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sábado, 28 de octubre de 2006

Bodas de sangre


Esta es la famosa tragedia de Federico García Lorca que le llevó a la fama y al reconocimiento en el mundo teatral. De hecho, es la obra que le permitirá por fin independizarse económicamente de sus padres, tras la vuelta de su periplo americano. En efecto, Bodas de sangre fue escrita en 1932 y estrenada el 8 de marzo de 1933 en el teatro Beatriz de Madrid con un éxito impresionante por doquier que fuera representada, sea en España o Hispanoamérica.

Lorca declaró en 1933: “Creo, sinceramente, que el teatro no es ni puede ser otra cosa que emoción y poesía, en la palabra, en la acción y el el gesto”. Esto es en definitiva esta tragedia rotunda que constituye Bodas de sangre: emoción y poesía que sigue llegando a los lectores y espectadores adolescentes de hoy en día.

Tengo por costumbre, en cuarto de ESO, leer colectivamente, dramatizando en la medida de lo posible, la obra de Lorca. Su lectura nos lleva unas tres semanas, a lo largo de tres sesiones o cuatro. La experiencia no puede ser más estimulante porque los alumnos, especialmente las chicas, quedan prendados y prendidos por este bellísimo texto dramático, de desnudez enteramente clásica.

En él se enfrentan las dos fuerzas antagónicas: las que ayudan a mantener el orden y las que oscuramente participan a su fracaso. Es un amor irreprimible y prohibido -la fatalidad- , el que hace que el héroe trágico, la novia, huya con su amante, después de la boda con el novio, el que ya es su marido.

Los chicos y las chicas escogen sus papeles preferidos. Las hay que quieren interpretar a la novia y los que quieren representar a Leonardo, o a la luna o a la mendiga. Lorca los consideraba el mejor momento de la obra como símbolos de fatalidad. El realismo desaparece de la obra para dar paso a la fantasía poética. Es emocionante el momento en que los dos amantes huidos se encuentran solos pero rodeados por los perseguidores que están a punto de darles alcance.

Se enfrentan a cuchillo Leonardo y el novio, pero esta escena es genialmente elidida por el poeta. Sólo oímos dos gritos desgarradores al final del segundo acto, y por la escena posterior en que aparecen las tres mujeres, todas víctimas ( la novia, la madre del novio y la mujer de Leonardo, embarazada y con un hijo) sabemos lo que ha pasado. Los dos ejes de la acción han muerto. La novia está en el centro, sola y hundida, esperando los golpes y los insultos de las otras dos mujeres, la madre del novio y la mujer de Leonardo.

El silencio durante la lectura es completo. Sólo hay algarabía cuando estamos repartiendo los papeles. El profesor lee las acotaciones escénicas e intenta explicar el sentido del texto en los fragmentos más destacados. Los alumnos están intensamente conmovidos por el texto dramático. Parece mentira que hayan pasado setenta y tres años desde que Bodas de sangre fue estrenada y que siga manteniendo tal capacidad de sugerencia y misterio entre alumnos tan alejados de sus coordenadas. Quizás lo que fascina es su sentido trágico, la elección de la novia de la libertad frente a las convenciones del mundo y del orden establecido.

Siempre, tras la lectura les hago reflexionar sobre el dilema de la novia: seguir su instinto, su tendencia y su amor prohibido o resignarse con el novio al que estará unida sin amor el resto de su vida. En esto hay importantes discrepancias: los hay que no perdonan a la novia y que la califican de lo peor o los hay que entienden sus razones para escaparse.

Para mí el momento mejor de la tragedia es cuando la novia explica a la madre los motivos que la llevaron a hacer lo que hizo:

NOVIA: ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua fría y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!; yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubieran agarrado de los cabellos!

Me han pedido insistemente que les pase la versión de la obra que hizo en 1981 Carlos Saura, una magnífica película con Antonio Gades y Cristina Hoyos en los papeles principales. Recuerdo que la vi por primera vez en París en una sesión subtitulada en francés y quedé profundamente emocionado, igual que todas las veces que la he visto y que han sido muchas. Espero que mis alumnos disfruten con ella igual que yo.

6 comentarios :

  1. Amigo:
    Que traigas a Lorca es un regalo y repensar la soledad de esa "novia", es tremendo.
    Un Abrazo

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  2. A mí me impresionó más 'La Casa de Bernarda Alba', aunque el Lorca que prefiero es el de Poeta en Nueva York.


    http://elsexodelasmoscas.bitacoras.com

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  3. Que recuerdos!

    a mi me encanta Lorca!! me acuerdo en mi casa viendola con mis hermanos la pelicula... y leyendo con mi hermana a la noche..

    buenas noches

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  4. Te copio la idea para mi 4º de ESO.

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  5. Hola,

    soy profesor de español lengua extranjera en Brasil y he logrado presentar a Lorca a unos (pocos) alumnos. He traducido un poema de un amigo que debe algo a lo que dice la novia:

    Ya no amaremos más, lo saben todos.

    La juventud se nos fue, y el espíritu,

    Todo marchita, sino los recuerdos

    De lo que no probamos.

    Vengan pues, graves de culpa y lamento,

    Los devaneos que en la piel sentimos.

    !Qué nos ayude un trago!

    Sepa: nuestros hijos serían dioses,

    Nuestro amor solo cambiaría el mundo

    Que dejamos a espera.

    ?Y no temer la muerte, con tal crímen?

    Quizás la vida nos haya engañado:

    Tu Rafael, siempre tan bueno, y Lena,

    Dos rïachuelos lamiendo las brasas

    De una jungla incendiada.

    Cariño, ?Qué hemos hecho?,?Qué hemos hecho?

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  6. Hola, ¿a que te refieres específicamente con el concepto de "desnudez enteramente clásica"?

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