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jueves, 21 de febrero de 2008

Naves más allá de Orión


Hay profesores que achacan el fracaso educativo a la falta de competencia de los profesores, a su falta de entusiasmo por las nuevas teorías educativas como las que supuso la LOGSE en esa búsqueda de la escuela social versus la escuela intelectual que propugnaba el antiguo sistema educativo. Leo sus debates con la carga de una experiencia que juega en mi contra. A mis treinta años culpaba de todos los males de la educación a un profesorado conservador, incapaz de innovar, que pensaba en su coche y en cómo pagar la hipoteca antes de llevar cada día ideas frescas al aula. Yo era un revolucionario prepotente que despreciaba a sus compañeros. Lo bueno es que mis propuestas tenían éxito y los alumnos, gozosos, acompañaban con su complicidad mis ideas que concordaban con su espíritu, con su alma. “Alma” qué palabra tan poco usada en los tiempos actuales. Desde mi tarima juvenil lanzaba diatribas contra esos profesores cansados, entregados al sistema. Odiaba al sistema tanto que algún alumno me vino a preguntar que por qué lo detestaba así, si el sistema era lo que en el fondo nos protegía, lo que me estaba a mí alimentando. Desde mi altanería me permitía juzgar lo que otros hacían y lo encontraba deplorable. No quiero contar lo que con mi prepotencia llegué a hacer. Algún día me gustaría escribir un libro como el de Frank McCourt sobre la profesión docente. Es un reto que tengo planteado.

Asisto hoy, desde mi madurez profesoral, a debates apasionantes en la red, y me resisto a entrar en ellos. Mi presente está demasiado condicionado por mi pasado. Y hoy entiendo demasiado bien a esos profesores cansados o simplemente dignos que hacen lo que pueden. Incluso llego a entender a esos profesores fracasados que no pueden permitirse poner un puesto de pipas como alternativa a su profesión que ya no puede mantenerse en pie. Hoy, despojado de tanta arrogancia, entiendo a los profesores que encontré en mi primer colegio de monjas donde di clase. Yo llegaba y ellos se iban. Teníamos verdades diferentes e incompatibles. He tenido que vivir una vida de profesor en los dos extremos para comprender las razones que asisten al otro.

Es muy fácil pontificar, decir que todo es culpa de los profesores, es de una ignorancia supina afirmar que la LOGSE fracasó porque se la boicoteó por parte de un sector del profesorado conservador. Es un error de perspectiva. Es simplemente ser joven e ignorante. Pero puedo entender ese error. Yo también lo cometí, y me ponía el mundo por montera y no vean de qué manera.

Como la película Blade Runner, puedo decir al estilo de uno de los replicantes, que he visto naves más allá de Orión…y que mi experiencia hoy no me sirve de nada. Existe una escuela social donde el problema fundamental es aprender modelos de conducta tolerantes y democráticos, en la que se encuentran personas de ámbitos muy diferentes por su origen étnico o religioso, que son apáticos en cuanto al problema del conocimiento, que raramente se detectan inquietudes (a veces sí, amigos, por eso no pongo el puesto de pipas), que implica una dedicación admirable del profesorado enfrentado al desaliento cotidiano. Que es mentira, vamos, lo que algunos ligeros juzgadores estiman como causa del fracaso del modelo educativo: la desidia de los profesores. Cada día me admiro del tesón y la profesionalidad de mis compañeros, pese a quien pese.

En algunos colegios de élite se carcajean de nuestros postulados educativos. Tienen el alumnado que nos falta a nosotros. Sensibilidad e inteligencia unidos. Lo que antes la escuela pública podía ofrecer en cantidades ingentes. En fin, no aspiro a tener razón

23 comentarios :

  1. Un examen atento de los componentes de estas redes sociales y de sus actividades te permite especular sobre dónde estaremos (tú y yo) dentro de cinco o diez años y dónde estarán ellos. Vuelvo a leer tu post anterior.
    Saludos

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  2. A todos nos ha sucedido lo mismo. Cuando somos estudiantes somos como describes, revolucionarios; y cuando somos adultos y nos vemos en el lugar de quienes ibamos en contra por no comprender muchas cosas, dada la inexperiencia de la juventud en asuntos por los que no habíamos pasado a esa edad, todo cambia.

    La experiencia se hace caminando y aprendiendo, y ser profesor conlleva muchas cosas, las más muy bonitas, con todo y sus dificultades.

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  3. Bueno, bueno... quizá a todos no nos suceda lo mismo o no con la misma intensidad... Yo también he seguido el debate, Joselu, pero no he podido resistirme a intervenir... Y ya ves, estoy dejando de ser joven, pero parece que cada día, porque quizá me he ido liberando de la importancia trascendental que em mi primer año de docendía le concedí a los valores del pronombre "se" en español, tengo más ganas, más ilusión, más ¿rebeldía? No, a todos no nos pasa lo mismo...
    Aprecio también a mis compañeros y me "compadezco" de los que más sufren, de los que peor lo pasan... Pero no me vale quedarnos ahí... Me repito, ya sé, pero es que la sociedad de hace treinta años no existe, Joselu, y la nostalgia se convierte en una niebla densa que a veces no nos deja distinguir los contornos.
    Coincido, qué le voy a hacer, en casi todas las propuestas de nuestros compañeros de las tres mil, en los planteamientos de Juanjo... A veces tengo la sensación de que a mí me pagan por un trabajo diferente al de muchos profesores de secundaria: mis alumnos son inteligentes, sensibles, aprenden Lengua y Literatura mientras procuramos aprender a respetar, muchos días están alegres... Y Gemma (me he quitado el "profe", que me harta) les dice casi todos los días que cree en ellos, que los quiere (qué le voy a hacer, es que los quiero... Digo yo que es tan legítimo como lo contrario), que aprendo a respetarlos mientras voy a aprendiendo de sus vidas (también algunos días les pido perdón cuando me paso...), que estoy feliz de hacer lo que hago, que procuro seguir siendo inteligente...
    Estoy en un instituto público de la zona sureste de Madrid (eso no es el Barrio de Salamanca, aunque tampoco es el barrio de Juanjo...) y este año tengo grupos de 1º, 2º y 3º de ESO; es decir, los que la mayoría de profesores procuran evitar... Y qué quieres que diga, pues que no y no, no siento esa tristeza, ese vencimiento, ese estar de vuelta de casi todo... Me gusta la vida qeu vive, no la que hay que enterrar...
    Y otra vez más me repito: si en centros como el que dirige Juanjo se pueden hacer las cosas de otra forma, no sé qué hacemos los demás que no movemos casi un dedo por la calidad de nuestro trabajo... Claro, habría que saber qué es calidad para cada uno, qué escuela interesa... Al final, casi todo es cuestión de valores...
    No me valen, Joselu, los argumentos que indicen sobre todo en las políticas educativas, en las trabas de la administración, en el desprestigio de la profeión... En la misma situación hay equipos que no se hunden... Y eso tiene que ver, fundamentalmente, con el opitimismo de la tripulación.
    Los profesores (que saben mucho de diversas ciencias, cómo no) si no son optimistas y valientes... Si no tienen capacidad de respetar, de valorar, de empatizar, de escuchar, de aprender ¡qué sé yo! Algunos, creo, sí que etarían mejor en otro lugar... Pobres.
    Y ya la última repetición: sigo, Joselu, sin desconfiar ni un poquito de tu sombrío optimismo.
    Un abrazo temprano

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  4. No sé si os servirá una visión externa sobre este tema. Es una mirada más, pero desde otro enfoque(servicios sociales).
    Llevo muchos años coordinándome con escuelas e institutos (psicopedagogos, directores, tutores)para trabajar los casos de menores con problemas sociales.
    En todos estos años habré trabajado con más de 30 escuelas e IES. No pretendo generalizar ni pontificar, sólo explicar mi experiencia. Lo que he podido comprobar, y supongo que es de bastante sentido común, es que hay instituciones que,incluso con desventajas materiales o profesionales, tiran para adelante. Coinciden con equipos directivos entusiastas, que también entusiasman a la mayoría de sus profesores. Son equipos que delante de adversidades le ponen ganas y con los que es una delicia coordinarse y trabajar, desde el punto de vista de los otros profesionales externos. Suelen ser también escuelas/IES que se abren a su comunidad, aceptando la participación de otrs agentes sociales.
    Pero también existe lo contrario: escuelas que no hay manera, que empezando por la dirección, todos se contagian de una manera de hacer desastrosa, donde cada uno va a lo suyo. Son escuelas e IES, donde los profes nuevos que se incorporan están desmotivados al segundo día, visto el panorama.
    En fin, no estoy descubriendo la sopa de ajo. Es una cosa que pasa en todos los ámbitos (también en el mio)y de sentido común ¿no? Llevar una escuela es una labor de equipo, y hay equipos buenos y equipos desastrosos, profesores buenos y entusiastas y otros a los que les quitarias el "carnet" de profe.
    En fin, ya dije al principio que la mia es una mirada externa. Desde alguien que vive la escuela desde otra perspectiva.

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  5. Dice un letrilla flamenca: "El libro de la experiencia/ a nadie sirve de na/ tiene al final la sentencia/ y nadie llega la final".

    El discurso que te has marcado en este 'post' para mí, que no soy del gremio, es el discurso lógico que tiene un profesional que lleva muchos años en la práctica de su oficio. Similares planteamientos podría hacer yo de mi experiencia profesional ajena a la labor docente.

    Tu reflexión tiene que ver más con una postura vital que profesional, lo único que ocurre es que tu cabeza está metida en el agujero de la enseñanza.

    Quien no es revolucionario cuando joven no lo es jamás. Es un tiempo de radicalizar posturas, extremar juicios de valor, combatir los defectos del mundo. Sólo que el paso del tiempo nos hace ver muchos más matices y, entonces, comprendemos que podíamos estar equivocados. El tiempo nos hace escépticos y pesimistas, cualidades propias de una lucidez que por otro lado nos ahoga.

    Quizás no haga falta ir más allá de Orión porque todo esté delante de nuestras narices.

    LOGSE sí o LOGSE no. Pienso que a la enseñanza pública le hace falta más calidad, en todos los sentidos. También más dinero. Pero aún así entiendo que los valores han cambiado y, socialmente, a la educación no se le da la misma importancia que en otras épocas.

    Respecto a tener un tipo de alumnado u otro que veo que a muchos profesores les preocupa, me remito a un ejemplo futbolístico: un buen entrenador hace jugar decentemente al peor equipo, aunque no gane.

    En fin espero ansioso ese reto que te tienes planteado.

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  6. Los que te leemos desde hace tiempo, sabemos que en esta entrada nos has colado unas cuantas mentiras desde la piedad o la modestia. No eres un profesor acomodado en la rutina; exploras nuevos caminos; tienes más dudas que certezas; nos sorprendes a quienes te seguimos; y eres pedagógicamente incorrecto. Sigues siendo, a tu manera, un revolucionario que en nada se parece a los antimodelos que describe Juanjo.

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  7. Me gustaría repetir el texto de Antonio, pero como lo tienes ahí arriba... ¡léelo al menos otra vez!

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  8. Mi querido amigo;siempre es un placer leerte.Cada entrada es una sorpresa y un racimo de uvas tomadas en el olimpo de los dioses frente a un Mediterráneo más literario que geográfico.Si no me crees,preguntale a Ulises.
    Ay,cuando vuelva a ser niño,quisiera tenerte de profesor.
    Un cordial saludo.

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  9. "Las obras de la juventud son fuego y oro; las de la madurez, sobriedad y plata".
    Pues ahora que estás en la madurez, Joselu, es cuando eres imprescindible; ahora es cuando puedes proponer soluciones; otra de las diferencias entre la juventud y la madurez es, creo yo, que en la juventud muchas cosas se hacen por uno mismo, aunque sea sin saberlo; es más importante ser progresista, sincero, honesto, que el efecto de nuestra actitud. En la madurez, me parece que nos importamos menos y ponemos más énfasis en el resultado. En definitiva, estoy seguro de que estaríamos dispuestos a pasar por peores de lo que somos con tal de resolver verdaderamente problemas; al fin y al cabo ya sabemos de verdad quién somos y no nos hace falta que la mirada de los demás nos lo confirme. Lo que queremos es que esa mirada de los demás tenga luz.
    Los profesores, como todos, tendrán cierta culpa, cada uno en nuestra medida, si no sabemos hacer el bien. Hay que tener en cuenta que la sociedad ofrece muchísimas más oportunidades ahora para ejercitar el cerebro. Yo, francamente, no asisto hace tiempo a todos esos cursos profesionales que se limitan a proyectar en powerpoint unos apuntes hechos a mano y sacados de un libro donde todo está mejor explicado. Me aburren infinitamente, y prefiero leer el libro, a mi ritmo, y además así no tengo que escuchar tampoco las anécdotas viejas que acompañan a la lección.
    Desde siempre ha habido que elegir: o se repite la misma clase durante cuarenta años, o cada día se dicta una clase distinta, a elegir. Entre los que eligen lo segundo, tal vez los medios materiales y las legislaciones sean un freno a veces. Entre los que eligen la primera opción, la propia opción es lo determinante de su vida y de sus enseñanzas.

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  10. Es un lujo teneros como comentaristas. Algo hay cierto, fmesmenota, en toda mi carrera como profesor, "jamás" me he repetido. No lo soporto. He necesitado innovar -otra cosa es el éxito que se haya derivado de ello-. Pero ahora sinceramente, si yo pudiera, me dedicaría al teatro, una vocación que orillé y que es la verdadera opción de mi vida interior. Pero no puedo: mis obligaciones familiares me llevan a seguir en una profesión que me gustaría vivir con la pasión de Jueves, Antonio o Lu. He corregido demasiados exámenes y he corregido un millón de veces las mismas faltas que van, además, empeorando. Me falta la habilidad que tuve en otro tiempo para sacar partido de la rebeldía juvenil. Si fuera o pudiera ser honesto, el lunes no iría a trabajar y me pondría a buscar trabajo como actor. En clase hago lo que puedo, pero me gustaría inundar mis tanques de la ilusión que desborda a Jueves. Por ello, sigo sorprendiéndome de mis compañeros a los que con frecuencia les pregunto -se quedan alucinados- si ellos tienen ilusión. La mayoría trabajan impulsados por la profesionalidad. Es importante. Ilusión no detecto mucha, pero sí responsabilidad y sentido profesional. Me encuentro a Pedro, que ha pasado innumerables crisis depresivas graves y vuelve siempre tras unas semanas de baja. Sus alumnos le respetan. Pero su rostro exhibe una tristeza profunda. Jesús, a punto de retirarse, trabaja a una marcha de doscientos por cien. Su vida es el trabajo. Toma estimulantes cardíacos y anímicos para poder resistir la dedicación de dieciocho hora diarias que emplea en su profesión. Veo a Patro, la profesora de música, con su eterna sonrisa y siempre tiene un momento de conversación densa conmigo. Ayer me regaló un libro sobre Europa. Ella añora los tiempos del BUP, cuando se leía Tiempo de silencio o Pedro Páramo en COU. Veo a tantos compañeros dar el callo -con ilusión o sin ella- que veo injustos juicios que ponen en cuestión a toda una profesión de modo generalizado. En todo caso, entiendo vuestros puntos de vista, igual que valoro vuestros razonamientos llenos de garra y espíritu combativo. Gracias a todos, Francisco Ortega, Francisco Machuca, Sera Sánchez, Apostillas literarias, gracias por vuestras palabras llenas de sentido.

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  11. Jueves, me ha animado mucho tu comentario ;) muchas gracias de verdad. Estoy en primero de Filología Hispánica, se que casi con toda seguridad dentro de unos años me encontraré dando clases.
    Hay veces en las que me pongo ha imaginar como seré como profesora, soy muy tímida y me preocupa no saber llegar a los alumnos, me da miedo, pero luego pienso en la que hasta el año anterior ha sido mi profesora de lengua y sonrío pensando que quizás algún día pueda llegar a ser como ella. Siempre confió en mí y me animó a seguir. De ella aprendí que crecer no siempre quiere decir renunciar a ser feliz, podemos perfectamente crecer sin perder nuestra luz. En todos estos años en los que ha sido mi profesora, la he visto desanimada muchas veces, pero luego siempre recobraba su esperanza en nosotros. Ha sido todo un ejemplo para mi y me entristece no haber sabido agradecérselo.
    Joselu mucho ánimo, de verdad, CONFÍA en ellos. Y a tí, Jueves, mil gracias de nuevo.

    Besos

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  12. ¡Qué ilusión lo del teatro!... Bueno, al menos tenemos "público" asegurado todos los días... También el próximo lunes...
    Es que, Joselu, siempre aprendo de ti... ¡Es un placer que tu razón me (nos) saque a bailar con tanto cariño y delicadeza! Me quedo moviendo el pie, marcando el ritmo... ¡Gracias por tirar la piedra y darme un poquito en la frente! De vez en cuando me viene bien... ;)

    Y para anónimo: en mi vida, hasta ahora, no considero ninguna opción mejor que la de dedicarme a la enseñanza... Me ha tocado desde la Lengua y la Literatura, que es un "dulce" de asignatura, y quizá también te toque lo mismo a ti... No sé qué decirte: probablemente es de las mejores cosas que me pasan, la oportunidad ¡grande! que tengo cada día de ser mejor, de olvidarme un poco de mí... Encima, me divierto... ¡y me pagan la hipoteca, unos vinitos y el viaje que tengo preparado para las vacaciones! Tengo suerte... Ojalá que tú también la tengas. Aprovecha bien estos años de universidad, disfrútalos... Y después, a la segunda parte... Un abrazo.

    Bueno, Joselu, confieso que sí hay algo que me disgusta: ¡corregir exámenes! Así es que cada día hago menos... o solo los coloreo con "rotulas"... Hale, que se los corrijan ellos, que yo "casi" no tengo faltas... ;D

    ¡Buen fin de semana!

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  13. Me habéis puesto de buen humor. Gracias Jueves por tirarme de las orejas (con afecto) y gracias anónimo, bienvenido aquí a este extraño blog que no es estrictamente pedagógico y sí vital. Serás bienvenida. Recordaré ese CONFÍA en ellos. Saludos.

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  14. Como toda opinión, respetable, pero me gustaría preguntarle, ¿son ahora también sus alumnos cómplices de sus ideas?. Seguramente no. Obviamente el inconformismo de la juventud se nos pasará a todos. Yo, de hecho, detestado la actitud de aquellos que se apuntan a cualquier manifestación-protesta, quejándose por todo, y ni saben lo que están pidiendo. Pero la experiencia, madurar y ver las cosas desde otro punto de vista no deberían impedir apreciar el de aquellos que aún luchan por cambiar las cosas, por hacer algo... Saludos, xD

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  15. No creo que tengan los profesores la culpa de nada, al menos la mayoría, supongo que de todo habrá.
    Pienso que es la profesión más bonita y en algunos casos la más ingrata. Lo malo es que, también, la mayoría de las veces, los frutos no son inmediatos. Tengo una amiga que es profesora en un Instituto, lleva bastante tiempo, y me cuenta que a veces se encuentra a antiguos alumnos que la saludan con mucho cariño y le dan las gracias, sólo por esto, me dice, merece la pena.
    Yo no sería capaz de dedicarme a la enseñanza, lo he dicho alguna vez, pero por suerte, hay personas como tú y como mi amiga que lo hacen y pienso que muy bien. Eres muy libre de dedicarte al teatro, pero si todos fueran como yo... ¡pobres niños!.
    Un abrazo.

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  16. Comparto tu opinión joselu:

    Pocas profesiones deben haber con este sentido de culpabilidad; cualquier excusa es buena para recomendar unos latigazos (al otro claro)... y sacar el ojo al compañero.

    No creo, de todas formas, que tenga que ver con la juventud y la madurez. Tiene que ver con la fatuidad o la sensibilidad que son independiente de edades.

    A veces, yo también creo que es culpa del profesorado, sí.

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  17. Como dice apostillas literarias, todos hemos sentido esa sensación de jóvenes. Confiamos en que vamos a ser distintos, en que un buen profesor siempre es capaz de conectar con los alumnos, y que a nosotros nunca nos pasará aquello de vernos cansados y desmotivados a la hora de dar clase. Hasta que nos damos de bruces con la realidad.

    Yo llevo casi 10 años dando clase, de los cuales dos he estado trabajando en un sindicato a tiempo completo. Eso quiere decir que mi experiencia docente se reduce a 8 años, lo cual no es mucho. Pues bien, empecé con unas ganas tremendas, pero cuando tuve oportunidad de tomarme un descanso trabajando en algo distinto lo acepté. Estaba cansada. Tenía dudas. Sin embargo, al margen de mi paso por el mundo sindical -que en líneas generales me defraudó profundamente- debo decir que fue entonces cuando me di cuenta de hasta qué punto necesitaba enseñar. Era lo que quería hacer. Las dudas desaparecieron. Ahora hace tres años que volví a las aulas, y siento que no podría hacer otra cosa, y que parte de mi felicidad se la debo a un trabajo que ciertamente me llena, con todos los problemas que pueda causarme en un momento dado.

    Mi último post habla de la gente como nosotros, querido Joselu. Es un artículo de Pérez Reverte que me encantó. Espero que te guste.

    Un abrazo

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  18. Perdonad que escriba aquí, que quizás no sea el sitio adecuado, pero es la única manera de contactar con vosotros.
    Soy un profesor de Magisterio de la Universidad de Castilla La Mancha, en Toledo (España). Estoy realizando actualmente una investigación para poder completar mi tesis. Trata sobre la utilización de los Blogs en Educación, o como prefiero llamarlo, sobre los Edublogs.
    Para poder llegar a algunas conclusiones generalizables necesitaría que colaborarais conmigo. Y es para esto para lo que solicito vuestra ayuda. En principio simplemente se trataría de rellenar un brevísimo cuestionario por parte del profesor creador del Blog y de sus alumnos/as valorando la influencia de su edublog en algunos aspectos educativamente importantes.
    Por favor, si están dispuestos a colaborar, les ruego me escriban un email a JoseFrancisco.Duran@uclm.es para que les pueda enviar en un archivo adjunto el cuestionario y luego me lo devuelvan relleno.
    Muchísimas gracias.
    En Toledo tenéis un amigo (y aprovecho para invitaros a visitar esta preciosa ciudad).
    Un abrazo.

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  19. quizá no seas el poseedor de la verdad... pero un razonamiento tan lúcido debe estar muy cerquita de ella. yo cuando estudiaba era exactamente como describes. y no creo que un buen o un mal profesor hubiese cambiado eso, aunque seguramente los buenos profesores que tuve me han hecho ser como soy.

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  20. Hola Joselu, te he respondido en mi blog, pero lo hago aquí también aunque no sea una reflexión al hilo.

    La mayoría que esperaba Los crímenes de Oxford se han sentido decepcionados. En conjunto yo no la veo tan mal aunque sí podría dar más de sí.

    Por si te interesa, te dejo en enlace de una web de cinde donde colaborao, con críticas a la peli:

    http://cine.linkara.com/pelicula/crimenes-oxford-alex-iglesia-19cf.html

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  21. Cada vez más tus palabras Joselu son una invitación al diálogo, reflexión y a la ilusión.
    Hasta cuando destilas melancolía me animas a trabajar con mayor ahínco.
    Respecto a la relación juventud - revolución y madurez - conservadurismo, hay muchísimo que discutir.
    Comparto muchos de los comentarios anteriores, sobre todo el de Antonio y me encanta una frase de F. Machuca :
    'Ay,cuando vuelva a ser niño,quisiera tenerte de profesor.'.
    Saludos.

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  22. ¿Porqué descubriste que era demasiado tarde? Y en ese momento?

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  23. De tu excelente reflexión cojo una parte. Ilusión o motivación? Cuando cursaba el CAP fue una de las cosas con la que más nos taladraron, llegando a celebrarse "pseudodebates" más próximos a "La Noria", "Tómbola" o cualquier programa de telebasura que a otra cosa,a veces daba la sensación que no eramos licenciados universitarios...
    En fin, yo he llegado a la educación por accidente, es decir, cuando estudiaba no me veía dando clase, tenía otros horizontes, que para bien o para mal, se esfumaron.
    Fue precisamente haciendo el CAP cuando vi que era un trabajo que me gusta, de todas maneras más que ilusionante, para mi es una obligación moral intentar hacerlo lo mejor posible, es decir, ser un profesional, somos trabajadores del estado.
    No descarto que cuando por fin de clases en Secundaria pueda llegar a ilusionarme, la verdad explicar el "aparell locomotor" o las diferencias entre en y con, no me llena, la Primaria se me hace difícil. O puede que cuando llegue a Secundaria eche de menos la inocencia que algunos alumnos de Primaria (cada día menos, eso si...) aún tienen.
    Lo que no me gusta para nada es la constante interferencia de las familias en nuestra tarea, censurando nuestras decisiones y despojándonos de la "autoridad".
    Un post como el tuyo me hace reflexionar, sino soy capaz de mantener atentos y en su sitio a 27 alumnos de 3º de Primaria, podré hacerlo con los de Secundaria?
    En este post me has recordado mucho a los profesores que tenía en el instituto, bueno a algunos, a los que más me marcaron, que siempre eran diferentes, nos trataban con respeto y cariño, pero las últimas veces que los he visto..., bueno digamos que ya no eran ellos mismos, habían cambiado.
    A todos nos pasará supongo.
    Un abrazo.

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