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miércoles, 28 de abril de 2010

Ascensión del Pedraforca



"Lo único constante es el cambio” es la base de la escultura de bambú colgada del techo que se está elevando en forma de bosque en el Metropolitan de Nueva York y que podrá escalarse, atravesarse, descansar… Vi imágenes en la televisión e inmediatamente la instalación de los gemelos Mike y Doug Starn me cautivó y querría experimentarla, recorrerla, ascenderla. A veces el arte contemporáneo tiene intuiciones poderosas aunque no son nuevas puesto que la idea del cambio continuo viene ya de la filosofía atribuida a Heráclito de Éfeso. Nuestra vida es cambio, todo es impermanente, todo es una ilusión, la materia está vacía, el observador transforma lo observado, el arco, el arquero, la flecha y la diana forman una unidad. Lo que estoy escribiendo es un sueño que tal vez llegará a alguien que lo está esperando, como me ha pasado a mí en una etapa de crisis profunda. ¿Qué dirección dar a nuestros pasos? ¿Hacia dónde dirigirnos? ¿Dónde estarán nuestras certezas? ¿Hay acaso certezas?

¿Es posible que dos elementos aparentemente antitéticos sean simultáneamente correctos y verdaderos? ¿Acaso el taoísmo no enseña la complementariedad de los contrarios? Todo se ordena en contradicción. Es un juego. Nuestro juego, pero las apariencias llevan a que nuestra mente se pierda en ese juego de espejismos. Una crisis profunda puede ser la enfermedad que nos sane, tal vez. Sólo hay que ver las cosas de un modo adecuado.

Este fin de semana pasado ascendí el Pedraforca, una montaña singular –y bellísima- de 2500 metros en la comarca catalana del Berguedà, una tierra muy amada por mí pues estuve destinado en un instituto (Guillem de Berguedà) durante tres inolvidables cursos cuando saqué las oposiciones. Ha llovido mucho desde entonces. Y he subido el citado Pedraforca en varias ocasiones. La del sábado 24 fue la sexta vez. Y lo hice con un exalumno de hace ya bastantes años con el que he seguido teniendo una relación entrañable y profunda, Alberto. Recuerdo los apasionados debates que manteníamos en clase de literatura hablando del Cantar de Mío Cid, La Celestina, El Quijote o Macbeth… Tal vez Galdós. La clase era un laboratorio de elaboración de ideas que se compartían entre todos.

Propuse a Alberto la ascensión del Pedraforca y él aceptó encantado, pero no esperaba lo dura que iba a ser en plena primavera cuando la nieve todavía no se ha fundido a partir de los dos mil metros. Yo tenía una clara imagen de lo que nos esperaba pero él no. Cuando vio la montaña en la lejanía recortándose entre las nubes nos dimos cuenta de que el tiempo no iba a ser muy bueno. Era mi sexta vez. La montaña era la misma, pero yo no era el mismo. Ese cambio continuo del que hablaba al principio planea sobre todos nosotros. Somos el cambio. ¿Podría esta vez con la montaña o ésta podría conmigo? La ascensión y el descenso son muy fatigosos y en algunos puntos, peligrosos.

Nunca podemos dar por superada una dificultad, pues aunque la conozcamos nosotros hemos cambiado.

La ascensión con sus recesos para tomar fuerzas o hacer fotos nos costó más de tres horas. Cerca de la cima, en el collado, en medio de nieve abundante, vimos el camino hacia la cumbre cubierta por las nubes. A partir de ahora habría que trepar por entre la nieve y las rocas procurando no despistarse y viendo dónde poníamos los pies. Fue un ascenso emocionante y de risas compartidas. En el vídeo que he colgado se ven imágenes del ascenso y del descenso. El momento de hacer cumbre fue emotivo. ¡Habíamos llegado! Apenas se veía el horizonte entre las nubes. Normalmente se ve todo el Pirineo y se vislumbra Montserrat, pero en ese día de belleza áspera la visibilidad era limitada. Nos hicimos fotos y respiramos hondo pletóricos de felicidad por haber llegado juntos. Compartimos esos momentos inolvidables de compañerismo y belleza de la naturaleza con la conciencia de nuestra fragilidad, del éxtasis del instante que estábamos viviendo en medio de la nieve en lo más alto con el mundo a nuestro alrededor. No éramos montañeros pero ese día habíamos participado de la maravilla de la montaña, y quizás no fuera la última vez.

Dedico a mi amigo Alberto este post –que él no leerá- y le pongo de fondo al vídeo la canción Barriobajero del grupo Los Porretas que me puso en el coche cuando ya llegamos al punto de partida. Una vida de profesor da muchas satisfacciones y no es una de las menores el poder alcanzar una sana y sólida amistad con algunos alumnos que te siguen estimando tras el tiempo pasado y con los cuales se puede ir al teatro, tomar algo o ascender una montaña.

¿Qué relación tiene lo que he contado con el preámbulo del cambio continuo y la concepción cuántica de la existencia? No sé, pero tengo la impresión de que alguien lo entenderá porque lo estará esperando.

13 comentarios :

  1. Hermosa montaña, hermoso paisaje y hermosa excursión. Sin duda, Joselu, somos cambio y, precisamente por eso, somos inteligentes, somos felices y somos más personas. Los vaivenes de un centro escolar suelen provocar roces, malosentendidos y desencuentros, así que relaciones de amistad como ésta son envidiables. Pero te equivocas en algo: esa montaña también ha cambiado, también...

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  2. La existencia es una ascensión a la montaña de la vida. Quien la cumbre alcanza llega agotado después de haber pasado por muchas etapas desde donde se ve diferente la perspectiva del mundo. Una vez en la cima observamos el paisaje que somos: la experiencia vivida. Su descenso es al abismo de la nada y, entre tanto, se habrá disfrutado de algunas buenas compañías.

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  3. Que entrañable post Joselu, con tu alumno de antaño. Me ha recordado a mi hijo Angel, Físico y Profesor de colegio privado que tiene como mejor amigo a un antiguo alumno también y no sabes como se admiran y como se respetan.
    Cambiamos nosotros y mucho y la naturaleza, las montañas nunca son las mísmas.
    Encontrarte en la cima debió ser una sensación de libertad al límite y se nota en el bonito video que nos has puesto. Un beso Lola

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  4. Joselu, es fantástica la sensación de ascender una cumbre con cierta dificultad y contemplar desde lo alto un paisaje maravilloso. Te envidio por ello.
    En la vida real nos pasamos el tiempo subiendo cumbres y salvando obstáculos. Escalar una montaña es una metáfora de lo que supone subir, sudar, esforzarse, cansarse, fracasar, descansar, disfrutar... Todos somos montañeros, todos subimos varias veces al Everest sin movernos de nuestro puesto de trabajo.
    Dedico poco tiempo ahora al ordenador porque tengo una dolorosa contractura y problemas en el brazo, el viernes iré al médico a ver qué me dice. Y mi hermana está otra vez en el hospital, esta vez puede que sea algo del corazón, aunque hay que esperar al resultado de las pruebas. En fin, esperemos que termine la mala racha de una vez.
    Estupendo post, como siempre. Un fuerte abrazo, colega.

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  5. Me has hecho pensar mucho en Machado, mientras te leía recordaba lo de abel martin y la diferencia entre movimiento y mutabilidad. Y al final se me vino a la memoria el versito ese de: Todo pasa y todo queda pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos...

    Gracias por el post. Abrazos

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  6. Lo que vemos, lo que sentimos, es lo que somos. Pero como cada día cambiamos, ese crepúsculo de ayer ya no es el mismo hoy. Ese poema ahora nos revela otra cosa .Y ese cuerpo que amamos hoy, ya no es el que recordamos de ayer.
    Sólo cuando la vida coincide con uno y conseguimos quedarnos abstraídos, sin pensamiento, vencemos a la muerte.
    Saludos

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  7. Jamás subí a nada más alto que la segunda planta de mi casa materna. Creía que tenía vértigo. Pero luego, en Nueva York, comprobé que no era así, e incluso más recientemente he caminado por los tejados (no preguntes el motivo)como si fuera un minino.

    Es realmente maravilloso lo que vemos desde arriba, increíble sólamente pensarlo. Lo malo de toda ascensión es que luego hay que bajar.

    Un abrazo.

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  8. Bonita la imagen de ese eterno fluir que has escrito en este entrañable post. Nosotros somos siempre los mismos, pero no nos parecemos en nada a quienes fuimos. La vida, como el río al que aludía Heráclito, discurre, y ese discurrir nos transforma, pero somos el mismo. Lo que pasa es que al transcurrir un tiempo y encontrarnos en una circunstancia similar a la de entonces, nos hace recapacitar al darnos cuenta de que algo ha cambiado en nosotros. Ese eterno fluir es lo que da vida al ser humano. Porque nada es eterno e inmutable. Todo es pasajero y transitorio. Hasta esas amistades que se generan en las aulas. Por eso, cuando una es duradera, surge esa sensación de haber vencido al tiempo.
    Muy buena tu reflexión Joselu.

    Un abrazo.

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  9. ¡¡Uy, JOSELU, yo creo que te entiendo muy, pero que muy bien!! ;-)

    a veces la vida nos tiene amarrados, en un convencionalismo, y una rutina que termina asfixiando a casi todo el mundo, desde luego a mi me ocurre un montón de veces. Y mira que en el fondo y para ciertas cosas hasta soy un pelín reaccionaria jajaja, pero eso no quita que para otras, me encante soltarme la melena y respirar aire puro, yo creo que esta vida, sin su dosis de adrenalina, es un muermo.

    Y supongo que eso es lo que proporciona la montaña, y supongo también, que eso es lo que sentiste al coronar la cima, con esa gente tan maja que te acompañaba, ¡¡vaya suerte tener esa relación y buen rollo con ex alumnos !! me ha encantado el vídeo y desde luego a ti se te ve, feliz, aunque yo, prefiero el mar.

    No sé si te suena un escalador francés que se llama Alaint Robert, que se dedica a escalar rascacielos en Asia, esa escultura de bambú, de la que hablas al principio, me recordó mucho algo que hizo él allí, no se si les habrá dado la idea a esos artistas del Metropólitan.

    Te contaré, aunque no se si lo he hecho en alguna ocasión, que mi hermano es un obsesionado de la montaña, pero vamos, no te imaginas hasta que punto. Además tiene la suerte de ser geólogo, con lo que vive y trabaja en ella.

    Verás, el practica alpinismo de pared, asea montaña a lo bestia, no se si te suena si te hablo de un calzado que usan ellos, que se llaman "pies de gato" que justamente es lo que emplean para trepar, nada que ver con las botas rígidas que lleváis vosotros, es un deporte que requiere una preparación física enorme, fuerza, flexibildad, agilidad y muchísima técnica.

    Como a mi me gusta probar de todo, así entre comillas, claro ;-) hace tiempo, lo intenté y te puedo asegurar que aun siendo una vía, de las facilitas, facilitas, llegué a arriba llorando de la desesperación. Te lo juro, pero ¡¡qué mal lo pasé!!
    La montaña es muy exigente y a los que no estamos a la altura nos engulle, pero eso sí, lo recordaré mientras viva.

    Y otra cosa que he observado y me parece muy curioso, es la maravillosa camaradería y compañerismo que se respira en el mundo de los alpinistas, supongo que saber que tu vida depende de tu compañero, es algo que une muchísimo.
    Eso sí, por mucha cultura y preparación que tengan todos, les encanta ir así, de medio macarras jajaja, encantadores, pero medio macarras todos.

    Los alpinistas como los surferos, tienen una estética muy característica, tanto en la indumentaria, como en la jerga, hasta la música que les suele gustar ;-)

    Pero en fin, macarras buenos, quiero decir. ;-)

    ¡¡Ahora ya sólo te queda intentar un 8000, como los profesionales!! ;-)


    Muchos besos Joselu y feliz finde.

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  10. e qant sabra q'es en estrangn regnatge,
    ben l'er al cor greu e fer e salvatge.

    Ciertamente, un extraño reino que vuelve el corazón salvaje.
    Una faceta nueva de este poliédrico amigo Joselu.

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  11. Creo que alcanzastes algo más que la cima de la montaña. Un saludo

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  12. La impermanencia..hasta la montaña cambia, por poco que sea, ha cambiado algo. Por esta razón lo mejor es fluir, seguir la corriente de evolución y cambio para no quedarse atrás. Disfrutar de lo que se está viviendo. Gracias por recordarlo.

    Te dejo un abrazo silencioso con aroma canela y coco,

    Naia

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  13. Me acerco por un Ansotano a ti y descubro más motañas, películas y sobretodo mi pasión: libros
    La literatura nos enseña más que la historia
    Por ejemplo a saber que alguien lo entenderá porque lo estará esperando... como yo
    Saludos desde el Pirineo

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