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jueves, 26 de enero de 2006

La repetición de curso


Trabajo en un IES de una importante población del cinturón industrial de Barcelona. Mi instituto está en una zona de inmigración interior en los años cincuenta y sesenta y actualmente de inmigración magrebí y latinoamericana en número creciente. De hecho el 32% de los alumnos de mi instituto son de origen inmigrante. Es un instituto que comparte problemas con muchos otros de las mismas características.

El nivel de asimilación y de trabajo de los alumnos es muy bajo. Si nos valoraran en cuanto a comprensión lectora o expresión oral y escrita sacaríamos un nivel de clara deficiencia. Igual en las demás materias como Matemáticas, Ciencias Experimentales…

Luchamos contra la desigualdad social. Nuestros alumnos no tienen arraigada la cultura del esfuerzo o el aprecio por los conocimientos. Les atrae la vida de calle o los modelos que se difunden a través de la sociedad de la tecnología y los mass media. Su impulsividad es muy elevada y son poco reflexivos. Nos damos cuenta de que es muy difícil hacerlos progresar. Sólo unos pocos se esfuerzan realmente, en la medida de sus posibilidades.

La LOCE, que impulsó el PP, consagró el principio de repetición de curso para los alumnos que tuvieran tres asignaturas suspendidas. A los profesores, en general, nos pareció lógica esta repetición porque nos dábamos cuenta de que no era pedagógico que alumnos que suspendieran todo - porque no hacían nada- pasaran de curso como los que se habían esforzado y lo habían intentado.

La nueva ley de Educación, aprobada en diciembre del pasado año, establece que se pasará curso con dos asignaturas suspendidas y excepcionalmente con tres, si la Junta de Evaluación lo considera oportuno por la actitud y predisposición del alumno.

El número de repetidores en los dos últimos cursos se ha multiplicado. Las clases cuentan con un buen número de ellos que no aprovechan la segunda oportunidad y se convierten, en gran parte de los casos, en líderes negativos. Siguen suspendiendo y sin hacer casi nada. Pocos hay que saquen partido de la repetición.

Algunos expertos en educación universitarios y algunas juntas directivas se preguntan, en tal caso, si la repetición de curso es buena como estrategia y promueven la promoción automática –o por edad- aunque a un alumno le queden la mayor parte de las asignaturas. Es una forma de no crear bolsas de alumnos desmotivados que siguen sin trabajar. Si se les promociona, dejan lugar a otros alumnos que podrían llegar al instituto. Apoyando este punto de vista se aducen estudios internacionales que cuestionan la eficacia de la repetición por los efectos negativos que genera, tales como el desistimiento y el abandono, por la pérdida de nivel de autoestima que supone. Alegan que ese mismo alumno rendiría más si hubiera promocionado por edad como criterio fundamental y no por las asignaturas suspendidas.

Es un debate peliagudo porque la promoción automática es un pésimo ejemplo para los alumnos que se esfuerzan, pero, a la vez, lo estamos viendo, no es algo que resuelva el problema sino que enquista bolsas de alumnos fracasados y desmotivados. No se repite dos veces el mismo curso de modo que un alumno promociona automáticamente en su repetición. Ellos lo saben y actúan en consecuencia.

La administración nos presiona. Quiere números que revelen el éxito de sus políticas. Hemos de maquillar los datos para que aparezcan en la prensa síntomas de una disminución en el número de alumnos con fracaso escolar. Los que estamos dentro, sabemos lo que hemos de hacer para que la realidad aparezca del color que quieren las autoridades educativas: pruebas de recuperación de contenidos mínimos o básicos, relativización de cuestiones como la ortografía y la expresión incluso en las clases de lengua, exámenes tipo test de nivel muy bajo, aprobados in extremis a final de curso para que puedan pasar…. pero ni aún así cuadran las cifras. Los alumnos siguen estando desmotivados, les interesa bien poco el acceso al conocimiento que les ofrecemos. Es todo un modelo social el que está debajo de este fracaso generalizado del sistema. No hay forma de motivarlos, se resisten al esfuerzo, no les atrae lo que les proponemos, no les interesa la cultura que está en los libros ni en las aulas oficiales. Los pocos que no se ajustan a este modelo tienen que luchar con una presión muy fuerte y adversa.

Al menos es lo que veo desde estoy yo. Está claro que no es la misma perspectiva la que se tiene contemplado desde colegios de élite o escuelas privadas socialmente privilegiadas. Ello nos lleva a la cuestión central que es de índole social. Entornos cultural y socialmente bajos generan una mayoría de alumnos poco interesados e implicados en el proceso de aprendizaje. Se perpetúa el modelo social del que provienen. Entornos de extracción media alta o alta tienen muchas más posibilidades de mantenimiento y ascenso social.

Se nos solicita desde algunos sectores que con nuestros aprobados nivelemos esa diferencia en el engranaje social.

13 comentarios :

  1. El tema de los PIL (alumnos que promocionan por-imperativo-legal —o glandular) es tan sangrante que, en general, cuando le cuentas lo que hay a una persona que no está directamente relacionada con el mundo de la enseñanza, le cuesta creer que no le estés tomando el pelo. ¿Pasar de curso con ocho asignaturas, con nueve, con todas las que se oferten y alguna más?
    ¿Qué aprovechamiento va a tener de unas clases sobre ecuaciones de segundo grado alguien que aún necesita aprender a multiplicar? Pues nada. Magia. El mero hecho estar ahí, un curso más allá, es un valor para nuestros pedagogos de alto copete. En compañía de sus coevos, el zote en cuestión se sentirá acompañado y su autoestima no peligrará, aunque no se entere ni del Nodo y busque, por ley natural, fuentes de entretenimiento alternativo al discurso opaco que se le ofrece: jugar a la paella (no pregunten, que es peor), leer el Marca (ya sería un logro), machacar a algún profesor novato (los veteranos que no tienen nervios de acero ya están todos de baja por depresión) y, en definitiva, vegetar. Todo muy formativo, y un excelente ejemplo para los compañeros de carácter aún lábil que le rodean.
    Siento decirlo, pero más allá de la frontera mágica de los 16 no deberíamos tolerar ni un solo ejemplar PIL en nuestro menú. Hay estudios nocturnos, para que esta gente pueda reciclarse y reintegrarse cuando maduren (si tal cosa sucede).
    Por debajo de 16, hay que tragar carros y carretas, pero no se ve nada claro el beneficio de la promoción automática. Un desvío temprano a programas de Garantía Social o Iniciación Profesional o como lo quieran llamar es una alternativa bastante más provechosa. El pelotón de los torpes, dirán mecánicamente los de siempre —a los que sólo les preocupa esa torpeza cuando empieza a hacer bulto. Por eso, su obsesión es disimularla, con aprobados y promociones ficticios que degradan y envilecen todo el proceso de evaluación.
    El fin, el tema me pone negro. Me alegra que lo hayas cogido por los cuernos, Joselu.

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  2. Al 59 o mejor, Alejandro, estoy totalmente de acuerdo contigo. El problema es que la deformación de la secundaria se perpetúa en el bachillerato, y ello se agrava porque cada vez hay menos alumnos que lo quieran cursar. El año pasado en mi centro se "vendió" el bachillerato a malos alumnos de cuarto de ESO diciéndoles "que tampoco era tan difícil". Palabras del director. Este año de los treinta que empezaron el bachillerato Humanístico/Social sólo quedan veinte y probablamente se den de baja varios más. Pero lo más grave es que de los que quedan veo sólo unos seis que tengan el carácter y disposición apropiada para el bachillerato. El resto están a ver qué pasa. Nos quedamos sin alumnos y para impedirlo, intentamos venderlo... porque cada vez los adolescentes están menos dispuestos a luchar por algo. Y en el bachillerato hay que luchar un poco. No tenemos, dada la nefasta ESO, alumnos formados en la adversidad. Todo es bajar el nivel hasta ya no se sabe dónde y luego culpabilizar a los profesores porque no saben adaptarse ni motivar a los pobrecitos alumnos. A fuerza de no utilizar el cerebro, porque no se lo podemos exigir dadas las circunstancias, terminan siendo tontos de remate. Luego llegan los inspectores que te entran en clase para ver cómo lo haces, evaluaciones diagnósticas (las llaman por aquí), externas... Y el resultado es el mismo: hemos de aprobarles.

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  3. Joselu. este parece ser un problema casi universal de economias emergentes. Coincido contigo.Un Abrazo

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  4. La cuestión, más allá de su dimensión social, es también ideológica. La izquierda se resiste a aceptar la idea de que el conocimiento no se le puede transmitir a quien -por causas sociales, religiosas o personales, entre otras- se niega a recibirlo, sin duda porque le representa un esfuerzo al que no está dispuesto. Pocas veces he visto fragmentos de Gran Hermano durante algún que otro canaleo, pero en todas las ocasiones sólo he visto a gente perezosa e indolente enfrascada en tiquismiquerías pseudosentimentales y sin hacer el más mínimo esfuerzo intelectual positivo. ¡Con decir que los libros están prohibidos en la casa! Y esos son los "héroes" de nuestros días, para qué nos vamos a engañar, entre muchísimos alumnos nuestros: "ser famoso", "salir en la televisión", "cobrar por la cara bonita", etc.
    ¿Para cuándo una medida reparadora urgente como la de que a los catorce años se pueda derivar a las criaturas hacia el mundo del trabajo? Sin hipocresías ni mesianismos ni redentorismos que nos están haciendo la vida imposible.
    Junto a esa medida, se me ocurrió un día que quizás deberíamos comenzar a pensar en quitarle a la educación la condición de servicio gratuito: ¡nada, para valorarla, como el esfuerzo de tener que pagar para adquirir una educación necesaria, que no obligatoria! La obligatoriedad es uno de esos conceptos que acaban asimilando Docencia a Institución penitenciaria. ¡Y así nos luce el pelo! El de la dehesa de unos, y el canoso por espanto de los otros, nosotros.
    ¡Ahí le has dado, Joselu!
    Y los sindicatos, mientras esto es como la caída del Imperio Romano, atareados en sus cuotillas de pseudopoder...

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  5. Juan Poz, todos tenemos alumnos muy limitados que hacen un mediano o gran esfuerzo y aprueban con claridad. No les pedimos mucho. Tan sólo que lo intenten, que nosotros lo veamos. Nosotros somos los primeros que estamos dispuestos a ayudar a los que se ayudan; pero el panorama es de desistimiento generalizado, de frivolidad permanente, de falta de horizontes, de falta de capacidad de un esfuerzo mantenido (paralelo al de atención)... Creo que el ejemplo que pones de los héroes de Gran Hermano es muy oportuno. Sin duda representan modelos para ellos mucho más válidos que los que representamos nosotros. Ser famoso, enriquecimiento fácil, indolencia, apoteosis de la carencia de cultura... No me parece mal que los chavales a los catorce años se pongan a trabajar. Fuera de esta cultura que infantiliza todo son hombres y mujeres en el pleno sentido de la palabra. Quizás luego volverían a estudiar, dada la dureza del mundo del trabajo. Si no, que se formen profesionalmente. Hay una sobreabundancia de proteccionismo a los menores de ciertas edades.

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  6. Hay una sobreabundancia de proteccionismo a los menores de ciertas edades.
    ...................................
    De sobreproteccionismo y, al mismo tiempo, de desinterés. ¡Que se ocupe el Estado!, vienen a decir, esos padres a quienes les es ajeno el deber de educar a sus hijos. La dimisión de las responsabilidades paternas es una pieza clave en todo el embrollo que plantean los adolescentes "desmadrados" y "despadrados". Aunque a Blair lo tengo atragantado desde su amistad con Aznar, su participación en la guerra y sus posiciones neoliberales tan extrañas y ajenas en y al laborismo británico, su idea de que los padres han de ser responsables de lo que hagan sus hijos menores de edad y han de "purgar" por ello, económica e incluso judicialmente, me parece muy acertada y educativa, ¡educativa! Los Institutos deberían cerrar su actividad docente al mediodía patra que, por la tarde, acudieran los padres a recibir la formación de la que carecen para saber educar a sus hijos.

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  7. Es un problema complejo y de amplia dimensión. Los que sois profesionales de la enseñanza no sólo lo sabéis sino que además lo padecéis. Pero el diagnóstico está más allá de la escuela. Para empezar no se debe olvidar que la educación es un derecho universal. Nadie puede ser privado de ella. Y debe de ser de calidad y para ello son necesarios fondos económicos. Claro que en un país como España donde pagar impuestos es una condena y defraudar a Hacienda está bien visto socialmente, mal vamos. Más dineros para que mejoren las condiciones de la Educación y veremos qué resultados da. Eso por un lado.

    Por otro está el hecho de que la escuela ha dejado de ser (junto con la familia) la principal fuente de transmisión de valores. Contra esto es difícil que luche, no un profesor, sino todo un sistema educativo. Todo se aprende pero si nos venden los sueños publicitarios de una vida fácil, llena de éxito y de dinero, con qué nos vamos a quedar, más aún cuando sólo son unos adolescente.

    Sería bueno aplicar una pedagogía liberadora del moldeamiento mental al que estamos sometidos: reflexión, análisis, capacidad crítica, voluntad de esfuerzo.

    fmop

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  8. Vaya, entre todos podéis hacer un informe sobre la educación actual muy, pero que muy justo y necesario. Orgullosa de leerlos. Ojalá todos pensasen igual.

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  9. Creo que yo, como alumna de este instituto, tengo algo que decir. ¿Y los alumnos que nos esforzamos, que tenemos sueños desde pequeños y que necesitamos ayuda?
    El otro día falto una profesora por un motivo justificado a clase y como era la última clase del día nos “dejaron irnos”. Todos estábamos enfadados por la injusticia que, a menudo, se ejerce en nuestro instituto. Un sector de nosotros nos pusimos ha hablar en la puerta de entrada de nuestro enfadado que procedía del favoritismo. Y a veces, cuando estamos en este tipo de reuniones, siempre hay quien hace la triste pregunta, ¿y para qué nos esforzamos? Y lo que resulta todavía más triste es que esta pregunta no tiene respuesta.
    En mi clase somos 30 personas que para como están las cosas es una clase grandiosa. Pues de esos 30 hemos aprobado todo o suspendido una (hecho aceptable) aproximadamente siete personas ¿y alguien nos a dicho que muy bien? No. Pero, por su puesto, a los alumnos que suspenden tres o cuatro les felicitan por haberse esforzado (Ay!!! Si ellos supiesen). Incluso, lo que es peor, los demás no es que no recibamos felicitaciones sino que aun se nos dice que podría estar mejor, ¿y no es verdad que todo siempre puede ser mejor?
    Después siempre hay la excusa de los problemas que tienen los alumnos de notas bajas. Ellos se lo cuentan al tutor (mentiras incluidas), porque en realidad son muy inteligentes. Los demás aceptamos nuestra vida y no decimos nada sobre nuestros problemas. Pero da igual, nosotros siempre seremos los que salimos perdiendo.
    Después siempre están los que tienen suerte, como parecen buenos chicos y lo intentan pues se les aprueba, porque no creáis que siempre aprueban ellos. Y tú como sacas buenas notas si tienes un 6.9 es un 6, porque sacas buenas notas.
    Y lo mejor, y por lo que estábamos enfadados, es el hecho de que más da si tú para hacer tu trabajo de investigación llevas trabajando 8 meses y desviviéndote para sacarlo adelante, si ahora a los que no han hecho nada, se les deja no venir a clase y entregarlo plagiado.
    Y es que todos tenemos un límite y al final se conseguirá que los que nos esforzamos los dejemos, yo hace mes y medio estuve a punto de dejarlo, y se les dará una “palmadita en la espalda” o mejor dicho un “gran empujo” a los que están en su casa viendo gran hermano y que no hacen nunca nada, pero tienen cara de niños buenos. Y la pregunta es la siguiente, ¿qué merece más la pena, ser un vago y tener cara de bueno o ser un buen estudiante? Al fin y al cabo a ellos les ayudan y les felicitan y a nosotros nos ponen siempre contra las cuerdas.

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  10. Me has dejado impresionado con tu comentario. No intuía que pudiera existir este tipo de queja, pero leído y reflexionado advierto que puedes tener toda la razón. Ser un buen estudiante y luchar no tiene siempre la recompensa que debería. Alumnos caraduras espabilados se llevan las felicitaciones y los parabienes. Intentaré como tutor ser muy consciente de esto y actuaré en consecuencia. Ahora soy tutor de un tercero de ESO donde hay un alumno que con sus limitaciones logra aprobar a base de esfuerzo. Es uno de los peores vistos de la clase y sufre continuamente ataques del resto. Empollón, niño mimado, etc, son los calificativos que recibe. Él calla. A veces procuras no felicitarle demasiado entusiásticamente porque sabes que le van a atacar. Es cierto: es difícil ser buen alumno en un contexto donde domina la haraganería, la picaresca y el cuento. Si unos pueden con las dificultades demuestran que los demás también pueden hacerlo. la mayor parte de las veces no es un problema de inteligencia sino de actitud. Espero haberte valorado en lo que mereces. Recibe un afectuoso saludo.

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  11. Recuerdo muy bien esa sensación de desasosiego. Yo llegaba a casa con mis notas, entre correctas y brillantes, y nunca eran objeto de mayor comentario ni parabién. Se daba por hecho que hacía lo que debía (porque además me gustaba) y punto. Y te preguntabas (ya entonces) lo que ahora plantea Maria José, por qué tanto miramiento y si apruebas te regalaremos tal cual y demás azucarillos para los vagos redomados a los que había que 'motivar', mientras los que aprobábamos no recibíamos por ello ningún plus visible de afecto. La respuesta, creo, es que no se nos trataba como eternos niños mimados a los que haya que comprar un día sí y otro también con bolsas de chuches. La suposición de fondo de nuestros padres (que ante todo nuestro esfuerzo nos beneficiaba a nosotros mismos) era correcta, aunque se manifestara con una aparente falta de calidez. (Aun así, no creo que hoy yo mismo, como padre, hiciera lo mismo: la excelencia es valor tan devaluado e infrecuente que, si se manifiesta, creo que merece la pena arriesgarse a mimarla.)

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  12. La situación que describes se da también en Estados Unidos. Aquí los estados más grandes se deshicieron ya de la promoción social y hacen que el alumno repita. Hay un enfásis en las evaluaciones a varios niveles para asegurar que la enseñanza está dando resultados, y eso lleva a que las escuelas se enfoquen bastante en pasar exámenes. A los estudiantes que repiten sucesivamente los envían a escuelas vocacionales, que de vocacionales tienen muy poco, porque son como el basurero escolar. Está difícil la situación porque dudo que haya sistema que resuelva este tipo de problemas -- y este procedimiento de enviar los estudiantes problemáticos a otros planteles afecta en gran manera a las minorías de raza y etnia y, por supuesto, a los más pobres. Entonces, si la educación llega a ser asuntos de clase, ¿no estaría fallando a su misión?

    Sin embargo, entiendo el problema que planteas y me parece que se espera demasiado de los educadores.

    Ver mi Libro abierto.

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  13. Totalmente de acuerdo con todos vosotros, podría decirlo más alto pero no más claro.
    María José, siempre he pensado en que los más perjudicados por este sistema son los alumnos como tú. Intento apoyaros siempre, ya que a la dificultad y esfuerzo que requiere el estudio,hay que añadir en muchos casos lo poco que colabora el grupo, lo que interrumpe y lo que molesta a los profesores y a los alumnos que quieren trabajar. Animo y no abandones, al final verás tu esfuerzo recompensado.

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