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domingo, 8 de febrero de 2009

Febrero de 1984 (capítulo segundo)..


Para los que no leísteis el post anterior, os resumo. Esta es una experiencia que llevé a cabo en febrero de 1984 con alumnos de COU con motivo de la muerte de Julio Cortázar. El homenaje que le hicimos está basado en uno de los relatos de La vuelta al día en ochenta mundos.  Tenía que ver con las flores y la combinación de ficción y realidad. 
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Viernes, por fin, después de las clases. Nuestro proyecto era sencillo. Se trataba de cruzar el paso de peatones mientras estuviera verde con una margarita en la mano. Cuando se pusiera rojo, nos detendríamos –llegándonos hasta la acera- como buenos ciudadanos y esperaríamos de nuevo a que llegara el verde. La clave es que pasaríamos todas las veces que pudiéramos llevando airosamente la margarita a la altura de nuestros ojos y con los brazos separados del cuerpo. Pasaríamos sin excesiva prisa, pero tampoco con excesiva parsimonia. Los veinticinco alumnos y yo quedamos de acuerdo. Nadie se rajaría. No sabíamos qué iba a pasar. Aquello era un happening y todas las reacciones que se produjeran allí formarían parte de una obra teatral cuyo guión había de escribirse todavía. Nosotros sólo éramos el grupo que hacía la propuesta teatral. Faltaban actores que no sabían que iban a participar en una obra teatral: el pueblo de Berga: conductores, viandantes, vecinos, alumnos, profesores, ayuntamiento, policía.

 La idea era sencilla. Se trataba de hacer una humilde e inofensiva propuesta que alteraría mínimamente y durante unos minutos la rutina diaria ¿cómo reaccionaría la gente?

 Llegamos en pequeños grupos, casi clandestinamente, y nadie se fijó en nosotros, pequeños conspiradores. Parecía que íbamos a hacer una manifestación como en tiempos del todavía reciente franquismo. Teníamos una cita con la poesía. Lo nuestro era un pequeño poema para añadir a alguna imaginaria obra no acabada del escritor. Eran las cinco cuarenta y tres. Nos mirábamos y nos sonreíamos. Cuando la aguja señaló el exacto minuto cuarenta y cinco, alcé la margarita y la moví tres veces como habíamos convenido. Arriba y abajo, arriba y abajo. El semáforo estaba rojo. Esperaríamos agazapados esperando la ocasión. Verde para los peatones. ¡Esta es la nuestra! ¡Verde para los peatones y ámbar intermitente para los coches! Nos agrupamos y empezamos a actuar. Las margaritas se cimbreaban gustosas. Pasamos a la otra acera y como seguía verde volvimos a cruzar en dirección contraria. Algunos peatones se fijaron en nosotros. Éramos un grupo compacto y llamativo. Nos entrecruzábamos de un lado a otro. Los conductores, que esperaban poder pasar, nos miraron primero con sorpresa porque veían cortado el paso. Cuando se puso rojo, alcanzamos la acera contraria más cercana y nos quedamos quietos con nuestra flor en vilo y como paralizados, auténticas estatuas humanas. El semáforo rojo para nosotros abría el paso para otros conductores, pero los que habíamos detenido, se quedaron sin pasar esperando que se pusiera otra vez verde para los peatones. Entonces recuperamos el movimiento y volvimos a cruzar, interrumpiendo el tráfico de nuevo. ¡El pandemónium que se organizó! Repetimos la operación dos o tres veces más. Los conductores, irritadísimos, arremetieron contra el claxon y empezaron a desgranar insultos contra los manifestantes. Los peatones vieron que por allí se estaba cociendo algo gordo y se arremolinaron en torno al paso de peatones. Pronto estuvimos rodeados de espectadores, que es al súmmum que puede aspirar un actor. Alumnos del instituto vieron a sus compañeros con las margaritas en la mano y les preguntaron a grandes voces que qué hacían. Nosotros ni nos inmutamos. La sonrisa no podía aflorar en aquel crítico momento que el mundo parecía gravitar sobre nosotros. Mujeres cargadas de compras, abueletes que pasaban por allí, niños que iban con sus padres, estudiantes de todos los colegios, clientes de la ferretería y de los numerosos bares cercanos, todos se acercaron a ver qué pasaba. Se oyeron, entonces, todo tipo de insultos. Desde el clásico “gamberros” hasta los calificativos más despiadados sobre todo por parte de los conductores. Un grupo de jóvenes nos aplaudía mientras otros destacaban nuestra faceta de sinvergüenzas y terroristas. Una larga fila de coches estaba detenida mientras nosotros cruzábamos con nuestras enhiestas margaritas. ¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! La algarabía era absoluta. Cuando se puso rojo, nos volvimos a paralizar y ahí fue donde arreciaron los improperios. Que si estábamos locos, que si iba a venir la policía, que si eso era lo que nos enseñaban en la escuela, que si éramos unos hijos de tal, que si Franco viviera... Algunas chicos empezaron asustarse y se apartaron de la comitiva. De los veinticinco iniciales, quedábamos diez o doce. Una sirena de la policía (el Ayuntamiento estaba cercano) rasgó el ambiente frío de la tarde. Eran las cinco y cincuenta y cuatro minutos. Había tardado nueve minutos en aparecer un coche patrulla. Nos quedamos sólo cinco. Algunos profesores del Instituto me miraban moviendo la cabeza. Ya se sabe. Éste nos va a hundir el Centro. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Insultos por doquier. Un policía con gafas oscuras y de paisano escoltado por tres municipales se nos acercaron. Miraron la escena atónitos y luego se dirigieron al que parecía organizar el cotarro. ¿Qué pasa aquí? –me gritó más que preguntarme el de las gafas de sol-. No estamos haciendo nada ilegal. Sólo pasamos cuando está verde –le respondí moviendo la margarita con convicción-. ¿Ah, no? ¿Es usted el organizador de esto? Queda usted detenido.Hablaba con el tono de los policías de las películas americanas. Me había quedado solo con dos alumnos que se negaban a retirarse. Cuando me iban a poner las esposas, pensé que ya habíamos llevado la experiencia demasiado lejos y le confesé al hombre de Harrelson, que estaba a punto de llevárseme al calabozo, que lo que habíamos hecho era un homenaje literario a Julio Cortázar que había muerto hacía una semana. El policía se rascó la cabeza porque maldita la idea que tenía de quién era el autor de Los premios y Alguien anda por ahí. Le vi dudar tras el tono holivudiense de la detención. Entonces ¿esto es algo cultural? Pues  sí, y no queríamos causar problemas. 

No me detuvo, pero me exigió que acabara la alteración del orden. 

(Continuará)

32 comentarios :

  1. ¡Qué buena experiencia! ¡Qué envidia me das, Joselu! Me dan ganas de montar algo así en cuanto tenga una excusa. Os imagino con vuestras margaritas parando el tráfico y poniendo cara de circunstancias, qué divertido... Me recuerda, salvando las distancias, a un trabajo que realizamos en mi colegio hace años. Se trataba de presentar una actividad de Matemáticas y entre proyectos sesudos y "serios" mis colegas propusieron "La matanza del cerdo y elaboración de sus productos". El asunto culminó con la degustación del chorizo y todo, menuda juerga nos corrimos... Es lo que te decía el otro día: este trabajo a veces nos permite estas salidas (no de tono, sí de la norma)que dan vidilla a la rutina. ¿Habrá tercera parte? ¿Cómo valorasteis luego la experiencia?
    Un abrazo, colega, y gracias por los buenos ratos que nos proporcionas.

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  2. ¡Qué bueno!: "¿ah, pero es algo cultural?". ¿Margaritas, Cortázar? Tú lo que eres es un provocador judeo-masónico..., pensaría -seguro- aquel policía.
    ¡Ay la inteligencia militar...!

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  3. Qué cosa más divertida, de verdad. Y muestra que la cultura puede ser subversiva incluso con las cosas más simples. Si llegáis a tomar de modelo "El libro de Manuel"... Termináis todos en el cuartelillo. Espero la continuación, amigo.

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  4. ... alteración del "des-orden" público. Qué bueno! :D

    Esperando quedo a que termine ud. de deshacer el lazo.

    Saludos.

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  5. Te admiro, Joselu, yo sería incapaz de organizar algo así. Tengo demasiado sentido del ridículo. Me parece una idea preciosa y muy original. Esperamos saber la continuación de la historia pronto.

    Saludos

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  6. Joselu, ten comprensión de una pobre mosca. No acierto a comprender porqué se interrumpía el tráfico y se hacía un tapón si sólo cruzabais cuando estaba verde. Se supone que cuando estaba rojo los coches podían pasar.

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  7. ID, era una hora de máximo tránsito en el centro de Berga, ya de por sí muy congestionado. Estaba verde para nosotros los peatones, pero para los vehículos que giraban estaba ámbar. Al pasar sin cesar nosotros durante toda la duración del verde, los bloqueábamos y se produjo un embudo tremendo. Lo cierto es que no habíamos previsto este resultado. Nuestro diseño de la acción teatral había sido en teoría y no previmos esta situación que terminó por ser delirante. Lo que nos tuvimos que oír fue de lo más fuerte. Y nosotros pensábamos que estábamos haciendo algo inocente. Fue muy surreal aunque rozamos la detención policial.

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  8. Ya me imaginaba que, seguramente, tú donde ibas la liabas, jaja. Te felicito porque yo sería incapaz de montar una performance así. Oye, ¿te llegaron a esposar de verdad?

    Saludos

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  9. Antonio, no, no me llegaron a esposar pero la situación fue intensamente dramática. La que se llegó a montar en nueve o diez minutos fue mayúscula. Cuando la imaginación irrumpe en la vida cotidiana es como una pequeña bomba que hace saltar todo por los aires. Así pensaba yo hace veinticinco años. Hoy miraría con mayor prudencia mis acciones, aunque estoy seguro de que los adolescentes que participaron en ella no la olvidarán nunca, ni ignorarán quién era Cortázar.

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  10. No sé yo si hoy podrías hacer algo así.

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  11. Al contrario Antonio, yo creo que hoy le resultaría más fácil (o puede que difícil a causa de los alumnos que hay hoy en día en el instituto)

    La reacción de la policía me recuerda un poco a una acción en la que participe hace justo un año en Grenoble. Era un mercado donde todo era gratuito. Nos pusimos en medio de una zona peatonal donde hay una gran actividad comercial. Era sábado y en rebajas, así que ya os podéis imaginar la cantidad de gente.

    Llegó un coche de municipales con 3 policías, ni siquiera se bajaron del coche y nos dijeron con tono chulesco que era ilegal vender en medio de la calle. Les contestamos que no vendíamos que todo era gratuito. Creo que la cara que puso sería más o menos la misma que la del poli con él cual tu conversastes Joselu. Entonces bajaron del coche, se informaron por radio de como debían actuar ante tal caso... se fueron a los tres minutos.

    saludos

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  12. Antonio, la respuesta a tu interrogante es que definitivamente no. No se podría hacer. En muchos sentidos nuestra sociedad se ha hecho muy conservadora y políticamente correcta, y a ello no han sido ajenos la moral de los partidos de la izquierda. Sin embargo, hubo en los años de transición política, espacios de libertad que hoy son impensables. La película de Almodóvar Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón es de esta época, y es un derroche de libertad imaginativa. Cortázar responde a un mundo mucho más libre imaginativamente hablando. Nosotros sólo aplicamos su cosmovisión poética y creo que no le hubiera desagradado nuestro homenaje.

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  13. Eloi, hoy día vivimos una mezcla de acoso a la autoridad a la vez que mezclado con pensamiento conservador. No veo hoy día la posibilidad de proponer a mis alumnos nada parecido. Hay un desafío a la autoridad que representa el profesor, pero no hay un sistema de pensamiento que subvierta el orden en el sentido de la imaginación. Hoy día la imaginación no se estimula. Hay rebeldía, no cabe duda, pero no hay un sentimiento de libertad excepto la de tumbarse a la bartola y quedarse durmiendo en casa. Cortázar representa el otro lado de mirar las cosas, el que nos impulsó a salir a la calle.

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  14. El desafío a la autoridad del profesor del que hablas no proviene de la subversión -tampoco del conservadurismo- sino de una concepción clientelista de la sociedad, el ciudadano ha sido sustituido por el cliente -que ya sabemos que tiene siempre la razón-. La teorías seudopedagógicas, del tipo "No es verdad", están más enraizados con ese "clientelismo" que con el ciudadano que tanto pregonan.

    Me permito sugerir un post que creo que tiene mucho que ver con el post, con la provocación, y con lo que aquí se comenta
    -el post no lo he escrito yo, aviso, pero firmo su contenido letra a letra-

    http://antesdelascenizas.blogspot.com/2009/01/zygmunt-bauman-libertad-tontera-y.html

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  15. ¡Como estan los humos! La gente se altera con nada, en vez de disfrutar :)


    Me encanta la idea, me parece muy original :)

    Seguro que tus alumnos, a pesar de asustarse un poco después, se sintieron tan orgullosos como tú de haberlo realizado.

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  16. Bueno, la experiencia seguro que llevó a que los alumnos no olvidaran jamás a Cortázar. Tuviste valor de hacer lo que hiciste, y yo, desde la distancia te aplaudo. Muy bien, estuvo magnífico.
    Un saludo.

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  17. En Sevilla, en un entorno privilegiado, una casa antigua con piano y habitual escenario flamenco, se hará un homenaje este jueves a Cortázar. No sé cómo pero estaré allí. Ya te contaré. Tiene que ser memorable.

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  18. Serenus, creo que tienes razón en tu consideración de la conversión del alumno en cliente, al que hay que adaptarse en relación a sus cambiantes estados de ánimo, darle satisfacción y en definitiva entretenerle para que no se aburra. Totalmente de acuerdo, pero quiero hacer hincapié asimismo en el predominio del pensamiento conservador que implica toda esta tendencia a lo acomodaticio, a la falta de ganas de pensar, de crear, de crecer. A veces parece que lo único que querrían muchos de estos adolescentes es pasarse la vida tumbados durmiendo o viendo la tele. El resultado de esa falta de tensión, de basarse únicamente en sus propios estado anímicos o impulsos a la inacción, es el aburrimiento. Sin tensión no hay aprendizaje, sin tensión no hay auténtico placer. He leído el post a que hacías referencia. Es muy lúcido y las implicaciones pedagógicas son claras. Un cordial saludo.

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  19. Un aplauso, Joselu, me encanta leer lo que cuentas. En ese papel del maestro es en el que encuentro más sugerente y poderosa nuestra profesión.

    Apunto a Cortázar, pero no nombres a tantos imprescindibles, que tengo a Rosalía, Pessoa, Pennac, ...y muchos otros esperando momentos de mayor calma.

    Imagino a tus alumnos cuando te leo. Imagino sus miradas, sus pensamientos, sus rebeldías, sus anhelos e ilusiones. Quizá debieras saludarles de mi parte.

    Salud.

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  20. Yolanda, la tercera parte precisamente sucede en la clase y tiene como eje la valoración de la experiencia vivida. Te me has adelantado.

    Marcos, el happening de Cortázar hablaba de rosas, que son más literarias, pero nosotros nos quedamos en las margaritas. Algo de provocador tenía el acto, pero sin intentar causar el caos que provocamos.

    Clares, Cortázar consideraba El libro de Manuel como el menos conseguido literariamente, por basarse en noticias reales que iba integrando en su relago. Eso le obligaba a subordinarse a lo periodístico. Sin embargo, recuerdo cuando lo leí la conmoción que me produjo. No tanta como Rayuela, pero también fue intensa. Es su libro más comprometido.

    Vero, gracias por tu presencia. El poli con gafas negras actuó como una auténtica caricatura, pero se quedó totalmente desorientado cuando le dijimos que era un acto cultural. No se portó mal en el fondo, aunque ahora sería mucho más literario haber acabado en el trullo por esta acción poética.

    Elena, este era el Joselu de hace veinticinco años, un ácrata peligroso con título paradójicamente de funcionario. Ahora no lo haría, ni creo que mis alumnos actuales se prestaran a ello.

    Meike, sin duda los que participaron en aquello lo recordarán. Me hubiera gustado que hubiera aparecido por aquí alguno de ellos. A veces hay encuentros sorprendentes en la blogosfera. Me gustaba unir vida y literatura en mis clases. Pensaba que la literatura podía transformar nuestras vidas, y que todos tenemos un artista dentro, sólo hay que darle ocasión de salir. Hoy no sé si pensaría lo mismo. Mis alumnos actuales son muy diferentes y el tiempo en que vivimos profundamente conservador.

    Miguel, no se merece el aplauso. Mi sentido del la profesión de profesor de literatura me llevaba a experimentos que hoy día son impensables. La literatura era una materia muy peligrosa según en qué manos. Quizás por ello ha sido pulverizada en los nuevos planes de estudios.

    Simalme, me encantaría asistir a ese acto de recuerdo de Julio. Estos días he vuelto a ver la entrevista que le hizo Joaquín Soler Serrano en 1977. Es una auténtica gozada volverlo a ver y oír en directo. ¡Ojalá que los jóvenes lo descubran de nuevo! Que lean El perseguidor que está en el libro Las armas secretas. Es uno de los mejores relatos que he leído.

    José Luis Capilla, mis alumnos actuales no creo que me miren del mismo modo. Yo ya no soy el mismo que era en aquel entonces, y ellos también son diferentes. El tiempo ha pasado y ha convertido a este profesor en otra persona. Miro con nostalgia el sentido del humor absurdo que tenía en aquel entonces. ¡Qué hermosa es la risa, qué subversiva que es! Como dijo Cortázar, ella ha abierto más túneles de comunicación que todas las tragedias de la historia.

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  21. La etiqueta "cultura" todas las puertas abre, jajaja
    Un saludo.

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  22. ¡Qué divertido!

    La verdad es que mientras te leía estaba con una gran sonrisa imaginándome la escena, a la gente gritando, los conductores... jajajjajajajaj

    Menudo espectáculo armaron ustedes.

    Qué valiente los dos alumnos que se quedaron hasta el final.

    Ya estoy deseosa de leer la tercera parte, en especial para saber lo que hablaron luego ustedes en clases, cómo valoraron este experimento, qué les quedó de todo.

    Un abrazo, Joselu.

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  23. Leo tus últimos post con avidez; me ubico en la época, recién comenzaba letras. Leía apasionadamente a Cortázar; yo estoy segura que hice ese vuelo de "Isla al mediodía", casi me devoran las llamas de "Todos los fuegos el fuego", o me imaginé La Maga. Lo cierto es que me hubiera encantado ser tu alumna, me hubiera gustado participar en tu homenaje.
    La última vez que vi a Cortázar en "vivo y en directo" en la TV argentina, fue cuando de vuelta del exilio entrevistaron a un nefasto sindicalista, y allí nomás, cerquita de las cámaras bajaba del avión Cortázar, al que los medios ignoraron.Había llegado a Argentina a ver a su madre, ya que hacía muchos años que no le permitían entrar al país. La indignación me ganó por esos días.
    Soñaba con asistir a sus charlas y no pudo ser.
    Gracias, Joselu, por el homenaje de aquellos días y gracias por el recuerdo.
    Sonia

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  24. Me ha encantado, una interesante acción que desde luego yo no sería capaz de realizar. Saludos

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  25. Un profe cualquiera, no sé qué le debió parecer a aquel policía, pero cuando oyó lo de acto cultural, le cambió el rostro y se quedó desconcertado. La cultura nos salvó -o me salvó-.

    Jueves, me alegro de haberte hecho reír, je, je, je...

    Rosa Silverio, sí hubo dos alumnos que se quedaron hasta el final, y no huyeron, lo que hubiera sido comprensible. Se quedaron un chico y una chica y vieron lo cerca que estuve de que me llevaran a la policía. Me gustaría mandarles un abrazo, si es que alguna vez entran a este blog (lo que es difícil, pero no imposible).

    Sonia-botella al mar, me han emocionado tus palabras que llegan desde Argentina, y compartes conmigo aquel tiempo en que Cortázar todavía vivía y fue ignorado por la televisión a su llegada a B.A. Gracias, si el post tenía algún sentido era también para encontrarme con algún entusiasta de Cortázar como es tu caso.

    Igualemente, yo ahora también sería incapaz de realizarla. Todo ha cambiado, pero creo que somos más planos, más grises ahora que lo que fueron aquellos años de la todavía reciente transición política. Todo era posible. Un abrazo.

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  26. Yo soy un poco extraña y rebelde, con lo que seguramente no hubiera participado nunca en una cosa como la que organizaste. Pero, a lo mejor al organizarla tú sí. Es otra cosa más que no sabré, pero que levanta acta del crédito que te doy, aunque no sea moneda corriente.
    UN saludo desde aquí al lado.

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  27. Me ha encantado el homenaje, sencillo, ético y "legal".
    Lo que más temo es convertirme en una profesora gris y dar una educación gris.
    Supongo que a los alumnos hay que moverlos y dirigirlos ¡Qué suerte tener un profesor activo, alegre, dinámico, emprendedor!

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  28. Llegar tarde a leer el post tiene la ventaja de las apostillas.

    No me quedan más preguntas, no me atrevo a decir nada nuevo.

    Yo viví una experiencia menor, pero del mismo estilo siendo alumna, en los mismos años en que tú organizaste este hapenning. Y sí, sí siento añoranza.

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  29. Siento envidia sana de tus alumnos, si yo hubiese tenido profesores así...

    Un saludo y enhorabuena por el blog, lo acabo de descubrir!

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