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jueves, 11 de noviembre de 2010

El mito de viajar


Hay un lugar común que dice que viajar y leer nos abre la mente, y quiero resaltar especialmente el que hace referencia a viajar. Parecería que los viajeros son personas más abiertas, menos narcisistas, más universales y, por supuesto, menos dadas al fanatismo provinciano de las patrias.

Nada más lejos de la realidad. No quiero sostener que lo anterior sea imposible, pero mi experiencia de conocer a viajeros que han dado siete veces la vuelta al mundo no es muy enriquecedora. Viajar ¿cómo? Sería la primera pregunta. ¿Con el bolsillo bien repleto? ¿En un viaje organizado? ¿Por libre? ¿Para hacer fotografías? ¿Para nutrir nuestro ego?

Me he encontrado -cuando yo viajaba- a personas rutinarias en su pensamiento a miles de kilómetros de su lugar de origen. Medían la riqueza de Balí por la cantidad de mosquitos, por el calor, por la comida que encontraban deplorable y estaban amargados por el carácter de la gente que juzgaban desordenado o anárquico o conformista.  Me he encontrado en Indonesia a personas a las que me he dirigido gozoso, tras tres meses de no hablar español, para preguntarles si eran españoles como me habían dicho y me contestaron secamente que no eran españoles, que eran vascos.

Desconfío de los viajeros. Más en este tiempo en que tanta gente viaja y no es nada extraordinario viajar a cualquier punto de globo. Viajar ¿para qué? ¿Para ver paisajes bonitos? ¿Para ver otras costumbres? ¿Para comer alimentos diferentes? Bah.

He decidido no volver a viajar, aunque hace mucho tiempo que no lo hago. El turista tiene una mirada superficial, viaja apresuradamente sin penetrar en el país en que está, que compara continuamente con el suyo y al que anhela volver para mostrar las fotos que ha hecho.

Los viajeros no me inspiran. Moverse ¿para qué? Quizas Marco Polo o algunos grandes viajeros entendieron la esencia del viaje que no es otra que perder toda esperanza y abrir tu espíritu –sin prejuicios- a lo que la fortuna te permita ver. Viajar es un arte, uno debería hacerlo sin red, exponiéndose a la soledad, al miedo, al fracaso, a la pérdida de sentido del viaje. Eso implica tiempo. Tiempo de amar y tiempo de morir. La mirada se afila en la soledad. Uno habría de viajar solo, sin hacerse ilusiones, hundirse en la desesperación si cabe. Y tal vez, tal vez, porque esto no está garantizado, renacer, porque nadie puede asegurar que esto se produzca. Puede ser, pero uno no lo ha de buscar. Si se busca no se encuentra. Surge cuando uno ha perdido la esperanza. Es fundamental perder la esperanza.

Me encuentro en mi práctica profesional a personas que han viajado mucho y son triviales, y a personas que han viajado lo justo y son profundas. También podría ser al revés, claro está y abundan los ejemplos en un sentido u otro, pero quiero subrayar que un viaje no abre los ojos a nadie si uno no está preparado para desaprender, para dejarse llevar por la facultad contemplativa.

El estado natural del ser humano es la contemplación. Se puede practicar viajando o sin moverse del barrio, sin salir de una manzana imaginaria. Es la mente la que se mueve no el cuerpo, pero para que se mueva, lo esencial es aprender a estarse quieto. No hay viaje auténtico sin quietud espiritual. Viajar por viajar es un ejercicio inútil, pero allá cada uno con sus gustos y aficiones. 

Los verdaderos viajes son interiores. 

48 comentarios :

  1. Si desde luego, hay de todo, y he visto verdaderos capullos.. pero yo no sería tan duro, algo si que abre la mente en general.

    Tal como están las cosas me parece que yo no voy a poder salir en una temporada, espero equivocarme.

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  2. Reconozco que el post es hiperbólico, pero un admirador de Max Estrella no lo tiene por desdoro ni descalabro. Bien por ti, si puedes viajar porque pienso que tus viajes son interiores.

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  3. Algo similar es lo que pienso yo. Al viajar un sitio tienes que estar dispuesto a perderte entre todo su paisaje, no ir de un lado a otro porque tal sitio está de moda.

    Un saludo.

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  4. Joselu, coincido plenamente con lo que dices y especialmente con la afirmación final. Ya llevo tiempo diciendo que la vuelta de las vacaciones parece un "yo más que tú": si uno ha ido a Cáceres, el otro mira despectivo y cuenta su viaje a Sicilia. Cuanto más lejos, más "chic", más cosmopolita, como si la lejanía fuera a garantizar algo, cuando lo normal es volver hecho polvo de los periplos y desear estar una semana tumbado a la bartola para recuperarte. La verdad es que me gusta conocer sitios nuevos, pero no necesariamente grandiosos ni lejanos. Muchos de esos "grandes viajeros" son en realidad presuntuosos y cursis. ¿Por qué identificamos acción física con bienestar? El caso es moverse, y el movimiento o es interior o no es nada. Mi marido está muy informado de lo que ocurre en el mundo sin haber ido más allá de Lisboa porque dice que en todas partes se repiten las mismas estructuras sociales. Creo que tiene mucha razón. No desdeño los viajes, sino la forma actual de viajar, aturullada y superficial. Allá donde vamos queremos mantener nuestras costumbres en cuanto a comidas, bebidas, comodidad... ¿Cómo se puede pretender beber en China nuestra agua mineral preferida? Absurdo y sin sentido. Miguel Delibes, que yo sepa, no se movió apenas de su entorno castellano, y sin embargo demostró ser un gran conocedor del alma humana, comprensivo, tolerante y agudo. ¿Habría escrito mejor "El Camino" yéndose a Finlandia, pongo por caso? Lo dudo.
    Un fuerte abrazo, colega.

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  5. Yo creo que a la hora de viajar hay que ser un poco más egoístas. Lo de viajar solo puede ser un principio.
    Mi motivación a la hora de empezar un viaje siempre ha sido la misma: aprender. Como aquellos Viajeros de la Ilustración para los que el solo hecho de adquirir conocimientos bastaba para emprender el viaje.

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  6. Anónimo, pienso que un viaje debería convertirse en una experiencia profunda, que deje huella. Esas oleadas de turistas que llenan los museos, las ciudades (Venecia, Florencia, Praga, Toledo, las playas de la República Dominicana, etc)se mueven generalmente en un entorno comercial del que es muy difícil salirse. No se toca la fibra honda del país. Quizás haya pocos viajeros auténticos, y además es una experiencia solitaria que puede emprenderse fuera de foco. Pero el que es viajero, puede adentrarse en el entorno más cotidiano y convertirlo en una experiencia profunda en su propia ciudad. No es necesario moverse demasiado. Mi padre era un gran viajero (según decía él), pues veía el mundo a través del cine al que no faltaba ni un día de su vida. Yo viajaba por el mundo y él no lo entendía.

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  7. Yolanda, muy bien traído el ejemplo de Miguel Delibes, un escritor universal que encontró en su Castilla profunda las claves de cualquier viaje sin necesidad de ir a ningún sitio remoto. Lo universal está en lo particular. En una hoja humedecida por el rocío puede estar contenido todo. Y uno puede viajar a los lugares más exóticos y no ver nada. Depende de la mirada. Un abrazo, colega.

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  8. Has puesto el ejemplo de las personas que se aferran en cualquier lugar a lo que creen ser su identidad, que no es mas que el papel que representan. Pero ¿cómo ser otro sin salir de tu pueblo? ¿cómo vivir otra vida, cómo representar otro papel en la comedia, ser villano a ratos en lugar de señor o al contrario?
    Para quien carece de verdadera identidad (todos, en mi opinión), viajar es una oportunidad única de enfrentarse a nuevas estructuras sociales, a nuevas posibilidades; en definitiva, a renacer.
    Recuerdo que cuando estudiaba me divertía vistiéndome de persona respetable de medio cuerpo para arriba y de mendigo a partir de la cintura. No veas la cara que ponían mis vecinos de asiento al levantarme de la mesa que ocultaba a ratos la parte vergonzante, en un lugar para señoritos, tipo Embassy, por ejemplo. Lo increíble es que me dejaran entrar.
    Un abrazo.

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  9. Unos presumen de viajar y otros de no hacerlo. Ambos son presuntuosos, pero de ninguna manera podemos generalizar. Personalmente sueño con viajar y lo hago siempre que puedo. Ojalá tuviese más medios para conocer más sitios y gentes. Eso no está reñido con que retorne siempre a la calma y encanto de mi pueblo turolense por el que siento el mayor de los afectos.

    Tengo que agradecer a los viajes un enriquecimiento cultural y moral que para nada me han hecho peor de lo que pueda ser. También mi experiencia viajera tiene mucho que ver con mi rechazo de los nacionalismos, sobre todo los excluyentes. Los seres humanos de unos y otros lares tenemos más en común de lo que muchos piensan. Los viajes nos lo enseñan en vivo y en directo, sobre todo, si consigues comunicarte con las personas y no quedarte con lo que dicen los guías.

    A todos los nacionalistas - españolistas, catalanistas, vascos, etc. - les recomendaría que salgan del ombliguismo de su tierra. Creo que les iría bien. Lo sé por experiencia propia.

    También colecciono fotos, pero sólo las enseño a quien me lo solicita.

    Me da la impresión de que la visión que tienes de los viajeros es un tanto sectaria, Joselu.

    Un abrazo

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  10. Pues a mí me encanta, chico. Igual en parte es porque puedo hacerlo menos de lo que quisiera, quien sabe. Hay tantas cosas que me gustaría ver y no vi... Islandia, los bosques de coníferas de Canadá, la gran barrera australiana, el monte Fuji y los jardines japoneses, los fiordos... no sé... Siempre he pensado que es la mejor forma de aprender. Pero si esto:

    Hubo un tiempo en que pensaba que viajar era una pérdida de tiempo: a la vuelta del viaje vuelves a estar en el mismo sitio y además tienes menos dinero. Estaba completamente equivocado: cuando regresas te encuentras en un lugar completamente diferente.

    ... no se cumple. Viajar -me refiero a físicamente en este caso, claro está- no sirve para mucho, no.

    Yo de momento este finde me escapo a ver qué tan buen pintor es el otoño, y a ver como caen. Las hojas.

    Buen viaje de fin de semana para ti también :)

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  11. Desde luego no dejas títere con cabeza.

    Personalmente estoy de acuerdo contigo, creo que un buen viaje no es el de la cámara colgada al cuello, es el de ir al lugar y vivir allí durante mucho tiempo, sumergirse en sus costumbres e impregnarse del país.

    De todos modos no soy una buena opinión porque a mí particularmente no me gusta demasiado viajar.

    Un saludo.

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  12. RAFA PÉREZ, aprender es un buen principio motivador para viajar. Pero para esto hace falta una predisposición y unas circunstancias. Cada uno hace lo que puede, cierto, y no podemos multiplicar el tiempo que tenemos. Los viajes suelen ser apresurados, más cuando disponemos de escasas fechas. Esto se acentúa en los viajes exóticos. ¡Cómo ver Venecia! ¡Cómo hacer un safari fotográfico en Kenia! ¡Cómo visitar Thailandia! Pienso que un viaje auténtico supone una inmersión en el sentido temporal del país, una buena documentación y tener una gran permeabilidad ante lo otro. Eso y tener tiempo para perderse. No es fácil. El viaje tal como lo siento ahora es un hecho consumista más, lo que no quiere decir que no existan viajeros que realmente quieran aprender como es tu caso. Pero me aturden las masas de turistas que se hacinan en sitios turísticos y que no captan de los sitios nada de su realidad esencial, si es que queda, que eso sería otra, que todo se haya convertido en un inmenso escaparate comercial. Gracias por tu comentario.

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  13. Animal de fondo, que quede claro que a mí me gusta viajar, me gustaría hacerlo pero hacen falta circunstancias que no son fáciles de tener. ¿Y la identidad? Hay a quienes viajando se confirma su identidad y no cambian un ápice su forma de ver el mundo. Un viaje debería ser capaz de hacernos modificar nuestra perspectiva de ver el mundo, transformarnos, pero para ello hace falta bastante tiempo. Y sí tenía que ser estimulante verte vestido de esa guisa. Ya ibas contracorriente. Me gusta. Un abrazo.

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  14. Me vuelve loca viajar, ver otras caras, otras calles, otros olores, y salir de mi ombligo, ello me ayuda a ver mis problemas diarios como una minucia, insignificantes al lado de lo que he visto ( y no deja de ser egoísmo, lo sé y lo asumo) Saludos

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  15. Jajajaja JOSELUUU

    pues sí, ¡¡muuy hiperbólico has estado tú en esta entrada!! no creo en absoluto que en le fondo, estés totalmente de cuerdo con esta idea tan negativa del viajero. Habrá de todo obviamente, incluso efectivamente una gran mayoría sea incapaz de apreciar nada de lo que se despliegue ante sus ojos, pero ni en mayor ni en menor medida que cualquier otra de las actividades que hacemos los seres humanos.

    El snovismo, el ombliguismo y la incapacidad de adaptarse a lo nuevo, creo que no son cualidades exclusivas, ni de los viajeros, ni de los no viajeros.

    Efectivamente hay gente riquísima humanamente hablando que no ha salido de la puerta de su casa, pero yo creo que si tienes la posibilidad de ver, de conocer y de aprender cuanto más y de cuantos más lugares puedas muchísimo mejor. Luego sucederá como en todo, unos lo aprovecharán y les ayudará a ser mejores, más tolerantes y comprensivos con la diversidad y más ricos humanamente y a todos los niveles y otros, seguirán tan optusos, catetos y gilis como lo han sido toda la vida.

    Hay algo sin embargo en lo que sí, que pienso que somos bastante tontos en general, fíjate. Justamente esa manía que nos ha entrado a muchos de ir al otro lado del mundo, desconociendo las maravillas que tenemos a un paso de casa, eso sí que es para darnos de tortas:-)

    Por cierto, yo he viajado, quizá menos de lo que me gustaría, pero no me quejo, pero con mi mente, te aseguro que seguramente habrá pocas personas en este mundo que me ganen jajaja. Claro que eso, no sé si me convierte en mejor o pero persona que los que no usan este medio de locomoción:-)


    Muchos besos y feliz finde, JOSELU

    PD
    Se nota que te encanta Max Estrella:-) a mi también, conste.

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  16. Luis Antonio, mi visión de los viajeros no sólo es sectaria sino también absolutamente panfletaria. ¿Quién soy yo para juzgar los motivos por los que viaja la gente? Soy un presuntuoso insoportable. Pero quería provocar el debate y si no se dice una gorda, el debate languidece. Aparte de esto, reivindico este espacio de libertad en que uno puede decir y expresar sin otras cortapisas que el respeto y el buen gusto todo aquello que piense. He sido viajero, y me he encontrado de todo. Nacionalistas que llevaban seis meses en el oriente y no podían perder su óptica particular de pequeña patria; gente, por otra parte abierta, aventurera, interesante, nómada, desenraizada... pero para encontrar a estos hay que moverse en otros circuitos y en épocas fuera de temporada. Quiero criticar el nuevo consumismo en que se ha convertido viajar con superficialidad, sin modificar los puntos de vista, de forma masificada, sin que ello suponga una experiencia profunda, sin poder salir de los circuitos marcados... ¿Qué me dice a mí quien haya estado en la isla Mauricio una semana? Y tú me dirás ¿qué te importa? Pues nada, pero tengo ganas de hablar. Para viajar a la isla Mauricio necesitas muchas horas de vuelo. El salto horario es de seis o siete horas. Necesitas un día por cada hora de diferencia horaria para adaptarte al país. Llegas a otra punta del mundo en un circuito adaptado. Es nuevo para ti el clima, la comida, las relaciones sociales, y sobre todo "el sentido del tiempo". Cada civilización tiene el suyo y hace falta remansarse para empezar a entenderlo (sin llegar nunca a hacerlo). Es necesario perder el deseo de ver cosas. ¡Ver cosas! ¿Qué cosas? ¿Pirámides? ¿Monumentos? ¿Templos? ¿Para hacer fotos? ¿Y luego qué? ¿Qué has aprendido en ese deambular vertiginoso viendo cosas? Luego vuelves diciendo que has visto cosas preciosas sin ninguna emoción profunda. ¿Y quién soy yo para...? Viajar antes era de minorías. Ahora mayorías se desplazan -nos desplazamos frenéticamente- en el escaso tiempo que se tiene para ver cosas. Reivindico una dimensión más profunda en el viajar. Y me he encontrado a nacionalistas recalcitrantes viajando. A algunos les abre la mente, como dices, y otros siguen exactamente igual. Proyectan su visión del mundo sobre cualquier sitio al que llegan. Y qué narices, me gusta dar caña a los viajeros o pseudoviajeros porque yo no puedo viajar, aunque tuve la impresión -cuando viajaba- que el turismo -aun el mejor intencionado- es un corruptor de los pueblos tradicionales y que estimula su ansia de consumo y su alejamiento de su estilo de vida. Así que llegué a la conclusión de que yo era menos dañino quedándome en casa. Pero entiendo que todo esto es discutible. Sólo quería hablar. Un abrazo.

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  17. Estimado Joselu, es la primera vez que comento, aunque te leo desde hace dos años. Te conozco desde Frikosal, al cual conozco desde Objeto a. También soy docente y he seguido tu desencuentro con Deseducativos. Desencuentro que entiendo perfectamente pues a mí me pasa igual. Aunque das en el clavo, en el mío, en muchos posts, en este lo has clavado hasta el fondo.
    Yo he viajado bastante, pero solo por China. Desconozco prácticamente el resto del mundo. Coincido con tu visión, pero al mismo tiempo te puedo decir que, paradójicamente mis mejores amigos, a día de hoy, los he encontrado en estos viajes. Es cierto que el viajar no necesariamente ilustra, como dice el refrán, pero ayuda un poco. No a todos evidentemente. Hay una novela de Cesar Aira que coincide plenamente con lo que tu estás diciendo hoy. Se llama "Una novela china". Si la conoces algún día la podríamos comentar.

    Un abrazo electrónico

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  18. Discrepo de que el estado "natural" del hombre sea la contemplación. El estado natural por excelencia es el de la trashumancia, por más que se ande tras el humo de la hoguera de las vanidades... El estado "natural" de la persona es la acción, y más natuural aún si está condicionada por laúnica dicotomía esencial que conocieron nuestros antepasados: "enfrentarse o huir" al o del peligro. Afanarse, medinear, trasladarse, ir de la ceca a la meca, salir por piernas, surcar los mares, volar en globo... nuestro código genético lleva inscrito el movimiento. La contemplación , el estilitismo (sic), la cueva, el cenobio..., son, como la dedicación al arte, manifestaciones de la superación de nuestro estado "natural": un chute de idealismo que no excluye, sin embargo, la descarga de adrenalina ni la liberación de endorfinas.

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  19. Claro que viajar abre la mente. Pero los que no andamos muy bien de dinero y no podemos viajar todo lo que querríamos, nos repatea ver como los pijos del momento van a Londres para comprarse unos calcetines. Viajar también debería estar en las posibilidades de todos.

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  20. Lo que tú digas, maestro. Yo siempre ando en esa contradicción, me gusta viajar y odio el turismo. Vuelvo a sitios adonde ya fui, y cuando llevo muchos meses en mi tierra y en mi casa, me iría a donde fuera, o sea, incluso a un pueblo de al lado. El viaje para mí tiene que ser natural, y entiendo por natural motivado. El motivo no importa mucho, puede ser peregrinación o visita de afecto. Lo que entiendo poco es el capricho, pero, claro, no lo entiendo para mí, que soy más bien tranquila, aunque curiosa de los seres humanos y sus extraños comportamientos, porque creo que otros sienten curiosidades de otro tipo. Has hecho bien en soltar la bomba del viaje, para que la gente hable, que ya sabes, la saliva es barata (en este caso, las letricas del teclado), y supongo que nadie se habrá sentido molesto por eso. Como tú bien dices, cada cual tiene sus motivos, legítimos siempre, mientras no sea para cometer un delito, para viajar. Y hala, a moverse todos. Lo único que habría que tener en cuenta es la cosa de la contaminación.

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  21. V., espero que realices tus sueños de viajar a esos sitios. Yo tuve mi ocasión de viajar cuando tenía tu edad y la aproveché. Lo que cuestiono es la forma consumista de viajar frenéticamente. Llegué a la conclusión de que me gustaba moverme para conseguirme estar quieto. Hice un viaje de tres meses por Indonesia y sólo llegué a disfrutar profundamente cuando me asenté casi un mes en una playita en el norte de Balí, un sitio poco turístico entonces. Tuve ocasión de participar en ceremonias nocturnas en templos con los balineses. Estaba allí solo como occidental. Aprendí a estar quieto y sentir el mundo y el tiempo de otra manera. A eso me refiero. Viajar para ver muchas cosas continuamente es una actividad agotadora. Viajar sí, pero alcanzar ese momento en que puedes detenerte y sentir. Pero esto no está al alcance de la mayoría, y tampoco del mío ahora. Así que prefiero no viajar. Si viajara sería de otra manera. Pero no puedo.

    Buen fin de semana.

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  22. Recuerdos perdidos, pues por esos viajes que alimentan tu espíritu. Un abrazo.

    María, mi idea negativa del viajero se refiere, como ya he explicado en algún otro comentario, a que para mí viajar es una experiencia que considero espiritual. No puedo efectivamente juzgar a nadie. Los mejores viajes los he emprendido solo durante varios meses. Cuando he ido acompañado no ha sido un viaje en el que te enfrentas a la soledad, al vacío, al sinsentido, al descubrimiento, a la sorpresa, a la fatalidad, al éxtasis. Es otra cosa. Quiero pensar que el viaje en solitario y durante un tiempo que suponga una experiencia vital profunda es otra dimensión del viaje. Solo viajas así cuando te encuentras solo y necesitas existencialmente al otro, que terminarás por descubrir. Hay mucha desolación, noches extrañas, pero también momentos de felicidad intensa a través de todos los sentidos. Creo que hablo de otro sentido del viaje. Viajar no es solo moverse físicamente. Luego he aprendido que tampoco es necesario moverse para llegar al mismo sitio. Recomendaría a todo el mundo que cuando tuviera veinte años estuviera viajando por sus medios durante seis meses. Sé que es difícil. Muchos europeos lo hacen antes de sumergirse en la vida productiva. Eso es para mí el viajar. Poner distancia de lo cotidiano, no una excepción de siete días para ver cosas, nada más ni menos que para ver cosas. Besos.

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  23. El jardinero, me pongo ahora mismo a intentar conseguir Una novela china de César Aira. No hay nada que me guste tanto como una recomendación literaria hecha con sentido.

    Eso de viajar siempre al mismo sitio es una posibilidad de penetración a base de capas en otra realidad. Eso no es el sentido consumista a que me refiero. Eso para mí es viajar o llámale equis. No hay demasiadas cosas que uno puede conocer auténticamente en la vida. Y China no es poca cosa. Es como ver el museo del Prado en una mañana o entrar cada vez pausadamente a ver una sala, un cuadro, un pintor, y volver una y otra vez, degustando un poquito cada vez. Para mí eso es viajar. Profundizar, aprender, adquirir conocimiento, acceder a una experiencia distinta... y eso no lo permite la práctica consumista del viaje que solo está dirigida a ver el mayor número de cosas en el menor tiempo posible. Eso lo detesto. Prefiero no ver nada.

    En cuanto a Deseducativos, tengo la impresión de que allí se ha reunido un colectivo que no transmite ninguna ilusión, que divagan, que teorizan, que pontifican... pero nada de lo que dicen me sirve para mi segundo de ESO en que la mayoría son inmigrantes que apenas hablan castellano, que son limitados o desestructurados familiarmente. Tienen razón eso sí en un contexto educativo selecto y selectivo al que solo accedieran los mejores, los que mejores aptitudes y actitudes tuvieran... Pero no es eso lo que me encuentro cada día. Tengo la impresión de que el noventa por ciento de lo que escriben es cansino, así que para divertirme, ya me basto yo solo y todos los amigos que tienen a bien visitarme.

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  24. Juan Poz, pero si Juan Poz vive dedicado a su manzana como experiencia existencial. Nunca he leído nada de Juan Poz, ni en otros nombres que no quiero citar, la experiencia del viaje. Viajes interiores sí, pero no viajes externos. No creo que Juan Poz sea un viajero más que de modo ocasional. Uno es viajero o no, y aunque no viaje, sigue siendo viajero. Y no es necesario moverse de una habitación para transformar la literatura. ¿Cuánto viajó Kafka? ¿En qué hubiera cambiado Kafka si se hubiera movido por el mundo como Jack London? ¿Hubiera sido más profundo? ¿Realmente movernos nos hace más universales? ¿Somos realmente trashumantes o totalmente sedentarios? Lo que veo en la inmensa mayor parte de la gente es que es sedentaria y solo en ocasiones y como excepción salen al mundo a ver cosas. Está bien, y cada uno hace lo que quiere, puede o le dejan, pero cuando hablo del viaje me refiero a viajes frenéticos, cortos, excepcionales. Todos nos lleva a ser sedentarios. No creo que seamos nómadas. Al menos lo que veo yo habitualmente. La gente no se mueve si no le obligan a ello, salvo el viaje estereotipado y excepcional.

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  25. ¡Me encanta viajar!... Amo los viajes interiores y exteriores... Me gusta repetir, la parsimonia, el tiempo muerto, el no hacer nada, el dejarme sin...

    Ojalá se editaran menos guías de viajes... ¡Ojalá ninguna guía llevara fotos! La vista está tan sobrevalorada... Ya lo hemos visto casi todo... ¡Que dejen de emitir programas de "españolesyotrosgentilicios por el mundo"...!

    Los usuarios de agencias creo que no buscan el viaje como lo entiendes tú, o como lo deseo yo...

    No soy nadie para juzgar... Cada uno que le saque como pueda brillo a sus sentidos...

    Gracias por todo, Joselu...

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  26. Jueves, me gusta moverme para llegar a estarme quieto. Amo viajar para llegar a un sitio y acomodarme a la rutina de allí, metamorfosearme, adaptarme, camuflarme... e identificarme poéticamente con el tiempo de aquel lugar. Detesto viajar para ver y ver y ver. No. Y menos en manada. Prefiero ir a donde no va nadie y perderme. No creo que nunca me vean en Port Aventura ni en Venecia, otra especie de Port Aventura hiperturístico. La peor maldición que le puede suceder a una ciudad es convertirse en destino turístico privilegiado. No y no. No iré a Venecia, aunque me hubiera gustado estar allí cuando Venecia era Venecia. Adoro Venecia, pero no ésta. Aunque no la conozco. Está llena de muchedumbres que quieren ver cosas en lugar de experimentarlas, vivirlas. Y decir he estado en Venecia.

    Hasta pronto. No nos dejes.

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  27. Puede parecer broma, pero para mí lo mejor de un viaje es cuando vuelvo a mi casa. Saludos.

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  28. Esta vez estoy de acuerdo contigo, casi sin matizaciones. Me parece que viajar se ha convertido en un acto más de consumismo, que las excursiones se venden a docenas y los paisajes a tanto el kilo. Añoro el espíritu viajero que he leído en algunos libros y que hoy no se puede llevar a cabo, bien por la masificación o bien por el riesgo de parecer un rico occidental en tierras de miseria. Personalmente, reconozco que soy un pequeño burgués de viajes familiares a pequeña escala, en los que disfruto del acto de salir de la rutina más que del goce de conocer nuevos mundos. ¿Será el precio de la edad o del acomodo?

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  29. Joselu, estoy totalmente de acuerdo contigo. Hay tópicos que se asumen como verdades incuestionables y nos amoldamos a ellas. Ni leer nos hace mejores ni viajar nos abre la mente necesariamente. Por lo que leo en algunos comentarios no has sido comprendido del todo. Cuando el viaje se convierte en un ejercicio de consumismo más no aporta demasiado. ¿Qué nos enseña comer en un Macdonals en Londres o darse un chapuzón en la piscina de un hotel en Túnez o volver con un vestido de Zara comprado en Croacia o hacer mil fotos en la Selva Negra? Conozco gente que se conoce todas las rutas turísticas de moda y que sin embargo demuestra una cultura mínima.
    Vivo en Galicia y te puedo asegurar que los nacionalistas más recalcitrantes viajan con frecuencia pero muchos siguen despreciando la idea de que existan otros sonidos más dulces que el sonido de un carro de vacas surgiendo entre la niebla.
    Si viajar enriqueciese tanto esta sería una época de grandes humanistas y yo conozco sobre todo gente que alardea de sus viajes turísticos de 5 días. Esa gente desprecia, como ya comentaron otros, a los viajeros de pequeñas salidas por la Península, porque muchas veces el objetivo del viaje es similar al placer que provoca poseer un coche caro o vestir ropa exclusiva.
    Viajar es otra cosa.

    Un saludo.

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  30. Antes de viajar a alguna parte, unos dias antes, me siento siempre inquieta, expectante, con ilusión de pensar que voy a conocer gente nueva, ver cosas nuevas, experiencias también nuevas... Y da igual que mi viaje sea a Brasil que a cualquier pueblecito de España, a cualquier sitio perdido entre los bosques o las montañas.
    No me gusta mucho perder mis puntos de referencia y es por eso que me gusta irme tres o cuatro dia máximo, si puede ser a una casa rural mejor y conocer los alrededores. Me gusta ese silencio y mirar al cielo y a las montañas y los valles y pensar que acaso un meteorito que cayó ahí hace miles de años es lo que ha formado todo eso para que yo lo disfrute ese dia, y por las noches miro a las estrellas.... es como si siempre esperara que me dijeran algo esas lucecitas luminosas que a lo mejor se extinguieron hace millones de años.
    Deliro? no lo se, pero sí que sé que esas escapaditas me hacen muy feliz. Un beso Lola

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  31. Querido amigo...envidio desde el fondo de mi corazón a Estrabón, a Marco Polo, a Clavijo...he viajado poco pero siempre me pareció poco, siempre me quedé con ganas de más con ganas de saber...por supuesto lo sustituyo con la literatura...pero ¿No sería maravilloso poder perderse en un destino X hasta conocerlo de verdad? Nada de prejuicios...y por supuesto...imbéciles hasta en la sopa.

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  32. Buscador de Corazones13 de noviembre de 2010, 22:48

    Totalmente de acuerdo con la idea, pero a veces hacer el recorrido físico, viajar por uno mismo, desplazarte del lugar de la rutina y el tedio pueden hacer que tu mente viaje más allá, pueda realizar una debacle al tirar muros que solo se producen en la mente.

    Para eso, opino, hay que estar concienciado y predispuesto, el viaje físico debe suponer un hito que cambie la rutina del ser.


    Un abrazo!

    PD: Me encanta viajar, aunque me parece que debería coger menos la cámara de fotos.

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  33. Una anécdota. Viajé a Vietnam con mi mujer, y una guía de allí, una vietnamita de unos sesenta años, me dijo que si por correo le podía mandar un cd con cursos de catalán. Yo le pregunté que para qué quería aprender catalan,(me llamó la atención pues apenas dominaba el castellano) y me dijo que para hablar con los catalanes. Por lo visto una pareja catalana le debió decir que si aprendía catalán tendría más turistas catalanes y estos se encontrarían menos ofendidos.
    La estupidez tiene pasaporte y todos los visados amigo Joselu.
    PD: Vietnam es maravilloso, gentes y paisajes.

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  34. Clares, he tardado en contestarte pero es que he estado fuera un par de días. Detesto, como tú, el turismo masificado, enlatado. Cuando llego a Santiago de Compostela, por poner un ejemplo, y la veo inundada de turistas, entre peregrinos varios (me cuento tal vez entre ellos), uno tiende a añorar los tiempos en que el Camino de Santiago era minoritario. El éxito turístico podrá impulsar muchos negocios de souvenirs, hostales, restaurantes, etc, pero le quita a los lugares el misterio que podrían tener. El misterio y el encanto. Me resisto a viajar a lugares así. No sé si se puede definir un viaje como natural o motivado, pero me adhiero a la idea.

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  35. Un profe cualquiera, en cambio para mí es un momento de desolación. A mí lo que me gustaría es poder estar un año entero viajando a través de África, sin itinerarios demasiado definidos, sin prisa. Pero a mi familia me temo que la idea no le entusiasma.

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  36. Antonio, pienso que esas pequeñas salidas tienen igualmente densidad. No es necesario irse al otro lado del mundo para aprender y disfrutar. Las agencias de viaje venden, como paquete turístico, ver a las mujeres himba en Namibia o a las mujeres jirafa en Thailandia como si fueran los últimos vestigios de un mundo salvaje. Todo esto me enerva. Viajar ha perdido en buena parte todo su misterio. Prefiero los destinos cercanos todavía no invadidos por la vorágine masificadora. Pero me gusta haber podido ser viajero en su tiempo, y haber podido viajar todavía al estilo que cuentan esos libros a que te refieres.

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  37. Hortensia Lago, me ha interesado y emocionado tu comentario que veo en completa consonancia con lo que quería expresar. Viajar es otra cosa. Viajar para mí supone acceder a una experiencia significativa en que todo comienza como incierto, y uno ha de estar abierto a que el viaje te transforme, te haga diferente. Por esos pequeños viajes por esos sitios cercanos de la península, como nuestra amada sierra de Caurel en la que también se cifra allí todo el misterio del universo. Creo que tengo alma de viajero -varado en tierra-, y sostengo contigo que viajar es otra cosa.

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  38. Lola, hermosa forma de expresar la expectación que supone un viaje, una pequeña incursión en lo otro. Ahora no viajo salvo salidas familiares, pero yo comenzaba mis viajes con un aire de fastidio. Me costaba ponerme a viajar y realmente a veces lo he pasado mal. (Me fui una vez solo tres meses a Indonesia). El viaje me supuso muchos momentos de desánimo en la soledad que me llevaba a hablar todo lo que podía con otros viajeros o con indonesios. Había aprendido su lengua malaya. Sin embargo, un mes de penalidades después fue como si despertara y me invadiera un éxtasis viajero que me elevó en una ola de entusiasmo inenarrable. Entonces empezó el verdadero viaje y mis ojos se acostumbraron a la luz, y mis sentidos a la temperatura y a la comida, y mi ánimo al sentido del tiempo de aquellas tierras. No sé si lo pasé bien, pero aquello constituyó una experiencia personal que me cambió. Aun ahora, tras veintiséis años sigo teniendo presentes aquellos días inolvidables en que hubo de todo, pero es que un viaje también puede tener oscuridad. Por aquí voy. Un abrazo.

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  39. Malo, malísimo, también me hubiera gustado ser viajero en otras épocas. Hoy casi todo, salvo que uno se vaya a lo no descubierto por las agencias y los mass media, está explotado. Y sí, me gustaría perderme un año entero viajando. Pero ¿quién garantizaría que el que volviera fuera el mismo que se fue? Esto es el viaje.

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  40. Buscador de corazones, una vez estuve varios meses en Indonesia y un mes entero en Balí. Allí se representaban danzas tradicionales, algunas extraordinarias. En una de ellas el kepchak, un espectáculo de ciento y pico balineses imitando el sonido de los monos del Ramayana. Era alucinante. Había conmigo más de un centenar de turistas americanos que no pararon de tomar fotos de aquello. Yo había dejado mi cámara fuera, porque pensé que aquello merecía un respeto. He hecho viajes importantes sin cámara fotográfica. Es otra forma de viajar que puede sustituir la cámara por el diario de viaje, un documento fascinante. Pero para esto hay que viajar solo. Una de mis vocaciones es ser viajero, algún día me gustaría recobrarla.

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  41. César, estuve en el sudeste asiático pero no fui a Vietnam. Me gustaría perderme allí por varios meses, sin trayecto definido, dejando que el cuerpo se orientara espontáneamente, y apalancándome varias semanas en algún lugar marginal. Y sí, mentes rutinarias las hay en todas partes.

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  42. Me gusta el escepticismo de fondo de tu entrada. Aunque reconoczco que no soy viajero, y seguramente no he ido ni a la décima parte de países que tú has visitado, creo que viajar está sobrevalorado, y mucho más tal como se viaja ahora, con esa falta absoluta de sincronía entre el tiempo y el espacio (ya Rousseau escribió cosas muy sensatas a este respecto). Viaje burocrático, sin preliminares. Hubo un tiempo en que se tardaba veintitantos días en llegar a América... ¿cuántos sentimientos, pensamientos, deseos, temores,etc. no provocaría ese prólogo? Mi sensación -y quizá no valga nada, ya que no soy viajero, pero sin duda puede aplicarse a mucha gente- es que hoy los viajes apenas dejan huella, si acaso acrecientan el ego... y más cuanto más lejanos son los países visitados. Disculpa estas digresiones, Joselu.
    Saludos.

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  43. Luis, no sólo no te disculpo sino que me parecen absolutamente oportunas y en una sintonía completa con lo que había escrito. La idea central es, como bien expresas, es la de que los viajes no dejan huella. La velocidad con que se abordan, la superficialidad, la necesidad de ver muchas cosas bonitas, sin entrar en la dimensión honda de lo que se ve para lo que no hay tiempo. La clave de viajar estriba en el tiempo. ¿De qué me vale viajar a la República Dominicana cinco días? ¿Qué he visto? ¿Qué he aprendido? ¿En qué he cambiado? Probablemente alguien diría que el fundamento de los viajes no es este y sí el de cambiar de aires, relajarse, ver cosas, pero para mí eso no es viajar. Viajar es otra cosa. Y, si no, prefiero no hacerlo. Saludos, Luis.

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  44. Joselu, odio los aviones, esa es una limitante que me impide volar por esos cielos azules, sin embargo siempre que puedo viajar, viajo!
    Como? La mayoria de veces casi sin plata (la disciplina es importante)
    Y cuando regreso a mi nido, cada vez que veo una foto, un documental... asoma una sonrisa medio Mona Lisa en mi cara. Eso es una prueba que fue genial la idea de tomar un par de jeans y enfrentar el sol cara a cara.

    Para viajar se necesita mucha paciencia, porque te encuentras que cada persona es un mundo, y hay unos ATLAS que cargan unos mundos, que dan pena! Pero eso no empana mi libertad de beber otros cielos azules, porque a la vuelta te encuentras con otros cristianos que te regalan una linda tertulia.

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  45. Tus queridos Africanos lo llaman Safari y si, tienes razón ¿Es el mismo el que vuelva o el que retorna es otro viajero?

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  46. Joselu, me ha encantado este artículo, como todos los demás que he ido leyendo estos días en tu blog.

    A mí me gustaba viajar, siempre lo hice sola y con un periodo no inferior a un mes. Lloré a veces en mis viajes, tuve problemas, me prometí ante las dificultades que si salía de éstas no volvería a viajar, nunca, nunca más, aunque siempre incumplí esta promesa... El idioma ha sido un problema relativo, porque siempre he intentado aprender el idioma del lugar que he visitado, pero a pesar de mis torpezas lingüísticas, he conseguido entenderme con gente maravillosa que me ha ayudado. Hay algo que trasciende al lenguaje cuando hay una verdadera intención de comunicación. Aunque por otro lado está la sensación de soledad, de aislamiento, de impotencia por no encontrar la palabra, de sentirte como un niño pequeño que debe de nuevo aprender el lenguaje y, adentro estás tú y, afuera todos los objetos, acciones y personas que se comunican con facilidad.

    Últimamente ya no

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  47. Últimamente ya no viajo. Viajé a Sarajevo hace dos años, visité también Vukovar donde me trataron fatal, me recriminaban que no los hubiese ayudado como ciudadana que pertenecía a un país de la ONU. Me enfadé con ellos, pensé que las víctimas también son egoístas e injustas. Y cuando me fui, aparecieron en mis sueños, si no los recordaba yo, nadie lo haría. Intenté comprenderlos. Regresé a Sarajevo en las Navidades siguientes, con un frío que pela y ya con unas cuantas frases para comunicarme en bosnio. Compré libros de gramática, diccionarios. Empecé a hacer amistades. Me enamoré de la cuidad. Regresé nuevamente en abril, volví a encontrarme con mis amigos y con todos los conocidos que me acogieron por tercera vez con los brazos abiertos. La última vez que estuve fue en julio. Regresé apenada a casa pensando en cuando volvería a esta tierra que tanto me atraía y de la cual ya formaba parte. Me comunico con mis amigos habitualmente, les envío libros de los que carecen, nos intercambiamos cartas y sueños, aprendo mejor su idioma -ya sé construir frases sencillas y conozco sus declinaciones-, he traducido con mi amiga Nejra algunos textos y explico de vez en cuando en mis clases aspectos culturales de Sarajevo. No todo son guerras, no es una ciudad símbolo del infierno, no sólo es eso. Ellos están cansados de que se les vincule a la guerra, de los turistas que fotografían socavones producidos por los proyectiles o lápidas de muertos en los jardines que fueron usados como cementerios. QUieren construir sus vidas, ya que se les ha privado de una infancia o juventud.

    ¿Y qué quiero dar a entender con todo esto? Que mi idea de viaje se ha transformado en una necesidad de conocer realmente a unas personas y un determinado contexto y cultura. Para ello necesito volver, ir y volver, que yo me sienta de allí, que ellos se sientan un poco de aquí y que nos encontremos y nos emocionemos, una y otra vez, como si no hubiese fronteras y fuese a buscar lo diferente, sino lo más parecido a todo en lo profundo, una fraternidad, un sentimiento humano, ese calor que se ha atrofiado en las ciudades de las prisas y en las aldeas digitales y globales.

    También estoy de acuerdo en lo maravillosos que pueden ser los viajes diarios por el barrio. Suelo deambular por las mismas calles, observo detalles que antes no había descubierto, me fascino con la luz del sol lamiendo de modo oblicuo una balconera, descubro olores, sonidos sutiles, observo la composición de personas, los azares, cómo actúan, me imagino sus vidas o qué sucedería si se hablasen, veo un pequeño trébol en una grieta de una pared porosa, humedecida, fría... y todo es maravilloso, un auténtico descubrimiento de sutilidades, de pequeñas cosas que hacen especial el día a día y por lo que nada, nada y nada desearía perderme de forma diferente mañana.

    Un saludo. Felicidades por tu blog. Lo seguiré leyendo.

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  48. Creo que difiero de lo que en realidad es viajar , no se trata de cerrar los ojos y hacer que mi mente se deje llevar ,tampoco se trata de tener un viaje astral viajar es otra cosa, pienso que todos están haciendo sus introspecciones con respecto al viaje , el que no ha tenido la oportunidad de viajar en realidad no podrá opinar con respecto a ello. las experiencias vividas en otro país , los mensajes , señales , la propia naturaleza que te comunica , gente cordial y hasta la egoísta te enseña, te mueve , el que viaja aprende por que aprende y trae con sigo miles de experiencias que compartir . Un día te vas siendo uno y regresas siendo otro. Pones a prueba tus habilidades tu creatividad y hasta tu sagacidad .
    Pensar , no es lo mismo que vivir. Los sueños , se quedarían siendo sueños si nos los ejecutamos . Asi es que a Volar palomas!

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