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domingo, 15 de junio de 2014

Autorretrato íntimo de caminante misántropo



Ayer hice una caminata de unos veinticinco kilómetros recorriendo el curso del Llobregat en dirección al delta y los espacios naturales húmedos que lo vertebran. Es en general un recorrido poco atractivo en principio.  Pasas por debajo de diferentes puentes grafiteados con una pasión difícil de entender por la dificultad extrema que supone hacerlos a veces a alturas inverosímiles. Es una expresión que tiene mucho de artístico por lo menos en algunos grafitis realmente espléndidos, no así como muchos que solo se limitan a manchar las paredes y los muros con tags de sus autores que no presentan nada creativo salvo el subrayado de la identidad de los grafiteros que parece enfermiza. Recuerdo que mi reportaje de bodas fue hecho con grafitis de fondo en los que aparecía una pareja totalmente convencional. Aquellas pinturas anarquistas nos seducían.

El camino se desviaba posteriormente paralelo a las pistas del aeropuerto de Barcelona en las que se veían despegar y aterrizar aviones con el ensordecedor sonido de las turbinas que yo amortiguaba con mis cascos escuchando música que me aislaba. Desde las pistas del aeropuerto, alcancé por pasarelas de madera, que atravesaban humedales, la playa de El Prat de Llobregat flanqueada por espacios naturales y escasamente concurrida. Allí me comí un bocata de jamón dulce y queso roquefort sentado en la arena de la orilla, frente al mar. Mi pensamiento se extasiaba en el mar, esa criatura inmensa y poética que me subyuga. Me gustaría tener una casa frente al mar y pasear todos los días por la playa desierta en jornadas de otoño e invierno. Acabé  mi bocata y seguí descalzo por la orilla sintiendo el vaivén de las olas que alcanzaban mis pies. El trayecto hasta Castelldefels tiene diferentes tramos, algunos muy hermosos y poco frecuentados junto a los humedales y zonas naturales protegidas. Hacía fotos, cruzaba espigones de rocas y recordaba cierto sueño poderoso que tuve una noche hace meses soñándome en este recorrido y encontrando un puerto, fruto de mi onirismo y que no existe, en el que me bañaba mágicamente. Es increíble la potencia que tienen algunos sueños, no precisamente pesadillas, y que recuerdo recurrentemente durante años, sueños que yo encuadro como experiencias oníricas de geografías fantásticas en lugares que suelen existir pero transformados surrealmente. Son sueños de una felicidad inenarrable igual que los eróticos, poco frecuentes desafortunadamente.

Al final del término de El Prat llegué a una zona que evidentemente era nudista y en la que había poca gente. Viendo aquellos cuerpos desnudos se me hizo evidente la fealdad del cuerpo humano a partir de cierta edad. La mayoría de los cuerpos son feos, cargados de grasa, pellejos, barrigas antiestéticas y decadentes. ¡Qué poco dura la belleza física! Estos días leo una biografía de Kafka escrita por Reiner Stach situada en los años 1910-1913 exclusivamente. Allí he conocido la afición de Kafka por el naturismo que iba a vivir en ciertos entornos que tuvieron su auge a principios del siglo XX cuando se extendió en algunos sectores la vida sana, el vegetarianismo y la gimnasia saludable. Me resulta sugerente imaginar al autor de La metamorfosis desnudo en un bosque practicando yoga.  La playa nudista era poco más o menos de un kilómetro y ofrecía una impresión extraña y desagradable según lo he sentido yo. Poco después empieza el término de Viladecans en que la playa cambia de aspecto y se hace multitudinaria. Era poco después de las diez de la mañana y la arena ya estaba repleta de bañistas, niños jugando con la arena, sombrillas multicolores, parejas tirándose pelotas con las palas de madera. Yo seguía escuchando Lucia de Lammermoor en mis auriculares y de fondo el sonido de las olas rítmicas llegando a la orilla junto al rumor ya veraniego de cientos de familias que gozaban de un día playero. Me gustaba la abundancia de niños que se cruzaban en mi camino y a los que tenía que sortear. Esa torpeza de los niños maravillosa. No había servicios en la playa a lo largo de más de quince kilómetros, así que no es difícil de imaginar donde hace la gente sus necesidades de eliminar líquido corporal durante horas y horas de estancia en la arena. He recogido algunas piedritas de colores que he metido en mi bolsillo. Me gustaba tener los pies en el agua. Caminaba hundiéndome en la arena lo que suponía un esfuerzo adicional que fortalecía mis músculos. He seguido el paseo entre las multitudes y he atravesado la playa de Gavá hasta llegar a Castelldefels, un arenal enorme y extenso que se extiende por varios kilómetros. No me gusta la playa, me he dicho. No me gusta verme en medio de multitudes como las que se ven estos días en la tele y que yo he tenido ocasión de observar esta mañana luminosa y cálida de mediados de junio. Sí pasear por playas desiertas al amanecer y el atardecer, playas escondidas y recónditas. Me doy cuenta de que no me gusta la gente, cada vez soy más insociable, más misántropo, más eremita... y las playas son la expresión de la promiscuidad y la mezcolanza extrema. Me gusta sentirme solitario, no me arredra la soledad que encuentro como el estado más propicio para la contemplación del mundo interior. Me cuesta relacionarme y amo caminar por parajes nada frecuentados y afligidos por la soledad. Creo que me gustaría el desierto, esa maravillosa sensación del silencio absoluto.

Hoy he hecho una caminata moderada acompañado por la música de mis auriculares. Ha habido algún momento hermoso, de sentimientos poderosos con el cielo por encima de mí y el mar en las plantas de mis pies. El cansancio es bueno, le decía a mi hija el otro día; el cansancio extremo –que no ha sido el caso de hoy pues han sido poco más de veinte kilómetros- nos abre a estados de conciencia que nos permiten experimentar realidades no accesibles en otros momentos.







18 comentarios :

  1. Muy bonito autorretrato íntimo, Joselu. Creo que podría ser medio o tal vez un capítulo de esa novela que veo que nunca escribes. Yo te animo a que la escribas.
    Oir Lucia de Lammermoor con los pies dentro del agua en una playa desierta debe de ser la traca. Yo, en Brasil, en mi primer viaje, hacía Tai-Chi en una gran playa rodeada de cocoteros.
    Me siento identificada con tus palabras sobre la soledad, pero al contrario que a tí me encanta conocer gente pero necesito como necesito el agua para vivir mis momentos para meterme dentro de mi misma.

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    1. Me gustaría que no pareciera pretencioso ni que diera la impresión de mirar las cosas desde una altivez solitaria. Nada de eso hay en mi texto. Solo es la constatación de una creciente dificultad de relacionarme con el mundo que me rodea que no sé a qué se debe. Me gusta mirar las cosas desde fuera. Todo me suscita enorme curiosidad, los seres humanos son fascinantes, pero en la cercanía me producen cierto temor que se me ha ido acreciendo a medida que pasa el tiempo.

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  2. Estar solo nos permite disfrutar con mayor intensidad de nuestras sensaciones y emociones. La soledad es maravillosa como estado temporal y terrible como sentimiento.
    Un abrazo.

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    1. Es radicalmente cierto. Yo sé que tengo a mi familia, que tengo alguien a quien abrazarme por las noches cuando tengo miedo, alguien que te quiere cómo eres... pero a partir de ahí, mi soledad es sagrada. Es un sentimiento que me atrae viajando, escribiendo, estando en casa sin nadie, aislándome del mundo voluntariamente. Sé que estoy solo, que moriré solo y quiero ir acostumbrándome a ello. Un abrazo.

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  3. Comparto ese sentimiento de sentirme cada vez más a disgusto entre la gente. Cada vez, más sola entre la gente. Hasta el punto de serlo cada vez más también aquí, en la red sonde busco (y encuentro) espíritus afines que se muestran esquivos en la vida real. Por eso casi siempre leo sin comentar, porque voy a menos en las relaciones sociales, sean reales o virtuales. Hoy dejo testimonio visible de mi paso por un motivo concreto, y es agradecerte el descubrimiento de "Stoner" hace unos meses, su lectura fue un regalo.
    Saludos cordiales.

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    1. Me alegro coincidir contigo. Es uno de los libros más dignos, honrados y hermosos que he leído en mucho tiempo. Cuando fue publicado no tuvo ningún éxito y ahora está siendo redescubierto afortunadamente. Muchas gracias por tus palabras y la participación de ese sentimiento de extrañamiento que sentimos ambos. Saludos.

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  4. Saber estar solo es un gran don. Otra cosa que hay que enseñar a muchos, jeje. Me sumo a las palabras de Lola- esta entrada sería un magnífico capítulo de un magnífico libro.

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    1. Algún día escribiré algo sobre mi vida como profesor. Sé que no escribo bien, pero lo intentaré. Dentro de dos años comenzaré a escribirlo, de momento es el tiempo de este blog que sigue teniendo vida para mí.

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  5. La vida es una camisa a medida y cada uno la hace con los mimbres que quiere o puede. Me gustan las personas,pero cuando nos juntamos en manada podemos llegar a ser verdaderamente estúpidos e insoportables..

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    1. Soy una persona de relaciones en distancia corta. En ella encuentro la posible hondura que me gusta rastrear en la conversación. Soy alérgico a las reuniones sociales para las que hace falta otros mimbres que los que tengo yo. Antes sí que me gustaban, pero he cambiado. Y, efectivamente, los seres humanos en manada cambian totalmente escudándose en el grupo. Lo veo día a día con mis alumnos. Individualmente son valiosos y razonables, pero en cuanto entra el factor grupo, se transforman.

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  6. A mí también me gusta huir del mundo de vez en cuando. La playa, el mar es un buen amigo que puede acompañar esta soledad. Está escrito que no es bueno que el hombre esté solo. Pero como decía Moutaky: yo nunca estoy solo, estoy con mi soledad.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Una hermosa canción la de Moustaki, ahora que te escribo la reproduzco en mi mente. Ma solitude. Ese estado tan complejo y rico y potencialmente difícil porque allí se trata de aguantarse a uno mismo, uno de los ejercicios que uno ha de aprender a lo largo de su vida.

      Un abrazo fuerte.

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  7. Asintiendo a la necesidad de la soledad, a la pasión por la ópera, al hechizo perennne del mar, al rechazo de las masas, etc. solo discrepo en un punto: que la vejez vuelve feo o indecoroso el cuerpo humano. Soy un enamorado absoluto del cuerpo humano, y todas sus formas y deformaciones me hipnotizan como el mar: éste, por su monotonía; aquél, por su diversidad. Una exposición donde falta el cuerpo humano me dice mucho menos que si me dan la posibilidad de seguir descubriendo esa naturaleza polimorfa de la especie. Los desnudos humanos son un espectáculo incomparable. Del mismo modo que rechazando la incultura soy capaz de oír horas y horas de entrevistas callejeras a salto de mata sobre cualquier tema a todo tipo de personas; la contemplación del cuerpo humano, la teratología incluida, es una de mis grandes pasiones, de ahí lo muchoq ue me gusta Lucien Freud, por ejemplo, o la fotografía de Avedon, cuyos pesonajes son verdaderas biografías en una instantánea. Como es imposible, casi hasta metafísicamente, que sea coqueto, me escruto con una intensidad bien curiosa para ir tomando nota de los cambios de mi propia morfología. Y siempre me llevo sorpresas. Aceptarlos forma parte de la auténtica sabiduría, creo.

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    1. Cuando releía mi texto, esta parte me rechinaba. Respondía efectivamente a una sensación real que había sentido en mi paseo por la playa, pero a la vez advertía que no expresaba todo lo potencialmente interesante de aquellas imágenes de hombres mayores con su flaccidez y sus carnes colgantes. Encontraba en ellos una reivindicación del cuerpo en su decadencia, un reconocimiento explícito de los estragos del tiempo en ellos mismos sin avergonzarse de ello. No había gente joven y solo vi a una mujer también mayor. Es cierto que la situación encierra también una belleza según como la miremos, de acuerdo a la mirada que sugieres tú. De hecho también me gusta Lucien Freud que muestra el deterioro físico causado por el tiempo. Sin embargo, en este artista como en ciertas fotos de personas fuera del canon de belleza oficial, sus cuadros están abstraídos de lo contingente. Hay una mirada profunda que transforma la vejez en objeto artístico y la miramos con comprensión, admiración y compasión por lo que es la naturaleza humana. No es lo que yo sentí en aquellos momentos. Tal vez mi mirada no era suficientemente aguda para reconocer otra belleza. No. Lo que percibí es lo que expreso en mi texto. Por eso es el retrato íntimo de caminante misántropo. Y en el texto reflejo mi mirada, yo me desnudo delante de los que me leen, no pretendiendo decir que lo que yo digo sea justo o razonable o que no admita objeción. La tiene y tú la has expuesto con claridad y profundidad.

      A mí me pasa con otra situación algo parecido. Por ejemplo, la reflexión sobre la muerte. No suele gustar y no apetece hablar de ella, pero para mí es un motivo de reflexión permanente. Asistiría gozoso a un máster sobre tanatología. Es un tema que me fascina. Puedo entender que en la muerte se expresa una intensa belleza siendo ésta la clave de nuestra existencia. Somos porque en un momento u otro moriremos, y este instante planea sobre nosotros en cada gesto de nuestra vida.

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  8. Hace tiempo que no dabas cuenta de estas rutas tan tuyas. Tiene pinta de estar bien.

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    1. La cuestión es que últimamente salgo a caminar acompañado y eso supone otra mirada a las cosas ya que estás más pendiente de la conversación que de mirarte el interior. Esta vez salí solo lo que me produjo estados de ánimo cambiantes en contacto con lo que veía. Caminar es mi forma de estar en el mundo. Me gusta sentirme caminante o peregrino.

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  9. Envidio tu capacidad de abstraerte de la vida cotidiana con esos paseos en los que tan bien describes los paisajes del mundo y del alma. Soy también muy andarín, pero me muevo más por espacios urbanos y en trayectos breves que me permiten organizar mis ideas.
    Por otro lado, describes un paisaje que conozco desde hace años: Sant Joan Despí, Sant Boi, Cornellà... son nombres de mi infancia, de la visita a mis primos. Estuve hace dos semanas allí, un viaje relámpago para un funeral. El paisaje era otro. Ya no había lomas desiertas con el "Satélite" al fondo, ni marjales con "Bellvitge" emergiendo como un coloso. El Llobregat es apenas un tajo encerrado entre autopistas y AVEs. No solo caminamos en la distancia, también lo hacemos en el tiempo. Y duele.

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  10. No te creo cuando dices que no te gusta la gente. Estás oyendo música de gente y contemplando a la gente. Además, nos has llevado a todos a tu caminata.

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