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miércoles, 25 de marzo de 2009

La edad de la razón

Preparando un trabajo para la escuela con mi hija pequeña, hemos leído un relato muy interesante titulado El bellaco durmiente de Dimas Mas.  A eso de las nueve de la noche teníamos una media hora para dedicarla a la lectura, al comentario y toma de notas. El libro se abre con la archifamosa cita de Bartleby el escribiente, “Preferiría no hacerlo”, esa frase misteriosa que tantas veces hemos soñado decir a alguien para negarnos a realizar algo indeseable.

El libro tiene la estructura de un relato dentro de otro relato. La abuela teje un relato oral, sinuoso y maravilloso, a lo largo de dos noches con sus nietos Elia y Luis. Les cuenta algo que tal vez sucedió a su padre, Lucas, hace mucho tiempo, algo que también el abuelo contó en un libro, un libro del que enigmáticamente también forman parte ellos que están escuchando la narración. Hay dos tiempos, pues: el del relato, esas dos noches, la del sábado y la del domingo en que la abuela les cuenta la historia que le sucedió a su padre, y el tiempo evocado que fue aquella aproximadamente una semana de acontecimientos inolvidables pero de los que no ha querido volver a hablar Lucas que en aquel momento iba a cumplir ocho años.

¿Qué le pasó a Lucas? Pues que una mañana se levantó y no quiso abrir los ojos. Sin explicación ninguna, el protagonista mantiene, con una contumacia sorprendente y sin dar ninguna explicación, la decisión de no abrir los ojos lo que no le impide "ver" de alguna otra manera, como con los ojos de dentro o el mismo corazón.  Va al colegio, pero llaman para decir a sus padres que lo vayan a recoger. De nada valen sus palabras con el niño, ni las amables ni las bruscas. El padre -el abuelo de Elia y Luis- incluso en un momento pierde los papeles y le da una bofetada, lo que ante la reacción de Lucas, provoca una honda desesperación en el abuelo y su llanto dolorido por la noche. No hay nada que hacer, Lucas no quiere abrir los ojos y ni la visita al pediatra, al psicólogo e incluso a un curandero sirven de nada para cambiar su terca decisión que aparentemente no tiene ninguna explicación lógica.

La narradora es la abuela y los receptores son los nietos. En ningún momento aparece otra voz narrativa y la novela es puro diálogo dinámico y gozoso . El lector se deja llevar por la magia del relato intentando saber qué va a pasar, lo que mantiene muy bien la intriga y la tensión de la historia. Todo parece seguir igual hasta que un día sucede algo terrible y angustioso que posteriormente se resolverá felizmente. No voy a desvelar qué es pero sí que una de las claves de la novela, lo que la hace sugerente y sumamente interesante, es la rebelión del muchacho en torno a sus ocho años que en la novela aparece caracterizada como el inicio de la edad de la razón. “Quién puede llegar a conocer las motivaciones de un niño de ocho años, ¡o de una persona de cincuenta!? Cuando se entra, como él lo está haciendo, en la edad de la razón, hay siempre un momento en que todo se vuelve turbio, como el agua a punto de romper a hervir, para que todo, después, se vuelva transparente.” Es un relato iniciático, de los de un umbral a partir del cual nada vuelve a ser igual que antes, pero en este caso no toma, como es habitual, como eje la adolescencia, sino la llamada edad de la razón de la que no suele hablarse en las nuevas teorías psicológicas acerca de la evolución de los niños. La edad de la razón es un tiempo en que el niño empieza a tomar sus decisiones y a sentirse responsable de ellas y ha de franquear dicho umbral mediante quizás un rito de transición.

Pero la pregunta que me hago aquí y que transmito a los lectores es si son conscientes de este umbral del que antes, en mi niñez, se hablaba mucho, sobre todo a partir de la primera comunión como referencia. Era un tiempo nuevo en el que existía ya el concepto de responsabilidad y de toma de decisiones. Ha dejado de hablarse de él, no sé si por considerarlo obsoleto o porque este momento de maduración se ha pospuesto a otras etapas posteriores. ¿Dónde está situada ahora dicha edad de la razón? ¿A qué se debe que se haya orillado este momento importante en la evolución infantil?

He conocido otras culturas, en Indonesia por ejemplo, en que me comentaban que los niños tenían derecho a su paraíso infantil, lo que duraba aproximadamente hasta los siete años, y tras este momento se entraba en un tiempo nuevo marcado por la responsabilidad familiar y social. No sé si ahora con la superprotección que existe hacia los niños se tiende a retrasar esta maduración, a la vez que les impedimos vivir su infancia cargándolos de actividades extraescolares y proyectando sobre ellos nuestra presión de desmedidas expectativas. El caso es que cada vez existe menos un espacio para el misterio y la soledad, que también necesita la infancia, para que el niño se encuentre consigo mismo, con tiempo incluso de aburrirse -ese tiempo que no soportamos y al que continuamente queremos llenar de actividades con contenido.

A veces me pregunto si la infancia está en crisis, y como consecuencia también la maduración que sería necesaria en el momento de empezar a salir de ella. El resultado es niños que no han vivido su infancia con el gozo de la libertad -agobiados por nuestras ganas de ocupar todo su tiempo y la árida vida en las ciudades- y eternos adolescentes que no quieren crecer, acostumbrados en muchas ocasiones a que no se les diga que no porque, esa es otra, queremos darles todo. Tienen demasiadas cosas, y eso también es una enfermedad. El resultado es que soportan mal la frustración y se niegan a crecer con nuestra complicidad inconsciente.

El bellaco durmiente es una buena reflexión sobre la infancia y la maduración, que ha de buscar sus propios lectores, no necesariamente niños. En algunos sentidos la hemos leído como una novela fantástica y una fábula espléndidamente escrita. 

20 comentarios :

  1. Creo que eso es así como lo dices: muchos niños no tienen oportunidad ni de aburrirse, ni se ser ellos los que se quiebren la cabeza para salir del aburrimiento, ni de asumir responsabilidades de las que se ocupan los padres: algún alumno ha llegado a echar la culpa a la madre de no tener determinado material "porque ella se ocupa de la mochila" (mi hija de 6 años se la prepara ella solita y nunca ha pretendido que sea yo quien se la haga); o padres que pretenden que en 1º de ESO sea yo quien escriba diariamente en la agenda de sus hijos los deberes para "poder obligarle a hacerlos" (¡Jamás se me pasaría por la cabeza pedirle eso a la maestra de mu hijo!). Un alumna de bachillerato me decía ayer en medio de una rabieta que ella no podía suspender la Lengua porque "jamás la había suspendido" ( alguna vez ha de ser la primera, pensé yo...). No soportan la idea de que algo les salga mal y creen que todo lo que debe hacerse para mejorar las cosas está siempre fuera de ellos. No son todos, ni muchísimo menos, pero sí una buena parte. Me apunto la lectura.Un saludo.

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  2. Mi infancia es mi propio hijo.Lo que no recuerdo de mi niñez lo vivo ahora en él.La memoria de mi hijo la tengo yo, la mía la tuvo mi padre.Yo soy quién sabe cuando mi hijo dejó de ser niño, en un detalle, en una frase, en un sacrificio suyo.Y poco a poco.
    Yo no sé cuando dejé de ser niño.

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  3. Yo creo que cada niño madura a su ritmo, que no tiene que coincidir con los demás. Supongo que hay unas pautas standard pero que son flexibles para cada caso.
    Mis dos hijos son completamente diferentes en todo, así que esto no iba a ser una excepción.
    La mayor, de 17 años y chica, con 2 años que empezó la guardería, llamaba la atención por lo independiente y resuelta que era, amén del vocabulario extremadamente fluído y variado que tenía para su edad. Desde muy pequeña mostró interés por la lectura y literalmente devora libros. El más gordo de Harry Potter le duró 2 días y medio... Una máquina de leer y de asimilar lo que lee... Madura desde muy temprana edad me ha dado a mí lecciones de madurez y analisis realistas de situaciones que desbordarían a cualquiera....
    El nano, sin embargo, a sus 11 años, no ha sentido hasta ahora el más mínimo interés por la lectura, hasta el punto de dejar de leer a 2 páginas del final porque le habían mandado leer 20 páginas, no 22... No sentía curiosidad por conocer el final de la historia.. Es mucho más infantil en todos los aspectos y sólo ahora, desde hace unos meses a esta parte, le estoy notando una cierta maduración. Estoy tan acostumbrada a sus pensamientos y reacciones infantiles que ahora, cuando me contesta algo razonado y "adulto" me deja loca con la boca abierta... Me encanta que se vaya haciendo mayor... Esto es lógico, siempre pasa, pero lo que me gusta es ser consciente de su cambio.... Con la mayor fue tan precoz y tan rápido que no me dió tiempo a darme cuenta de nada...

    Yo creo que me he ido un poco del tema, pero es que cuando hablo de mis niños me vuelco
    Lo siento

    Un beso

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  4. A mí me gustaría saber cómo sabían antes que teníamos "uso de razón" para disponernos a entrar en "religión" con la primera comunión. Unos serían más razonables y otros menos. A mí hermano le preguntaron si renunciaba a Satanás, y completamente fascinado y horrorizado por el nombre, dijo que no, que no renunciaba. Es una anécdota, pero significagtiva.
    Me parece que entrar en edad de razón, o tener uso de razón es un simple dicho y una convención de carácter popular o incluso social. Cada cual adquiere ese sentido común, esa comprensión de lo elemental de la vida en una edad diferente, que además no depende de la inteligencia, aunque tenga que ver algo, sino de un grado de maduración. Decía una amiga mía que las potencias del alma son cuatro: memoria, entendimiento, voluntad y hacerse cargo. Eso último es la "razón". ¿A qué edad nos hacemos cargo? Algunos nunca, otros desde que les sale el primer diente.
    Si nos referimos a una convención social más o menos razonable, yo diría que hoy es algo muy tardío, por la esperanza de vida que alarga infancia y juventud, por la superabundancia y falta de lucha para conseguir lo que quieren en esa época, lo que luego pagarán con creces, en el mundo laboral y adulto, y porque estamos en una sociedad sobreprotectora de los menores. Queramos o no, "hacerse cargo" suele llegar más tarde ahora. También dependerá mucho de la actitud de los adultos que rodean al niño o joven.
    Oye, que me apunto la lectura para ¿qué edad? Por el argumento puede ser para cualquiera, pero el nivel lector puede ser determinante.

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  5. Clares, la editorial Anaya lo recomienda a partir de ocho años, pero yo lo he leído dos veces con mi hija y estimo que es también una lectura adulta. Es literatura sin etiquetas. Como dice Dimas Mas, ha de buscar a su lector.

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  6. Gracias por el post, Joselu. Una "anatomía" perfecta. En vosotros, en ti y en tu hija, ha encontrado, sin duda, los lectores que el libro busca: los que no tienen edad, sino sed de oír una historia. ¡Qué envidia! Tomo buena nota para ver si me "desencajo" alguna vez, eso sí, sin hacer ninguna renuncia, que uno ha de estar a la altura de sus propias exigencias, que, para mi desgracia, no son pocas...

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  7. la verdad es que si estas un poco equivocado porque desde fuera, desde el punto de vista occidental capitalista si que se ve un país muy pobre muy malo etc... pero desde la mirada oriental norcoreana comunista no viven tan mal tienen todos los servicios gratis (educacion, transportes, sanidad etc...) la casa te la da el govierno no la pagas, trabajo siempre vas a encontrar, en estos momentos es el único país sin crisis financiera y lo mas importante no estan ligados a tener de todo y lo mas moderno como los jovenes de hoy en día. viven su vida para trabajar y los domingos ir a casinos parques de atracciones o jardines en la ciudad a hacer barbacoas, y todo gratis subvencionado por el govierno.
    Aaahhh se me olvidaba decir que la delincuencia esta casi erradicada si haces algo te matan a ti y a tus tres generaciones para erradicar la semilla del mal y si no matan tus generaciones, te matan a ti a tus vecinos.
    en conclusion un país sin delincuencia sin ataduras capitalistas yankis y sobretodo Felices (por no saber nada del exterior, que casi lo prefiero así)

    lo unico que le falta es un poco mas de alimento y de electricidad

    un abrazo

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  8. bonita historia, parece un libro muy interesante, incluso para adultos, aunque se catalogue a partir de 8 años.

    yo creo como otros comentaristas, que la razón y las responsabilidades las cogen cada niño o niña en edades diferentes, siempre y cuando haya disfrutado de cierta libertad. Por eso, también estoy de acuerdo con vosotros en ver algo perverso que los pequeños no tengan tiempo ni para aburrirse y, con ello, la falta de creatividad. Creo que esto perjudica la independencia de decisiones en el ser humano.

    voy a ver si encuentro el libro por Francia

    saludos

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  9. En El barón rampante de Italo Calvino, un niño se sube a un árbol y decide no bajar jamás de allí...
    Me gustaría encontrar barones rampantes en las aulas, niños con decisiones firmes, pero responsables. Tal como dices, están tan acostumbrados a que los adultos decidamos por ellos, que sus pequeñas decisiones diarias suelen ser irreflexivas, arbitrarias, sin sentido. Les ocurre como a Segismundo en La vida es sueño, que no están adiestrados para valorar las disyuntivas que se les presentan en la vida.
    Está claro que esto es una generalización y que hay jóvenes con criterio, pero me da miedo tanta hiperprotección, pues no creo que conduzca a un futuro prometedor. Vivir a ras de suelo es más seguro, pero ¿quién no ha disfrutado del riesgo de saltar de rama en rama?

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  10. Qué bonitos esos momentos de lectura, y de descubrimiento, con nuestros niños. Yo los estoy viviendo, pero tal vez con historias más conocidas (y viejas) como "Viaje al centro de la tierra".

    No me es familiar este concepto de "uso de razón" en torno a una edad específica, pero lo he oído usarse como una etapa arbitraria que a mi manera he asociado con el dominio del lenguaje.

    Pero estas reflexiones, y cuestiones, son muy apropiadas y resuenan en los que somos padres. En mi caso me aseguro de que los niños tengan espacio para ser y estar sin tener algo que hacer. Que se aburran por ratos hasta el punto extremo del aburrimiento, para que allí se encuentran a sí mismos. Veo esta tendencia de clase media a mi alrededor de meterlos en clases de esto o de aquello, de manera que solamente estudien, jueguen en espacios programados y duerman -- como pequeñas máquinas que viven al son del reloj.

    Para lo único que sí hacemos un hábito, aparte de las obligaciones escolares, es la lectura. Y dado el tema de este libro me inclino a compartirlo con ellos -- aunque debo confesar que mis hijos entienden mejor el inglés. ¿Sabes si está traducido?

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  11. ¡Precisosa historia, Joselu!, Como en el anuncio: ¡me-lo- pi-do...!
    Supongo que, en efecto, cada niño tendrá su propia edad de la razón, pero yo recuerdo indicios para calcular la mía propia en su día: cuando uno decide no comprar más cromos de fútbol ni más álbumes porque todos los años son iguales y se limitan a colocar una página nueva con Nuevos fichajes; cuando el niño advierte que el cuerpo del jugador es de una persona y la cabeza de otra; cuando ya no pregunta el día de Nochebuena cuánto falta para Navidad; cuando el día de Navidad ya no pregunta cuánto falta para Nochevieja; cuando deja de hacer colección de botones de nácar...

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  12. Desde bien pequeñitos pienso que es necesario trabajar la autonomia del niño. Están demasiado acostumbrados a que todo el mundo le solucione las cosas, y muchos ni siquiera se preocupan por sus propias pertenencias como dice Carlota Bloom:

    "algún alumno ha llegado a echar la culpa a la madre de no tener determinado material "porque ella se ocupa de la mochila""

    También hago hincapié en el comentario de Carlota, en el hecho de que, en el caso de la niña de bachillerato, no siempre es la idea de que algo les salga mal, si no la presión de sus padres a la hora de hacer cualquier cosa, de que todo salga perfecto. A mi me ha sucedido. Unos padres exigentes, demasiado exigentes. A veces es más frustración por lo que opinen ellos, por la bronca que te espera en casa, que no por la nota. Hay que ver también quién está en esa situación o quién se ha acomodado a la vida fácil.

    Y en cuanto al uso de razón, yo sí que lo he notado, al trabajar en un esplai con niños de 3 a 12, te das cuenta como poco a poco, van sintiéndose más mayores, te piden más responsabilidades. Se dan cuenta del cambio, de que ya no se ven tan pequeños y quieren un trato más adulto, siempre eso sí, sin perder parte de su inocencia.

    Te recomiendo el libro "Un tonel de risas, un valle de lágrimas" de Jules Feiffer. Puedes encontrarlo en el Tecla, jeje. Es uno de mis favoritos. Y aunque esté tachado como libro infantil/juvenil, le sucede lo mismo que al libro de El bellaco durmiente de Dimas Mas, está hecho para cualquier edad. Si tienes tiempo, disfrútalo. No dejarás de sonreír, verás.

    Aquí te dejo información sobre el libro:
    http://revistababar.com/web/index.php?option=com_content&task=view&id=326&Itemid=53

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  13. El Lucas de este libro no quiere abrir los ojos, el Oscar de El tambor de hojalata, como un nuevo Peter Pan, se niega a crecer, Antonio nos recuerda al niño rampante... Metáforas de qué? Creía que ibas a ir a por el tema de la "mayoría de edad" -que curiosamente en inglés si no estoy equivocado se llama "age of consent", o edad de consentir- que se suscitó el otro día en algunos blogs a propósito del derecho a elegir abortar sin interferencias a partir de los 16 años. Yo no recuerdo ese punto que tú describes, que esencialmente nos hacía susceptibles de pecar mortalmente, probablemente porque no era un punto, sino un proceso, pero sí que estoy seguro de que entre yo a los 16 años y yo ahora, solo hay diferencias cuantitativas, medibles en años y en kilos.

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  14. He leído con mucho interés tu post, así como los comentarios posteriores, por ver si se me aclaraba un poco eso del "uso de razón". Desde que tengo "uso de razón" he oído que este "uso de razón"(valga la redundancia) se alcanzaba universalmente a los siete años. Hasta entonces la persona es un ente con mucho apego angelical, sin responsabilidades a penas, y por ende, sin posibilidad de pecar. Pero en el umbral de los siete años se desgaja uno del angelillo que érmanos desde que habíamos nacido y pasamos a ser personas con todas sus consecuencias. Esto, aunque cueste creerlo está corroborado por ciertos estudios psicológicos que (sin moralinas religiosas) explican que hay una toma de conciencia en el individuo alrededor de los siete u ocho años que les confiere categoría de personas.
    Otra cosa es la adultez. Esto es harina de otro costal. La persona se va haciendo adulta según un ritmo personal distinto de todos los demás. Y aquí no hay edad fija para delimitar cuándo se ha alcanzado el ser adulto. Lo que sí que está claro es que hay una etapa más o menos larga que se llama infancia, la maravillosa y mágica infancia, a la que todos, absolutamente todos los niños y niñas tienen derecho. Y una vez pasada esta etapa, hay que abrirse camino en el mundo de los adultos, y abandonar las maneras infantiles. Y ser responsables. ¿Cuándo sucede este cambio? pues depende de cada individuo. Lo que está fuera de lugar es convertirse en "peterpanes" o en eternos adolescentes con maneras de adultos.

    Un saludo

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  15. Víctor Manuel. He hablado con el autor y me ha dicho que el libro no está traducido, que hay reediciones recientes en Anaya pero que el libro no ha sido traducido. Un saludo.

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  16. Os agradezco a los que habéis participado vuestras aportaciones: Carlota Bloom, Rubén, Novicia Dalila, Clares, Juan Poz, Eloi, Antonio, Víctor Manuel, Marcos, Meike, Pantagruel, Miguel. Vuestros comentarios han profundizado en el tema planteado y como es habitual me han hecho pensar. Esta es la parte más interesante de escribir un post, la de recibir los comentarios, muchas veces más interesantes que lo propuesto. Un abrazo a todos.

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  17. Joselu por favor, tu que eres del gremio y en eso sabes más que yo, help me... please, necesito el libro de instrucciones, casi igual que Novicia una de 16 (me ama y odia alternativamente) y uno de 11.
    ¿Donde tienen el botón de reseteo?
    ¿El volumen? Si aún casi que no he aprendido yo y me veo en estas...
    ¿Edad de la razón? ¿Qué razón? ¿la natural o la de TV? ¿la natural o la de los psicólogos infantiles? ¿la de la plaza de enfrente, donde juegan, o la del cole?
    ¡El manual de uso! ¡Me pierdo!

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  18. Amigo, como siempre , tus post son el lugar apropiado para cultivarse.
    Enternece la escena familiar y la profundidad del tema...
    Provocador y de alto vuelo los comentarios generados...
    Me sigue deslumbrando tu capacidad.
    Quién pudiera tener por aquí Profesores como vos.
    Un abrazo!

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  19. Me apunto el libro, Joselu, gracias.
    Yo recuerdo de los libros de Celia lo que dice y Celia en el colegio de Elena Fortún, que heredé de mi madre, lo de la edad de la razón a los siete u ocho años. No sé si es la sociedad actual en la que vivimos, pero a mí también me da la sensación de que los críos están sobreprotegidos a edades en que no tendrían que estarlo y en cosas en las que no deberían, y en cambio, están más solos que la una en la primera infancia y en otras situaciones en que sí se les debería, al menos, guiar; a ver si me explico: cuando son pequeños, muchas veces, muchos papás (y mamás) no tienen tiempo para jugar con ellos ni leer con ellos, como haces tú; cuando tienen trece y catorce años no se les deja coger el autobús hasta el cine, y en cambio desde los once se les deja en el centro comercial para que hagan sus compras de ropa, se les permite autogestionarse el tiempo de televisión, etc. (claro, hablo del entorno donde vivo). Aparte de lo que comentas de no frustrarlos. Si desde pequeños se les va mimando y atendiendo, y enseñando y poniendo límites, ellos mismos se van haciendo mucho más independientes cuando crecen, porque tienen confianza en sí mismos y ven unas figuras paternas a las que poder recurrir. Eso les hace también tener un carácter más fuerte con el que poder enfrentarse a las frustraciones que se presenten y tratar de superarlas.
    Bueno, es mi opinión.
    Un beso.

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  20. Uhmm... parece una historia fantástica para leer a medias con nuestros cachorros.

    Yo tengo muchísimos recuerdos de mi infancia, la recuerdo llena de luces y sombras, una infancia real, muy dura en ciertos momentos y con una ilusión sobrenatural hacia todo en otros... la infancia de mi hijo ha sido totalmente diferente, más cómoda en algunos aspectos, pero menos mágica en otros y más emocionante que la mía... en mi caso he tenido que luchar duro para no dejar que mi hijo se perdiese en la corriente habitual de la educación tele-play-marcas-bla-bla y he de decir que un poco de suerte también he tenido en que lo corriente a su edad no le tira demasiado. Pone ojos como platos cuando le cuento cómo fue mi infancia, y me mira como si tuviera la edad de un diplodocus je je je. Las cosas han cambiado tanto...

    Odio las prisas que les metemos a los críos, el sobrecargarlos de actividades que no les dejan tiempo para estar con ellos mismos, la sobreprotección en un mundo que necesita seres más independientes y con criterio propio...

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