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lunes, 26 de febrero de 2007

El error


No hay nada que enseñe más a un profesor acerca de sus alumnos que enfrentarse a sus errores. Cuando el error es fruto de un determinado razonamiento no necesariamente es negativo; es más, puede demostrarse como altamente constructivo porque no hay nada más que seguir el proceso de deducción o inducción para reconocer sus bases teóricas, que pueden ser revisadas.

Tenemos que transmitir a nuestros alumnos que equivocarse no es malo. Es más, es posible que haya problemas que necesiten de la libertad de poder formulas hipótesis con la necesaria tranquilidad de poderse equivocar. De ellas aprenderemos igualmente que si fueran aciertos. Del ensayo-error surge la luz. Avanzamos a tientas y a veces es necesario equivocarse para aprender.

Lo malo de una clase es cuando su dinámica penaliza los errores, más que por la actitud del profesor, por la de los compañeros. Los alumnos temen las reacciones de sus condiscípulos más que la del profesor. Por la presión de grupo no se atreven a hacer preguntas -una pregunta bien formulada es un alto ejercicio de pensamiento- o a formular hipótesis. Hacer esto último significa haberse puesto a pensar en el problema, y éste puede ofrecer varios enfoques probablemente creativos.

El problema del respeto es esencial. Los alumnos más discapacitados intelectualmente tienden a hacer valer sus poderes corrosivos respecto a la autoridad del que más sabe o más estudia. Se saben incapaces para el razonamiento y la tarea del pensamiento y procuran hundir o torpedear, al menos a aquellos alumnos que pueden sobresalir intelectualmente.

Luego están los graciosos, los que convierten cada cuestión que se debata en un objeto de burla o de chacota. Son los comentarios que se oyen a lo largo de una clase y que inhiben a los alumnos que podrían equivocarse y alumbrarnos el camino con su error.

Una clase necesita de un clima de libertad emocional. Es necesario sentirse libre para poder pensar. Un clima de ligereza, de insensibilidad hacia el conocimiento pulveriza las bases de un pensamiento abierto. No es la dinámica del más bruto o el más gracioso la que debe predominar, aunque muchas veces sabemos que esto es lo que sucede. La ignorancia es sumamente atrevida y se atreve incluso a alardear de sí misma. ¿Cuántas veces vemos a alumnos dotados teniéndose que esconder para no excitar a otros que no lo son?

Este es el problema de la diversidad en la escuela. Nuestros alumnos son los que son y no los podemos elegir. Podemos ir reconduciendo grupos, hacer grupos de niveles o aptitudes diferentes; podemos adaptarles los programas; podemos ayudar a los más necesitados con una atención especial… pero siempre es necesaria su colaboración activa para poder promocionar en los estudios. Sería un buen programa enseñarles que el error es creativo, que no teman equivocarse, porque equivocarse es pensar igualmente. Todo aprendizaje necesita de una buena base de errores para poderse reafirmar.

4 comentarios :

  1. Felicitaciones por la reflexión, Joselu. Supongo que el que exista un buen clima en el aula y el que los alumnos no asocien error a calificación negativa, tienen mucho que ver tanto con el cambio de concepción sobre el error como con la participación de los alumnos en el aula.

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  2. Lo que señalas es parte del aprendizaje de la vida, no sólo del académico y por tanto es necesario reivindicar el error como camino de exploración y de conocimiento. Supongo que ahí la actitud del profesor tendrá su peso.

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  3. Exacto, "ensayo y error", es una base de crecimiento .
    Los alumnos deben creer para crecer, sobre todo creer en ellos mismos.
    Un abrazo amigo

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  4. Ya lo decía Novalis: Toda verdad es un error abandonado. Ahora bien, a esa reflexión obvia, cabe añadirle el mínimo aforismo kantiano del "sapere aude" (atrévete a saber, es decir, a razonar), lo cual signigfica que, si se trata de un atrevimiento, hay que tener cierta audacia, cierto valor. Y éste no es un valor común hoy en día en nuestros adolescentes. Antes bien, tienden a tirar la piedra y esconder la mano, a rehuir su responsabilidad. Pero no sigo, que me pierdo...

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