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viernes, 21 de noviembre de 2014

El miedo de los hombres

                                                          Fernando Botero

Entiendo que una buena clase de bachillerato es un laboratorio de ideas, de pensamiento, de audacia experimental. Hoy no lo ha sido menos. Ha sido una de las clases más prodigiosas que recuerdo por el intercambio tan intenso que se ha producido entre el profesor y los alumnos que más que alumnos eran un sujeto pensante junto con el profesor que hacía de incitador y agitador.

Hablábamos de la diferente recepción de El Quijote a comienzos del siglo XVII en España e Inglaterra. En España fue tomado por un libro extraordinariamente cómico y esas aventuras grotescas del caballero fueron divulgadas y se extendieron con rapidez, convirtiéndose en un libro muy popular. El primer Quijote se publicó en 1605 y la continuación en 1615. Hacia 1612 apareció la traducción inglesa. En Inglaterra no se percibió del mismo modo. El humor español y el humor inglés son muy diferentes. Los ingleses veían situaciones muy crueles que no les inducían a la risa tanto como a los españoles, pero vieron en El Quijote otras lecturas de índole filosófica y literaria que no fueron percibidas por los españoles que tras un gran éxito, olvidaron El Quijote durante más de ciento cincuenta años, mientras que en Inglaterra gozó de un merecido prestigio como obra maestra de la literatura. Hemos reflexionado sobre el humor español y el humor inglés y nuestros diferentes talantes. La ironía inglesa y el humor grueso español que ahora se concreta en la saga de Torrente. Nos reímos de las desgracias, sin capacidad de distancia que lo suavice. Y la envidia es uno de nuestros rasgos más acentuados. Esto nos ha llevado a analizar qué es la envidia. Yo les he propuesto que la envidia es sentir desagrado por los éxitos de los amigos y experimentar un cierto placer por sus desgracias. Por si acaso, les he dicho, cuando hablo con amigos les cuento primero una serie de motivos de desgracia para que así ya se sientan confortados y no me deseen más mal. Esto les ha hecho pensar y la clase ha comenzado a abandonar la lectura de El Quijote y se ha transformado en una reflexión colectiva.

¿Puede ser que la belleza, por ejemplo, sea motivo de serio drama en la vida? He evocado una situación que conozco bien de una exalumna de gran belleza que, al cabo de casi dos décadas, sé de la sucesión de experiencias amargas que ha vivido por malos tratos físicos y psicológicos, palizas y agresiones de todo tipo. ¿Puede ser que los hombres –ahora mi dardo va sobre la psicología masculina-, o algunos hombres no soporten una situación en que la mujer destaque sobre ellos. Por ejemplo, que sea más inteligente, más sensible, más compleja que ellos? ¿Es cierto que muchos hombres temen a las mujeres? ¿Es posible que una mujer hermosa atraiga la desdicha sobre ella por hacer sentir inseguros a los hombres que están con ella? ¿No es cierto que muchas veces las mujeres aprenden a simular que son poco listas para no asustar a los hombres que están con ellas? ¿Soportan los hombres a una mujer que esté por encima de ellos en cuanto a jerarquía, inteligencia, sensibilidad, exquisitez, belleza? Es cierto que los hombres persiguen a las mujeres guapas y las pretenden conquistar, pero luego tienen miedo a que otros hombres las consigan también. Su complejo de inferioridad masculino lo proyectan en algunos casos en odio hacia la mujer a la que pretenden devaluar, degradar, humillar, destruir, incluida su belleza. Los asesinatos de mujeres que se producen en todo el mundo y el alto nivel de malos tratos hacia ellas de tipo psicológico y físico solo puede deberse al íntimo temor que tienen muchos hombres a las mujeres, al miedo cerval que estas les producen, a la sensación de inseguridad que les produce el sentirse inferiores. Este verano hice varios días de camino de Santiago con una mujer alemana de cuarenta y tres años que deseaba un hombre para ella para tener hijos y tener una estabilidad familiar. Sus hándicaps son su alto nivel en una empresa alemana, su alta inteligencia, su altura física, algunos kilos de más. Los hombres no soportan a una mujer así. Y ella lo sabía. Le tienen miedo. Y la reacción en las culturas es laminar la situación de la mujer.

Entre los alumnos había varias alumnas marroquíes, latinas, españolas y cuatro chicos que asistían a estas reflexiones sumamente interesados. La mayoría de las chicas asentían a lo que se estaba diciendo, pero añadían que la mujer aprendía a manejar su poder desde la sombra, desde el segundo plano. Había que dejar al hombre la sensación de que dominaba la situación: que mandara más, que gritara más, que creyera que tenía la vara de mando, para así dominarlo sibilinamente. La crueldad de muchas mujeres no es menor que la de los hombres pero se ejerce de forma distinta.

Lo que se evidencia es la falta de una realidad de equilibrio entre hombres y mujeres, una relación en que no haya dominador y dominado, que no acabe de encontrarse un modelo armonizador. La cultura democrática no ha supuesto el avance en temas como la igualdad. Vemos continuamente en los centros de enseñanza la pervivencia de modelos regresivos, profundamente machistas. Los celos se consideran una prueba de amor, y estos celos llevan a querer controlar a la pareja de modos muy peligrosos e invasivos. Esto está a la orden del día. Muchos chicos se sienten inseguros en este terreno y reaccionan con agresividad, con violencia psicológica y, tal vez, física.

Ellas se decían que no aceptarían nada de eso, pero les he comentado que en una situación en que domine una dependencia emocional, se una la dependencia económica y el hecho de tener un hijo de ese hombre, cambia mucho las cosas. ¿Cuántas mujeres se ven maniatadas por ello? ¿Cuántas aceptan una situación de violencia como si fuera normal y síntoma de amor por ser producida por los celos?

Todo ha empezado con la lectura de El Quijote y la consideración del carácter español proclive a la envidia y al humor negro, y nos ha llevado a darnos cuenta de que la belleza puede ser un factor importante de infelicidad y vida dramática. ¿Se puede anhelar destruir la belleza para equilibrar la situación de inseguridad en que vive el hombre?

Varias alumnas, marroquíes y latinas, se han quedado hablando conmigo al finalizar la clase diciéndome que no habían visto la cuestión desde este punto de vista e interesándose por qué yo había llegado a esa visión de las cosas, a esa reflexión tan perturbadora de que muchos hombres temen a las mujeres y se vengan agrediéndolas por ese miedo inconsciente.


La clase ha derivado de un tema literario a uno vivencial, pero el nivel de interés ha sido muy alto. Raramente se abordan cuestiones como estas en las aulas pero son de todo punto importantísimo. Las relaciones humanas son altamente complejas y no se les da la relevancia que tienen.

8 comentarios :

  1. Um tema apasionante que comentaré
    mas adelante, así de pasada solo añadir que el rol tradicionalmente masculino s veces me inspira cierta penilla, pero bueno, solo se trata de una opinión de soslayo.

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    1. Espero con mucho interés tus pensamientos al respecto. Los espero.

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  2. El poema de García Calvo musicado por Amancio Prada: "Libre te quiero, pero no mía..." siempre me ha parecido que expresaba perfectamente una relación "sana" entre hombres y mujeres, porque el afán de propiedad, como una extensión del sistema capitalista, envenena esas relaciones y les otorga una dimensión economicista que hace imposible, a mi parecer, el verdadero amor. Respetar al otro me parece la clave, y contribuir, de corazón, al crecimiento personal de con quien hemos tenido la suerte de encontrarnos en el laberinto de la vida, el complemente indispensable para poder establecer una armonía mínima que satisfaga a ambas partes de la pareja. Vivimos en una sociedad estereotipada y muy poco natural, espontánea. Todo parece que haya de regularse mediante estrategias. Y que la lucha de sexos tópica haya de dominar las relaciones de pareja heterosexuales. Por ciertas noticias se ve que en las homosexuales pasa otro tanto de lo mismo, lo que indica que ciertos roles están por encima de los deseos y las convicciones. Huir, pues, de los roles es esencial para construir algo que valga la pena. Estoy de acuerdo con el fondo del artículo: el menoscabo de algunos hombres que se sienten casi emasculados ante las virtudes de ciertas mujeres: inteligencia, capacidad de trabajo, motivación, decisión, firmeza, etc. Lo que me resulta incomprensible es que el atractivo físico ocupe un lugar de preeminencia en el juego de la seducción; que no se sepan ver otras bellezas de muy distinta naturaleza y mayor poder seductor. Y lo que ni intento comprender, me doy por vencido, es la ceguera de la mujer ante ciertos comportamientos machistas y agresores de ciertos hombres limitados meramente a serlo, miembros del sexo masculino, sin que haya otras señales identificadoras que permitan elaborar el retrato. Sin duda que todo irá cambiando, y que no es lo mismo la sociedad española de los años 50 que la de ahora, ¡solo faltaba!, pero estamos en presencia de un fenómeno cuyas modificaciones siguen un ritmo menor que el del desplazamiento de las grandes tortugas galápagos. La ausencia de una autentica educación en la sensibilidad y en el interés por lo específicamente humano, algo que la literatura nos ofrece a muy módico precio, algo tendrán que ver con esa indigencia emocional que domina tantísimas relaciones de pareja. Aún, a pesar de todo, hombres y mujeres reproducen ciertos esquemas de grupo cerrado que imposibilitan la normalidad. Nunca me he sentido bien entre hombres solos. Y deseo que haya mujeres que hayan sentido lo mismo.

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    1. Las vidas son asaz complicadas y las circunstancias de cada cual muy diversas. En la vida, según lo veo yo, hay una gran dimensión de azar y de equilibrios misteriosos. No creo que simplemente seamos el resultado de nuestras decisiones pues estas han sido muy condicionadas por la genética, por el entorno familiar, por las virtudes o deméritos paternos, por el ambiente de época, por la voluntad como resorte de resistencia. Eso quiere decir que no me atrevo a interpretar ninguna vida ni siquiera la de mujeres que no han sabido escoger a sus compañeros. Lo cierto es que la gama de hombres no es muy variada ni interesante. Hay muy pocos espíritus libres en realidad y sí multitud que responden a estereotipos y miedos inconscientes frente a los cuales solo es efectiva la autoconciencia y el aprendizaje del dominio de sí mismo que brilla en algún momento tras, tal vez, muchos años de incertidumbre. El aprender es doloroso. Aprendemos con dolor. Creo que lo expresaba el Eclesiastés. Hay muchos varones que van a la deriva sin pretender conocer más allá de lo que les dictan sus genes o circunstancias.

      Y en cuanto a la belleza es un tema complejo. ¿Merece una mujer hermosa algún culto especial? ¿Merece ser depreciada por ser hermosa? ¿Qué lugar en el mundo ocupa? No es fácil gestionar una cualidad como la belleza. Yo nunca he sido atractivo y no me puedo imaginar una adolescencia requerido por las chicas, algo que no sucedió. Ya me hubiera gustado en aquel momento. Pero ser muy hermosa puede llevar a situaciones muy difíciles. Es como poseer un ferrari de última generación en lugar de ir en seiscientos. Cuando se ha aprendido a conducirlo pueden haberse cometido errores irreparables.

      Y los hábitos de los jóvenes de hoy, a lo que veo en mi entorno, siguen siendo profundamente estereotipados sobre el juego de sexos.

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  3. Creo que más que de sexo es cuestion de personas, hay parejas donde manda la mujer de manera dominante y absoluta y hay otras donde el que domina es el hombre. Ninguna de ellas es la mejor, ambas son malas, porque en ambos casos un lado-lada, oprime al otro lado-lada y genera desequilibrio y frustacion en el otro. Ocurre que solo se habla de un lado, porque tambien es cierto que posee la fuerza fisica y la emplea, pero es un fenomeno que ocurre en ambos sentidos. Las personas en todo el mundo son envidiosas y no creo que los españoles lo seamos más que otros, a lo mejor es que en muchas ocasiones pecamos de un exceso de pesimismo y autocritica mal entendida, inducida por el "Yo pecador" de siglos de curas, nobles y sinvergüenzas, que jamas asumieron su responsabilidad en el retraso.

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    1. Una respuesta de síntesis la tuya. Desde dentro de la complejidad del mundo de las parejas, das tu opinión. Te lo agradezco.

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  4. En primer lugar: enhorabuena por saber captar la atención de los alumnos a partir de una obra clásica, con lo que has hecho una doble tarea.
    En segundo lugar: el mal es universal, aunque en cada país adopta la forma cultural oportuna. Sí, a muchos hombres les dan miedo las mujeres así. Pero no solo pasa en la relación hombre-mujer. Es algo común en toda situación en la que una de las partes no tiene argumentos racionales para seguir teniendo un poder que se le ha otorgado sin más.
    Interesante reflexión.

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    1. Nos desvíamos de la cuestión inicial que versaba sobre la diferente recepción de El Quijote en España e Inglaterra, pero lo doy por bien empleado. Los ingleses, y no solo ellos -recuérdese a Nabokov- han encontrado en la obra un ejercicio de crueldad, lo que no le resta calidad. De esta crueldad pasamos a otros tipos de crueldad. No fue muy académico pero sí que vi que incidía en la realidad de aquellos chicos y chicas, ya hombres y mujeres de diferentes culturas, que querían oír hablar de cuestiones que les atañían profundamente. Y entre estas, la relación hombre-mujer es capital. No sé si es interesante, pero para ellos lo fue. Un cordial saludo.

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