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domingo, 24 de septiembre de 2006

Atención Parcial Continua


Nuestros alumnos están inquietos, les es difícil prestar atención a las explicaciones largas y prolijas. Tienen dificultades para enlazar argumentos y razonamientos. Se diría que están con ganas de saltar, como si tuvieran lagartijas en el culo, mientras nosotros les queremos obligar a estar quietos y a comprender conceptos abstrusos que les explicamos. Sin embargo, no pueden retenerlos, su imaginación vuela desbocada o desordenada y nuestras palabras no logran concentrarlos con frecuencia.

Este es el mundo en que vivimos frente a nuestros alumnos. Las actividades prolongadas no lograr cautivar su atención. Son necesarios distintos estímulos sucesivos, que se presenten, a ser posible en forma de juegos no demasiado complicados y preferentemente visuales.

Los publicistas han llamado a esto la Atención Parcial Continua. En un artículo publicado en El País, Vicente Verdú reflexiona sobre ello. Es en la publicidad donde más ha sido aplicado el concepto. Los receptores de información son infieles. Es inútil pretender absorber su atención en algo fijo; más eficaz es introducir los mensajes en el quehacer de los clientes. Fastidia la continuidad, es más util introducir el mensaje formando parte de un juego o entretenimiento en el que se caiga por azar.

Esto significa que el receptor de mensajes está con su mente dividida entre varios estímulos sin jerarquía entre ellos. Es más ágil para saltar de un lado a otro pero es mucho más superficial, recuerda poco y no ahonda en ningún lado.

Este es el pasajero de la era digital. No es necesariamente más tonto, pero sí más banal y con una escasa capacidad para retener la continuidad, la profundidad y la jerarquía. Es capaz de mantener una atención parcial hacia varios lugares simultáneamente, de forma rápida y siempre simplificada. Es lo que se llama dumbing down o atontamiento hacia mínimos. La tecnología permite ser usada con un mínimo de conocimientos. Se ha dicho que esta lasitud implica una disminución temporal del cociente intelectual. La movilidad permanente bloquea cualquier tipo de profundización.

Nuestros alumnos no añoran otro tipo de forma de ser las cosas. Somos los profesores veteranos los que constatamos el problema, lo que para ellos no lo es. Es el mundo que han conocido y es inútil hablarles de otra forma de entender la información. Este es su amado mundo, lleno de información dispersa y atractiva que reclama visualmente su atención que nunca llega a concentrarse en algo concreto demasiado tiempo. La gracia está en ir saltando de imagen en imagen, que pronto suscita cansancio o aburrimiento. El profesor se convierte obligadamente en un guía del ocio, en un animador cultural, en un formador discontinuo que ha de variar con frecuencia de actividad sin ahondar demasiado en ninguna.

Las iglesias hace tiempo que se han dado cuenta del problema y también se han adaptado al lenguaje audiovisual instantáneo y fragmentario especialmente las iglesias protestantes y los templos budistas. Esa percepción del Absoluto que reclamaban hace un tiempo ha ido variando y ahora es todo más animado y burbujeante, más superficial y frívolo. El templo del señor se ha centrado en una pantalla televisiva donde aparecen imágenes sugerentes o el sacerdote se ha hecho un maestro de ceremonias que imita a los presentadores de la televisión en un programa musical o concurso de televisión.

La política también se ha hecho parcial y dispersa. Nadie recuerda muy bien lo que un día u otro dijeron nuestros dirigentes. Parecería que nadie, salvo las hemerotecas, a las que nadie va a consultar, recordara lo que expresaron no hace mucho tiempo. Sólo cuenta el eslogan del momento que va a ser emitido en el telediario. Se busca el impacto inmediato, no la apelación al razonamiento y a la memoria. A nadie parece importarle esto.

Nuestros alumnos viven, en consecuencia, en un mundo inestable e irreverente frente a la autoridad. Nuestras clases han de adaptarse a su idiosincrasia, a su modo de percibir el mundo y la realidad. Es un mundo volátil en el que la concentración no tiene excesivo lugar. Si logramos retenerlos durante unos minutos es un éxito. Hemos de calmarlos, saberlos serenar en este estadio de permanente inquietud y necesidad de salto y de novedades.

Unos minutos de poesía al día, unos instantes de detención, de fijación en un mundo que se sabe inestable pero que necesita de la quietud para reflexionar, para observarse a sí mismo, son un éxito en nuestra tarea. Hemos de pensar en ello.

6 comentarios :

  1. Joselu te ha salido un post genial. Vivimos rodeados de imágenes unas sustituyen a otras en cuestión de segundos y nadie consigue madurar un pensamiento. Parece que los avances tecnológicos facilitan la adquisición de información, pero tambien favorecen la superficialidad. Las costumbres las modas viajan ahora a una velocidad del e-mail, de manera que sufrimos empachos de información que más que ayudar nos atontan. Muchas son las ventajas, pero también muchos los inconvenientes. Por lo pronto, como bien dices, para conectar con los alumnos hay que lanzar las palabras como un publicista.

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  2. Hace pocos días este mismo asunto servía de eje en una conversación que varios compañeros mantuvimos. El exceso de información, la rápida sucesión de post en los blogs, el escaso tiempo y las ganas de saber para no quedarte atrás, hacen que nuestra mente, se quede con una idea veloz y superficial de lo que alguien apunta y descuide otros aspectos también importantes. Sobre los niños, es cierto el problema de atención que mencionas en el post, por eso quizá, el reto más que en tratar muchos temas sin ahondar en ninguno de ellos, esté en trabajar contenido muy bien seleccionado y en saber profundizar en éste con variedad de actividades. Es preciso hacerles trabajar duro para que sientan lo que supone el sacrificio, en unas ocasiones; y hacer esto mismo, sin que se den cuenta, en otras. Hay demasiados alumnos que no prestan atención en las clases, utilizan un aprendizaje memorístico y lo peor de todo, cumplen su objetivo. En cualquier caso,por si mis alumnos comienzan a impacientarse, tendré un buen poema, una buena frase, o un buen titular preparado.

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  3. ¡Ah, los estragos de la publicidad y el agitprop, que es su variante política! Claude Simon, un autor al que jamás leerá ninguno de nuestros alumnos, decía que la inteligencia consistía en ser capaz de leer una página en la que sólo hubiera una oración compuesta sin perder el hilo. Yo estoy, ya, a punto de reconocerme un ignorante absoluto.
    Suerte tenemos, Joselu, de que hay géneros para todo, dentro de la Literatura. Frente a los cantares de gesta, tenemos los romances, auténtica maravilla literaria. Frente a las tiradas inacabables de octavas reales, tenemos los haikús, importados de Oriente. Y en filosofía, frente a los tratados sistemáticos tenemos la ligereza avispeña de los aforismos, por ejemplo...
    De hecho, los creadores del mal nos proveen de excelente material para las clases: los propios anuncios publicitarios, donde tantísima retórica se da cita.
    ¡Qué agudeza la tuya!: Ellos no conocen otra cosa y son incapaces de comporar entre lo que debería ser y lo que es...
    Tendremos que ir "ensanchando" su capacidad de percepción y asimilación. ¿Sería demasiado pedir que nos iluminases con algún recurso idóneo y falsado?

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  4. muchos estímulos, poca especializacion

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  5. ¡Cómo añoro,amigos míos, aquellos alumnos con los que podías establecer una continuidad en una explicación, que podías profundizar en algo, aquellos alumnos con los que podías compartir tus inquietudes y establecer puentes de conocimiento! Lo que me encuentro día a día no es esto. Es inestable y su capacidad de seguimiento es mínima. Lo lamento profundamente. Es el producto de la sociedad creada por los medios y la tecnología. Es el presente que deambula, que pasa por nuestra aulas. Como dice Garatusa, muchos estímulos significa poca especialización. Es cierto. Pero ¿qué podemos hacer frente a ello? De hecho cada día vamos en la dirección contraria pero es un fracaso. Su atención, su capacidad de atención es muy reducida y anecdótica. Les obligo a estar pendientes de un tema más tiempo del que están dispuestos y surge el aburrimiento, la rebeldía frente a la continuidad. No tengo, Juan Poz, ninguna solución. No puedo iluminar a nadie. Bastante tengo en encarar el día a día con alumnos infieles. Todos los enseñantes pasamos por fases de depresión porque nuestros alumnos nos plantean problemas de dífícil resolución. Esta mañana he visto a un grupo de Atención Especializada, lo que es lo mismo que decir que son alumnos que han fracasado porque no dan ni golpe ni lo quieren dar, con un profesor que durante una hora los estaba relajando a las ocho de la mañana. Tenían sus colchonetas para tumbarse en el ejercicio de relajación. Creo que todos los que nos dedicamos a la enseñanza estamos igualmente perplejos. Yo no tengo ninguna solución y mi blog no aspira a poseer ninguna verdad. Sólo busca plantear interrogantes. Cada día es un desafío y la incertidumbre es muy alta. No sé mucho más excepto lo de poner toda la carne en el asador y seguir en la brecha. Es el intercambio lo que es útil. Amigos, gracias por vuestra presencia y vuestras aportaciones.

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  6. "Muchos estímulos significa poca especialización", dices. En el Renacimiento se buscó lo contrario, es decir poca especialización.

    Cada sistema, cada época tiene su fallo. El signo de estos tiempos quizás sea la volubilidad.

    Pero hay que entender que existen demasiados campos -y muy atractivos- donde fijar la atención. Hay una saturación de estímulos y poca capacidad de discriminación.

    Cómo salvarse entonces de esta ‘quema’. Es difícil.

    Porque el individuo de este siglo está atrapado en el consumo de la tecnología y porque ha sido adiestrado para ser movible y saltar de un lugar a otro, física o mentalmente.

    http://elsexodelasmoscas.bitacoras.com

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