. No es que necesite más, tengo todo bien grabado en mi interior, pero esto choca con el modo de viajar que tiene mi hija. Ella necesita que la gente sepa que ha estado allí, y me lo explica aduciendo que es como si contara una historia, solo que en vez de palabras usa otros soportes, en este caso imágenes. Las fotos y vídeos que elige y los que desdeña, los comentarios que añade a los mismos, las personas a las que etiqueta, los feedbacks que recibe... todo eso construye la crónica de su viaje, y me dice que dónde está escrito que la suya es una forma más devaluada de viajar que la mía.
    Hay múltiples enfoques, visiones poliédricas que dirías tú, Joselu.

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    1. No puedo decir más que la forma en que lo siento yo. Este verano pasado una ex compañera de docencia cuarentona pero juvenil fue a Nueva York una semana. El viaje fue expuesto cada día en instagram profusamente. Cada visita a cualquier barrio característico o monumento famoso o museo fueron debidamente publicitadas en varias publicaciones de fotos al día. Supe con exactitud todas las andanzas de esta mujer. Probablemente estaría contando una historia, realizando un crónica, como bien dices, y recibiendo a cambio feedbacks, likes y comentarios. ¿Sabes que impresión me quedó de todo su viaje? Que había sido seriamente superficial y carente de misterio. Nada quedó escondido, todo fue expuesto con generosidad. Irse a la otra parte del mundo y comunicarlo casi hora por hora le resta cualquier atisbo de encanto o de misterio al viaje. Eso desde mi punto de vista. Yo viajé a Indonesia en mi veintena en dos ocasiones en estancias de varios meses. No hace mucho vi una conocida que había estado en resorts de lujo en Sulawesi (Indonesia) y cada día publicaba fotos de las playas, de los resorts, de las comidas, de los atardeceres. Perfecto, pero ¿qué interés tiene ese viaje? Es pura fachada, superficialidad, carente de misterio. Sobrexponer todo lo que uno hace y mostrarlo a modo de notario hace que las cosas pierdan totalmente ese tono de penumbra que a mi juicio deberían tener los viajes que suceden esencialmente en el interior de uno mismo. ¿Que esto es poliédrico y que no hay nada que establezca un criterio de mejor o peor en la idea de viajar? Puede ser, tal vez es que el mismo hecho del viaje, el concepto de viaje, ha sufrido una transformación profunda como tantas cosas. ¿Es mejor viajar como viajaste tú o como tu hija? Tal vez no hablemos ya de lo mismo. Son ideas de viajes distintas. ¿Son mejores los mensajes de correo o las antiguas cartas manuscritas que se enviaban por correo postal? Son cosas distintas, no hablamos del mismo tipo de experiencia. Sin duda, la modernidad ha traído muchas cosas buenas como la medicina, la cirugía, pero en muchos sentidos se ha transformado en abrumadoramente convencional y superficial. Y falta de misterio. ¿qué es el misterio? Supongo que también es relativo, claro.

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