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sábado, 7 de abril de 2012

1057 palabras



Mis  primeros seis años de vida me atraen con una fuerza magnética irresistible. He escrito mucho sobre ellos, aunque raramente he publicado. Fue un territorio auténticamente salvaje, el único territorio salvaje de mi vida. Aprendí a leer a los cinco años, de modo que en aquel lejano tiempo el mundo pasaba a través de mis ojos sin el filtro de la lectura que luego me devoró. Yo era un niño callejero. A partir de mis cuatro años yo deambulaba por las calles  yendo suelto de un lado para otro, aunque nunca formé parte de las bandas que por allí había, como la del Velas, llamada así por sus mocos colgantes. Fumaba yo lo que los viejos tiraban al suelo. Iba buscando las colillas encendidas y las chupaba con fruición. Era un niño solitario y desquiciado que recorría la plaza del Pilar de Zaragoza, entre los cipreses tristes y sombríos, provocando e insultando a los viejos a los que detestaba. El mundo me fascinaba, siempre estuve dominado por visiones que la realidad de una mirada nueva aumentaba con una potencia que luego nunca he logrado recuperar. Solo tenía una amiga con la que jugaba en una vieja buhardilla e imaginábamos un mundo menos sórdido. Fue el primer amor de mi vida y, a pesar del tiempo pasado, aún recuerdo el olor de su piel y sus ojos profundos y oscuros. Mi padre no estaba o solo lo veía muy de vez en cuando. Mi madre era el ser más fascinante que he conocido nunca, pero disfrutaba causando dolor al único ser que tenía a su alcance. Yo orbitaba en torno a su fuerza prodigiosa como un satélite subsumido por el maelströn de su mundo sádico y obsesivo. Carecía de límites y de piedad. Yo viví aquel mundo de dolor inmenso y terrible, ampliando mi capacidad para la ensoñación, para la creación de entornos mágicos y oníricos. Me hice lento de reflejos pues me costaba salir de mis ensoñaciones. Aun después del tiempo pasado sigo yendo rápido a todos lo sitios para encontrar un tiempo luego detenido y magnético.


La vida era terriblemente triste e inmensa, y esa tristeza que me inundaba amplió mi universo multiplicado por mil al entrar en contacto aquel niño salvaje con la concepción religiosa de un colegio de monjas al que empecé a ir a mis cuatro años. Los primeros días me escapaba, las insultaba a las monjas tildándolas con los motes y palabrotas más obscenos y soeces que conocía y eran muchos, me negaba a sentarme con los niños y me escapaba al sector de las niñas a pesar de los castigos y las reprimendas. La capilla de la iglesia excitaba mi universo interior sumiéndolo en escenas terroríficas. Mi espíritu indomable se vio dominado por la culpa y sintió más dolor, inenarrable, hasta que llegó uno de los días más ominosos de mi vida: el día de la primera comunión. El abismo del fin del mundo se abría y yo esperaba la llegada de Dios en medio de ángeles y arcángeles que tocarían sus trompetas para castigar a aquel ser de seis años que era profundamente malo y era culpable de todo lo que sucedía a su alrededor.

No sé en qué ocupan sus primeros seis años de vida otras personas. Tal vez en ser felices. Yo no tuve esa oportunidad, pero el tiempo me ha enseñado que aquello posiblemente fue una ocasión única e irrepetible y no renuncio a mi particular Auschwitz emocional. No sé qué hubiera pasado si yo hubiera sido un niño querido en un universo amable y acogedor. Lo ignoro. Pero sé que en aquello había un mensaje poderoso, que ha nutrido toda mi vida posterior con una fuerza extraordinaria. Desarrollé una potencia cósmica que me permitió observar todo desde la perspectiva del dolor y a la vez alcanzar la dicha en instantes de plenitud. He vuelto una y otra vez a aquel mundo incluso desde la perspectiva del teatro que ensayé durante unos años. Reproduje la escena de la manzana asada en la que reside el día más doloroso de mi vida. Mi madre a mis cinco años me echó de casa por no querer comer una manzana que me repugnaba. Para mí no era un juego y sentí en mis entrañas el abismo de la soledad total y el abandono del único ser al que estaba unido. Este día ha sido reproducido en una escena dramática en presencia del director ruso Boris Rotenstein muchos años después. Éste asistió maravillado a aquello y dijo que era la escena teatral más potente que había visto hasta entonces. De tal manera aquellos años espantosos aún nutren mi modo de ver el mundo que en su dimensión apocalíptica son capaces de alumbrar magnéticamente una potencia personal a la que no renuncio y que casi llego a considerar como una suerte. Probablemente otras personas de sus primeros seis años solo tienen recuerdos tiernos y afectuosos a los que miran con nostalgia y una reprimida melancolía. Yo, en cambio, viví de entrada la apoteosis del sufrimiento en cantidades inimaginables, pero ¡cómo desarrolló mi capacidad para la observación interior, para la generación de universos paralelos, para el erotismo intenso en escenas íntimas con aquella primera muchacha que conocí y amé, hasta que llegó aquel día gris y triste en que hice mi primera comunión en un colegio de pobres y Mariví definitivamente se trasladó de barrio y no la volví a ver jamás! Suerte que entonces pude sustituir definitivamente aquel mundo insólito y violento por la literatura cuando descubrí los libros, que han sido una forma de prolongar las visiones de la infancia con una dicha difícil de imaginar para los que solo tienen recuerdos entrañables de estos primeros seis años.


Cuando el año pasado acompañé a mi madre a la entrada del crematorio, toqué su frente helada, la miré por última vez, ya totalmente indefensa, y advertí que tal vez había sido un monstruo, pero había sido mi monstruo. El cadáver entró por la puerta, y luego sus cenizas fueron esparcidas, como ella quería, en un bosque de Santillana del Mar, cerca de Altamira. Aquella mujer había sido en sus años jóvenes artista de cabaret. Algún día escribiré su historia, no sé si real o imaginaria, del mismo modo que ignoro si lo que cuento o lo que soy es real o fruto de la ensoñación. Vosotros decidís.   

25 comentarios :

  1. Hola Joselu!

    Yo creo que es real porque estos modos eran muy usuales en los padres de antes.Seguramente es que ella recibió ese trato en su niñez.Pero como bien dices, era tu monstruo y ella a su manera y tu a la tuya os demostrábais así el afecto materno-filial.
    No olvidemos que antes la infancia era una enfermedad que curaban a golpetazos.

    Un abrazo.

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  2. ¿Qué puede importar la realidad a quien sabe vivir de y en su interior? Líneas tan volátiles no merecen ser tenidas en cuenta, ficción y contingencia chocan o se suplementan, para dar su fruto en la locura de la razón. Querido Joselu, tan cercano a ti pese a mi infancia tremendamente distante a la tuya, abrimos, por diferentes motivos, nuestro corazón sangrante para que cualquiera lo tome. ¡Qué mejor pasión en esta semana acristianada...!

    Un fuerte abrazo.

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  3. ¿El que se fumaba las colillas era el Velas o eras tú?

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  4. Me es imposible imaginar al niño que dices haber sido JOSELU, imposible. Creo que tengo una imaginación potente, pero por más que intento imaginarte con seis años insultando, fumando colillas y callejeando como un Tom Sawyer por tu barrio, lo siento, pero no puedo :-)

    Es curioso la caja de sorpresas que somos los seres humanos, supongo que por eso, a veces nos equivocamos tantísimo en la impresión que nos producen las personas, si solo nos quedamos en su superficie. Hay que bucear mucho y muy profundo, para saber quien se esconde de verdad en el fondo de cada uno. Es difícil, porque eso requiere mucho tiempo y esfuerzo, no sólo para los demás, incluso para nosotros mismos. Es admirable ver como tú lo haces.

    También me resulta muy difícil imaginar a una madre que haga sufrir a su hijo, casi me resulta antinatural algo así JOSELU, es muy valiente por tu parte compartir algo así. Seguro que no fue consciente de ello. En general, me resulta antinatural que nadie haga sufrir a nadie, porque sí. De hecho, no soporto ver sufrir a nadie. Aunque no quiera, eso me hace sufrir a mi y supongo que eso me convierte en una inmadura e infantiloide de por vida, tienes razón, lo soy. He llorado sólo viendo llorar a otra persona... a veces mi grado de estupidez es infinito...

    A veces pienso que cada persona es como un pedazo de plastilina que la vida va moldeando. La infancia que cada uno hayamos vivido es trascendental. Por mucho que luego la vida nos vaya imprimiendo un carácter, formando y enseñando, por mucho que vaya maquillando esa infancia para bien y para mal, lo que en esa época hemos sido y vivido, nos marcará siempre.

    Verás, en general mi infancia fue muy feliz, casi diría de cuento. Sin embargo, aunque no recuerdo nada de cuando tenía 4 o 5 años, recuerdo perfectamente mis 3 años, justo cuando empecé a ir al cole. Junto con mis 14 años, mi primer año de instituto, los dos peores años de mi vida y paso de los cuarenta. ¡¡Fíjate que me han tocado vivir cosas muy duras!! pero mucho, en esta vida. Sin embargo, mirando hacia atrás, nada comparado con lo mal que lo pasé esos dos años.

    ¿Sabes por qué? no me sentí querida. Suena idiota, pero es la verdad. Fueron los dos únicos años de mi vida en los que me sentí una marciana viviendo en un entorno hostil, algo absolutamente desconocido para mi. Recuerdo llegar con 3 años a un colegio en el que empecé más tarde que mis compañeros no sé por qué, donde además todos eran mayores que yo. Recuerdo sentarme en la esquinita de una mesa de cuatro, era la quinta, ni sitio tenía. Recuerdo sentirme la Cenicienta allí, nadie me quería, al menos yo lo viví así. Supongo que salir de mi cómodo y cálido entorno familiar y vivir por primera vez sola en un entorno desconocido, sin caras amigas, donde veía a mis compañeras de clase gigantes y a mi minúscula, me angustiaba y me hacía sentir el ser más desvalido y miserable del universo, pero así, tal cual. Cada noche me acostaba llorando y me levantaba de la misma manera, así todo un año... al año siguiente, todo cambió.

    Lo mismo me ocurrió con 14, aterrizar en un instituto donde otra vez era la nueva, donde todo era desconocido para mi, tan diferente en ambiente y funcionamiento a lo que yo había vivido. Compañeras locas por parecer más mayores y yo desesperada por seguir siendo pequeña. Recuerdo meterme en la cama a las 7 de la tarde. El único momento del día donde era feliz, dormida:-)

    Mira, sin querer, a lo mejor por eso vemos el sufrimiento humano tan diferente. Tú que debiste acostumbrarte desde muy niño a él, aprendiste a ver su parte productiva, didáctica, aprendiste a vivir en él. Yo nunca he podido. Me he pasado la vida huyendo de él, por eso me es imposible comprender que alguien se instale ahí. Para mi, lo único bueno del sufrimiento es cuando termina.

    No sé que hay de real o imaginario en todo esto tuyo JOSELU, supongo que un poco mucho de todo. Sea como fuere, me ha resultado sobre todo entrañable, muchas gracias y...

    Muchos besos JOSELU, es verdad que somos muy diferentes, pero...¡¡ Qué más da !!:-)

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  5. Estremecedor testimonio, Joselu. Yo no sería capaz de contar con tanta crudeza mis íntimas vivencias, duras o agradables, felices o desgraciadas. No sé si me sobra pudor, hay cosas que no me gusta dar a conocer.
    Me asombra que recuerdes con tanta claridad tus primeros años. Yo guardo un recuerdo mucho más difuso, retazos sueltos sin continuidad, influida además por lo que me han contado muchas veces mis tías o mi madre. Veo mis fotos de entonces y trato de imaginarme tal como dicen que era. No sé si podemos ser objetivos al hablar de nosotros mismos, supongo que no. Unas veces resultamos demasiado duros y otras en exceso indulgentes. En todo caso, los primeros años parecen decisivos para formar la personalidad, diga lo que diga el inculto e inconsciente ministro Wert. Tuviste una infancia terrible, pero eres capaz de contarla con sinceridad, lo que ya de por sí es una excelente terapia. Cuesta imaginar el daño que te hizo tu madre. Por mi trabajo he conocido cientos, acaso miles de madres, algunas excelentes y otras abominables, y me ha costado entender que la madre puede ser horrible y dañina para sus hijos, contra natura, según creía yo hasta que la terapia de grupo me hizo ver que la madre amantísima es más un ideal forjado a través de los siglos,algo así como una leyenda urbana, que una verdad natural.
    Lo del colegio de monjas ya me resulta más cercano. Yo fui a uno de los cinco a los diez años. Empecé en lo que se llamaba entonces Maternales, aprobé el examen de Ingreso con excelente nota (aún recuerdo el libro de entonces, se titulaba "Apto") y sólo hice el primer trimestre de Bachillerato porque en Navidades nos trasladamos al Sáhara. Pero ésa es otra historia.
    Gracias por compartir ese episodio de tu vida con nosotros. Feliz regreso (largo viaje te espera). Un fuerte abrazo, colega.

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  6. Joselu,que mal me ha dejado esta historia.Pero en lo poco que he tenido el placer de leerte por una u otra circustancia ; me pareces un hombre tan sensible.-Yo no puedo con el mal trato hacia nadie y posiblemente al tener que trabajar con niños "Especiales".Y ver el doble rasero, de ciertas actitudes de muchos padres.No me cabe en la cabeza.Pero existe por desgracia y más de lo que pensamos.

    -Es que se me salto este trocito perdón por el rollo...

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  7. Hace tiempo que pienso que quienes vivimos lo monstruoso en casa y en la infancia vamos censurándonos para parecer creíbles, normales y/o no culpables de haber sido los generadores de lo horrible. Por suerte hay valientes capaces de contarlo :) Por mi parte aprendí a leer pronto y cualquier letra impresa era capaz de llevarme a mundos alternativos... Tu aceptación de tu madre tal como era te hace querible. Dicen algunos que la patria es la infancia, un abrazo de compatriota

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  8. Ha sido una cruda propuesta esta la de desnudar tus sentimientos infantiles y mostrarte tan desvalido. No veo, cambio, rencor en tus palabras. Observo un alma rebelde y fija en buscar su sitio en el mundo (siempre hostil) y veo un niño que no lo encuentra, ni en casa ni en la sociedad. Y por eso, sin lágrimas en los ojos, pasó una infancia en la que no fue feliz. Pero la vida le enseñó el camino de la felicidad y la encontró.

    Un abrazo.

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  9. Todavía no conozco a nadie que recuerde su infancia como un momento de completa felicidad y eso que es un momento de la vida que goza de muy buena prensa y literatura. En los falsos recuerdos. Cualquier visión del pasado es una pura falsificación del recuerdo.
    La infancia como paraíso perdido.
    Valiente mierda. Sentir todo sin medida,desde la perturbadora ignorancia, sin poder recurrir a la agarradera del saber que tantas veces te ayuda a relativizar las cosas. Todo terriblemente doloroso hasta lo que aparenta ser bueno. Un mundo extraño y hostil y la fantasía como único recurso y refugio para que el frío mundo se queda fuera. Y luego tener que llevar la mochila del pasado permanentemente con nosotros, malbaratando nuestra vida. Obligándonos a seguir sendas ya trazadas en nuestro subconsciente y asumir nuestra permanente dosis de dolor.
    Prefiero el presente, despojado de la carga del pasado y de las expectativas del futuro.
    Solo ahí hay vida.

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  10. El niño necesita de padres amorosos, afecto incondicional y absoluta aceptación. Ningún niño lo encuentra del todo. Hacerse adulto significa aceptar lo que fue y lo que es, entender la humanidad de nuestros padres y perdonarla para superarla y erigirnos como nuestros propios padres y desde allí ser capaces de paternar a nuestros propios hijos.

    Quien siga echándole el fardo de su dolor a los errores de sus padres se estanca, no crece, no llega a crecer psíquica y espiritualmente hasta hacerse adulto. Y creo que tú lo has logrado, digo, hacerte adulto.

    Cuánto hay de real o de fantasioso en tu relato sólo tú lo sabes, y por qué has decidido compartirlo y concluir así será lo que necesitas en este momento. Escribir es siempre un acto terapéutico, sobre todo si se trata de un testimonio de vida.

    Un beso.

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  11. Joselu plante la muerte coo principio de lo siguiente, curioso que sea en este domingo de resurrección. La muerte de tu padre te sirvío en los últimos momentos para reconciliarte mediante una carcajada que concretó años de distancia, Santillana de Mar (que dicen que ni es Santa, ni llana ni tiene mar) nos ha traído la imagen de tu madre artista, no de la mala (manzana en latín). De tus muertes surgen vidas.

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  12. Recordar es fascinante aun con las tristezas que cargamos del pasado. Sin embargo, lo real y palpable es la persona que eres hoy. Es un placer adentrarse en tus sentimientos.

    Saludos

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  13. Me atrae desde hace relativamente poco la literatura autobiográfica, pero me he internado en ella con unos bríos que me han facilitado el descubrir textos excepcionales y, sobre todo, nuevos enfoques literarios que permiten orillar el trillado mundo de los best-sellers y pseudo obras literarias afines. Hay tanta buena literatura en estas 1057 palabras como en las 1280 almas del maestro Thompson. Y lo único que espero y deseo es que tengan continuidad, y forma. La densidad viene "de fábrica" y como "de molde". Cuando leí "La bastarda", de Violette Leduc, una autobiografía emocionante, comprendí el valor de la visión despiadada sobre uno mismo, la única auténtica. Me sorprende la ingenuidad de María, incapaz de imaginarte muy otro de quien eres. Supongo que habrá cedido al viejo mito del carácter o a la visión inmovilista del tipo, en vez de la del personaje redondo, pero es comprensible. Quizás solo quienes fuimos tan salvajes seamos capaces de valorar en su justa medida y auténtico valor la civilización. Ejemplar, Joselu. Seguiré leyendo, seguire aprendiendo.

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  14. Lo bueno de escribir es que, si no te gusta, siempre puedes reinventarte la historia.

    :)

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  15. Mi infancia en la escuela fue un terreno hostil. Iba a un colegio donde los alumnos eramos casi todos hijos de emigrantes del pueblo, todos menos yo. Iban algunos gitanos a robarnos, formábamos cuadrillas y había autenticas batallas campales. En verano me quedaba solo, pues todos se iban a pueblo, menos yo, que no tenia. Sin embargo dada mi facilidad para trabar amistades, cada año hacia amigos nuevos; pudiera ser que esta facilidad para comunicarme halla sido la causante de mi profesión.
    En mi colegio casi nadie estudio más que la EGB, excepto yo y otros dos y el que más estudie fui yo hasta acabar BUP (letras puras) y luego una especie de F.P. (Forestal) que acabe.
    De los treinta y cuatro que acabamos octavo, ocho muertos por sobredosis y sida, otra parte importante delincuentes habituales, madres jóvenes, muchas drogas, heavy metal, muchas peleas y supervivencia Aunque me parece que he llegado a los 14, más que a los seis que tu has comentado.
    A los seis "a cazar lagartijas", a la quina Sanson en los cumpleaños, a jugar al Tente y a preguntar mucho a mi padre (cuando le veía).
    Mis profesores desde primero a séptimo de EGB, tenian más grandes la manos y los palos, que la inteligencia, unos auténticos c......s.
    Un saludo.

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  16. Los niños son demasiada poca cosa, se puede pasar de ellos, obviarlos, no hacerles ni caso o decirles que molestan. A un niño puedes engañarle, manipularle, insultarle, amenazarle o castigarle sin que pueda hacer nada al respecto. No puede defenderse ni físicamente ni mentalmente, es el ser más débil y maleable de la sociedad. A un niño puedes obligarle a que haga algo o impedirle que lo haga. Conseguir que llore durante horas y convencerle de que se lo merece. Puedes llenarle de complejos y de prejuicios que tardará toda la vida en eliminar, si es que lo consigue.
    Los niños viven encadenados a una constante cadena de dependencia que les obliga a vivir en la insoportable levedad del ser. Hay quienes envidian a los niños y aseguran que la infancia es la etapa más feliz de un ser humano. Por eso les hablan con otro tono como si por el hecho de ser niños fuesen imbéciles y por eso desean ser tan imbéciles como ellos creen que son. Un imbécil, aparentemente inocente y feliz, es un ser admirable para millones de seres humanos. No sé qué dirán antropólogos o sociólogos al respecto, pero es una apreciación que, como mínimo, me llama la atención.


    Hoy tu relato es mi relato y me siento un Luc que repite la trayectoria de tus letras. Diferentes sexos, ciudades, épocas y detalles, pero mi historia es la misma.
    http://www.loscuentos.net/cuentos/other/1/2/104/

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  17. Enlazo el bellísimo texto que propone Rash. Se titula Una flor amarilla y es de Julilo Cortázar: UNA FLOR AMARILLA Gracias.

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  18. Magnífico relato Joselu y estremecedora confesión de lo vivido...Esperamos ansiosos y "magnetizados" la continuación de estas memorias. ¿Tu segundo nombre no es Pablo? jeje.Un abrazo

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  19. Dicen que las cosas no son como son, sino como uno las recuerda. Tu infancia, si fue así, tiene poco de paraíso perdido. Supongo lo mucho que te habrá condicionado y lo ausente que se hallará la nostalgia en tu ánimo...

    Sin embargo, y no me interpretes a mal, creo que tu relato tiene mucho y bueno de literario...

    Un abrazo

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  20. Pues yo decido que no tengo idea alguna, la verdad. Podría ser un relato fiel del pasado, del que como tú dices, no sueles hablar en demasiadas ocasiones -o al menos de esa época- y del que intuyo no guardas buenos recuerdos. Encaja en parte. Sobre todo me cuadra por la memoria. No sé si en tu caso funciona tal cual. No sé si será así en cualquier caso, pero sobre todo, de entonces, yo recuerdo mucho mejor los malos momentos aunque no fuesen muy malos y fuesen los menos, que los buenos. Será cuestión de intensidad, tal vez por lo inusual en mi caso. Podría ser un relato fiel de cómo era tu madre, o como la veías. Conozco a una madre más despiadada que la que tú has descrito, así que... eso, podría ser. O podría ser que nada casara con la realidad. Aunque, dime tú, ¿qué es exactamente la realidad?
    Yo no lo sé, y como imaginación siempre he tenido poca o ninguna, simplemente te digo que tu entrada me desconcierta, y que no sé qué pensar al respecto. Poco más.

    Un beso, Joselu.

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  21. Tu relato atrapa. Supongo que una narración tan descarnada como esta, contada desde el recuerdo engancha como un imán. Más aún si lo haces desde la perspectiva del niño que fuiste y del adulto que hoy cuenta sin tapujos una relación dura y tormentosa con su madre. Me ha venido a la cabeza la película "El desencanto", Jaime de Chávarri, sobre los Panero. También es una extraña mezcla de vida y literatura. Un abrazo.

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  22. Verdad o ficción queda al albedrío del autor. ¿Que tiene trazas de ser cierto? Sí, pero también las tiene de ficción, más que nada porque noto la falta de algún personaje más. Pero lo que realmente importa es el texto en si, lo que trasmite, lo que dice y dice mucho. Por otra parte si es un homenaje póstumo, como dice algún otro comentario, "es tu monstruo" o tu amor ¿? Solamente decirte que me gustan tus 1057 palabras.

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  23. Gracias, Joselu, por esta entrega, en todas sus acepciones. La fuerza expresiva (¿se dice así?) de tu relato es brutal, tanto si es real como si no. Me ha situado, por un momento, en la ciudad de los prodigios, por el tono y - sobre todo - por la calidad. Espero de corazón (y con egoísmo de ávida lectora de aventuras humanas) que te concedas lo que necesites para seguir contando.

    Un abrazo admirado,

    Maria

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  24. Magnífico ensayo. Creo que con una dosis de rencor mayor estarías en condiciones de acceder a una sede episcopal desde la cual trasegar un poco de bilis redentora. Te animo a que conviertas en homilía tu ajuste de cuentas con la infancia. Seguro que nos sorprendes ;-)

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  25. Excelente reflexion amigo me gusto este post.. por cierto muy buen blog, no lo habia visitado nunca.

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