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lunes, 19 de octubre de 2009

La fascinación del mal

Como profesor de secundaria y/o bachillerato he de constatar el elevado interés que suscita el nazismo entre mis alumnos. No porque se consideren adeptos de la causa nazi, no, ni siquiera la conocen ni bien ni mal, sino por la pervivencia de cierta simbología y la atracción que suscita el mal y su estética. El nazismo ha eclipsado a cualquier otro avatar político del siglo XX. El comunismo está olvidado ¿se imaginan? Stalin, salvo en países del este y en los que suscita sentimientos más poderosos, ha pasado a un segundo orden. Las guerras mundiales entre nuestros adolescentes son papel mojado, del mismo modo que nunca llegarán a saber del genocidio armenio, las matanzas terribles de la URSS de Stalin, la misma guerra civil española es un trasfondo totalmente olvidado (¿para bien?), la represión soviética en Hungría, Checoslovaquia, Polonia, la guerra de Corea, Vietnam, el genocidio de los tutsis de Ruanda, la Camboya de Pol Pot… Nada de eso existe en la mente de nuestros adolescentes. Pero sí que existe la imagen siniestra de Hitler como un ente incomprensible y fascinante. Cada año en Catalunya los alumnos eligen sus trabajos de investigación en segundo de bachillerato. Muchos de ellos recurrentemente vuelven al nazismo, a la solución final que se programó en Wansee o a los campos de exterminio. Para bien o para mal, Hitler es probablemente el personaje más popular del siglo XX en términos históricos, claro está.

La historia se desvanece, pierde espesor, va aniquilándose y nuestros adolescentes no viven condicionados por ella. Ésta carece de interés para ellos. Como tantas otras cosas. Pero hay algo que les interesa como metáfora, aunque no conozcan este término: la presencia del mal, la presencia absoluta del mal. Hitler ha centrado el siglo XX como personificación del mal, fruto de una mente enferma, pero que consiguió con éxito socializar su visión del mundo entre un pueblo cultivado al que logró convencer de la superioridad de la raza aria y el carácter de bacilo de los judíos. Pocos casos hay tan tremendos en la historia de la humanidad y que tuvieran unas repercusiones tan apocalípticas. Millones de personas fueron eliminadas, según los parámetros de la más moderna y eficiente industria. Unos eran discapacitados, otros eran homosexuales, otros eran gitanos, la mayoría eran judíos. Esta apoteosis del mal logra enraizar entre la culta sociedad alemana y convierte su mayoría a Hitler en su líder espiritual, un personaje venido de los bajos fondos, artista frustrado, visionario enfermizo pero dotado de una incendiaria oratoria que logró seducir a los alemanes y que consigue, como encarnación del mal, seguir seduciendo a multitud de creadores como cineastas y escritores que vuelven una y otra vez a esa metáfora del mal para condenarla una y otra vez.

¿Por qué esa atracción por el mal? ¿Por qué esa fascinación por el lado oscuro de la historia? No conozco la respuesta, pero sí que puedo sugerir que el nazismo y su cabeza visible Hitler poseen una extraordinaria plasticidad. El nazismo es una obra de arte como también lo fue el ataque a las torres Gemelas de Nueva York y al que hemos vuelto en centenares de ocasiones. La estética nazi, el color negro de sus uniformes, la calavera de las SS, la amoralidad absoluta, las matanzas abominables de las que se hizo responsable todo un pueblo que no quiso saber o que sabía demasiado pero se sentía fraterno de esa comunión en el mal… Todo ello ofrece un panorama que no deja de seducir, no digo que para ser partidario de ello, sino como participante y admirador estético. Estética que una cineasta como Leni Riefensthal llevó a la pantalla magistralmente en la trilogía de Nuremberg en la que destaca La voluntad de poder, o posteriormente en Olimpiada en las que se muestran imágenes magnéticas e impresionantes.

Me inquieta que sean estas imágenes las que mis alumnos de la ESO y bachillerato tengan como especialmente seductoras. Me temo que en toda la seducción del nazismo a la que sucumben todos los que lo atacan, salvo, entre otros, Primo Levi en su extraordinaria trilogía que comienza por Si esto es un hombre o Hanna Harendt en sus lúcidos análisis del nazismo, hay un factor de fascinación. El nazismo es un fenómeno estético, de ahí su inmenso poder de seducción y que ha podido con el que pudo suponer el comunismo, sus símbolos y su ideología.

¿Por qué se publican si no tantas obras que tienen como referencia a Hitler y el nazismo o se filman películas que se rinden a esa extraña fascinación del mal? ¿Por qué es el tema estrella entre tantos otros posibles entre los alumnos de bachillerato? ¿Cuándo podremos olvidar este apartado de la historia como hemos olvidado otros tan terribles también? ¿O no podemos olvidarlo y hemos de volver recurrentemente a él para condenarlo, para mostrar lo que de profundamente humano (o inhumano) hubo en ello? ¿Rememorarlo para no volver a ello aunque la historia nos empuje desde ópticas distintas a escenarios que un día pueden ser parecidos a aquel tan desolador?

El mal seduce y ciertas encarnaciones del mal son extrañamente poderosas.

33 comentarios :

  1. He leído con mucho interés tu texto Joselu. Tampoco tengo la respuesta, pero un dato puede el que apuntas del cine, que ha convertido al movimiento nazi en estética. Quizás también las repercusiones históricas de la Segunda Guerra Mundial en nuestro mundo occidental, que ha manipulado el suceso presentándolo como la guerra que dio paso a una sociedad ideal, forjada gracias a Europa y EEUU. Hay mucho interés en seguir presentando esa imagen.
    Un saludo

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  2. La película "La ola" habla un poco sobre esto, sobre como un orden social de este tipo puede atraer fácilmente a la gente.

    Saludos

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  3. Uf. Esto ocurría en el colegio de curas donde yo estudié secundaria. Algunos de esos que empezaron dibujando esvásticas sin saber muy bien la razón, terminaron apaleando a un anciano en la puerta de la escuela y más tarde se hicieron skins hechos y derechos, arruinando sus vidas y las de otros. Mucho cuidado con la gran fascinación que ejerce esa simbología, que además es contagiosa.

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  4. Los alumnos eligen los temas en función de sus conocimientos. Hitler está en los programas de historia y el holocausto es uno de los capítulos que más interés suscita en los jóvenes. ¿Razón? No tengo respuestas. Pero quizá la influencia del cine sea una de ellas. La lista de Schindler, La vida es bella, El pianista, El gran dictador... o la última de Tarantino (Malditos bastardos)están en el imaginario de nuestros alumnos.

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  5. Se me ocurren dos respuestas posibles que responden a esa atracción por el mal:

    1. Que atrae porque no se entiende.

    Personalmente me pregunto un montón de cosas sobre el mal. Como muchos, imagino. Ahí tu post.

    2. Que el mal da miedo, pero mucho miedo. Y también la opción de dominar.

    Creo que el mal, es de hecho lo que más miedo da. Tal vez porque en extremo es sinónimo de muerte y en realidad no tenemos más que nuestra vida. Así que el miedo en los demás es equivalente a poder sobre ellos y por extensión, sobre todo lo que tienen por ser precisamente lo único.
    Dominio. Somos animales, nuestro fin último es la transmisión de genes a nuestros descendientes, la supervivencia de la especie. El mal pues, es un modo de dominar -fuerza por miedo-. Y el que domina, se lleva el premio gordo con todas las aproximaciones: transmite su carga genética.

    La estética nazi a fin de cuentas sirve para lo mismo aunque sea a otra escala. Para atemorizar, pero quien utiliza esa estética -simplemente una de entre tantas yo creo- no se da cuenta de que precisamente luce sin saber, una representación de lo peor del ser humano. Eso que -a mi parecer- nos convierte precisamente en los más irracionales de entre todos los animales. Y no lo entiendo. Así que ya no sé si es peor ser malvado o ignorante hasta ese punto.

    Sólo una opinión.

    Besos.

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  6. Y mientras tanto viola, flauta y clavicordio el Presto final del Cuarto Concierto de Brandenburgo trotaba intemporalmente hacia delante. Qué encantadora y pequeña marcha de muerte rococó; ¡Izquierda, derecha, izquierda, derecha!. Y de pronto ya no hexápodos, sino bípedos. La interminable columna de soldados. Marchaban como había visto marchar antes a los camisas pardas en Berlín un año antes de la guerra. Miles y miles, con banderas ondeando, los uniformes reluciendo en la luz infernal, como excremento iluminado. Innumerables como insectos, y cada uno de ellos se movía con la precisión de una máquina, la perfecta docilidad de un perro adiestrado. Y las caras, las caras! Había visto los primeros planos de los informativos cinematográficos alemanes, y ahora los veía de vuelta, preternaturalmente reales, tridimensionales y vivas. El rostro monstruoso de Hitler, con la boca abierta gritando. Y las caras de los que lo escuchaban. Gigantescos rostros de idiotas, inexpresivos y receptivos. Rostros de sonámbulos con los ojos enormemente abiertos. Caras de jóvenes ángeles nórdicos arrobados en la visión beatífica. Rostros de santos barrocos a punto de caer en éxtasis. Rostros de amantes al borde del orgasmo. Un pueblo, un reino, un líder. La unión con la unidad de un enjambre de insectos. La comprensión sin conocimiento de la insensatez y el diabolismo. Y luego la cámara cinematográfica volvía a las apretadas filas, a las esvásticas, las charangas, el aullador hipnotizador de la tribuna. Y una vez más, en el fulgor de su luz interior, aparecía la parda columna como de insectos, marchando infinita, al compás de esa música rococó; de horror. Adelante, soldados nazis; adelante soldados de Cristo; adelante, marxistas y musulmanes, adelante, todos los pueblos elegidos, todos los cruzados y los dirigentes de guerras santas. Adelante, hacia la desdicha, hacia toda la perversidad, hacia la muerte! Y de pronto Will se vio; contemplando lo que sería la columna en marcha cuando llegase a su destino: millares de cadáveres en el fango coreano, innumerables paquetes de basura salpicando el desierto africano.

    Aldous Huxley. La isla.

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  7. A mi personalemente el nazismo y lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial me produce horror. Pensar en los campos de concentración, los crematorios, las personas en módulos amontonadas, muertas de hambre, pasando frío, torturadas... y finalmente recordar esas imagenes, en blanco y negro, de centenares cadáveres esqueléticos amontonados en fosas comunes(las tengo grabadas en la mente)... todo ello me produce escalofríos. No me fascina para nada, simplemente me horroriza como muchas otras cosas que siguen pasando...
    Un saludo Joselu.

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  8. También puede ser porque es un tema muy recurrente dada su gran repercusión histórica. Se han hecho tantas películas sobre el nazismo que el repertorio es muy amplio y está enfocado desde muchos puntos de vista. Fue un hecho que dejó marcada a Europa y al pueblo judío. En la Segunda Guerra Mundial hay hechos tan terribles como las bombas atómicas caídas en Japón, pero ese acontecimiento no han sido reproducido por el cine americano con tanta profusión. Los nazis son los malos (y lo fueron), algo que desde un punto de vista abstracto y sin conciencia, puede llamar la atención. Hasta hay quien defiende todavía que el Holocausto no existió.

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  9. Sociológicamente era una ideología oportunista a la que se dotó precisamente de una apariencia y un conjunto de símbolos que sólo el cine ha sabido depurar como estética total. Quiero decir también que los judíos han tenido los medios para potenciar su holocausto, que fue la barbarie más salvaje que se haya cometido jamás en la historia de la Humanidad, pero que ha necesitado de un apoyo artístico enorme para que llegue a todas las conciencias.Otros pueblos no tienen ni los recursos ni las personas adecuadas para hacerlo, de modo que sus sufrimientos quedan para el conocimiento de unos pocos. Pero a la misma vez que se denuncia se hace propaganda, y esa estética, sobre todo en seres jóvenes, engancha, a veces como pura fascinación, a veces como convencimiento. Hay que ser muy cauteloso con estas cosas. No estamos libres de una nueva "oleada", y eso realmente aterroriza.

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  10. Caperucitazul, las cosas tal como salieron parecieron conducir al mejor de los mundos posibles, excepto para España y Portugal (y los países del Este) que tuvieron que vivir largos años con dictaduras. El american way of life se impuso y en él estamos. Es difícil meterle el diente si otra solución hubiera sido mejor. Muy difícil. Saludos.

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  11. Toro sentado, no he visto La ola, aunque ardo en deseos de hacerlo. En épocas de confusión las masas, los adolescentes celebran tener certezas, líderes, valores claros y definidos. Nada hay más aburrido que el terreno sin sustancia en que nos movemos. Pueden existir sin duda movimientos y líderes del tipo que preconiza La ola.

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  12. Frikosal, hay que entender esa fascinación. La gente, algunos al menos, están necesitados de sentirse fuertes, mejores o superiores a otros para remediar sus carencias. La angustia de perder ha creado las mayores y terribles antiutopías. No estamos libres de ellas de nuevo. Un texto fundamental es El miedo a la libertad de Erich Fromm.

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  13. Lu, recuerdo una película magnética que jugaba con la fascinación de la estética nazi: Portero de noche de Liliana Cavani. El amor entre un torturador y una víctima es uno de los mensajes más ambiguos y seductores que ha creado el cine. Fue una película que me conquistó. La he vuelto a ver hace poco.

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  14. V, el nazismo es ansia de dominación, es sentimiento de superioridad dirigido a una nación que había contado con Goethe y Wagner y Nietzsche y estaba aplastada por la democracia de los vencedores. Asusta pensar que un pueblo tan culto pudo caer fascinado por un agitador que creó un sistema diabólico.

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  15. Serenus, La isla es una novela a la que vuelvo cada cierto tiempo. No recordaba este fragmento pero es revelador. Sin embargo, es distinto considerar el nazismo desde fuera como hace Huxley y vivirlo desde dentro. He querido en este post plantear la belleza del mal, el atractivo del mal. La fuerza del mal es extraordinaria, por absurda que parezca, y hemos de considerarla seriamente para no ser abrasados por él. Entender la belleza del nazismo es importante para no volver a caer en sus redes, en sus zonas de influencia, en sus mitos, en sus mentiras.

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  16. Mari Carmen, tengo en la retina las mismas imágenes que tú. Sin embargo, masacres apocalípticas en el siglo XX y otros siglos ha habido incluso mayores que las del nazismo. El estalinismo aniquiló a muchas más víctimas que el nazismo. La Camboya de Pol Pot o el genocidio tutsi fueron estremecedores, pero sin embargo están olvidados. Nadie vuelve a ellos. ¿Les faltaron fotógrafos? ¿Por qué la estética del nazismo es recurrente en nuestro arte, en nuestro cine? A esto quería dar paso en esta reflexión. Nada más alejado de mi intención que justificar en ningún modo la abominación nazi. No te quepa duda. Pero quiero reflexionar sobre esa llamada belleza del mal para evitar en otra ocasión caer en ella.

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  17. Francisco Ortega, hay algo que me sorprende de los apologistas nazis. Por un lado defendieron desde Wansee la llamada Solución final y el carácter de bacilo del pueblo judío al que había que extirpar. Y luego surgen los que dicen que nada de aquello fue cierto, que no hubo matanzas ni exterminio sistemático. ¿En qué quedamos? La mentira de los negacionistas es evidente. Niegan el mismo fundamento que les da base y razón de existir. La perversidad del pueblo judío.

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  18. Clares, esta nueva oleada, el temor a la misma es lo que impulsa mi post. No sé si he sabido enfocarlo bien. En el holocausto convergen dos factores: un sistema genocida y un pueblo maldito bíblicamente al que muchos querían ver humillado. El Vaticano mantuvo una política ambigua durante el exterminio nazi. No se mojó en absoluto. La película, otra película, Amen, es reveladora de esta actitud de la iglesia contemporeizadora con el nazismo.

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  19. Joselu, otra vez has conseguido un post sobresaliente. Ya comentamos en su momento, cuando vi "La ola", esta fascinación por el totalitarismo y la intransgencia. Pertenecer a ese grupo daba fortaleza y seguridad, algo que atrae poderosamente a los adolescentes, pero no sólo a ellos. Las imágenes reales, no de película, en las que miles de alemanes saludaban brazo en alto al loco más peligroso de la Historia, siguen produciendo escalofríos. Miles y miles de soldados perfectamente uniformados, agunos casi niños, reclutados a la fuerza o atraídos por el sueño de una Alemania poderosa y unida, marchaban sobre Europa como una fuerza destructiva imparable. Entiendo que produjeran fascinación en quienes los veían. Algunos dicen que la mayoría del pueblo alemán no conocía las atrocidades de los campos de concentración, pero no lo creo. En las manifestaciones del 20N a las que asistí (muchas, hace años) se vendía con éxito ese libelo titulado "El mito de los seis millones", y ni os cuento todo lo que oí en mi casa año tras año, por eso sé de lo que hablo. Los uniformes, la marcialidad, la rudeza, la música, todo contribuye a forjar una atracción a la que resulta difícil sustraerse si no te molestas en averiguar qué hay tras todo eso.
    En la obra "La tortuga de Darwin", que os recomiendo vivamente, Carmen Machi cuenta, convertida en la anciana Harriet, la tortuga que Darwin trajo de las Galápagos, que asitió a unos de esos encendidos discursos del "payaso" (Hitler) , que culpaba sin ningún rubor ni fundamento a los judíos de la derrota alemana en la 1ª Guerra Mundial y llamaba a la movilización y otras acciones que se revelaron atroces poco más tarde. Y ella pensaba: "Alguien se levantará y gritará que eso no es cierto, que está mintiendo. Pero no, nadie se levantó, nadie gritó, todos levantamos el brazo saludando "Heil, Hitler", yo también, ¡yo también!" Y ni ella misma se lo explica, pero ocurrió. La fuerza de la masa enfebrecida es demasiado grande. Y tiene atracción estética, vaya que sí, por lo menos al principio o en personas deseosas de ver convertidos en realidad deseos muy peligrosos. Hay tanto que hablar todavía sobre esto... No me extraña que el cine vuelva sobre ello una y otra vez. No hay que olvidarlo, no hay que superarlo, hay que saber reconocer sus rebrotes en el mundo actual. Hay que saber y poder contar a las nuevas generaciones que esa crueldad no está muerta, ni siquiera dormida, y que hay que identificarla para eliminarla.
    Un abrazo, colega.

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  20. Absolutamente de acuerdo contigo: quizá la fascinación del mal, la influencia del cine y que la estética y la simbología son muy muy seductoras, quizá... Pero lo que hay que mostrarles es lo que esconden todas esas imágenes y esa iconografía.
    Personalmente creo que está en el imaginario colectivo -mi abuela y mi padre sentían tanto rechazo como fascinación por Hitler- y que es absolutamente positivo que permanezca en nuestras memorias porque un pueblo que olvida su historia...

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  21. Llego un poco tarde como de costumbre. Me pregunto si es "el mal" en sí lo que seduce, o si es el poder y sus símbolos, y no porque el poder se haya perpetuado en la persona de Hitler, sino porque fue tan intenso en el momento en que se concentró en él. Por otro lado, es un hecho que hay una campaña deliberada para que no se olvide lo que sucedió... Por aquello de que olvidarlo sería arriesgarse a repetirlo. La memoria es, entonces, como una póliza de seguros con la que quiere contar parte de la humanidad. Pero hay un riesgo en no poder desasociar ese recuerdo de la misma causa que se quiere contrarrestar, y así vive también la memoria de esa específica maldad.

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  22. Curiosamente, muchas veces me he preguntado lo mismo.
    ¿Por qué a la juventud le fascina tanto el mal, lo lúgubre, lo oscuro?

    Fíjate en las estéticas que adoptan...

    Una de las últimas, la "estética EMO" niñas vestidas de negro, mezclado con rosa, hablando todo el día de suicidio, cortarse las venas y cosas horrorosas por el estilo.
    Que siguen como locas a grupos como AFI, 30 Seconds to Mars o My Chemical Romance, cuyas letras hablan de gente a la que le ponen "quimio" y se muere de cáncer, disfrazados de zombis o calaveras...

    La "cultura underground de los 70" que se extrema en "la estética gótica" que vuelve... Caras pálidas, vestidos de negro, idealización de los vampiros...

    Parece como si el pesimismo que invade la sociedad actual, estuviera calando dentro de ellos. Y lo recrean y se regodean dentro de él. Impregnándose de una dejadez y una desidia que asusta.

    La estética nazi, fascina por su plasticidad poderosa e impactante. Marchas militares marcando el paso de la oca, trajes militares llenos de calaveras y esvásticas, el idioma alemán que suena tan fuerte y a dominación. De pronto, los malos son los que dominan y el mal vence a una sociedad culta pero ciega y amodorrada, que vivió mirándose el ombligo, mientras asesinaban a millones de personas, cómodamente sentados en sus casas, mientras escuchaban a Wagner.

    A veces pienso que la adolescencia, que es la etapa de los cambios y las inseguridades, se zambulle en estos mundo, siguiendo su propia contradicción.

    Están aterrados y corren hacia lo que más miedo les da, como riéndose de su propio miedo. Queriendo demostrar a los adultos que ellos son más fuertes de lo que parecen.

    LLevándonos la contraria, por norma.
    Queriéndonos hacer ver, que no mola ser bueno, decente , horado, trabajador... Eso son los que siempre pierden al final.

    No hay más que mirar, lo que tristemente sucede cada día a nuestro al rededor...

    Son los malos los que mandan en el patio, los que marcan tendencia, los que imponen su ley por la fuerza. A los pusilánimes y chapones, que siguen las normas y se los comen vivos.

    Ellos no se van a dejar comer y por eso se disfrazan... Y se dejan fascinar por todas estas estéticas... Es una manera de sobrevivir dando gritos, para que no les griten a ellos.

    No sé, quizá que he ido por las ramas, y me he apartado un poco del tema, lo siento.
    Pero ya está.

    Un abrazo.

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  23. El mal podría ser una suerte de entropía que acaba haciendo volar por los aires cualquier cosntructo racional. Una suerte de big bang inverso. Sin embargo, aunque el mal tiende a identificarse con el desorden, que es lo propio de la entropía, el nazismo se ofrece como un mal burocráticamente organizado y perfectamente uniformado. ¡Ah, la fascinación de las personas ante los uniformes, los desfiles y la música militar! Quienes hemos abominado de los trajes, sabemos la perversidad irracional que anida tras la seriedad y formalidad de los uniformes: la disciplina del caos.
    El otro día recuerdo haber visto fotos de la "marcha de antorchas" de Esquerra Republicana. Sentí un rechazo visceral y emocional. ¿Por qué? Pues porque en la iconografía del siglo XX las imágenes de marchas con antorchas son propiedad exclusiva de los nazis y del KuKuxklan, hermanos gemelos. Y los de Esquerra tan contentos, como si ignorasen la Historia y la repitieran como chascarrillo, que vino a decir Marx.
    Sí la fascinación del nazismo procede también de la jerarquización absoluta del orden social, de la claridad simplificadora de sus consignas: uniformizan el pensamiento como uniforman el atuendo. Todo muy pardo..., muy sseguro, muy de legión(ario).

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  24. Todos llevamos dentro un Mr. Hide, el mal y el bien es una dualidad constante en todas las culturas.
    Yo tampoco puedo explicarme la atracción de la simbología nazi.
    Lo malo es que entre la juventud cala, más allá de los símbolos. No en toda la juventud naturalmente.
    Lo que si se es que si te fijas en nuestro internet, por ejemplo, ves hablar más de vicios que de virtudes. Quien habla de generosidad, de paciencia, de humildad.... Vende más hablar de lujuria, soberbia, ira.....
    Será esto lo que nos interesa?
    Sería bueno, ya que les atrae, hablar del nazismo a los estudiantes, en su lengua, para que sepan lo que están admirando.
    Un saludo Lola

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  25. Desde hace años, en mi instituto, como en otros muchos, los chavales de la ESO tienen entre sus libros de lectura obligatoria unos cuantos que se espera funcionen como una vacuna contra el nazismo, un chute de memoria histórica. El Niño del Pijama de Rayas es el más reciente, pero sigue leyéndose Cuando Hitler robó el conejo rosa, que yo ya leí en mi lejana EGB. Cada año, cuando se repasa la lista de libros, yo propongo que se cambien estas lecturas por otras escritas en los años de hierro por testigos directos de aquellas barbaridades: el Diario de Ana Frank, Si esto es un hombre, de Primo Levi... Cada año hay gente que me apoya, pero siempre se impone la línea blanda: son libros demasiado jevis para nuestros adolescentes, incapaces (oigo) de entender a Ana Frank (aunque tengan, curiosamente, su edad). En resumen, no se trata de recordar aquello, tal como algunos lo padecieron, sino de recordarnos a todos el relato construido a posteriori sobre el asunto, cuanto más esquemático, edulcorado y de fácil digestión, mejor. Eso se siembra. Asombrémonos luego de lo que recoge.

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  26. No sé a vosotros, pero a mí me marcaron series como Holocausto o Raíces. Quizá debido a aquella constatación del horror humano, he tratado por todos los medios de ser un adulto tolerante y poco dado a la xenofobia. No creo que los medios de comunicación de masas hoy día (y menos aquellos destinados a los jóvenes) dediquen una especial atención a estos temas. Es verdad que se estrenan películas o se emiten documentales en televisión, pero percibo que son minoritarios. Quizá todo sea otra de esas poses juveniles que se arreglan con el tiempo, o eso prefiero pensar.

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  27. En los años del destape, reveladoramente, se publicaron bastantes libros, sobra decir que viscosos, sobre el sexo en el Tercer Reich. Creo que eso da una pauta: el nazismo (no el fenómeno real, sino su digestión contemporánea) como una pornografía de la crueldad.

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  28. Me ha parecido un post interesantísimo. Un tema el que tratas, que ya me había planteado yo. El por qué de esta fascinación hipnótica por ciertos iconos. No sólo es Hitler, hay otros, por ejemplo el "Che". Pero pararece ser que Hitler es el primero del ranquing. Yo también lo he constatado en mi alumnado. Montones de esvásticas, perfectamente rotuladas en las libretas, o en la agenda. ¿A qué obedece esto? Es que ni ellos mismos lo saben. Y luego está el tema del cine y las novelas. Miles de páginas sobre este personaje. Miles de horas grabadas en torno a él. Y la gente sigue consumiendo. Nos fascina. No sé si para admirarlo o para odiarlo. ¿Qué tendrá el ser humano que es adicto a estas emociones tan retorcidas?

    Un abrazo.

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  29. Muy buena la entrada. Tanto que no he podido resistirme a intervenir.
    En realidad, la fascinación por el mal entre los jóvenes no es nada nuevo. Yo creo que responde en buena medida al muy adolescente afán por transgredir la norma, por enfrentarse más o menos abiertamente a lo establecido, a lo impuesto, al mundo del padre. De ahí la importancia de lo estético, que equivale a una sublimación simbólica de ese impulso "vengativo". Muy a menudo el jóven trata de compensar un cierto sentimiento de inferioridad y de desamparo(y aquí, en la crudeza de esta vivencia, debe ser fundamental el tipo de educación recibida, pero también el "tono" social) con fantasías narcisistas típicas (omnipotencia, superioridad, elitismo...) que pueden encontrar eco y confirmación en sus iguales. Normalmente, ya digo, esto se queda en una cosa meramente estética o cosmética y remite con la edad. Ahora bien, en ocasiones, como sabemos, el joven traslada sus fantasías egomaníacas (casi siempre confirmadas y reforzadas por el grupo) al trato con aquellos de sus semejantes que de algún modo las desmienten, y se producen comportamientos de dominación-sumisión, acoso, etc., que sirven ante todo para preservar su auto-imágen.
    No es casual que el jóven sienta fascinación precisamente por la parafernalia nazi. El nazismo no fue otra cosa que un bulling a gran escala, el delirio de grandeza de un imbécil emocional que encontró eco en una sociedad enferma e igualmente inmadura. Ésto y no otra cosa es la banalidad del mal (Arendt), y algo así viene a decir Sebastian Haffner en su espléndido libro "Historia de un alemán", que sigue siendo la más lúcida reflexión sobre el proceso sociopatológico del nazismo que se haya escrito. Porque nuestra fascinación por el mal hunde sus raices en nuestros miedos y debilidades, en nuestro desvalimiento, y son esos mismos miedos los que nos disfrazan su banalidad, su inconsistencia.

    Saludos, y enhorabuena por el blog.

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  30. Lo siento, no me he podido resistir:

    "...De alguna manera se echó tierra sobre el asunto y al cabo de unos días el apaleado volvió a tratar con nosotros de una manera relativamente inocua, sin que su honor ni su dignidad hubiesen resultado perjudicados. Tampoco las leyes del honor y la dignidad podían hacer frente a la solución corrosiva de la «camaradería»...
    Vemos que esa hermosa camaradería masculina, inofensiva y en tantas ocasiones alabada es algo en realidad bastante demoníaco que entraña un peligro inescrutable. Los nazis sabían lo que hacían cuando se la impusieron a todo un pueblo como forma de vida habitual. Y los alemanes, dado su escaso talento para disfrutar de una vida y felicidad individuales, estuvieron tan terriblemente dispuestos a aceptarla, mostraron tanta voluntad y afán de renunciar a los frutos tiernos, altos y aromáticos de una libertad peligrosa a cambio de la fruta embriagadora al alcance de su mano, exuberante y jugosa que representa una camaradería general, indiscriminada y envilecedora...
    Se dice que los alemanes han sido subyugados. Es una verdad a medias. A la vez han sido objeto de algo mucho peor, para lo que todavía no hay ninguna palabra. Han sido «camaradizados». Es un estado tremendamente peligroso. Uno se encuentra bajo los efectos de un hechizo. Vive en un mundo de ensoñación y embriaguez. Se siente tan feliz en él y tan terriblemente anulado al mismo tiempo. Tan contento consigo mismo y a la vez víctima de una fealdad sin límites. Tan orgulloso y tan sumamente vil e infrahumano. Uno cree caminar entre las cumbres y se arrastra por el fango. Mientras dure el encantamiento, apenas hay antídoto contra él."

    "Historia de un Alemán"
    Sebastian Haffner

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  31. Arión, Miguel, Al59, caperucita azul, Toro sentado, frikosal, Lu, V., Serenus, Mari Carmen, FMOP, Clares, Yolanda, Marcos Cadenato, Víctor Manuel, María, Juan Poz, Antonio, Lola... Muchas gracias por vuestras palabras. Me han interesado y las he leído con fruición. Especialmente quiero agradecer a Arión su aportación ya al final de los comentarios. Vuestras palabras hacen denso este blog. Muchas gracias.

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  32. ¡Cordiales saludos de un profe de Historia, en Andalucía!. Una muy grata sorpresa, Joselu tu estupendo Blog-Bitácora, que estoy descubriendo. Me encanta la activa y muy participativa comunidad de comentaristas y las conversaciones consiguientes. El tema de la fascinación del Nazismo-Fascismo, ha surgido más de una vez en las aulas y fuera de ellas. El planteamiento desarrollado es permeable, crítico, riguroso y abierto, para fomentar la plena participación. Os invito a visitar mi Blog con un artículo dedicado a "La Rosa Blanca": los jóvenes alemanes, antifascistas y pacifistas, que se alzaron contra Hitler. Espero que os interese, si os parece conveniente: lo podeis comentar o ir al Libro de Visitas. La notable experiencia de este docente en una localidad rica en Diversidad y Multiculturalidad, me recuerda para bien, mis 8 años en la Zona Franca de Barcelona, con el inicio de esas nuevas migraciones. ¡ Mi felicitaciones al autor de tan interesante iniciativas y vivencias ! ¡Os agradezco vuestra amable y atenta lectura y deseo que estemos en muy buena comunicación ! ¡ Un afectuoso saludo ! Antonio Ayala

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  33. He leido con especial atención el articulo y con mucho mas interes aun el aporte realizado por Arion y es que la naturaleza del ser humano es tan compleja que podemos sacar mil conclusiones y es que creo que en todo ser humano existe una marcada tendencia hacia el morbo y la fascinacion por lo prohibido, por trasgredir normas e ir en contra la corriente. Lo extraño es que mientras uno vive ese mundo (lo prohibido), no entiende de nada mas y a veces es demasiado tarde para poder recapacitar errores, actitudes y vive encapsulado (a), sin tener el poder de encontrar la formula para enrumbarse hacia bien, sin siquiera saber ni estar consciente sobre que es lo que está bien y que es lo que está mal. Me encantaría intercambiar ideas con Ud. Arion.

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