domingo, 8 de junio de 2008

Teatralidad


El otro día hacía mi guardia, iba recorriendo los pasillos del centro cuando me encontré una clase abierta y un barullo de alumnos en la puerta. Me dirigí a ellos y entré en en el aula. La profesora, enmedio de un caos espectacular, con gritos generalizados, intentaba ponerles un vídeo. El desorden era mayúsculo. Aquel curso de primero de la ESO es uno de los más sancionados y conflictivos del instituto. La profesora estaba desbordada. Intenté ayudarla a poner la película de Billy Elliot pero todo se rebelaba en nuestra contra.

Me puse a reflexionar sobre el problema del orden en clase. Hay profesores que atraen el desorden y que no logran controlar a veinticinco alumnos que se rebelan ostentosamente contra cualquier intento de ordenación. Los mismos alumnos que luego en presencia de otro profesor se muestran razonables y atentos. ¿Qué hace que un profesor puede controlar su clase y que esta no se convierta en un guirigay caótico? ¿Qué fuerzas orientan el orden académico?

He conocido magníficos especialistas en literatura cuyas clases eran un desastre de confusión y alteración de las normas más elementales de la convivencia. Nadie callaba y nadie escuchaba al extraordinario profesional que tenían enfrente y que amaba hablar de literatura. He conocido, en cambio, a profesores hastiados de su profesión y totalmente quemados, que impartían sus clases en medio de un silencio sagrado en los cursos más difíciles y terribles.

También he visto a buenos profesionales que eran capaces de controlar sus clases y estas discurrían en el orden más excepcional, que era inmediatamente alterado cuando llegaba otro profesor cuya presencia no predisponía a esa armonía. Y es que los chavales, si se les permite, tienden a la entropía. ¿Qué fomenta el desorden en un profesor?

No es la profesionalidad. Hay buenos profesionales que tienen graves problemas de disciplina. Recuerdo el caso de Antonio Machado, profesor de bachillerato, que tenía serios problemas en clase para mantener el orden. Solía aprobar a todo los alumnos con notas magníficas pero eso no evitaba que sus clases fueran inestables y caóticas. Posteriormente inventó un profesor, Juan de Mairena, hablando a sus alumnos, para compensar los malos momentos que pasó en el aula. En sus diálogos con sus alumnos imaginarios, él añadió todo aquello que le hubiera gustado vivir en realidad.

Es como este blog, salvando las distancias, con el Juan de Mairena. Uno piensa que el problema es el afecto que se puede poner en juego, que los alumnos aprecien que son queridos, pero esto en principio no es decisivo. Los alumnos son astutos y saben de quién pueden aprovecharse. Un profesor puede poner mucho afecto y profesionalidad pero no hace ello que funcione la clase. El profesor ha de exhibir una cualidad esencialmente teatral que le lleve a dominar el aula. Sus palabras han de ser profundamente teatrales, interesantes, en algún sentido. Pobre del profesor cuyo discurso sea monótono o poco atractivo. Dará igual que sea buen profesor o que ame la asignatura o que quiera a sus alumnos. Es una cualidad que se tiene o no se tiene, la de ser centro de un grupo humano que tiende a la dispersión y al desorden. Es una cualidad que se puede tener y luego perder dramáticamente incluso.

Con dolor algunos profesores que aman su profesión se lamentan de que su autoridad es próxima a cero. La experiencia algo ayuda, pero no es decisiva. La clave es la teatralidad, saber conseguir el silencio y ser capaces de explicar el complemento predicativo haciendo de esa cuestión gramatical el asunto más apasionante del siglo veintiuno También serviría hacer trucos de magia. El profesor es un mago que saca conejos de la chistera, o que debe crear la ilusión de que puede hacerlo. Pobre del que no sea capaz de sugerir tal sensación.

27 comentarios:

  1. La autoridad de un profesor es proporcional al respeto que despierta hacia los que lo rodea.
    Y el respeto se consigue con la entereza, la coherencia, el afecto, la sinceridad, la comprensión, la comunicación, el equilibrio, la justicia...

    Nada que no sepas, Joselu.

    ResponderEliminar
  2. Seguro, Joselu, que tú serás un gran ilusionisa de la literatura, de los libros y las palabras. Y tu Joselu otro Juan de Mairena.

    ResponderEliminar
  3. La clave está en la autoestima y la seguridad en sí mismo del docente... o al menos eso creo. Los alumnos también saben quién se esfuerza en su trabajo y quien no, pero eso no sirve de nada si no sabes dirigir a un grupo, es como ser un poco líder y para ello tienes que estar bien contigo mismo. Los alumnos huelen el miedo y la inseguridad: recuerdo mi propia experiencia como alumna, en esas fechas yo ya intuía que me dedicaría a esto y me fijaba en qué pasaba para que un profe se ganara o no el respeto y me fijé en esto.

    Y ahora todo esto me afecta porque no sé si voy a ser capaz o no de "liderar" una clase, me lo tomaría como un fracaso personal el no saber hacerlo. La primera vez que me puse delante de un aula intenté suplir la seguridad personal con una actitud testaruda y agresiva que se volvió en mi contra. Al menos eso que llevo aprendido.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  4. Exigir a los jóvenes el respeto en el aula es tan trasnochado como que traten de usted a sus mayores, una mera cuestión de forma que no se soluciona mediante la autoridad.
    Por otro lado, en muchas ocasiones, el respeto se lo debe ganar uno a pulso, generalmente con la reciprocidad. Y vuelvo a decir que hablo del respeto del "usted" ni del miedo, sino de la consideración y la empatía.

    ResponderEliminar
  5. Estoy totalmente de acuerdo contigo. La teatralidad es fundamental para exponer los conocimientos, pero luego hay más en las bambalinas:

    Los límites de qué es lo está permitido y qué es lo que no, deben quedar claros desde el primer día y además han de ser inamovibles, sin excepciones, para todos igual y en cada momento siempre lo mismo. Las sanciones han de ser proporcionales a las faltas cometidas.

    Los adolescentes son muy sensibles y tienen muy agudizado el sentido de la justicia, así que se ha de ser pulcramente justo ante cualquier conflicto. Jamás se deben mostrar favoritismos, todos han de ser tratados por igual, eso quiere decir que todos recibirán sus mismas dosis de refuerzo positivo y de aspectos pendientes de mejorar. Curiosamente los más rebeldes y que menos hacen son los que mejor responden ante cualquier mínima cosa que se le pueda valorar, pues ellos están acostumbrados a recibir solo comentarios negativos, incluso son algo adictos a ellos pues hay quien los provocan continuamente.

    También tienen el olfato muy fino para detectar la autenticidad de la farsa. Así que han de sentir que importan de verdad a su profesor. Para ello las dosis de afecto han de ser sinceras y auténticas.

    Además el profesor ha de ser él mismo, aquel que imite a otro o se cree un personaje será descubierto y perderá puntos. No ha de hacerse el gracioso sino lo es...ni ir de antipático, ni de colega, ni de padre, ni de guay...

    El alumnado agradece que le hagan la asignatura lo más atractiva posible, con un método de evaluación claro y objetivo, donde se valore correctamente su esfuerzo. Si se es generoso con la nota se pierde respeto, pues se sabe que aunque te portes mal o no estudies terminarás aprobando. Si se es muy estricto puntuando se desaniman y baja su autoestima. De nuevo es fundamental el sentido de la justicia.

    Me gusta tener una metodología en clase rutinaria, de modo que el alumno sabe que viene en cada momento. Al principio de dedicarme en la enseñanza lo hice por mí misma, para ordenar mi lado caótico (mi lado cronopio)y pronto me di cuenta de que ellos se adaptaban mejor a una clase organizada estructuralmente, creándose una rutina en cuanto a formas, pero no en fondo; es decir, la creatividad la implanto en las explicaciones y las actividades. Pero las clases tienen siempre la misma estructura. Eso a ellos les ayuda a centrarse.

    Si disfrutas de tu trabajo también lo notan. Esta profesión es vocacional y se nota mucho cuando a alguien no le gusta.

    Y el último de los trucos es la voz. A ser posible que salga del diafragma y para evitar pólipos y afonías. Para no gritar golpeo mi estuche de lata contra la mesa, hasta que se me puede oír. No es muy ortodoxa esta medida, pero es tan desagradable el sonido que es efectivo. A veces solo con coger el estuche en la mano ya se hace el silencio. Las primeras veces con un grupo nuevo he de usarlo, después ya no es necesario.

    Estas son mis reflexiones sobre mi experiencia del día a día, sobre lo que a mí me funciona, para tener orden y ser respetada.

    Hay un respeto obligado y otro sentido. Me gusta más el segundo, pero si no lo logro es cuestión de imporner el primero. El carácter del profesor hace mucho. Si tiene un carácter débil, es inseguro, vacila en las decisiones, titubea en la resolución de los conflictos, etc...le cuesta más hacerse con la clase.

    Y el sabio dicho de una de cal y otra de arena.

    En fin, que esto no es fácil. Pues cuando crees que ya le tienes cogido el tranquillo, resulta que lo que te funcionó en una clase no te funciona en la siguiente...y es que nunca se sabe que tecla es la que va a sonar en este piano... (es mi frase favorita para mi trabajo, por eso la repito tanto)

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Yo siempre he creído que un profesor nace, y que resulta fundamental tener carisma, algo que intuyen los alumnos de forma palpable.

    En mi caso, de nada ha servido la preparación de las clases, el amor por la asignaura, el respeto, la profesionalidad con la asigntaura en general, el saber o poder responder cuestiones diversas, el saber explicar (de lo que más valoran mis alumnos), la empatía con su entorno y circunstancias, el afecto y la teatralidad de modular la voz y explicar el Feudalismo como si los señore mandarana los campesinos roturar tierras allí mismo...

    Reconoco ser de esas profesoras que tienen problmas de autoridad. Me veo totalmente reflejada en esa pobre compañera qu quiso poner unvideo como actividad didáctica.

    No quiero ser maliciosa, pero me gustaría sabr cómo acabó y sobre todo lo que me resulta más inexplicable por misterioso, ¿por qué los alumnios son tan distintos de un profesor a otro encuestión de segundos? Has puesto ejemplos muy ilustrativos de cómo la respuesta no está en docentes vocacionales y docentes quemados.

    ResponderEliminar
  7. Joselu, me hiciste retroceder un buen de años atràs pero tienes toda la razòn en mi mente estàn los maestros que hacìan gala de teatralidad a la hora de impartir las asignaciones.Tambien recuerdo a una maestra que nos enseñaba Sociologìa en la universidad, quien desde un principio nos dijo que ella no pasarìa lista, que quien realmente quisiera aprender asistiera a su clase y quien no, se responsabilizara de su proceder...buenos recuerdos de maestros que tenìan total dominio de la clase....Saludos del otro lado de ocèano.

    ResponderEliminar
  8. Joselu, totalmente de acuerdo contigo. Cada vez que entro en el aula, es como si me subiera al escenario.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  9. Muchas gracias por el post, joselu. Yo podría ser la protagonista de esa escena escolar, cualquier sesión de clase, desde hace un año o algo más... Es uno de los temas que más me preocupa... Llegar a los alumnos, controlar la clase... En fin, gracias!!!

    ResponderEliminar
  10. si eso sucede en clase, que no la controles, que se prolongue demasiado tiempo la falta de control, se pueden tomar dos caminos:
    -dejar la docencia y dedicarse a otra cosa, en la medida de lo posible...
    -intentar buscar soluciones y mejorar; una pregunta: una vía, entonces, es el teatro o cuáles?
    (la opinión de un profe experimentado que escribe el post y este sabio blog y todos los que pasan por el... podría ser una ayuda muy buena para desesperad@s...)

    ResponderEliminar
  11. No podría estar más de acuerdo con Cariátides, quien ha comentado exactamente todo lo que yo quería mencionar.

    ResponderEliminar
  12. Joselu; leer tu post me hizo recordar una frase de mi madre, maestra también: "el maestro es el actor que más trabaja, porque tiene que ir todos los días al aula a hacer un espectáculo para sus alumnos y como es el mismo público tiene que improvisar sobre la marcha porque se le aburren".
    Desde mi experiencia de alumna creo que además es imprescindible la perspicacia del educador, saber que está pasando en su aula le da control sobre la situación "Juan cuando termines de hacer mi caricatura me la entregas, yo las colecciono", Juan desaparece la hoja con el dibujo y se vuelve todo oídos.
    Fui de las estudiantes a las que les costaba mucho atender una perorata cognoscitiva, leía en clases para combatir el tedio en esos casos, pero tuve algunos profesores que supieron poner coto a esa costumbre, algunos con frenética vigilancia y otros con el poder de su voz y la originalidad de sus clases, en la pedagogía como en la paternidad, creo que no hay fórmulas definitivas, cada quien tiene que hacerse su propio manual, pero sobre la base de la confianza respetuosa, como siempre un placer leer sobre tus experiencias, un abrazo Yolanda.

    ResponderEliminar
  13. Gracias Rebeca, siento no haberte dejado nada que pudieras decir... un saludo.

    ResponderEliminar
  14. Actor, psicólogo, payaso, policía, profesor, educador... y, así y todo, siempre podemos encontrarnos con sorpresas. Hay algo más..., irradiamos -no sé si magia, como Merlín- pero sí algún tipo de extraño magnetismo que atrae o repele. El problema, claro está, aparece cuando ese imán no gira y permanece inmóvil ante cualquier estímulo. Como dijo aquél: "e pour si muove..."

    ResponderEliminar
  15. Interesante debate, con comentarios más que acertados. Como dice Cariátide, el sentido de la justicia es fundamental en nuestro trabajo. Justicia entendida como equilibrio, siempre hay que tratar de alcanzar ese equilibrio para que la relación con los alumnos funcione correctamente.

    Y con respecto a la teatralidad, estoy totalmente de acuerdo contigo. Si conseguimos captar su atención, transmitir entusiasmo por lo que explicamos y hacer un poco el payaso, en el buen sentido de la palabra (gesticular, cambiar los tonos de voz, hacer pequeñas bromas y juegos de palabras...) habremos andado la mayor parte del camino. Yo muchas veces me sorprendo de lo distinta que llego a ser en clase de como soy en la vida real. Podría decirse que me transformo. Me vuelvo más divertida y arriesgada a la hora de hablar, hago teatro continuamente. Es como un chip que se me activa sin tener que pensarlo. Y por ahora me está funcionando bastante bien, porque en general no suelo tener demasiados problemas de disciplina y falta de atención en clase. Espero que esta especie de don, si es que se puede llamar así, no desaparezca nunca.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  16. Totalmente de acuerdo contigo. Yo no lo hubiera podido expresar mejor. Soy maestra y me pasa. Entro en una clase alborotada, los alumnos empiezan a callar sin necesidad de gritos, ni llamadas al orden. La maestra que sale me pregunta:¿Que haces?Enseñame tu tecnica. Y no tengo ninguna. Le digo que me gustan los crios (6º de Primaria),les gasto bromas y despues empezamos a trabajar en serio. Ellos saben muy bien cuando es cada momento.

    Te seguire la pista.(Perdona por las tiles; tengo algo que las saca dobles. Ejem.:pap´´a)

    ResponderEliminar
  17. Perdona; pero encuentro mucha hipocresía en muchas de estas palabras.Tenemos un sentimiento de culpa que no podemos con ella.¿Y los alumnos qué? Ellos también tienen alguna responsabilidad.Vale estoy de acuerdo que han de ver seguridad y se les ha de motivar; pero habréis de reconocer que a algunos no se les motiva con nada; porque sencillamente no les gusta ni les gustará estudiar y en el instituto sólo pierden el tiempo. Se necesita hacer una ley donde los chavales a partir de los doce años puedan tener diferentes itinerarios dependiendo de sus intereses.
    Está claro que entre nosotros nunca nos pondremos de acuerdo, es por eso que todas las leyes nos las meten por donde quieren,sin pensar en la realidad que tenemos

    ResponderEliminar
  18. Estoy de acuerdo con Carmen, los alumnos deberian asumir sus responsabilidades. Ya esta bien de echarnos la culpa a los profesores...lo hacemos lo mejor que podemos, y muchas veces asumiendo responsabilidades que no deberian ser nuestras al menos en su totalidad. Tambien los padres forman un papel muy importante, y son ellos los primeros que tienen que ensenar responsabilidades y respeto a sus hijos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Completamente de acuerdo con las opiniones anteriores...los alumnos y alumnas deben ya venir educados de casa, desgraciadamente es un chollo tener a los , maestros,(nada de profesores de secundaria, maestros, que es a lo que hemos llegado), cargando con todos los defectos sociales que han creado los politicos.
      Por terminar, aunque esto no va a tener fin ya en la vida,veo que alguna y alguno ya se ha acomodado a lo que le echen. Los profes que controlan a los alumnos normalmente no siguen la ley, ni metodos educativos apropiados, pero no les reprocho nada...

      Eliminar
  19. Yo entre como maestra de 4to primaria, para hacer una suplencia por 3 meses. No tengo experiencia previa entonces me manejo mucho con el sentido común, pero hay un montón de cosas que solo se aprenden en la práctica. El tema de manejo de clase me esta costando a raíz de un cuento que le llevo uno de los chicos a la madre y esta me escribió un nota. El tema en cuestión es que cuando los castigo sacando el recreo a mas de uno, para que no hablen los pongo mirando a la pared. Yo recuerdo cuando era chica que era así, pero se ven que las cosas cambiaron y las madres están bastante encima de sus hijos. Ya lo hable con las directoras y me entienden perfectamente, pero cuando el cuestionamiento viene de la madre ¿cómo se maneja la situación de la falta de respeto?


    Agradezco cualquier respuesta que pueda ser de ayuda.
    Saludos!

    ResponderEliminar
  20. hola soy novata en esto, es mas, hace poco dicte mi 1era clase, me preocupa mucho el tema de la disciplina, el orden y la motivacion.
    lo que noto que me esta funcionando algo, es 1ero pedir la colaboracion de mi delegado de curso, es el quien me apoya con la disciplina, tambien me sirvio el haber sido sincera con ellos y contarles que soy nueva y que espero su colaboracion para que todo salga bien. me alivió ver una sonrisa en algunos alumnos. estoy tratando de hacer mis clases lo mas dinamico posible, hacerlos participar, llevarles copias con ejercicios practicos. A pesar del gran reto que supone ser maestro no pienso desistir, seguire en la lucha contínua de persistir en esto.. sé que el tiempo y la experiencia serán mis maestros que me guiarán. (claro, acepto sugerencias)... gracias

    ResponderEliminar
  21. Tengo 21 años y a veces no se qué hacer... Con chicos de 17 años trabajo bien pero los chicos de 14 a veces me hacen replantear si la docencia es lo mio

    ResponderEliminar
  22. Soy profesora de Lengua y Literatura. Me he dado cuenta, después de algunos años de experiencia en la pública y la privada, que los profesores tenemos que arreglar asuntos que no son de nuestra responsabilidad. Yo lo he pasado muy mal. He tenido que pedir bajas médicas, he ido a un psicólogo.... No estoy para hacer teatro, ni para ser autoritaria,ni para ser falsa, pero tampoco soy débil, ni tengo la autoestima baja. Soy una persona que ama su trabajo y que le gusta lo que hace, pero como veo que la realidad es otra, que se han confundido mucho las cosas, que el mundo está al revés, que los alumnos ahora no son meros alumnos, sino que (en muchos casos) son seres mal educados porque son irresponsables,pretenciosos, consentidos, mimados,sin límites, No se les han enseñado valores, sólo se les HA DADO TODO LO MATERIAL QUE HAN PEDIDO Y MÁSSSSSS... ,he optado por salir del sistema y dedicarme a la enseñanza en un ámbito privado donde seguro, me respetan, y lo más importante aprenden. UN SALUDO

    ResponderEliminar
  23. Hola, tengo 24 años, soy profesor de educacion artistica: plastica, con alumnos de entre 12 y 16 años y es mi primer experiencia. Es es horrible, la paso muy mal, es una lucha constante, no se que hacer, quiero dejar la docencia definitivamente para evitar seguir sufriendo bajadas de animo...El problemite que encuentro es que no puedo pasarmela hablando porque la materia es mas taller que teoria, y siendo arte..los alumnos lo toman a la lijera...es muy frustrante, me gustaria recibir algun consejo. MUY BUEN DEBATE POR CIERTO.saludos

    ResponderEliminar
  24. he tenido algunas experiencias en mis practicas docentes y puedo decir que el control en el aula es relativo; si uno se encuentra con un grupo de estudiantes que vienen moldeados desde sus casas, probablemente funcione la teatralidad y cualquier otro tipo de actividades motivacionales que permitan mantener al grupo activo; pero cuando de encuentras con un grupo, en el cual, el 80% de sus miembros viene descompensados de sus hogares puedes terminar sufriendo de variadas enfermedades, entre ellas, el cáncer faríngeo. por ello considero que la formación para adolescentes debe repensarse desde la familia, el estado y la sociedad para que de esta manera los docentes no nos enfrentemos, cada día, al monstruo caótico del aula, el estudiante desadaptado y sin educación familiar.

    ResponderEliminar

Es un tópico expresar que el valor de un blog reside más en los comentarios que recibe y en el debate a que da lugar, que en la entrada publicada que no es más que un punto de partida para dialogar e intercambiar puntos de vista, a veces radicalmente distintos.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Share It