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sábado, 2 de junio de 2012

Una anciana extasiada o el sentido último del viaje.



Me gusta viajar solo. Puede resultar sorprendente a quien lea esto, pero un viaje en solitario ofrece unas posibilidades totalmente ajenas a un viaje con acompañantes. No digo que sea mejor, pero ciertamente ofrece un índice de expectativas diferentes a un viaje en compañía en el que lo principal es la relación con la otra u otras personas. En un viaje en solitario uno es más libre para sentir y pensar en el mundo interior y exterior. También está más expuesto a la desolación y a los malos momentos que forman parte, a mi juicio, de cualquier viaje que se precie de serlo en el sentido profundo.

Según entiendo un viaje, tiene algo de ceremonia iniciática en que el viajero ha de nacer, vivir y morir para volver luego a renacer. He viajado algo, no todo lo que hubiera querido, y me he encontrado a veces en la otra punta del mundo con tres meses por delante en solitario, sin ningún apoyo personal excepto los que provinieran de mis propios recursos y mi imaginación. Recuerdo un inicio de viaje en Malasia en que  me hice alguna foto de modo automático con mi cámara Canon y aparezco perplejo ante la perspectiva de tres meses en soledad y mi sensación era en aquel momento que nada merecía la pena si no se podía compartir. Esto es importante. Un viaje en solitario se emprende a pesar de uno mismo. Uno parte a un destino más o menos lejano y siente un montón de sensaciones que se pueden expresar como miedo, incertidumbre, aprensión... No sabe qué se va a encontrar. No sabe con quién se va a encontrar. No sabe qué va a pasar. No hay nada organizado y hay tres meses por delante. Tres meses es la duración canónica de un viaje. Digo duración canónica porque es la única que he podido experimentar yo y en la que se permite una ruptura profunda con el universo con el que estás conectado en tu vida convencional. Un viaje ha de suponer una ruptura. Si no hay ruptura difícilmente se podrá apreciar el sentido del viaje. Ruptura y duración suficientes para que exista un proceso interior en que surja el nacimiento, la muerte y el renacimiento. Pero nada de esto está garantizado. No es que el que parta en viaje tenga asegurado nada. No hay nada asegurado. Uno parte a la aventura, se enfrenta a la incertidumbre, al miedo... Nadie garantiza nada. Pero mi experiencia como viajero me lleva a saber que cuando en el viaje se pierde toda esperanza, (esto es fundamental: perder toda esperanza) suceden cosas que no estaban en el guion. Y la esperanza se pierde no porque uno decida perder toda esperanza, no. La pierde sin más, porque se queda solo y sin fuerzas y ha de sobrevivir cada día enfrentándose a la desolación de estar radicalmente solo en la otra punta del mundo. Es entonces donde puede empezar a sentir de modo diferente. Y viva en tal caso la ligereza del viaje, el vacío del viaje, la autodestrucción y reconstrucción que supone el viaje. Que es un viaje al interior de uno mismo. Un viaje al interior sin posibilidades de retorno.

A veces he optado por llevar cámara fotográfica y otras veces he decidido no llevarla porque sin duda los recuerdos de un viaje son profundamente íntimos y los guarda uno siempre en su memoria sin poderlos compartir con nadie.

Pero ¡qué felicidad suponen los encuentros en ese viaje cuando se ha perdido toda esperanza! Son regalos maravillosos en que se encuentran seres a la deriva en la otra punta del mundo, a la deriva y extraordinariamente abiertos a los encuentros inesperados. Un viaje en solitario de una duración canónica te hace más fuerte. Te hace sumergirte en el nadir para llegar al cenit, tal vez. O no.

Tengo muchas imágenes guardadas de mis viajes de juventud. Todas son poderosas. Anhelo algún día volver a viajar en solitario. Tal vez cuando mis hijas sean independientes. Volveré a coger mi mochila azul, me calzaré mis bambas y saldré al universo infinito durante varios meses a exponerme a la soledad y la lejanía. Entonces todos los caminos están abiertos.

Hace muchos años vi a una anciana extasiada en una playa de Thailandia que miraba maravillada aquella arena blanca, aquel sol radiante y el agua clara con tonalidades verdes. En aquella imagen fugaz se cifra toda la maravilla de un viaje. Siempre he pensado que cuando sea tan mayor como ella me gustaría sentir de un modo semejante un día en una playa de Thailandia o Indonesia.

Un viajero no necesita viajar. Puede estar sin moverse de su lugar habitual y seguir siendo viajero. Es algo que se tiene o no. Por contra, se pueden visitar multitud de sitios y no experimentar nada relevante. Es el mismo horror que ver un importante museo y verlo en unas horas. Recuerdo con horror mi visita turística al museo Vaticano  para llegar a ver la capilla Sixtina antes de la restauración. Me pasé varias horas pasando descuidadamente por delante de auténticas maravillas renacentistas sin  prestarles atención porque yo solo ansiaba ver la capilla Sixtina a la que accedí entre una muchedumbre de turistas que la fotografiaban y no veían nada. Como yo.

Prefiero no viajar, no ver museos, no llevar a mis hijas a nuevos países. Pienso que el que es viajero lo descubre por uno mismo y no depende de lo que le hayan hecho viajar en su niñez. Y el que no es viajero no lo será nunca.

Me gustaría que mis hijas fueran viajeras, pero no puedo hacer nada al respecto. Ese hambre se despierta en el interior de uno mismo, sin programación. Surge, sin más. Uno simplemente, un día decide partir sin rumbo demasiado fijo y sin preparación, lamentando incluso la partida.

El viaje es esencialmente incertidumbre. Esa es la dimensión auténtica del viaje. 

47 comentarios :

  1. Si una persona no es de natural curiosa y aplicada no se mueve ni descubre nada.Aplicada: lo digo porque hacer un viaje de cierto tiempo con un cargamento relativo con una situación económica X.Se tiene que aprender por los menos lo mas básico de una supervivencia("").Lo de curioso otro tanto de los mísmo: cuantas personas viven en una gran ciudad y no conocen nada si no los tres puntos relevantes y todo por pereza o indeferencia.-Para conocer bien la idiosincrasia del lugar que se visita.Lo bueno es pateárselo tantas veces como se pueda repetir.Porque este turismo de lujo que va del hotel al cafetín o restaurante de moda y, como eso los espectáculos...-Con razón se dice que fulanito tiene espíritu viajero...!

    Saludos Joselu.

    PS: El cromatísmo de estas casas me recuerda un barrio típico de Chile.

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    1. Es una isla próxima a Venecia, Burano. También las casas son de colores. Me encantan los viajeros. Hay una librería en Barcelona que se llama Altaïr en la que se dan cita viajeros de todo tipo. Hay un tablón donde los viajeros dicen "Me voy a Nepal" o "Me voy la Australia" o "Me voy a Benin" o "Me voy a Indonesia"… Es una estirpe que vive de otra manera. Yo ya no pertenezco a ellos pero un tiempo lo practiqué. Sí que existe el espíritu viajero. En España estalló el turismo en los años noventa del siglo pasado y se ha extendido. Solo hay que ver la serie que me encanta de Españoles en el mundo. Yo hubiera soñado viviendo en otro país, lo intenté pero no me salieron oportunidades.

      Saludos y disculpa por la tardanza en contestar.

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    2. SOY PROFESOR DE SECUNDARIA EN LATINOAMERICA,ME GUSTA VIAJAR SOLO, NO ME GUSTA QUE ME MOLESTEN,ME GUSTA VER LO QUE YO QUIERA,UNA IGLESIA, UN PARQUE, UN EDIFICIO, UNA PERSONA, ETC.
      SIN QUE ME TENGAN QUE DECIR QUE ESO NO TIENE NADA DE EXTRAORDINARIO, VER LO QUE A MI ME GUSTA, ESTOY DE ACUERDO EN LO QUE ESCRIBES SE SIENTE ESE MIEDO,A LO NUEVO A LO NUNCA VISTO.
      HE VIAJADO PRINCIPALMENTE TODO CANADA, EEUU Y MEXICO.
      LES RECOMIENDO DE AMERICA, LAS VEGAS NEVADA, Y PLAYAS DE CALIFORNIA.

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  2. Preciosa entrada. Leyéndote dan ganas de dejarlo todo y viajar. Lo peor de viajar acompañado es que el otro no siempre entiende tu ritmo, tu caminar lento por callejuelas, o que te puedas pasar horas recorriendo una iglesia, observando cada detalle. Es mejor viajar solo también porque es difícil encontrar un buen compañero de viaje. Y la experiencia es más intensa.
    Un beso, viajero.

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    1. Lo bueno de ir acompañado es que has de hacerte a los ritmos de la otra persona, ver lo que ella quiere ver, hacer lo que ella quiere hacer, o llegar a un acuerdo. Uno pierde buena parte de su individualidad pero aprende tolerancia. Supongo que ambos tipos de viajes son necesarios. No es fácil encontrar un buen compañero de viaje, cuando el viaje es comprometido. En un viaje convencional se ven las mismas cosas, se va a los sitios estereotipados… Recuerdo unos días que pasé en Toledo cuando padecía fuertemente del estómago y que me pasé en una pensión junto a la catedral leyendo Guerra y paz de Tolstoi y aguantando los dolores.

      Uno ha de aprender a estar consigo mismo cuando viaja solo. Y no siempre es fácil. Cuando viajas acompañado has de hacer un ejercicio de convivencia con el otro, pero cuando viajas solo has de hacerlo contigo mismo. En todo caso entiendo que en este caso las vivencias son profundamente diferentes.

      Un beso, y sí, viajero aunque no viaje.

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  3. ¡Como te gusta, Joselu, retarte a ti mismo! Lo mismo en tus caminatas que en tus viajes y es posible que en tu vida cotidiana.
    No he viajado nunca sola. Bueno, si que lo he hecho pero sabiendo que alguien me esperaba al llegar a mi destino. Creo que me sentiria muy triste en esas circunstancias.
    Me gusta conocer ciudades nuevas y parajes nuevos y me encanta volver a lo ya conocido. La segunda vez lo disfruto más.
    Volvería a Florencia mil veces, a sentarme en el Museo de la Academia en un banquito que hay delante del David de Miguel Angel para poderlo admirar de nuevo: sus músculos tensos, su postura, sus atributos de hombre...... a punto de lanzar la piedra que destruirá a Goliat.
    Y también me gustaría viajar con alguien que me explicara cosas y con quien pudiera tener muchos momentos de silencio cómplice.
    Un gran abrazo Lola

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    1. Es que es un capitalista nato..., competitivo hasta la medula (digámoslo more quevediano)...
      Perdón por la intrusión.

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    2. Lola, te confesaré que estuve en Florencia en mi primer viaje al extranjero y no vi el museo de la Academia ni el David a que haces referencia. Era novato en esto de viajar y me hastiaba estar en una ciudad (en agosto) donde todos eran turistas. A mí me hubiera gustado ser un viajero de principios de siglo cuando el turismo todavía no era masivo, y descansar en balnearios y sanatorios. Me atraen los viajeros británicos que se afincaban en otros países como Gerald Brenan que vivió en las Alpujarras de Granada. A ellas llegué yo siguiendo su estela. La literatura ha formado parte importante de mi modo de concebir los viajes.

      Y sí, los silencios, a medida que pasa la vida se convierten en más necesarios y esenciales.

      Un abrazo.

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  4. No puedo estar más de acuerdo contigo.Y que curioso, me pasó lo mismo cuando fui al museo del Vaticano.

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    1. Casi podría decir que es una pérdida de tiempo. Es abominable pensar que uno pasa por tantas maravillas que no puede apreciar porque no las entiende y cuando llega a su destino es en medio de la muchedumbre que toma y toma fotos para decir que ha estado allí. El turismo de masas es demoledor. Y nadie entiende nada ni a nadie le interesa nada salvo tomar fotos que muestren que se ha estado allí, y lo peor será que no interesarán a nadie. Recuerdo los funerales por Juan Pablo Ii en los que los asistentes pugnaba por fotografíar su cadáver. ¿Para qué? me pregunto yo. Creo que la sociedad de masas no nos ha hecho más sabios y sí más tontorrones por decir algo. Y no volvería a ver la capilla Sixtina.

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  5. Comparto esta querencia tuya por la soledad contemplativa. También regusto hacer fotos sin compañía. Hay ciertos rituales hedonistas -onanismo después de todo- que requieren de espacio vital, de horizonte sin voces.

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    1. No sé si es onanismo. En todo caso le restaría cualquier carga negativa. La soledad es el estado natural de la vida en que en todo caso podemos elegir -si podemos- con quien estar acompañados. Y sí, es necesario, espacio vital, horizontes...

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  6. Que mas puedo decir? Tu lo has dicho todo!

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    1. Saludos, Silvia. Espero no haber desbarrado mucho.

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  7. Viajero es antes que viaje y después de vía. Según creo saber, era el que relataba lo vivido en el camino, tras la vuelta. Yo tampoco soy de fotos y aunque siempre me acerco a los museos o sitios emblemáticos, muchas veces ni entro; ¡ni yo lo entiendo!. Tengo muy mala memoria, pero esos momentos jamás los olvidaré quizás porque sé que no tengo respaldo gráfico. Eso sí, recuerdo la luz, la temperatura, la humedad, la compañía... y demás que había.
    P.D.: Parece Argentina, por lo que he visto en fotos.

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    1. La foto que encabeza el post que no es mía es de Burano, una isla próxima a Venecia..

      No me gustan los lugares emblemáticos que resumen en un par de días o tal vez en unas horas una ciudad, detesto los cruceros que te llevan a no sé cuántas ciudades con puerto y has de salir como ganado en las horas en que ellos te lo permiten, e ir en manada porque no te queda más opción, detesto los cementerios llenos de muertos. Me molestan las muchedumbres si no me puedo aislar de ellas. Las masas son previsibles, los individuos, no. No me gustan lo sentimientos nacionales ni siento los colores de ningún equipo. Me gustan las playas solitarias y detesto los museos. Soy un esnob impenitente tal vez. Carreteras secundarias, lugares marginales, viajes en solitario que suponen una experiencia…

      Y da igual hacer fotos que no. No significan nada. Nada de lo fotografiado resiste el paso del tiempo. No hay ejercicio más cruel que la fotografía. Deja constancia del cambio de las cosas y de los seres.

      Y me gusta la fotografía. Mucho. Por esa crueldad que supone.

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  8. Para mí el fundamento del viaje es la sed de conocimiento (nota: no sólo se conoce a través de la razón, que conste). Desde este punto de partida, las posibilidades de los viajes son casi inacabables, y muchas de ellas se satisfacen sin traspasar la puerta de la propia casa. Sí, es evidente que el desplazamiento espacial está íntimamente asociado al viaje y que no es lo mismo, ver la Medina de Tetuán que "oler" ese espacio concreto,oír las diferentes lenguas que allí se hablan o contemplar, inerme, las crueles relaciones humanas de poder que se escenifican ante nuestros ojos doloridos, por no hablar de los sabores que se paladean.
    Somos una especie trashumante, lo llevamos en los genes. De ahí el auge del turismo, un invento maléfico que puede arruinar el viaje a quien tiene expectativas como las tuyas, Joselu, tan puras.Hay, sin embargo, muchas clases de viajeros y nunca los relatos de unos suplen los de los otros, y muy a menudo, hay viajeros sin relato ¡y con imágenes!, que son los peores. Quien no haya tenido que tragarse un pase de diapositivas insufribles que levante la mano..., porque del mismo modo que no todos saben relatar, no todos saben fotografiar, es decir, apartarse de lo trillado, de lo postálico.
    Los asiduos de este ágora -permítaseme el plural conciliador, no susurpador- recordamos con singular deleite la narración de las aventuras alasqueñas de nuestro anfitrión, un ejemplo adecuado paara ilustrar lo que ahora sostengo.
    No tengo por costumbre leer los adocenados reportajes de viajes que aparecen en los suplemendtos dominicales, porque me parecen escuela del mal gusto, de vulgaridad; pero, ¿cómo no ver con pasion una película "antiturística" como Los dientes del diablo, basada en el excelente libro de Hans Ruesch, absolutamente recomendable? De igual manera, la lectura de la obra de Heródoto, tan noticiero él, es el complemento ideal de la mochila del viajero. Al menos eso sostenía Kapucinsky, si bien algunas sombras de legítima sospecha han venido a oscurecer algo su figura, atendiendo al exceso de ficción con que aderezó sus famosos reportajes. Literariamente no se menoscaba su figura, pero sí como viajero-testigo.
    Me parece que he comenzado ya el viaje, a juzgar por los derroteros que he romada y que me van alejando del punto de partida. Meor me detengo. Hecho.

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    1. Me parece muy ajustada tu interpretación del viaje como sed de conocimiento. Y como dices no tiene solo una interpretación racional dicha sed. Viajar activa fibras muy sensibles del ser humano, o debería ser así. Se enfrenta fundamentalmente a lo desconocido. Pero si todo se asume como el ansia de apoderarse de postales, de imágenes trilladas, de vivencias iguales a las de siempre pero en otro lugar… el viaje pierde buena parte de su aliciente. He estado en París unas cuantas veces, pero en cuatro o cinco ocasiones yo no había ido a ver la torre Eiffel. Supongo que será esnobismo pero tuve que ir acompañado para ir a visitarla. Me gusta perderme en los márgenes, comerme un cous cous en Barbes (y pillar diarrea), ver Bodas de sangre de Saura como estreno en el barrio Latino, callejear sin destino, no ver el Louvre… En Atenas me tuvieron que llevar de la oreja para ver la Acrópolis. No es que no la apreciara, pero me temía (y era cierto) que no estaba preparado para verla. Era un turista que no sabía demasiado de lo que representó. Prefiero las tabernas donde la gente común vive sus penas y sus alegrías. En ese sentido soy como Ignacio Aldecoa cuya inspiración venía mucho de las tabernas en donde confraternizaba y oía conversaciones llenas de densidad. Viajar es para mí perderme en los márgenes y a ser posible en solitario.

      En cuanto a Riszard Kapuscinski solo sé que se pasó toda su vida como corresponsal. Si aderezó su libro sobre el Sha, o sobre Angola, o sobre África o sobre la guerra del fútbol con literatura ¿qué más da? Acaso la Iliada y la Odisea pierden su base histórica al estar llenas de literatura. Tal vez por eso han sobrevivido. Las crónicas y reportajes tienen una duración concreta y limitada. Solo el arte es capaz de traspasar el tiempo. Y si Kapuscinski fabuló me parece doblemente bien. Yo lo hago constantemente.

      No entiendo la vida sin el concurso de la literatura. Me parece insignificante.

      Este año tengo idea de recorrer el Alentejo portugués. Al menos algunos viajes siguen estando a mi alcance.

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  9. Te invito a dar un paseo por los balcones de la ciudad en la que habito... con el deseo de seguir sintiendo y compartiendo aquello que sentimos al perder toda esperanza..y que, contrariamente a lo que se suele decir,ésta lleno de nuevos "tonos y melodías" como las que nos ofreces y regalas con tus palabras. Grácias!

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    1. iolanda, no sabes la alegría que me produjo ayer tu comentario. En nuestra ciudad tenemos todo lo que es necesario para conocer el mundo. Yo sigo viajando cada fin de semana adonde me llevan mis pies. Y no hay nada más profundo que perder toda esperanza. Me temo que esto es algo sobre lo que no hemos reflexionado convenientemente. En mis viajes pierdo toda esperanza, no porque desee perderla, no. Como digo, es porque los estados de ánimo de la soledad te inducen a perderla. Es entonces cuando empiezan, tal vez, a pasar cosas. Gracias a ti.

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  10. Después del signo de interrogación o exclamación, nunca se escribe el punto. ¡Lo siento!

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  11. Joselu, magnífica reflexión como antesala de las vacaciones, época viajera por excelencia. Siempre he odiado los viajes organizados en los que te llevan y te menean de acá para allá sin posibilidad de escape o iniciativa. Vea esto, vaya a tal palacio, contemple este cuadro... Puede resultar cómodo para algunos, a mí me aburre sobremanera. He viajado poco sola, es cierto, pero han sido experiencias gratificantes. Hace años fui a Almería a pasar unos días con mis tíos y mis primas (conduje sola, claro) y a la vuelta me desvié para ver la Alhambra. Hacía un calor espantoso pero me encantó. Tiempo después volví con mi marido y mi hijo y la impresión fue diferente.
    Lo importante del viaje solitario es la sensación de libertad, vayas donde vayas. Yo no soy nada aventurera, lo reconozco, aunque sí he tomado decisiones arriesgadas en ocasiones. Me gusta ir sola de compras y al cine; al teatro y a un concierto, menos. Mi cita semanal con la gran pantalla es mi gran escapada, mi trocito de libertad. Yo elijo la película, la sala y la hora. Prefiero sentarme aislada para no incordiar ni que me incordien porque no soporto a los que llegan tarde y hacen levantar a toda la fila o hablan sin parar (y no en voz baja, eso pasó a la historia) o dan patadas a los asientos. Me gusta poder dar una vuelta por el VIPS o algún centro comercial si necesito algo. No importa si me retraso o tardo mucho en decidirme, no cargo a nadie con la molestia de esperarme.
    ¿Se disfruta menos un viaje en solitario? Creo que no, es más, necesitamos pasar un tiempo a solas cada día o de vez en cuando. Ya decía Machado eso de "a distinguir me paro las voces de los ecos y escucho solamente entre las voces una", y eso sólo puede hacerse en soledad, sin distracciones. Un simple paseo puede convertirse en todo un viaje si se sabe ver con los ojos adecuados.
    Por cierto, comparto lo que te ocurrió con la Capilla Sixtina. Yo no he estado allí, pero cantidad de veces me he preguntado por qué la gente soporta horas de cola para ver una exposición y luego se la ventila en diez minutos. No se fijan en nada, no se detienen, no observan la riqueza que encierra cada cuadro, son "paletos funcionales". No saben lo que se pierden, pobrecitos... Seguro que tú has viajado mucho más sentado en tu butaca que los que vuelan hasta Cancún para pasar diez días tirados en la playa, animalitos...
    Feliz viaje, colega, vayas donde vayas. Un fuerte abrazo.

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    1. Si me ofrecieran un viaje a la India o Mexico de una semana, lo rechazaría de plano. Creo que algo necesario a viajes a otras culturas es hacerte al sentido del tiempo de ellas. No lo logras está claro aunque estés tres meses, pero tu ritmo biológico tiene opción de cambiar algo. Lo que no es posible en viajes organizados en una semana a la otra parte del mundo. En un viaje has de adaptarte a las comidas, a las bebidas, al clima, a las gentes y al sentido del tiempo, como decía, y eso no es posible en un tiempo mínimo. Deploro y no quiero viajar así. De igual manera deploro ver museos o centros artísticos consagrados si no llevo una preparación mínima para verlos, y eso no es fácil. ¿Qué puedes ver en el Louvre en una visita de tres horas o cuatro? Nada. Prefiero no verlo. Acabo de leer un relato de Thomas Bernhard en que un personaje se pasa treinta años de su vida yendo a la misma sala de un museo de Viena a ver el mismo cuadro, y teme no haberlo llegado a conocer bien. El turismo cultural es una estupidez. Prefiero irme de vinos que ir a ver el museo Egipcio, salvo que alguien muy preparado y yo mismo sea capaz de ver un par de salas con alguna solvencia. El turista es uno de los seres más patéticos que existen. Y lo he sido, todos lo somos. El salir de esa consideración es una tarea poco fácil porque todo lleva al apresuramiento y la banalidad.

      No querría ir a Cancún, de ninguna manera. Prefiero, como decía mi padre, quedarme aquí y verlo en el cine. Si fuera a Mexico tendría que ser en otras circunstancias que no son posibles. ahora. Espero que algún día cambien.

      Este verano tengo una intuición y es que quiero visitar el Alentejo portugués. Veremos a ver adónde llego.

      Un fuerte abrazo.

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  12. ... me da que es un viajar para sentir. Pero a fin de cuentas, ¿cuándo no se viaja para sentir? :) La diferencia entre lo que tú describes y lo que yo casi siempre he sentido, es probablemente la intensidad. También por la duración, y por supuesto por las circunstancias. Yo nunca he viajado sola. Todavía. Por suerte para mí, nací viajera. Que se lo pregunten si no a mi madre, que siempre me ha dicho que yo no nací con un pan, sino con una maleta debajo del brazo ¡XD! En cualquier caso, hay algo en tu reflexión que me es familiar. Y es que un día, hablando con una amiga con la que visité Oporto, me pedía disculpas por el estrés. Ella es de las que tiene prisa por vivir. Quiere verlo todo, hacerlo todo, llegar a todas partes. No comparto esta visión con ella. Me comentaba que probablemente es porque siempre ha tenido un miedo atroz a la muerte, que es algo que le ocurre desde pequeña y que por eso no quiere dejar pasar ni un solo tren. Pero en estas estaba comentándolo con otra persona, que opina justo a la inversa, y pensé si realmente era así. Me refiero a lo de que mi amiga coge todos los trenes. Y mi conclusión fue que no. Que hay uno que se está perdiendo, uno muy importante, pienso. El que se describe en tu entrada, y que me parece extensible más allá de un viaje a la otra punta del globo. Hasta el punto de llegar al viaje del que todos participamos, ya ves.

    Ojalá algún día pueda ser también yo, esa anciana sentada en la playa. Realmente me encantaría. Vaya que sí. Mientras tanto, admiro sentada en la playa de la dehesa, que tampoco está mal, oye.

    Un beso, Joselu.

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    1. Cuando he viajado a algún lugar exótico (vamos a llamarlo así) ha habido días de movimiento y de acción pero también días de recogimiento en los que se generaban unos hábitos y unas costumbres. Recuerdo que me apalanqué tres semanas en una playa de Balí (Lovina Pantai) y que viví intensamente el calor húmedo, las siestas insoportables por el calor, los atardeceres espectaculares, mis excursiones nocturnas a templos hasta la madrugada, mis inmersiones en mares de riqueza y colores inimaginables, mis visitas a cementerios, y mi lectura de Mito y realidad de Mircea Eliade que se ha quedado profundamente unido a aquel viaje, junto a las canciones de David Bowie. He viajado al Extremo Oriente en compañía pero no guardo recuerdos tan profundos (otros sí) como en aquel viaje iniciático en soledad.

      No hay que tomar todos los trenes. Cuando viajas con alguien se evidencian filosofías distintas del sentido del viaje. En cualquier sitio al que vayas o en el que estés, está contenido todo el universo. No son más sabios los que viajan que los que no, pero que les quiten lo bailao.

      Un beso, Vero.

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  13. Coincido con tu percepción del viaje como rito iniciático y como alegoría de la vida misma, tal como las caminatas o peregrinaciones. Tu escrito me ha hecho añorar una necesidad que se extraña cuando no se puede ni siquiera planificar en el corto o mediano plazo. Con todas las trabas a la compra de moneda extranjera, la creciente inflación y devaluación monetaria y el incremento en los impuestos que pagamos por trabajar los que aún quedamos en pie de la clase media argentina, viajar se ha convertido en misión imposible.

    También has logrado traer a mi memoria ese poderoso y bello poema de Kavafis, Ítaka, en el que se compara el viaje a un rito de iniciación y a la vida misma, en el que te enfrentas con monstruos que traes dentro de tí y en el que experimentas inusitados placeres sensuales y te haces sabio en experiencia y conocimientos gracias al periplo, a tal punto que al llegar a destino lo encuentras pobre porque eres tú quien se ha enriquecido y comprendes por fin el significado profundo de todas las Ítakas.

    El viaje que más me apasiona al viajar es el que recorres de afuera hacia adentro gracias a lo que el exterior te hace andar. Y tu escrito me ha movilizado en esa dirección también, por lo cual te agradezco.

    Un beso.

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    1. Lo cierto es que el viajero sabe que todo está en cualquier parte, y que para viajar no hacen falta más que tus propios pies. Y vivo mis excursiones con la misma pasión de rito iniciático como los viajes al Extremo Oriente. Kafka viajó poco (París, Italia, Weimar…) pero su no carácter de viajero exótico no hizo menor el mundo (o los mundos) que el creó porque sus relatos son viajes al corazón del misterio en los que todavía nos podemos sentir reconocidos.

      He conocido gente trivial y mínima que viaja mucho y lejos, y gente que no se mueve de su pueblo en su vida que y lleva una vida profunda y densa.

      Viajar te hace más profundo pero también más superficial.

      El verdadero viaje, como dices, es interior, y a él estamos reclamados todos.

      La vida es un viaje.

      Y es importante ser consciente de su carácter iniciático.

      Y sé que hubo años de la plata dulce (en los setenta y ochenta) en que los argentinos salían con facilidad al extranjero.

      Sin embargo, en la llegada masiva de inmigrantes que tuvo lugar en España en los años anteriores a la crisis apenas vi argentinos (que llegaron más con las dictaduras), sí, en cambio, muchos ecuatorianos, dominicanos, peruanos, bolivianos, algún colombiano, pero argentinos apenas. Me refiero a las aulas.

      Me alegro de que nos hagamos pensar.

      Un beso.

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  14. Tu texto es bello e interesante aunque participe de esa concepción romántica del viaje como ruptura con la cotidianidad y vehículo para el mejor conocimiento de uno mismo. Nada que objetar, es una posición compartida por viajeros de todas las épocas y que volvió a ponerse de moda con la generación beatnik y el hippismo.
    ¿Necesariamente todos aquellos que quieran viajar necesitan desprenderse de tantas cosas para poder conocer y conocerse?
    Yo creo que no. No todos nos podemos permitirnos el lujo de ponernos unas zapatillas y agarrar una mochila para lanzarnos en solitario a cualquier aventura. Por cierto, ahora ya hay agencias de viaje que garantizan aventuras para singles por un precio razonable.
    Sinceramente creo que no es cuestión de estar tres meses en un país exótico, viajar solo o perder la esperanza. Creo que esa es una forma de idealización de los viajes y convierte la experiencia viajera en algo que parece inalcanzable para la mayoría.
    La realidad me dice para viajar solo se requiere un cambio de actitud ante las cosas. Se puede viajar sin moverse de tu ciudad simplemente mirando lo que te rodea desde otro punto de vista.
    Ese árbol que hay plantado en tu calle, sería diferente para ti, si lo vieras en los Campos Eliseos, en Leningrado o en una isla perdida de Tailandia pero no deja de ser el mismo árbol.

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    1. Estoy de acuerdo contigo, para viajar no es necesario salir demasiado de tu entorno. Yo viajo todos los fines de semana adonde mis pies son capaces de llevarme. Ya conoces algunas de mis aventuras de ahora. Y tienes razón en que en necesario una suerte de extrañamiento contemplando las cosas cotidianas bajo otras luces.

      No obstante, no renuncio a mi experiencia viajera de juventud que me permitió (en lugares exóticos y otros que no lo eran) adquirir un modo de enfrentarme a la realidad que me lleva a reivindicar la figura del viajero, no sé si romántico. Cuando yo viajaba no consideraba que yo fuera una suerte de viajero romántico. No. Aprendía la lengua de los lugares que visitaba y asumía una larga estancia en la que -solo- había de enfrentarme a muchos estados de ánimo (especialmente que soy propenso a la melancolía). Esos viajes me han dejado marcado. No puedo hablar de otra cosa distinta a lo que he vivido. Pienso que el viajero es una condición que no todos poseen. Esa experiencia me permite seguir siendo viajero ahora que no puedo visitar otros lugares como África que ha sido mi asignatura pendiente.

      Es posible que el árbol sea el mismo en Tailandia que aquí, pero lo cierto es que en Tailandia estás a miles de kilómetros de tus lugares de seguridad, y cuando estuve allí estaba radicalmente solo. Pero hice mis amistades y vi atardeceres alucinantes inducidos además por la ganja de producción local. Al finalizar el día, tras jugar durante horas con las olas, comía una sopa picante y un plato de tiburón. Era Navidad de 1984.

      Era el mismo árbol y no lo era.

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  15. Viajamos siempre en solitario. A veces, sin saberlo, todo el ansia que tenemos por conocer otros lugares u otras personas, acaba transformándose en una deriva donde dejamos de ser los sujetos activos que pretendíamos ser para convertirnos en los sujetos pasivos del planeta, en esos momentos la necesidad de palpar al mundo se convierte en la posibilidad que le damos al mundo para que sea él el que nos palpe, el que llegue a lo más hondo. En cada viaje hay un trasfondo cuyo sabor nunca nos deja impasibles. Viajamos en una plataforma donde el tiempo pasa a otra velocidad porque todo es nuevo, porque cada hora abre las puertas de una eternidad de visiones o sensaciones impredecibles. Pero, al mismo tiempo, el viajero sabe que eso es pasajero, que todo es efímero y que los lugares y personas encontrados en la trayectoria del viaje son tan pasajeros como él. Un viaje en solitario es un viaje al interior de uno mismo, supone nuestra búsqueda, la búsqueda de encontrarnos en otras partes y en otras personas. O, quizá la búsqueda de encontrarnos donde siempre hemos estado y donde aun así todavía no habíamos sabido encontrarnos. Cuando uno vuelve, extasiado y cansado, teniendo tanto que decir y que callar, teniendo tanto que recordar y olvidar. Justo entonces, el gran viajero descubre que más allá de todos sus pasos, más allá de lo mucho que se haya movido, el mundo es el mundo en cualquier sitio. Un viajero sabe, mejor que nadie, que el cosmos puede contemplarse desde cualquier parte del universo.


    Un abrazo

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    1. Sí, sin duda, el mundo es el mundo en cualquier sitio, y el cosmos puede contemplarse desde cualquier parte del universo. En ese sentido me he convertido en un viajero que no viaja. Pienso que el turismo en buena medida es desnaturalizador. He viajado por países como Birmania (Burma) en que el turismo era mínimo cuando yo fui. No obstante, el contacto con el turismo los hacía interesados. Es difícil ser turista en algunos lugares y no funcionar como elemento corruptor de la realidad. Algunas veces he escrito sobre esto. El viajero anhela encontrar lugares que vibren con colores y músicas propios. Desafortunadamente, el mundo cada vez es más plano e idéntico. Perdemos nuestros perfiles. Supongo que esta es la deriva natural del mundo. No existen paraísos, y si los hubiera pronto estarían en las ofertas de viaje. Primero llegaron los descubridores, luego los antropólogos, luego los viajeros y, por fin, los turistas de forma masiva. En ese sentido, sé que por mi calle y por lo que puedo alcanzar con mis pies estoy recorriendo el cosmos. No necesito viajar, y, si lo hago, alguna vez (lo que espero) será recuperando la esencia de lo que entiendo que es un viaje.

      Un abrazo.

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  16. Indudablemente, viajar solo es la única manera de respirar el aire de la zona que visitas. Cuando tienes compañía, te llevas tu vida aquí a otro sitio y no eres más que el decorado de una colección de fotos.
    Viaje solo hace años a bastantes sitios, aqui en España y fuera de ella.Es un placer que ahora mismo no me puedo permitir, por dinero y porque tengo una familia, pero esa sensación de libertad que se tiene (con todas sus consecuencias) no se olvida, a mi por lo menos, no. Te comprendo perfectamente.

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    1. Temujin, me alegro de que compartamos esa sensación de indepencia y libertad que supone el viajar en solitario. Este verano tendré un aperitivo pues pienso irme al Portugal profundo a recorrerlo caminando o en autobús, mochila al hombro. Empiezo a paladear la emoción del viaje.

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  17. Ay, quería poner un comentario a la entrada principal y no que quedara como respuesta al de Tremujin. Perdón, perdón.

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    1. Lo he cambiado y lo he puesto al final. Espero que no te incomode.

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  18. ...¡Ejem! ¿Varios meses y cuando tu prole sea ya independiente? Creía que los recortes salariales y las inexpectativas de jubilación, no ya subvencionada sino a una edad en que músculos y esqueleto aún respondan mínimamente, nos afectaban a todos los docentes por igual. ;D

    Un placer, tu entrada, Joselu. Palabra de quien siempre ha querido ser viajero y rara vez lo ha conseguido.

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    1. Nadie me impide pedir un permiso por asuntos propios de tres meses. Lo hacía antes y me iba. Ahora seguro que me pondrán inconvenientes. Espero que sea posible en unos seis años cuando mis hijas vayan a la universidad. Si van… Y espero que aguante el esqueleto. Los libros de viajes de Javier Reverte por África y Alaska y el Yukón han sido con sesenta y tantos años. Espero ser como la anciana que vi en una playa en Tailandia.

      Es cierto que la estirpe de los viajeros es especial. Hay que vivir para viajar y entonces hay que posponer el emparejamiento. Yo cambié los viajes por el teatro y luego ya me comprometí sentimentalmente, pero hubo cuatro grandes viajes a Extremo Oriente y a Alaska que me siguen fulgurando en mi recuerdo. No me importa la incomodidad. Hasta puedo decir que me gusta. Espero llegar con fuerzas y con ganas de enfrentarme de nuevo a la soledad.

      Supongo que conoces la librería Altaïr. A veces me pierdo durante un par de horas viendo libros sobre África.

      Cuando se tienen hijos ya es complicado viajar salvo escapadas controladas como la que tengo pensada este verano. Ya estoy relamiéndome. Diez días recorriendo el Portugal profundo en pleno verano. Genial.

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    2. ¡Anda...! Voy a pasar tres días de julio, bacalao y vino verde en Oporto. Va a ser el mío un Portugal superficial y no profundo; pero, dadas las difíciles circunstancias, casi estoy por poner una pica (total, si luego vas tú, es casi un Camino Español).

      Que sea mucho lo que aprehendas.

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  19. Yo no he viajado mucho pero cuando lo he hecho casi siempre ha sido por temas de trabajo así que he acabado moviéndome sola, una vez terminada la tarea que me ha llevado a tal o cual sitio. Aunque hace tiempo que ni eso. Pero vamos, creo que entiendo lo que quieres decir. De todas maneras, también le encuentro su gracia a viajar acompañada. Porque durante un viaje, cuando salimos del entorno seguro que conocemos, no somos tanto nosotros mismos. O mejor dicho, quizás seamos más nuestra propia esencia y menos nuestras circunstancias. Me gusta observar a los grupos cuando están de viaje. Los viajes organizados son un buen observatorio para hacer sociología. Fuera de casa la experiencia humana se simplifica porque se pueden controlar mejor las variables (todo se reduce a buscar un sitio para dormir, para comer y a las actividades X, Y y Z). Las colonias de vacaciones como laboratorio humano, como ha plasmado Houellebecq en muchos de sus libros.

    Recuerdo que hace muchos años, durante un viaje a Florencia, preferí quedarme sentada en los escalones de una iglesia charlardo con la persona de la que estaba locamente enamorada en aquel entonces, a visitar la Galería Uffizi. Lo recuerdo como una experiencia maravillosa que fue posible gracias a aquel viaje (aunque la persona en cuestión era de mi ciudad) y que no cambiaría por todos los Uffizi del mundo. Eso sí, aún hay quien critica mi supuesta falta de interés en el arte. Pero, ¿qué es el arte? :-)

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    1. Yo también estuve en Florencia y no entré en la Galería Ufizzi. Luego lo lamenté, igual que en Nueva York no fui a ver la estatua de la Libertad ni las Torres Gemelas (ahora lo lamento). Sí que vi el Guernika de Picasso antes de que lo trajeran a España.

      ¿Qué es el arte? No lo sé. Pero sí sé que el arte es lo único que resiste el paso del tiempo. Las Coplas de Jorge Manrique o los sonetos de Quevedo o Las noches lúgubres de Cadalso, por poner un ejemplo… tienen algo de intemporal que llega a nosotros logrando conmovernos quinientos años después de estar compuestos.

      El arte verdadero es singular. Yo no podría vivir sin la conciencia del arte.

      Nunca he ido en un viaje organizado. Supongo que debe ser un fabuloso laboratorio de la conducta humana, pero prefiero no asistir a ello. La condición humana es fácilmente previsible en grupo.

      Y viajar acompañado también tiene su gracia pero es otra cosa. Ni mejor ni peor. Yo prefiero ir solo pero también me gusta hacer algo con mi familia que no es muy aventurera, y además es extremadamente caro moverse cuatro personas. ¿Te imaginas lo que cuesta una semana en París para cuatro personas? Viaje, estancia, comida, metro, museos, recuerdos… No, gracias. Ya viajarán mis hijas si son viajeras algún día por su cuenta.

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  20. Tu post me ha despertado el ansia de viajar solo. Hace años cogía el tren y recorría España yo solo, disfrutando de mi compañía interior. Hace unos días viajé solo a Salamanca y recuperé esa sensación que describes en tu blog. Y tampoco hice fotos :)

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    1. Mi mujer y yo tenemos el acuerdo de que en agosto yo dispongo de diez a quince días de viaje en solitario. Lo llevo haciendo desde hace muchos años. A veces hago tramos del camino de Santiago, o practico barranquismo, o me voy a tomar el sol a las islas Cíes… Este verano me está seduciendo, como he dicho antes, recorrer el Alentejo portugués. Tengo hace muchos años un pequeño cuadro en el pasillo con amapolas en un campo del Alentejo. Creo que ha llegado la hora. Y lo de hacer fotos o no es indiferente. Los mejores recuerdos se archivan dentro de uno mismo. La fotografía más que recuerdo es arte para mí, o aspiro a ello. No conozco Salamanca ni Segovia, y eso tiene delito. A ver si lo resuelvo algún día.

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  21. Me parece muy interesante tu reflexión sobre el viaje en solitario y muy bella la imagen de la anciana ensimismada en la playa. Me doy cuenta de que mis viajes en solitario siempre han estado provocados por el trabajo y sus múltiples destinos. Sigue siendo así, disfruto, la mayor parte de ls días si no me vence el cansancio, de una hora de viaje en coche al día. Siempre el mismo paisaje y personaje aunque varía el tiempo y aún así, nunca es lo mismo. Sigo pensando, aunque parezca un tópico que es genial conocer lugares nuevos, pero que el viaje está en uno mismo.

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  22. Te leo con las ansias de huir que me entran en esta época del año. Empieza a hacer calor, los pueblos turísticos como el mío empiezan a llenarse de gente y empiezan a bombardearnos con la idea de que el verano es diversión, fiesta, etc. Me asquea…
    A mi me entran ganas de estar lejos y sola, en algún lugar en el que no haya mucha gente.
    Tú esperas, quizá, a que tus hijas sean independientes para volver a viajar solo. Yo espero a que mis padres me consideren de tal manera para poder hacerlo.
    Un abrazo

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  23. ¿Tremujin?... suena a detergente... Lave con "Tremujin"...
    adiós a esas manchas de café, olvídese de la plancha...
    Tremujin "El campeon contra la suciedad"..
    jajajajajaja

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  24. El viaje, independientemente de quien te acompañe, siempre es en solitario. No puede ser de otra manera.

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