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domingo, 21 de abril de 2013

Desolación del profesor



En el mes de febrero se realizaron en Cataluña las pruebas de Competencias Básicas en las áreas de catalán, castellano, inglés y matemáticas. En las áreas de lenguas fundamentalmente versaban sobre comprensión escrita referida a dos textos sencillos y un ejercicio de expresión escrita para la que se daba a los alumnos un tema a desarrollar.

En mi centro los alumnos están agrupados por niveles de resultados. Hay un A, hay un B, hay un C y hay un D, en orden de mayor a menor nivel. Yo soy profesor del B, del C y del D en los que más del setenta por ciento son muchachos de origen inmigrante sean magrebíes, sean latinos o pakistaníes... Su motivación es escasa, no están acostumbrados a la lectura y tienen serias dificultades con la lengua sea porque no sea la suya, sea porque su disposición hacia el lenguaje escrito es muy deficiente.

Los resultados de las pruebas de Competencias Básicas de mis alumnos ha sido desolador. Los tres cursos que imparto han sacado un nivel muy bajo, muy inferior a la media de Cataluña. Me he sentido seriamente aludido y me pregunto qué es lo que falla ante los interrogantes de la dirección del centro sobre estos resultados demoledoramente bajos en todas las áreas consideradas (catalán, castellano, inglés y matemáticas).

¿Qué pasa con mis alumnos? ¿Cómo puedo actuar para mejorar estos resultados? ¿Qué parte es responsabilidad mía...

No sé qué respuesta darle a estos interrogantes. El profesor se siente interpelado por los mismos y a la vez es incapaz de saber por dónde orientar la acción. Me he sentido tentado a centrar el curso en el desarrollo de dichas competencias básicas, es decir, la comprensión de textos y la expresión escrita, y de hecho hago un gran hincapié en ello. Sin embargo, el año pasado una alumna me reclamó conocimientos de sintaxis para prepararle para el bachillerato. Entendí que tenía razón y que  yo no debía esquivar dicha dificultad en los alumnos de mediano o bajo nivel. Asimismo asumo que debo darles unos rudimentos de historia literaria...

Sin embargo, los resultados son tozudos y muestran un bajo rendimiento en todas las áreas. No logro enderezar dichos resultados, no puedo conseguir mejorar la motivación de mis alumnos ni su predisposición al estudio ni a su trabajo habitual.

Fuera de clase me interrogo por sus resultados y me siento abrumado cuando veo en el panel de anuncios sus calificaciones. Luego en clase los observo uno por uno, considerando sus circunstancias (inteligencia media, trabajo, hábitos, capacidad comprensiva y expresiva... ) y no me sorprende el juicio emanado de estas pruebas objetivas. Son así mis alumnos. Los aprecio profundamente, pero sus posibilidades son limitadas y existe una contradicción flagrante entre aquello que se nos exige (unos aprobados generosos para remediar las estadísticas educativas y la realidad que proviene de pruebas de evaluación externa que exhiben la realidad interna de su nivel lingüístico).

La dirección del centro nos pide explicaciones, también lo hará la inspección educativa sobre este desfase, pero sabemos que como profesores estamos instados a aprobar lo inaprobable porque entran en consideración criterios fundamentalmente sociales, prácticos y pedagógicos.

Los profesores estamos ante un dilema irresoluble cuando nos movemos en cierto niveles del subsuelo. Sabemos que hemos de procurar el título de la ESO a nuestros alumnos porque es una demanda social y política, y para ello hemos de facilitar y considerar sus circunstancias humanas y sociales, sabiendo de antemano que no alcanzan ni de lejos el mínimo exigido, lo que retratan y reflejan estas pruebas externas que desnudan el entramado del sistema.

Ello no quita ni un ápice a mi desolación como profesor que ignora cuál es el camino correcto ni qué debe hacer, sabiendo que intenta todo, que procura todo, que busca ser entendido por sus alumnos, que busca mejorar esta realidad que parece marcada, como una baraja en que las cartas estuvieran señaladas y supiéramos que es lo que nos corresponde a cada uno y cuál es el nivel que realmente nos corresponde.


29 comentarios :

  1. No tienes ni puedes dejarte llevar por unos resultados malos. Por poco que analices las circunstancias, encontrarás suficientes razones para entender esos resultados. Contexto socio-cultural, falta de base, desmotivación del alumnado, heterogeneidad del grupo... al final hay que tomárselo deportivamente. Yo lo hacía. Hace varios años estuve en un insituto donde mi alumnado de 3º de ESO era muy variopinto. Te contaré el final: de 28 alumnos aprobé a los que venían casi siempre, 6. Había una menor que ejercía la prostitución, otra se quedó emabarazada de su vecino (de 30 años, casado y 2 hijos), un chico visitaba los fines de semana a su padre, homicida, en la cárcel, un par de "pre-latin kings", un "España 2000"... grupo caótico y casi indomable. Me lo planteé como un entrenador de fútbol. Hay plantillas que aspiran a quedar campeonas, otras a conseguir puestos europeos, otras a mantener la categoría. La mía era de descenso automático. Así se lo decía a mis compañeros: hoy vamos a ver qué tal jugamos. Al acabar la clase -¿qué? -Hemos perdido 7-0. Vamos que no había salido nada de lo que yo había preparado. Siempre me quedaba el consuelo: al menos tengo un par de jugadores que ficharán por otro equipo y subirán de categoría. Y en eso consistía mi trabajo: salvar con dignidad los problemas de base, las circunstancias humanas tan especiales y además permitir a aquellos pocos que tenían posibilidades, que las pudiesen aprovechar. He de confesar que quedé muy satisfecho con el grupo. Impartía Castellano y Audiovisuales. El grupo eligió como "Óscar a la mejor película vista en el curso" "El chico" de Chaplin, por delante de todas las que ellos mismos trajeron para ver (acción, violencia..). Estoy seguro de una cosa, las pruebas de competencias básicas no cuestionan tu trabajo, solo confirman la grave situación que atraviesa la enseñanza en España.

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    1. Y bien es cierto que la política educativa estatal y autonómica facilita la creación de guetos adonde acuden los alumnos con más dificultades humanas, sociales e intelectuales… Jugamos, como bien has dicho, en otra división tal vez destinada al descenso, y nuestro esfuerzo debe de tratar de ayudar a todos, ciertamente, pero especialmente a los que se quieren ayudar a sí mismos.

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  2. Yo enseño desde casi una década (la mitad de mi experiencia docente)en un centro de la Extremadura rural. Hay pocos inmigrantes pero eso no lo hace mejor. El nivel es ínfimo, el alumnado tiene una extracción social relativamente homogénea: en sus casas la cultura es algo secundario, cuando no prescindible; la mayoría de sus padres solo tienen educación primaria y la mayoría de los abuelos no la finalizaron o apenas tienen una formación límite (leer, escribir y las cuatro reglas). Hay veces que me llevo las manos a la cabeza y me pregunto que hacer. Conozco bien esos orígenes, mis padres procedían de ese mundo rural abandonado, de semisiervos trabajando en grandes latifundios. Ese mundo ya no existe como tal pero es difícil cambiar siglos de historia y las mentalidades son las últimas en hacerlo. De momento resisto como puedo: paso de la programación y no explico más de 1/3 del libro, doy todo el trato humano que puedo, me adapto a las circunstancias como puedo, soporto con la mayor dignidad posible el resquemor que veo en muchos de mis alumnos hacia unos "privilegiados que no hacen nada" (así nos llaman muchos) y les recuerdo que yo no soy ningún señorito, que mis orígenes son como mínimo iguales que los suyos, y sobre todo, me niego a culparme de la situación. Eso no significa que no busque nuevos recursos y nuevas formas de luchar en tierra hostil, pero tengo claro que no voy asumir yo solo las culpas que de forma compartida debería asumir la sociedad. El contexto socio-económico o la familia tienen mucha más influencia que yo en el futuro de los chavales. Sin embargo, la sociedad y la familia cargan sobre los docentes las responsabilidades solo porque somos profesionales, "porque nos pagan por ello", lo que les permite desentenderse de su parte enorme de responsabilidad. NO, yo solo soy culpable de hacer lo que puedo mientras me desgasto lentamente, como una vela.

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    1. El entorno social es en buena parte responsable del éxito o fracaso de la educación, o al menos lo es en una buena parte. La evolución educativa ha ido generando concentraciones de muchachos limitados intelectual y culturalmente. Si bien es cierto que nadie puede predecir el éxito seguro de un alumno de buena clase social en un entorno propicio... es como si jugara ya una lotería con casi todos los números comprados. En estos entornos frágiles, en los que me muevo yo, hay muchachos -pocos- que pugnan por sobresalir, por sacar la cabeza, por progresar… y una inmensa masa que se rinde a las circunstancias, dejándose ir hacia lo más fácil. Sobre este espíritu poco podemos hacer. Lo intentamos todo, pero lo imposible es imposible. Mis alumnos no están acostumbrados al esfuerzo personal, sin el cual es imposible el progreso educativo.

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  3. Hola Joselu.

    No te agobies, estos muchachos viven unas circunstancias que no invitan al estudio. Nuestras perspectivas laborales son cuanto menos inexistentes, el ambiente incita al sobrevive como puedas y para ello el estudio es irrisorio: a no ser que tengas enchufe en algún lado o dinero para pagar estudios superiores especializados, estudiar las materias obligatorias es inútil para prosperar en una sociedad en la que nuestros referentes son... pues eso.

    Yo soy de la generación del 87. De pequeña me gustaba estudiar pero cambié de colegio público a privado en la ESO y lo llevé fatal, empecé a suspender y a tener nuevas amistades. Eso de Educación Secundaria Obligatoria, "Tienes que terminar esto porque es obligatorio, después si quieres te pones a trabajar", creo que no ayuda a entender la importancia de tener una base, porque ¿una base de qué? la sintaxis, las matemáticas, la geografía, la historia... no tienen aplicación directa en el mundo de los chavales que la estudian, donde recordemos que se busca la inmediatez y el mínimo esfuerzo. No se entiende lo de ampliar tu mente, eso lo hacen las drogas y son mas rápidas y mas divertidas.

    Sin embargo a mi me gustaba estudiar. Realmente quería tener una profesión que me llenara y me gustaba aprender cosas nuevas. Repetí 4º de la ESO y 2º de Bachillerato, pero fui a la universidad y terminé la carrera haciendo el cambio al grado. A día de hoy trabajo en un telepizza cobrando menos de 300€ al mes. Me gustaría hacer un máster pero no puedo permitírmelo económicamente. Sin embargo tengo primos que con la ESO, y como mucho algún cursillo del paro, tienen trabajo estable (trabajo estable con la definición actualizada a 2013 claro) y un sueldo normal (ídem). No conocen a Voltaire ni a Kant, no saben que es un adverbio y seguramente tampoco resuelvan una raíz cuadrada, no les preguntemos por Unamuno ni por Ruben Darío... pero su vida se puede considerar incluso privilegiada por lo de tener un trabajo, pagar un alquiler, comer mas de 3 veces si uno lo decide... en fin, esos lujos de hoy en día.

    ¿De que me sirve haber tenido una profesora excepcional (que la tuve) de literatura? Sencillo, para comprender mucho mejor el mundo en el que vivo. Sin duda tengo mas herramientas que mis primos, mas estructuras mentales, ellos se sorprenden cuando tenemos una conversación y muchas veces se pierden en ciertas complejidades, no las alcanzan. Pero... ¿y qué? Gracias a que tengo un círculo de amistades de mentes inquietas, no termino de perder los conocimientos que adquirí e incluso aprendo nuevos, sigo evolucionando, pero sigo en casa de mis padres, sigo sin ser económicamente autónoma. Mis primos en ese aspecto han podido desplegar alas mucho antes.

    Estudiar o no estudiar, esa es la cuestión durante la ESO. Y las estadísticas informan: si la sociedad no valora a las personas cultivadas, la masa no pretenderá serlo. Por eso, desde mi punto de vista, el profesor de la ESO sembrará pero pocas veces recogerá frutos.

    Un saludo.

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    1. Elocuentes y estimables referencias personales que vienen a sostener que es la sociedad la que da valor al estudio… y que mientras no sea así la actitud de nuestros chavales será la que es no entendiendo para qué diablos sirve estudiar. La respuesta es la que vienes a dar: no solo para generar posibilidades profesionales sino para ensanchar estructuras mentales, para abrirse a mundos más complejos… Ello no sería poco valioso, pero es difícil hacer comprender esto a estos muchachos inflados de hormonas y cuyas familias tampoco lo tienen claro ni dan valor especial al estudio como elemento enriquecedor de la existencia. Un saludo y gracias por tu interesante aportación.

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  4. Yo no se que decir, pero si se que no se debe aprobar a la gente que no supere lo necesario, porque sino los que lo superan con esfuerzo verán que da igual y así no debe ser.
    Es una opinión desde fuera y como padre, ya que como profesor ni puedo, ni debo hablar...

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    1. Temujin, si realmente solo aprobaran aquellos que lo merecen, el sistema educativo montado estallaría por los aires. No se sostendría. Y habrá inmediatamente legión de pedagogos que te diran que repetir no sirve de nada, que es ineficaz, caro e inútil.

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    2. Pues a lo mejor lo que hay que cambiar es el sistema, no se, pero me has dejado asustado.

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    3. En primero de ESO (de cien alumnos) tendrían que repetir mas de cincuenta por no haber alcanzado mínimos. Esta es una cantidad inasumible por el centro por varias razones: 1ª porque bloquean la entrada de nuevos alumnos que ven ocupada su plaza por repetidores. 2ª son alumnos maleados, mayores que los demás, que se convierten en bombas de relojería en las aulas, más si están juntos, lo que seria inevitable. 3ª en su repetitición no mejoran los resultados en absoluto. Por ello, se permite solo repetir a casos excepciónales en que se prevea que pueda haber una repetición digna. Y la política es que pasen, aunque les queden ocho o nueve asignaturas. Esta es la realidad desconocida fuera de las aulas.

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  5. Te entiendo perfectamente, Joselu. Me impresiona que digas algo que en casa decimos siempre con mi esposo, también profesor de nivel secundario en un puesto de rector que no le envidio ni un ápice ni que él disfruta como debiera, ya hay que soportar aún más presiones: de padres, que a la vez malcrían o descuidan a sus hijos y exigen resultados académicos brillantes por lo que pagan, de profesores a tu cargo y de directivos docentes, de inspectores y de dueños, ya que trabaja en un colegio privado: "como profesores estamos instados a aprobar lo inaprobable".

    Es triste, pero es cierto. De no ser así, dejamos fuera del mundo a jóvenes de clases bajas, medias y altas cuyas competencias lingüísticas y demás son alarmantemente pobres.

    Para darte un ejemplo de lo que les sucede a jóvenes de dieciséis años a quienes se les da posibilidades de aprendizaje estupendas llevándolos de viaje de estudios a sitios como Londres, París y Roma, te preguntan en Roma a qué se deben los agujeros en las paredes que se ven por doquier luego de que el guía y los profesores acompañantes les han contado la historia más de una vez acerca de cómo construían los romanos con hierro entre los ladrillos y de cómo ese hierro fue removido con el paso del tiempo por su utilidad y valor. A la tercera vez que te vuelven a preguntar lo mismo, les contestas cualquier tontería, ya en broma y cansado de que ni siquiera escuchen, para ver si reaccionan, como que hay agujeros porque en Roma hay enormes polillas "come paredes", y lo peor es que lo creen. Te hablo de adolescentes viajados, de un alto poder adquisitivo, que finalmente egresan de colegios de renombre. Para ellos el principal objetivo del viaje es comprar.

    ¿Qué se puede esperar entonces de su nivel de lecto-comprensión o producción literaria en la escuela si ni siquiera escuchan y procesan lo que se les enseña en una experiencia educativa que a la cual sólo pocos tienen acceso como semejante viaje?

    Estos chicos no saben estudiar, no lo hacen como nosotros lo hacíamos. Están híper estimulados por otros recursos y no vivencian al estudio como lo entendíamos y vivíamos nosotros. No ven al estudio como una vía de inserción en el mundo como lo era en nuestros tiempos. Ahora sólo necesitas una conexión a internet, algún aparatito potente, Google y Facebook para estar en el mundo que sí les interesa. Es precisamente debido a la conclusión a la que llegas: es la sociedad la que no valora a las personas cultivadas ni las recompensa como debiera. Por lo tanto, comparto tu sentimiento de desolación, aunque debemos recordar al momento de ser juzgados que sólo somos un eslabón más tratando de salirnos de una máquina devoradora de cerebros facilista, superficial y consumista, y que no podemos cambiar al mundo parados solos frente al aula.

    Un beso.

    Fer

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    1. Ciertamente hay una tentación peligrosa que es la de sentirse importante dentro del proceso educativo. Por un lado lo somos, pero por otro somos realmente irrelevantes frente a toda una potentísima máquina ideológica que opta por lo fácil y lo superficial. Nuestros alumnos fracasan en buena parte porque no valoran el estudio y porque el entorno no respeta la importancia de la educación, tal vez porque están demasiado agobiados buscando sobrevivir.

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  6. Cómo te entiendo, colega... Aquí nos pasa lo mismo, tenemos pruebas externas (cada vez más, y más inútiles) cuyos resultados certifican la mala salud de nuestro sistema educativo. La culpa, por supuesto, es nuestra, de los profesores: no sabemos motivar a nuestros alumnos, estamos desganados, trabajamos sin ilusión... A nadie le interesa averiguar la verdad, hurgar en la herida para sacar toda la pus y sanarla de una puñetera vez. Los remedios pasan, según las autoridades, por diseñar uno y mil programas de mejora, utilizar más los recursos digitales o, directamente, dar aprobado general (sin decirlo, claro). A nadie le importa una mierda que los alumnos lleguen a la ESO sin saber dividir porque se han pasado toda la Primaria haciendo el zángano, por citar un ejemplo facilito. Estamos sometidos a continuas contradicciones: no podemos suspender más allá de ciertos porcentajes pero, a la vez, nos exigen subir el nivel de cara a esas famosas pruebas. ¿En qué quedamos? No nos dejan exigir más, por lo que es imposible que los alumnos mejoren sus resultados, pero si calificamos objetivamente nos llueven las críticas, los problemas, las reuniones absurdas... Estamos en un callejón sin salida. Ahora mismo estoy (¡otra vez!) inmersa en un conflicto con un padre descontento con la nota de su hijo. Lo de menos es cómo voy a salir del trance. Francamente, me importa un comino lo que pueda pasarme. Prefiero reconocer que me equivoqué antes que pasarme días justificando lo que hice. A NADIE LE INTERESA LA VERDAD. ¿Usted quiere que apruebe a su hijo? Ea, aprobado. ¿ES bueno para él? Evidentemente, no, pero no es asunto mío. Como decía una colega, ya le suspenderá la vida. Sé que tengo razón, pero no es mi hijo, allá ellos. ¿Te acuerdas del mal trago que pasé el año pasado con otro alumno? Pues ahí le tienes ahora, suspenso en mis asignaturas en el IES. Hala, vete a reclamar ahora, guapito de cara...Que se joda. Es una victoria pírrica, pero no me queda otra salida que alegrarme. No gano nada con ello, evidentemente, pero él ha recibido su merecido.
    Perdona por el desahogo. Compartimos el mismo desaliento, la misma desazón. Yo quiero, como tú, que mis alumnos aprendan a valorar el conocimiento, que sepan que hay que esforzarse para conseguir algo que merece la pena, que sean razonablemente felices... No deseo putearles ni fastidiarles, aunque algunos así lo crean. No soy sádica, no me gusta hacer daño. Formamos parte de una maquinaria muy compleja que hace aguas por todas partes. El sistema se hunde y algunos pretenden que seamos, otra vez, la cabeza de turco que pague las consecuencias de años de gestión nefasta. Estamos solos, somos unos incomprendidos. Nuestros jefes más inmediatos no quieren problemas, tiemblan ante una posible denuncia en Inspección. Hay que ser políticamente correcto, diplomático, torero para esquivar las cornadas, aprender a mirar hacia otro lado para evitar enfrentamientos absurdos. Demasiado para un maestro, una persona fundamentalmente buena, según la terminología machadiana, obligado a batallar con gigantes feroces que no atienden a razones. A veces dan ganas de tirar la toalla. Lo malo es que cada vez son más...
    No sé qué decirte, colega. La resignación no es buena, plantar cara a toda costa tampoco. ¿Qué hacer? Todavía nos quedan los oídos amigos y comprensivos, que no es poco. Un fuerte abrazo.

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    1. En todo caso, gracias, Yolanda, has sido un oído comprensivo y tus razonamientos y tus valoraciones me son muy estimables. Entiendo tu desahogo, entiendo tu rabia por las contradicciones del sistema que nos impide exigir y a la vez nos exige buenos resultados. Esta es la realidad en que estamos, una realidad de cartas marcadas y políticos sinvergüenzas que pasan y se van, dejando el territorio marcado por la necedad.

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  7. No hay que llevarse las manos a la cabeza y tirarse de los pelos. Esto es lo que hay. Y no hay más. La realidad es sabia. Ella nos enseña lo que es y lo que no es. Y lo que, a mi juicio, hay que hacer es dejarse llevar por esta realidad y acoplarse a ella. El tiempo de las revoluciones (al menos, para mí) ha pasado. Tal vez sean los años...

    Un abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario del que se pueden extraer consecuencias leyendo entre líneas, más siendo ambos del mismo gremio y viviendo circunstancias muy semejantes que muestran cuál es la realidad real del país, y que recala en las aulas.

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  8. Estoy de acuerdo contigo, yo tengo un 1ºESO que parece la ONU, y solo 4-5 con un entorno familiar "normal". El 50% repetidores... en fin, un verdadero desastre. El sistema hace que los 6-7 que tienen interés sea imposible dedicarle la atención que requieren porque tienes que estar intentando mantener el orden en unos alumnos que no tienen ningún tipo de interés y que solo están allí porque asuntos sociales los obliga, con lo cual se dedican a molestar.
    El centro conoce toda esta problemática, ellos han hecho el grupo, y aún así te piden resultados, te dicen que los apruebes, que que mas da... que no pueden suspender tantos..
    En otro grupo que tengo de postobligatoria, con interés cero por estar allí, y que incluso no vienen a clase me han llegado a decir que aprobara a alumnos a los que les había puesto NO EVALUADO porque no habían aparecido en todo el trimestre... En fin, que estoy muy muy desilusionada, cada vez más.

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    1. Esta es, Maria Teresa, la realidad de las aulas y que vienen a evaluar estas dichosas pruebas externas que nos señalan como culpables únicos del desastre social implícito que hay detrás.

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  9. No hay más camino correcto que el que traza cada alumno. Las medidas generales -que suelen igualar según dudosos principios pedagógicos- han hecho más mal que bien.
    Al menos, una parte buena: obligan a la reflexión.

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    1. El discurso del método. No lo he leído, aunque sé de sus tesis más señaladas. La lectura filosófica aguza el razonamiento y engrasa la elocuencia a la que dota de densidad.

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  11. ¿Si no hay una igualdad de salida como va a ver una igualdad de llegada?
    Es absurdo exigir lo mismo a un alumno acomodado de la zona alta de Barcelona que a un chico de barrio dormitorio con padres recién llegados a este país. Son chicos, no naranjas a las que hay que exprimir hasta la última gota.
    Detrás de esa palabras que llenan las bocas de los políticos y ejecutivos tipo competencia o competitividad hay un plan claro para convertir nuestro sistema educativo en una especie de escuela de marines y en caso de restricciones, cosa que empieza a pasar, expulsar de él a los más inadaptados que no siendo los menos válidos, suponen mayor esfuerzo para las diferentes partes.
    Aunque sé de su dificultad los profesores deberíais oponeros a este forma de desvirtuar los principios éticos más importante de vuestra profesión: una educación universal, igualitaria y no discriminatoria.

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    1. Somos conscientes cada vez más del deterioro del fondo intelectual del instituto donde estoy. Cada vez la ESO tiene más bajo nivel, cada vez hay menos chavales que destaquen por su esfuerzo y su saber… y el problema es que de esta selección humana -valiosa en cuanto tal, pero terriblemente deficiente en el terreno escolar- han de salir bachilleratos, lo que nos lleva a sentir verdaderos ataques ora de resignación, ora de angustia. Ciertamente las posibilidades, sean por las razones que sean, no son iguales para todos.

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  12. Para empezar, y pensando en primaria, esas pruebas objetivas pueden ser usadas para limpiar retretes, en el mejor de los casos. Para continuar, las medidas de mejora que se exigen a partir de los resultados de las pruebas pueden usarse para otros retretes en caso de que no haya llegado con los papeles del inicio. El elemento esencial de la escuela es el maestro. Mientras estos formen un colectivo inculto y sin implicación, ya pueden darles miles de pruebas objetivas. Por otra parte, nadie se plantea el sinsentido de pretender objetivizar un proceso cuya naturaleza es en buena medida no objetivable. Estamos intentando barrer el desierto en vez de intentar comprender su dinámica.

    Por otro lado, los técnicos encorbatados se empeñan en entender la escuela como una empresa con su certificado ISO 9000: análisis del proceso, pruebas objetivas, plan de mejora, reevaluación de... que se vayan todos a paseo. Lo que pasa en la escuela, o instituto, no tiene nada que ver con una empresa y con un sistema productivo sin alma, dirigido al máximo beneficio y a la reducción de costes.

    Dicho lo cual, Joselu, ánimo, haz tu trabajo lo mejor que puedas, disfruta de la vida, duerme tranquilo. Dentro de 20 años habrá otra moda de los encorbatados, tendremos en las aulas otra realidad, pero seguiremos haciendo nuestro trabajo como buenamente podamos y sepamos. No hay más. Es lo mejor que podemos hacer, creo.

    Un saludo.

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    1. Tu opinión me es doblemente valiosa porque sé de tu compromiso humano e intelectual en las aulas, entreverado de autocrítica y sentido común.

      Lo cierto es que ninguno de esos políticos que vienen a caer en las consejerías (entre empresa privada y empresa privada) nunca ha tenido la tentación de preguntar a los docentes qué piensan ellos sobre el sistema educativo, sobre la realidad que tiene lugar dentro de las aulas, y cuya expresión no es monopolio de sindicatos con bajísimo nivel de afiliación. Lo cierto es que se nos tiene como material fungible, se nos menosprecia y se nos llena de descrédito, haciéndonos responsables de los males de la educación.

      En todo caso, de acuerdo con tu valoración de las pruebas externas que se han extendido como criterio evaluador que imita los criterios del proceso de producción empresarial. Un saludo.

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  13. Yo no solo estaría desolada, estaría cabreada, desmotivada, deprimida y muchas cosas más.
    Joselu, yo no soy nadie para opinar pero la escuela no puede joderte la vida y tú no vas a poder hacer más de lo que haces. Piensa que ya hay bastantes profesores que se tienen que dar de baja de pura depresión. Contigo siempre.

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    1. La virtud más relevante de un profesor es la paciencia y también la resistencia ante la adversidad. Sin duda hay profesores que jugamos en divisiones muy complicadas, que nos dan pocas alegrías cuando se airean estas pruebas. Gracias por tus palabras de aliento.

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  14. Nos conocemos de hace tiempo, Joselu. Sabes que mi contexto es parecido al tuyo: mi centro aparece el 600 y pico de 670 en las pruebas diagnósticas. El esfuerzo que hacemos en el aula es impresionante, sobre todo en 2º de ESO de esos niveles que tú llamas C, D o E. En esos grupos tenemos suerte cuando salvamos del fracaso escolar a 5 alumnos de 25. Ese es nuestro éxito, esas deberían ser nuestras cifras y el motivo para alegrarnos. Porque si no hiciésemos bien nuestro trabajo, esos cinco también caerían al saco del abandono. Que no nos midan por los que perdemos, sino por los que ganamos. Que no nos engañen con cifras falsas, porque mientras ellos juegan con piezas nuevas, a nosotros nos están dando juguetes rotos.

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    1. Hoy repasaba las cifras concretas alumno por alumno de los tres cursos que imparto. Hay alumnos voluntariosos (chicas) que trabajan muchísimo pero cuyo nivel es realmente muy bajo. Alguna de ellas me manifestó su deseo de hacer bachillerato. Si los profesores medimos niveles reales, el resultado es desolador. Afortunadamente tenemos en cuenta otras cuestiones como el trabajo habitual, el tesón, la actitud… Hay alumnos que fracasan en estas pruebas pero sin embargo su rendimiento académico no es tan malo a base de esfuerzo. Y viceversa: hay algún alumno que saca muy buenos resultados en estas pruebas (pocos) y cuya realidad académica es lamentable. La evaluación es una de las cuestiones más difíciles que existe y depende en gran parte de criterios políticos que nos van permeando. El problema es que cambian continuamente a tenor de los ministros, los consejeros, los directores de centro… el mismo profesor. Ahora son estos baremos supuestamente objetivos los que están de moda para medir la competencia de nuestros alumnos… pero nosotros sabemos que hay otra realidad que no reflejan estas pruebas, aunque efectivamente den una imagen bastante verosímil de nuestros alumnos.

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