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jueves, 10 de abril de 2008

El barrio chino y el Dalai Lama


La profesora Soledad V. me propuso hace unos días acompañarla a una salida que iba a hacer con alumnos de bachillerato, de primero y segundo. Enseguida me ofrecí con gusto. Una mañana en Barcelona, esa ciudad que tanto amo, es algo que no hace falta que me lo ofrezcan dos veces. El objeto de la salida en principio era visitar la sede del Parlament de Catalunya y conocer su vida institucional, recorreríamos luego el centro de Barcelona para llegar a una exposición sobre los bombardeos fascistas sobre la ciudad durante la guerra Civil.

La mañana ha sido pródiga en comunicación con mi compañera y con los alumnos de bachillerato a los que había tenido en cuarto de la ESO y algún curso de Literatura Universal el año pasado. Me ha asombrado el proceso de maduración que se da en ellos al llegar el bachillerato. El ambiente de la ESO se va progresivamente olvidando y los chavales entran progresivamente en el mundo de la cultura, la política y la historia. Al menos las dos visitas programadas tenían que ver con ello. Me pregunto al hilo de esto si es buena idea la de prolongar la Secundaria hasta los dieciséis años. El bachillerato queda excesivamente corto en dos años en el que uno es de adaptación y el otro se convierte en una prueba de fuerza por la exigencia que supone. No sé cómo se podría conseguir un bachillerato de tres años. Es una de las reivindicaciones más lógicas que he oído entre las diferentes corrientes ideológicas que se dan en la enseñanza. En este año añadido, probablemente empezando un año antes, se podría incluir muchas asignaturas que hoy no tienen cabida en estos dos años condensados al máximo. Por ejemplo, la enseñanza de la literatura.

Hoy los chavales se han interesado por la vida política en Catalunya. El parlament que habían visto muchas veces por televisión ha tomado relieve ante ellos. El parque de la Ciutadella, uno de los más hermosos que conozco, les ha hablado del pasado de la ciudad de Barcelona, de la derrota de 1714, del Institut Escola, en el centro del parque donde estudió Maria Aurèlia Capmany, la mujer que da nombre al instituto donde estudian, de la represión tras la guerra civil…

Ya en el centro de Barcelona, en las Ramblas, hemos entrado a almorzar en el Jardí de les Fades, un ambiente en penumbra que invitaba a la reflexión, por ejemplo de la situación en el Tibet, que estos días está en el centro de los telediarios. Varias alumnas se han interesado por este país y la figura del Dalai Lama, por la represión china. Alguien ha objetado que se está dando mucha relevancia a lo que pasa en el Tibet pero que se está olvidando lo que sucede en Palestina. Una alumna rusa, que nació a orillas del mar Negro, nos hablaba de sus recuerdos de infancia en Rusia. Ha hecho el trabajo de investigación sobre La revolución rusa y el estalinismo.

Atravesando el barrio Chino se les ha aparecido un espectáculo que les ha fascinado y asustado. Por unos momentos parecía que atravesábamos una de las calles de prostitutas del libro Ibrahim y las flores del Corán. Durante unos minutos aquello ha parecido intensamente cinematográfico con los chulos y las prostitutas alineados en el corazón de aquel barrio mítico que fue en tiempos el barrio Chino y que Jean Genet retrato en sus diarios fruto de su estancia varios años allí.

El recorrido ha acabado en la plaza de Universidad, frente a la facultad de Filología que alguno quiere estudiar. Un muchacho italiano nos ha explicado en correcto catalán (era de Cerdeña, de una ciudad –El Alguer- donde se habla catalán) los bombardeos italianos sobre la ciudad de Barcelona. Fueron realmente criminales. Durante tres días –en marzo de 1938- estuvieron bombardeando cada tres horas, algo así como en Guernica. Murieron unas mil personas en tres días. Los italianos –nos ha dicho- no son conscientes de su actuación en la guerra ni la terrible campaña contra Etiopía donde se utilizaron gases tóxicos que produjeron decenas de miles de muertos.

Me ha gustado la salida por la compañía y porque he observado que nuestros chavales van madurando y que el mundo y la historia entra en ellos. Quizás sólo es cuestión de tiempo y una enseñanza más exigente y selectiva. Cuando hablo de la escuela social versus la intelectual, quiero decir que es necesario ampliar los años de formación académica realmente densos. La ESO consigue objetivos sociales muy interesantes, pero no hay que dejar de lado la formación intelectual de nuestros alumnos que sólo puede darse en una atmósfera apropiada a las inquietudes artísticas, sociales y literarias de estos jóvenes en formación.

11 comentarios :

  1. Quién pudiese dejar de trabajar y apuntarse a esa excursión por un día.

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  2. Me sigue sorprendiendo que se sorprendan. O que hagan tanto paripé, cuando en realidad no les importa en absoluto. Ni a unos, ni a otros. Y eso que todo viene seguido, como las olas y las morcillas. La última –estudio internacional sobre alumnos de Primaria, o como se llame ahora– es que el número de alumnos españoles de diez años con falta de comprensión lectora se acerca al 30 por ciento. Dicho en parla normal: uno de cada tres críos no entiende un carajo de lo que lee. Y a los 18 años, dos de cada tres. Eso significa que, más o menos en la misma proporción, los zagales terminan sus estudios sin saber leer ni escribir correctamente. Las deliciosas criaturas, o sea. El báculo de nuestra vejez.

    Pero tranquilos. La Junta de Andalucía toma cartas en el asunto. Fiel a la tradicional política, tan española, de subvenciones, ayudas y compras de voto, y además le regalo a usted la Chochona , la manta Paduana y el paquete de cuchillas de afeitar para el caballero, a los maestros de allí que «se comprometan a la mejora de resultados» les van a dar siete mil euros uno encima de otro. Lo que demuestra que son ellos quienes tienen la culpa: ni la Logse , ni la falta de autoridad que esa ley les arrebató, ni la añeja estupidez analfabeta de tanto delincuente psicopedagógico y psicopedagocrático, inquilino habitual, gobierne quien gobierne, del ministerio de Educación. Los malos de la película son, como sospechábamos, los infames maestros. Así que, oigan. A motivarlos, para que espabilen. Que la pretendida mejora de resultados acabe en aprobados a mansalva para trincar como sea los euros prometidos –una tentación evidente–, no se especifica, aunque se supone. Lo importante es que las estadísticas del desastre escolar se desplacen hacia otras latitudes. Y los sindicatos, claro, apoyan la iniciativa. Consideren si no la van a apoyar: ya han conseguido que a sus liberados, que llevan años sin pisar un aula, les prometan los siete mil de forma automática, por la cara. Y más ahora que, de aquí a tres años, con los nuevos planes de la puta que nos parió, un profesor de instituto ya no tendrá que saber lengua, ni historia, ni matemáticas. Le bastará con saber cómo se enseñan lengua, historia y matemáticas. Y más si curra en España: el único país del mundo donde los profesores de griego o latín enseñan inglés.

    Así, felices de habernos conocido, seguimos galopando alegremente, toctoc, tocotoc, hacia la nada absoluta. Todavía hay tontos del ciruelo –y tontas del frutal que corresponda– sosteniendo imperturbables que leer en clase en voz alta no es pedagógico. Que ni siquiera leer lo es; ya que, según tales capullos, dedicar demasiado tiempo a la lectura antes de los 14 años hace que los chicos se aíslen del grupo y descuiden las actividades comunes y el buen rollito. Y eso de ir por libre en el cole es mentar la bicha; te convierte en pasto de psicólogos, psicoterapeutas y psicoterapeutos. Cada pequeño cabrón que prefiere leer en su rincón a interactuar adecuadamente en la actividad plástico-formativo-solidaria de su entorno circunflejo, por ejemplo, torpedea que el día de mañana tengamos ciudadanos aborregados, acríticos, ejemplarmente receptivos a la demagogia barata, que es lo que se busca. Mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos y vete tú a saber.

    El otro día tomé un café con mi compadre Pepe Perona –«Café, tabaco y silencio, hoy prohibidos», gruñía–, que pese a ser catedrático de Lengua Española exige que lo llamen maestro de Gramática. Le hablé de cuando, en el cole, nos disponían alrededor del aula para leer en voz alta el Quijote y otros textos, pasando a los primeros puestos quienes mejor leían. «¿Primeros puestos? –respingó mi amigo–. Ahora, ni se te ocurra. Cualquier competencia escolar traumatiza. Es como dejar que los niños varones jueguen con pistolas y no con cocinitas o Nancys. Te convierte en xenófobo, machista, asesino en serie y cosas así». Luego me ilustró con algunas experiencias personales: una universitaria que lee siguiendo con el dedo las líneas del texto, otro que mueve los labios y la cabeza casi deletreando palabras… «El próximo curso –concluyó– voy a empezar mis clases universitarias con un dictado: Una tarde parda y fría de invierno. Punto. Los colegiales estudian. Punto. Monotonía de lluvia tras los cristales. Después, tras corregir las faltas de ortografía, mandaré escribir cien veces: Analfabeto se escribe sin hache; y luego, lectura en voz alta: En un lugar de la Mancha , etcétera». Lo miré, divertido. «¿Lo sabe tu rector?». Asintió el maestro de Gramática. «¿Y qué dice al respecto?». Sonreía mi amigo, malévolo y feliz, encantado con la idea; y pensé que así debió de sonreír Sansón entre los filisteos. «Dice que me van a crucificar.»

    Arturo Pérez Reverte

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  3. ¡Deliciosa excursión para los que conocemos Barcelona, Joselu! Posat guapa! Pero lo que me ha llamado la atención de tu reflexión es el abismo que hay entre un chico de la ESO y uno de Bachillerato. Mi experiencia de los últimos años no es muy grata en cuanto al nivel académico de mis alumnos (población inmigrante, familias desestructuradas, chavales con muchos problemas familiares, perosonales, socioeconómicos y, claro está, también culturales), pero, curiosamente, se obra el milagro y, ale hop, en Bachillerato se transforman: se vuelven más maduros, más críticos, más responsables, más exigentes, más inquietos culturalmente... Veo que es un síntoma normal, no sé si habitual, pero si se da en entornos difíciles, cúanto más en los, llamémosles, normales. Desconozco si es un complemento de la edad, pero sí he observado el cambio, que no es moco de pavo...

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  4. Tibet, Palestina, la Rusia estalinista, la Guerra de España y el barrio Chino. Cuánta desazón en una sóla mirada.

    (El bachillerato lo alargan un año más a poco que los docentes se empeñen o el sistema lo requiera)

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  5. No sé con qué jóvenes os habéis relacionado en vuestra juventud. Mis amigos del bachiller y de la facultad eran también bastante incultos (debo reconocer que he sido siempre rarito porque me gustaba leer) e inmaduros en cuanto a ideologías varias. Veo a mis alumnos de bachillerato y reconozco que les falta mucho por aprender, pero no creo que sea algo irreparable ni para ellos ni para la sociedad. Si tengo que elegir entre la excelencia y la justicia social -evitar que la calle se llene de pequeños adolescentes objetores, proyectos de delincuentes-, prefiero esta última, aunque tenga que resistir en clase todo tipo de desaires (que podrían arreglarse con una mejor organización).

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  6. Joselu, me alegro de que pasarar un buen día... ¡Qué ganas tengo de volver a Barcelona!
    Ya sabes de qué pie cojeo (y espero que hayas recibido mi mensaje en el que te doy buena cuento de ello): objetivos sociales y objetivos intelectuales sin renuncias... ¡Apuntando a lo más alto! ¡Creyendo!
    Claro, Joselu, soñando... Y si para ello hay que formarse en competencias o ser algunos (entre los que estoy yo en la primerita fila) más competentes... Pues hala, que hay faena...

    ¡Echo de menos a mis chicos!... ¡Tengo esperanza!

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  7. Joselu, el bachillerato de tres años será una realidad oficial el curso que viene. Lo que sucede es que, en ves de hacerlo obligatorio, se queda como una "alternativa" para los que no pueden seguir el ritmo de dos y han de sweguir esta vía lenta de tres. Es algo así, pues, como el reconocimiento de que los niveles de partida son muy bajos y, en consecuencia, se les han de facilitarm las cosas, para que no se frustren y no abandonen... Es decir, paternalismo "a dojo", como siempre, en vez de rigor y una previsión razonable de salidas para el alumnado que, a partir de los 13 años, ha decidido que es alérgico al saber abstracto.
    Pero, sí, el año que viene los bachilleres pueden repartirse las asignaturas en tres años. No es lo que tú pides y sería deseable, sino un parche contra el fracaso del sistema que servirá de poco o nada.

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  8. Bueno, qué heterogeneidad.

    Por un lado estoy verde de envidia con la oportunidad de tener ciudades con historia viva, que aún se recuerde.Esa memoria que en mi tierra se tapa con folclore vario.

    Por otro lado veo al pobre Reverte un poco contrariado con el tema de que recibamos más dinero repartiendo más aprobados ¿no se trata de hacer a todo el mundo un poco más feliz? ;)

    Finalmente me ha encantado la apostilla de juan poz: efectivamente, es una forma de verlo, en lugar de un bachillerato de tres cursos lo tenemos de tres años.
    Saludos.

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  9. Creo que los chavales aprenden mucho y muy variado en esas excursiones, además de divertirse y pasarlo bien.
    Creo que por estas u otras causas, afortunadamente, los jóvenes ahora tienen más cultura que hace años.
    Tal vez tengas razón con lo de prolongar el bachillerato un año más, me hace gracia que digas que se podrían incluir otras asignaturas, como por ejemplo, la enseñanza de la literatura... eso se llama arrimar el ascua a su sardina, me hace gracia, pero me parece estupendo.
    un abrazo.

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  10. Tal y como va las cosas, es más probable que tengamos (¿no lo sufrimos ya?) un 5º y 6º de ESO que un Bachillerato digno de tal nombre. De hecho, vivimos en un orden en el que un inspector (por ejemplo) redacta con faltas de ortografía y concordancia que no le pasaríamos a un chaval de 12 años, y la nave va. Te escribo esto en caliente, así que quizá exagere un poco (en lo de 5º y 6º de ESO, quizá), pero me temo que no demasiado.

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  11. Qué mañana más fructífera, Joselu: visita por Barcelona y charla intelectual con los alumnos. Es curioso cómo a veces te sorprenden con este tipo de inquietudes que no solemos imaginar que posean. Está claro que en la juventud criminalizada por los medios de comunicación actuales aún se esconden chicos y chicas con interés por lo que les rodea y un cierto sentido de la justicia social. La imagen que nos venden de los adolescentes es muy pobre, y muchos de ellos guardan una riqueza interior increíble.

    Totalmente de acuerdo contigo en lo del Bachillerato de tres años. En la actualidad, 1º es una continuación de la ESO, y 2º demasiado exigente para unos jóvenes que necesitarían una transición algo más larga.

    Me alegro de que disfrutaras tanto de esa visita.

    Un saludo

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