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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Como un ninja



Estos días de espera del comienzo del curso, aprovecho instantes de escapada de casa para tomar fotos en Barcelona y en Cornellà. Fotografío todo lo que se pone a mi alcance. Zonas del Raval, iglesias románicas, el Paralelo, inmigrantes, mercados de intercambio de cromos por niños (allí fui confundido con un pederasta y un padre me amenazó físicamente y con la policía), mercados populares ... Anhelo fotografíar la vida en su totalidad. Me gustaría hacer fotos en un velatorio ante el cadáver, en la sala de espera de la muerte en un hospital, de mujeres atractivas, de ancianos, de niños, de seres anónimos que deambulan por la calle. He pensado en ponerme un cartel que diga que fotografío gratuitamente y que envío las fotos por correo electrónico. Me atrae la vida de la ciudad, en su devenir bastardo y feo. Las ciudades no son hermosas. Hemos creado la urbe pero es opaca, burocrática, funcional, esencialmente inarmónica, hecha a retazos. Me atrae su imperfección, su propia fealdad ... aspiro a concentrar en un instante la vida de la ciudad, robando las fotos, exponiéndome a que me amenacen o me tilden de lo peor. El fotógrafo de calle es como un ninja, acechando sombras, carteles en las paredes, figuras fugitivas, con su cámara a punto de disparar esperando la conjunción de la suerte y una buena exposición fotográfica.

Reviso entre mis contactos fotográficos las estéticas que me atraen. Desecho los consagrados por las multitudes, los universalmente seguidos, elijo el blanco y negro por su faceta documental, tacho de mi lista las fotos de mujeres hermosas y desnudas si no me ofrecen más que belleza extática, olvido pronto las fotos de atardeceres tuneados por filtros espectaculares, las cascadas con ese efecto de espuma que ya me aburre, las fotos de Islandia en el último viaje al  país de moda, no me interesan las fotos de animales ni de plantas o de flores por bellísimas que sean, ni de edificios en su artificiosa arquitectura.  Abomino las fotos de alimentos, la última paella comida, las pesas en el gimnasio, las fotos de la última cena con los amigos en que todos son felices y ríen. Me he ido dando cuenta de que cada vez soy más tendencioso. Me gusta el retrato del alma y la fotografía callejera. Especialmente de fotógrafos que no son profesionales. Menuda banda. Fotógrafos que están buscando y arriesgando, desgarrándose en esa búsqueda. Exponiéndose a la soledad, a no ser entendidos, a levantar indiferencia o desagrado, a que les metan una hostia por hacer fotos donde no se debe. A los niños por ejemplo. El tabú de nuestro tiempo. Fotos de enfermos de depresión que revelan sus mundos desoladores, fotos de reportajes sobre toxicómanas a lo largo de dieciocho años hasta su muerte. Sería feliz si se me permitiera, como a Diane Arbus, hacer fotos en un psiquiátrico. No me atrae la belleza estereotipada, esos cuerpos perfectos de muchachas rodeados de gasas y veladas, ni esos atardeceres más falsos que Judas con esas nubes dramatizadas. No. En un primer momento pude quedarme fascinado por la técnica exquisita de algunas fotos preciosas. Modelos bellísimas profesionales. Bah. Anhelo mundos inquietantes, indagadores, en el límite, hermosos en su imperfección y en su falta de estilo académico, mundos poco frecuentados, minoritarios. Cuando escucho de una foto que es preciosa, que es bonita, me quedo boquiabierto porque es verdad. Es bonita, es preciosa, un encanto, y probablemente representa la esencia de la belleza, de esa belleza que tanto anhelamos como huida de un mundo esencialmente vulgar y banal. Tal vez sea hermosa. Tal vez. Pero hay una belleza que a mí me hechiza mucho más. La belleza del alma torturada, de esa belleza que aletea en un cuerpo imperfecto ... Esos fotógrafos que se arriesgan a no gustar, a recorrer las calles con su cámara robando fotos entrando así en el alma de la gente común de refilón. Voy creando una cartera de fotógrafos de estas facetas cuyas fotos suponen una búsqueda y un estilo radicalmente personal enfrentado a los gustos de las mayorías siempre tan tranquilizadores y previsibles así como anodinos. El buen fotógrafo no es famoso ni se dice realmente fotógrafo. Pone su cámara en la calle y fotografía a la gente común, como aquel fotógrafo malinés Seydou Keita, que tanto admiro. Una cámara normal, un estudio con una cortina barata y magníficos retratos que tardaron en ser reconocidos por occidente pues trabajó en el anonimato en Bamako.

Un instituto de Enseñanza Secundaria con sus centenares de alumnos feos, desgarbados, llenos de acné y de hormonas a tope es un buen estudio para hacer fotos en un tiempo de transformación. Es una belleza de un fulgor conflictivo, la adolescencia, esa época salvaje en todos los sentidos ... y que uno que es profesor ha de convertir en algo domesticado y cultural.

Pues eso, la fotografía como un abismo que se abre, sin horizonte cierto y en que solo está asegurada la caída en una hermosa y vertiginosa danza entre las tinieblas del corazón.



20 comentarios :

  1. Querido Joselu, me hace gracia la idea de tu cartel porque yo pensé hace tiempo ponerme con una silla y otro cartel como el tuyo, solamente que en mi caso lo que pensaba ofrecer era redactar cartas de amor, una pasión parecida a la que ahora sientes.
    No sé qué cámara usarás, pero si te acostumbras, la hiperfocal es de una ayuda imprescindible para tu tarea. No estoy de acuerdo con la idea de que el iphone sea una buena herramienta para esto, porque me parece que no hay quien controle su enfoque y, desgraciadamente para la street phot., lo enfoca todo, por lo amplísimo de su profundidad de campo. En mi opinión, un 35 mm a f2-f4 es lo mejor para lo que haces.
    Y sí, coincido contigo en que todas esas fotos tan "preciosas" son una horterada.
    Como ves, me encanta la fotografía, pero hace tiempo descubrí que me falta la pasta para la street phot.; soy demasiado tímido.
    Un blog que sigo con asiduidad es el de "The sartorialist". Él fotografía la belleza aparente de la moda y lo que hace es que pide posar a los transeuntes. Pero detrás de su glamour, a mi juicio, hay parte de esa disección oculta que buscas.
    Lo que no me parece acertado es mezclar a los niños del colegio con esta afición. Simplemente pienso que es demasiado arriesgado en los tiempos que vivimos.
    Un abrazo!

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    1. Tengo una cámara muy insuficiente. Es una compacta, buena hace ocho años, pero ahora deja todo que desear. Espero poder adquirir algo bastante mejor en las próximas navidades, especialmente que tenga posibilidad de jugar con la profundidad de campo, algo que no puedo hacer ahora.

      Es desde luego una tarea complicada eso de fotografíar en la calle. Hay que ser rápido, mucho, y esto hace resentirse el cálculo de la exposición. Veo que muchas veces me salen movidas. Me gusta esto del "street photography". Siempre hay sorpresas increíbles, imágenes que se cruzan en tu camino y que ves venir, pero, claro, topas con que estás robando fotografías. Ayer pedí permiso a una pareja de jóvenes para hacerles una foto con sus perros y me contestó ella que "las fotografías roban el alma". Creo que es lo que piensa mucha gente.

      He echado un vistazo al blog The sartorialist Barcelona y he visto la potencia que tiene el experimento. No lo conocía.

      En cuanto a los chavales del instituto, no sabes la ilusión que les hace que les hagas fotos (en el Carnaval, en las fiestas, en la clase...) Luego se las proyecto con el iPad. Otra cosa es que luego las utilice, cosa que no hago sin que me dieran expresamente su permiso. De todas maneras es harto frecuente que profes muy queridos se hagan fotos con sus alumnos por alguna actividad y que se cuelguen luego en FB para alegría de todos.

      Un abrazo, y gracias por tus palabras siempre bienvenidas.

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  2. Comparto la mayoría de las inquietudes fotográficas que nos citas. Yo tambien detesto por ejemplo la fotografía de modelos perfectas sin más sin alma. Me ha encantado lo que dices que te interesa la fotografía de fotografos no profesionales y es que yo también he disfrutado de eso. De ver a gente que como uno mismo apenas si tienen formación fotográfica y van mejorando poco a poco. Van buscando su camino y la afición hace que avancen de forma exponencial en su fotografía. Y además muchas veces el hecho de que no sean profesionales y no busquen vivir de la fotografía hace que se lancen a fotografiar realmente lo que les apetezca en cada momento y algunos se mueven por caminos poco trillados. No se si conoces Barcelona Photobloggers es un blog donde se recopilan las fotografías de muchísimos aficionados y profesionales de la fotografía de Barcelona. Yo paso por ella cada día porque de forma rápida voy viendo las fotografías que van haciendo los fotografos de mi entorno. Algunas ya de cruzarnos en comentarios ya somos casi compañeros o amigos de la red. Además esta muy bien porque a través de esta web te podrás enterar de todos los cursos, exposiciones, etc que se realizan en Barcelona sobre fotografía. Por si no lo conoces echale un ojo aquí: http://barcelonaphotobloggers.org/fotoblogueando/la-foto-de-la-semana/

    Un abrazo.

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    1. Acabo de crear un photoblog y he colgado mi primera foto. Luego he enviado su referencia a Photobloggers. Creo que esto fomentará que cada día haga fotos para colgarlas en el fotoblog. Será un estímulo importante. Gracias por tu información, como ves soy un novato total en este mundo. A ver si algún día puedo hacerme con una cámara mejor que la que tengo que me impide muchas cosas. El fotógrafo (o el que se siente como tal) es una especie de guerrillero de la imagen. Gracias por estar ahí.

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  3. Wow, Joselu, parece que hay que tener mucho cuidado con lo que quieres fotografiar, o mejor dicho: con quién quieres fotografiar. El mundo está enfermo o todo lo contrario?

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    1. Ayer una muchacha me decía que "las fotografías roban el alma". Y no se dejó hacer una foto. En cierta manera es lo que piensa mucha gente de una manera u otra. Entiendo esa prevención que existe hacia ser fotografíado. Y a la vez el placer que se siente al serlo si confías en la personas que te fotografía. Ayer hice una foto muy bonita a un niño que estaba haciendo burbujas de jabón. Si viera su madre la foto, seguro que daría infinitas gracias por haber sido hecha. En cuanto a si el mundo está enfermo, creo que en cierta manera lo estamos. El fotógrafo de calle puede entrar en contacto con la gente y establece vínculos. Esto es importante. Y eso es bueno para buscar que confíen en él. Un abrazo.

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  4. Interesante exposición. Se agradece la bien transmitida capacidad de análisis.

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    1. Mi oficio es expresar. Si lo he conseguido, eso es bueno para los lectores y una satisfacción para el que esto escribe que siempre duda si logrará llegar con sus ideas a los amables seguidores del blog.

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  5. La fotografía es magia. ¿Nadie se ha dado cuenta de ello? Más allá de la aventura tecnológica, la fotografía es magia. Y alguien, alguien documentado, tendría que decirlo de una vez. Las fotos son mágicas. Todas, Joselu, todas tienen su ápice de nigromancia. Lo que pasa es que a fuerza de hacerlo, lo hemos banalizado y hemos despojado a la foto de ese hálito de sortilegio que hay en cada placa.
    Hoy las fotos son algo normal, algo fatuo y que no tiene otro sentido que el de puntual y pronta información. Pero quedan los soñadores, las personas como tú, o como yo, que podemos estar mirando una foto un hora; y una vez, y otra vez. Y nunca cansarnos de mirarla. Y cada vez que la miramos descubrimos brillos nuevos y despertamos sensaciones escondidas. Así entiendo yo el arte de la fotografía.
    Cuando se escriba la Historia, la fotografía será su principal soporte. Y cada cual leerá y verá en cada foto el vestigio de un alma ancestral. ¡Cuánto me gustaría ver una foto de Julio César, de Atila, de Jesucristo...!
    Me encanta que aún haya gente como tú. Gente que sepa apreciar el valor de un momento, de un instante. Y luego, inmortalizarlo. La historia es infinita, como infinitos son los gestos humanos, los aires climáticos, la luna, las nubes...

    Un abrazo.

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    1. Sí, de algo estoy seguro es de que la fotografía es magia, magia humana, magia peligrosa, magia inquietante. Cada foto que hacemos de alguien es la foto de un muerto seguro. De eso estoy convencido. Cada foto es un documento único, terrible, luminoso, de nuestro paso por estas tierras de penumbra o de luz. Yo veo la carga enorme de cualquier foto. Parece algo fatuo pero no lo es. Cada persona que hace una fotografía, hace magia. Tal vez no lo sepa, pero de todo lo que se fotografía queda una huella para siempre. Los aspirantes a fotógrafos intuimos algo de ello.

      Un abrazo.

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  6. Fotografiar es mirar. Por eso mismo lo que dices.

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    1. Un fotógrafo debe saber mirar. Está la técnica que se puede aprender. Pero la esencial tarea es saber mirar, seleccionar y disparar, es un microsegundo. Se da en un increíble reducido lapso de tiempo en este tipo de fotografía. Saber mirar. Mirar. Calcular. Dispara. Evohé. Aunque de lo que miremos solo sirva el 0,28% como algo de algún valor.

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  7. Líbreme el creador de criticar las pasiones ajenas porque además tú texto predispone a poder entender las razones de tu entusiasmo fotográfico.
    Es tópico pero me recuerdas al personaje interpretado por David Hemmings en Blow Up que como sabes está basado en el relato Las Armas Secretas de Cortázar.
    Hay otra película extraordinaria -casi tengo yo tanta pasión por el cine como tú por la fotografía tan cercanas ambas artes- titulada El Fotógrafo del Pánico de Michael Powell que trata de un asesino que fotografía a sus víctimas mientras mueren.
    Los directores de cine al parecer tiene cierta propensión a proyectar sus obsesiones visuales a través de la figura de un fotógrafo. Quizás eso tenga que ver con la culpabilidad de la mirada no permitida y por lo tanto casi obscena. Quizás tú en este texto de afirmación también quieras despojarte de cierta sensación.de culpabilidad. Es una mera especulación mía, claro.
    Un abrazo

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    1. Un fotógrafo tiene siempre algo de obsceno si fotografía a personas. Se ha creído en algún sentido que fotografiar en alguna manera es atrapar el alma de la persona. Si la foto es buena, hay algo de eso. Y entiendo que el fotógrafo se pueda sentir gozoso y culpable a la vez si fotografía territorios sagrados. Por ejemplo fotografiando a niños. La realidad está llena de niños. ¡Ojalá hubiera más! Están en la calle, en los centros comerciales, en las escuelas, en los parques ... pero supuestamente no está permitido retenerlos en imágenes. Ello no sé si significa que fotografiar a adultos, ancianos, mujeres,varones, entonces sí está legitimado. No sé. Disparar es liberación pero tal vez, tal como dices, sea también culpa. La vida es inseparable de la culpa. Lo escribió Boris Vian en un poema que ahora no logro localizar. No sé si es porque somos culturalmente judíos o porque es así. Pero si uno no actuara por su sentimiento de culpa, pocas cosas podría hacer. Por ejemplo, hacer fotos. No era una especulación banal la tuya.

      Un abrazo.

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  8. Hay que ser valiente para hacer ese tipo de fotografía, Joselu. Yo ando en las calles muchas veces en mi oficio y tengo que detener a extraños y entrevistarlos y uno ya tiene sus técnicas, sobre todo tal vez una intuición quién es la persona que va a hablar y la que no, pero en tu caso parece que quieres fotografiar a quienes no quieren ser fotografiados (por los temas que mencionas). Necesitas como vestirte de fotógrafo, colgarte algo al cuello y llevar alguna tarjeta de negocios para salir de aprietos. Pero por otra parte puede que los que veamos las fotos lleguemos a agradecer el riesgo.

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    1. No sé si merecerá la pena. Uno tiene mucho, muchísimo, que aprender. Y tener mejor equipo y ver muchas fotografías. Y darse cuenta de que el mundo es inmenso. Y el mundo de la fotografía también. Creo que mis manifiestos están por encima de mis realidades. Pero, curiosamente, el fotógrafo de calle busca pasar desapercibido, estar agazapado para disparar cuando nadie se lo espera.

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  9. Tu, con perdon, eres un reportero de guerra en paro y sacias tus ansias de sacar a relucir lo gris buscando los rincones de pobreza y tristeza en el mundo que te rodea. No se, creo que no de deben ocultar, pero entiendo que buscar lo gris puede afectar a tu animo, mucho cuidado. Un saludo.

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    1. No sé muy bien quién soy. No sé si un reportero de guerra en paro o un iluso que hincha su ego cuando escribe describiendo mundos imaginarios que solo suceden en su caletre. Gracias por la advertencia. La tendré en cuenta. Algún día me gustará llegar al color pero de momento me muevo en el gris, en el blanco y negro.

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  10. Encuentro interesante esa mirada del mundo, una más que fotografiar, pero al leerte no se si te atrae más el hecho de captar la realidad, que suele ser un poco oscura, o el riesgo de hacerlo.

    Totalmente en desacuerdo contigo en lo de los atardeceres y el colorido de las flores y plantas. Es increíble, y a mí me transmite una paz inmensa. El único problema es que el colorido que yo veo nunca es el de la foto, es distinto, como si fuera falso a mis ojos. Recuerdo una vez que caminaba de noche y vislumbré a lo lejos un semáforo con sus cambios a rojo y verde. El verde era tan impresionante que hice una foto, y otra más al acercarme, pero no, al verlas el color era otro, muy diferente. O sea, al final lo que captas ¿qué es?

    Ten cuidado, que hay gente que tiene muy mal genio. Calcula bien el peligro para poder contárnoslo.

    Besos y ánimo con tus experimentos.

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    1. Es una mezcla de ambos: el interés en captar la realidad y el riesgo que supone hacerlo. Desde luego fotografiar flores es otro tipo de imagen, muchas veces bellísima, pero es el paisaje humano el que me maravilla: esa variedad de reacciones que se producen ante la cámara si es advertida y que se incorpora a la fotografía. Me entusiasma el retrato. Me pasaría la vida retratando a la gente, de cualquier tipo, la que pases por las Ramblas, la que veo en el metro ... pero es muy difícil abordar a alguien para preguntarle si puedes fotografiarle ¿Y para qué es? Si les dices que posiblemente las cuelgues en internet, me da la impresión de que se acaba la incursión. Por eso hay que "robar la foto" y esperar que no pase nada. Hay ocasiones en que los rostros muestran unas emociones nada tranquilizadoras. Una cámara es un objeto sorprendente y mágico. Sigue con tus flores. Puedo entender la idea de paz que pueden sugerir. Y en cuanto a que las fotos no reflejan lo que vemos en realidad, puede ser. Para eso está la técnica. Yo tengo que aprender mucho, muchísimo.

      Besos, Angie, y gracias por tus ánimos.

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